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Caro nome. Nombre querido

El amor, el momento en el que surge, es una experiencia única y nueva en cada persona, como si en cada cual surgiera por primera vez en el universo.
Cuando el amor es el dolor de vivir lejos del ser amado, cuando es una primera experiencia en la juventud, ha sido objeto de la mirada y el interés de un gran número de artistas. Desde la pintura a la novela, de la escultura a la música, desde la poesía a la ópera, muchas son las obras en las que sus autores han descrito, recreado, analizado o narrado las sensaciones, desvelos, preocupaciones y placeres que la nueva experiencia del amor produce en la vida de los azorados amantes.

El nombre de la persona amada y otras señales del amor son el nexo que une esta entrada del blog. Nos acompañan dos autores como Ibn Hazm de Córdoba con su libro El collar de la paloma y Verdi con una de las arias más conocidas de Rigoletto, que da título a este post, una pieza tarareada en múltiples ocasiones.
Escena de Rigoletto con Nino Machaidze

Pese a que no se conocen muchos datos de su infancia, todo parece indicar que Ibn Hazm de Córdoba (Abu Muhammad 'Ali Ibn Ahmad inb Sa'id inb Hazmaunque nacido en ésta ciudad, proviene de una modesta familia de tierras onubenses, de un poblado o cortijo Mont Lisam (Montíjar, Montija o Casa Montija). De posible origen cristiano recién converso al Islam, su padre se asentó en la floreciente Córdoba del Califato en pleno auge de Almanzor, llegando a ser un distinguido funcionario de la corte. 
Su vida transcurrió en uno de los periodos más trágicos de España musulmana, en plena crisis del Islam andaluz, con la disolución del Califato y los primeros reinos de Taifas. Lector empedernido, sus conocimientos se centraron en el conocimiento de la literatura arábiga para terminar escribiendo. Tras la crisis del Califato anduvo por Almería, fue preso, recaló en Játiva, regresó a Córdoba como visir de uno de los Adb al-Rahmàn durante mes y medio antes de volver a prisión. Al salir, desengañado, se dedicó a la ciencia jurídico-teológica con su inconformismo, la originalidad de su pensamiento y su opinión incómoda para los poderosos de los que se ganó su enemistad, pasando con disputas continuas por Córdoba, Almería, Talavera, Sevilla o Mallorca.
Estatua de Ibn Hazm en Córdoba


De su obra literaria se distinguen dos épocas: una hasta los treinta años y otra hasta su muerte, de nuevo en las tierras familiares onubenses. La continua dicotomía entre exquisitez y rudeza, sentimientos delicados y feroces, nobleza y villanía hacen aún más entrañable la figura de Inb Hazm.
Entre sus obras destacan Fisal (sobre la tolerancia), Historia crítica de las ideas Religiosas, Diferentes sectas y religiones o Epístola Apologética de al-Ándalus y sus sabios. Su obra más conocida es Tawq al-hamàmabb (El collar de la paloma) compuesta antes de los treinta años y que ha llegado a nuestros días a partir de una descuidada copia. Se trata de un tratado filosófico sobre el amor, en el que Ibn Hazm analiza, describe e indaga con un lenguaje que mezcla la prosa y con la poesía, buscando la esencia del amor en las distintas civilizaciones y sociedades.



El collar de la paloma, dividido en 30 capítulos, desmenuza de forma pormenorizada las características de las manifestaciones del amor. El título de la obra no tiene relación ni referencias con las palomas. Más bien se trata de una forma exquisita de nombrar el libro con la comparación del cuello del ave, con su gran cantidad de tonos, diversos como los matices que se encuentran en el amor.
Un extracto del II Capítulo nos acerca a las señales por las que un observador puede conocer el amor en los amantes.



Cuando Giuseppe Verdi preparaba Rigoletto hubo de enfrentarse a múltiples inconvenientes: Se basaba en el drama Le roi s'aumuse (El rey se divierte) de Victor Hugo, una obra prohibida porque criticaba el absolutismo encarnado en el rey francés Francisco I. El tema era escandaloso al narrar las aventuras eróticas del monarca y la tiranía con que trataba a aquellos a quienes ofendía. En la obra aparecían raptos, violaciones, mujeres que seducían a incautos y asesinos a sueldo. Por si fuera poco, Triboulet, el protagonista de la obra iba a ser un desgraciado bufón jorobado y los censores se resistían a que un ser deforme y feo fuera el centro de una ópera seria.
Tras varias negociaciones entre representantes de Verdi y los censores se llegó a un acuerdo: el protagonista podría ser un bufón jorobado. la obra no se llamaría La maledizione (La maldición), sino Rigoletto, nuevo nombre del bufón; el rey seguiría siendo un déspota libertino, pero rebajado al título de Duque de Mantua. El estreno se llevó a cabo en el Teatro La Fenice de Venecia, ya que algunos escenarios de distintas ciudades, bajo otras autoridades no la admitían.
El argumento, a grandes rasgos, es el siguiente. El Duque de Mantua gobierna despóticamente mientras seduce y deshonra a cuantas mujeres desea, matando a sus padres y esposos sin piedad. Rigoletto, su bufón y cómplice, se burla despiadadamente de las víctimas, pero intenta separar su vida en la corte de su vida privada. Tiene una bella hija, Gilda, educada en secreto con la que es paciente y cariñoso. Pero, sin saberlo, se hace cómplice de su rapto y, finalmente incluso culpable de su muerte. Rigoletto recuerda que cuando se burló del conde Monterone, éste lo maldijo.
En Radio Clásica de Radio Nacional de España, dentro del programa En otros lugares se dedicó un capítulo a una recreación particular de Rigoletto. Si dispones de una hora puedes recrearte en el enlace: En otros lugares, Rigoletto


La dureza del argumento tiene su contraste con la figura de Gilda, la hija de Rigoletto, un personaje en el que Verdi dibuja la inocencia y el amor juvenil.
La escena que traigo a esta entrada es una de las pocas arias de la obra, en la que predominan más los dúos. Gilda recibe la visita de su padre, pero le oculta que desde hace unos meses se ve a escondidas con un joven de quien está enamorada. No es otro que el Duque que se hace pasar por el estudiante Gualtier Maldé para seducirla.
Gilda, que ha vivido aislada del mundo, joven y enamorada, repite el nombre de su amado cuando se queda sola. El aria Caro nome no tiene la fama de otros fragmentos de esta obra como La donna è mobile, pero tiene la belleza del canto de una joven enamorada que piensa en su primer amor y se recrea en cada una de sus frases.
Mientras, los cortesanos planean su secuestro pensando que es la amante de Rigoletto.


Fuente: kareol.es



El enlace muestra una interpretación de la soprano georgiana Nino Machaidze en el Teatro Carlo Felice de Génova en 2013.


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Mujeres épicas

Cada año, el 8 de marzo, el Día internacional de la mujer, nos recuerda, insistente, que no vivimos en un mundo igualitario. Que detrás de las leyes, normas, costumbres y usos de nuestra sociedad hay personas que tienen unos derechos que no se cumplen.
Es cierto que vivimos en una sociedad poliédrica, con muchas facetas y caras; que en algunas de éstas, sí hay una cierta igualdad en cuando a oportunidades, posibilidades de acceso y trato similar. Pero en modo alguno se ha generalizado. Aún hay mucha diferencia que se proyecta en la sociedad, con estereotipos en la publicidad e imágenes denigrantes o en el mismo reparto de cargas y tareas domésticas. En casos tremendos que no debería existir y debemos rebelarnos ante ellos, nos topamos con el acoso, la violencia sexista o las muertes de mujeres a cargo de quienes deberían haber sido sus compañeros por la vida.
El mundo en que vivimos nunca estará completo si no permitimos que la mitad de sus habitantes pueda tener acceso a los mismos derechos y oportunidades, a aportar sus ideas, su pasión, sus puntos de vista y sus opiniones acerca de cuanto sus miradas alcanzan a ver más allá de nuestros ojos para mejorar nuestra sociedad.
Antes de que existiera el feminismo como movimiento que reivindica la igualdad efectiva de derechos, muchas mujeres vieron cómo sus anhelos, sus deseos y sueños se encontraban con el muro de la intolerancia en un mundo donde eran impensables sus proyectos. Fueron mujeres épicas que, con su esfuerzo y su talento llegaron a abrir un hueco y dejaron su nombre en la historia a costa de renuncias, la incomprensión de muchos y una lucha mucho más intensa y a contra corriente que si hubieran sido hombres. En esta entrada traigo a dos de estas mujeres pioneras que abrieron un hueco al mundo de las pasiones y los afectos: la escritora Charlotte Brontë y la compositora Barbara Strozzi.



En ocasiones hay poca distancia entre un autor y sus personajes, entre lo que se escribe y quien lo escribe. Hay escritores a quienes los temas que abordan, las circunstancias de sus personajes y los lugares y ambientes de sus obras vienen determinados por sus propias vidas, sus pensamientos, su filosofía existencial y su cultura y educación.




Cuando Charlotte Brontë quiso comenzar a publicar presentó algunos escritos al poeta Robert Southey quien le respondió: "La literatura no es asunto de mujeres y no debería serlo nunca".
Hijas de un pastor anglicano, las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne forman uno de los más curiosos grupos familiares relacionados con la literatura. Aunque publicaron con el nombre ficticio de hermanos Bell, Charlotte ha pasado a la historia por ser la autora de Jane Eyre, Anne por Agnes Grey y Emily por dejarnos Cumbres borrascosas.


Las hermanas Brontë. En el centro, difuminado, el autor, su hermano Branwell


Jane Eyre es una novela con muchos apuntes biográficos en la que la protagonista narra su propia vida. Huérfana, Jane cuenta sus desgracias, soledades, amores y cómo su voluntad e independencia logran imponerse en una sociedad victoriana en la que la mujer tiene prefijado su papel.



Charlotte Brontë y Jane Eyre, autora y personaje, se funden como feministas en tanto que reivindican un papel nuevo en la sociedad: personas activas, independencia económica incluso después de la boda, expresión de unas convicciones propias aún cuando sean radicales para la época, o franqueza en la exposición de las ideas, buscando hacer su voluntad, imponerse y sobrevivir.
En pocos meses la familia se desmoronó. Branwell, el único hermano, falleció tras ver cómo su vida se destruía entre excesos con el alcohol y el opio tras un desengaño amoroso, Emily y Anne tardaron menos de un año en seguir a su hermano víctimas ambas de la tuberculosis. Charlotte siguió adelante, desveló a la sociedad sus verdaderos nombres y publicó varias obras más, llegando a ser reconocida entre los autores y el público de su época. Con 37 años se casó y pocos meses después falleció a consecuencias de las complicaciones de su embarazo.




No es que el camino fuera difícil de seguir. Lo cierto es que no había camino; era impensable que una mujer se planteara tener acceso a la música de forma profesional. 
Aunque de forma pública estaba limitado el acceso de la mujer a la profesión musical -se pueden recordar las dificultades que éstas tenían para las obras escénicas que, en muchas ocasiones los  "castrati", los grandes divos de la época, representaban los papeles de mujeres heróicas en el barroco-, la música no estaba vedada para las mujeres. De hecho, las damas de la alta sociedad o la burguesía naciente tenían entre su formación la música o la poesía, pero cuidando de que no pasaran de mero entretenimiento y como forma de hacer de anfitrionas y exquisitas representantes de sus familias. 
Pocas mujeres han llegado a pasar a la historia como compositoras, como en el caso de Hildegard von Bingen, una polifacética abadesa filósofa, música, poetisa y física entre otras cosas, que brilló en la Alemania medieval del siglo XII.
La mujer que completa esta entrada del blog es Barbara Strozzi, una veneciana nacida en 1619 en la casa del poeta Giulio Strozzi, hija de Isabel, una de las sirvientas, lo que hace pensar a los historiadores que era hija ilegítima del mismo. Después de comprobar el talento musical de la joven, Giulio la hace estudiar con el cantante y compositor Francesco Cavalli llegando a ser una gran cantante e instrumentista además de compositora, siendo conocida entre los miembros de la Accademia degli Unisoni como la Virtuosissima cantatrice. Más adelante Giulio Strozzi la reconoce en su testamento como "figliuola elettiva" (hija adoptiva), lo que refuerza la idea de que era hija natural suya.

La importancia de la Strozzi se debe a su virtuosismo como cantante e instrumentista unido a la creación de más de un centenar de obras, la mayoría de las cuales son canciones a una o varias voces con el acompañamiento de algún instrumento. Su primera publicación fue un conjunto de madrigales con texto de su padre, al que siguieron en tres años consecutivos Cantata, arie et duette (1651), Cantate, ariete a una, due e tre voce, Sacri musicali affetti.
La importancia de Bárbara Strozzi radica en que supo y pudo introducirse en un mundo cerrado sólo para los hombres gracias a su talento, prescindiendo de las estrictas reglas de la época. Según parece llegó a tener cuatro hijos, aunque nunca llegó a casarse.
Strozzi, que contribuyó al nacimiento de la ópera con su participación en obras de Monteverdi, desarrolló también el tipo de canción del barroco, unas canciones con un recitativo arioso que se prestaban al uso de instrumentos como la tiorba. Se trata de un instrumento de la familia del guitarrone (proviene su nombre de chitarrone, cítara), con un mástil alargado que potencia los graves y se adapta con mucha precisión a los tonos de voz de los cantantes, un instrumento de acompañamiento casi obligado en la época.
La pieza que nos acompaña es una de sus canciones, Chè si può fare (¿Qué se puede hacer?), catalogada como su Opus 8. 



La interpretación corre a cargo de Raquel Andueza, una de las cantantes más brillantes del panorama actual. Con su grupo La Galanía, está especializada en música italiana del siglo XVII. Su voz se adecúa perfectamente a estas composiciones en las que el texto es anterior a la música y ésta se adapta a aquel. Es una música que se basa en los sentimientos, la música de los afectos (affetti) que muestra los estados de ánimo. 
La primera versión es del concierto en directo Yr a oydo y Raquel Andueza está acompañada por flauta, viola de gamba, tiorba y percusión. La calidad de la imagen no es excelente, pero nos da idea de la interpretación.



El segundo enlace permite disfrutar más del sonido con la perfección de la voz de Raquel Andueza y el acompañamiento sólo de la tiorba que tañe Jesús Fernández Baena. Las imágenes son del pintor Edward Hopper, aunque cerrando los ojos se pueden apreciar con mayor intensidad. 


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Shakespeare sigue por aquí

¿Qué puede decirnos ahora Shakespeare? ¿Tiene algo que aportar a nuestra vida hoy en día? 
Tres miradas sobre Shakespeare nos acompañan en esta entrada. La primera, sobre la importancia de su obra. La segunda con una de las páginas más reconocidas del propio autor, una constante en la mayoría de los seres humanos, la duda, de Hamlet. La última mirada, musical, nos acerca a la obra de uno de los compositores que más admira la obra del dramaturgo inglés, Verdi y su ópera Otello.


En muchos lugares de todo el mundo, un autor que vivió hace más de cuatrocientos años aún está vigente y sus obras se representan porque aún tienen algo que decirnos. 
Además de las tablas de un escenario, el cine también se ha acercado a su obra y su vida: Julio César, Macbeth, El sueño de una noche de verano, Ricardo III, Enrique V, El mercader de Venecia o Mucho ruido y pocas nueces y adaptaciones de otras obras han sido grandes éxitos de taquilla. Personalidades del séptimo arte como Joseph L. Mankiewicz, Kenneth Branagh, Laurence Olivier, Orson Welles o Al Pacino han adaptado, dirigido o interpretado obras suyas. Shakespeare in love o Anonymous han indagado en el personaje y su biografía, sus misterios y su grandeza.

Shakespeare sigue por aquí
Harold Bloom es uno de los más controvertidos y ácidos divulgadores de las últimas décadas, un autor, crítico entre los críticos, que con su obra El canon occidental propuso un listado con los 26 escritores más influyentes de nuestra cultura.
A él pertenece esta reflexión sobre la importancia de la obra de Shakespeare.


Pocas cosas se saben con certeza sobre la vida de William Shakespeare; el personaje, el autor es más conocido que la persona. Su figura está por encima de todas las inglesas y no sólo de la literatura, sino también de otros ámbitos: Newton, Cromwell, Dickens o Bacon tienen menos notoriedad e influencia que el dramaturgo.
Shakespeare no ha sido superado por otro escritor, quizás sólo Dickens se le acerque. Poeta, historiador a su manera, filósofo de la condición humana, sus obras se mueven entre lo más elevado y lo más miserable de los seres humanos: el amor, la ternura, el horror, el odio, los celos, la traición o la duda.
Buceó en historias y personajes del pasado, de otros lugares y distintas condiciones sociales para dar una mirada más precisa y real de la sociedad y el momento en el que vivió.


Shakespeare y sus obras


Uno de sus biógrafos, el francés Edmon Gose escribió sobre él: "Todo cuanto significa la vida se encuentra en Shakespeare. En él se manifiesta esa expresión de llevar sus propias aventuras, sus instintos, sus deseos, a la brillante claridad del entendimiento, de dar realidad a lo que nunca existió. El don que lo hace único entre los poetas es su aptitud para observarlo todo, para no olvidar nada, para combinar impresiones de una variedad compleja y definida y para saber darles forma y expresión"
La tragedia de Hamlet, príncipe de Dinamarca es, casi con toda seguridad, su obra más conocida, una tragedia que discurre alrededor de la locura, la fingida y la real, adentrándose en temas como la venganza, la traición o la corrupción de la moral. De toda la obra, la escena en la que el protagonista expresa sus dudas es la más conocida. Una duda que traspasa la personalidad del príncipe para adentrarse en la de cada uno de nosotros, nuestros deseos, interpretaciones del sentido de la vida, creencias e incluso el ser y no ser de razones como nuestro trabajo, economía o relaciones personales.



Pocos compositores hay tan apasionados de la obra de Shakespeare como Giuseppe Verdi. Lector desde muy joven del dramaturgo inglés, llegó a componer varias óperas adaptadas de sus obras como Macbeth, Otello y Falstaff
En Shakespeare, Otelo, el moro de Venecia es un personaje grande, majestuoso, un hombre bravo, valiente, enérgico, que sobresale entre los demás, pero... es negro. Y frente a la inocencia, el amor simple, la elegante blancura, la vida entre el bien que es Desdémona, de pronto, el héroe se convierte en monstruo y el negro en un cruel salvaje. Y junto a ellos, Yago, la encarnación del mal, la oscuridad, la mentira, la venda que ciega los enamorados ojos de Otelo y lo conduce a la desesperación y al crimen.

La adaptación del drama a la ópera Otello tuvo una larga gestación, dedicándole alrededor de siete años desde que comenzó su preparación hasta su estreno. Verdi colaboró intensamente en el guión, como era habitual en él, mientras Arrigo Boito hizo una labor exquisita, transcribiendo en algunas partes casi literalmente y respetando en todo momento el espíritu de la obra original.
Shakespeare y la música

El tema de los celos es el motor principal de la obra, pero también se centra en la profunda y destructiva historia de dos de sus protagonistas. Por un lado Otello, un personaje desquiciado por la fuerza de los celos; por otro, Yago, destruido en la envidia, uno de los más funestos personajes del mundo de la ópera.
El propio compositor se encargó de gestionar la puesta en escena. En primer lugar, seleccionando el teatro donde estrenarla que, tras muchas negociaciones fue el Teatro Alla Scala de Milán, que desembolsó una fuerte cantidad para hacerse con el que se pensaba que sería el "último" estreno de un Verdi que contaba con ¡74 años de edad! También consiguió poder seleccionar la totalidad del reparto, eligiendo a los cantantes que deseaba, así como el ritmo de los ensayos y la fecha del estreno que finalmente fue en febrero de 1887.
Otello es una obra moderna en el sentido que rompe los esquemas habituales de arias, coros, dúos... para ser un drama musical, una obra continua, sin números que finalizan y buscan el aplauso, sino una unión de la palabra y la música con una riqueza de sonoridades y colores que acentúan la intensidad del drama que cuenta con sobriedad y sencillez, algo tan alcance de pocos como Verdi o Shakespeare.
El estreno quedará para la historia de la ciudad de Milán. Una multitud rodeaba la Scala y las calles deseando aclamar a Verdi, los balcones se adornaron con banderas y colgantes y durante todo el día resonó por los alrededores el consabido grito ¡Viva Verdi! El estreno fue apoteósico, con aplausos y vítores interminables del público. Al finalizar, la multitud desenganchó los caballos del coche de Verdi y lo empujaron entre todos hasta el Gran Hotel donde residía. Varias veces tuvo que salir al balcón de su habitación a saludar junto con los cantantes. Tamargo, el tenor que interpretó a Otello, tuvo que cantar desde allí mismo y la música, los gritos y aplausos duraron hasta las cinco de la mañana. Un septuagenario concitó una escena que hoy en día sólo podemos imaginarla entre algunos deportistas, actores o cantantes rodeados de fans adolescentes.
Verdi - Otello


El enlace recoge el IV acto completo. Comienza con la llamada Canzone del Salce (Canción del Sauce) y sigue con el Ave María, ambas cantadas por Desdémona. Continúa con la entrada de Otello y el final que todos conocemos. El libreto y su traducción sólo contemplan las dos piezas interpretadas por la protagonista femenina. El resto del acto, si quieres seguirlo, es fácil de hacerlo sin tener el texto del libreto. 



El enlace es una producción del Royal Opera House del Covent Garden londinense de 1983 que, bajo la dirección de Sir Colin Davis, registra una delicada interpretación de la soprano neozelandesa Kiri te Kanawa en el papel de Desdémona y Elizabeth Bainbridge en el rol de Emilia. Más tarde aparecerá James McCracken como Otello
Kiri te Kanawa, en la práctica retirada de la escena, es una de las grandes intérpretes de las últimas décadas del siglo XX, una cantante elegante, con una dicción exquisita y un extenso repertorio en el que destaca su participación en las obras de Richard Strauss.


Fuente: Kareol.es

Finalizo esta entrada con las preguntas del inicio: ¿Qué puede decirnos ahora Shakespeare? ¿Tiene algo que aportar a nuestra vida hoy en día? 
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Manipulación e incomprensión con Eco y Britten

Manipular es según la Real Academia Española, en uno de sus varios significados "intervenir con medios hábiles, a menudo arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares"
La incomprensión, por su parte, refleja la incapacidad de comprender, en este caso los argumentos, las razones, las ideas, las vivencias de los otros. Cuando esta incapacidad se agrava con la no aceptación de las diferencias o del diferente nos encontramos con situaciones tan delicadas, dañinas e incaceptables como el bullying, la xenofobia, la homofobia o simplemente con el desprecio a quien no sigue los dictados que marcan algunos grupos en nuestras sociedades. Situaciones que se sufren y agravan cuando se padecen con cierto beneplácito social y cuando ocurren de forma soterrada y no salen a la luz.
Dos formas relacionadas con la manipulación y la incomprensión extremas vienen a esta entrada del blog. Como siempre, una de tipo literario con una reflexión extraída del último libro de Umberto Eco. La otra, de tipo musical, con la que posiblemente es la ópera más conocida del compositor inglés Benjamin Britten. Esta entrada del blog quiere ser una llamada de atención y una reflexión ante estos inaceptables comportamientos. 

Benjamin Britten

Umberto Eco saltó a la fama para el gran público con su novela El nombre de la Rosa, una obra que, según comentó, surgió cuando le propusieron que escribiera una pequeña novela negra. Apasionado por la historia medieval y, también según él, porque le apetecía asesinar a un monje, no dudó cuando se puso a escribir esta descomunal novela, mezcla de estilos, guiños y erudición. Filólogo experto en semiótica, comunicador, filósofo y escritor, la personalidad de Eco abarca tantas facetas como sus obras o los 35.000 libros que llegó a acumular en su residencia.
Autor de un sinnúmero de ensayos sobre una gran variedad de temas y varias novelas como El péndulo de Foucault, La isla del día de antes o El cementerio de Praga, su último libro publicado fue Número Cero, una honda y polémica reflexión sobre el periodismo de los últimos años, Internet, la corrupción o la mentira.


Portada de Número cero y Umberto Eco




El libro parte de la idea de un multimillonario, el Comendattore Vimercate (¿podríamos pensar en algún antiguo político italiano?), quien pretende entrar en el mundo de las finanzas y el periodismo con el fin de aumentar su poder, desacreditar a los rivales con la amenaza de lo que podría ser el periódico Domani (Mañana, hasta el nombre indica lo que puede ser en un futuro), una publicación que no tiene intención de llegar a editar.
El fin del periódico ya no es informar y publicar investigaciones impactantes, sino dirigir, tranquilizar, confirmar a cada persona en sus creencias y opiniones, con mucho deporte y temas de vida social con la llamada prensa del corazón.
Número cero se detiene especialmente en el tema de la manipulación. Los lectores no deben conocer la verdad, les haría daño, es más idóneo fabricar un mundo irreal en que las malas noticias ocurran lejos, o cerca si interesa, en el que no se pueda conocer quién miente y quién no.
Eco se detiene a explicar cómo un periódico puede dar su opinión cuando está escribiendo sobre hechos totalmente objetivos, utilizando el entrecomillado de declaraciones contrastadas. También el procedimiento para invalidar acusaciones descalificando a quienes las han formulado. O cómo convertir en sospechosa a una persona sin necesidad de poner datos en su contra. E incluso en cómo publicar noticias que denuncien comportamientos delictivos cuando no conviene enemistarse con un determinado grupo; o la forma de sugerir elaboradas teorías conspiratorias, algo muy del agrado de los lectores, aunque no tengan una base real.


Es el periódico el que hace las noticias. Umberto Eco


La novela, calificada por su autor como "de temas rápidos" reproduce el ambiente de una redacción de periódicos, con su forma de trabajo, investigaciones variadas, como la forma en que se blanquea dinero de la mafia en un negocio casi inexistente, la manipulación de los horóscopos y la gran noticia, como la supuesta muerte ficticia de Musolini, investigando si fue sustituido por un doble llevando una vida retirada en Argentina. En suma, no es el periódico el que informa de la noticia, sino quien crea las noticias que quiere publicar.


Desde que Henry Purcell compusiera en 1689 Dido y Eneas, no se estrenó en las Islas Británicas una ópera de ningún autor inglés hasta 1945 en que Benjamin Britten llevó a la escena Peter Grimes. Más de dos siglos de ausencia operística significó para Britten que no pudo beber en las fuentes de sus antecesores: ni en los estilos, ni en la fonética de su idioma, ni en la tradición para poder componer su primera obra.
La idea de componer Peter Grimes le surgió a Britten en un viaje a California durante la Segunda Guerra Mundial tras la lectura de un poema de George Crabbe, decidiendo el regreso a su país para centrarse en la creación de la ópera en la que su compañero, el tenor Peter Pears, interpretaría el papel protagonista.
El estreno tuvo lugar en junio de 1945 en el teatro Sadler's Wells de Londres que reabría su escenario tras la guerra con una obra que quería dar continuidad a la interrumpida tradición inglesa, con un compositor novel de la tierra. El éxito fue tan grande como las expectativas y Peter Grimes se ha convertido con los años en la ópera compuesta en el siglo XX más representada en el mundo.  
Nacido en una aldea marítima, Britten quiso reflejar el mundo que tan bien conocía: "un mundo de pescadores, de hombres y mujeres que viven del mar y para la mar". Pero la grandeza de esta obra está en que trasciende este ambiente marinero para ahondar en lo esencial del comportamiento humano. 


Britten ante la maqueta de Peter Grimes. http://www.musicaltoronto.org


Obra siempre turbadora para el público, describe una sociedad que margina y desprecia al diferente, a quien no se siente completamente integrado en ella. Britten se vio muy cerca el personaje, ya que su homosexualidad le hacía sentirse muy identificado con él. Grimes es un pescador solitario, marginado, a quien accidentalmente se le mueren dos grumetes. Personaje rudo y despiadado, compra muchachos en el orfanato para explotarlos de forma cruel y miserable, haciendo que crezcan en torno a él las murmuraciones en una sociedad cerrada en sí misma.
Britten trata el drama de un marginado que se enfrenta a una sociedad hipócrita, cruel y hostil que acaba eliminándolo. Personaje con comportamientos irracionales, sumido en innumerables dudas, acosado por sus vecinos, Grimes termina con su vida. 
Otra de las grandezas de la obra reside en la ambigüedad del protagonista, héroe y antihéroe, verdugo y víctima, poeta sensible y marinero rudo, convirtiéndose en el arquetipo de la persona socialmente repudiada por su comportamiento y, sobre todo, símbolo de la opresión que la mayoría realiza sobre el diferente, conformando una ópera a la que Britten imprime un gran lirismo.
El enlace pertenece al III acto. Trascurren varios días y, al no ver al muchacho, los lugareños comienzan a sospechar que Grimes ha acabado con la vida del nuevo grumete. Los ánimos se van alterando y comienzan a exigir venganza. El texto está dividido en dos fragmentos para poder seguirlos con mayor facilidad. En el primero se van extendiendo las murmuraciones entre los habitantes de la aldea. Tras el vídeo, el texto en que el coro final que repudia a Grimes. Finaliza la escena con el VI interludio musical, La niebla, tras la que aparece la convulsa figura de Grimes.






En esta versión Sir Colin Davis dirige al Coro y Orquesta del Royal Opera House del Covent Garden de Londres.


Libreto y traducción: Kareol.es

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Memoria de una muerte anunciada

Pocos momentos hay tan dramáticos como aquellos en que nos damos cuenta que se acaba la vida de forma irremediable. Si ya es doloroso tener la conciencia de que vamos a perder a un ser querido, que una persona que nos ha acompañado en nuestra existencia va a desaparecer definitivamente en su vida y de nuestro lado, el hecho de darnos cuenta de que es nuestra propia existencia la que tiene un final próximo adquiere un mayor grado de dramatismo por encima de cualquier otra consideración, pasando todo lo demás a un lejano lugar en nuestras conciencias.
Te propongo una doble mirada a ese momento en que se adquiere total conciencia de que el final de la vida se acerca de forma inmediata y sin remedio. Un texto de Gabriel García Márquez, narrado en tercera persona y un doloroso adiós a la vida entonado en primera persona, de la ópera Tosca de Giacomo Puccini nos acercan a esta situación. 

En otra ocasión caminaron juntos ambos autores en una colaboración para El Magacín: De Gabriel García Márquez a Giacomo Puccini, ¡Que nadie duerma!





Citar a Gabriel García Márquez es hacer referencia a uno de los más grandes escritores del siglo XX, posiblemente el máximo representante de lo que se llamó El boom de la literatura iberoamericana. De orígenes periodísticos, Gabo, como le llamaban sus conocidos, fue quien dio a conocer en todo el mundo el realismo mágico, creando todo un universo, un territorio grandioso y eterno como es el Macondo de sus Cien años de soledad.
Pocos autores han sido tan reconocidos fuera del ámbito estricto de la literatura como García Márquez, cuyo estilo narrativo, su personalidad y sus ideas de tipo social hicieron de él un personaje desde antes de ser reconocido con el Premio Nobel de Literatura en 1982.
Su infancia junto a sus abuelos determinó su futuro como narrador. Fue Kafka quien le hizo decidirse por la narración ya que, según sus palabras, "contaba las cosas de la misma manera que mi abuela. Cuando leí a los 17 años La metamorfosis, descubrí que iba a ser escritor. Al ver que Gregorio Samsa podía despertarse una mañana convertido en un gigantesco escarabajo, me dije: Yo no sabía que esto era posible hacerlo. Pero si es así, escribir me interesa".
Obras como la citada Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba, junto con una extensa colección de relatos distribuidos en varios volúmenes, El amor en los tiempos del cólera o Vivir para contarla, la obra autobiográfica que publicó bajo la indicación "La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla", avalan la trayectoria de uno de los titanes de la literatura mundial.
Iniciado en el mundo del periodismo, pasó por diversas publicaciones como El Universal, El Heraldo o El Espectador antes de dedicarse de lleno a la literatura. Ryszard Kapuscinski, conocido historiador, periodista, ensayista y pensador polaco consideraba que "la grandeza de García Márquez estriba en sus reportajes. Sus novelas provienen de sus textos periodísticos. (...) Su gran mérito consiste en demostrar que el gran reportaje es también gran literatura"



Es una de las obras basadas en su estilo periodístico la que traigo a esta entrada del blog. Crónica de una muerte anunciada se publicó en 1981 y narra, con una mezcla de periodismo y literatura un acontecimiento basado, según parece, en hechos reales. El determinismo, la fatalidad y la muerte están presentes en toda la obra. Desde las primeras líneas sabemos que el protagonista va a morir, que el libro será la recreación de las horas que antecedieron a su muerte. Con esta idea, García Márquez nos muestra la trágica historia advirtiéndonos continuamente que los asesinos no quieren matar a Santiago Nasar aunque deben hacerlo; que todo el pueblo lo sabe, desea impedirlo, pero no lo hace, y que la única persona que no conoce qué va a ocurrir es la víctima. El destino y la fatalidad se presentan como un metáfora de la desdicha y la insensatez de la vida.
El hecho de contarlo en tercera persona no ahorra dramatismo ni dureza a la acción. El narrador escruta diversos puntos de vista, se hace impersonal y se aleja del protagonista a la vez que se acerca a él.





Pocos autores han cargado su obra con tantos matices de las emociones como Giacomo Puccini. Sus partituras están cargadas de sensaciones que no dejan indiferentes a los espectadores. Desde ese retrato de la vida de artistas en el París de finales del XIX que es La Bohéme, a la desesperada soledad de Madama Butterfly, la picaresca historia de Gianni Schicchi, la historia de Floria Toca o ese descomunal cuento oriental inacabado sobre La Princesa de hielo Turandot, las partituras de Puccini nos zarandean entre la ternura y el terror, lo bello y lo grotesco, los escasos finales felices y los dramáticos desenlaces.




Pocas óperas tienen un momento y unos lugares más concretos que Tosca. Su argumento se desarrolla entre las guerras napoleónicas y las revoluciones liberales y la acción transcurre entre la mañana del 17 de junio de 1800 en la Iglesia de Sant'Andrea della Valle, el Palacio Farnesio y el amanecer del día siguiente en el Castillo de Sant'Angello.
Puccini se interesó por los detalles para la composición de la obra buscando la autenticidad en la obra. Para el tercer acto, se fue a Roma para estudiar el sonido de la campana de San Pedro desde Sant'Angello, con la idea de realizar la poética descripción de la salida del sol en verano que contrastara con la tragedia que ocurrirá en la obra.




Acto III. Cavaradossi, prisionero en el Castillo de Sant'Angelo y condenado a muerte por el barón Scarpia, escribe una carta de despedida a Tosca, pero tras unas líneas deja caer la pluma y sus recuerdos dan rienda suelta a su dolor. E lucevan le stelle (Y brillaban las estrellas) es una de las arias más apasionadas y trágicas de la historia de la ópera, con un contraste entre sus dos partes. En la primera recita absorto lss palabras que acaba de escribir con una melodía de la orquesta que se apoya en un solo de clarinete. En la segunda, el tenor retoma la melodía, mientras las cuerdas ayudan a aportar el dramatismo.
Dos versiones de este aria romanza nos acompañan. La primera está interpretada por Luciano Pavarotti, quien imprime a la pieza, no sólo su maestría, sino también el sentido de adiós a la vida que Puccini quiso dar a este aria, una de las dos que el tenor tiene en la obra, frente a una que canta la protagonista que da título a la ópera.




El último enlace pertenece a la película de animación L'opera Imaginarie de la que hemos podido disfrutar en este blog algunas piezas. En esta ocasión, el aria acompaña y explica parte del argumento de la obra con la aparición de Tosca, la amante de Cavaradossi y el antagonista, el barón Scarpia.


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