12 ene. 2018

La mirada sencilla e inocente

Muchas miradas hemos presenciado en nuestra vida, o mejor, en nuestras vidas, la que vivimos y las que presenciamos con mayor o menor intensidad desde nuestra experiencia como seres pensantes.
Las primeras miradas tienen una forma de hacerlo cargada de inocencia, asombro y naturalidad. Son miradas espontáneas que se sorprenden de ver el mundo, de conocer y descubrir de un modo sano y noble. Pero esas miradas llanas y sinceras van acostumbrándose a hacerse de soslayo, fugaces a otras miradas, furtivas cuando comienzan a descubrir la forma en que son recibidas.
Cuando esa mirada se mantiene sencilla e inocente con el paso del tiempo, quien la posee puede estar en uno de los extremos: o es una personalidad sencilla, simple, que no va a evolucionar, o es una personalidad con una grandeza en su interior, con un estado de ánimo que no se deja retorcer. En ambos casos, la mirada puede ser objeto de burla, menosprecio o desdén por parte de quienes han perdido esa condición en su propia mirada.

Dos historias cargadas de luchas y esfuerzos y que mantienen una mirada sencilla e inocente pese al paso del tiempo vienen al blog. Una proviene de un autor al comienzo de su carrera, otra de un músico al final de la misma, incluso después de su vida. Dickens, Offenbach y Hoffman nos acompañan. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Todos conocemos obras de Charles Dickens que han pasado a formar parte de la cultura colectiva de nuestra civilización. Novelas como las de David Copperfield, Oliver Twist, Historia de dos ciudades o Grandes esperanzas y cuentos como A Crhistmas Carol (Una canción de Navidad), el más navideño de todos los cuentos con el redomado tacaño Ebenezer Scrooge y la presencia de los tres fantasmas de las navidades pasadas, presentes y futuros. 
Pero, como todos los escritores, o todos los creadores, o si queremos, como todos nosotros, todo tuvo un comienzo, unos inicios en los que se estaba formando el estilo, la capacidad creativa y la carrera literaria de un autor que reflejó como nadie la vida del siglo XIX de Inglaterra e influyó en su país, extendiendo su mirada y su influencia a toda Europa y América.
Nacido en 1812 cerca de Porstmouth, su padre era pagador de la Marina, un cargo sujeto a cambios de residencia. A los dos años va a vivir a Londres con sus siete hermanos, pero la situación económica familiar hace que su padre contraiga deudas y acabe en la cárcel, lo que marcaría definitivamente la vida del escritor. Tras recibir una herencia, mejora la situación económica y el joven Charles se va convirtiendo en un lector empedernido de obras como El Quijote, Las mil y una noches o Gil Blas de Santillana. Tras trabajar como ayudante en un bufete de abogados, con 22 años trabaja como reportero en el Morning Chronicle. Allí le llega el éxito con los Sketches of London, una serie de retratos entre reales y ficticios sobre escenas y personajes de la capital inglesa que publicó con el pseudónimo de Boz. Los editores Chapman & Halle le proponen escribir una novela por entrega que se basaría, en esencia, en poner texto a las caricaturas que Robert Seymour le iría enviando y que deberían servir para construir un relato que ridiculizara a los miembros de un club que se dedicaban al deporte, algo que se había puesto de moda y entraba, por tanto, en el interés popular.
El primero de los grabados que el dibujante envió a Dickens presentaba a trece caballeros, uno de los cuales estaba subido a una mesa pronunciando unas palabras, mientras en la zona baja aparecen cañas de pescar preparadas para ser utilizadas en las salidas. 
Primer grabado original de Seymour

De ellos, el escritor debía elegir los que iban a protagonizar la historia. Así nacieron Los Papeles póstumos del Club Pickwick que debían inscribirse dentro de una narración por entregas de los viajes por Inglaterra de una delegación de cuatro caballeros de una sociedad diletante típicamente inglesa. 
No sólo aceptó, aunque de mala gana, el encargo, sino que de las 400 copias de la primera entrega, por las que recibió 14 libras, se pasó a las 40.000. Esperar y comentar en las tertulias cada entrega en las ciudades, atender impacientes la llegada del correo o del barco que las traía a los más remotos lugares hizo que la figura de Dickens se convirtiera en un personaje querido por el público inglés.
El escritor aceptó que el protagonista no fuese un apuesto joven, un galán al uso, sino un anciano, un observador de la realidad, una persona con una mirada sencilla e inocente que llega a ser burlado en ocasiones y rozar el ridículo, pero que, poco a poco, va convirtiéndose en un viejo de buenos principios, como un padre para todos. 
La primera mirada que nos acompaña refleja cómo, con qué indulgencia, pero a la vez ironía y sarcasmo Dickens presenta al protagonista, no en el primer capítulo cuando se funda el club, sino presto para la primera salida, como si de un nuevo Quijote se tratara.

 

La segunda mirada nos ocupa más de ciento cincuenta años. Se centra en la figura de Jakob Eberst, quien nació en una localidad cercana de Colonia donde su padre ejercía de encuadernador a la par que era cantor de la sinagoga. Allí comenzó a estudiar violín y más adelante violonchelo hasta que su familia se trasladó a París. Allí siguió con el cello gracias a Cherubini, que logró su ingreso pese a que los extranjeros no podían entrar en el conservatorio y lo compaginó con estudios de composición. 
Más adelante intentó formar parte de la Opéra Comique parisina, pero hubo de conformarse con tocar "música de relleno" para acompañar las obras teatrales que se representaban en la Comédie Française. Con una gran facilidad para componer en pocos minutos melodías que se iban a tararear por toda Europa, en la Exposición Universal de París se hizo popular con las comedias musicales que compuso, entre las que se encuentran Orfeo en los infiernos, La Bella Helena o La Gran Duquesa de Gerolstein, todas ellas con música muy popular, una crítica feroz a los gobernantes franceses, especialmente al emperador Napoleón III, y una frivolidad y diversión que anticipaban las operetas de Strauss o Lehár en Viena o Gilbert & Sullivan en Inglaterra.
Conocido desde que comenzó a componer con el nombre de Jacques Offenbach, afrancesando el nombre y tomando el apellido de su localidad de origen, la obra que le ha dado renombre en la historia musical es Les contes d'Hoffmann (Los cuentos de Hoffman). Se trata de una ópera que comenzó a gestarse en 1851 por Michel Carré y Jules Barbier a partir de tres cuentos de E. T. A. Hoffmann, el conocido autor de cuentos de quien tratamos en el blog en Palabra de gato.
Estos cuentos narran tres historias, cada una de las cuales presenta una faceta de su ideal de mujer amada, en las que Hoffmann se convierte en protagonista a la búsqueda del amor perdido con la cantante StellaDer Sandmann (El hombre de arena) se corresponde con la historia de Olympia, Rat Krespel (El consejero Krespel) con el episodio de Antonia y Der Geschichte von verlorenen Spiegelbilde (La historia de la imagen del espejo perdida) con el episodio de Giulietta.
La mirada sencilla e inocente pertenece, cómo no, al atribulado Hoffmann que ha sucumbido al amor de Olympia, una muñeca mecánica que el inventor Spalanzani presenta entre bromas como su hija. Enamorado de ella, y gracias a unas gafas especiales que le ha vendido el diabólico doctor Coppelius, Hoffmann está presente en la escena en que Olympia canta una virtuosa canción de coloratura, Les oiseaux dans la charmille.

El jardín de la Armonía con los compositores del XVIII y XIX

La soprano Rachele Gilmore interpreta el aria de Olympia en el Metropolitan Opera House de New York en 2009. Las anécdotas de esta interpretación son, por un lado que quien iba a cantar el papel era Katheleen Kim, pero Gilmore fue avisada para sustituirla por una indisposición tres horas antes de comenzar la función, que se retrasó un tiempo para que pudiera aprenderse los movimientos por el escenario. Además, en este aria, la Gilmore llega a un La sobreagudo, una nota que se discutió por un tiempo si era la más alta cantada jamás en el MET, como podéis comprobar en esta reseña publicada días después del evento por Neil Kurtzman.






Dickens se rebeló contra la idea de tener que seguir los dictámenes del ilustrador, exigiendo que la literatura debía ir por delante de los grabados, lo que ocasionó una seria disputa entre editores, escritor y dibujante. El caso es que, una vez ilustrados los tres primeros capítulos, Seymour, por no se sabe qué motivos, terminó con su vida y hubo de buscarse un nuevo dibujante que, ahora sí, se adaptara a los textos, Hablot K. Browne, bajo el pseudónimo de Phiz, quien ilustraría gran parte de la obra literaria de Dickens.
La idea inicial de ridiculizar a los miembros del club se fue trastocando con el paso de los capítulos. Poco a poco los protagonistas se convierten en una asociación de viajeros con un sólo deportista, Mr. Winkle (¡y vaya desastre de deportista!) y con la finalidad de conocer mundo. 
Pickwick se hace popular en Inglaterra. En el libro, todos les invitan y donde va junto con los miembros del club los reciben con alegría y cordialidad. Los personajes están siempre en vilo y son los primeros en sorprenderse de sus acciones. Mr. Pickwick, un personaje honesto y honorable como nadie, no deja de padecer aventuras impensables y, tanto él como sus amigos se convierten en un espectáculo de sí mismos.
En una época que comienza a desarrollarse el ferrocarril, los protagonistas viajan por toda Inglaterra en diligencias "con el único fin de observar el mundo humano, simplemente".
El cariño con que Dickens lo describe de un modo sutil e indirecto le hace escribir frases como las siguientes: "Mr. Pickwick y sus compañeros consiguieron llegar hasta las primeras filas  de aquel gentío bullicioso. La dignidad de Mr. Pickwick no tardó en verse turbada por un brusco empujón que lo impulsó unas yardas hacia adelante volando con una ligereza nada propia de su edad, porte y desarrollo físico".
Con Dickens, los personajes van progresando desde las meras caricaturas a tener una vida independiente del autor. Con toda seguridad el escritor no tenía una idea general de la evolución de la obra, sino que ésta iba avanzando conforme debía entregar a la imprenta cada capítulo. Además tenía la referencia de lo que los amigos y conocidos le iban comentando sobre la historia, de las cartas que lectores agradecidos le indicaban, de lo que oía a su alrededor, lo que hacía que las entregas fueran cambiando las ideas iniciales y adaptándose a los gustos de los lectores.
La entrada en escena de Sam Weller, el nuevo criado de Mr. Pickwick abrió un nuevo camino en la obra al tratarse de un personaje de extracción popular que contrastaba con el estilo más aristocrático del protagonista y un lenguaje fresco, típico de la clase baja urbana, un personaje que utilizaba las comparaciones y los ejemplos con una agudeza tal que la venta de la publicación se multiplicó.
Dickens publicó una novela por entregas que podía haberse quedado como uno de los folletines de la época, pero que llegó a alcanzar una gran difusión entre lectores de todas las clases sociales, con un gran dominio de la lengua inglesa, una variedad de historias y aventuras entre las que se intercalan distintas historias o narraciones y un sentido de la observación en el que incluye experiencias personales como las de la prisión, que vivió cuando era pequeño, o las duras críticas a quienes trabajaban con las leyes.
Es esta última mirada, la de los abogados Dodson & Fogg, una mirada rebuscada, casi vil, a base de argumentos retorcidos con la que crean de la nada la querella entre Bardell y Pickwick, entre la casera viuda y el inquilino y que acabará, por dignidad de éste último con él en la prisión la que marca un contraste con la inocente del protagonista.


La popularidad de "El Mozart de los Campos Elíseos" como le llamó el gran Giocacchino Rossini se basó en que sus operetas no buscaban más que ser como las hermanas pequeñas de las grandes óperas. Si en la obra de Wagner, en la Tetralogía pronostica que el egoísmo y la ambición humana desembocarán en El crepúsculo de los dioses, en las operetas de Offenbach los propios dioses se divierten mientras bailan sobre los volcanes, en una particular forma de señalar su ocaso.
El testamento definitivo del compositor, Los cuentos de Hoffman, tiene una gestación y publicación cuanto menos curiosas. El libreto de 1851 lo comenzó a trabajar Offenbach en 1877 cuando no estaba en sus mejores momentos: en plena guerra franco-prusiana, los poderosos entre los franceses a los que tanto criticó recordaron su origen alemán, pese a llevar varias décadas en el país. Por otro lado, era una persona llena de achaques. Sintiendo que este sería su gran legado, se dedicó intensamente a la composición, pero falleció en octubre de 1880 con la obra casi terminada y con la instrumentación apenas iniciada. La expectación era tal que Ernest Guiraud la terminó y se estrenó cuatro meses después en el lugar en el que tanto soñó triunfar, La Opéra-Comique.
La ópera cuenta con un prólogo, tres actos y un epílogo. A consecuencia de un incendio en la Ópera de Viena en el año del estreno y otro en La Opéra-Comique en 1887 se perdieron las partituras originales y no se ha sabido con exactitud el orden de las tres historias. En la década de 1890 se conocía de forma fragmentaria y, a partir de 1905, la famosa Barcarola (de la que se trató en el blog en Perspectivas y sensaciones con Offenbach y Savatini) pasa al acto de Antonia. Durante el siglo XX la obra ha alcanzado una gran popularidad, aunque con la representación de distintas versiones debido a la precariedad del material fragmentario disponible. Offenbach, un compositor que hasta que no veía varias representaciones de sus obras no fijaba la versión definitiva, se fue sin dejar la de esta obra. 
O al menos eso parecía. En 1992 se halló el libreto original en el Archivo Nacional de París. Y el año siguiente se encontraron un centenar de páginas con los manuscritos originales en un castillo de La Borgoña, en el que apareció el final original que da la forma definitiva a la obra. El estreno se llevó a cabo en Hamburgo en enero de 1999 con dificultades que se relacionaban con los derechos de publicación.
Tras esta historia que abarca casi un siglo y medio es el momento de volver a la mirada de Hoffmann, esa mirada sencilla e inocente con la que cree encontrar el amor de su vida en la muñeca Olympia.
La versión está interpretada de forma muy particular y con un dominio vocal exquisito por la soprano Natalie Dessay en una producción de Chorégies d'Orange en el Festival de Arte Lírico de julio de 2000.


Los papeles póstumos del Club Pickwick cayeron en mis manos buscando un libro de algún autor conocido a los quince, en el primer año que salía de casa por motivos de estudio. Era la primera ocasión en que tenía en mis manos un libro con un estudio preliminar, un análisis de la obra al que no estaba acostumbrado. Fue una experiencia singular, haciendo que su lectura fuera de las que te marcan la vida. El blog, el usuario de twitter (@Club_Pickwick) y la página de Facebook tienen en parte el nombre, ya que existen otros con el mismo. En el fondo, uno se siente pickwiniano

No sé cuántas veces he leído el libro, en cuántas ocasiones me he sorprendido riendo en voz alta, en cuántos momentos he recordado un personaje o una de historia. La última vez que lo leí, hace ya varios años lo hice consciente de que era la última vez que lo hacía. No sé si será cierto.

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5 ene. 2018

Guía Anual Pickwick

Hay momentos en que, para poder avanzar, conviene hacer una parada, recordar lo qué y cómo se ha hecho y hacer balance. Pero sólo tiene un sentido práctico para quienes están implicados, para quienes lo viven y aquellos quienes les afecta en su vida. 
En este caso te propongo en esta Guía Anual Pickwick 2017, no un repaso de lo que se escribió y quien lo hizo, sino una propuesta de lo que se puede leer. El pasar del punto de vista de quien lo publica al punto de vista de quien puede utilizarlo.

Te presento una selección de algunas de las publicaciones más significativas del año 2017. Como cualquier selección no están todas las que son, ni son todas las que están; además el hecho de ser personal la convierte en subjetiva, por lo que podría haberse hecho de cualquier otra forma o en cualquier otro momento con distintos resultados.
De todas formas, en la barra lateral derecha puedes acceder a todas las publicaciones realizadas desde el inicio de este blog.
Como forma de uso, te propongo ver esta Guía Anual Pickwick 2017 poco a poco, pasando sin prisas por cada uno de los artículos que te llamen la atención y volver en otro momento a continuar.
Si te quedaste sin leer alguna de las publicaciones, te incorporaste hace poco al blog o, simplemente, te apetece volver a leerlas de nuevo, aquí dispones de algunas de ellas. Gracias por tu interés y, como siempre, todos los comentarios e interacciones son bienvenidos.
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LOS MÁS LEÍDOS
En primer lugar te presento los artículos más leídos del año 2017, los más populares y que alcanzaron más de mil visitas de los seguidores.

El más visitado fue la propuesta de un paseo literario y musical alrededor de uno de los productos más característicos en nuestra cultura gastronómica, el café. Un compañero de nuestra vida servido y degustado en compañía de autores como Cortázar, García Márquez o Balzac y con una deliciosa cantata de Johann Sebastian Bach. Lo puedes saborear clicando en el enlace: Libros, música y... ¡un buen café!

En el segundo artículo con más visitas recopilaba distintas reflexiones sobre la verdadera y definitiva amistad, sobre la capacidad de relacionarnos con otras personas con empatía, complicidad y sentimientos comunes. Nos acompañaban escritores como Saint-Exupéry y su Petit Prince, Jean Anouilh y Marcela Serrano, junto con dos dúos, uno de Bizet y su obra Los pescadores de perlas y el otro de la Norma de Bellini. Puedes seguirlos en Cinco reflexiones sobre la amistad.

El tercero de los más visitados es un simpático acercamiento al mundo animal con dos obras muy originales y curiosas de uno de los más prolíficos autores de cuentos, E.T.A. Hoffman y una original y deliciosa música de Rossini que puedes seguir en Palabra de gato.



REFLEXIONES SOBRE LA CREATIVIDAD
Dos muestras aparecidas en el blog sobre cómo se enfrentan los creadores a su labor.

La primera es una entrada sobre el uso que damos a esas ideas que ya hemos utilizado, el reciclaje de las mismas, con el añadido de cómo algunos autores crean obras o ideas nuevas a partir de las de otros creadores, aportándoles un nuevo significado con su utilización. En ¿Cómo utilizamos las ideas? nos acompañan textos del checo Bohumil Hrabal y del gran García Márquez con música de Händel.

En Cómo nace una obra aportan sus ideas sobre la creación Jorge Luís Borges y Tzvetan Todorov con la compañía de dos piezas de La flauta mágica de Mozart, la primera entre Tamino y Pamina y la segunda, el delicioso dúo Pa-pa-pa entre Papageno y Papagena, en una emocionante y simpática interpretación. No te la pierdas.



LUCHANDO CONTRA LA CORRIENTE
En estos tres posts del blog la reflexión surge del esfuerzo por salir de una situación difícil en una lucha injusta y desigual. Como la vida misma.

Una de las situaciones más injustas y que aún nos queda por solucionar en nuestra sociedad es la desigualdad que aún existe entre hombres y mujeres. Dos de las que se consideran pioneras en sus campos nos acompañan: una de las primeras escritoras Charlotte Brontë, la autora de Jean Eyre y una de las primeras compositoras, Barbara Strozzi acompañada de la limpia y delicada voz de Raquel Andueza. Son, como muchas, Mujeres épicas.

Las apariencias, la calumnia, los prejuicios, la manipulación que recibimos de los medios de comunicación y entre nosotros mismos aparecen en Manipulación e incomprensión con toda un tesis novelada por Umberto Eco y una dura y despiadada obra de Benjamin Britten: Peter Grimes.

En situaciones que suceden, a veces, con personas cercanas a nosotros se produce lo que se refleja en este tercer post: Un chantaje emocional con textos de Honoré de Balzac y el análisis de una escena crucial de la ópera más representada de todos los tiempos, La Traviata de Verdi, con la que posiblemente es la más grande de las cantantes de ópera de la actualidad, Anna Netrebko.




ENTRE LO FESTIVO Y LO HUMORÍSTICO
Para finalizar esta selección de las publicaciones de 2017, te propongo una visita algunos a temas más intrascendentes y desenfadados.

Sobre las fiestas populares, el arraigo que tienen y del desarraigo que tienen ciertas costumbres que las acompañaban tradicionalmente, el post La fiesta en la calle. Aquí nos acompañaba una poesía de Luís de Góngora poco habitual en el estilo del escritor cordobés y un coro de una zarzuela, La del soto del parral de Soutullo y Vert, con la particularidad de que aquí aparezco cantando en la Coral de La Palma, algo irreconocible tras el paso de un lustro.

Como su nombre indica, Fuegos artificiales es un post sobre esos espectáculos que nos llaman la atención no por el fondo de lo que nos quieren comunicar, sino por la forma en que lo hacen buscando el brillo o el sonido que llama la atención. Los artificios los ponen Ramón Gómez de la Serna y algunas de sus greguerías y un curioso y original trabalenguas musical, un aparte de la acción dramática surgido del genio de Gioacchino Rossini en La Cenerentola.

La última de las entradas que selecciono del año 2017 está plagada de sentido del humor, ya que comparto obras ni más ni menos que de Groucho Marx y del grupo argentino Les Luthiers, los ganadores del Premio Princesa de Asturias de este año. En Humor e inteligencia con Groucho Marx y Les Luthiers, el primero nos acompaña con un texto de su libro Memorias de un amante sarnoso y los últimos con una deliciosa, original y delirante zarzuela náutica propia de la genialidad de este grupo: Las majas del bergantín. No te la pierdas.

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29 dic. 2017

Seis campanadas para cambiar de año

"Grabad esto en vuestro corazón: cada día es el mejor del año".
Ralph Waldo Emerson

Cada final de diciembre nos trae la despedida y recibimiento de un año. Es como si marcáramos a fuego el cambio de calendario y tuviéramos que hacer borrón y cuenta nueva en algunas de nuestras costumbres, defectos o decisiones.
Unido a esto, hay cierta necesidad social de comenzar el año nuevo rodeados de personas y con ambientes divertidos, como si la felicidad, la ilusión o nuestros anhelos dependieran de este momento.
Esta ambivalencia de sentimientos que nos embargan los resolvemos en cada caso según nuestros gustos y circunstancias, con unas costumbres y usos que van desde las tradicionales doce uvas hasta las más ruidosas y multitudinarias celebraciones.
Te propongo unos minutos de reflexión a través de seis pinceladas a modo de campanadas sobre los sentimientos que nos ocupan antes y después de la entrada del año nuevo, con textos y músicas que van desde el deseo de celebrar estos momentos a los que no le dan más importancia. Nos acompañan el agudo ingenio de Mark Twain, un inusual estilo de Mario Benedetti, la desgarradora escritura de Julio Cortázar y la desenfadada música de Johann Strauss... y, sobre todo, un deseo: Que tengas un ¡Feliz año nuevo! Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Uno de los más populares y emblemáticos escritor americano del siglo XIX, posiblemente junto con Herman Melville (el autor de Moby Dick), fue Mark Twain. Creador de personajes como Tom Sawyer o Huckleberry Finn y autor de El príncipe y el mendigo o Un yanqui en la corte del rey Arturo, sus relatos nos evocan sobre todo la vida alrededor del Mississipi. Escritor de un extraordinario sentido para la observación de la conducta humana, un ingenio, una mordacidad y una ironía exquisitos, comenzó su andadura en el mundo de las letras escribiendo en periódicos locales y dedicó buena parte de su tiempo una vez consagrado como escritor a moverse por distintos escenarios impartiendo conferencias.



En el comienzo del año 1863 publicó en el periódico Territorial Interprise de Virginia City (Nevada) para el que escribía habitualmente el párrafo que nos acompaña.


Conocido como el Rey del Vals, Johann Strauss hijo es uno de los músicos más representativos de la Viena del XIX, una ciudad que acogió a compositores de la talla de Haydn, Beethoven, Schubert, Liszt, Brahms o Mahler. Continuador de la saga musical que comenzó su padre, aunque con la oposición de éste, junto con sus hermanos Joseph y Edouard, llegó a ser una de las personalidades de la segunda mitad del siglo en Viena. ¿Quién no ha oído algunas de sus polkas y valses como el del Emperador, El Bello Danubio Azul o los de la obertura de El Murciélago, o ha acompañado con palmas la marcha Radetzky?
Aunque especializado en este tipo de obras, a las que logró llevar a un elevado nivel de excelencia técnica sin renunciar a la alegría que transmitían, Strauss también compuso obras escénicas. Entre éstas destacan las operetas El Murciélago, El barón gitano o Una noche en Venecia.



Die Fledermaus (El Murciélago) es una comedia típicamente vienesa, basada en un libreto inédito escrito para Offenbach que Haffner y Genée adaptaron al gusto del compositor y las características de la capital austriaca. Se estrenó en abril de 1875 en el Theater an der Wien, ese recoleto espacio que está coronado con los relieves de Papageno y sus hijos por haberse estrenado también La flauta mágica de Mozart.
El Murciélago es una comedia con unos personajes que carecen de buenas intenciones y que disfrutan con el mal ajeno. El argumento es leve desde el punto de vista narrativo, con personajes que se engañan unos a otros, pero que dan juego para que una puesta en escena bien llevada y unos cantantes que sepan desenvolverse por el escenario den ocasión para una disfrutar de una experiencia espectacular y divertida.
Hace tiempo acudieron a un baile de disfraces el matrimonio Eisenstein y su amigo Falke que iba disfrazado de murciélago. En la fiesta bebió más de la cuenta y su amigo decidió gastarle una broma, dejándolo dormido en un banco en plena calle con su disfraz, convirtiéndose en el hazmerreír de los pilluelos y los transeúntes. Esta obra narra la venganza amistosa con que Falke devuelve la broma.
Los tres actos suceden en tres escenarios distintos: La casa del matrimonio Eisenstein, donde se traman las relaciones de infidelidad entre el esposo y Rosalinde; la residencia del príncipe Orlofsky, un príncipe ruso que da una fiesta entre canciones, bailes y champán; y la cárcel, en la que debe acabar Eisenstein según conocemos desde el primer momento, y que concluye, como imaginamos entre risas y brindis. Si quieres acceder a un resumen del argumento, puedes hacerlo en el enlace al blog de Fiorella Spadone
El enlace ofrece, en plena celebración en casa del príncipe Orlofsky, interpretado habitualmente por una mezzo-soprano, un brindis con champán, el rey de los vinos. Un momento musical y festivo a propósito para estas fechas.



El príncipe Orlofsky está interpretado por Doris Soffel, Adele por Hildegarde Heichele y Eisenstein por Herman Prey que son quienes realizan los brindis por ese orden. Les acompaña, sin cantar, Kiri Te Kanawa en una producción de Año Nuevo de 1983 bajo la dirección musical de Plácido Domingo en el Royal Opera House, Convent Garden londinense.


En los últimos años de su vida el poeta uruguayo Mario Benedetti se animó a escribir Haiku, ese género de origen japonés formado por tres versos de cinco, siete y cinco sílabas. La sensación del instante, la manifestación de la naturaleza y ser puerta de lo sagrado están entre sus características. Es un género que precisa concisión en la expresión y supone un sutil concierto entre el poeta y el espectáculo que nos ofrece el mundo, entre la meditación y la naturaleza.
Fruto de ese acercamiento a ese estilo japonés, Benedetti publicó en 1999 Rincón de haikus, un libro con más de doscientos de estos poemas en los que hace un personal acercamiento, más alejado de la naturaleza y más próximos a la condición humana.
De ellos, estos tres nos sirven como una nueva campanada para el cambio de año, mezclando el pesimismo con el optimismo y la mirada al incierto futuro, si modificamos en el último la palabra siglo por año, ya que mirar al cambio del primero se antoja aún visión muy lejana.



El acto segundo de El Murciélago y, por lo tanto la fiesta del príncipe Orlofsky, finaliza con el vals que da título a la opereta y que es solapado por las intervenciones de los personajes. Eisenstein quiere conocer quien es la invitada enmascarada, sin saber que es su esposa, su amigo de francachelas es el director de la cárcel a la que debe entrar y las campanas marcan las 6 que es la hora en que ambos, director y preso, deben encaminarse a la prisión para cumplir sus cometidos.
Se trata de una producción de la que desconozco más datos y que nos sitúa en el final del acto entre demasiados excesos por parte de los protagonistas.



En Bajo el crepúsculoJulio Cortázar recoge una serie de poemas que acumuló durante cerca de cuarenta años. Reunidos como un collage, sin orden, saltando de un tema a otro; de una sensación a un sentimiento; del aroma de una calle al paseo por un café; de la participación a la complicidad de los autores que amaba y significaban para él; desde un estilo más clásico -aunque decir esto de Cortázar nunca es acertado- a otro más experimental, lúdico y novedoso, donde recoge lo que ha quedado perdido en un rincón, lo que no encajaba en otro lugar. Bajo el crepúsculo es un libro donde confluyen y divergen, se cruzan y evocan sus opiniones, aficiones y recuerdos en un caos delicioso que es la última publicación del escritor.



De este libro, casi como una miscelánea es el poema Happy New Year que Cortázar fechó en la Nochevieja de 1951.



Para finalizar estas seis campanadas sobre el cambio de año, comparto un enlace de la interpretación de la obertura de El Murciélago que se realizó en el Concierto de Año Nuevo de 1989 con la dirección de un experto en esta opereta, el siempre elegante Carlos Kleiber. Como suele ser habitual en estas obras, la obertura recoge los temas más importantes de la obra y escuchándola no deja de recordarnos algún anuncio publicitario de sopas instantáneas.

 

Si lo deseas, puedes seguir en el enlace ¡Feliz año nuevo! el trozo escénico, quizás el más brillante de toda la obra, que transcurre entre el brindis y el vals en el final del segundo acto de El Murciélago.

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15 dic. 2017

Conciertos de Navidad: El Mesías de Händel

¿Quién no ha escuchado música en Navidad? En las fechas cercanas se suelen realizar conciertos de diversos tipos que nos acercan a las celebraciones: de villancicos populares, zambombas flamencas, de música clásica o cualquiera de los estilos con la temática de la época.
En casi todas las localidades se realizan este tipo de conciertos, dependiendo de los gustos, los recintos y el tipo de agrupaciones que preparan y realizan estas actuaciones musicales.
En esta entrada te propongo un paseo por los conciertos y recitales navideños y una de las obras más conocidas y populares del repertorio, El Mesías de Händel, con un texto de Stefan Zweig sobre el compositor. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Actuaciones como el Gran Concierto de Navidad que la Coral Municipal de La Palma del Condado realiza con la colaboración amiga de la Banda Municipal Virgen del Valle, que se celebra el 23 de diciembre en el Teatro España de la localidad y en el que interpretaremos obras relacionadas con estas fechas. Una ocasión para la que se preparan distintas piezas musicales relacionadas con la temática navideña.



Entre los conciertos de música clásica, en estas semanas previas a la Navidad el más celebrado es el de El Mesías de Händel, un acontecimiento que se vive en la mayoría de ciudades con auditorios y orquestas sinfónicas. En las últimas décadas se ha popularizado además que en muchos de estos conciertos se incluya la participación de aficionados en algunos de los coros que componen la obra.

Coral Municipal de La Palma del Condado - 2016


Messiah (El Mesías) de Georg Friedrich Händel es una de esas obras de música clásica de la que todos hemos oído hablar, especialmente su conocido ¡Aleluya!, una pieza que absolutamente todos hemos exclamado con mayor  menor entonación en alguna oportunidad. En otra ocasión le dediqué una entrada en el blog en Un ¡Aleluya! para Händel en la que los protagonistas eran Händel y esta pieza, la más conocida de la obra.
El Mesías es un oratorio, un tipo de obra que explica con música una historia de tipo religioso o sagrado. En él suelen participar una orquesta, solistas y coro, siendo éste último esencial, ya que suele representar al pueblo, a quienes explica y narra la historia. En los oratorios se toman elementos de las óperas como las arias, dúos y coros, no se caracterizan ni los personajes con vestuario ni hay decorados y no hay interpretación dramática como en éstas. Son muy importantes los recitativos, unas piezas en las que, imitando la forma del habla y con un acompañamiento musical sencillo, se va avanzando en la narración de la historia. Muy utilizados en la obra de Bach y sus contemporáneos, Händel dio a los oratorios unas características que lo hicieron muy populares en su producción, llegando a componer 26 de estas obras entre italiano, alemán y, en su época británica, en inglés. 
La importancia de El Mesías radica en que no sólo cuenta la historia de Jesús y cómo tras su muerte y resurrección salva a toda la humanidad. La grandeza de esta obra se basa en dos pilares: Por un lado, no hay que tener convicciones religiosas para conectar con la historia, ya que habla de situaciones que podemos encontrar en otras vidas: el nacimiento de una persona, su esfuerzo por ayudar a los demás y su sacrificio con la muerte como culminación del mismo. En este aspecto, El Mesías habla de situaciones humanas, sentimientos y pasiones arquetípicas y universales. En segundo lugar está una música muy especial e inspirada que hace que muchos de los temas que componen esta obra trasciendan de ella y se hayan incorporado a la lista de músicas que hemos oído, aunque no sepamos bien dónde ni a qué obra pertenecen.



Stefan Zweig, también un escritor que ha aparecido en varias ocasiones en este blog, dedicó una obra a transcribir parte de la biografía de Händel en Momentos estelares de la humanidad, una obra con matices didácticos en la que narra algunos de los acontecimientos que han marcado la historia de nuestras civilizaciones. En este libro, posiblemente el más conocido de Zweig se reflejan el ocaso del imperio de Oriente con la caída de Constantinopla, la derrota de Napoleón en Waterloo, el viaje en tren de Lenin hacia Rusia en 1917, el indulto de Dovtoievski poco antes de ser ejecutado o el relato que traigo hoy, el nacimiento del Mesías de Händel y el fallecimiento de su autor.
El mismo compositor señala en el prólogo que "cada uno de estos momentos estelares marca un rumbo durante décadas y siglos", por lo que podemos considerarlos momentos clave de inflexión de la historia. 
En el citado Un ¡Aleluya! para Händel me centraba en la composición, ensayos y estreno de El Mesías. En esta ocasión, el primer texto que nos acompaña se refiere al comienzo del final de la vida del compositor alemán en su Inglaterra adoptiva.


Para el libreto de El Mesías, Händel buscó la colaboración de Charles Jennens, quien escribió el texto dividido en actos y escenas, con cierta semejanza a una ópera, lo que propiciaba que los asistentes pudieran seguir con facilidad la narración, aunque sin acción dramática escenificada. El libretista compiló y adaptó algunos textos de la Biblia, generalmente de pocos versos o sin rima y escritos en inglés, de forma que se pudiera enlazar y los espectadores seguir la narración.
La historia está dividida en tres partes. En la primera se centra en el nacimiento de Cristo, mientras que la segunda lo hace en su sufrimiento y muerte, y la tercera en su resurrección. 
Uno de los momentos más espectaculares de la obra es el aria para barítono Why do the nations, un furioso alegato contra las luchas y rivalidades entre naciones narrado con fuerza y energía.
Los instrumentos de cuerda y el continuo realizan una introducción impetuosa con una intensa melodía. El solista canta con este carácter enérgico que mezcla lo bélico con la rabia en una contradicción entre la paz y la guerra, basado en un texto del Salmo 2. 



La interpretación corresponde al barítono neozelandés Teddy Tahu Rhodes que canta este aria con rotundidad y energía, mostrando la dificultad de cantar esta pieza. Está acompañado por The Orchestra of the Antipodes bajo la dirección de Antony Walker.


El relato de Zweig continúa con los últimos momentos de la vida de Händel, con una narración que se mueve por derroteros de un dramatismo afectado y excesivamente melodramático, pero dando sentido al final de la vida del compositor.



El final de El Mesías no podía ser vulgar ni simple. Händel termina su oratorio con una pieza que sólo contiene una sola palabra, Amén, pero de una innegable calidad musical y que sabe mantener con una duración de más de tres minutos.
Se trata de una fuga, un tipo de composición en la que el texto y la melodía van de una voz o un tipo de instrumento a otro. El Amén va pasando por las voces en el siguiente orden: bajos, tenores, contraltos y sopranos. El tema musical pasa después a los instrumentos en el orden de violines primeros, violines segundos y coro. Tras un desarrollo de la fuga que va pasando de la parte instrumental al coro, con progresiones y contrapuntos se llega a una pausa general que deja en el aire la música inconclusa. Un tutti de la orquesta y coro marca el final de El Mesías, una de las obras maestras de Händel y de la historia de la música.
El enlace muestra una interpretación de el Amén con la Orquesta y Coro de la Academy of Saint Martin in the Fields dirigida por su alma mater, Sir Neville Marriner en la ciudad en que se estrenó este oratorio, Dublín, en 1992, en el momento en que se cumplieron 250 años del estreno de la obra.


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Si te apetece escuchar una versión completa de El Mesías, te propongo esta versión en un concierto participativo celebrado en Madrid en 2009 con el patrocinio de La obra social de La Caixa.

10 dic. 2017

#ViajedeOtoño Roma eterna en 3D

Quien hace el primer viaje a Roma no ve nada, en el segundo la conoce y en el tercero se la lleva en el alma.
P. J. Harrebomeé

Viajar es un forma de abrir nuestras mentes, descubrir lo que no está en nuestro día a día, conocer otras formas de vida distintas de las nuestras. Si las primeras veces que viajamos apenas si utilizamos el verbo comparar, con el tiempo y la práctica vamos acercándonos hacia verbos como asimilar, entender o aprehender enriqueciendo nuestra vida con la complejidad de la comprensión y las múltiples respuestas ante la diversidad de la condición humana, aceptando y acogiendo la mirada del otro.
En este blog, en la sección #ViajedeOtoño, propongo una reflexión desde la distancia de viajes reales, algunos reales, otros imaginados con el acompañamiento de libros y música. Proponer desde la intimidad del hogar, buscar una reflexión sobre el concepto de viaje, de aventura, en la que el viajero se sumerge en otra forma de vida, costumbres o circunstancias para conocer qué circunstancias y condicionantes llevaron al lugar, a sus habitantes, a ser lo que son.
En las ciudades, los países, las civilizaciones se cruzan y se ven no sólo lo que son, sino lo que fueron, lo que desapareció y lo que ha posibilitado que lo que ahora sea como es.
En esta última entrega del #ViajedeOtoño de esta temporada, las reglas han cambiado. No escribo desde la distancia en el recuerdo, con los posos que la experiencia o los recuerdos o la lectura o la música han dejado. En esta entrega escribo con el intenso cruce de emociones, el asombro del encuentro, la sorpresa de lo que se esconde al doblar una esquina, la sensación del viaje en el tiempo, en un continuo ir y venir por los años y los siglos, la sensación y la emoción de relacionar lo que ya se conoce con lo que se aprecia con los sentidos.
Roma no es en sentido literal la Ciudad Eterna, porque no se puede ver su Coliseo, sino las ruinas de lo que fue el Coliseo; ni su Foro, ni los edificios que le daban vida, sino los huesos de lo que fueron sus columnas o sus muros. El paso del tiempo transcurre para los monumentos, los cuadros o las iglesias como con todo lo que vive en la naturaleza con su desgaste y decadencia.
Pero la naturaleza, la descomposición, la ruina no pueden con la idea de Roma. Si los edificios del Imperio Romano cayeron fue por los mismos que destruían para construir sobre los restos, como más tarde cayó el Imperio, como antes se hacía, sin ese concepto de la historia que tenemos ahora. Y cuanto nos queda de esa civilización o de otras hace que podamos afirmar que esta ciudad, como otras en menor medida, es eterna.
En esta entrega del #ViajedeOtoño te propongo un viaje a la Roma eterna en 3D, que nos acerca a su presente y su pasado en tres dimensiones culturales: libros, música y cine, con el acompañamiento de grandes autores y protagonistas de cada una de estas artes. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!




Poeta, escritor e historiador de la cultura de la antigüedad clásica, Robert Graves se hizo popular por una obra que publicó en los años treinta del pasado siglo y fue llevada a la televisión casi cincuenta años después.
Comenzó su carrera literaria con un libro de poemas Over the brazier. Alistado en la I Guerra Mundial, el horror que encontró le influyó de forma determinante el resto de su vida. Su obra se decanta entre los libros de poemas, algunas biografías y obras sobre temas relacionados la cultura como La diosa blanca, Los mitos hebreos o Los mitos griegos.
De entre sus novelas destacan la biografía novelada sobre el emperador romano que publicó en dos tomos: Yo, Claudio y Claudio, el dios y su esposa Mesalina
La primera pincelada sobre Roma nos acerca al comienzo del relato que Graves narra como una supuesta autobiografía que el emperador esconde con el augurio de que será encontrada a comienzos del siglo XX.


Llevada a la televisión en la década de los '80 del pasado siglo por la BBC, Yo, Claudio supuso un aumento del interés por la época de los emperadores romanos desde Octavio Augusto hasta llegar a Claudio y su sucesor Nerón. El guión basado en la novela de Graves, la espléndida puesta en escena, aunque con el handicap de ser rodada completamente en estudios, sin exteriores, junto con una exquisita interpretación del equipo de actores, hizo que la serie fuera un éxito internacional.
El enlace pertenece al comienzo de la serie que se puede seguir completa en la red.


Georg Friedrich Händel volvió su mirada a la antigüedad clásica para muchas de sus producciones musicales en forma de óperas y de oratorios, estilos ambos que llevó a cabo con éxito entre el público. De entre ellas, la segunda mirada nos acerca a su ópera Julio César (Giulio Cesare in Egitto), una obra que, como su nombre indica transcurre en el país del Nilo, aunque con personajes emblemáticos de la historia de Roma.

Primer acto de Giulio Cesare in Egitto.
Tras la victoria sobre Pompeyo que ha huido a Egipto, Ptolomeo, hermano de Cleopatra entrega su cabeza a César para darle la bienvenida a su país. Éste no da muestras de agradecimiento, por lo que Ptolomeo convence a Aquiles para que asesine al emperador romano en una fiesta que da en su honor. El atentado falla y Cornelia y Sexto, viuda e hijo de Pompeyo, entran en el palacio para matarlo por su cuenta, siendo detenidos a causa de una venganza. Sexto es llevado a las mazmorras y su madre llevada al harén de Ptolomeo. En este momento se produce uno de los más bellos dúos que nos ofrece la historia de la ópera Son nata a lagrimar (He nacido para llorar) interpretado entre Cornelia (contralto) y su hijo Sexto (soprano o contratenor).
Se trata de un dúo sencillo, con pocas palabras, en forma de Aria de capo, con una estructura A-B-A, tres partes bien diferenciadas en la que la primera se repite al final.
La contralto Nathalie Stutzmann dirige y canta junto al contratenor Philippe Jaroussky, un habitual de este blog Son nata a lagrimar (en el texto de Cornelia) y Son nato a sospirar (en la letra de Sexto). El lamento de la madre se mezcla con el del hijo en uno de los dúos más bellos de la historia de la ópera. Para disfrutar en total silencio, sin ninguna distracción que nos aleje de la música de Händel.


La tercera mirada romana nos acerca a uno de los momentos cumbres en que confluyen la historia de la iglesia y la del arte en pleno Renacimiento.
Pensando el Papa Julio II en la construcción de su tumba, buscó al más grande de los escultores de la época confiando el encargo a Michelangelo Buonarroti. Éste diseñó un mausoleo para el pontífice y marchó a Carrara para seleccionar el mármol, mientras Bramante, el arquitecto que diseñó la basílica de San Pedro del Vaticano, convencía a Julio II de la imprudencia de construir una tumba para alguien que está aún vivo. El Papa renuncia a su construcción y decide emplear el talento de Michelangelo en finalizar la decoración de la Capilla Sixtina.



Esta capilla fue encargada por Sixto IV y un grupo de pintores de finales del Quatroccento se encargó de su decoración, con Sandro Boticelli, Perugino o Lucca Signorelli entre otros. Sólo quedaba la bóveda que, a la sazón imitaba un cielo azul con estrellas doradas. Ofendido por el encargo, Michelangelo huyó a Florencia y fueron necesarios varios años para el acuerdo entre el Pontífice y el artista para comenzar a trabajar en tan monumental obra.
La tormentosa relación entre el escultor renacentista y Julio II fue llevada al cine como The Agony and the Ecstasy en 1965 y titulada en nuestro país El tormento y el éxtasis con Charlton Heston en el papel del gran Buonarroti y Red Harrison en el rol de Julio II y la dirección de Carol Reed. Un película recomendable de la que enlazo la escena en que Michelangelo se enfrenta al estrellado techo azul al que debe ilustrar.


Moverse por Roma supone un constante salto hacia adelante y atrás en el tiempo. A la vuelta de una esquina o tras un edificio el sorprendido viajero puede dar un salto en el tiempo hasta no sabe qué momento de la historia.

Uno de los escritores que mejor supieron admirar y asimilar la belleza de la Italia que recorrió fue Stendhal. La sensibilidad con que apreciaba cuanto veía, el sentido de la belleza que poseía dio origen a lo que conocemos como el Síndrome de Stendhal, esa sensación de vacío y vértigo que se produce cuando la mente queda sobrecogida al no poder asimilar cuanta belleza atesoran los monumentos, esculturas o pinturas que se contemplan.
De Stendhal es el texto que nos presenta la siguiente mirada a la ciudad de Roma, una reflexión que enlaza la mirada anterior con época que nos acompañará más adelante perteneciente a su libro Paseos por Roma




El Séptimo Arte nos ha dejado también miradas a la Roma del pasado más cercano, casi del presente. Evitando menciones de películas de pseudo aventuras crípticas que tienen su espacio en otros blogs, no podemos dejar de recordar algunas de directores italianos que reflejaron la vida de la capital italiana en las décadas centrales del pasado siglo como la neorrealista El ladrón de bicicletas de Vittorio de Sica, la turística y deliciosa Vacaciones en Roma con Audrey Hepburn y Gregory Peck o toda una obra maestra como La dolce vita de Federico Fellini.



La ultima mirada que nos acerca a Roma es una historia de ficción que ha entrado a formar parte de la historia. 
Cuando Giacomo Puccini vio el drama Tosca de Victorian Sardou, no cesó hasta que consiguió llevarla al escenario como una ópera. Perteneciente al estilo verista, la historia de Tosca transcurre el 14 de junio de 1800 en tres escenarios concretos: El primer acto en la iglesia de Sant'Andrea della Valle, el segundo en el Palacio Farnesio y el tercero en el Castillo Sant'Angelo. Tal realismo ha dado lugar al tópico difundido entre aficionados y algunas guías turísticas de que Tosca existió en realidad y se suicidó arrojándose desde esta fortaleza.


El enlace con que termina este #ViajedeOtoño por Roma muestra a Plácido Domingo en el rol de Mario Cavaradossi cantando en el mismo Castillo Sant'Angelo, con el Vaticano al fondo el aria E lucevan le stelle, el dramático canto de despedida a la vida que entona el protagonista masculino de Tosca ante su inminente ejecución. Se trata de una versión dirigida en 1992 por Zubin Mehta.


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