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20 jun 2021

El sueño de una noche de verano. De Shakespeare a Britten

Vivimos condicionados por cuanto nos rodea. Desde las circunstancias sociales, familiares y nuestras relaciones personales hasta lo que la naturaleza nos determina. 
Si las primeras varían en cada uno de nosotros y nuestras propias situaciones, la naturaleza, el planeta o el propio sistema solar nos condicionan con algunas de sus manifestaciones. Los cambios estacionales que podemos apreciar en la naturaleza, los fenómenos meteorológicos, como la lluvia, nieve o el calor estival, los ciclos anuales, nos afectan en mayor o menor grado, tanto en lo que nos ofrece como en lo que cada uno de nosotros queramos percibir.
Dentro de los ciclos estacionales, el momento del solsticio de verano marca un momento crítico, la máxima duración del día que se completa con la noche más corta del año, un momento que, desde la antigüedad más remota se ha apreciado, considerado y celebrado. Desde los más antiguos monumentos megalíticos con su orientación solar, las celebraciones célticas o las de las culturas mediterráneas con las hogueras de San Juan, el momento del solsticio supone un momento que tiene algo de magia, de acercamiento a la naturaleza y de celebración de la noche. El permanecer en la noche al aire libre con un mayor margen de tiempo, entablar conversaciones serenas, observar el titilar de las estrellas en el firmamento, oír el rumor de las olas, apreciar el aroma de algunas plantas son sensaciones que nos acercan a la magia de la noche.
Una de las obras más universales que celebran este momento, uniendo la llegada del verano con la ilusión y la magia de la noche es El sueño de una noche de verano de William Shakespeare, una obra que ha tenido una gran difusión e influencia desde hace más de medio milenio y que aún sigue llevándose a los escenarios e inspirando a los creadores.
Entre los compositores podemos destacar la versión de Félix Mendelssohn Ein Sommernachstraum que trajimos a este blog con el mismo título de El sueño de una noche de verano y la de Benjamin Britten también del mismo título.
Te propongo acercarnos en estas noches cercanas al solsticio a la obra El sueño de una noche de verano de Shakespeare y la ópera del mismo título que compuso Britten. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Las obras de William Shakespeare continúan ofreciéndonos cinco siglos después de ser escritas las grandes dosis de tragedia y comedia, ternura y crudeza, amor y odio, piedad y horror o realismo y magia que encandilaron a quienes las presenciaron en el escenario.
Dueño de un lenguaje rico y prolífico, sus recursos lingüísticos son tan variados y complejos que contribuyen a presentar como ningún otro escritor lo mejor y lo peor de las pasiones humanas, de elevar a las alturas y sumir en el abismo a los personajes que transitan por los escenarios o, lo que es lo mismo en el escritor inglés, la vida. La ambición, la crueldad o el amor más apasionado se cruzan en sus obras con la duda o la fantasía.
Contrastando con sus grandes dramas y tragedias, A midsummer night's dream (El sueño de una noche de verano) es una obra que nos hace partícipes del halo de magia e irrealidad que la nocturnidad del estío traen consigo.
Escrita, y posiblemente estrenada en 1595, este sueño nos envuelve en cinco tramas entrelazadas con la celebración de la boda entre el duque Teseo de Atenas e Hipólita, reina amazona, que transcurren de forma simultánea en el bosque y en el reino de hadas de Fairyland bajo la iridiscente luz de la luna. Mientras, una compañía de actores aficionados ensaya una obra que llevarán a cabo antes de la boda y ambos grupos acabarán encontrándose en un bosque habitado por hadas que manipulan a los humanos y se involucran y entrometen en sus intrigas.
El inicio de la obra presenta a Hermia, enamorada de Lisandro, que se resiste a la petición de su padre Egeo de que se case con Demetrius, con quien su progenitor ha acordado el enlace, mientras Helena, su mejor amiga, suspira por el amor de este. Egeo invoca una antigua ley ateniense, según la cual, una hija debe casarse con quien su padre elija o enfrentarse a la muerte, mientras Teseo le ofrece la opción de la castidad como vestal de la diosa Diana.
Así, de esta forma, comienza El sueño de una noche de verano de Shakespeare.


A partir del original shakespeariano, Benjamin Britten se embarcó a finales de los años cincuenta del siglo pasado en la elaboración de un libreto en colaboración con su compañero, el tenor Peter Pears, en el que consideraron la fidelidad al texto original, aunque adaptando el argumento a la duración estándar de una ópera, por lo que se vieron en la tesitura de reducir partes de las tramas originales.
La obra fue estrenada en el festival de Aldeburgh en junio de 1960 con la dirección del propio Britten y Pears en el rol secundario de Flute.
En la ópera, el comienzo difiere del de la obra teatral. Comienza con un grupo de hadas que se mueven en la noche por un bosque cercano a Atenas. Allí comienzan a mostrarnos su intenciones:

Por los montes y los valles,
cruzando cercas y verjas,
por las olas, entre el fuego,
a por todas partes, ligera,
más veloz que la luna,
voy a servir a mi reina,
poniendo sus esferillas 
de cristal entre las hierbas.

A las que se responden unas y otras. A la entrada de Puck, uno de los personajes más singulares de los creados por Shakespeare, le interpelan, mientras nos lo describen al público:
O confundo mucho
tu forma y tu figura, 
o eres ese espíritu
astuto y maligno
llamado Robin Goodfellow.
¿No eres tú el que asusta
a las muchachas de la aldea,
descrema la leche,
y a veces,
trabaja en la muela,
haciendo inútil 
que el ama de casa,
sin aliento,
bata la mantequillera
y, a menudo, no deja 
fermentar la cerveza,
extravía a los caminantes
y se ríe de su daño?
¿No eres ese?

Tras ellos entran en escena Oberón y Titania, reyes de las hadas, que entablan un diálogo de desamor con el que concluye la escena.


El enlace pertenece a una representación de la Ópera de Glydebournea llevada a cabo en 1982 y protagonizada por Felicity Lott, Ileana Cotrubas y James Bowman en sus papeles principales. 


En El sueño de una noche de verano, Shakespeare nos abre a esas ensoñaciones de las noches de verano que él traduce en un prodigio de fantasía, ternura e idealismo. Las tramas se cruzan entre las parejas de enamorados que padecen y gozan a causa de las astucias y argucias de los enamorados, mientras se preparan y celebran las nupcias entre Teseo e Hipólita, antiguos enemigos en lides amorosas. Como hemos observado, personajes míticos como Oberón y Titania o el duende Puck se cruzan con las parejas formadas por Hermia y Lisandro y Demetrio y Helena, de tal manera que la obra sigue unas de las máximas de las comedias de Shakespeare«Todo lo que acaba bien, es bueno.»

Procedente de diversas leyendas inglesas, Puck, denominado en ocasiones Robin Goodfellow, es el arquetipo de duendecillo burlón shakespeariano, un personaje bromista, guasón y mentiroso, que ejerce de bufón en la corte de Oberón y tiene la capacidad de crear los más grandes enredos.
Oberón le encarga encontrar una flor cuyos jugo y aroma provoca a quien llegue a olerla o probarla en sueños que, al despertarse se enamore del primer ser que vea. El desconcierto que organiza Puck al no hechizar a quien debía hacerlo se traslada a las tramas que se desarrollan en la corte de las hadas como a las del cercano pueblo donde habitan los humanos.
Shakespeare nos muestra cómo Oberón encarga al travieso duendecillo que ponga en marcha su plan.


Para su ópera, Britten compuso la música a partir de las características de los personajes. A los amantes les rodeó de un mundo sonoro romántico, a las hadas las representa con música etérea, mientras que a los personajes rústicos les escribió una música más sencilla con carácter folclórico. Inusualmente al que se podría considerar el protagonista principal, Oberón, lo creó para voz de contratenor, pensando en el cantante Alfred Deller, cuya voz, eminentemente lírica no alcanzaba notas especialmente altas. 
Titania, en cambio, está pensada para una voz de soprano de coloratura, mientras Puck no canta, es un personaje hablado al que acompañan siempre la trompeta y la caja rítmica.
Inspirada, con la fidelidad que hemos comentado, en la obra de Shakespeare, Britten también hace en su ópera un homenaje a Purcell en el aria de Oberón I know a bank (Sé de una loma) al inspirarse en su obra Sweeter than roses (Más dulce que las rosas).
¿Cómo lleva a la ópera Britten esta escena? En esta ocasión es de una enorme fidelidad con respecto a la obra original.
 

La grabación nos ofrece el aria I know a bank interpretada por el contratenor Christopher Lowrey en una representación llevada a cabo en el Grande Theatre de Géneve con la Orquesta de la Suisse Romande dirigida por Stephen Sloane.


Escrita antes de cumplir los treinta años, parece que Shakespeare conocía distintas fuentes que le inspiraron para esta comedia singular. Por una lado, El descubrimiento de la hechicería de Reginald Scott pudo servir para inspirar el personaje de Puck en Robin Goodfellow (apelativo cuyo significado será algo parecido a Buen compañero), mientras la conocida escena de la transformación en asno se pueden remontar a El asno de oro de Apuleyo o de obras de Plutarco o Chaucer.
¿Qué pudo llevar a un joven Shakespeare a escribir esta comedia? Por un lado hay una parodia sobre los nobles de la corte de Oberón, que se puede considerar una crítica a la nobleza que rodeaba a Isabel I, cuyos matrimonios, organizados como formas de poder entre familias dejaban fuera de lugar el que debe ser su motor y motivo: el amor. Así, el dramaturgo inglés crea una trama en la que tanto los personajes fantásticos, como los mitológicos se alían con la vida, las pasiones y el amor, luchando y venciendo contra lo que en la primera escena de la obra plantea el personaje de Egeo: que en el matrimonio se deba seguir únicamente el deseo e interés familiar de los padres.


Una vez resueltas todas las tramas, la obra de Shakespeare finaliza con un alegato de Puck a los espectadores, al que siguen un canto de Oberón y cae el telón después de otro del propio Puck.


También la ópera de Britten ofrece una gran fidelidad al desenlace del texto shakespeariano, finalizando con intervenciones con textos similares.
Finalizamos este paseo por El sueño de una noche de verano en las versiones de Shakespeare y Britten con el deseo de que el misterio, la magia y la emoción de estos autores nos hayan acompañado en una noche, esta noche, tan especial por ser la noche que vivimos hoy, ahora.


El enlace está interpretado por Tail Ketzef como Titania, Yaniv Elijah Deor en el rol de Oberón y Yossi Zabari como Puck, acompañados por The Moran Choir y The Israel Symphony Orchestra Rishon LeZion perteneciente a The Israeli Opera, todos dirigidos por Daniel Cohen, en una representación de enero de 2018.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

12 jun 2021

Suspiros al Arte, una forma de Emocionarte

Esta es una publicación diferente y, en todos los sentidos, muy especial.
Habitualmente los escritos que aparecen en este blog buscan una simbiosis entre la literatura y la música vocal, tratan de acercarnos reflexiones sobre un tema determinado que, creadas desde la época o el momento en que lo hayan sido, nos aporten algo, nos enriquezcan o, simplemente, nos hagan pasar un rato agradable que nos ayude a reflexionar.
En esta ocasión, te invito a conocer parte de los entresijos de este blog y de quien lo escribe en una entrevista realizada por Silvia en Suspiros al Arte. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Hace varios años que tengo la enorme fortuna de coincidir con Silvia en la blogosfera y las redes, ya que, además de nuestra vocacional profesión nos une la pasión por publicar y acercarnos al arte, desde ópticas diferentes, pero, en el fondo, convergentes.
Hasta hace pocos meses publicaba en su blog Emocionarte. Se trata de un espacio que daba cabida a su caleidoscópica y poliédrica mirada que abarcaba desde algunas de las actividades creativas que llevaba a cabo como maestra de música, hasta escritos propios que se movían entre unos personales relatos y poesías, pasando por reseñas sobre libros que leía y la acompañaban y, sobre todo, unas fantásticas miradas a esas obras de arte que forman parte de nuestra cultura colectiva que analizaba desde lo racional y objetivo y desde su enorme capacidad para transmitirnos las emociones que la atravesaban en su contemplación. Aún podemos acercarnos desde este enlace a su Blog Emocionarte y recrearnos con algunas de sus interesantes miradas.

Para los que no lo conozcáis, os dejo una muestra de las muchas que podéis encontrar en su blog, su visión de unos de los cuadros más importantes y claves de comienzos del siglo XX, una de las primeras obras maestras de Picasso que nos acompaña en su publicación La revolución de las señoritas.


Desde hace unos meses, Silvia, una persona interesante e inquieta donde las haya y que odia las ataduras de la rutina, se ha embarcado en un nuevo proyecto en el que desarrolla podcasts artísticos y culturales con distintas secciones: Canción oculta, Zona arte Vip, en la que realiza una entrevista, Sabor a verso, en el que incluye poemas propios o de otros escritores y alguna sección en la suele incluir alguna sorpresa. 
Silvia alcanza en cada podcast un grado de amenidad y calidad que, ya lo podréis comprobar, supera a muchos profesionales y que realiza técnicamente en su totalidad y que os recomiendo que sigáis en Suspiros al Arte en Ivoox, además de tener un perfil activo y muy recomendable en Twitter también como Suspiros al Arte e Instagram. También se pueden seguir sus podcasts en su Canal de Youtube Suspiros al arte.


Me siento afortunado, ya que en su Podcast 5, Silvia ha tenido el detalle de centrar su atención en este blog e indagar sobre el mismo: su contenido, su gestación o la forma de trabajar cada publicación, llegando en algunos momentos a cruzar esa línea que separa -o une, nunca se sabe- lo relativo al blog y a quien está detrás del mismo.
Participar con ella ha sido una experiencia más que interesante en la que he podido atisbar su forma de trabajar y cómo desarrolla los procesos creativos y descubrir su enorme capacidad de entrar de lleno en el fondo de lo que busca conocer y la delicadeza con que nos acompaña y lo lleva a cabo.


En este Podcast 5 de Suspiros al Arte, Silvia nos trae también En silencio, un breve pero intenso poema de Aurora Sánchez, en Twitter con el usuario La Vida es como el Jazz. Es todo un lujo poder compartir espacio con ambas.
Os dejo con el programa


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5 jun 2021

¡Mira esa nube!

Vivimos inmersos en la prisa. Todo lo que hacemos, las actividades que llevamos a cabo cada día, las rutinas, los traslados de casa al trabajo y el cansado regreso o el estrés continuo y acumulado son señas de identidad de la vida de nuestro tiempo.
Estas prisas nos hacen vivir centrados en asuntos que consideramos importantes y provocan que perdamos imperceptiblemente nuestra capacidad de ser curiosos, de asombrarnos por observar lo que nos rodea, de mirar aquello que se escapa a nuestras miradas rutinarias. 
Detenernos en observar los cambios que se producen en las luces al atardecer mientras declina el día, o, aún más infrecuente, al amanecer, recrearnos en la contemplación del cielo nocturno, atisbar los cambios cíclicos que se producen en las plantas, ya en la naturaleza, ya en lugares urbanos como parques y jardines o contemplar el paso de las nubes nos acercan a recuperar nuestra capacidad de observación y de asombro.
Te propongo acercar la mirada a esas nubes que pasan, efímeras y cambiantes, sobre nuestros cielos y mantener nuestra capacidad de asombro con la contemplación de sus fugaces figuras. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Poeta, autor teatral, editor y guionista de cine, Manuel Altolaguirre es una de las mentes brillantes del siglo XX que terminó marcada por el conflicto civil que desangró España a finales de los años treinta de aquella centuria. Tras perder a parte de su familia en la guerra, dirigir La Barraca tras Federico García Lorca y Manuel Ugarte y antes de que lo hiciera Miguel Hernández, Altolaguirre se exilió en Cuba y México donde centró su actividad en el cine, regresando en diversas ocasiones a nuestro país, donde moriría tras un accidente de tráfico.
Extraído de su poemario Las islas invitadas de 1944, La nube es símbolo de una perdida libertad, un sueño que, como nube, se deshace, cuyo fin, la lluvia, genera diversas consecuencias, graves, livianas o cautivas.


Como esas nubes que pasan, dejamos la oscura presencia de las que surcaron nuestros cielos tras aquellos años y nos acercamos a una de las obras más genuinas y emblemáticas de uno de los músicos mas personales del cambio entre los siglos XIX y XX.
Achille Claude Debussy se inspiró en una serie de pinturas impresionistas de James McNeill Whistler cuyos títulos comienzan con la palabra Nocturne para componer una obra que, en un primer momento, se iba a llamar Tres escenas al crepúsculo y que terminaría titulando Tríptico sinfónico para orquesta y coro femenino. Sus movimientos Nuages, Fêtes y Sirénes (Nubes, Fiestas y Sirenas) fueron estrenados en París en 1900 los dos primeros y al año siguiente de forma completa.

James McNeill Whistler. Nocture. The Thames at Battersea (1878)

El propio compositor señalaba en las notas previas al estreno que «el título Nocturnos debe entenderse en un sentido decorativo. No ha de interpretarse que como que hace referencia a la habitual forma del nocturno musical, sino más bien a todas las impresiones y los efectos especiales de luz que sugiere su nombre. El primero, Nuages hace referencia al aspecto inmutable del cielo, con la marcha lenta y melancólica de las nubes, que finaliza con una agonía gris, dulcemente teñida de blanco.»
La interpretación de Nubes está dirigida por el finlandés Esa-Pekka Salonen en una grabación para Sony Classical.


Barcelonés de nacimiento, también el exilio llevó a Pere Calders a México donde terminó de cambiar definitivamente su faceta como dibujante por la de periodista y, sobre todo, escritor. En sus textos, Calders es un auténtico maestro del relato corto en los que el lirismo se funde con un personal sentido del humor, una imaginación desbordante y una enorme capacidad para diluir la frontera que separa la realidad de un surrealismo que lo invade todo, sorprendiendo y haciendo cómplice al lector de las historias.
A los lejanos a su Cataluña natal, a la que regresó en los años sesenta, muchos lo conocimos a través del grupo Dagoll Dagom y el montaje Antaviana que se basaba en diversos textos suyos.
En De teves a meves (De lo tuyo a lo mío), publicado de 1985 con el subtítulo de 32 cuentos con final casi feliz, Calders incluyó El núvol guilla (La nube se las guilla) un relato que surgió a partir de una propuesta de los alumnos ocho y nueve años de un colegio que le pidieron que inventara una historia con ese título.
La relación entre la protagonista Gloria y una particular nube es el centro de la historia de la que extraemos la parte relacionada con la inocente y persistente mirada infantil.



No solo la mirada infantil se fija en esas nubes que surcan nuestros cielos. En La flauta mágica, Mozart hace que miremos hacia arriba con la llegada de tres personajes -un número esencial de esa obra- que vienen desde una nube a hablar con los protagonistas en diversas ocasiones.
En la primera intervención, se dirigen a Tamino, el protagonista, al que le ofrecen tres -otra vez este número- consejos para seguir adelante en su camino. En esta ocasión es la nube la que nos ofrece su mirada.


El enlace corresponde a una función de 1991 del Metropolitan Opera House de Nueva York con Francisco Araiza como Tamino y Ted Huffman, Benjamin Schott y Per-Christian Brevig como los tres muchachos, todos con la orquesta titular del teatro y la dirección de James Levine.


En algunas ocasiones nos hemos acercado a la poesía de la Premio Nobel polaca Wislawa Szymborska, una escritora de mente inquieta, cuyas reflexiones nos acercan a un pensamiento que se abre con curiosidad y originalidad a la esencia de las cosas, cercanas a las reflexiones filosóficas.
Procedente de sus Nuevos poemas y recogida en Antología poética, Las nubes es un poema que trata de la brevedad con que se desarrollan en una (in)constante comparación con una vida que, a su lado, carece de fugacidad, semejándose a la eternidad de las piedras.


Esa fugacidad que nos revela la escritora polaca se asemeja a lo inconstante de la pasión en una de las ópera de Händel.
Estrenada en diciembre de 1709 en Venecia, Agrippina es la única ópera del periodo italiano del compositor sajón de la que se conserva el libreto íntegro. Narra la historia de la esposa del emperador Claudio y madre de Nerón y tuvo un éxito tan abrumador en su estreno que el público lo aclamó al terminar la ópera con el grito «¡Viva il caro Sassone!» (¡Viva el querido sajón!).


De esta ópera está extraída la última pieza musical que nos acompaña en nuestro paseo entre nubes, el aria de Nerón perteneciente al Acto III Come nube che fugge dal vento. Como es habitual en este tipo de óperas pertenecientes al barroco, se trata de una aria da capo, en el que el tema principal, correspondiente a los primeros versos, se repite al finalizar con la libertad para el intérprete de adornarlo a su gusto.


El aria, cuya calidad de imagen nos muestra que está grabada hace unos años, está interpretada por uno de los grandes expertos en este periodo, un habitual de este blog, el contratenor francés Philippe Jaroussky acompañado por Le Grande Ecurie et la Chambre du Roy con la dirección de Jean-Claude Malgoire, formando parte de una grabación para el álbum Bellissimo Baroque de Naxos of America.


Nos despedimos de esta mirada a las nubes, a su fugacidad y al deseo de recrearnos en su contemplación con uno de los Poemas en prosa de Baudelaire.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

30 may 2021

Elegía desde el destierro, de Ovidio a Siberia

Durante mucho tiempo, uno de los castigos más duros que se aplicaban a quienes cometían algún tipo de delito, especialmente cuando estaba relacionado con las ideas de quienes ostentaban el poder, era la pena del destierro. 
Pese a que esta pena estaba regulada en algunos lugares de forma estricta, no era infrecuente enviar a una persona al destierro como forma de eliminar a quien podía poner en duda el poder establecido.
Muchos creadores o pensadores han padecido diversos tipos de penas por su actividad creativa, sus opiniones o determinadas infracciones a la lie, siendo la más frecuente la cárcel como en los casos de Fray Luis de León, Quevedoo Cervantes entre los casos de nuestra cultura.
A comienzos de nuestra, uno de los escritores más sobresalientes del Imperio Romano, Ovidio, fue desterrado por el emperador Octavio Augusto. En esta publicación trataremos sobre su condena, las causas y cómo afectó a su obra y su vida, acompañándola con la música de una ópera que trata de una historia sobre los trabajos forzados en el destierro de Siberia. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Estatua de Ovidio en Constanza

Autor entre otras obras de Las metamorfosis, Publio Ovidio Nasón nos visitó en este blog en la publicación El amor en tiempos de Roma: Ovidio y Catulo. Allí pudimos apreciar el valor de su poesía y conocer su obra más controvertida, Ars Amatoria (El arte de amar), un libro que se centraba en propuestas que chocaban con las costumbres y usos de este tema de la sociedad romana en tiempos de Augusto.
Precisamente esta obra fue la que sirvió de detonante para el momento más trascendente y definitivo de su vida y una muestra del tipo de poder que se estaba generando en el inicio del imperio romano.
En el año 8 de nuestra era, cuando contaba con cincuenta y dos años, una edad avanzada en la época, Ovidio recibió una drástica condena dictada por el emperador Augusto: Debía abandonar inmediatamente Roma y marchar al destierro en Tomos, una zona que se corresponde actualmente con Constanza, en la ribera rumana del Mar Negro. Se trataba de una  condena estricta y dura, ya que le obligaba a abandonar su patria y sus seres queridos, además de sus posesiones y establecerse en un territorio en los límites del imperio, un recóndito lugar en el frío país de los getas y los sármatas, unos bárbaros ajenos en sus costumbres, idioma y forma de vida a la que el poeta estaba acostumbrado en el epicentro del imperio.
La condena fue más dura por inesperada, ya que surgió tras un proceso secreto en la que no participó el Senado ni juez alguno y del que sólo se conoce la intervención personal de Octavio Augusto y la sentencia condenatoria. Ovidio hubo de agradecer más tarde, buscando el perdón imperial, que no fuera ni una condena a muerte ni un destierro en sentido estricto, sino una Relegatio, una condena en la que no perdía sus derechos o su ciudadanía ni el poder ser agasajado en el lugar de relegación, además de poder ser enterrado en Roma al fallecer. Lo más duro fue lo repentino e inesperado de la condena y el lugar de relegación.
Así, Ovidio, que se encontraba en la isla de Elba hubo de partir para Roma, despedirse de su familia y partir al día siguiente en un viaje que le llevaría, en pleno invierno, por los mares Adriático, Jónico y Negro hasta su lugar de destino.


En esta suerte de destierro, Ovidio escribió dos libros de poemas con los que prácticamente creó un nuevo género literario, la elegía epistolar. El primero de ellos, Tristia (Tristes) está dividido en cinco libros que tratan sobre su marcha de Roma y la llegada a su destino en Tomos. El segundo es un escrito a favor de su poesía y su persona dirigido a Augusto reconociendo su culpa y suplicando indulgencia, además de otros poemas dedicados a su esposa, a sus amigos. Los restantes libros están dedicado a los amigos que no lo han abandonado y que luchan por restablecer su nombre y devolverlo a Roma, a su esposa y diversos temas relacionados con el clima y su situación entre los bárbaros getas.
Tristia comienza con una singular personificación: Ovidio pide al libro que vaya por él a la ciudad de Roma ya que él no puede hacerlo. Trata de su color o el aspecto externo, que han de ser discretos y no le importa que esté cubierto de borrones que evoquen sus lágrimas. Alude en este mensaje a su suerte que le hace seguir con vida evocando el favor de un dios, Augusto, al que sólo le resta pedir clemencia. También le pide al libro que no hable de aquello que no viene a cuento, su Ars Amatoria, para no recordar su delito, recordando que aquella obra ya pagó su castigo; le advierte que encontrará a algunos de los amigos que lo aprecian y se emocionarán, además de recordar que la poesía surge de lo que él carece, de un alma tranquila y serena.


Este tema del destierro con trabajos forzados fue llevado a la ópera por Umberto Giordano en Siberia, una obra basada en Desde la casa de los muertos de Dostoievski y con un libreto de Luigi Illica, habitual letrista de Puccini, que lo rechazó alegando que no se sentía con ánimo de afrontar un argumento ruso. De esta forma, el libreto llegó a Giordano que estrenó la ópera en 1903 en el Teatro Alla Scala de Milán con un gran elenco, pero sin mucho éxito. Más adelante comenzaría a cosechar gran éxito desde su paso por Génova, París o Estados Unidos, siendo, al parecer, la ópera más querida por el autor y estando en la actualidad apenas representada, pese a poseer un argumento bien compensado en el que la dureza y sordidez del argumento alterna con momentos más leves y ligeros, estar la partitura cargada de la profundidad que requiere el tema, salpicada de temas de origen ruso y una pasión amorosa entre los protagonistas que amalgama, enriquece y sublima toda la historia.


Escrita en tres actos, el segundo de ellos, titulado La amante, comienza en la frontera entre Rusia y Siberia, en la posta de Omsk donde aparecerán algunos campesinos y lugareños que se cruzarán con los condenados al destierro siberiano. Giordano nos sitúa con toda su maestría compositiva en este ambiente desolado, gélido y despiadado en el Interludio del Acto II.
La Orchestra Sinfonica Nazionale della RAI di Milano bajo la dirección de Daniele Belardinelli nos ofrece este inquietante interludio en una grabación de 2013 para el sello discográfico Naxos of America.


En Tristias y Epistulae ex Ponto (Pónticas), Ovidio escribe sobre su destierro en las esteparias e insalubres tierras del Ponto. En un tono en el que se cruzan el género epistolar con el elegíaco, el escritor romano no deja de servirse del único arma que posee, la poesía a la que tanto debe por la fama que le creó y por el mal que le causó. 
Poco se sabe sobre las causas de su destierro, aunque quienes han estudiado su vida y obra entienden que el tema y contenido de su Ars Amatoria fue una parte del motivo que lo generó. Hay autores que entienden que la condena fue una medida adoptada por Augusto a un delito cometido por el poeta, ya que no hubo ningún proceso oficial. El propio Ovidio los conocía, al parecer, pero nunca lo llegó a dejar por escrito, siendo siempre enigmática cada vez que aludía al hecho, pensando en que le sería imposible obtener un perdón en el caso de ser más explícito. Según él, los motivos de su condena fueron "Carmen et error" (un poema y una equivocación), quedando meridianamente claro que el poema era su Arte de amar, que Augusto, restaurador de la moralidad pública en Roma, no podía dejar pasar por alto debido a que la consideraba una obra que defendía el adulterio y la obscenidad y negaba los valores morales que defendían su leyes y normas sobre el matrimonio.
Hay estudiosos que entienden que esa obra literaria no fue la verdadera razón de la condena y que habría que buscar un error o equivocación cometido sin intencionalidad alguna del que el escritor se lamenta en algunas ocasiones, aunque manifiesta que "ese otro motivo debía permanecer en silencio, por cuanto su revelación volvía a ofender al Emperador", aunque en Roma debía ser un secreto conocido por todos. 


Posiblemente la elegía más famosa de cuantas forman parte de Tristia es aquella que describe la última noche pasada en Roma junto a los suyos antes de partir al destierro. Escrita con una mezcla de lirismo y dramatismo, evoca de forma patética su recuerdo de aquel momento y, aunque no era la primera ocasión en que trataba en un poema sobre el tema de la despedida, en esta ocasión lo vivía y sufría en su propia vida, en una traumática vivencia personal en la que él es el protagonista, mientras el resto de personajes hacen el papel que los coros representan en las tragedias escenificadas.


Estudiante en los conservatorios de Nápoles MilánUmberto Giordano figura entre los compositores de la ópera verista que surgió en Italia a finales del XIX junto a compositores como MascagniLeoncavallo Puccini, quienes llevaron a la música escénica el naturalismo literario de Zola Ibsen.
Entre sus obras podemos destacar Mala Vita, con la que comenzó su andadura y, sobre todo dos obras que lo catapultaron al éxito internacional, Andrea Chénier, sobre el malhadado poeta de la Revolución francesa y Fedora, también de ambiente ruso.
Continuando con el Acto II, denominado La amante por el compositor, una vez finalizado el interludio, aparece un grupo de campesinos y mujeres con niños que se acercan a presenciar el paso de los prisioneros, algunos de los cuales son familiares. 
A lo lejos, en la ruta transiberiana, se oye un canto lejano que les produce la esperada agitación. Poco a poco el canto se percibe más cercano, hasta que entra en escena la columna de condenados a trabajos forzados, que entona a coro Malori! Dolori! (¡Enfermedades! ¡Dolores!), un desgarrado canto que describe ls situación en que se encuentran desde su llegada.
Una vez finalizado el coro, en un rápido diálogo, Giordano nos muestra la dureza y crueldad a la que son sometidos con la llegada del correo. 


De nuevo es la Orchestra Sinfonica Nazionale con el Coro della RAI di Milano bajo la dirección de Daniele Belardinelli nos ofrece este inquietante interludio en una grabación de 2013 para Naxos of America en una versión de audio.


¿Cuál pudo haber sido ese error que llevó a Publio Ovidio Nasón al destierro? 
En Tristia, Ovidio se refiere a una falta que no llega a ser delito, un hecho debido más a su ingenuidad que a una acción consciente, llegando a manifestar en algún verso que su equivocación había sido presenciar algo que no debía y que ofendió al propio Augusto. De estas palabras han surgido diversas teorías que tratan de explicar qué fue lo que presenció el poeta que le acarreó tan gran infortunio. Algunas de las causas que se han esgrimido son:
-El poeta habría visto desnuda, sin pretenderlo, a Livia, esposa de Augusto, mientras se bañaba en su piscina, o habría entrado en un recinto en que se celebraba una ceremonia a Isis reservada a mujeres, donde pudo contemplarla en idéntica situación.
-Se habría presentado ante el Emperador mientras estaba en un ataque de ira al ser informado del desastre de Varo y lo había ridiculizado en algunos versos que circularon de forma clandestina.
-Había descubierto accidentalmente una situación incestuosa entre el Augusto y su hija Julia.
-Había sido testigo o favorecido el adulterio de esta hija Julia o la nieta del mismo nombre de Augusto.
-Otras ideas aluden a conspiraciones para devolver el derecho de sucesión a un nieto del Emperador, la asistencia a una sesión de adivinación prohibida, aunque en estas teorías no se evidencia la falta de intencionalidad.
El caso es que desconocemos la equivocación que provocó la ira de Augusto y que llevó al confín del imperio al poeta.

Vista de la estatua de Ovidio frente al museo de Constanza

En el Libro III de Tristias, Ovidio envía una epístola a su esposa después de meses de destierro. El texto, escrito posiblemente en el invierno entre el año 9 y 10, está transcrito por un servus litteratus (esclavo letrado) que lo acompañó al destierro, al dictado del poeta enfermo. Se trata, como en muchos de estos textos, de una elegía en la que alude a su propia muerte, una suerte de testamento de un desterrado que anhela su regreso a su añorada Roma, aunque sea ya fallecido. El recuerdo, la enfermedad que lo tiene postrado en el lecho y de la que se recuperaría, el destino de sus restos mortales o su epitafio transitan por esta epístola de Ovidio.


Volviendo a Siberia, el argumento muestra la historia del nihilista Vassili, condenado a trabajos forzados y a quien su amada Stephana seguirá a la desolada región hasta encontrar la muerte, llegando a alcanzar el auténtico sentido y destino de una heroína trágica.
Terminamos este paseo con regreso sobre el destierro con un aria perteneciente de nuevo al Acto II de Siberia.
Tras la llegada del grupo de presos, entre los que se encuentra un agotado Vassili, un grupo de mujeres y niños los esperan por el camino para despedirse de ellos. Stephana, que ha dejado todo para unirse a él y a su destino se acerca a él, que trata de convencerla para que regrese. En este ambiente, le describe la terrible situación en su aria Orride steppe (Estepas horribles).


De nuevo la Orchestra Sinfonica Nazionale della RAI di Milano con la dirección de Daniele Belardinelli nos ofrece este aria Orride steppe con la interpretación del tenor Amedeo Zambon.
Podemos sentirnos afortunados al terminar de leer y encontrarnos de nuevo en nuestro hogar.
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Bibliografía y webgrafía consultadas:

22 may 2021

Amores barrocos

Pocos sentimientos hay tan universales como el amor.
El amor y todas sus variantes -correspondido o no, ideal o real, físico o platónico, apasionado o sosegado- es un sentimiento fundamental para los seres humanos y como tal, una fuente de inspiración en todas las artes.
Pero no sólo ha sido objeto en todas sus facetas, como el caso de Ibn Hazm de Córdoba y su libro El collar de la paloma (del que se trató en este blog en Caro nome. Nombre querido) en que el escritor medieval andalusí enumera y desglosa las mil variantes que encuentra en el amor. También ha ido evolucionando el tema amoroso con el paso del tiempo y las distintas concepciones e ideas que hemos ido desarrollando a lo largo del tiempo. 
Así, en las ideas de orden y equilibrio propias del Renacimiento, el amor en que la figura de la amada -no tenemos escritoras que hablen del amado, salvo en la literatura religiosa- está idealizada, casi divinizada, sin mostrar esperanzas de culminación de la relación. El Barroco renunció a esos postulados para continuar con esa idealización del amor, ahondando en sus contrastes, sus luces y sombras, antes de que surgiera una variedad que aún conservamos en nuestro tiempo, el amor romántico.
Te propongo un viaje por el Barroco con obras de Lope de Vega, Quevedo, Vivaldi o Händel en las que reconocer algunos aspectos del amor que podemos encontrar en nuestros días. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


En la obra barroca surge con fuerza el contraste de elementos en los temas o los protagonistas (Quijote y Sancho, luces y sombras, cíclopes y ninfas...), sin perder la temática renacentista de los amores lejanos, imposibles, frecuentemente no correspondidos, la idealización de la persona amada y el deseo, casi imposible, de la relación física. 
Los poetas de nuestro Siglo de Oro son conscientes de que amar y sufrir son un destino inevitable en que conceptos tan antagónicos como deseo y renuncia, gloria e infierno, muerte y vida o placer y dolor conviven de forma indisoluble. Frente a una sociedad como la actual en la que la búsqueda del placer -y su alcance- es un objetivo primordial, la literatura barroca ahonda en esta dicotomía y hay una cierta complacencia en el sufrimiento como signo de engrandecimiento y ennoblecimiento de las personas.
Francisco de Quevedo, se convirtió en uno de los escritores más particulares del Siglo de Oro por su enorme versatilidad, su facilidad para la utilización de los términos con dobles significados, además de poseer un ingenio con el que dejó aflorar gran cantidad de juegos tanto verbales como mentales.


En El Parnaso Español (1648) recoge una variada gama de poesía de los diversos estilos que cultivó y que posteriormente se organizaron en diversas obras recopilatorias. En Antología poética se recoge parte de las casi novecientas obras en verso del escritor.
Clasificado dentro de los Poemas amorosos, el Soneto 48, Definiendo el amor no alude a la persona amada, ya sea idealizada o real, sino al mismo concepto del Amor, así con mayúsculas en el terceto final. Siguiendo la estructura clásica de los sonetos, Quevedo aplica los recursos semánticos que hicieron que fuera el momento más brillante de las letras en castellano: Continuas metáforas (el amor es hielo, fuego, herida...), antítesis (hielo abrasador, fuego helado, libertad encarcelada...), personificaciones (enfermedad que crece), eufemismos (la muerte nombrada como el postrero paroxismo) y el hipérbaton que se produce en las dos últimas estrofas.


No sólo en las letras se trata el tema amoroso de forma directa en el período barroco. También la música, especialmente la naciente ópera, un arte aún con pocos años de vida, bebe en las fuentes literarias para llevar sus historias, al principio con personajes mitológicos y, más adelante, con héroes provenientes del mundo histórico antiguo, legendario o literario.
Así personajes mitológicos como Orfeo, Euridice, Cástor y Pólux dieron paso a héroes legendarios tales como Ulises, Dido, Eneas, Amadís de Gaula, Orlando, Popea o Nerón entre muchos otros. 
Estos personajes dieron vida a las óperas durante varios siglos antes de pasar a ser protagonizadas por personas más reales y cercanas a los espectadores, aunque los temas, la forma de tratarlos y las características musicales vinieran condicionados por el estilo artístico de aquellos años.
Así, Antonio Vivaldi, tan conocido entre nosotros por obras como las Cuatro Estaciones y una gran cantidad de conciertos que escribió para los distintos instrumentos con que contaba el Ospedale della Piettá para el que solía componer sus obras, llegó a estrenar alrededor de una cincuentena de óperas, generalmente catalogadas por el compositor como Dramma per musica y que mostraban un estilo más avanzado e innovador que sus obras instrumentales y las de algunos de sus contemporáneos.


Para disfrutar de su música nos acercamos a Orlando furioso, uno de sus dramma per musica en tres actos, estrenado en el Teatro Sant'Angelo de Venecia en 1727 y que, como solía realizar Il prete rosso (El padre rojo) -llamado así por ser un sacerdote pelirrojo-, alternaba arias y recitativos sin mucha acción escénica. El libreto de Grazio Braccioli está basado en el poema homónimo de Ludovico Ariosto y combina distintos argumentos del poeta, desde las famosas hazañas de Orlando hasta la historia de la hechicera Alcina en tiempos de Carlomagno.
Nos acompaña el aria de Ruggiero Sol da te mio dolce amore, una pieza que recuerda la estructura de un concierto vivaldiano al ser un aria con flauta obligada, convirtiéndose la pieza en un verdadero duelo entre cantante e instrumento y que deja espacio suficiente para que ambos pudieran improvisar a su placer. De texto corto, la repetición en el Da capo señala la singularidad propia de este tipo de arias.


La interpretación corre a cargo de Philippe Jaroussky, quizás el mejor contratenor al que podemos escuchar en la actualidad, un verdadero especialista en este tipo de música, con una voz y dicción claras y un timbre bello y perfectamente reconocible. Este tipo de arias da capo, verdaderas obras de arte, tienen en la repetición del primer tema un momento de improvisación sobre el tema original que Jaroussky sabe llevar a la emoción más grande, haciéndonos sentir que el tiempo se detiene. 
La grabación pertenece a una representación que se llevó a cabo en el Théâtre des Champs-Elyséss de París en 2011 con el Ensemble Matheus y la dirección de Jean-Cristophe Spinosi.


Desde el renacentista hasta el amor romántico, pasando por el barroco que nos ocupa, todos reproducen las leyes establecidas por la sociedad, con mayor o menor grado de opresión en las costumbres, aunque en la relación entre los amantes éstos no dejan de sentir cuanto definen y delimitan sus sentimientos, en esa relación de entrega y dominio que se establece en la intimidad de toda relación. 
Así, el barroco no sólo se centra en la voluntad de la relación, sino que la mente del amante busca símbolos, indicios o modelos en los que fijarse para reseñar y establecer su amor. La amada es, simultáneamente, el fin del amor y su justificación, un cristal a través del cuál se vive el mundo, una suerte de condena que el amante encuentra y acepta consigo mismo. 


De tal forma ese contraste, ese claroscuro, tan habitual en la estética del barroco, convive en cada obra acompañado de los recursos de cada arte, centrándose en la literatura en el enriquecimiento con cultismos, recursos fonéticos, semánticos y sintácticos.
Publicado en 1602, La hermosura de Angélica recoge doscientos sonetos de Lope de Vega que fueron publicados dos años más tarde en Rimas acompañados de más poemas que no tuvieron cabida en la obra primera. Allí, el Soneto 126, conocido por su primer verso, Desmayarse, atreverse, estar furioso nos muestra una de las más grandes reflexiones sobre el amor centradas, no como suele ser habitual en las ideas, sino en las sensaciones que el hecho amoroso produce en quien lo escribe, ya que, como reza el último verso, quien lo probó lo sabe.
De nuevo el poema está cargado de recursos estilísticos propios del Siglo de Oro de nuestra literatura.


Georg Friedrich Händel también busca, como Vivaldi, argumentos para sus óperas en fuentes similares a los compositores de su época. En esta ocasión nos despedimos del amor en el Barroco con un aria de su ópera Amadigi de Gaula sobre el personaje de la literatura caballeresca española, con libreto de Hermann Jakob Heidegger y Nicola Francesco Haym que fue estrenado en mayo de 1715 en el King's Theatre en el Haymarket
 londinense.
En esta ocasión se trata del aria Pena tiranna de Dardano, príncipe de Tracia, el antagonista que, junto a la hechicera Melissa intenta derribar el amor de la princesa Oriana y Amadís para ser ellos quienes queden como parejas de cada uno de los protagonistas.
De nuevo, Pena tiranna es un Aria da capo en que esa vuelta a la parte inicial que le da el carácter tripartito está sustentado en la repetición con variación del primer tema. 


De nuevo es un contratenor el intérprete de este aria. Se trata del polaco Jakub Józef Orlinski, un valor emergente y en formación del que oiremos hablar en los próximos años. El enlace corresponde a una grabación en formato videoclip con el propio Orlinski como Dardano, los papeles presenciales de Kunchok Palmo como Oriana, Dominika Pasternak como Melissa y Nikodem Rozbicki como Amadigi, realizaada por Julia Bui-Ngoc y con la agrupación Il Pomo d'Oro dirigida por Maxim Emelyanychev.

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Bibliografía y webgrafía consultadas: