26 may. 2018

Adriana Lecouvreur: El teatro dentro del teatro

Decía Shakespeare que la vida es un teatro en la que todos representamos nuestro papel. Hay ocasiones en que el escenario es el mismo protagonista de las obras que se representan, en que se recrea el teatro dentro del teatro, a veces como homenaje, a veces mostrando la vida de actores o autores.
Hay una obra fascinante que narra la historia real de una de las grandes actrices de la Comédie-Française, un personaje que ocupó durante unos años el trono de la interpretación hasta su extraña muerte en plena madurez. Nos acompañan obras de Racine y Cilèa para recrear la historia de Adriana Lecouvreur. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Hay ocasiones en que lo que se espera de cada uno de nosotros no es lo que acabamos siendo, que las expectativas que se han creado no se corresponden con lo que nos depara nuestra existencia existencia y nuestros gustos, deseos e intereses nos acercan a otras experiencias vitales.
Francesco Cilèa tenía que haber sido abogado como lo fue su padre y deseó que su hijo continuara su exitosa carrera en su Nápoles natal, pero acabó siendo compositor, labor que compaginó con la dirección de varios conservatorios y la docencia musical.
Jean Racine se educó con los jansenistas, un movimiento religioso que veía en el teatro una forma de relajación de las costumbres, y estudió filosofía mientras se preparaba para ejercer la carrera eclesiástica. No llegó a cumplir las expectativas familiares.
Adrienne Couvreur estaba predestinada a tener una vida larga y llena de éxitos, pero falleció a los treinta y ocho años. En nuestros días, la Couvreur habría sido una de las grandes actrices, uno de esos personajes que se atreverían a interpretar a cualquier personaje, mostrando su arrolladora personalidad, su versatilidad para actuar tanto en comedias como en grandes dramas, la naturalidad con interpretaba en las tablas frente al impostamiento artificial de la época y su interés por adecuar el vestuario al propio de la época en que se desarrolla la acción. En lugar de interpretar las obras de Jean Racine, en nuestro tiempo lo haría con los textos y guiones de los grandes dramaturgos y cineastas actuales.
Desde que debutó en 1713 en teatros de provincia hasta que entró a formar parte de la exigente Comédie-Française cuatro años más tarde, la vida de la gran diva de los escenarios franceses estuvo llena de éxitos en lo profesional acompañada de una vida personal extraña y errática, con varios hijos de padres diferentes.



El éxito descomunal de los años de la Comédie-Française acompañó a la actriz, que cambió su nombre artístico por Lecouvreur, con diversas aventuras amorosas, las últimas de las cuales lo relacionaron con el Conde Maurizio de Sajonia, quien también se relacionaba con la Princesa de Bouillon, enemiga declarada de Adrianne. Este triángulo finalizó con la misteriosa muerte de la actriz a los treinta y ocho años, lo que contribuyó a acrecentar la figura mítica de la Lecouvreur
Su historia ha llegado al cine de la mano de Sarah Bernhardt, en una versión de 1913 antes de que el cine fuera sonoro, a la opereta con Adrienne de Walter Goetze, de nuevo al séptimo arte con Dream of love, según la obra teatral de Scribe y la interpretación de Joan Crawford en la película que llevaba el nombre de la protagonista. Hay hasta tres versiones operísticas basadas en la vida de la gran actriz francesa.
La más conocida es la de Francesco Cilea, una ópera que se inscribe, aunque con ciertas licencias, dentro del movimiento del verismo que se desarrolló entre la última década del siglo XIX y la primera del XX con obras como Cavalleria Rusticana de Mascagni o Pagliacci de Leoncavallo.



En su Adriana Lecouvreur Cilea deja claro desde el primer momento que en el escenario se desarrolla una obra sobre un personaje que vive en y para el escenario. Cuida de forma especial la primera aparición de Adriana, a la que hace entrar con un libreto en la mano preparando una escena. Su aria Io son l'umile ancella (Solo soy una humilde servidora) la presenta en su modestia como un elemento al servicio del genio creador.



En el enlace podemos apreciar la interpretación de Daniela Dessi en la entrada en escena de Adriana Lecouvreur en una representación llevada a cabo en el año 2000 en el Teatro Alla Scala de Milan con la dirección de Roberto Rizzi.


Jean-Baptiste Racine es uno de los tres grandes autores de la época dorada del teatro francés en pleno siglo XVII junto con Corneille y Molière. Tras su educación y formación, abandona la idea familiar de dedicarse a la vida eclesiástica y compone algunas obras que le dan nombre hasta que llega su consagración con Andrómaca cuando el incuestionado Corneille tiene sesenta años y él apenas llega a los treinta. 
Diez años más tarde Fedra se revela como la obra más lograda de Racine. Basada en el mito griego, Eurípides fue el primero en representar en un escenario el amor incestuoso y fatal entre la esposa de Teseo e Hipólito su hijastro. Fedra no es como una Madame Bovary casada con un vulgar e infeliz marido cualquiera, sino con un gran héroe, un seductor legendario. También Séneca escribió sobre el personaje, como hizo Racine, quien agregó el tema de los celos y una pasión fatal que hizo modificar el sentido de la historia. En este drama el autor francés se muestra un profundo conocedor del alma humana, desarrollada en unos versos con una precisión y métrica perfectos. La mitología se conjuga como un entramado que sirve como elemento para expresar los fantasmas del amor, la pasión y el destino, con una Fedra que se mueve empujada por una pasión interior culpable, ciega e irresistible, que ama sin poder evitarlo a su hijastro Hipólito en un adulterio involuntario, ya que cree muerto a su marido, en un amor que considera odioso y que sólo encuentra a la muerte como salida.



Uno de los momentos más conocidos, con una fuerza dramática descomunal, une al autor y la intérprete. Una de las escenas más conocidas, ideal para una actriz como Adrianne Lecouvreur es el monólogo de Fedra en la tercera escena del tercer acto. 




Ante un monólogo como éste, Cilea no podía dejar pasar la ocasión de llevarlo a su ópera, recrear uno de los momentos en que la actriz lo escenificó. El tercer acto de Adriana Lecouvreur finaliza con una representación en el teatro del palacio del Príncipe de Bouillon en el que la protagonista recitará este monólogo. Durante el mismo, Adriana se fija en la Princesa en la que reconoce a su rival, la dama que ama también a su querido Maurizio y le dirige con intención las últimas frases atacando su moralidad, mensaje que ésta recoge y se promete vengar.


El enlace con el monólogo que cierra el tercer acto pertenece a la misma grabación del Teatro Alla Scala con Daniela Dessì interpretando al personaje protagonista.


Fedra no tiene, no puede tener ya que de mitos se trata, un final que no sea el que el destino marca. En su madre Pasífae lleva el peso de lo abominable al unirse ésta al toro Minos, uno de los jueces del Averno, para engendrar a su hermanastro el monstruoso Minotauro, mitad hombre mitad bestia.
Racine hacer bajar a Fedra hasta el mundo de los muertos por un lento camino para subyugarnos con la musicalidad de sus palabras, el ritmo de sus versos y lo inevitable de la historia. El final de la obra enfrenta a una moribunda protagonista con su esposo, en un descenso a las simas del infierno ante lo irremediable de su pasión, mientras recibe el apoyo del heroico Teseo.



Después de esta obra, en la cima de su arte, Racine, de quien tanto esperaba toda la sociedad francesa, vuelve a dar un giro a las expectativas. Se casa y lo nombran historiógrafo del rey Luís XIV, finalizando su trabajo dramático. Dos obras menores escribió después, por encargo y sin demostrar excesivo interés. ¿Volvieron sus ideas jansenistas? ¿Le pareció más importante dedicarse a gloriar las excelencias de su monarca? Sin que tengamos certezas, Fedra se convirtió a la vez en la cumbre y el final de su carrera, en una vida que aún se prolongó más de veinte años. 

La trama de Adriana Lecouvreur de Cilèa presenta a la protagonista y su amante el conde Maurizio de Sajonia. El Príncipe de Buillon ama a la Duclos, una actriz rival de Adriana, aunque recela que ésta lo engañe. En realidad es su esposa la princesa quien lo engaña, ya que Maurizio ha comenzado con ella una relación amorosa por intereses políticos. Cuando el conde se despide de ella definitivamente, despechada le envía un ramo de flores envenenadas. Adriana muere en brazos de su amante.
Aunque hemos centrado esta entrada en las arias de Adriana, Cilèa da a todos los protagonistas un estilo personal y unos momentos para mostrarlos. El conde Maurizio canta un aria apasionada, La dolcisime effigie, la princesa, un tema cargado de odio rítmico y oscuro, Acerba voluttá.



El final de Adriana Lecouvreur recrea la muerte real de la protagonista antes de llegar a los cuarenta años, con toda una vida por delante. La princesa de Bouillon envía un ramo de flores envenenado como si llegaran de parte de Maurizio. Adriana piensa que son una ruptura ya que éste le devuelve el ramo que un día ella le entregó. Al olerlo, un fuerte olor molesta su garganta y, desanimada, ordena que se retiren todos. Al llegar Maurizio, le confirma que la ama, pero los efectos del veneno son irreversibles y Adriana muere en sus brazos.



Poveri fiori (¡Pobres flores!) es el aria final que Adriana entona tras un diálogo con Michonnet, el director de la Comédie-Française, en una interpretación de una de las grandes voces del siglo XX, Mirella Freni en una grabación recogida en 1989 en el Teatro Alla Scala de Milán acompañada por Alessandro Cassi.



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Bibliografía utilizada: 
  • Alier, Roger: Guía universal de la ópera. Ediciones Robinbook, S.L. 2007
  • Batta, András: Ópera. Compositores. Obras. Intérepretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbH, 1999.
  • Corneille. Racine. Teatro. Clásicos franceses. Biblioteca Universal del Círculo de Lectores. Colección dirigida por Martín de Riquer. Valencia 1996
Páginas web interesantes:
  • http://www.kareol.es/obras/adriana/adriana.htm 
  • https://elpais.com/cultura/2015/01/14/actualidad/1421267720_559038.html 

18 may. 2018

Reutiliza y Recicla tus ideas

¿Cuántas veces nos ha ocurrido que una idea o un pensamiento nos acompaña durante un tiempo? En muchos casos sabemos en qué momento o situación exactos entraron a formar parte de nosotros, aunque hay veces en que no tenemos muy claro cuándo ocurrió.
Esos temas, ideas o imágenes (visuales, sonoras o literarias) que tenemos dentro de nosotros, nos acompañan y van evolucionando como pidiendo que les demos formas, que tienen espacio suficiente para tener vigencia y entidad propia y que merecen ser llevadas a la práctica. 
De la misma forma, aquellas personas que se dedican a la creación de obras literarias, musicales, pictóricas o del tipo que sean, dan forma a ideas que tienen en sus mentes para crear nuevas obras de arte con las que expresar su visión del mundo. En ocasiones son ideas que han surgido en sus mentes, en otros casos surgen a partir de obras de otros autores, sean o no del mismo arte. Hay escritores o músicos que tienen dentro de sí mundos que van aflorando continuamente en un mismo universo del que surgen distintas obras relacionadas entre sí. 
Otras veces es menos poético y, ante la falta de tiempo o inspiración, se retoman obras anteriores e incluso, en el peor de los casos, llegan a caer en delitos como el plagio.
Te invito a recorrer varios casos en que ideas de una obra aparecieron en otras con la compañía de Cervantes, Mozart y la Carmen de Bizet. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Wolfgang Amadeus Mozart es uno de los grandes músicos de la historia de la humanidad. Niño prodigio, poseedor de un oído musical excepcional, de los que se denominan oído absoluto,  vivía inmerso en un mundo sonoro que fue sacando conforme componía obras hasta que su temprana muerte nos dejó sin conocer todo lo que podía haber ideado.
En otra ocasión y con otra finalidad traté en el blog esta pieza en la que el mismo Mozart se reinventa y reutiliza un material que ya había escrito. Se trata del aria con que finaliza el primer acto de La nozze de Figaro (Las bodas de Fígaro), la pieza con la que el protagonista despide, entre irónico y burlón a Cherubino, a quien el Conde de Almaviva ha enviado al ejército para quitárselo de su vista. Este aria tiene la misma melodía que la primera de las Cinco Contradanzas.
Lo anecdótico de este caso es que el aria no se inspira en la Contradanza, sino que la melodía de esta última es la que se basa en el tema con el que finaliza el primer acto de La nozze de Figaro.

Comenzamos con la interpetación de Non piu andrai por parte del barítono Ruggiero Raimondi acompañado por un Cherubino quien poco a poco siente como el mundo se le viene encima, interpretado, aunque en esta ocasión no canta, por Federica von Stade, una de las grandes intérpretes de este personaje en las últimas décadas. Se trata de una grabación del Metropolitan Opera House de 1985.


En agosto de 1791, pocos meses antes de su fallecimiento, Mozart viajó a Praga en compañía de su esposa Constanze Süssmayr (quien más tarde completaría su Requiem) para asistir a la coronación del emperador de Austria Leopold II como rey de Bohemia. Entre otras celebraciones, se estrenaría una ópera compuesta especialmente para la ocasión, La clemencia de Tito. En las más de dos semanas que invirtieron de camino a Praga, Mozart esbozó y casi finalizó la obra a partir de unas anotaciones que traía de Viena sobre un libreto de Mazzolá inspirado en la vida del emperador romano Tito Vespasiano.
Antonio SalieriKappelmeister de la corte vienesa a la que pertenecía la ciudad checa, preparó las celebraciones musicales que incluyeron varias misas, óperas y conciertos con música de Mozart que culminaron el 6 de septiembre con la coronación del emperador como rey de Bohemia por la mañana y el estreno de la citada ópera por la tarde. 
Entre las obras musicales que se interpretaron en esos días estaban las Cinco Contradanzas Kv 609, la primera de las cuales surge de la melodía del aria de Fígaro


La obra más importante de nuestra literatura, El Quijote, tiene detrás de sí a Miguel de Cervantes, un escritor que antes había sido un ávido lector. La idea original era realizar una crítica de las novelas de caballería, pero Cervantes acaba escribiendo una obra en la que los personajes cobran vida propia, yendo más allá del propósito original. 
Pero el escritor toma alguna licencia de obras ya existentes en el comienzo de la novela e incluso llega a citar algunos romances en su obra quijotesca, como este Romance del amante apaleado, en el que se incluye la frase inicial conocida por todos: 


Un lencero portugués
recién venido a Castilla,
más valiente que Roldán
y más galán que Macías,
en un lugar de la Mancha, 
que no le saldrá en su vida,
se enamoró muy despacio
de una bella casadilla.



El Epílogo o Capítulo 51 de El Conde Lucanor del Infante Don Juan Manuel, una obra que Cervantes había debido leer sin lugar a dudas, tiene un comienzo que, unido con el caso anterior, hubo de dar idea por fuerza al escritor para el inicio de la obra. ¿Quién no conoce el inicio de El QuijoteUna vez afianzada la idea y el tono con que narrarla en la mente de Cervantes, escribir el resto de la obra es otra historia, pese a todas las referencias que el autor realiza sobre libros y autores.




Una de las piezas más conocidas del repertorio de ópera es la habanera de Carmen, L'amour est un oiseau rebelle (El amor es un pájaro rebelde). Pieza ideal para el repertorio de una mezzosoprano, esta habanera no deja indiferente a quien la escucha por su carácter, la musicalidad y la fuerza y energía que transmite. Pero este aria tiene una historia y una procedencia un tanto singular.
Poco antes del estreno en marzo de 1875, Celestina Galli-Marie, la mezzosoprano que iba a interpretar el papel de Carmen indicó a George Bizet que no le gustaba la pieza que había compuesto para su entrada en escena y que debía cambiarla por otra más apropiada. El compositor accedió y se planteó qué escribir para el momento de la aparición de Carmen. Tras oír una habanera, pensando que se trataba de música folcklórica española sin un autor conocido, la transcribió sin preocuparse en variar la tonalidad, el tempo ni la melodía.
En realidad se trataba de la habanera El arreglito, una de las veinticinco canciones que la década anterior había publicado en París el compositor vasco Sebastián Iradier bajo el título genérico de Fleurs d'Espagne (Flores de España). 


Con una toma de sonido impecable para resaltar la belleza y elegancia de su voz, la soprano Roser Ferrer-Morató acompañada por Cecilio Tieles al piano interpreta El arreglito en una toma realiza en junio de 2010 en el Auditorio de Caixa Tarragona. Al tratarse de una grabación sólo de audio facilita el poder seguir la letra que está en la parte superior. 


Bizet no escondió que hubiera utilizado esta pieza, aunque arguyó que la consideraba de tipo popular, sin autor conocido. Aunque la melodía, el tempo y la tonalidad coinciden exactamente con la de Iradier, el tono dramático que le imprimió para acercarla a la trama de la ópera la aleja de la pieza del compositor vaco que podríamos considerar más ligera.




L'amour est un oiseau rebelle tiene una fuerza escénica y dramática propias de la ópera para la que se compuso, a la vez que utiliza un coro para reforzar el lenguaje y presentar el carácter de la protagonista.


La mezzosoprano Elina Garança interpreta L'amour est un oiseau rebelle, conocida popularmente como La Habanera de Carmen de George Bizet en una representación celebrada en el mismo año 2010 en el Met, el Metropolitan Opera House de New York bajo la dirección de Yannick Nétez-Séguin.



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Páginas web interesantes:

  • http://intromisionesdegerman.blogspot.com.es/2015/12/mozart-en-praga.html 
  • http://www.rlp.culturaspopulares.org/textos/13/r-06-ruiz.pdf 
  • https://www.escritores.org/recursos-para-escritores/articulos-de-interes/11985-el-plagio-literario-i

11 may. 2018

Eurovisión y la música de Europa

¿Sabes de dónde viene la música de Eurovisión? En esta entrada podrás informarte, además de conocer las sensaciones sentidas por Stefan Zweig, un escritor europeísta y pacifista convencido. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Europa se nos presenta como un continente variado y rico, un espacio repleto de cultura milenaria: heredera de Grecia, Roma y, en cierto modo del Islam,  descendiente de Troya, Carlomagno y las guerras napoleónicas, hija del Renacimiento, la Ilustración o el Romanticismo, consecuencia de los imperialismos coloniales y las devastadoras guerras. Pero también forjada por Rousseau, Goethe, Mozart, Beethoven, la obra de Velázquez, Miguel Ángel, Rafael Sanzio, RembrandtBotticceli o Matisse.
Toda la cultura heredada hasta el siglo XX, que derivó en las más grandes debacles de la civilización, comenzó a fraguar como un continente unido por la diversidad, la fuerza de la unión desde lo distinto y antes antagónico. Paul Auster supo condensar este pensamiento en una frase que, cargada de toda la fuerza irónica e icónica que lo caracteriza, recoge ese paso que Europa dio hacia un nuevo orden: "El fútbol es un milagro que le permitió a Europa odiarse sin destruirse".

Durante muchos años, cada vez que se realizaba una conexión en directo entre televisiones de distintos países europeos, ésta era precedida por una imagen y una sintonía que se hicieron populares entre todos los espectadores de las cadenas de televisión de todo el continente.


Escritor, traductor, poeta y conferenciante, Stefan Zweig (1881 - 1942) fue un europeísta convencido. Pacifista militante, fue uno de los escritores más leídos durante los años veinte y treinta del siglo pasado, llegando a ser su fama e influencia enormes. Con el ascenso del nazismo se estableció en Inglaterra para terminar emprendiendo el camino del exilio hasta el continente americano. 
De su obra, eminentemente europeísta y didáctica podemos destacar Momentos estelares de la humanidad, El mundo del ayer, Cartas de una desconocida o multitud de obras biográficas sobre personajes históricos o ensayos dedicados a la obra de escritores e intelectuales.
En el texto que nos acompaña, Zweig traza un retrato de los sentimientos y sensaciones que acompañaron a muchos europeos y a él mismo durante los años de entreguerra, unas sensaciones que no auspiciaban el vuelco que daría la convivencia unos años más tarde.


Representante de la música barroca francesa, Marc-Antoine Charpentier es, de forma inesperada, uno de los compositores más oídos en este siglo gracias a una sola de sus obras.
A finales del siglo XVII, posiblemente en 1692, compuso y estrenó un Te Deum para la iglesia de los jesuitas de Saint Paul, en la Rue Saint Antoine, donde ejercía como Maître de Musique (maestro de música), para celebrar la victoria en la batalla de Steenkerque en agosto de ese mismo año entre el ejército francés, dirigido por el Duque de Luxemburgo y un ejército formado por ingleses, escoceses, holandeses y alemanes bajo el mando del príncipe Guillermo de Orange.
Estudiante de pintura en Italia, conoció en Roma a Giovanni Carissimi que le introdujo en el mundo musical. A su regreso a Francia se convirtió en compositor de la compañía teatral de Molière, lo que lo enemistó con Lully, el todopoderoso compositor de Luis XIV. Pese a los encargos de música religiosa que recibió Charpentier, su obra abarca desde obras pastorales, hasta diversas piezas instrumentales, algunos himnos, motetes y oratorios, además de un gran número de composiciones que realizó para las comedias-ballet de Molière. Su única ópera seria, Médée, sobre el mito griego, hubo de esperar a la muerte de Lully, ya que éste tenía el privilegio real para componer grandes óperas. Sí pudo estrenar pequeñas óperas como Les plaisirs de Versailles (Los placeres de Versalles) o Les Arts florissants (Las artes florecientes).




Sin constancia de que el Te Deum se interpretara en otras ocasiones, a la muerte del compositor sus sobrinos legaron  su obra de medio centenar de partituras al archivo de la Bibliotheque Nationale de France en 1724. Allí estuvieron hasta que en 1953 el sacerdote y musicólogo belga Carl de Nys encontró la obra de Charpentier mientras buscaba partituras de música sacra antigua. Colaborador de la radio y televisión francesa, ese mismo año se volvió a escuchar el olvidado Te Deum
Sólo un año más tarde, la Unión Europea de Radiodifusión decidió que el Preludio de esta obra sería la música que serviría para indicar que se realizaba una conexión entre distintas televisiones europeas. Cuando dos años más tarde, en 1956, comenzó el Festival de la Canción de Eurovisión con la finalidad de unir a los pueblos con la música, a la vez que hacer avanzar la tecnología para retransmitir acontecimientos en directo, la sintonía de cabecera fue la habitual en las conexiones, llegando a popularizarse e identificarse con el festival.
Lo que en principio era una obra religiosa, un himno litúrgico de acción de gracias que servía a los monarcas absolutos de la época para glorificar también su poder e indicar su origen divino acabó por convertirse en la música de cabecera de las conexiones televisivas europeas.




El Te Deum comienza con un solo de percusión a la que le sigue un rondó (rondeau), una pieza típica francesa del clasicismo con la siguiente estructura:
          A- Tema principal con una repetición.
          B- Primer episodio en otra tonalidad.
          A- Tema principal.
          C- Segundo episodio en la tonalidad anterior.
          A- Tema principal con repetición final.
Tras el rondó entra el barítono que interpreta los cuatro primeros versos. El coro continúa la segunda estrofa, hasta que los cuatro solistas entonan los dos versos del Sanctus. Vuelve el coro a entrar con el resto de estrofas cantando los versos de dos en dos. 
El enlace recoge la parte indicada del Te Deum con una interpretación historicista de Les Arts Florissants, la agrupación fundada por William Christie para recoger y difundir su pasión por la música barroca. El propio Christie la dirige.



En el siguiente enlace puedes seguir una versión completa del Te Deum de Charpentier o en oír los primeros minutos, de nuevo en una interpretación de Les Arts Florissants dirigidos también por Willam Christie y una mejor calidad de sonido.


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Páginas web interesantes:

  • https://blogs.20minutos.es/yaestaellistoquetodolosabe/tag/te-deum-marc-antoine-charpentier/
  • https://loff.it/the-music/te-deum-preludio-marc-antoine-charpentier-120667/
  • https://www.youtube.com/watch?time_continue=246&v=ks_LbJQjgAk
  • https://www.zendalibros.com/literatura-e-identidad-europea/

6 may. 2018

Al borde del agua

La música surge del corazón. No sólo porque nuestros sentimientos estén relacionados con ella. Antes está el ritmo que marcan nuestros latidos. La primera característica que surge con la música en los remotos tiempos de las tribus ancestrales es el ritmo. Utilizar este ritmo con fines rituales como forma de recrear el pulso cardíaco y acelerarlo como estrategia de animar en situaciones de caza o lucha es el primer uso reconocido de la música.
Pero la música vuelve al corazón cuando son nuestros sentimientos, los afetti (afectos) que señalaban en la música barroca italiana, los que acercan ese ritmo junto con la melodía a nuestra capacidad de recibir y disfrutar de ella y adaptarla a nuestros gustos, educándolos con el paso del tiempo y la práctica.
Hay una música que surge del exterior y del sonido ruidoso, desde las aglomeraciones y las fiestas populares, que se va acompasando desde el jolgorio y la emoción intensa. Es una música que llena todo tu ser en unión de quienes te rodean. Pero hay otra música que surge del silencio, de lo más profundo de cada uno de nosotros y desde ese interior nuestro la recibimos y paladeamos. 
Escuchar, sentir y disfrutar de la música que nace del silencio es una experiencia singular e intensa. Oír los primeros compases de la Sinfonía inacabada de Schubert, el primer Concierto de violín de Chopin o el segundo movimiento del Concierto 21 para piano de Mozart desde un silencio absoluto, cuando nada lo interrumpe, se convierte en una experiencia singular cada vez que se puede llevar a cabo.
Buscar el momento y el lugar adecuados para sentir por unos instantes sentimientos que nos alejen del ajetreo de la vida diaria nos ayuda a encontrarnos a nosotros mismos.
El paso de las nubes, el susurro del aire, el transcurrir de la corriente de un río, las gotas que caen y resbalan sobre los cristales o el canto de los pájaros son algunas de las situaciones y momentos que nos permiten acercarnos a esos momentos en que podemos abandonarnos y encontrarnos con nosotros mismos.

Te propongo un acercamiento a obras que recrean la sensación de tranquilidad, sosiego y soledad que podemos sentir al acercarnos a la orilla de un río con obras de Rosalía de Castro y Gabriel Fauré. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Esta entrada nace a partir de una sugerencia de Aurora Madariaga (@Auroris_), autora del blog Silly Literature, donde los relatos y la música, lo que ella vive y siente, se dan la mano de forma personal.

Rosalía de Castro es considerada una de las grandes escritoras en lengua gallega además de una de las grandes personalidades femeninas del siglo XIX español. Su obra oscila entre el gallego y el castellano, igual que su vida se desarrolló entre su Galicia natal y su residencia, junto con su esposo en Madrid, con idas y vuelvas a la región de origen.



Su obra Cantares gallegos recibe la consideración de ser la primera obra que otorga entidad literaria a este idioma. 
Con En las orillas del Sar, Rosalía de Castro deja publicada una obra en castellano un año antes de su temprana muerte que marca un hito en la poesía española, aunque no con el éxito que la obra merece. Las innovaciones en la métrica supusieron un obstáculo para su aceptación, además del hecho de haber publicado otras obras en gallego, lo que dificultaba recibir la consideración de escritora en castellano.
Además de la métrica, que se mueve fuera de la habitual en la poesía de la época, la naturaleza, de la mano del río que da título a la obra, toma protagonismo en esta obra, siendo simultáneamente el lugar agreste y exuberante en que nació y al que regresó, además de representar el interior de su alma y sus más íntimos rincones. La gama de paisajes y tonalidades, desde el verde al gris, de la explosión de colores al tamizado por la lluvia y la niebla, desde el calor del estío a la exuberante frondosidad, todos tienen cabida en los sentimientos internos de la escritora.
El silencio buscado y la soledad tienen cabida en los paisajes que transitan por el interior de Rosalía de Castro y los poemas de En las orillas del Sar.



Gabriel Fauré dedicó su vida a la música desde su vertiente como compositor, organista en la Iglesia de la Madeleine y pianista y pedagogo desde su cargo de director del Conservatorio de París, donde influyó en los intérpretes y compositores que le precedieron como Maurice Ravel, George Enescu o la influyente Nadia Boulanger.
De entre sus obras podemos destacar su Requiem, una obra original dentro de este estilo con ausencias y presencias de piezas que rompen el esquema habitual de este tipo de composiciones y en la que tuve la suerte de poder participar en varias interpretaciones. Le cantique de Jean Racine o La Pavana son algunas otras obras significativas, además de un conjunto de Mélodies, lo que vendría a ser el equivalente francés del Lied en lengua alemana. En su Opus 8, una obra temprana como indica el numeral, aparecen tres de estas canciones: Au bord de l'eau, La rançon e Ici-bas! 



En la primera de ellas y la tercera Fauré pone música a sendos poemas de René François Armand Sully-Prudhomme, el primer ganador del Premio Nobel de Literatura, mientras la segunda corresponde a un texto de Charles Baudelaire.
Au bord de l'eau (Al borde del agua) es una mélodie insinuante, con cambios de modulación que reflejan las dudas que sobre el amor tienen el paso del tiempo y la fugacidad de las sensaciones. La insistencia y repetición del último verso, junto con los cambios de modalidad entre menor y mayor sugieren que el amor puede durar.


La interpretación corresponde a una grabación en disco con la voz subyugante de Elly Ameling acompañada al piano por Dalto Baldwin. La voz hermosa y limpia, la forma de enlazar los versos según compone Fauré y la dicción hacen que oír esta mélodie nos lleve del silencio a hacer aflorar nuestros sentimientos.


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Páginas web interesantes:

  • https://skemman.is/bitstream/1946/24052/1/La%20Naturaleza%20en%20O.S.%20Rosal%C3%ADa.pdf
  • http://guerraypaz-carlos.blogspot.com.es/2012/10/faure-au-bor-de-leau-3-chansons-op-8-n-1.html
  • http://www.cndm.mcu.es/sites/default/files/programa-de-mano/lied_07julio14_gens.pdf

28 abr. 2018

Reflexiones con un zorro

Las fábulas comienzan casi con la propia historia de la literatura. Infundir vida humanizada a los animales para obtener enseñanzas de sus comportamientos como si de personas se trataran enlaza con una de las primeras funciones sociales que tuvieron las historias: dar a conocer el mundo de valores, comportamientos y actitudes de la sociedad.
Unos de los animales que más participación han tenido en estas historias son los zorros. Animales de los que hemos tomado como característica principal la astucia, el hecho de valerse de su ingenio para conseguir lo que se proponen. La relación milenaria, actualmente casi extinguida, entre estos animales y los campesinos y granjeros han dado juego para multitud de fábulas e historias en que los zorros son protagonistas junto a otros animales. Desde Esopo o La Fontaine, pasando por nuestros Iriarte y Samaniego, todos ellos los más clásicos, la literatura de la fábula tiene un lugar para el zorro, además de contar con personajes de novelas de aventuras, algunas de los cuales han sido llevadas al cine.
En esta nueva entrega del blog te ofrezco unas reflexiones obtenidas de dos obras en que los zorros protagonizan la historia, aunque no se trate propiamente de fábulas. Su camino se entremezcla y enlaza pasando de uno a otro gracias a El Principito de Antoine de Saint-Exupéry y Leos Janácek
Las relaciones con los seres humanos, sus reflexiones sobre la domesticación, el instinto o el ciclo de la vida con el resurgir de la naturaleza son algunas de las enseñanzas que podemos obtener de ellos. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Uno de los talentos más tardíos del mundo de la música y la ópera en particular es el del compositor checo Leos Janácek.
Nacido en 1854, su primera ópera estrenada fue Jenufa en 1904 cuando contaba con medio siglo de edad. A ésta, siguieron Osud (El destino) de ese mismo año, pero estrenada en 1954; Katiá KabanováLa zorrita astuta, ambas de 1924, El caso Makropoulos de 1926 de la que tratamos en Praga Mágica y la eternidad o De la casa de los muertos.
Autor de una obra centrada en el humanismo, sus obras apuntan a los sentimientos más humanos y sus características más particulares, junto con una búsqueda e investigación de las formas de la música popular eslava, logrando una fusión entre la música contemporánea del este europeo y las canciones populares checas, en un idioma que aún no era abiertamente reconocido en el Imperio AustrohúngaroQuizás junto con Jenufa y El caso Makropoulos, su obra más conocida sea Príhody lisky bistrousky cuya traducción literal se aproxima a La zorrita de orejas de puntas afiladas, aunque se la conoce mundialmente como La zorrita astuta.
Janácek encontró la inspiración en el semanario Lidové noviny de Brno que en 1920 publicaba una tira cómica con dibujos de Stanislav Lolek y versos de Rudolf Tesnohlídek. A partir de ellos y su amor incondicional y no siempre recíproco hacia Kamila Stösslová, casi cuarenta años más joven que él, fue realizando un estudio de animales y convirtiendo su experiencia de casi setenta años en un libreto en que él se transfiguró en guardabosques, mientras Kamila lo hacía simultáneamente en la zorrita y Terynka, una gitana que no aparece sobre el escenario, pero que altera la vida de todos los hombres. La zorrita la representa en la escena y sus destinos están indisolublemente unidos, ya que debe morir para que la zíngara reciba su piel como regalo de boda. Lo que inicialmente era la tira cómica de una publicación se acabó convirtiendo en una mirada filosófica al ciclo de la vida en la naturaleza, muerte incluida con el sacrificio de la zorrita.
El comienzo de la ópera recrea una atmósfera en el bosque entre nocturna y etérea, muy del estilo de El sueño de una noche de verano de Shakespeare y de la versión musical de Mendelsshon.




El enlace muestra una representación celebrada en 1995 en el Théâtre du Châtelet de Paris con sir Charles Mackerras dirigiendo a la Orchestre de Paris.



En abril de 2018 se han cumplido setenta y cinco años de la publicación de una de las novelas más traducidas del siglo, Le petit prince (El principito). Una novela escrita por Antoine de Saint-Exupéry en plena Guerra Mundial mientras residía en New York que publicó el 6 de abril de 1943 por la editorial Reynal & Hitchcock en una doble versión en el original francés y su traducción al inglés.
Lo que eran simples dibujos realizados en los márgenes de las cartas que el piloto francés escribía a sus amigos acabaron convertidos en la publicación no religiosa más traducida y editada del siglo XX con versiones en más de ciento ochenta idiomas.



La prosa poética de El principito narra, en una historia para todas las edades, la relación que el protagonista tiene con una caprichosa flor y los tres volcanes existentes en el minúsculo asteriode en el que vive. Un problema con la flor le hace sentirse en soledad y decide abandonar el planeta y recorrer otros en busca de algún amigo.
En uno de ellos se encuentra con uno de los personajes más entrañables de la novela: el Zorro. La conversación que se entabla entre ambos intriga al protagonista con el concepto de domesticar.



La original historia de La zorrita astuta ha hecho que la obra de Janácek haya tardado en darse a conocer y alcanzar la popularidad. La mezcla entre personas y animales debe alcanzar un equilibrio que la haga atractiva al público. La trama argumental se basa en la renovación de las cosas, los nuevos ciclos en la naturaleza, la vitalidad con que Janácek muestra el amor por la humanidad a la vez que por los animales. 



El paso de la zorrita desde la juventud a la madurez, el sacrificio que de ella hace el guardabosques con el que pierde a su amor a la vez que al animal, anuncia la misteriosa relación entre el mundo de los seres humanos con el de los animales.
En el segundo acto se desarrolla una delicada y deliciosa historia de amor entre la Zorrita Astuta y el Zorro Pelaje de Oro, una escena de acercamiento, atracción y seducción.










El enlace de esta escena de amor pertenece a la misma representación del Theátre du Chátêlet con las sopranos Eva Jenis como la Zorrita y Hana Minutillo como el Zorro.


La idea que originó el relato de Le Petit Prince proviene de un accidente que Saint-Exupéry tuvo pilotando su avión junto a un compañero en el desierto de Libia en 1935. Sólo disponían de dos naranjas, algo de vino y uvas. La deshidratación, según él mismo relata, les hizo dejar de transpirar al tercer día.

Vagando por el desierto sufrió alucinaciones provocadas por la sed y comenzó a dialogar consigo mismo con sus dos yo, el que cree que no hay esperanza y el que la tiene y busca argumentos. Un beduino a lomos de su camello les rescató. El narrador de la futura novela es su yo de adulto, mientras El Principito es el propio autor de niño y, en plena guerra transmiten un mensaje de paz, amistad y tolerancia con algunas dosis de ecología.



Janácek no cesaba de observar y recoger sonidos de la naturaleza. En ocasiones se sentaba en su jardín durante horas para escuchar el rumor del viento en los árboles, el sonido de los insectos o el canto de las abundantes especies de pájaros, que acabaron apareciendo en la partitura.
La última escena del Acto I comienza con la Zorrita prisionera en el jardín del guardabosques, cuya esposa la aborrece y los hijos la atormentan incesantemente. Atada, recibe las amonestaciones del perro mientras el gallo y las gallinas se burlan de ella, hasta que comienza a arengarlas a rebelarse contra el orden establecido. Cuando se acercan confiados, siguiendo su instinto, los va matando uno a uno. Con la llegada de la esposa y el guardabosques escapa huyendo. El título que Janácek le puso a este último cuadro del acto es más que significativo: "Sharpears, el político, se escapa."




El enlace muestra esta última escena del Acto I con la presencia protagonista de Eva Jenis y Jean-Philippe Marlière como el Perro y Sarah Connolly como el Gallo.



Para huir de los rumores que planteaban dudas sobre su condición de héroe de guerra, Saint-Exupéry pasó su convalecencia en New York donde, entre carta y carta a sus amigos del viejo continente, escribió el relato que dedicó a su amigo Léon Werth. 


El escribir la novela fue para el Saint-Exupéry una suerte de evasión, ya que se sentía de alguna manera en una jaula dorada de la que no podía salir. Escribir y dibujar el libro fue una forma de huir mentalmente con una publicación de tipo humanista y filosófica, un libro para cualquier edad con un protagonista que rompe las lógicas barreras del tiempo, del espacio y del razonamiento. 
El zorro del capítulo XXI no nos abandona sin dejarnos la fuerza de su pensamiento.



Las óperas de Janácek no son largas y en poco tiempo condensa todo su saber hacer. La zorrita astuta, con una duración de hora y media aproximadamente, evita la comicidad de la tira cómica y el sentimentalismo de un septuagenario que en ese momento estaba enamorado de la joven Kamila de poco más de treinta años. Ciertas dosis de humor y filosofía esconden la capacidad del guardabosques -el propio compositor- de tomarse a sí mismo con poca seriedad, mientras su amor sin esperanza por una joven le lleva a resignarse al paso del tiempo, una lección de sabiduría que se alcanza con la aceptación de la edad.
Si tienes tiempo y te apetece, el último enlace muestra la misma versión de la ópera del Theátre du Chátêlet con subtítulos al castellano.  



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Bibliografía:
  • Alier, Roger. Guía Universal de la ópera. Ma non troppo. Ediciones Robinbook, S. L. Barcelona, 2007.
  • Batta, András. Ópera. Compositores. Obras. Intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbH. 1999.
Webs visitadas:
  • http://www.kareol.es
  • http://www.publico.es/actualidad/zorrita-astuta-deliciosa-fabula-opera.html