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12 oct. 2018

No dejemos de escuchar a La Caballé

Hay artistas que dejan un legado que no podemos dejar de seguir ya que ofrecen una visión de su arte que supera lo creado con anterioridad, fijan nuevos conceptos o consolidan un estilo personal que aportan una calidad especial a quienes los seguimos. Hace pocos días nos ha abandonado Montserrat Caballé y no podemos dejar de tenerla en la memoria.
Mucho se ha escrito a lo largo de estos días sobre la cantante catalana. Para conocer detalles interesantes sobre su vida os remito a uno de los artículos con que Raude en la Red nos sorprende con su buen hacer y la rapidez con que suele trabajar en su blog No hay vuelta atrásAdiós a Montserrat Caballé: Detalles que marcaron su vida. Se trata de un artículo con información sobre los momentos destacados de su biografía, muy interesante para conocer su importancia de la soprano dentro del panorama de la ópera.
Recordamos a Montserrat Caballé como una cantante con una enorme personalidad plena de humanidad que derrochaba simpatía a la vez que una risa contagiosa, lo que la hacía cercana a todos. A lo largo de estas líneas pretendemos mostrar su valor como cantante de ópera y la importancia de su aportación al mundo musical. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



En febrero de 2011 fue investida como Doctora Honoris Causa por la Universitat de Barcelona. El solemne acto el discurso de presentación fue realizado por el Catedrático de Historia de la Música Xosé Aviñoa, quien glosó los méritos de la cantante para acreditar tal reconocimiento. En sus palabras, se refirió a la formación que recibió la soprano de los distintos maestros con los que trabajó inicialmente, después de que Manuel Bertrand se hiciera cargo de los estudios musicales de la Caballé, cuya familia no podía sufragarlos.



Una de las cualidades que han hecho grande a Montserrat Caballé es su capacidad de prolongar las respiraciones hasta límites insospechados. Su trabajo con la húngara Eugenia Kemmeny le sirvió para toda la vida. Se trataba de una maestra exigente que se centraba el primer año única y exclusivamente en trabajar la respiración, por lo que muchos alumnos desesperaban y abandonaban en busca de profesores menos exigentes. De esta atleta convertida en profesora de canto acogió unos ejercicios que practicó frecuentemente consistentes en tumbarse sobre su espalda y poner pesos en el abdomen para aumentar la capacidad respiratoria y la resistencia del diafragma, que le ayudaron a prolongar ese fiato, junto con una extraordinaria regulación de la salida del aire y los pianisimos que caracterizaron su interpretación.
En este primer enlace podemos apreciar estas características con una interpretación del aria Poveri fiori de Adriana Lecouvreur de Scilea que tuvo lugar en Tokio en septiembre de 1976, cuando la soprano contaba cuarenta y tres años.


Aunque sea conocido el momento en que Montserrat Caballé, La Superba (La Magnífica), pasó a ser una cantante conocida a una estrella, no está de más recordarlo. 
El primer concierto profesional suyo consistió en una participación de la Novena Sinfonía de Beethoven en Valencia, seguido de una interpretación en escena de La serva padrona de Pergolessi en Reus, ambas en 1955.
Durante varios años estuvo cantando y haciéndose un nombre en el panorama musical con papeles en óperas tan dispares como La Bohème, Manon Lescaut, Arabella, Salomé, Don Giovanni, Tosca, Aida, Madama Butterfly o La traviata, interpretando en italiano, alemán o francés gracias a los conocimientos fonéticos que había adquirido con Conxita Badía.



El paso al estrellato se produjo súbitamente el 20 de abril de 1965 en New York. La American Opera Society (AOS) organizó una representación en versión de concierto de Lucrezia Borgia en el Carnegie Hall con la mezzosoprano Marilyn Horne que iba a debutar con un rol de soprano. Un embarazo avanzado hizo que suspendiera de un día para otro su presencia. Allen Oxemburg, director de la AOS buscó sustituta. Johann Sutherland estaba preparando dos obras para el Covent Garden londinense, Lucía di Lammermoor y La Sonnambula; Leyla Gencer, a quien sondearon a continuación no estaba disponible. Bernard Llefort le indicó que había trabajado unos años atrás con una soprano española desconocida que resolvería con solvencia el papel. La Caballé estudió el papel en el avión y realizó un concierto memorable al que, sin duda, contribuyó que fuera en versión concierto y pudiera aprovechar la seguridad de tener delante el libreto.
Una de las asistentes, Lois Kirchembaun escribió. "Había que estar allí para creer lo que estabas escuchando... era algo que te transportaba...". En el intermedio los agentes que asistían corrieron en busca de cabinas de teléfono cercanas para llamar a sus jefes. Antes de salir del teatro tras la representación le ofrecieron a La Superba dos precontratos, entre ellos uno con la discográfica RCA




En una época en que reinaban en el mundo de la ópera María Callas -que había comenzado a declinar-, Johann Sutherland o Renata Tebaldi la prensa local publicó el mítico titular con la conocida ecuación: CALLAS + TEBALDI = CABALLÉ, un titular del que no aparece rastro en las hemerotecas y muy del gusto americano, tan amantes de que surjan nuevas estrellas en cualquier tipo de firmamento.



A partir de ese momento la cantante, que ya tenía un amplio repertorio a sus espaldas, pasó a formar parte del estrellato de la ópera mundial. Años más tardes comentaría: «Le decía a María: "Pero qué absurdo, seis años cantando y nadie me decía nada; y de repente, una noche en Nueva York, canto, y al día siguiente ya era buena..." Y María me decía. "¿Y yo, en Italia...? Me pasó lo mismo, y al día siguiente era la Callas."».
De tan memorable momento hay una grabación en audio que recoge el aria Com'e bello de la mencionada Lucrezia Borgia de Donizetti con el acompañamiento del tenor Alfonso Kostas Pascalis y la dirección de Jonel Perlea. Algunos aspectos a destacar: La foto que acompaña el vídeo no es de esa actuación, ya que fue en versión concierto. Los momentos destacados de la Caballé con los fiati y los pianissimi tan característicos. El enardecido aplauso final que se prolongó durante... ¡veinte minutos!


A lo largo de su carrera, la Caballé ha cantado cerca de noventa personajes que van desde la ópera del periodo barroco hasta óperas de Verdi, Wagner, Puccini o Richard Strauss, algo inusual en muchos cantantes, llegando a encarnar y rescatar algunas óperas que estaban casi en el olvido. Tanta variedad hizo que en algunas ocasiones no se eligiera el criterio de la calidad en todos los que participaban y se mezclaran trabajos excepcionales con otros de menor calidad.
A nivel discográfico no se prodigó en las grabaciones, siendo lo habitual en ella registrar una sola interpretación de cada personaje cuando consideraba que su voz se encontraba en el momento óptimo, por lo que no suelen existen distintas versiones que mejoren a las anteriores o que se puedan comparar entre sí.
Junto a las ruinas de un incendiado Liceu, su teatro emblema.

En 1974 cantó en Orange, en el Théâtre Antique, una Norma memorable considerada por algunos como una de las actuaciones decisivas en su carrera y de la que se publicó la grabación en vídeo. 


Aquella noche del estreno hacía un viento terrible y furioso, el mistral, una de esas situaciones que presagian dificultades, pero la Caballé apareció para vencerla, como una auténtica sacerdotisa cantando sobre velos que flotaban nerviosos, con una presencia de estatua a medio camino entre lo neoclásico y lo romántico, con gestos y miradas imperiosos y tiernos.
A esta representación pertenece el enlace en la que cantó acompañada por Jon Vickers como Polione, Agostino Ferrin como Oroveso y la Orquesta y Coro del Teatro Regio di Torino, todos bajo la dirección de Giuseppe Patané.



No he tenido la suerte de escuchar en directo a Montserrat Caballé, quizá para ello llegó tarde mi afición a la ópera. Pero he podido disfrutar algunas de sus grabaciones y vídeos en estos últimos años. La última actuación que disfruté fue una versión de La fille du regiment (La hija del regimiento) de Donizetti en una producción que se llevó a cabo en Viena en 2007, cuando la cantante contaba con ¡setenta y cuatro años!, una edad en la que muchos están en casa o en otros lugares, descansando después de una vida de trabajo, pero que ella se tomó con la naturalidad de quien participa en una representación operística. En esta ocasión no canta, sino que interpreta el rol de la Duquesa de Krakentorp en una escena plena de gracia y de guiños a los espectadores que no aparece en el libreto original. 
A destacar en el vídeo: El inicio de la escena, con las criadas limpiando indolentemente. La reacción del público cuando aparece la cantante. Los guiños hacia los espectadores cuando hablan de cancelar la boda, poniéndose ella como ejemplo de cancelaciones. La promesa de que, a su regreso, cantará una canción tirolesa. La presencia en escena del barítono malagueño Carlos Álvarez como Sulpice, en una caricaturesca caracterización.


En la continuación, algo más adelantado el 2º acto, la Marquesa prepara la boda entre Marie (Natalie Dessay) y el hijo de la Duquesa con la presencia de Juan Diego Flórez (Tonio) enamorado de Marie.
Tras la salida de éstos y la entrada de la rancia nobleza (con la misma música e indolencia que las criadas), aparece de nuevo la Duquesa que interpreta la anunciada canción, g Schätzli (Tesorito) por supuesto no prevista en el libreto, con la que la cantante se atreve entre guiños y diálogos con el director musical, Yves Abel. A destacar en el vídeo: La expresión de entrada de la Caballé en español. La reacción del mayordomo cuando anuncia la canción. El intérprete del acordeón, una de las criadas de la escena anterior. La incontenible risa de la cantante al finalizarla, esa risa contagiosa tan característica de ella junto con su gran dosis de humanidad.


El éxito de esta producción la ha llevado a ser representada en muchos teatros operísticos como el Met de Nueva York, el Covent Garden londinense, el Teatro Real de Madrid o el Teatro Maestranza de Sevilla, donde la pudimos disfrutar hace varias temporadas.



Antes de finalizar este recuerdo a la Caballé, me parece oportuno compartir la que posiblemente sea una de sus últimas entrevistas para la televisión. En junio de este año, meses antes de abandonarnos, acudió a un plató de televisión dentro de los actos culturales organizados durante el mundial de fútbol de Rusia. La entrevista, de casi un cuarto de hora, se desarrolla en ruso, aunque las respuestas de la cantante son es castellano y se puede seguir con facilidad. En ella vemos a una Caballé con la naturalidad y la sabiduría que dan los ochenta y cinco años de vida, sin pelos en la lengua y plena de espontaneidad, en un momento de la vida en que la mayoría de las personas no se mueve de su casa.




No podemos dejar de escuchar a Montserrat Caballé, pues si nos ha abandonado ha dejado, como los grandes artistas, un legado que podemos seguir y oír cuando deseemos. Escucharla nos hará mejores y más grandes.

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6 oct. 2018

Mi corazón está humillado

Hay piezas que tienen su vida dentro de un todo, de una obra, pero que además tienen una vida independiente. ¿Quién no conoce el Brindis de La traviata, el Va pensiero de Nabucco o la Furtiva lagrima de L'elisir d'amore y no las obras completas a las que pertenecen?



En esta ocasión te traigo Ah! mio cor! schernito sei! (¡Ah, mi corazón está escarnecido!una deliciosa y delicada pieza de Händel, poco conocida, pero de esas que transmiten la emoción desde los primeros compases, con varias versiones, una de las cuales sorprende por su originalidad. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Se trata de un aria con forma tripartita A-B-A en las que las secciones primera y última se repiten con una parte central que posee un tiempo más rápido.
Esta primera versión está interpretada en formato de audio por la mezzosoprano checa Magdalena Kozená y pertenece al disco Handel arias grabado junto con la Venice Baroque Orchestra dirigida por Andrea Marcon.


Continuador de los grandes poemas épicos de la Grecia antigua, Ludovico Ariosto publicó a comienzos del siglo XVI una de las grandes obras de la literatura italiana, junto con la Divina Comedia de Dante publicada casi dos siglos antes. Orlando furioso es un extenso poema de cerca de 40.000 versos por el que transitan personajes de los ciclos carolingio y artúrico junto a otros basados en los clásicos griegos. Orlando (Rolando o Roldán, en otros poemas del ciclo) es sobrino de Carlomagno y Ariosto narra una historia marcada por el tema del amor, uno de los más recurrentes en la literatura universal. Orlando furioso está marcado por situaciones amorosas correspondidas o contrariadas, persecuciones, muertes causadas por el amor, pócimas y encantamientos. Hay episodios mágicos con desplazamientos en caballos voladores y una geografía épica irreal con ciudades y reinos que se encuentran donde la imaginación del autor desea. Angélica, pagana princesa de Catay, aparece para hechizar a cuantos guerreros acompañan a Carlomagno y distraerlos de la batalla contra los musulmanes. Orlando cae enamorado de ella y pierde la razón cuando conoce que a quien ella ama es a Medoro, un joven a quien ella cuidó. Cuando Astolfo le trae remedios desde la Luna, recobra la razón. 



Uno de los personajes, Rugiero, caballero sarraceno, llega a la isla de Alcina, maga hermana de Morgana que representa en esta obra la lujuria, quien con encantos pretende atraerlo. Los elementos mágicos aparecen en forma de árbol que le indica el camino a seguir: el del vicio con Alcina o el de la virtud con Logistilla. Rugiero, merced a un anillo mágico descubre la verdadera personalidad y figura de Alcina, como se narra en el Canto VII del libro.



Hay autores que han pasado a la inmortalidad por algunas de sus obras completas o por las aportaciones que han realizado a través de sus innovaciones, la búsqueda de nuevos caminos o el interés por adaptar las nuevas ideas que surgían en los diversos campos del pensamiento a los lenguajes del arte de cada momento histórico.
También hay autores que se centraban más en buscar qué caminos transitan otros, qué se puede aprovechar de sus ideas, sus trabajos y sus estilos para configurar una obra nueva. Es el caso de George Friedrich Händel, uno de los compositores consagrados que aprovechó cuantas novedades, ideas y técnicas nuevas conoció para crear una obra musical que ha pasado a la historia. Händel vivió entre su Halle alemán natal, Italia, distintas ciudades alemanas hasta encontrar su lugar en Inglaterra, donde se nacionalizó y desarrolló la parte más importante de su carrera como compositor.
Hijo de un cirujano-barbero de cierto prestigio, su padre contaba con 63 años cuando nació. Destinado a realizar estudios de derecho, su afición a la música le hizo viajar por Hamburgo, Florencia y Roma donde desarrolló sus habilidades y estudios musicales como intérprete y compositor. De regreso al territorio del Sacro Imperio Germánico, recaló como Kapellmeister (maestro de capilla) de Georg Ludwig von Hannover, príncipe elector de dicha ciudad. Cuando años más tarde éste fue coronado rey como Jorge I de Gran Bretaña, Händel siguió con él hasta Inglaterra, quedándose allí el resto de su vida.



De entre su abundante y variada producción destacan más de cuarenta óperas, veintiséis oratorios, un centenas de cantatas y una cuarentena de himnos. Sus óperas y oratorios, entre los que destaca Mesiah (El Mesías) han hecho de él uno de los grandes compositores, universalmente reconocido y algunas de sus piezas han pasado a formar parte de nuestra memoria colectiva.
Alcina es una ópera compuesta y estrenada en 1735 en el Covent Garden londinense. Basada en el Orlando Furioso de Ludovico Ariosto, es una de las tres óperas que Händel compuso a partir de esta historia, después de Orlando y Ariodante
Inspirada en los cantos VI y VII del poema de Ariosto, se centra en la historia de Alcina, hermana de la mítica Morgana, que tiene encerrado en su castillo a Rugiero, de quien se ha enamorado. La obra se basa en el libreto L'isola de Alcina (La isla de Alcina) de Ricardo Broschi (hermano del famoso castrato Farinelli) y los elementos mágicos permitieron al compositor incluir escenas de ballet en determinados momentos de la obra.
El aria recoge el momento en que a Alcina le anuncian que Ruggero se ha fugado y el lamento de ésta, en el que se unen el amor y el odio con la desesperación.
Esta segunda versión recoge con un sonido impecable el momento de la grabación del disco Quella Fiamma para Warner Classics & Erato en octubre de 2017 por la contralto y directora francesa Nathalie Stutzmann quien dirige y canta, como suele ser frecuente en sus trabajos.


El Orlando furioso no es una obra independiente, sino que aparece como continuación de Orlando enamorado, obra de Matteo María Boiardo publicada casi medio siglo antes. 
Sí es una obra autónoma de ésta, con una gran unidad temática y cargada de inspiración. Escrita en octavas, sus endecasílabos se muestran frescos y originales, aunque en las traducciones a nuestro idioma suelen trasladarse a la prosa.
En el Canto VIII, Ludovico Ariosto muestra el instante en que Alcina descubre la huida de Rugiero y cómo la sinrazón la hace actuar de forma precipitada e incongruente. A partir de este texto, el libretista de la ópera Alcina tradujo los sentimientos de la protagonista para crear el aria que Händel transcribió de forma tan magistral y que nos ocupa en esta entrada.



De cuantos instrumentos musicales conocemos, prácticamente todos necesitan ser manipulados para conseguir los sonidos. El verbo tocar indica esa característica de los instrumentos: deben tocarse, manipularse para poder ser interpretados. Los instrumentos se tocan con las manos, los de viento, además, con la entrada de aire que suele hacerse con la boca, aunque no todos (pensemos en el acordeón).
Pero hay un instrumento que no necesita ser tocado para tocarlo, sirva el juego de palabras. Creado en la década de los años 20 del siglo pasado por el ruso Lev Termen Serguéyevich, quien le dio su nombre, el Theremín es un instrumento electrónico con dos circuitos, uno de tono y otro de volumen que funcionan por la interacción de un cuerpo cuando entra en dentro del campo electromagnético produciendo un cambio de frecuencia.
Está formado por dos antenas. La que controla el tono es la recta y vertical y produce un tono más agudo cuando se acerca la mano. La antena de volumen es la de la izquierda, en forma de bucle horizontal y mientras más se acerca la mano, más bajo es el sonido producido. El oscilador de la caja fija las ondas a la vez que establece una variada gama de frecuencias. Con sólo acercar o alejar las manos se producen distintos sonidos que, en general, oscilan entre el timbre del violonchelo y el de la voz humana.
En la última de las versiones de Ah, mio cor!r, la voz humana ha sido sorprendentemente sustituida por el theremín creando una obra con una sensibilidad diferente. La inexpresiva cara del intérprete contrasta con la delicadeza y expresividad con que sus manos manipulan el instrumento. Mano divina y The Divine Hand Ensemble son los responsables de esta interpretación.


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Página web interesante:

  • http://www.eslocotidiano.com/articulo/tachas-04/el-arte-femenino-de-hechizar-relacion-entre-orlando-y-angelica-en-orlando-furioso-de-ludovico-ariosto/20130629121355003951.html 
  • http://cantanellas.blogspot.com/2010/09/mis-arias-favoritas-x-ah-mio-cor.html

28 sept. 2018

La vida es como el Jazz

"En cierto sentido, la vida es como el jazz... es mejor cuando improvisas"
Con estas palabras, George Gershwin supo captar la esencia del jazz: la música que surge en el momento, la complicidad entre los intérpretes, el sentido del ritmo con el swing como emblema o los instrumentos que le otorgan esa voz y ese timbre tan particulares.
En esta entrada te propongo un acercamiento al mundo del jazz desde la perspectiva de uno de los escritores más aficionados y entendidos como Julio Cortázar y la música jazzística del pianista Uri Caine, basada en composiciones de músicos clásicos y ópera. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!  



Pocos escritores amaron y entendieron tanto el jazz como Julio Cortázar. El escritor argentino se desenvolvió como pocos entre la música de jazz, una música que, como era de esperar, cobró protagonismo en múltiples momentos en su obra literaria.
En ese libro-universo que es Rayuela, una de las grandes obras literarias del siglo XX, las referencias al jazz son constantes. Los personajes deambulan especialmente por los ambientes jazzísticos parisinos mientras se hallan Del lado de allá, se encuentran y se transforman en ellos. Seguir los paseos nocturnos de Oliveira, La Maga y sus compañeros de club con Roland, el pianista de jazz americano, es encontrarse tras algunos vericuetos con las músicas y melodías del jazz, en locales abigarrados, tan cargados de humo que la misma música sigue sus volutas, se eleva sobre sí misma o se siente libre de variar el rumbo.
Prueba de la importancia del jazz en Rayuela es el disco en que se recogen las obras que cita o aparecen de una u otra forma en el libro. En Jazzuela se recopilan estas piezas y músicos citados.



Nacido en Filadelfia mediada la década de 1950, Uri Caine se ha convertido en uno de los músicos que lleva al jazz versiones de otras músicas, en especial de la música clásica. De origen judío, se formó en su ciudad natal y la Universidad de Pensilvania, se marchó más adelante a Israel para lanzar su carrera, regresando a New York, la ciudad a la que vio más posibilidades para desarrollar su música.



En 1997 publicó Wagner e Venezia, uno de sus discos emblemáticos, grabado en su totalidad en la ciudad italiana entre el café Quadri, la Plaza de San Marco, el hotel Metropol o la Riva Schiavoni. Se trata de un disco en que se desmitifica la figura de Wagner desde la adaptación heterodoxa y creativa que realiza Caine, con sonidos y conversaciones tomados de la calle, el repicar de las campanas o los aplausos del público que escucha en directo, despojado de la dimensión trascendente y orquestal de Wagner para ser interpretado por tan solo dos violines, contrabajo, violonchelo, piano y... ¡acordeón!
De este álbum te propongo disfrutar con la conocidísima Marcha de las Walkirias, en una adaptación muy sugerente y personal, con Mark Feldman, Joyce Hammann, Erik Fredlander, Drew Gress, Dominic Cortese y el propio Uri Caine al piano.



De entre toda la producción literaria de Julio Cortázar, una obra está dedicada al jazz. En realidad, más que al jazz a un jazzman, un saxofonista llamado en el relato Johnny Carter que podría estar basado en la figura de Charlie Bird Parker, uno de los grandes saxos americanos. Aquí Cortázar dibuja la figura de Johnny, un viejo músico adicto a las drogas, el alcohol y el sexo, caótico pero con una percepción de la filosófica y metafísica de la existencia, del tiempo y del espacio.



En la dedicatoria del libro el escritor cita según parece a Charlie Parker junto con un versículo del Apocalipsis y el título de un poema del escritor inglés Dylan Thomas.


In memorian Ch. P.
Sé fiel hasta la muerte
(Apocalipsi, 2, 10)
Make me a mask
(Dylan Thomas)

El relato está formado por una serie de conversaciones entre Johnny, a veces con su pareja Dédée, y Bruno, un periodista que está recopilando información para un libro sobre el músico, y que se erige en el narrador de la historia.



Considerado uno de los músicos intelectuales del jazz actual, en la formación académica de Uri Caine, el pianista Bernard Peiffer le indicó que le interesaba estudiar y conocer la armonía, para lo que tuvo que estudiar la obra de Bach y Mozart. A partir de estos autores se interesó por la obra de otros compositores, llegando a adaptar al jazz obras de  los mencionados Bach, Wagner y Mozart, además de Beethoven, Mahler, Schumann, Scarlatti, Verdi o Gershwin.
En la siguiente versión, Uri Caine junto con Paolo Fresu realizan una adaptación de Lascia ch'io pianga de la ópera Rinaldo de George F. Händel.



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Extra, una propina
Una vez finalizada esta entrada sobre jazz y la ópera y, sólo si deseas y tienes tiempo, incluso aunque no lo veas y sólo lo oigas mientras estás en otra tarea, enlazo con una sesión que Uri Caine realizó en la Fundación March dentro del ciclo "A la manera de... Músicas improvisadas", sobre la improvisación en el jazz en diálogo con Juan Claudio Cifuentes "Cifu", el desaparecido y añorado presentador de programas de jazz de Radio Clásica.


Páginas web interesantes:
  • https://elpais.com/cultura/2013/11/14/actualidad/1384466597_518069.htm
  • https://elpais.com/cultura/2017/03/14/actualidad/1489515522_172117.html

21 sept. 2018

Don(de) libros

Los libros, aunque los hayas traicionado nunca te abandonan.
Amos Oz

Leer es una de las mayores conquistas que ha realizado el ser humano. Sin la comunicación a través de la escritura no habríamos llegado al grado de dominio de la técnica, los avances científicos que posibilitan que nuestra vida sea mejor o la transmisión del saber que nos hacen avanzar como civilización desde los primeros inicios de la humanidad hasta nuestros días.
Después de cuatro años publicando en este blog, otra nueva estancia recoge algunas entradas en las que la literatura tiene un peso mayor que la música. 
Junto con la Estancia principal, Tijeretazos y De ciudades y lugares, podrás acceder a ella desde las pestañas de la parte superior del menú o clicando en el pie de foto.
Allí podrás ver la imagen que la acompaña y sabrás a qué biblioteca pertenece. Ese sí es uno de esos lugares donde libros acompañan.

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15 sept. 2018

El (en)canto de las sirenas

Se atribuye a Heráclito la idea de que todo cambia y la frase, no textual, de que "no podemos bañarnos dos veces en el mismo río". Hay ideas y conceptos que han ido cambiando su esencia, su contenido o su aspecto externo con el devenir de los tiempos, con las concepciones que se han ido teniendo a lo largo de los distintos momentos.
Las sirenas se nos aparecen como uno de los primeros mitos de la cultura occidental, cuyo aspecto, significado e iconografía ha ido cambiando con el paso por las distintas culturas y civilizaciones. Te propongo un recorrido por algunas de sus apariciones en las distintas artes. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



De entre las músicas de Claude Debussy se encuentran algunas de las que mejor describen atmósferas sonoras y matices, aunque él siempre huía de clasificarlas como impresionistas, pese a que la siguiente obra esté basada en unos cuadros de ese estilo pictórico. En su Trois nocturnes: Nuages, Fêtes et Sirènes (Tres nocturnos: Nubes, Fiestas y Sirenas), el compositor francés que metió de lleno la música en la modernidad del siglo XX, compone  en una obra para violín solista, orquesta y coro atmósferas casi etéreas, como oídas desde la lejanía. El enlace no presenta una grabación en vídeo, sino una interpretación para disco de The Cleveland Orchestra dirigida por el gran Vladimir Ashkenazy.
Te propongo oír el tercero de los nocturnos, estas Sirenas, a las que no es necesario divisar, sino sentirlas en la lejanía, acompañando a esta lectura.


Su aparición en la Odisea, durante el viaje de regreso de Ulises a su Ítaca natal, las presenta como seres relacionados con el submundo del Hades y, como tales, atraían a los marineros para hacerlos naufragar contra los arrecifes, devorarlos y llevar sus almas al Averno
Contrariamente a lo que solemos conocer en sus representaciones iconográficas, eran seres híbridos con cabeza y torso de mujer y emplumado cuerpo de ave, cuya voz prodigiosa embelesaba a quienes las oían y se sentían irremediablemente atraídos, de forma literal, hacia los escollos donde se encontraban, identificados por algunos estudiosos como en algunos lugares como cercanos a las costas mediterráneas de Sorrento o Capri.

Vasija griega clásica  decorada con imagen de la Odisea y sirenas con su aspecto original

Homero narra en el Canto XII de su Odisea cómo Circe, la hechicera con quien Ulises convivió un tiempo, aquella que convertía a quienes deseaba en animales, viendo la irremediable partida de éste, lo advierte sobre el peligro que suponen para los navegantes.




También aparecen en la cultura griega clásica en otra de las obras que presentan uno de esos viajes al confín del mundo. En su viaje a la Cólquida en busca del Vellocino de Oro que se relata en Jasón y los argonautas, el navío de Argos se acerca a los escollos de las sirenas, donde la forma de conjurar el llamamiento imperioso del canto es con otro aún mejor. Orfeo, el mítico cantante, el único ser humano que ha podido regresar del Hades gracias a su prodigiosa voz, canta sobre el canto de las sirenas hasta hacer que los marineros sobrepasen los escollos. Sólo Butes se dejó seducir por el melodioso canto y se arrojó al agua, siendo recogido por sus acompañantes.


Ulises y las sirenas. John Waterhouse (1891). National Galerie of Victoria. Melbourne

En el relato de Homero, el más conocido de todos, Ulises sigue las instrucciones de Circe preparando su encuentro con las sirenas, que se desarrolla como se preveía, aunque con el protagonista al límite de caer en sus encantos.


En su erudito y ameno estudio Sirenas, seducciones y metamorfosis, Carlos García Gual traza un recorrido por el mundo cultural de las sirenas, sus apariciones en distintas historias y culturas, sus diversas formas, aunque siempre ligadas al juego de la seducción. Las sirenas atraen irremediablemente, pero no con engaños, ardides o fuerza, sino con la fuerza de su melo(dio)so canto.
A partir del medievo cambia la concepción y aspecto físico de las sirenas. Ya no poseen cabeza y torso de mujer con cuerpo de aves, sino que se amoldan al aspecto pisciforme con que las conocemos en la actualidad con una cola de pez en lugar de piernas, que siempre ocultan en el mar. Con sus voces seductoras, los largos cabellos (que en algunas iconografías aparecen con peines y espejos para cuidarlos ante la espera de nuevas víctimas), las sirenas engañan con sus cantos a cuantos navegan por sus escollos.



En lugares más alejados del mar con grandes corrientes de agua surgen, como si de sirenas de agua dulce se tratara, las ondinas y nereidas. Con su mismo aspecto, viven en los ríos del continente, aunque pasaron a representar un cierto grado de seducción, como sutiles cortesanas a la caza de hombres adinerados o jóvenes ingenuos, seduciendo más por su belleza y placer sensual que por su bello canto. A esta línea pertenece el texto del escritor centroamericano Augusto Monterrosso



Richard Wagner inicia El oro del Rhin, la primera de las óperas de su Tetralogía El anillo de los Nibelungos, bajo el fondo rocoso del Rhin, leve e irregularmente iluminado por la luz del amanecer. Allí nadan y se recrean entre las ondas las Hijas del Rhin, Woglinde, Wellgunde y Flosshilde. Del mundo subterráneo surge Alberich, el rey de los nibelungos, un enano repulsivo y deforme que trata de seducirlas. Ellas se burlan de él, provocándolo hasta enfurecerlo, ya que no puede desenvolverse por el agua como ellas. Un fugaz rayo de sol atraviesa las aguas dejado ver los destellos del oro que vigilan las ondinas. A la pregunta del nibelungo, las ninfas le revelan que el oro reposa en su lecho natural y que sólo quien reniegue del amor y forje con él un anillo, se convertirá con su poder en el dueño del mundo. En esta escena, Wagner hace jugar a las Hijas del Rhin con su poder de seducción sobre el nibelungo.
El enlace pertenece a un montaje de La Fura dels Baus que se representó en el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia en 2007, con Silvia Vázquez, Ann-Katrin Naidu Hannah Ester Minutillo como las Hijas del Rhin y Franz-Josef Kapellmann en el rol de Alberich.



García Gual apunta en su prolífico estudio la nueva transformación que el mito de las sirenas sufre en el período romántico, una metamorfosis que, como suele acontecer, las adapta a las circunstancias estilísticas de esta corriente artística.




El siglo XX vio el nacimiento de una de las más conocidas de las ninfas, aún bajo el signo del romanticismo. En marzo de 1901, Antonín Dvorák estrenaba su ópera Rusalka con un libreto de Jaroslav Kvapil que se inspiraba en la mitología eslava, cuentos checos del siglo XIX y, de modo especial, en La sirenita de Hans Christian Andersen, la más recurrida de las fuentes que conocemos y se utilizan en la actualidad.
En Rusalka, Dvorák alterna la presencia de seres humanos con los procedentes del mundo de las profundidades acuáticas, en una ópera que narra la historia de una ninfa de los arroyos y manantiales, una rusalka como se denomina en checo que, cuando se enamora de un príncipe humano, termina encontrando su perdición.
De toda la ópera el fragmento más conocido es Mêsíčku na nebi hlubokém (La Canción de la Luna) en la que la rusalka pide al astro que le cuente al príncipe su amor por él.
La versión de La canción de la Luna está interpretada por la soprano letona Kristine Opolais en una representación de la Bayerische Staatsoper de Munich grabada en 2012 bajo la dirección musical de Tomás Hanus


Si esta entrada peca de un excesivo tono androcéntrico, nada mejor que desprendernos de él con el texto de Marco Deveni con el que finalizamos.



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Páginas web interesantes:

  • https://mitosyleyendascr.com/mitologia-griega/las-sirenas/ 
  • https://elpais.com/cultura/2014/07/24/actualidad/1406184846_835813.html 

8 sept. 2018

Erase una vez... un nuevo principio

Cada mes de septiembre supone el retorno tras la parada del verano. Las altas temperaturas marcan uno de los ciclos naturales más largos de cada año, haciendo que la vuelta a la rutina, a la normalidad se realice como si de un segundo comienzo del año se tratara. Los cursos escolares, entre otros, se denominan con los dos años que duran desde su inicio en el noveno mes del año hasta su finalización al término de junio.
En esta entrada te propongo dos reflexiones sobre los inicios de las temporadas o cursos con una sugerencia de reflexión con obras de Frank McCourt y Verdi. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Frank McCourt sorprendió al mundo literario con una narración biográfica en la que relataba los primeros años de su vida. Encontrar el tono del relato fue, según sus palabras, una prueba también difícil y complicada que le llevó mucho tiempo. Su dolorosa y cruda infancia está narrada con sus ojos de niño, con una mezcla inédita de dureza y humor, dejando ver sucesos tremendos o insoportables para un adulto con la mirada inocente que acoge con la naturalidad de lo que se vive a diario.
McCourt narra la vida de una familia sumida en la pobreza en la Irlanda de comienzos del XX en la húmeda Limerick. Mientras su padre, en los pocos momentos que trabaja, se bebe el sueldo antes de llegar a casa, su madre ve la única esperanza para sacar adelante a sus cinco hijos en la educación. En Las cenizas de Ángela, Frank McCourt nos mostró su desgarrada infancia marcada por el hambre y el dolor con una mirada repleta de dignidad y humor.
Pese a ser su libro más conocido, por el que recibió multitud de distinciones y reconocimientos como el Premio Pulitzer, McCourt siguió publicando libros sobre su biografía. En Lo es, continúa el relato con sus experiencias a la llegada a Nueva York tras salir de Irlanda hasta que se prepara para su futuro trabajo en la enseñanza.



En El profesor, el tercero de sus libros biográficos, McCourt relata su años de docencia en un instituto de secundaria neoyorkino. Tres décadas en los que la realidad social de un entorno duro y complejo es difícil de asimilar. Basándose más en su intuición y lo que le sugiere su conciencia que en la ortodoxia, las convecciones y la normativa académicas, Frank McCourt consigue despertar la motivación y el interés de sus alumnos. Se dedica más a escucharlos, conocer sus inquietudes y aprender de ellos, conociendo sus gustos y su forma de ver el mundo.
Aunque el texto que nos acompaña comienza con una referencia al final del curso, es una reflexión válida para plantearla al comienzo del mismo.



Vivir en la vorágine de la rutina y el trabajo puede llegar a convertirse en una experiencia asfixiante si no llegamos a tener claros unos principios que nos ayuden a encontrar nuestra propia esencia.
Antes de llegar a ser considerado uno de los grandes autores de la ópera de todos los tiempos, Verdi vivió lo que él llamó "los años de galera", un tiempo en que se sintió encadenado a la condena de tener que componer una obra tras otra para cumplir contratos y compromisos con distintos empresarios, teatros y cantantes hasta que logró hacerse un nombre y ser él quien impusiera los tiempos, temas y lugares de estreno y representación. Desde que estrenó el Nabucco en 1842 hasta La Traviata de 1853, Verdi trabajó sin parar, cayendo enfermo por agotamiento en varias ocasiones y asegurando que quería dejarlo todo. En esos once años compuso nada menos que dieciséis óperas, sus "anni di galera" como escribió en una carta a Clarina Maffei, recorriendo una ciudad tras otra, exigiendo modificaciones a sus libretistas, componiendo, eligiendo cantantes para sus obras en cada teatro donde se representaron, negociando -casi peleando- con los empresarios, ensayando sin descanso, luchando para que sus obras se representasen como él las ideó. Aún así, sus obras tienen una creatividad y una calidad excepcionales que no dejan traslucir los duros momentos por los que pasó.
Comenzar un año, una temporada, un curso o como queramos llamarle tiene unas connotaciones que pueden mostrar un paralelismo con el inicio de una ópera. Los compositores utilizaron la obertura como una forma de situar al espectador. Es el momento en que se hace el silencio, se cierran las conversaciones y comienza la relación entre la obra que se representa y el público, entre la historia y el espectador. El autor propone desde sus partituras, los intérpretes las convierten en sonidos repletos de emociones y el público comienza a entrar en la historia que se les va a contar.
Muchos autores, entre ellos Mozart o el joven Verdi, se sirvieron de las oberturas como una forma de presentar algunos de los temas que se iban a desarrollar durante la ópera, convirtiendo éstas en una especie de declaración de intenciones o anticipo de lo que se iba a escuchar, una técnica que se utiliza en la actualidad en con las bandas sonoras de las películas durante la presentación de las mismas.



El primer gran éxito de Verdi, la ópera que lo comenzó a llevar al lugar de entre los elegidos de la música, fue Nabucco, una obra que plantea el tema de la liberación con el pueblo de Israel esclavo en la Babilonia de Nabucodonosor. Su parte más conocida es uno de esos coros que han llegado a formar parte del imaginario colectivo, el Va pensiero, un momento que recoge el lamento que entona el pueblo de Israel al añorar su tierra natal. En Babilonia, un viaje de cuatro milenios nos hemos referido a este número en el blog. Verdi utiliza su melodía, entre otras de Nabucco, para la obertura de la ópera.
El enlace pertenece a una interpretación de la Symfonický Orchestr de Brno dirigida por Vladimir Válek.
Como sugerencia, te propongo que, de la misma manera que Verdi utiliza varios de los temas que va a desarrollar a lo largo de la obra, rememores, evoques alguno de los momentos o situaciones que sabes que van a suceder a lo largo del año, temporada, curso escolar o como quieras llamarlo. ¿Te animas a anotarlos mientras los oyes o, incluso, compartirlo en los comentarios?


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Bibliografía consultada:
  • Caso, Ángeles. Giuseppe Verdi. La intensa vida de un genio.
Páginas web visitadas:
  • https://www.fiorellaspadone.com.ar/operas/argumentos/nabucco.html