18 nov. 2017

#ViajedeOtoño: la Florencia renacentista

La belleza no es más que la promesa de la dicha
Stendhal

Pocas ciudades hay en el mundo que tengan la historia y se dediquen a cuidar la belleza como Florencia. Pertenece a ese grupo de ciudades que deslumbra a quienes la visitan.
Su importancia se reveló fundamental en el Renacimiento con la aparición de tantos artistas y pensadores que revolucionaron el arte y la cultura, desde la poesía a la música, la pintura, la literatura o la arquitectura. Por ella pasaron y quedaron para la historia GiottoBocaccioDanteBoticcelliMiguel ÁngelMaquiavelo o Petrarca, muchos de ellos bajo la influencia y patrocinio de la dinastía de los Medicci.


Stendhal, el escritor francés la visitó en los primeros años del XIX y, tras una de sus visitas por la ciudad llegó a escribir: "Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme". Esa sensación que causan ciertas emociones ante la presencia de obras de arte se conoce desde hace años como El síndrome de Stendhal.

En varias ocasiones han pasado por este blog personajes y obras relacionados con la ciudad de la Toscana. En esta entrada viajamos a Florencia con la vista puesta en el humor y el amor, éste último también con un tono irónicamente desenfadado.


El texto de esta entrada viene de la pluma de Carlo María Cipolla, un historiador de la economía que publicó, en principio sólo para sus amigos, dos pequeñas obras, Allegro ma non troppo, que traigo esta semana, y Teoría de la estupidez, ambas cargadas de un fino sentido del humor.
Ya en el prólogo de la primera Cipolla se pregunta qué es el humor: "La vida es una cosa seria, muy a menudo trágica, algunas veces cómica. El humorismo, que consiste en la capacidad de entender, apreciar y expresar lo cómico, es un don más bien escaso entre los seres humanos. Se refiere a la capacidad inteligente y sutil de poner de relieve y destacar el aspecto cómico de la realidad. Hacer humorismo sobre la precariedad de la vida humana cuando uno está junto a la cabecera de un moribundo no es humorismo. En cambio, cuando aquel gentilhombre francés, que subía las escaleras que lo conducían a la guillotina, tropezó con uno de los escalones y, dirigiéndose a los guardianes exclamó: "Dicen que tropezar trae mala suerte", aquel hombre bien merecía que se le perdonara  la cabeza. El humorismo está tan íntimamente unido a la elección cuidadosa y específica de la expresión verbal con que se manifiesta que difícilmente se consigue traducirlo de una lengua a otra".




Como en todas las entradas, música y texto están unidos por un nexo común. En este caso, viene de la mano del compositor Giacomo Puccini. Se trata de su ópera cómica en un acto Gianni Schicchi.
La obra transcurre el día 1 de septiembre de 1299 en FlorenciaRinuccio Laureta quieren casarse, pero ella carece de recursos económicos. El padre de LauretaGianni Schicchi se presenta para ayudar a los enamorados y es rechazado por la familia del novio. En ese momento, ella suplica a su padre que les ayuden interpretando, entre pícara y zalamera, el aria más conocida de esta obra, O mio babbino caro.



La trama continúa haciendo que Schicchi acceda a la petición de su hija y se haga pasar por un pariente adinerado fallecido para modificar su herencia y pasarse a sí mismo todos los bienes del difunto.
El nombre del protagonista de la ópera aparece en el Canto XXX de la primera parte de la Divina Comedia dedicado al infierno. Para finalizar la obra, Gianni Schicchi deja la acción y, acercándose al borde del escenario, pide al público que con un gran aplauso alivie el castigo que Dante Alighieri le impuso enviándolo al tormento eterno por su capacidad de suplantar a otras personas.



O mio babbino caro es una de esas piezas que han tomado vida fuera de la obra y ha entrado a formar parte del repertorio de las grandes sopranos en sus recitales.
En esta ocasión, una interpretación impecable de Anna Netrebko la soprano que triunfa estos años en el Metropolitan Opera House de New York, en un recital que se dio en 2006 al aire libre en Waldbuhne con la Orcherter der Deutschen Oper de Berlín dirigida por Marco Armiliato.


La popularidad del aria ha sido tan grande que se la puede recordar en diversos anuncios publicitarios. También en algunas películas o series de animación. Para terminar, te dejo con una entraññable aparición de O mio babbino caro junto con Snoopy en un capítulo de Charlie Brown.


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10 nov. 2017

Budapest, la perla del Danubio

Budapest es una ciudad que se presta al recuerdo, a la degustación de lo visto y vivido. 
En este nuevo capítulo de Viaje de Otoño te propongo acercarte, desde la curiosidad por la ciudad desconocida o desde el recuerdo de lo visitado, a una de las ciudades más fascinantes de Europa Central. Nos acompañan textos de Claudio Magris y música de Béla Bartók y Johann Strauss hijo.


Hablar de Claudio Magris es hacerlo de uno de los intelectuales europeos que influyen con su obra desde finales del pasado siglo. Catedrático de literatura en lengua alemana en la universidad de Trieste, su tierra natal, es un prestigioso germanista, traductor o simplemente interesado por la obra de autores como Ibsen, Joseph Roth, Musil, E.T.A. Hoffmann, Hermann Hess o Borges, además de autor de un gran número de ensayos y obras narrativas. Una de sus temáticas es la necesidad de una unión europea, una obsesión sobre la que sobrevuela su pensamiento en muchas de sus obras. El sueño de la Mitteleuropa, la Europa Central, como unificación y unicidad en lo cultural y político, en una búsqueda de la memoria del continente, la creación de un espacio que trascienda lo geopolítico y en el que en su gestación y desarrollo han participado lo germano y lo judío como elementos esenciales: "La cultura alemana, y con ella la judía, ha sido un elemento de unidad y de civilización en la Europa centro-oriental". Obras como El Danubio, Otro mar, Conjeturas sobre un sable, Microcosmos, Utopía y desencanto, A ciegas o La exposición forman parte de su obra literaria. 
Su obra El Danubio abunda en la temática de ahondar en la memoria de Europa a través de un relato que aborda un viaje que transcurre entre lo externo y lo interno, a través de los más de tres mil kilómetros que recorre el gran río europeo a lo largo de su curso, en un viaje que profundiza entre la memoria y el sueño de la creación de un espacio europeo. Según sus palabras: "La cultura europea es como el Danubio, que atraviesa fronteras nacionales, humanas y psicológicas. Es el símbolo de estas diferencias, pero también del rescate de su unidad. El viaje es una posibilidad de salvar esas fronteras, igual que las salva el río, preservando siempre la diversidad".



Este recorrido deviene entre registros variados y elementos de distinto calado, desde simples anécdotas hasta episodios de mayor trascendencia. El río surge con mayor importancia que lo simplemente geográfico: es el símbolo de un sueño de convivencia plural frente al particularismo y el enrocamiento de los nacionalismos.
Como el mismo río Danubio, la parte  central del libro está dedicada a la Panonia, esa antigua región romana que coincide con la cuenca danubiana de gran parte de Hungría y Croacia, Serbia, Eslovenia, Eslovaquia y Austria. En la sección dedicada a Panonia, Magris nos recorre la parte húngara del río en unas observaciones que lo llevan a profundizar en el alma de la capital magiar.


La música en Hungría es tradición, espectacularidad y modernidad. El gran héroe musical, la gran figura histórica de la música en Hungría es Franz Liszt, acaso el pianista más grande que haya dado la historia como intérprete y como compositor. Su figura se paseó por toda Europa, influyendo en todos los grandes compositores e intérpretes del continente. Tenía fama de poder leer cualquier partitura, por muy difícil que fuera, a primera vista. Técnicamente era de una destreza inigualable y su obra va desde las composiciones de autoría propia hasta las adaptaciones que realizaba de obras de otros compositores. Es el caso de Las Paráfrasis y Les Réminiscences, obras en las que traduce al piano temas de distintas óperas, pero en las que no se limita a la simple transcripción, sino que ahonda y avanza en la caracterización de la obra, sus personajes y la historia.
Además, hay autores que han trabajado desde esta tradición y la música popular para crear obras que se encuentran entre las más asombrosas composiciones del siglo. 
Béla Bartók se inició en la música desde su infancia. Tras completar sus estudios musicales, inició una carrera compositiva y como intérprete de piano con algunos éxitos, pero se prometió dedicarse a la investigación folclórica junto con Zoltan Kodály, llegando a completar el estudio de la música popular húngara. Su única ópera es El castillo de Barba Azul, una original obra que oscila entre el misterio y la vanguardia en la que logró unir la tradición junto al impresionismo y al expresionismo. Basada en un cuento de Perrault, el libreto fue obra de Béla Balázs, un poeta, dramaturgo y guionista del naciente cine.
La historia, con poca acción y sólo dos personajes, está más cerca de lo metafísico y lo profundo que de lo convencional. No hay números cerrados como arias o dúos. Judit acaba de casarse con Barba Azul y le pide explicaciones sobre qué hay tras cada una de las siete puertas de su tenebroso castillo. La escalofriante historia muestra cómo va descubriendo, tras cada puerta, el sangriento pasado de su esposo. 


La historia sirvió a Bártok para componer un mosaico sobrecogedor cargado de metáforas: en un universo simbolista, mientras Judit va conociendo qué se esconde en cada una de las estancias, el público se adentra con ella en un mundo de dolor, un palacio sin salida, reflejo de la huella que deja el crimen y que, tras cada promesa de redención, exige no hacer nuevas preguntas. Después de la sexta puerta se vislumbra un lago formado con las lágrimas que el esposo ha hecho derramar a lo largo de su vida. Aquí le plantea a Judit si ve necesario, con halagos y abrazos, la posibilidad de que ella no abra la última puerta, entre las dudas y arrepentimientos de los dos personajes. Tras la séptima puerta se revelan las tres esposas anteriores de Barba Azul, como fantasmas condenados al silencio y la resignación. "Tras el de la mañana, el del mediodía y el del crepúsculo, tú serás el de la noche -le dice a Judit-. Ahora no habrá más que sombra, la sombra para siempre".
El enlace nos presenta el comienzo de la ópera con el barítono Kolo Kováts como Barba Azul y la mezzosoprano Syilvia Sass como Judith con sir George Solti dirigiendo a la London Philarmonic Orchestra.


Uniendo las ciudades de Óbuda, la más antigua, Buda, la ciudad oficial, la de la corte de los reyes magiares, con Pest, la comercial, la ciudad de la burguesía y el pueblo, en el siglo XIX toma entidad la nueva Budapest, una de las ciudades más hermosas de cuantas bordean las orillas del gran río europeo.
La ciudad floreció en los primeros años del siglo XX con una inquietud cultural que se planteaba qué relación existía entre lo esencial y la forma, entre el funcionamiento de las cosas tal como son y la autenticidad de como deben ser. Coincidiendo con el milenio húngaro, en 1896, la creación artística lleva al extremo la espectacularidad de sus monumentos, la creación del metro subterráneo (el segundo más antiguo del mundo tras el de Londres), los compositores hacen avanzar la música hasta colocarla entre la vanguardia europea.



Heredera de estos años es la visión que Budapest nos ofrece hoy. Badavári palota (El Palacio Real), con Várnegyed (El barrio del Castillo), el Mátyá Templom (la Iglesia de Matías, que no de San Matías) o ese impresionante balcón panorámico hacia el Danubio y Pest, el Halásbástya (el Bastión de los Pescadores) marcan el impresionante señorío de la corte húngara. 
Unida por sus monumentales puentes, al otro lado del río, Pest modificó su aspecto para surgir como la vemos en la actualidad con sus amplias avenidas y elegantes edificios, una mezcla de exuberancia y gigantismo, una mezcolanza entre el floreciente capital húngaro y el imperialismo proveniente de Viena. Se diría un eclecticismo historicista con el que la burguesía quisiera aparentar y ostentar un estilo propio húngaro.
Aquí deslumbra el edificio de Országház (El Parlamento), un espectacular monumento neogótico, casi catedralicio; Nagykörút (Gran Bulevar), con sus avenidas repletas de actividad; Andrássy út (Avenida Andrassy), la más elegante de las avenidas de la ciudad, en la que se cobija la fastuosa Magyar Állami Operaház (Ópera Nacional), un edificio espectacular por fuera y por dentro; el Vásárcsarnok (Mercado Central), impresionante edificio de varias plantas cubierto con una amplia nave de bóveda metálica; hasta la popular Hösök tere (Plaza de los Héroes).
Una deliciosa película de Ernest Lubischt de 1940, The shop around the corner, difundida en España como El bazar de las sorpresas, nos permite entrever ese ambiente de las primeras décadas del siglo. 
También abunda la tradición centroeuropea de los cafés, con algunos anodinos edificios que esconden su acogedora monumentalidad tras fachadas insospechadas, como el Café New York



Pero la música de Budapest y de Hungría en general, bebe mucho de lo popular. Sus aires, estilos y bailes han pasado a formar parte de la algunas composiciones clásicas. Originaria de los verbunkos en el siglo XVIII, ha sido popularizada por agrupaciones romanís por toda la zona circundante, llegando a ser popular en los países limítrofes.
La más popular de las danzas húngaras, las czardas se componen de dos tiempos bien diferenciados, comenzando de manera tranquila y parsimoniosa (lassú) para terminar con un tiempo muy rápido y animado (friss).
Interior de la impresionante Ópera de Budapest



En el último guiño a Budapest podemos ver una interpretación de las Czardas de Die Fledermaus (El Murciélago), una deliciosa opereta de Johann Strauss hijo, en la que se recoge el ambiente musical de finales del XIX y comienzos del XX en pleno apogeo de la dinastía de los Habsburgo cuando el imperio Austro-Húngaro formaba una de las grandes potencias europeas. La unión de este ambiente mezclado de burguesía, nobleza, militares, en un decorado de lujo, fiestas y engaños, y en la que cada personaje está interpretando un papel en la fiesta distinto al suyo, hace que esta opereta aún se represente en la época previa al fin de año en los países germánicos. En esta pieza, Rosalinde evoca con su czarda el recuerdo de su Hungría natal.




Interpreta esta Czarda Kiri Te Kanawa en una producción grabada en el Royal Opera House del Covent Garden de Londres en 1984 con la dirección de Plácido Domingo.


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3 nov. 2017

Cómo acabar de una vez por todas con la cultura

¿El humor es cultura? ¿Puede ser culto el humor?
La representación que tenemos de la vida, las grandes cuestiones que nos planteamos como personas o grupos forman nuestra cultura. Esta se ve influida por las distintas artes que, con sus métodos, estilos y técnicas ayudan a representar esa visión del universo y de la civilización que nos hemos creado entre todos.
El sarcasmo, la ironía, la crítica, la parodia, la destrucción de los convencionalismos o el absurdo son utilizados por el humor para cuestionar, subvertir el orden o hacernos reflexionar sobre el concepto que tenemos de aspectos tan variados como la cultura, la política o nuestra filosofía de la vida. El humor que se basa en estos conceptos -no el soez, el escatológico o el basado en la búsqueda de defectos- nos hace replantearnos el mundo desde una perspectiva a veces ilógica e irracional desmitificando y obligando a replantearnos los conceptos que tenemos.
Te propongo un recorrido desde y por el humor para acercarnos a dos de los estilos más personales de nuestra época, con la compañía de uno de los cineastas más prolífico de la historia del séptimo arte como es Woody Allen y con el grupo argentino Les Luthiers. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Hablar de la obra de Allan Stewart Königsbert, su obra cinematográfica, los libros o su afición a la música de jazz, especialmente del clarinete que suele interpretar semanalmente con The New Orleans Jazz Band nos dice poco. Pero si cambiamos el nombre de pila por el de Woody Allen, nos encontramos con una de las personalidades más reconocidas del mundo del cine de finales del siglo XX y comienzos del XXI, a pesar de un turbio asunto que ha empañado su trayectoria profesional y personal.
Para los seguidores de Allen, una trayectoria de más de cuarenta años con una película en cada uno de ellos de la que suele ser guionista, director e incluso protagonista, es un lujo. Comenzó a los quince años vendiendo chistes a distintos columnistas, humoristas y periódicos, en una carrera que aún continúa y que le llevó a recibir el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2002.



Enmarcado dentro de un estilo muy personal, con un sentido del humor muy característico, su carrera se ha mostrado muy irregular, alternando brillantes producciones con otras que han pasado inadvertidas para el gran público.
La primera película enteramente suya fue Toma el dinero y corre en la que comenzó a mostrar su original estilo en una insólita mezcla entre drama, comedia y documental. Ganador de cuatro premios Oscar, películas como Annie Hall o Manhattan le valieron el reconocimiento de la crítica y el público, aunque su sentido del humor y de la narración cinematográfica siempre ha sido mejor apreciado en Europa, como algunos de sus directores cinematográficos más apreciados, que en Estados Unidos, donde la industria cinematográfica gusta más del estilo de las producciones que de lo personal que puedan ser estas. 
En La Rosa Púrpura del Cairo introdujo ese elemento mágico que tiene el cine que hace que nos guste y, por momentos, nos aislemos de los problemas de nuestra vida y podamos sumergirnos en unas historias que nos son ajenas. Este elemento lo ha explotado como un importante recurso dramático en películas posteriores como Medianoche en París. Entre las películas de las últimas década destacan Match Point y Vicky Cristina Barcelona, rodadas en Londres la primera y la última en España.
Entre sus producciones más originales se encuentra Zelig, una película contada en forma de documental en blanco y negro (una de sus luchas ha consistido en reivindicar el uso de este formato lumínico), que con su disparatado humor, narra la historia de Leonard Zelig, un exagerado caso de inseguridad que, en su búsqueda de ser aceptado, le lleva a camuflarse inconsciente y prodigiosamente entre quienes se encuentra para pasar desapercibido. Entre judíos le crecen barbas y tirabuzones; entre negros, su piel se oscurece. La película-documental pasa por escenarios tan distintos como la Alemania nazi, la casa de Randolph Hearst (el magnate de la prensa que retrata Orson Welles en Ciudadano Kane) o la América de la Gran Depresión. Además de la originalidad de su estilo narrativo, el aspecto envejecido de la cinta se logró a base de pisotear y ensuciar las cintas originales.
Pero esta irregular carrera de Allen está acompañada de la publicación de algunos libros, la mayoría en forma de guiones cinematográficos. En Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, publicado en 1971, se recoge una recopilación de relatos publicados en The New Yorker en su mayor parte y publicado en Estados Unidos con el título Gettin Even. Suponen una edición en tono irónico con la que Woody Allen toma elementos de la cultura occidental y la historia recientes para llevarlos a ese absurdo en el que desenvuelve como pez en el agua, con la intención de llevar a quien lo lea a replantearse la percepción que tiene de las situaciones y los personajes.
En Cómo acabar de una vez por todas con la cultura aparecen los temas que serán recurrentes en su obra: el psicoanálisis, la cultura judía, junto con ese sentido de la ironía y lo paradójico.
De este libro te traigo una selección de su capítulo Para acabar con las biografías en el que recrea, a su estilo, el invento del sándwich por el conde del mismo nombre.



Desde hace cincuenta años el grupo Les Luthiers pasea su humor inteligente por el mundo hispanohablante. Si ya es difícil permanecer varios años entre los grandes de cualquier especialidad artística, cincuenta años presentándose ante el público y llenando escenarios se antoja una cifra que indica la calidad de este grupo argentino.
Nacidos en un principio para participar con el Coro de la Facultad de Ingeniería en un certamen universitario en Argentina, comenzaron pronto a destacar por su agudo sentido del humor basado en un excelente dominio del idioma con juegos de palabras, dobles sentidos, una carga crítica hacia convencionalismos y tópicos, desplegado todo con una seriedad y elegancia que hace aún mayor el contraste. 
El nombre de Luthier hace referencia a los constructores de instrumentos musicales (también lutier, laudero o violero nombraban en italiano a los constructores de laúdes y después cualquier instrumento de cuerda) y otra de las características de este grupo es la de actuar con instrumentos de la más diversa índole y procedencia: desde latas de conserva convertidas en instrumentos de cuerda, hasta cucharas y sartenes como elementos de instrumentos de percusión, pasando por cuantos objetos puedan ellos imaginar que poseen la sonoridad adecuada a sus espectáculos: el bolarmonio, a base de balones, o la exorcítara, un arpa luminosa hecha para desalentar a los demonios mientras suena.



Recientemente han recibido el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2017, en cuya ceremonia indicaron que el premio recibido lo han ganado "con la ayuda de la música, extraños instrumentos y la exuberancia y las ambigüedades del idioma castellano"
Creadores de un universo propio donde quienes entran permanecen en la mayoría de las ocasiones, un personaje ha alcanzado la universalidad gracias a ellos: Johann Sebastian Mastropiero. Este compositor aparece en un gran número de sus gags, siendo aceptado con la complicidad y complacencia del público como un personaje anacrónico del que nadie sabe cuándo nació, si ha muerto o no, en qué época ha vivido y que igual compone música barroca que renacentista, boleros o tangos. En este primer enlace se realiza una breve presentación del personaje y los títulos de algunas de sus obras antes de la interpretación de La princesa caprichosa.



En la citada ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias Marcos Mundstock afirmó, como representante del grupo, que el sentido del humor sirve para "contemplar las cosas de una manera distinta..., lúdica, pero sobre todo lúcida... a la cual no llegan otros mecanismos de la razón" y que este sentido del humor "se aprende y mejora con el tiempo. Nadie nace riendo"



El esquema de los gags de Les Luthiers suele ser similar: Una presentación del autor y la pieza seguida de la interpretación de la misma, todo con la seriedad y dignidad de las grandes salas de conciertos. En el siguiente enlace presentan uno de los madrigales de Johann Sebastian Mastropiero, La bella y graciosa moza...


El juego con el lenguaje, los equívocos en las citas, los dobles sentidos son algunas de las técnicas que utilizan Les Luthiers para crear su humor. En este último enlace, el inolvidable Daniel Rabinovich sustituye a Marcos Mundstock en su habitual labor de presentación de una de las obras de Mastropiero.


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27 oct. 2017

Praga Mágica y la eternidad

"Praga no suelta. No nos suelta a nosotros dos. Esta mamaíta tiene garras", escribía Kafka en una de su múltiples cartas. Y es que la ciudad checa no deja indiferente a nadie. 
En esta nueva etapa de #ViajedeOtoño te propongo una visita a Praga, un recorrido desde tu casa con libros y música para conocerla, si aún no la has visitado, o para recordarla, para pasearla con los mismos ojos con que la viste o con una nueva mirada con obras de autores que quizás no conozcas, pero que te la harán inolvidable: Ripellino, Karel Capek y Leos Janacek.



La más completa edición sobre Praga no es obra de un autor checo. Si bien escritores como Franz Kafka, Bohumil Hrabal o los Jaroslav Shafer y Hasek hacen deambular por la capital bohemia sus personajes e historias logrando que la ciudad sea directa o indirectamente un personaje más de las mismas, es un escritor italiano quien publicó la más completa obra sobre la ciudad de Praga.
Angelo Maria Ripellino, catedrático de ruso y experto en lenguas eslavas en la universidad de Roma, se especializó en literatura checa y rusa. En su obra se diluye la literatura crítica con la creativa, borrando las líneas que delimitan una y otra. Intelectual de una cultura desbordante publicó libros de poesía o traducciones, así como ensayos que se han convertido en referentes en su estilo: Maiakovski y el teatro ruso de vanguardia, La literatura como itinerario en lo maravilloso o Ensayo en forma de balada
Admirador de los escritores españoles como Machado, Juan Ramón Jiménez o García Lorca, el hecho de ser alumno del eslavista Ettore Lo Gatto lo inclinó definitivamente hacia las culturas del este europeo. En una de sus estancias en Praga conoció a Elisa Hlochovà con quien se casó y juntos colaboraron en la traducción y estudio de escritores checos.
Su obra Praga Mágica es un denso mosaico, un fresco de la hermosa ciudad checa, una obra erudita, que profundiza en el alma praguense más allá del tópico con sus luces y sombras.




Ripellino, un "loco por Praga", como se definió a sí mismo, realizó una obra enciclopédica, laberíntica como las intrincadas callejuelas del centro de la ciudad, sinuosa por momentos, barroca por su forma y contenido, ingeniosa y brillante. Puede que un tanto deshilachada, acaso por haberse escrito en momentos diversos, con recuerdos desde la distancia. Por la obra pasan las tres culturas que han influido en la ciudad, la checa, la alemana y la judía; los escritores y la literatura que influyeron en el auge cultural de Europa: Jaroslav Hasek de la mano del Valiente soldado Swejk, Franz Kafka y el inquietante mundo interior que ofrece al lector, Rilke, Guillaume Apollinaire, Rainer Maria Rilke, Jan Neruda, Jaroslav Sheifert o Karel Capek, quien aparecerá más adelante en esta visita a Praga.




Karel Capek se inspiró en la búsqueda de la Piedra Filosofal y la pléyade de alquimistas y astrólogos que se acercaron a la corte de Rodolfo II para su obra teatral de 1922 Vec Makropulos (El caso Makropulos). Hieronymus Maropulos, uno de esos alquimistas que poblaban la corte rudolfina, prepara para el rey un poderoso elixir, una bebida que lo mantendrá en la inmortalidad por doscientos o trescientos años. El soberano, temeroso de un envenenamiento, quiere que sea la hija del destilador, una joven de dieciséis años, quien pruebe el bebedizo.
Trescientos años más tarde, a comienzos del siglo XX, Elena Marty, la hija del alquimista se ha convertido en una famosa cantante que ha tenido distintos nombres Elina Makropulos, Ellian MacGregor, Eugenia Móntez, Ekarerina Myskina o Elsa Müller -todas con las siglas E.M.-. Capek nos indica su belleza, una belleza "para volverse loco", pero advierte que es fría como el hielo o como un cuchillo, como si acabara de salir de una tumba. Aún así fascina con un magnetismo que atrae y envuelve a los hombres con los que se encuentra.
En su persistente juventud tiene algo que recuerda a una vieja rejuvenecida: es decadente, con los cabellos amarillentos de caspa, de arrugas estiradas artificialmente, exagerada en su maquillaje, con labios como de cera pintada. Algo inmaterial chirría en ella. Está cansada de la inmortalidad, agotada. La alegría de vivir surge de saber que la vida es breve; si se alarga demasiado produce disgusto, aburrimiento, hastío.


De esta obra, Leos Janacek compuso pocos años después una ópera homónima en tres actos que se desarrolla entre un bufete de abogados, un teatro y la habitación de hotel de la protagonista. Entroncada con la estética del suprarrealismo, se agolpan en escena objetos de la época -teléfonos, un coche-, inmensos anaqueles con expedientes y textos jurídicos. Janacek desarrolló un estilo musical con recuerdos de la música dodecafónica que, sin llegar a utilizar, dio al cromatismo un peso mayor para expresar la tensión y los extraños sucesos. La acción transcurre con rapidez, sin números cerrados -no hay arias, coros o dúos- y en un estilo que mezcla lo recitado con lo cantado. 
El enlace pertenece a la obertura de El caso Makropulos, en una producción del Festival de Ópera de Glyndebourne con la London Philarmonic bajo la dirección de Nikolaus Lehnhoff.


Convertida en una abarrotada marea de turistas, un reguero de visitantes, la Callejuela de Oro se casi levanta junto a la descomunal sombra del Castillo, el onmipresente Hradcany. En ella, tras la larga tradición de inquilinos con matraces a la búsqueda de la Piedra Filosofal, vivió unos meses Franz Kafka.


En El caso Makropulos, Janácek aumentó la fantasmagórica presencia de la Elena Marty, a quien la longevidad ha convertido en vacía, perversa, agresiva, una déspota. Refiriéndose al personaje escribió: "No sabéis lo terrible que es esto, la sensación del hombre de no tener fin. Una total infelicidad. No quiere nada, nada espera". Y más agregó: "Una belleza vieja de trescientos años -y eternamente joven-, pero con los sentimientos quemados. Fría como el hielo..."
Elena Marty acabará como un Golem, otro de los personajes de la mitología praguense. Una vida interminable agota y provoca un deseo de muerte; no hay que perturbar el orden de la existencia: se necesita la presencia de la muerta para que la podamos apreciar la belleza de la vida.

Boceto escenográfico de El caso Makopulos de Roudi Barth para la producción del Teatro Estatal de Wiesbaden de 1961
La escena final de Véc Makropulos nos desvela el secreto de la edad de Elena, la historia de su padres, si vida escondida en diversos países ocultándose con distintos nombres. El documento con el secreto del elixir lo dejó hace cien años en casa de su único y verdadero amor, padre de Gregor y ha venido a recuperarlo para alargar su vida. Más se ha dado cuenta de lo absurda que es y comienza a desistir. Entrega el documento a Krista quien lo arroja al fuego. Es el único modo de que Elena muera aliviada.
La última escena está interpretada por Nadja Michael como Emilia Marty en una producción de la Bayerische Staatsoper de 2014 con la dirección musical de Tomas Hanus.




Pero Praga atrae a quienes la visitan. Su dédalo de callejuelas, las piedras envejecidas, el astronómico reloj de la torre del Ayuntamiento de la Ciudad Vieja son como un imán para quienes visitan la ciudad y quedan irremediablemente prendados de ella. 

Tiene la ciudad un encanto como pocas en el mundo. Finalizamos este viaje a la capital checa con un último texto de Ripellino donde habla de las artes con que Praga atrae a quienes pasan por ella.







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20 oct. 2017

Rivalidades artísticas: Mozart y Salieri

"La rivalidad es una cosa buena para los mortales" es una afirmación que se atribuye al poeta griego Hesíodo. Si entendemos la rivalidad como la oposición o el enfrentamiento entre quienes aspiran a conseguir la misma cosa, es uno de los mecanismos básicos que tienen los seres vivos para adaptarse al entorno en el que viven y superar las dificultades que les plantea. Se trata de uno de los mecanismos que aparecen en la teoría de la selección de natural de Darwin como preservadora de las especies.
La rivalidad ha existido siempre en la vida, en primer lugar como modo de supervivencia ante dificultades del entorno. Es una de las características que favorecen el crecimiento y la mejora de los seres humanos, entendiendo esta rivalidad como motivo de superación personal, una reflexión sobre conductas, procesos o técnicas que nos hacen avanzar en nuestro desarrollo.
Hay incluso una serie de actividades, especialmente las deportivas, donde la rivalidad, llevada a un punto determinado, favorece el crecimiento, la superación y la competitividad, aunque en determinados momentos se llegue a desbordar esta faceta con extremismos violentos.
En la historia del arte y la cultura también ha existido rivalidad entre quienes participan de ella o sus seguidores. Escritores que defienden distintos estilos literarios, arquitectos que llevan las técnicas constructivas por distintos derroteros, compositores que defienden cómo desarrollar formas musicales según sus pensamientos, o pintores que preconizan con sus obras hacia dónde se deben encaminar los estilos, temas y técnicas según los momentos y épocas históricas.
Hasta nosotros han llegado rivalidades históricas entre artistas, cada cual defendiendo unas veces sus ideas, otras atacando las de otros. En esta entrada del blog comenzaremos a tratar algunas de las rivalidades artísticas que han pasado a formar parte de la historia de la cultura.
En esta ocasión te propongo un acercamiento a una de las rivalidades entre compositores que más ha dado que hablar en las últimas décadas. Una situación que se hizo popular a raíz de la película Amadeus, entre Mozart, uno de los más grandes compositores de la historia y Salieri, un músico que, hoy en día, el gran público lo recuerda única y exclusivamente por esta película. El texto que nos acompaña pertenece al poeta ruso Alexandr Pushkin.


Antonio Salieri nació en Legnano, Italia en 1750, se educó musicalmente en Venecia y desarrolló su vida artística Viena, donde falleció con setenta y cinco años. De familia pobre, su capacidad musical lo llevó a ocupar el cargo de Kapellmeister (Maestro de capilla) y director de orquesta de la ópera italiana en la corte vienesa de José II, fue discípulo de Gluck y seguidor de la reforma operística que éste inició y uno de los compositores más populares de su época. Una de sus óperas, L'Europa riconosciutta inauguró el Teatro Alla Scala de Milán. Dedicado por entero a la música, viajó por toda Europa donde compartió ideas y amistad con los músicos más importantes de su tiempo, escuchó las novedades musicales y las distintas innovaciones que se iban produciendo en el mundo de la música y desarrolló su influencia en la música de la corte vienesa. Fue discípulo de Metastasio y Haydn y dedicó parte de sus conocimientos a la enseñanza de la música con algunos alumnos entre los que se encuentran Beethoven, Schubert o Liszt, además de uno de los hijos de Mozart. Fue uno de los compositores más representados e influyentes de la Viena de finales del XVIII y comienzos del XIX. Su filosofía musical se refleja en el título de una de sus óperas: Prima la musica, poi le parole (Primero la música y luego las palabras).



Pero si Salieri ha pasado a la historia de la música entre el gran público no es por sus obras, sino por la historia, al parecer sin ningún fundamento, de haber envenenado a MozartEs una historia sobre la que se ha escrito mucho y de la que existen informaciones, algunas de las cuales están sin contrastar. 
Frente a la corta vida de Mozart, Salieri tuvo una larga existencia, pasando los últimos años de su vida en un hospital con una salud delicada, quedando ciego y con momentos de poca lucidez, de donde surge la idea de una autoacusación de envenenamiento del músico de Salzburgo.
Independientemente de que sea o no cierto, aunque no lo parece, la rivalidad de ambos autores estaba en el ambiente vienés. Leopold Mozart acusó al italiano de intrigar para evitar el éxito de la ópera de su hijo Las bodas de Fígaro, escribiendo que "Salieri y sus acólitos moverían cielo y tierra con tal de hacerlo caer". La ópera no triunfó en su estreno ni entre el público ni entre el propio emperador y su corte, pero lo cierto es que Salieri no estaba en esa época en Viena, sino en París, por lo que no tiene mucho crédito la acusación.
Pocos años después de la muerte de Salieri, el poeta ruso Alexandr Pushkin publicó un libro con varios dramas titulado Las pequeñas tragedias entre el que se encuentra un pequeño relato dramático en verso titulado Mozart y Salieri. Entre los papeles del escritor se encontró una nota escrita en 1832 que utilizó como idea de la que nació esta obra:
"Durante la primera representación de Don Giovanni, en el momento en que el teatro gozaba en silencio de las armonías de Mozart, se oyó un silbido. Todos se dieron vuelta con asombro e indignación y el famoso Salieri abandonó la sala, furioso, consumidos por los celos.
Salieri murió hace cosa de ocho años. Algunas revistas alemanas dijeron que en su lecho de muerte confesó un horrible crimen, el de haber envenenado al gran Mozart. Un envidioso capaz de silbar Don Giovanni, debía ser capaz de envenenar a su creador."
A partir de esta nota, Pushkin crea un drama en dos escenas con los dos personajes. La primera comienza con un monólogo de Salieri en el que rememora su esfuerzo y la dedicación de toda su vida a la música con toda su energía. Aparece en escena un Mozart frívolo e intrascendente en contraste con las ideas expuestas por Salieri, que se reafirma en sus razones contra él. La segunda escena  transcurre mientras ambos comen en el reservado de la taberna "El León de Oro". Mozart cuenta la misteriosa visita de un desconocido que le encargó la composición de un Requiem, que sabemos no pudo terminar por su fallecimiento. La imagen del desconocido lo intranquiliza y obsesiona al considerarlo un mensajero de la muerte. La conversación se dirige hacia Beaumarchais, el autor de la obra en la que se basa Las bodas de Fígaro. Mozart pregunta si es cierto el rumor de que envenenó a alguien, pero él mismo se responde que el francés es un genio como ellos dos y el genio siempre ha sido incompatible con el crimen. En ese momento, Salieri termina envenenando la copa de su invitado.
La obra de Pushkin plantea en pocas páginas varios temas de cierta trascendencia. En primer lugar la envidia que llega hasta la realización de un crimen. También aparece el problema de la creación en el arte contrastando el trabajo sistemático, incansable, casi artesanal pero que no alienta ni anima lo creado, frente a la inspiración genial, casi divina que da alma a la obra. En las vidas de los dos personajes se enfrentan también la tragedia de la muerte, la rápida de Mozart; la lenta, atormentada, muerte en vida de Salieri con sus remordimientos. 
A esta obra, Mozart y Salieri de Las pequeñas tragedias de Alexandr Pushkin pertenece el texto que sigue. Comienza con la parte final del monólogo con que comienza la primera escena de la obra y la entrada de Mozart hasta el final de la misma. 



 

De la obra de Pushkin, Nikolai Rimsky-Korsakov compuso una ópera utilizando el texto original del poeta como libreto en el que apenas realizó modificaciones. Surgió así una obra, Motsart i Salyeri que se estrenó en Moscú en 1899 con los cantantes Ertsov en el papel de Mozart y el gran bajo, uno de los más grandes del comienzo del siglo XX, Fiódor Shaliapin.
En esta obra, Rimsky-Korsakov adapta el idioma ruso y su fonética a los sonidos de la obra, con alguna licencia en el uso de temas musicales de Mozart. Salieri está retratado con una música antigua y meditabunda que surge como con dificultad, mientras que su oponente lo es con una música ágil, alegre, como tomándose a sí mismo con poca seriedad, lo que enfurece al primero.
Años más tarde Peter Shaffer se basó en estas dos obras para componer su obra teatral Amadeus, que llevó por distintos escenarios y elaboró el guión cinematográfico de la versión que Milos Forman dirigió en 1984 y que tanto éxito tuvo, haciendo aún más popular el nombre de Mozart y el tópico del genial creador que, casi sin trabajar, logra obras maestras de una rara perfección, mientras que dio a conocer el nombre de Salieri, que ha pasado a ser, injustamente, el paradigma de la envidia llevada al extremo del crimen.




Lo que ha llegado al imaginario colectivo es una relación históricamente falsa, dentro de una película que se califica como histórica en la que toda la trama se basa en hechos reales con una interpretación basada en el tema de la envidia. En realidad, el personaje conocido, respetado e influyente en aquella época era Salieri, mientras Mozart era un músico al que no se le daba la importancia que le damos ahora.
De la película Amadeus rescato una escena que describe el momento en que Salieri conoce a Mozart en una recepción del emperador y en la que se plantean los temas que hemos venido comentando a lo largo de este post de la envidia y la creación laboriosa o genial, junto con las relaciones en la corte junto al emperador. Las interpretaciones corresponden a F. Murray Abraham, que obtuvo el Oscar por el papel de Salieri y Tom Hulce como Mozart.


Para esta escena no tomaron un tema de Salieri, sino uno del propio Mozart que fue desfigurado en forma de marcha para aparecer, finalmente en todo su esplendor. Se trata del tema con que finaliza el primer acto de La nozze di Figaro (Las bodas de Fígaro), un tema juguetón e irónico, Non piu andrai farfalone amoroso (No irás más, mariposón amoroso), con el que Fígaro se burla, en un tono muy mozartiano del destino de Cherubino que ha sido enviado contra su voluntad al ejército por el Conde de Almaviva.





Si aún tienes unos minutos y, volviendo a la obra de Rimsky-Korsakov, en abril de 2017 se ha representado Mozart y Salieri dentro de la programación de la Fundación March. El siguiente enlace es un vídeo, una especie de making-off sobre la producción que se llevó a cabo para la ocasión.



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