30 ene. 2015

En el principio no existía el nombre, la llamaremos...

Damos por hecho todo aquello que está consolidado, lo que ha conseguido tener una forma concreta, aquello que sigue unas reglas que se han establecido a lo largo del tiempo y es aceptado tal como permanece. 
Pero el comienzo de todo arte, ciencia, deporte, programa o cualquier relación ha estado marcado por unos inicios que han tardado en afianzarse, a veces incluso no ha llegado a adoptar una forma definitiva o no ha sido aceptado.
En esta entrada traigo una mirada a los primeros, balbuceantes pasos de una de las artes más completas que aglutinan la música, el canto, la poesía, las artes plásticas y, en ocasiones incluso, la danza.



Siempre me ha llamado la atención que un género musical tan consolidado e importante como la ópera tenga precisamente ese nombre. Ópera significa literalmente, ya lo sabemos, obra. Qué poca preocupación por el nombre para un estilo musical que apareció como una forma de expresión estilizada y refinada a finales del siglo XVII.

Hace unos meses, en mi escucha impenitente de Radio Clásica de RNE, tuve un sorprendente encuentro oyendo una entrevista con la polifacética e interesante personalidad de Laia Falcón
La soprano, doctora en sociología y en comunicación audiovisual presentaba su libro La ópera. Voz, emoción y personaje. Una delicia para los amantes de este género musical. 

Para el texto de este post, no me resisto a compartir las palabras con las que evoca los preparativos de la primera representación que se llevó a cabo.



Después de varias experiencias a cargo de distintos autores, en 1607 Claudio Monteverdi estrenó la que está considerada como primera ópera, el primer drama musical de la historia, en colaboración con Alessandro Stringgio, autor del texto. Más completa que las obras que se hicieron hasta ese momento, presenta la mayor evolución del género. Monteverdi logró transmitir las emociones de los discursos de los actores cantantes a través del uso de las inflexiones de la voz, logrando alcanzar un lenguaje con una gran libertad armónica. La orquesta no sólo acompañaba a los cantantes, ya que también ayudaba a crear los ambientes de las distintas escenas.





La música no podía se otra que la que inicia la opera prima del género. Una versión de L'Orfeo, Fávola in música, de Claudio Monteverdi con Jordi Savall y Le Concert des Nations y la Capella Reial ofrecieron esta versión con evocaciones primigenias en el Teatre del Liceu de Barcelona en 2002. 


Si tienes tiempo y ganas, aquí puedes disfrutar la versión completa.


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23 ene. 2015

El invierno en Schubert y Chejov

En lo más profundo de cada invierno se esconde la promesa de una primavera, de la misma forma que a cada noche le sigue invariablemente un amanecer. 
En lo más crudo de este invierno te traigo dos imágenes. La primera, prácticamente es una postal descrita por el polifacético médico, narrador y dramaturgo ruso Anton Pávlovich Chejov

Para la segunda volvemos al Winterreise (Viaje de Invierno), el ciclo de lieder de Franz Peter Schubert sobre poemas de Wilhelm Müller. Seguimos con la interpretación del barítono alemán Dieter Fischer-Dieskau, acompañado al piano por Murray Perahia.


En el undécimo lied de la colección, Frühlingstraum (Sueño de primavera), el caminante está soñando con la primavera y el amor, pero el canto del gallo lo despierta bruscamente. Es incapaz de superar su decepción, y al volver a cerrar los ojos, el corazón le pregunta: ¿cuándo reverdecerán las hojas? ¿Cuándo sostendré de nuevo a mi amada entre los brazos? La música se divide en tres planos: el alegre sueño, el brutal despertar y el deseo de volver al sueño. Las tres partes se repiten con las tres estrofas de la segunda mitad. Sin embargo, al final se conserva la variante en oscuro tono menor, como indicación de la desesperanza del viajero. La última pregunta de la canción, es contestada negativamente por la música.



 

Si tienes tiempo y te apetece, una versión completa de Winterreise del mismo Dieter Fischer-Dieskau acompañado al piano por Alfred Brendel y con subtítulos en español.

18 ene. 2015

Perspectivas y sensaciones con Offenbach y Savattini

¿Las cosas suceden como las percibimos? ¿Cómo nos marca el azar? 
¿Y el transcurso del tiempo? ¿Siempre lo percibimos de la misma forma? 
¿Difieren nuestras sensaciones del momento del día, de nuestro estado de ánimo?
Esta entrada comienza con un texto de Cesare Savattini, uno de los más asiduos guionistas del neorrealismo italiano. Nos muestra una mueca de perplejidad con las que la vida nos puede sorprender a veces, aunque varíe el tono en que ocurre.


Jacques Offenbach fue el autor de la ópera Los cuentos de Hoffman, estrenada póstumamente en 1881. Una de las piezas más conocidas, sobre todo en su versión instrumental, es la famosa barcarola. La barcarola es una composición, originaria de los gondoleros venecianos, adaptada a obras musicales que representa un ritmo que imita el remar del gondolero, en un tiempo moderado, generalmente en compás de 6/8.
Comienza el acto. Venecia. El escenario representa una galería de fiestas en un palacio junto al Gran Canal. Al fondo, unas góndolas. Balaustrada, escaleras, columnas con lámparas, arañas lujosas, cojines, flores... Los invitados de Giullietta están agrupados en pie o tendidos sobre cojines. Se trata de un cuadro brillante y animado. 
Esta versión, magníficamente grabada en estudio, está interpretada por la genial soprano rusa Anna Netrebko, y la mezzo Elina Garança, dos de las grandes cantantes que están comenzando a triunfar en los escenarios operísticos de todo el mundo.




En este enlace, una versión de diciembre de 2011 con la soprano alemana Diana Damrau en los papeles de Olimpia, Giulietta, Antonia y Stella y el mexicano Rolando Villazón en el de Hoffmann. en la Ópera de Munich bajo la dirección de Constantinos Carydis
Si tienes tiempo y ganas, se trata de la versión íntegra.


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9 ene. 2015

El amor con Neruda y Verdi

No hay duda de que el amor es universal, un sentimiento que necesitamos desde que nacemos y en el que todos podemos reconocernos. Neruda y Verdi no podían ser menos. Los temas de sus obras están repletos de él en sus distintas vertientes. En esta entrada te propongo un acercamiento a ellos a través de la risa y el amor como inspiración que mueve al mundo.






El poeta chileno Pablo Neruda representa uno de los pilares de la poesía del siglo XX. Nacido como Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto eligió su nombre como homenaje al checo Jan Neruda, un escritor que retrató las calles y las gentes de su barrio praguense de Mala Strana en el que transcurrió toda su vida.
Galardonado con el Nobel de literatura en 1971, entre su obra podemos destacar Confieso que he vivido, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Estravagario, Odas elementales o Cántico general.
Publicó de forma anónima Los versos del capitán del que extraigo hoy Tu risa, uno de sus más conocidos poemas, que ha sido cantado por distintos intérpretes en multitud de versiones.



 ¿Quién no conoce La Traviata? Esta ópera de Giuseppe Verdi es sin duda la más representada en la historia de la música. Según Operabase, entre 2009 y 2014 fue la obra más representada en el mundo con cerca de 750 producciones y alrededor de 3.500 representaciones.



Tras el famoso brindis, una de las escenas más emblemáticas de la obra es el dúo del primer acto entre Alfredo y Violeta.
El tono orgulloso de Alfredo en el brindis se transforma en una línea melódica entrecortada al comienzo de este dúo, antes de su apasionado tema de amor, el verdadero centro emocional de toda la obra. La respuesta de Violeta es un canto superficial, de coloratura, que constrasta con el del tenor y muestra a ella con sentimientos distantes a los de él. Conforme avanza el dúo las líneas de las melodías de ambos se unen sellando el definitivo encuentro, aunque no la forma en que cada uno se toma esta relación.
Os dejo con dos versiones. La primera es un audio de esta versión histórica cantada en 1958 por María Callas y un debutante Alfredo Kraus en el Teatro Sao Carlos de Lisboa y del que hace pocos años se editó un disco, en mono, ni siquiera en estéreo, con el registro que se tomó en aquella ocasión.





La segunda versión, está tomada de la impresionante versión que se llevó a cabo en el Festival de Salzburgo de 2005 y por la que tengo una especial predilección. Fue interpretada en sus roles principales por Rolando Villazón y Anna Netrebko, dos de los grandes cantantes de la actualidad. Los momentos previos al dúo presentan todo el dramatismo y la predeterminación que imprimieron a esta versión.


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