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Sobre la biodiversidad

La diversidad supone enriquecimiento, variedad y pluralidad. Biológicamente supone abarcar un mayor número de especies, familias o variedades que poseen unas características comunes y otras propias. Socialmente supone disponer de una pluralidad de puntos de vista que aportan mayor enriquecimiento en el conocimiento de la realidad, sus problemas o la toma de decisiones. Farmacológicamente sirve para investigar y disponer de distintos y mayores recursos para la elaboración de medicamentos.
En un mundo cada vez más condicionado por nuestras actuaciones y decisiones nos encontramos con diversos problemas que afectan a la diversidad de la vida en nuestro planeta. La irrecuperable desaparición de distintas especies tanto animales como vegetales, el estado en peligro de extinción en que otras muchas se encuentran, el desarrollo de variedades vegetales o animales más productivos para la industria a costa de otras variedades endémicas que lo son menos, la globalización que lleva, en ocasiones de forma inconsciente, a especies exóticas invasoras que acaban con las nativas de un lugar son algunos de los problemas que van minando la diversidad de nuestro planeta.
A estos problemas podemos añadir los ocasionados por el cambio climático que provoca la desaparición de algunos ecosistemas, especialmente los humedales y los espacios naturales, en general.
Así, desde el año 2002 la Organización de las Naciones Unidas decidió celebrar cada 22 de mayo el Día Internacional de la Diversidad Biológica con la idea de crear conciencia de la importancia de la biodiversidad para los seres humanos y la necesidad de cuidarla y preservarla para las futuras generaciones. 
En esta publicación te invito a reflexionar sobre la biodiversidad y celebrar cada día el #DiadelaBiodiversidad con algunos textos y músicas. Nos acompañan obras de Homero, Wislawa Szymborska, Benedetti, Serrat, Mónica Fernández-Aceytuno y música de animales. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
 

El término biodiversidad fue acuñado hace relativamente poco tiempo gracias a un entusiasta científico apasionado por el estudio de las hormigas. El entomólogo Edward O. Wilson se refirió en 1980 a la biodiversidad como «»l conjunto de organismos que pueblan una zona y las relaciones que se establecen entre ellos y el medio que les rodea». Tras la declaración de las Naciones Unidas al comienzo del presente siglo, el año 2010 fue declarado Año Internacional de la Diversidad Biológica con el fin de fijar la atención sobre la pérdida continua de biodiversidad en todo el planeta.


Si pensamos en la biodiversidad no podemos dejar de lado la primera obra que nos acompaña. La unión entre poesía y música, entre dos creadores con una personalidad tan arrolladora como Mario Benedetti y Joan Manuel Serrat cristalizó en 1985 con el álbum El sur también existe. Entre los poemas a los que puso música el cantante catalán nos quedamos con De árbol a árbol, unos versos que nos llevan a reflexionar sobre la enorme diversidad de árboles, su arraigo en distintas culturas y la pregunta que los asocia con nosotros: ¿Los árboles serán acaso solidarios?


La interpretación, como no podía ser de otra manera pertenece al propio Joan Manuel Serrat.


Pese a que el concepto de diversidad biológica es reciente, los griegos de la antigüedad clásica se plantearon dos cuestiones que afectan profundamente a esta idea: en qué momento y de qué forma surgieron los seres vivos, sus variedades y cómo se relacionan entre ellos. Sin el método científico que utilizamos desde hace siglos, sin aparatos ni laboratorios, llegaron a crear una idea sobre la naturaleza gracias a su capacidad de observación, con la creación de fábulas mitológicas que se acercan más a nuestras ideas actuales que las teorías escolásticas que se prodigaron siglos después y las relegaron. La idea del continuo renovar de la naturaleza en un proceso de crecimiento constante y dinámico se alejan de esas teorías del medievo que consideran a la naturaleza como algo cerrado y estático.

Ricciardo Meacci, El jardín de las Hespérides
Siguiendo con la diversidad biológica vegetal nos remontamos a uno de los primeros textos que nos hablan de ella. Aparte del relato bíblico de la creación en la que nos podemos imaginar con todo detalle el inmenso vergel del Edén, uno de los textos más antiguo de nuestra civilización procede de los poemas épicos griegos. En La Odisea, Homero nos hace partícipes del viaje de Ulises hacia su Ítaca natal.
En el viaje de regreso tras la toma de la casi inexpugnable Troya Ulises, con la compañía y protección de Atenea recala en la isla de los feacios donde es recibido en la casa de Alcinoo, descendiente del propio Poseidón, un rey amable y hospitalario con extranjeros y náufragos. 
Allí Homero nos hace participar del asombro de Ulises por la belleza y generosidad de sus plantas y frutos, regalo de una naturaleza que comienza a ser dominada y utilizada por el hombre. 


Después de la creación del concepto de biodiversidad, se ha adecuado y afinado más en la definición del término. Así, para Gaston«biodiversidad es la variedad de todos los tipos y formas de vida, desde los genes a las especies a través de una amplia escala de ecosistemas». Esta definición supone la variedad de todos los organismos vivos en cualquier ecosistema, sea acuático o terrestre, además de incluir a toda la diversidad dentro de cada especie, entre las propias especies y las variedades que existen dentro de ellas.


Durante mucho tiempo en la historia de la música los compositores han utilizado en sus obras los sonidos de la naturaleza. Los sonidos del aire, el agua o las tormentas han servido como fuente de inspiración a estos autores, aunque con más frecuencia se ha recurrido al canto de las aves y los pájaros en particular, como en algunas publicaciones de este blog como Pájaros barrocos.
Cansados de que el arte imite a la naturaleza y con un innegable sentido de la creatividad y del humor, ShakeUn Music ha logrado que sea la naturaleza la que imite al arte, en esta ocasión a un genio como Wolfgang Amadeus Mozart y el dúo Pa-pa-pa-pa-Papagena de La flauta mágica. Pleno de sonidos de pájaros que nos muestran su biodiversidad y dado que estos animales no tienen estudios musicales, el autor ha debido realizar algunos cambios en las escalas musicales para adaptarse a los distintos tonos que con que estos pájaros interpretan la obra mozartiana en un vídeo titulado Bird Song Opera
Ya podemos decir que la naturaleza imita a Mozart.


La globalización no sólo hace referencias al mundo de la economía y del mercado, o al intercambio, trasvase e influencia que las diversas corrientes artísticas que conforman la cultura. La globalización determina, también, los grados de la biodiversidad con especies invasoras que llegan, con la colaboración intencionada o ignorante de los seres humanos, de un lugar a otro, desplazando a las especies endémicas hasta hacer desaparecer variedades y perder la riqueza que nos ofrece la biodiversidad.
Las especies invasoras poseen la capacidad de llegar a ser dominantes puesto que se dispersan desde el lugar en que se han introducido llegando a dominar a las especies y poblaciones autóctonas de forma que afectan negativamente tanto a los procesos que se producen en los ecosistemas como a los intereses económicos e incluso a la salud pública. Estas situaciones provocan por un lado el peligro de que se produzca una homogeneización ecológica en nuestro planeta, por otra parte, la habilidad que tienen las especies invasoras para causar extinciones y reducir la biodiversidad allá donde actúan.


Así, esta biodiversidad no entiende de fronteras, si acaso de ecosistemas. Los límites que los seres humanos ponemos a nuestras naciones o regiones no tienen sentido ante la vida que se desarrolla en ellos.
La polaca Wislawa Szymborska nos lo muestra en uno de su poemas. La Premio Nobel de Literatura de 1997 se planteó durante su viida una poesía que se acercara más a la realidad que a la lírica pura, creando unos poemas que son una suerte de reflexiones que se asemejan a tratados filosóficos, considerando que no hay más universo que el que podemos contemplar desde nuestra experiencia diaria, desde los acontecimientos más corrientes de nuestra vida. Ella misma llegó a afirmar que «no hay preguntas más apremiantes que las preguntas ingenuas».
Perteneciente a su poemario El gran número de 1976 y recogido en su obra Paisaje con grano de arena, Salmo nos muestra la diversidad y universalidad de la vida frente a la irracional división de las fronteras. Un pájaro que está entre uno y otro lado del límite, ¿a qué país pertenece? O a un virus que invade el planeta, ¿le podemos poner fronteras?


Con la celebración del Día de la Biodiversidad, la Organización de las Naciones Unidas pretende concienciar a personas, instituciones y estados para que la humanidad sea capaz de vivir en un mundo más sostenible, con un mayor grado de equidad y justicia y en el que la distribución de los recursos naturales pueda alcanzar al mayor número de personas posibles.
Supone aplicar de forma urgente medidas drásticas que contribuyan a proteger y conservar todos los ecosistemas además de la diversidad biológica que los conforman.


Después de comprobar que los pájaros pueden cantar la música de Mozart continuamos con una nueva demostración de que la naturaleza imita al arte. En esta ocasión se trata de danza con otro montaje de ShakeUp Music a partir del vals más famoso de todos los tiempos El bello Danubio azul estrenado por Johann Strauss II en 1866.
Algunos de los movimientos de los intérpretes, los gestos de los propios bailarines, ciertas vueltas acompasadas nos llevan al mundo del ballet con esta obra interpretada por aves. Para terminar, no podían faltar el saludo al público y el elenco de todos los intérpretes.
Lo dicho, la naturaleza imita al arte.


Desde que existe vida en la tierra, la extinción de especies y la pérdida de la diversidad biológica son un hecho natural y rutinario dentro de la escala de tiempo geológica. 
Sabemos que la mayoría de especies que han existido se han extinguido y que la duración media de una especie oscila entre los 2 y 10 millones de años, lo que nos indica que la biodiversidad nunca ha sido la misma. Así, desde que se formó la Tierra los seres vivos se han diversificado y adaptado a prácticamente todos los hábitats de nuestro planeta con periodos que han producido tanto proliferación de especies como de grandes crisis y extinciones. 
Aunque estas extinciones no son por sí mismas ni buenas ni malas, sí son un hecho natural. No obstante, la acción de los seres humanos ha producido una alteración significativa en estos procesos, fundamentalmente por dos razones primordiales: En primer lugar por la destrucción de hábitats y ecosistemas, en segundo lugar, por el aumento de la contaminación y la producción de deshechos contaminantes que acaban en la atmósfera, ríos y ecosistemas en general. 

Pájaro moscón y su nido
En una sociedad en la que nos encontramos tan alejados de lo natural frente a lo artificial e incluso lo virtual, nos resulta complejo acercarnos a la naturaleza y posicionarnos a favor de la biodiversidad.
Nuestro tiempo, además, circula a una velocidad que nos impide la observación pausada o la reflexión detenida. Zarandeado como vamos entre horarios diarios y semanales, responsabilidades y tareas cotidianas y una carga de estrés que nos sobrepasa con frecuencia hemos perdido el interés necesidad de la observación.
La bióloga Mónica Fernández-Aceytuno es una de las grandes divulgadoras de la naturaleza en nuestro país. Premio Nacional de Medio Ambiente en 2003, es columnista habitual en ABC y republica.com. Apasionada de la naturaleza y su conservación ha publicado libros como El viento en las hamacas (2004) o El país de los pájaros que duermen en el aire (2018).
En este último libro, Fernández-Aceytuno nos acerca a un recorrido por la geografía de nuestro país mostrándonos la enorme variedad y diversidad de la flora y la fauna que vive en él, dividiendo el libro en los diversos meses del año. El texto con el que nos despedimos, correspondiente al mes de marzo, es una invitación a desplegar la mirada atenta, la observación detenida, el cambio de ritmo al que estamos sometidos, para fijarnos en la flora y fauna que nos rodea.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

El (en)canto de las sirenas

Se atribuye a Heráclito la idea de que todo cambia y la frase, no textual, de que "no podemos bañarnos dos veces en el mismo río". Hay ideas y conceptos que han ido cambiando su esencia, su contenido o su aspecto externo con el devenir de los tiempos, con las concepciones que se han ido teniendo a lo largo de los distintos momentos.
Las sirenas se nos aparecen como uno de los primeros mitos de la cultura occidental, cuyo aspecto, significado e iconografía ha ido cambiando con el paso por las distintas culturas y civilizaciones. Te propongo un recorrido por algunas de sus apariciones en las distintas artes. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



De entre las músicas de Claude Debussy se encuentran algunas de las que mejor describen atmósferas sonoras y matices, aunque él siempre huía de clasificarlas como impresionistas, pese a que la siguiente obra esté basada en unos cuadros de ese estilo pictórico. En su Trois nocturnes: Nuages, Fêtes et Sirènes (Tres nocturnos: Nubes, Fiestas y Sirenas), el compositor francés que metió de lleno la música en la modernidad del siglo XX, compone  en una obra para violín solista, orquesta y coro atmósferas casi etéreas, como oídas desde la lejanía. El enlace no presenta una grabación en vídeo, sino una interpretación para disco de The Cleveland Orchestra dirigida por el gran Vladimir Ashkenazy.
Te propongo oír el tercero de los nocturnos, estas Sirenas, a las que no es necesario divisar, sino sentirlas en la lejanía, acompañando a esta lectura.


Su aparición en la Odisea, durante el viaje de regreso de Ulises a su Ítaca natal, las presenta como seres relacionados con el submundo del Hades y, como tales, atraían a los marineros para hacerlos naufragar contra los arrecifes, devorarlos y llevar sus almas al Averno
Contrariamente a lo que solemos conocer en sus representaciones iconográficas, eran seres híbridos con cabeza y torso de mujer y emplumado cuerpo de ave, cuya voz prodigiosa embelesaba a quienes las oían y se sentían irremediablemente atraídos, de forma literal, hacia los escollos donde se encontraban, identificados por algunos estudiosos como en algunos lugares como cercanos a las costas mediterráneas de Sorrento o Capri.

Vasija griega clásica  decorada con imagen de la Odisea y sirenas con su aspecto original

Homero narra en el Canto XII de su Odisea cómo Circe, la hechicera con quien Ulises convivió un tiempo, aquella que convertía a quienes deseaba en animales, viendo la irremediable partida de éste, lo advierte sobre el peligro que suponen para los navegantes.




También aparecen en la cultura griega clásica en otra de las obras que presentan uno de esos viajes al confín del mundo. En su viaje a la Cólquida en busca del Vellocino de Oro que se relata en Jasón y los argonautas, el navío de Argos se acerca a los escollos de las sirenas, donde la forma de conjurar el llamamiento imperioso del canto es con otro aún mejor. Orfeo, el mítico cantante, el único ser humano que ha podido regresar del Hades gracias a su prodigiosa voz, canta sobre el canto de las sirenas hasta hacer que los marineros sobrepasen los escollos. Sólo Butes se dejó seducir por el melodioso canto y se arrojó al agua, siendo recogido por sus acompañantes.


Ulises y las sirenas. John Waterhouse (1891). National Galerie of Victoria. Melbourne

En el relato de Homero, el más conocido de todos, Ulises sigue las instrucciones de Circe preparando su encuentro con las sirenas, que se desarrolla como se preveía, aunque con el protagonista al límite de caer en sus encantos.


En su erudito y ameno estudio Sirenas, seducciones y metamorfosis, Carlos García Gual traza un recorrido por el mundo cultural de las sirenas, sus apariciones en distintas historias y culturas, sus diversas formas, aunque siempre ligadas al juego de la seducción. Las sirenas atraen irremediablemente, pero no con engaños, ardides o fuerza, sino con la fuerza de su melo(dio)so canto.
A partir del medievo cambia la concepción y aspecto físico de las sirenas. Ya no poseen cabeza y torso de mujer con cuerpo de aves, sino que se amoldan al aspecto pisciforme con que las conocemos en la actualidad con una cola de pez en lugar de piernas, que siempre ocultan en el mar. Con sus voces seductoras, los largos cabellos (que en algunas iconografías aparecen con peines y espejos para cuidarlos ante la espera de nuevas víctimas), las sirenas engañan con sus cantos a cuantos navegan por sus escollos.



En lugares más alejados del mar con grandes corrientes de agua surgen, como si de sirenas de agua dulce se tratara, las ondinas y nereidas. Con su mismo aspecto, viven en los ríos del continente, aunque pasaron a representar un cierto grado de seducción, como sutiles cortesanas a la caza de hombres adinerados o jóvenes ingenuos, seduciendo más por su belleza y placer sensual que por su bello canto. A esta línea pertenece el texto del escritor centroamericano Augusto Monterrosso



Richard Wagner inicia El oro del Rhin, la primera de las óperas de su Tetralogía El anillo de los Nibelungos, bajo el fondo rocoso del Rhin, leve e irregularmente iluminado por la luz del amanecer. Allí nadan y se recrean entre las ondas las Hijas del Rhin, Woglinde, Wellgunde y Flosshilde. Del mundo subterráneo surge Alberich, el rey de los nibelungos, un enano repulsivo y deforme que trata de seducirlas. Ellas se burlan de él, provocándolo hasta enfurecerlo, ya que no puede desenvolverse por el agua como ellas. Un fugaz rayo de sol atraviesa las aguas dejado ver los destellos del oro que vigilan las ondinas. A la pregunta del nibelungo, las ninfas le revelan que el oro reposa en su lecho natural y que sólo quien reniegue del amor y forje con él un anillo, se convertirá con su poder en el dueño del mundo. En esta escena, Wagner hace jugar a las Hijas del Rhin con su poder de seducción sobre el nibelungo.
El enlace pertenece a un montaje de La Fura dels Baus que se representó en el Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia en 2007, con Silvia Vázquez, Ann-Katrin Naidu Hannah Ester Minutillo como las Hijas del Rhin y Franz-Josef Kapellmann en el rol de Alberich.



García Gual apunta en su prolífico estudio la nueva transformación que el mito de las sirenas sufre en el período romántico, una metamorfosis que, como suele acontecer, las adapta a las circunstancias estilísticas de esta corriente artística.




El siglo XX vio el nacimiento de una de las más conocidas de las ninfas, aún bajo el signo del romanticismo. En marzo de 1901, Antonín Dvorák estrenaba su ópera Rusalka con un libreto de Jaroslav Kvapil que se inspiraba en la mitología eslava, cuentos checos del siglo XIX y, de modo especial, en La sirenita de Hans Christian Andersen, la más recurrida de las fuentes que conocemos y se utilizan en la actualidad.
En Rusalka, Dvorák alterna la presencia de seres humanos con los procedentes del mundo de las profundidades acuáticas, en una ópera que narra la historia de una ninfa de los arroyos y manantiales, una rusalka como se denomina en checo que, cuando se enamora de un príncipe humano, termina encontrando su perdición.
De toda la ópera el fragmento más conocido es Mêsíčku na nebi hlubokém (La Canción de la Luna) en la que la rusalka pide al astro que le cuente al príncipe su amor por él.
La versión de La canción de la Luna está interpretada por la soprano letona Kristine Opolais en una representación de la Bayerische Staatsoper de Munich grabada en 2012 bajo la dirección musical de Tomás Hanus


Si esta entrada peca de un excesivo tono androcéntrico, nada mejor que desprendernos de él con el texto de Marco Deveni con el que finalizamos.



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Páginas web interesantes:

  • https://mitosyleyendascr.com/mitologia-griega/las-sirenas/ 
  • https://elpais.com/cultura/2014/07/24/actualidad/1406184846_835813.html 

#ViajedeOtoño: Cada regreso es una odisea

La última parte de cada viaje supone el regreso al punto de partida. Tanto si viajar nos hace adentrarnos en la cultura y la vida del lugar visitado, como si nos mueven los tópicos de esa ciudad o país, o si lo consideramos como un lugar distinto al que vivimos, más o menos exótico e interesante, siempre llega el momento agridulce del regreso.


Aunque los medios de transporte actuales, tan fugaces y rápidos, aceleran la vuelta y nos ahorran la sensación de la lenta y fatigosa vuelta al hogar, cada regreso, a su manera, es una odisea, una vuelta a la realidad que nos hace agarrarnos más o menos a la ciudad en que hemos estado. A veces la olvidamos pronto y nos centramos con rapidez en nuestra rutina, otras veces la memoria y la impresión son tan grandes, que quedan marcados en nuestra vida y, de alguna forma, inciden en ella. No se trata sólo de recuerdos en determinados momentos, sino en una cierta necesidad que nos imponemos de volver, una añoranza de ese lugar.



Para terminar este ciclo de Viaje de otoño, nos acompaña la figura del primer gran viajero que apareció en la historia de la literatura a través de las peripecias que tuvo que superar para regresar a su hogar, Ulises.

La voz con tonos épicos del mismo Homero nos lo narra en su Canto I de La Odisea, donde nos muestra desde el comienzo los trabajos que debió pasar hasta regresar al hogar donde lo esperaba la perseverante Penélope. El texto seleccionado corresponde al inicio de la obra, el primer poema épico de la literatura occidental.




Claudio Monteverdi, a quien tuvimos en este blog con los sonidos iniciales del género con la entrada En el principio no existía el nombre, lo llamaremos Ópera, más de tres décadas después de L'Orfeo, Favola in música, nos trae en su segunda ópera al destructor de Troya en Il ritorno d'Ulisse in Patria (El retorno de Ulises a su patria).



En el II acto, los pretendientes, cada vez más osados y groseros quieren obligar a Penélope a dar el consentimiento a alguno de ellos antes del regreso de Ulises. En esta situación, Monteverdi acude a su VIII libro de madrigales para tomar su canción para ocho voces Ardo, avvampo, mi struggo e incluirla en la trama.
La escena está tomada de la grabación cinematográfica de El retorno de Ulises, con Trudeliese Schmidt en el silente rol de Penélope. Se trata de una versión con puesta en escena de Jean-Pierre Ponnelle de 1978 en la que fugazmente podemos ver en la dirección al entonces joven NiKolaus Harnoncourt.


Te dejo las entradas dedicadas a #ViajedeOtoño si tienes la idea de hace el recorrido seguido o has saltado algunas de las etapas:
Aún hoy, cada madrugada, Praga 
En busca de América 
Viena, las ciudades dentro de la ciudad 
Japón, una mariposa en el paisaje  
Nos mueven los tópicos, Sevilla 
Manual para viajeros (imposibilitados)
¿Con cuál te quedas?

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