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De arácnidos, arañas y telas

Tenemos la facultad de poder sentir y emocionarnos ante las maravillas que nos rodean, sean naturales o creaciones de los seres humanos. Contemplar un amanecer o una puesta de sol, admirar un paisaje en plena naturaleza o la vida y el movimiento de cualquier animal o planta pueden producirnos tanta emoción como adentrarnos en la lectura de un libro, escuchar una música que nos atraiga o pasear por entre las calles y los monumentos de una ciudad.
Abrir nuestros sentidos a cuanto nos rodea es una forma de sentir que estamos vivos, abiertos a la contemplación de lo conocido y lo desconocido, lo novedoso y lo habitual, observando con nuevos ojos cuanto miramos sin ver. Caminando o circulando por nuestro lugar de residencia en nuestros desplazamientos habituales hacia el lugar de trabajo, el mercado o donde vayamos, la rutina nos hace perder esa mirada, dejar de apreciar cuanto nos rodea: las personas con las que nos cruzamos, los cambios que se producen en las plantas que encontramos en nuestro camino, los animales que viven en nuestro entorno y no advertimos, los detalles de los edificios que nos rodean... 
No podemos perder la capacidad de sentir admiración.
Los seres vivos que nos acompañan en nuestro transitar por la vida pueden atraernos con su aspecto, su desarrollo y crecimiento, sus costumbres o la afinidad con que los percibamos, de la misma manera que otros pueden producirnos el efecto y las sensaciones contrarias. 
Entre estos últimos podemos encontrar algunos tipos de animales como algunos carnívoros y determinados reptiles, algunos insectos o las arañas.
Te propongo un paseo, totalmente inocuo e inofensivo, alrededor de las arañas, con su mitológico origen y algunos textos y músicas que nos hablan de ellos. Estaremos en la compañía de Tolkein, Ovidio, Gippius, Rossini y Giménez. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Las arañas, esos inquietantes invertebrados artrópodos, pertenecen al tipo de animales que despiertan en nosotros cierta aversión mezclada con un hálito de fascinación por sus complejas telas. Así, desde los inofensivos y hogareños arácnidos que molestan más por la sensación de abandono que sugiere la presencia de sus construcciones en nuestras casas, hasta los más ponzoñosos ejemplares, pasando por aquellos que nos muestran diseños delicados y elegantes, las arañas comparten con nosotros un rincón de nuestras vidas.

Como todo tiene su inicio y en muchas ocasiones este es legendario, no hay más que hurgar en la literatura clásica de la que bebe nuestra cultura para encontrar una de estas historias que entroncan la existencia de las arañas con las deidades del Olimpo griego y su tamiz romano.
Publio Ovidio Nasón nos ha dejado algunos de los escritos más interesantes de la literatura latina con obras como Ars Amatoria (El arte de amar), Las Metamorfosis, Heroidas (Las heroínas) o sus obras desde el destierro Tristias (Tristes) y Epistulae ex Ponto (Cartas del Ponto o Pónticas), de cuyas obras primera y últimas de las citadas tratamos en este blog en El amor en tiempos de Roma: Ovidio y Catulo y Elegía desde el destierro: De Ovidio a Siberia.
Editado antes de su destierro por parte de Augusto, Ovidio escribió, posiblemente antes del año 9 de nuestra era la que posiblemente es su obra capital Metamorphoseon (Las metamorfosis), un escrito que se divulgó sin su consentimiento y autorización cuando marchó a su lejana condena. 
Considerada por algunos estudiosos como la más prolífica obra de la antigüedad y una de las mayores fuentes de inspiración de los escritores y artistas en general, Las metamorfosis beben de las fuentes griegas, esencialmente de los poetas cíclicos que recogían las leyendas y poemas épicos que quedaron fuera de la Ilíada y la Odisea, además de los hesíodas que se centraron en determinar las cronologías de los dioses y los héroes, precedentes de los logógrafos que se propusieron dar vida a los poemas didácticos.
Dividida en quince libros, Las metamorfosis es un libro singular, una suerte de poema épico formado por la selección de leyendas que Ovidio realizó a partir de lo maravilloso y lo extraordinario, a partir de nuevas historias que se basaban en otras anteriores con cambios en los nombres o en la introducción de nuevos aspectos de la narración.
El Libro VI de Las metamorfosis de Ovidio se inicia con la historia de Aracne de Meonia, la más hábil tejedora de lana, a quien Palas Atenea, hija de Poseidón y la ninfa Tritonis reta a tejer una urdimbre mejor que la suya, cuyas consecuencias generará la estirpe de los arácnidos. 


Diego Velázquez da Silva. La fábula de Aracne o Las Hilanderas. Museo del Prado


Cazadoras incansables, las arañas poseen escasa capacidad de visión que compensan con la creación de vastas extensiones de tejido con la finalidad de cazar sus presas. Construidas con un tipo de seda producido a partir de proteínas en unos órganos denominados hileras, las arañas son muy sensibles al tacto y a las vibraciones, por lo que son capaces de distinguir las diversas vibraciones que hacen mover sus telas, diferenciando si se trata de una presa, otra araña o, simplemente, el movimiento del aire. De esta singular manera las arañas son capaces de orientarse a través de las frecuencias de los movimientos que se producen en su telas.

La fábula de Aracne de Velázquez (detalle) con el lienzo El rapto de Europa de Rubens
Esto ha servido para que un equipo de científicos del MIT (Massachusetts Institute of Technololy) a cargo de Markus Buehler se haya unido con el artista Tomás Sarraceno para crear una experiencia musical interactiva al convertir los nodos, estructuras de las telas y las densidades de los hijos en notas que sonaban asociadas a sus vibraciones. El resultado es esta Spider web sonification que el propio Buehler publica en su página de YouTube.


Esa sensación que perciben muchas personas sobre las arañas y que les impulsan a alejarse de ellas, huyendo de su presencia viene determinada por el conocimiento de que algunas de sus especies son venenosas y sus picaduras pueden llegar incluso a causar la muerte, además del hecho de envolver a sus víctimas hasta el momento de su muerte para luego ser devoradas.
Estas sensaciones mezcladas con su capacidad para tejer las trampas con que cazar su presas ha hecho que en la cultura popular las arañas tengan un lugar destacado. Desde ser utilizadas como símbolo de la paciencia por esa capacidad de creación y espera a sus víctimas, hasta ser señaladas como ejemplos de la maldad por su veneno y la muerte que causa en sus presas, señalando a este líquido que inocula como símbolo de la maldición. Paralelamente, las arañas figuran en muchas culturas, como hemos podido comprobar en la fábula de Aracne, como inspiradora y origen de labores como el hilado, el tejido e incluso la cestería.
Desde sus historias en los antiguos Egipto o Grecia pasando por el genial tamiz de Ovidio, su presencia en el cómic y el cine como Peter Parker que se convierte en Spiderman, el dios embustero Anansi del folclore africano, J. K. Rowling también utilizó a un personaje antagonista, la araña Aragog en Harry Potter y la Cámara de los secretos.

Louise Bourgeois, Spider. Tate Modern Gallery, Londres (1994) 

Nacido en Sudáfrica, John Ronald Reuel Tolkien es conocido por todos nosotros por ser el creador de universos ficticios con sus obras El señor de los anillos o El hobbit, entre otras varias.
Educado en el Exeter College de Inglaterra y la Universidad de Oxford, Tolkien se dedicó a la enseñanza de las lenguas en el Pembroke College y más adelante en la Universidad de Merton mientras escribía esos relatos con que logró el beneplácito del público y la crítica.
Una anécdota de su infancia en Sudáfrica refiere que, cuando apenas comenzaba a caminar fue picado por una tarántula en el jardín de su casa, pese a que el mismo autor admitió en algunas ocasiones no tener ningún recuerdo del incidente ni ningún tipo de miedo o fobia hacia las arañas.
De hecho, en varios de sus libros, como El hobbit, El Silmarillion y El señor de los anillos utiliza a las arañas como personajes a los que se deben enfrentar los protagonistas, en la primera de ellas de modo más ligero y desenfadado, en la segunda como Ungoliant, la primera de las arañas gigantes, y en la última de forma más oscura y siniestra, aunque en ninguna de ellas sea el veneno el peligro que representen estos personajes.
En El señor de los anillos, Tolkien crea el personaje de Ella-Laraña, un ser que vive en una oscura cueva y al que los protagonistas son llevados por Golum, creando un espacio inquietante en el que es el fulgor de sus ojos compuestos el que utiliza para paralizar a sus víctimas en lugar del veneno.


Compuesta por Gerónimo Giménez con libreto de Julián Romero, La tempranica es una zarzuela en un acto con tres cuadros que se estrenó en 1900 con un considerable éxito de público y crítica, aunque se la considera una obra breve y simple en su argumento.
De esta zarzuela nos ha quedado un número que se ha emancipado de esta obra, apareciendo en recitales como pieza para el lucimiento de intérpretes solistas y, en numerosas ocasiones, como propina al final de un concierto o recital. Se trata de La tarántula e un bicho mu malo, un zapateado que interpreta Gabrié, el hermano de Maria la Tempranica, un personaje interpretado en los escenarios por una tiple cómica, aunque fuera de ellos lo haya sido por grandes voces tanto de nuestro país como de otras intérpretes. Qué mejor que un zapateado para librarse de las tarántulas.


En el enlace que nos acompaña es la gran Montserrat Caballé quien interpreta, con todo el gracejo y la pronunciación que indica el autor, La tarántula e un bicho mu malo al final de un recital que realizó en con la Sofia Phillharmonic dirigida por José Collado en la capital búlgara en 2000.


Poeta rusa, Zinaída Gippius (1869-1945) es una de las figuras clave del simbolismo ruso y la denominada Edad de Plata de la literatura de su país. Casada con el escritor Konstantin Merezhkovsky, sus salones acogían animadas tertulias hasta que al finalizar la Revolución Rusa se exilió en París hasta su muerte. La «Musa del cambio de siglo», como se la llamaba, fue una escritora prolífica cuyos versos reflejan la eterna batalla que todos entablamos para encontrar nuestro lugar, así como las incertidumbres con que nos encontramos en nuestra existencia. En las novelas Hombres nuevos, El fantoche del diablo o El zarevich Roman, Gippius deja ver su maestría con las letras, mientras una abundante colección de artículos se recogieron en Rostros vivos. Su gran valor, la poesía, se sitúa entre lo rutinario de lo cotidiano y el misterio del más allá con poemas recogidos en Poemas como rezos, Recopilación de Versos y Recopilación de versos, libro II.
Nos acerca a la visión entre la experiencia entre las cuatro paredes y un delirio controlado sobre las arañas en su poema del mismo nombre.

Nos despedimos de este paseo entre arácnidos con una música popular típica del sur de Italia, la tarantella, un baile de origen napolitano con un movimiento muy vivo, como el zapateado de La tempranica, y acompañado de canto. Pese a que, posiblemente, su nombre derive de la ciudad de Tarento en la Apulia, se tiene la creencia de que durante la Edad Media se pensaba en aquella zona de la península italiana que bailar la tarantella, imitando el movimiento de espantar una trarántula, curaba su mordedura al expulsar el veneno por el movimiento y la sudoración. Sea o no cierto, la cultura popular asocia este baile a este tipo de situaciones.


Compuesta por Gioacchino Rossini en 1835, La Danza es una tarantella napolitana incluida en Les soirées musicales, esas composiciones que incluyó en sus veladas una vez retirado de la composición, a partir de un texto del conde Carlo Pepoli, aunque sin relación directa con ningún tipo de tarántula o arácnido.
La interpretación de La danza, la tarantella napolitana de Rossini corresponde al tenor mexicano Rolando Villazón acompañado por la Radio-Sinfonieorchester Stuttgart dirigidos por el colombiano Andrés Orozco-Estrada.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Publio Ovidio Nasón. Las metamorfosis. Traducción de Fernando Anonio Navarro y Antolín Ramírez de Verger. Alianza Editorial, 2015.
  • Tolkien, J. R. R. El señor de los anillos. Traducción de Rubén Luís Masera y Matilde Doménech Horne. Editorial Booket, 2016.
  • Gippius, Zinaida. Poemas como rezos. Traducción de Natalia Litvinova. Ril Editores, 2018.

Elegía desde el destierro, de Ovidio a Siberia

Durante mucho tiempo, uno de los castigos más duros que se aplicaban a quienes cometían algún tipo de delito, especialmente cuando estaba relacionado con las ideas de quienes ostentaban el poder, era la pena del destierro. 
Pese a que esta pena estaba regulada en algunos lugares de forma estricta, no era infrecuente enviar a una persona al destierro como forma de eliminar a quien podía poner en duda el poder establecido.
Muchos creadores o pensadores han padecido diversos tipos de penas por su actividad creativa, sus opiniones o determinadas infracciones a la lie, siendo la más frecuente la cárcel como en los casos de Fray Luis de León, Quevedoo Cervantes entre los casos de nuestra cultura.
A comienzos de nuestra, uno de los escritores más sobresalientes del Imperio Romano, Ovidio, fue desterrado por el emperador Octavio Augusto. En esta publicación trataremos sobre su condena, las causas y cómo afectó a su obra y su vida, acompañándola con la música de una ópera que trata de una historia sobre los trabajos forzados en el destierro de Siberia. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Estatua de Ovidio en Constanza

Autor entre otras obras de Las metamorfosis, Publio Ovidio Nasón nos visitó en este blog en la publicación El amor en tiempos de Roma: Ovidio y Catulo. Allí pudimos apreciar el valor de su poesía y conocer su obra más controvertida, Ars Amatoria (El arte de amar), un libro que se centraba en propuestas que chocaban con las costumbres y usos de este tema de la sociedad romana en tiempos de Augusto.
Precisamente esta obra fue la que sirvió de detonante para el momento más trascendente y definitivo de su vida y una muestra del tipo de poder que se estaba generando en el inicio del imperio romano.
En el año 8 de nuestra era, cuando contaba con cincuenta y dos años, una edad avanzada en la época, Ovidio recibió una drástica condena dictada por el emperador Augusto: Debía abandonar inmediatamente Roma y marchar al destierro en Tomos, una zona que se corresponde actualmente con Constanza, en la ribera rumana del Mar Negro. Se trataba de una  condena estricta y dura, ya que le obligaba a abandonar su patria y sus seres queridos, además de sus posesiones y establecerse en un territorio en los límites del imperio, un recóndito lugar en el frío país de los getas y los sármatas, unos bárbaros ajenos en sus costumbres, idioma y forma de vida a la que el poeta estaba acostumbrado en el epicentro del imperio.
La condena fue más dura por inesperada, ya que surgió tras un proceso secreto en la que no participó el Senado ni juez alguno y del que sólo se conoce la intervención personal de Octavio Augusto y la sentencia condenatoria. Ovidio hubo de agradecer más tarde, buscando el perdón imperial, que no fuera ni una condena a muerte ni un destierro en sentido estricto, sino una Relegatio, una condena en la que no perdía sus derechos o su ciudadanía ni el poder ser agasajado en el lugar de relegación, además de poder ser enterrado en Roma al fallecer. Lo más duro fue lo repentino e inesperado de la condena y el lugar de relegación.
Así, Ovidio, que se encontraba en la isla de Elba hubo de partir para Roma, despedirse de su familia y partir al día siguiente en un viaje que le llevaría, en pleno invierno, por los mares Adriático, Jónico y Negro hasta su lugar de destino.


En esta suerte de destierro, Ovidio escribió dos libros de poemas con los que prácticamente creó un nuevo género literario, la elegía epistolar. El primero de ellos, Tristia (Tristes) está dividido en cinco libros que tratan sobre su marcha de Roma y la llegada a su destino en Tomos. El segundo es un escrito a favor de su poesía y su persona dirigido a Augusto reconociendo su culpa y suplicando indulgencia, además de otros poemas dedicados a su esposa, a sus amigos. Los restantes libros están dedicado a los amigos que no lo han abandonado y que luchan por restablecer su nombre y devolverlo a Roma, a su esposa y diversos temas relacionados con el clima y su situación entre los bárbaros getas.
Tristia comienza con una singular personificación: Ovidio pide al libro que vaya por él a la ciudad de Roma ya que él no puede hacerlo. Trata de su color o el aspecto externo, que han de ser discretos y no le importa que esté cubierto de borrones que evoquen sus lágrimas. Alude en este mensaje a su suerte que le hace seguir con vida evocando el favor de un dios, Augusto, al que sólo le resta pedir clemencia. También le pide al libro que no hable de aquello que no viene a cuento, su Ars Amatoria, para no recordar su delito, recordando que aquella obra ya pagó su castigo; le advierte que encontrará a algunos de los amigos que lo aprecian y se emocionarán, además de recordar que la poesía surge de lo que él carece, de un alma tranquila y serena.


Este tema del destierro con trabajos forzados fue llevado a la ópera por Umberto Giordano en Siberia, una obra basada en Desde la casa de los muertos de Dostoievski y con un libreto de Luigi Illica, habitual letrista de Puccini, que lo rechazó alegando que no se sentía con ánimo de afrontar un argumento ruso. De esta forma, el libreto llegó a Giordano que estrenó la ópera en 1903 en el Teatro Alla Scala de Milán con un gran elenco, pero sin mucho éxito. Más adelante comenzaría a cosechar gran éxito desde su paso por Génova, París o Estados Unidos, siendo, al parecer, la ópera más querida por el autor y estando en la actualidad apenas representada, pese a poseer un argumento bien compensado en el que la dureza y sordidez del argumento alterna con momentos más leves y ligeros, estar la partitura cargada de la profundidad que requiere el tema, salpicada de temas de origen ruso y una pasión amorosa entre los protagonistas que amalgama, enriquece y sublima toda la historia.


Escrita en tres actos, el segundo de ellos, titulado La amante, comienza en la frontera entre Rusia y Siberia, en la posta de Omsk donde aparecerán algunos campesinos y lugareños que se cruzarán con los condenados al destierro siberiano. Giordano nos sitúa con toda su maestría compositiva en este ambiente desolado, gélido y despiadado en el Interludio del Acto II.
La Orchestra Sinfonica Nazionale della RAI di Milano bajo la dirección de Daniele Belardinelli nos ofrece este inquietante interludio en una grabación de 2013 para el sello discográfico Naxos of America.


En Tristias y Epistulae ex Ponto (Pónticas), Ovidio escribe sobre su destierro en las esteparias e insalubres tierras del Ponto. En un tono en el que se cruzan el género epistolar con el elegíaco, el escritor romano no deja de servirse del único arma que posee, la poesía a la que tanto debe por la fama que le creó y por el mal que le causó. 
Poco se sabe sobre las causas de su destierro, aunque quienes han estudiado su vida y obra entienden que el tema y contenido de su Ars Amatoria fue una parte del motivo que lo generó. Hay autores que entienden que la condena fue una medida adoptada por Augusto a un delito cometido por el poeta, ya que no hubo ningún proceso oficial. El propio Ovidio los conocía, al parecer, pero nunca lo llegó a dejar por escrito, siendo siempre enigmática cada vez que aludía al hecho, pensando en que le sería imposible obtener un perdón en el caso de ser más explícito. Según él, los motivos de su condena fueron "Carmen et error" (un poema y una equivocación), quedando meridianamente claro que el poema era su Arte de amar, que Augusto, restaurador de la moralidad pública en Roma, no podía dejar pasar por alto debido a que la consideraba una obra que defendía el adulterio y la obscenidad y negaba los valores morales que defendían su leyes y normas sobre el matrimonio.
Hay estudiosos que entienden que esa obra literaria no fue la verdadera razón de la condena y que habría que buscar un error o equivocación cometido sin intencionalidad alguna del que el escritor se lamenta en algunas ocasiones, aunque manifiesta que "ese otro motivo debía permanecer en silencio, por cuanto su revelación volvía a ofender al Emperador", aunque en Roma debía ser un secreto conocido por todos. 


Posiblemente la elegía más famosa de cuantas forman parte de Tristia es aquella que describe la última noche pasada en Roma junto a los suyos antes de partir al destierro. Escrita con una mezcla de lirismo y dramatismo, evoca de forma patética su recuerdo de aquel momento y, aunque no era la primera ocasión en que trataba en un poema sobre el tema de la despedida, en esta ocasión lo vivía y sufría en su propia vida, en una traumática vivencia personal en la que él es el protagonista, mientras el resto de personajes hacen el papel que los coros representan en las tragedias escenificadas.


Estudiante en los conservatorios de Nápoles MilánUmberto Giordano figura entre los compositores de la ópera verista que surgió en Italia a finales del XIX junto a compositores como MascagniLeoncavallo Puccini, quienes llevaron a la música escénica el naturalismo literario de Zola Ibsen.
Entre sus obras podemos destacar Mala Vita, con la que comenzó su andadura y, sobre todo dos obras que lo catapultaron al éxito internacional, Andrea Chénier, sobre el malhadado poeta de la Revolución francesa y Fedora, también de ambiente ruso.
Continuando con el Acto II, denominado La amante por el compositor, una vez finalizado el interludio, aparece un grupo de campesinos y mujeres con niños que se acercan a presenciar el paso de los prisioneros, algunos de los cuales son familiares. 
A lo lejos, en la ruta transiberiana, se oye un canto lejano que les produce la esperada agitación. Poco a poco el canto se percibe más cercano, hasta que entra en escena la columna de condenados a trabajos forzados, que entona a coro Malori! Dolori! (¡Enfermedades! ¡Dolores!), un desgarrado canto que describe ls situación en que se encuentran desde su llegada.
Una vez finalizado el coro, en un rápido diálogo, Giordano nos muestra la dureza y crueldad a la que son sometidos con la llegada del correo. 


De nuevo es la Orchestra Sinfonica Nazionale con el Coro della RAI di Milano bajo la dirección de Daniele Belardinelli nos ofrece este inquietante interludio en una grabación de 2013 para Naxos of America en una versión de audio.


¿Cuál pudo haber sido ese error que llevó a Publio Ovidio Nasón al destierro? 
En Tristia, Ovidio se refiere a una falta que no llega a ser delito, un hecho debido más a su ingenuidad que a una acción consciente, llegando a manifestar en algún verso que su equivocación había sido presenciar algo que no debía y que ofendió al propio Augusto. De estas palabras han surgido diversas teorías que tratan de explicar qué fue lo que presenció el poeta que le acarreó tan gran infortunio. Algunas de las causas que se han esgrimido son:
-El poeta habría visto desnuda, sin pretenderlo, a Livia, esposa de Augusto, mientras se bañaba en su piscina, o habría entrado en un recinto en que se celebraba una ceremonia a Isis reservada a mujeres, donde pudo contemplarla en idéntica situación.
-Se habría presentado ante el Emperador mientras estaba en un ataque de ira al ser informado del desastre de Varo y lo había ridiculizado en algunos versos que circularon de forma clandestina.
-Había descubierto accidentalmente una situación incestuosa entre el Augusto y su hija Julia.
-Había sido testigo o favorecido el adulterio de esta hija Julia o la nieta del mismo nombre de Augusto.
-Otras ideas aluden a conspiraciones para devolver el derecho de sucesión a un nieto del Emperador, la asistencia a una sesión de adivinación prohibida, aunque en estas teorías no se evidencia la falta de intencionalidad.
El caso es que desconocemos la equivocación que provocó la ira de Augusto y que llevó al confín del imperio al poeta.

Vista de la estatua de Ovidio frente al museo de Constanza

En el Libro III de Tristias, Ovidio envía una epístola a su esposa después de meses de destierro. El texto, escrito posiblemente en el invierno entre el año 9 y 10, está transcrito por un servus litteratus (esclavo letrado) que lo acompañó al destierro, al dictado del poeta enfermo. Se trata, como en muchos de estos textos, de una elegía en la que alude a su propia muerte, una suerte de testamento de un desterrado que anhela su regreso a su añorada Roma, aunque sea ya fallecido. El recuerdo, la enfermedad que lo tiene postrado en el lecho y de la que se recuperaría, el destino de sus restos mortales o su epitafio transitan por esta epístola de Ovidio.


Volviendo a Siberia, el argumento muestra la historia del nihilista Vassili, condenado a trabajos forzados y a quien su amada Stephana seguirá a la desolada región hasta encontrar la muerte, llegando a alcanzar el auténtico sentido y destino de una heroína trágica.
Terminamos este paseo con regreso sobre el destierro con un aria perteneciente de nuevo al Acto II de Siberia.
Tras la llegada del grupo de presos, entre los que se encuentra un agotado Vassili, un grupo de mujeres y niños los esperan por el camino para despedirse de ellos. Stephana, que ha dejado todo para unirse a él y a su destino se acerca a él, que trata de convencerla para que regrese. En este ambiente, le describe la terrible situación en su aria Orride steppe (Estepas horribles).


De nuevo la Orchestra Sinfonica Nazionale della RAI di Milano con la dirección de Daniele Belardinelli nos ofrece este aria Orride steppe con la interpretación del tenor Amedeo Zambon.
Podemos sentirnos afortunados al terminar de leer y encontrarnos de nuevo en nuestro hogar.
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Bibliografía y webgrafía consultadas:

El Amor en tiempos de Roma: Ovidio y Catulo

Si hay alguien entre el público que no conozca el arte de amar, que lea esta obra y, cuando se haya documentado leyéndola, que ame. 
Ovidio

Pocos temas han sido tan abordados en la literatura, la música o en cualquier tipo de arte como el amor. Las relaciones amorosas, sus deseos, sus anhelos, su búsqueda, su correspondencia o no, forman parte de la naturaleza humana y, por ende, de los temas recurrentes en nuestras manifestaciones artísticas y vitales.
A lo largo del tiempo el tema ha ido manteniendo una constancia en algunos aspectos fundamentales, mientras otros han ido cambiando según la mirada que la propia época ha ido adoptando según los pensamientos dominantes. 
Así, hay obras que mantienen ese hilo conductor constante sobre el tema amoroso y que lo centran en la poesía elegíaca, este tipo dentro de la poesía lírica que se centra en el tema de la lamentación. También hay obras que entran en conflicto con la moral y los usos de su época al tratar temas controvertidos en su momento y en la sociedad en la que se presentan. Si a estos elementos añadimos la creación de una obra basada en alguno de estos textos llevándolos a evocar la musicalidad de los tiempos en que fueron compuestos los poemas, nos encontramos con una oportunidad para comprobar si tienen aún algo que decirnos en nuestro tiempo.
Te propongo una mirada literaria y musical sobre el tema del amor en el imperio romano con dos autores esenciales, Ovidio y Catulo en la que podemos observar la actualidad de algunos de sus textos y su adaptación musical por Carl Orff en los Catulli Carmina. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Nacido en el 43 a. de C. en Sulmona, una localidad situada a algo más de cien kilómetros de Roma, Publio Ovidio Nasón procedía de una familia acomodada que, por su origen, lo predestinaba a la actividad política. Así, en plena juventud fue enviado con su hermano, un año mayor, a Roma a realizar estudios de retórica, destacando aquel en el aspecto jurídico, mientras él desarrollaba el gusto por lo poético.
Siguiendo la costumbre de las familias adineradas, inició con un amigo, el poeta Macro, un viaje que lo llevó a Oriente para completar sus estudios, permaneciendo durante un tiempo en Grecia, especialmente en Atenas y posteriormente en Sicilia, donde entró en contacto con los pensamientos filosóficos, además de realizar recitales de poesía.
Cuando contaba con veinte años murió su hermano, haciendo que sintiera que había perdido una parte de sí mismo.
Tras iniciarse en la política como Triunvir capitalis, cuya labor consistía en inspeccionar las prisiones y asegurarse de que se cumplían las sentencias dictadas, abandonó para dedicarse a su pasión poética.
Así, Ovidio entró en el grupo de Mésala Corvino que estaba integrado por poetas y literatos como Macro, cultivando la amistad de escritores como Propercio, Pónico y Baso, leyó a Horacio y Catulo y tuvo un fugaz conocimiento personal de Virgilio.
Nos acercamos hoy a uno de sus libros, Ars Amatoria, también conocida como Ars Amandi (El arte de amar) una de sus obras más emblemáticas y más controvertidas en su época que la acarreó no pocos problemas. 
Su inicio deja claras las ideas y las intenciones del autor.

Si hay alguien entre el público que no conozca el arte de amar, que lea esta obra y, cuando se haya documentado leyéndola, que ame. Por medio del arte se mueven las rápidas barcas a vela y a remo, por medio del arte también los ligeros carros, y por medio del arte ha de ser gobernado el Amor. Automedonte tenía las cualidades idóneas para conducir carros y sujetar las flexibles riendas; Tifís era el timonel de la nave Hemonia; pero a mí Venus me puso ante los ojos de todos como maestro en el arte del tierno Amor: dirán de mí que soy el Tifís y el Automedonte de Amor.

Dividido en tres libros, Ars Amatoria recoge una serie de consejos, advertencias y recomendaciones sobre las relaciones amorosas. En el Libro I, Ovidio muestra dónde encontrar y cómo comenzar una relación, mientras que en Libro II explica cómo actuar para mantener esa relación amorosa. El Libro III lo dedica a estas relaciones con consejos y razonamientos dedicados a las mujeres.
Acostumbrados a unas relaciones amorosas o eróticas en que los derechos de matrimonios concertados o la existencia de personas de rango inferior propiciaban las relaciones, el primero de los textos que nos acompañan tratan de un tema que se nos antoja elemental por principio, la amabilidad en el trato.

Perteneciente también al Libro II, el siguiente texto recoge unos consejos de índole elemental, apropiados para cualquiera de las actividades que realicemos, sean o no amorosas. Afortunadamente -el tono ya lo indica- el propio Apolo fue quien descendió para aconsejar al poeta sobre esta particular advertencia.



Conocido sobre todo por su obra Carmina Burana (pronúnciese Cármina) basada en poemas goliardos medievales, Carl Orff continuó esta obra hasta completar un tríptico musical añadiendo los Catulli Carmina y finalizando con Il Trionfo di Afrodite (El triunfo de Afrodita).
Tras el éxito que obtuvo Orff con los Carmina Burana en 1937, varios teatros propusieron al compositor que añadiera una segunda parte a esta composición, ya que con ella no se llegaba a completar una velada musical debido a su corta duración. Así, tras varios proyectos que no llegaron a tomar vida, Orff se basó en poemas del escritor romano Catulo para componer su Catulli Carmina, Ludi Scaenici (Canciones de Catulo, Escenas lúdicas), un poeta cuyas obras corales siempre le habían llamado la atención.
La obra fue tomando forma ente 1941 y 1943 en una composición que bebe de las fuentes con que Stravinsky había revolucionado el mundo musical de principios del XX.
Con una orquesta formada por cuatro pianos, cuatro timbales y percusión más un coro y solitas, Orff crea una obra que recupera el estilo del coro griego, en el que este permanece siempre en escena, siendo por momentos espectador o protagonista, interviniendo, asistiendo al desarrollo o comentando los poemas.
Los personajes de Catulo, su amada Lesbia, su amigo Caelus, las meretrices Ipsitilla y Ammiana y los distintos coros de amantes, meretrices, jóvenes y ancianos participan en una acción en la que la repetición de frases, los ritmos sincopados, la fuerza de la percusión, una melodía que se adapta a patrones rítmicos, los diálogos que se mueven entre el recitativo y el canto y los coros a capella nos evocan el mundo romano en que fueron escritos los poemas por Catulo.


Catulli Carmina comienza con Praelusio, una introducción a modo de preludio en el que muchachos y muchachas están inmersos en el juego amoroso, finalizando este inicio con el comentario jocoso de los ancianos y la invitación a que presencien, oigan y vean los poemas de Catulo que vendrán a continuación.
El enlace nos presenta una versión con el texto en latín y castellano en la que podemos apreciar la fuerza del ritmo hipnótico que posee la obra de Carl Orff con música extraída del álbum Orff: Carmina Burana, Catulli Carmina, Trionfo di Afrodite del sello checo Supraphon. interpretado por la Orquesta Sinfónica Checa y sus coros bajo la dirección de Václac Smetáček. 


Ovidio Nasón comenzó publicando dentro del estilo de la poesía elegíaca, ese género que se basa en la lamentación de la pérdida amorosa, aunque también de cualquier tipo: la vida, la salud o la esperanza. 
En su primera obra, Amores, presenta sus vivencias sentimentales y amorosas, unas reales, otras literarias alrededor de Corina, su amada ideal, un personaje que será precursor de la propia Lesbia de CatuloBeatriz de Dante, Laura de Petrarca o Elisa de Garcilaso de la Vega. En esta opera prima, Ovidio presenta una sucesión de narraciones procedentes de la mitología que configura un delicado mosaico de historias.
De toda su producción Las Metamorfosis es su obra más conocida y la que, durante siglos, ha sido modelo y fuente de inspiración para escritores y todo tipo de artistas, siendo quizás la obra literaria más estimada de la antigüedad. Se trata de una colección de más de doscientos relatos mitológicos independientes y de distinta extensión relacionados con el título, los cambios de forma, y centrándose en el análisis de los sentimientos y los conflictos del alma que este transformación genera en los protagonistas.
Ars Amarotia, otra de sus grandes obras y la que nos ocupa en esta ocasión, es una suerte de manual sobre los usos y goces del amor en el que el poeta alecciona tanto a hombres como mujeres en el arte de la seducción y en cómo mantener el amor que ya se ha alcanzado, escrita con un lenguaje y tono elegantes, con un buen gusto que puede considerarse frívolo en determinados momentos y que, quizás chocara más en la visión que tenían los lectores de su época que en la actualidad. En su obra supo combinar la expresión del sentimiento amoroso con un objetivo puramente didáctico. Aún así, Ars Amatoria fue la causa de los conflictos entre Ovidio y Augusto con las consecuencias que acarreó posteriormente al escritor.
Continuando con el Libro II de esta obra, Ovidio nos hace caer en la cuenta de que quien busca el amor debe hacerse a la idea de contar con dificultades, no ya de los hados o del propio destino, sino de la persona por la que siente ese amor.


Ya en el Libro III, el que dedica a aconsejar a las mujeres, Ovidio reflexiona sobre el cuidado que deben estas tener con lo que él denomina los hombres presumidos.
 

También perteneciente al Libro III, un simple y llano consejo es aplicable no sólo a las mujeres, sino a todos. De la misma forma, hoy en día, muchos de los poemas de esta obra tienen sentido tanto si los aplicamos de forma indistinta a uno u otro género.


Orff basó su segunda parte del tríptico Trionfo en los poemas de Cayo Valerio Catulo, un poeta nacido en Verona alrededor del año 85 a. de C., procedente también de una familia aristócrata y cuyo padre tuvo una relación política como aliado de Julio César, una circunstancia que despreció el poeta.
Muy joven se trasladó a Roma donde formó arte de los Neoteroi, un grupo de jóvenes poetas que imitaban los modelos griegos y del que él mismo es el único autor del que nos han llegado sus obras.
De lo poco que se sabe de su vida, se conoce el hecho de que quedó enamorado de una mujer a la que alude en sus poemas como Lesbia, un amor que comenzó con una ardiente pasión, pero que ella truncó al romper el contacto con el poeta. Según los poemas en que Catulo se alegra y se lamenta de su amada, es posible que hubiera varias reconciliaciones entre ambos. 
Así, Cayo Valerio Catulo se presenta ante todos como el iniciador de la elegía amorosa en latín, un tipo de poemas alejado de héroes y mitos, que basó su obra en la métrica del dístico elegíaco con un hexámetro y un pentámetro y la inclusión de diversos temas entre los que destacan sus experiencias personales, algunas reales, otras literarias, de modo especial en sus Poemas a Lesbia.


Una vez finalizado el Praelusio, el Acto I de Catulli Carmina se inicia con Odi et amo (Odio y amo), un tema interpretado por el coro, mientras Catulo se encuentra meditando en escena. 

Odi et amo, quare id faciam,
fortasse requiris.
Nescio,
sed fieri sentio et excrucior.
(Odio y amo, tal vez preguntes
por qué lo hago.
No lo sé, pero siento
que soy torturado y transformado.)

El coro de jóvenes de Viena, Jugendchor in Wien dirigido por Christoph Wigelbeyer interpreta Odi et amo del Acto I de Catulli Carmina en una grabación realizada en enero de 2015.


Si la obra de Ovidio fue controvertida en su época fue por algunas ideas que chocaban con algunas costumbres y usos romanos. La sexualidad y el erotismo no tenían el sentido que poseen en la actualidad como relación de equilibrio recíproco entre personas, por lo que algunas ideas expuestas por el poeta necesariamente se enfrentaban a la moralidad imperante en la época.
Los matrimonios convencionales cerrados por acuerdos entre familias con hombres maduros y mujeres jóvenes; las relaciones extraconyugales más o menos permitidas por la ley, pero consentidas por la sociedad; la existencia de personas sin derechos, los esclavos, que se encontraban bajo el dominio y para el placer de amos y señores marcaban una sexualidad en las que el afecto y el verdadero amor no estaba presente de forma habitual.
Ovidio manifiesta su modernidad y su actualidad sobrepasando los límites de los valores morales y las normas de su época. Así, en su Libro III del Ars Amatoria, Ovidio expone dos ideas que suponen un enfrentamiento con estas convenciones. Por una parte, lanza una declaración de principios sobre su gusto por las mujeres maduras y expertas frente a las jóvenes y la búsqueda del placer de la otra persona.


En este Libro III dedicado a las mujeres en el Ars Amatoria, Ovidio utiliza también sus artes oratorias para aconsejar sobre la importancia de mostrar el buen carácter, unas indicaciones que, también en esta ocasión, sirven por igual a cualesquiera de quienes lo lean con agrado y sentido.


Muniqués de nacimiento en 1895, Orff vivió en una época controvertida y en un país, la Alemania de Hitler que hubo de tener consecuencias en su vida. Carmina Burana se estrenó con gran éxito durante el período nazi, mientras el compositor seguía, de alguna manera, los dictados del poder. Pero, al parecer, pertenecía al movimiento de resistencia Die Weisse Rose (La Rosa Blanca), lo que hizo que, tras la guerra, le fuera permitido continuar componiendo por las potencias vencedoras. Aún así, su valor no sólo procede de su producción musical con estas obras principalmente, sino de su innegable capacidad pedagógica, fundando en 1924 la Escuela Günther para gimnasia, música y danza, donde estuvo impartiendo clases hasta el final de su vida y donde desarrolló un apreciado método musical que es conocido como Orff Schulwerk (Método Orff). 

Catulli Carmina se divide en doce escenas que muestran la misma deslumbrante vitalidad que aparece en Carmina Burana, uniendo a ambas obras la actitud ante la vida y el poder desafiante e irrevocable del destino.
Una vez finalizado Odi et amo, el Acto I continúa y concluye con Vivamus mia Lesbia atque amemus (Vivamos, Lesbia mía y amémonos) en que el protagonista inicia las estrofas en un recitativo arioso que continúan los coros, repitiendo algunas de las estrofas y con la intervención de Lesbia y Caelo.

El enlace pertenece al recital de Grado en Licenciatura de Música sobre Dirección de la Universidad de Antioquia (Colombia) con la dirección de Ana Milena Bustamante, celebrado en la citada universidad en diciembre de 2019 con el tenor Stefano Echeverri como Catulo y la soprano Sonia Mesa en el rol de Lesbia.


Ars Amatoria supuso un castigo que podríamos calificar como cruel para el autor al ser uno de los motivos que causó sus desavenencias con Augusto y su destierro. Publicado aproximadamente entre los años 2 a. de C. y 2 de nuestra era, algunas copias fueron pasando de mano en mano por las bibliotecas privadas y públicas. 
Estando en la isla de Elba en el año 9 d. de C., contando ya con cincuenta y dos años de edad, recibió una orden de Augusto por la que se le desterraba a Tomis, un lugar en la costa del Mar Negro, una tierra expuesta a las continuas correrías de los bárbaros de aquella zona fronteriza.
Ovidio no quiso contar las causas de su destierro, aunque sí dice que fueron dos los delitos que lo llevaron a esa situación: uno de ellos, sus poemas, dando a entender que se trataba de su Ars Amatoria. Del otro, no quiso contar en qué consistió y ha generado la investigación y formulación de diversas hipótesis. Pero esa es otra historia y tendrá su oportunidad en otro momento. 
En algunas ocasiones Ovidio se lamenta de haber publicado el libro cuyas copias fueron retiradas de la circulación por orden del emperador casi ocho años después de su publicación, lo que hace suponer que no fue esta la causa principal del destierro, sino un pretexto para el castigo, escribiendo el propio poeta: "También nosotros, hace tiempo ya, cometimos un error al escribir esa obra: una culpa que no es reciente se hace acreedora de una pena reciente".
Pese a las circunstancias que determinaron el final de su vida en el destierro, Ars Amatoria y Las Metamorfosis son las obras que han hecho que Publio Ovidio Nasón sea recordado hoy.

Perteneciente también al Libro III de su Ars Amatoria, otro de los consejos de este maestro en el arte del Amor se centra en cómo pueden actuar las mujeres -recordemos la reciprocidad y utilidad de estos consejos para cualquier genero- en caso de necesidad para mantener la relación amorosa.


Entre los muchos consejos e indicaciones que este enviado de Amor que es Ovidio ofrece en su Arte de Amar, el que sigue nos acerca a la conveniencia de cultivar nuestra predisposición y sensibilidad en algunas artes como el cantar y tocar instrumentos musicales evocando así el arte de Orfeo.


Seguidor en los primeros años de Richard Strauss y Claude Debussy, la obra de Stravinsky marcó los Catulli Carmina de Orff, no desde la nueva incursión del compositor ruso en el neoclacicismo en que estaba ya inmerso y que era seguido por otros compositores, sino en obras del tipo La Consagración de la Primavera y, sobre todo, Las bodas, en las que los personajes no abandonaban la escena y las músicas y ritmos eran reflejos obtenidos de los modelos de las antiguas tradiciones.
Los versos de dos escritores nacidos hace más de dos milenios y una música que nace de ellos en el siglo XX nos muestran la relación de estas obras con nuestros días. 
Cayo Valerio Catulo falleció con apenas treinta años después de habernos dejado escritas sus obras dentro de la poesía elegíaca.
Carl Orff murió con ochenta y seis años después de vivir periodos convulsos que le hicieron transitar por el Imperio Alemán, la República de Weimar, la Alemania Nazi y la Alemania Occidental.
Publio Ovidio Nasón falleció con más de sesenta años y tras una década de exilio en la zona del Mar Negro en la actual Rumanía. En 2018 la ciudad de Roma revocó su condena al exilio. Habían transcurrido más de dos mil años.


Catulli Carmina concluye con un Exodium (Final) breve, escrito por el propio compositor que se basa en el Eis Aiona del Prealusio y que cierra el círculo de la obra con esa evocación que, en muchas obras, nos acerca a los comienzos.

Muchachos y muchachas: Eis aiona! Eis aiona! Tui sum! (Para siempre. Tuyo soy)
Ancianos. Oi me! (¡Basta ya!)
Muchachas y muchachos. Eis aiona! Ascendite faces! Io! (Para siempre. !Levandad las caras! Io)

El enlace con el Exodium de Catulli Carmina está interpretado por el Coro Polifónico de Córdoba (Argentina) con la dirección de Gustavo Maldino.


A vosotros, que habéis seguido paciente y fielmente las indicaciones que Publio Ovidio Nasón expone en su tratado sobre el amor, no olvidéis sus últimos versos.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Publio Ovidio Nasón. Ars Amatoria. Editorial Hiperión. Traducción de Juan Manuel Rodríguez Tobar. 1999
  • Cayo Valerio Catulo. Poesía completa. Penguin Clásicos. Traducción de Ramón Irigoyen Larrea. 2019