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Todo comenzó con un sueño

La inspiración y la creatividad no tienen límites. Muchas obras de arte de todo tipo han surgido inspiradas por multitud de motivos: Un suceso o un acontecimiento histórico, un viaje, la naturaleza, experiencias propias o ajenas e incluso la contemplación de una obra de arte, pueden servir como fuentes de inspiración para la creación de nuevas obras.
A esta inspiración le suele seguir un trabajo arduo y duro que desarrolla esa idea inicial, basado en el conocimiento de técnicas o métodos relacionados con la disciplina artística de la que se trate. Sin ese trabajo y ese conocimiento del oficio es difícil desarrollar las obras o, al menos, realizarlas siguiendo unas pautas para su desarrollo. Otro tema es romper esas guías establecidas para abrir nuevos caminos a la creación.
Quizás los sueños sean una de las más antiguas manifestaciones relacionadas con la literatura. La realidad nos ofrece diversos puntos de vista, pero los sueños nos acercan de una forma más visceral y enigmática, asociada a nuestro subconsciente, a nuestros sentimientos, miedos y deseos.
En su prólogo a Libro de sueños, Jorge Luis Borges asocia y relaciona los sueños con la noche y, en cierto modo, la creación con el día. De la penumbra de la oscuridad asciende la obra a la luz del día. «El arte de la noche ha ido penetrando en el arte del día».
Podemos afirmar que son cientos las obras que han sido inspiradas por un sueño a lo largo del tiempo. Bien porque quien las creó simplemente las soñó; bien porque su subconsciente las fue madurando hasta hacerlas aflorar, o bien porque un trauma, una emergencia o una necesidad creativa las hizo salir a la luz a través de un sueño.
En esta publicación nos centraremos en algunas obras que surgieron gracias a un sueño que tuvieron sus autores. No nos centraremos en las obras en sí mismas, sino en cómo los propios autores o quienes los conocieron hablaron de las manera en las que surgieron en un sueño que les sirvió de inspiración.
Te propongo acercarte a algunas de las muchas obras que surgieron gracias a un sueño. Nos acompañan obras de Robert L. Stevenson, Coleridge, Mary Shelley, Stravinsky y Héctor Berlioz. Si te gusta...¡Comparte comenta, sugiere!


«La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando» es una frase que se atribuye a Picasso. Todo ese trabajo posterior al momento en que se tiene una idea es fundamental, pero en esta publicación nos centraremos en ese momento en que se produce la inspiración dictada por un sueño.
Publicada en 1886, The strange case of Dr. Jekyll and Mr, Hyde (El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde) fue el libro de Robert Louis Stevenson con el que consiguió alcanzar el éxito entre el público general, tras sus primeros triunfos obtenidos entre el público más joven varios años antes con La isla del tesoro.
Durante gran parte de su vida Stevenson estuvo interesado en temas relacionados con el subconsciente y con la dualidad o la existencia de dos caracteres diferentes dentro de una misma personalidad. Según su esposa, fue un artículo que leyó en una revista francesa lo que le había impresionado por aquella fecha y sirvió de motivación para buscar el tema para su novela. El sueño sirvió como desencadenante.




En El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, con traducción y prólogo de Juan Antonio Molina Foix, éste dedica parte del mismo a relatar cómo fue el sueño y el trabajo posterior a partir de palabras del propio escritor, su esposa Fanny y algunos allegados.
La pesadilla de la que lo despertó ésta, el escrito que realizó de forma inmediata, su destrucción, así como la nueva redacción que realizó más adelante son narrados en el prólogo de esta edición.


La obra que sirvió para consagrar la figura de Igor Stravinsky como uno de los grandes transgresores y genios musicales del siglo XX fue La sacré du printemps (La consagración de la primavera), una obra que supuso uno de los grandes escándalos de la música de comienzos del pasado siglo en su estreno en París el 29 de mayo de 1913.
Cuando se estrenó La Consagración Stravinsky ya había triunfado en el mundo occidental gracias a los Ballets Rusos de Serguéi Diágilev con obras como El pájaro de fuego o Petrushka.
Este ballet surgió también de un sueño al que el compositor ruso supo darle la entidad a partir de sus ideas y la utilización totalmente transgresora de aspectos como el ritmo, la melodía y su superposición en armonías que se apartan de las tonalidades clásicas utilizadas hasta entonces y una orquestación totalmente inusual. 
En el artículo Stravinsky y Carpentier: «La consagración de la primavera», Paco Tovar analiza las obras homónimas de ambos autores, centrándonos en el extracto que nos acompaña en el sueño que originó la obra musical durante la estancia de Stravinsky en San Petersburgo, la búsqueda de la complicidad del polifacético pintor Nikolái Roerich -quien sería el autor de los decorados para el estreno del ballet-, además de centrarnos en el sacrificio de la segunda parte de la obra que comienza con el baile de las muchachas con las indicaciones de tempo que se incluyen en la partitura.


La consagración de la primavera se divide en dos partes: En la primera, titulada Adoración de la tierra, Stravinsky presenta tras la introducción con el fagot en falsete y las melodías que se entretejen a modo de vegetación en una disonancia cada vez más acentuada, la danza de las adolescentes (Augurios primaverales) a la que siguen el juego del rapto, las rondas primaverales, el juego entre las tribus rivales y el cortejo del sabio, para finalizar con la adoración y la danza de la tierra.


Es en la segunda parte, El sacrificio, donde tuvo el sueño Stravinsky. Tras una introducción se suceden diversas secciones: los círculos misteriosos de las adolescentes, la glorificación de la elegida, una evocación a los antepasados, para llegar al clímax con la acción ritual de los antepasados y la danza sagrada que baila la elegida hasta la extenuación en un rito tan ancestral como salvaje.
El enlace nos muestra una recreación de la coreografía original de Nijinsky que se estrenó en mayo de 1913 en el Théâtre des Champs Elysées realizada por el Joffrey Ballet.


Muchas son las obras que han sido inspiradas por un sueño como Los mitos de Cthulhu de H. P. Lovecraft, el cuento Ragnarök de Borges que incluye en su recopilación de relatos Libro de sueños, Casa tomada de Cortázar o algunas obras de Edgar Allan Poe como Un sueño dentro de un sueño o El país de los sueños.
Mucho menos conocido que Stevenson, una de las obras de Samuel Taylor Coleridge también participa de su nacimiento dentro de un sueño.
Coleridge (1772-1834), uno de las voces más intensas y breves del primer romanticismo inglés, muestra en su obra las tensiones éticas y filosóficas del finales del XVIII.


Autor de poemas cargados de una musicalidad particular, entre sus obras destaca Lyrical Balads (Baladas líricas) entre las que se encuentra su poema más representativo, Balada del viejo marinero.
Kubla Khan es un poema inconcluso comenzado en 1798 a raíz de un sueño y que se ambienta en un oriente lejano cargado de ritos mágicos y el palacio de Xanadu del emperador de China.
El propio Coleridge lo narra, con un lenguaje enrevesado que no muestra en ocasiones si habla de sí mismo o de una tercera persona lo vívido e intenso que fue el sueño y las consecuencias que le produjeron al despertarse y ponerse a trabajar.


Hay un momento en el sueño, especialmente cuando este es intenso y vívido en que se diluye la sensación de si se está ante un sueño o la realidad. 
Estos términos los reflejó con una imagen casi filosófica y muy especial el filósofo taoísta Chuang Tzu en el siglo V antes de nuestra era.


Esos sueños o ensoñaciones vienen también reflejados en obras musicales como la Sinfonía fantástica de Héctor Berlioz.
Subtitulada Episodio de la vida de un artista (Op.14), la Sinfonía fantástica está considerada la primera obra de música programática cuyos cinco movimientos -algo inusual en la época, ya que solían tener cuatro- tienen títulos explícitamente descriptivos: Sueños y pasiones, Un baile, Escena en el campo, Marcha al suplicio y Sueño de una noche de aquelarre.
La sinfonía se estrenó en el Conservatorio de París en diciembre de 1830 con una orquesta contratada por el propio autor. Para su composición se basó en las obras literarias de Chateaubriand, especialmente en René, una obra autobiográfica que describe a un artista enamorado como el propio Berlioz. También se basó en su historia personal con la actriz inglesa Harriet Smithson de quien se había enamorado de forma compulsiva en un amor no correspondido.


Aunque no se trata estrictamente de una obra basada en un sueño, el juego en el que el protagonista sueña con su enamorada y cómo este amor se va transformando con el paso del tiempo hasta concluir en un aquelarre en la noche de San Juan participa de esta mirada a los sueños como fuentes de inspiración que nos acompañan en esta publicación.
El texto que viene a continuación está extraído de la página web de la Orquesta Filarmónica de Los Ángeles (LA Phil) y recoge, en un primer momento, las palabras con que el propio compositor se refiere al propósito de su obra y, en un segundo momento describe el momento en que el protagonista sueña en el último movimiento (Sueño de una noche o sábado de aquelarre con brujas) en cómo su apasionado y romántico amor se ha ido transformando hasta encontrarse en la situación en que se haya.
 

La interpretación de este quinto y último movimiento de la Sinfonía Fantástica de Berlioz es una versión que podemos considerar histórica con un ya maduro pero siempre eficaz Leonard Bernstein dirigiendo a la Orchestre National de France en una grabación en directo que se realizó en París en 1976.


El último de los sueños inspiradores que nos acompaña es quizás el más famoso y conocido de todos.
Frankenstein o el moderno Prometeo marcó un hito y un nuevo rumbo dentro del relato de terror y la ciencia ficción, además de crear un personaje y un mito reconocible en la cultura occidental. Escrita como un reto entre un grupo de amigos en la casa Villa Diodati en Suiza de la que tratamos en 1816, el año sin verano. Allí, con la compañía de su pareja Percy Shelley, con quien se había fugado, Lord Byron y el médico de este, Polidori, Mary Shelley contribuyó más que nadie a su parte del reto, con tan solo 18 años la que sería su obra más conocida.
En este caso es la propia autora la que escribió en el prólogo de la edición de 1831 la génesis de su aterrador relato.



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Bibliografía y webgrafía consultadas:

De turistas y viajeros

Los viajeros ven lo que quieren ver. Los turistas ven lo que han venido a ver.
G. K. Chesterton

Viajar nos acerca a nuestras raíces nómadas, a aquellos tiempos que se remontan al comienzo de la humanidad, una condición que hizo que los seres humanos evolucionáramos hasta llegar a ser lo que somos y como somos en la actualidad.
El viaje, y todo lo que supone, forma parte de nuestra forma de ser al propiciar el descubrimiento de lugares lejanos y distintos, el conocimiento de costumbres ajenas, el acercamiento a culturas diversas, tan similares o diferentes de la nuestra.
También supone un tiempo de desconexión de nuestra realidad cotidiana en la que nos hacemos a la idea de romper con ella, aunque sólo sea un tiempo.
Mas nuestra disposición al viaje nos acerca a este periplo de formas diversas, pudiendo actuar como simples turistas o como auténticos viajeros.
En un periodo en que proliferan los viajes, tras la pausa que supuso en las vidas de todos la llegada de Covid-19 a partir de 2020, las distintas modalidades de turismo están volviendo a retomar sus rutinas, desde el turismo de sol y playa al cultural, pasando por el de eventos deportivos o los destinos naturales, sin olvidar aspectos tan comunes a todos ellos como el gastronómico o el ocio.
El viajero, en cambio, busca más la oportunidad de mimetizarse con el paisaje y las condiciones de quienes lo habitan, aprehender su esencia, llevándose para el regreso a casa una piel con la que enriquecer la propia esencia y condición.
Te propongo una reflexión entre libros y músicas sobre turistas y viajeros y la forma en que se afrontan los viajes. Nos acompañan la Premio Nobel Olga Tokarczuk, Robert L. Stevenson y la música de Vaughan Williams. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


El hecho de viajar no nos convierte en viajeros. Para el polifacético Hugo Claus«los auténticos viajeros se sumergen en el extranjero, se hunden en ello, se igualan a ellos, adquieren el color de lo extranjero», sin importar que se refiera a distintas regiones o a países con este término.
 
Autor de El extraño caso del doctor Jekyll y Mister Hyde, La flecha negra o El señor de Ballantree, la fama le había llegado a Robert Louis Stevenson antes, cuando publicó por entregas su novela La isla del tesoro (1882), una obra que le dio fama universal.
Nacido justo en la mitad del siglo en la escocesa Edimburgo, sus continuas enfermedades, especialmente la tuberculosis, le hicieron abandonar junto a su familia la húmeda Gran Bretaña en busca de lugares con un clima más benigno y saludable.
Además de sus novelas, Stevenson escribió poemas que fueron recopilados en algunos volúmenes como Song of travel (Cantos de viaje), una selección de su faceta poética que recoge una de sus características, el hecho de ser un impenitente e incansable viajero en busca de lugares exóticos.
El poema El vagabundo representa ese espíritu indómito y viajero de quien abandona el hogar de su infancia para adentrarse en un recorrido sin retorno al mismo. En la publicación original de Stevenson aparece bajo la anotación «Para una melodía de Schubert», porque el autor la escribió pensando en algunos de los lieder del compositor austriaco, con certeza, sobre alguna de las melodías de La bella molinera o El viaje de invierno.


Hablar de Ralph Vaughan Williams es hacerlo de uno de los más grandes compositores nacionalistas ingleses, si no el más grande de ellos. Sucesor de Edward Elgar, amigo personal de Bertrand Russell desde que estudiaron en el Trinity College de Cambridge y discípulo de Charles Stanford, Hubert Parry, el alemán Max Bruch o Maurice Ravel, entre otros, creó un lenguaje musical muy personal que se separó del modelo alemán imperante.
Basado en Songs of travel, de Robert L. Stevenson, Vaughan Williams compuso un ciclo de canciones bajo el mismo título que publicó en 1905 y 1907 y recogía en su momento siete de los poemas del escritor de Edimburgo.
El primero de ellos, The vagabond (El vagabundo) aparece bajo la anotación «Para una melodía de Schubert», porque el escritor la escribió pensando en algunos de los lieder del compositor austriaco, con certeza, sobre alguna de las melodías de La bella molinera o El viaje de invierno.
En él se nos presenta el personaje del auténtico viajero, aquel que no tiene en su periplo la intención de regresar a un hogar. Este primer poema está compuesto por Vaughan William como una declaración de intenciones, presentando el constante ritmo del caminar de quien presume de su abandono y soledad, de quien se conforma con buscar «el cielo sobre mi cabeza y un camino para mis pies». Sólo en los últimos versos una cierta melancolía vence al vagabundo que intercala la nostalgia entre su resolutiva arrogancia. 
El barítono John Tomlison es quien interpreta The vagabond en una versión orquestal acompañado por la orquesta de la BBC dirigida por Barry Wordsworth en la tradicional The last night of the Proms que cerró el ciclo anual de 1993. El aspecto físico tan particular del cantante nos ayuda a evocar al vagabundo del poema, al darnos la impresión de que él mismo lo es, acaba de arreglarse para cantarnos y ha recogido de uno de los caminos por los que transita un adorno para su atuendo.


En el fondo, todos somos, en mayor o menor grado, turistas más que viajeros. Visitamos lugares con la intención de encontrar algo distinto a nuestro paisaje exterior e interior cotidianos, algo digno de ser recordado por nosotros. Volviendo al razonamiento de Hugo Claus, en El deseo se refiere también a los turistas en oposición a los viajeros: «Nosotros somos turistas, como máximo buscamos algo raro, algo picante que podamos contar después.»


Premio Nobel de Literatura en 2018, aunque otorgado al año siguiente, Olga Tokarczuk ha ejercido como una auténtica viajera durante su vida. En Los errantes, un libro que nos acompañó en Caminantes y viajeros: Los errantes, la escritora polaca construye un singular retablo de personas, personajes y situaciones que trasladan el sentido del tránsito y del auténtico viajero a los lectores.
Pero antes de sumergirnos en este mundo del continuo movimiento, del renunciar a echar raíces en ningún lugar, Tokarczuk nos presta la imagen de su familia, sus padres, unos auténticos turistas que pasaban cada año un tiempo de movimiento para regresar de nuevo a sus hogares en un tiempo en que se iba convirtiendo en popular moverse en caravanas.


Compositor de música sinfónica, de cámara y vocal, coreógrafo de algunos de sus ballets, organista, director de orquesta, musicólogo o compositor de bandas sonoras para el cine, tanto de ficción como documental, Vaughan Williams mostró su faceta más personal al acercarse, por una parte, al folclore de su patria y coleccionar obras que llevó a sus composiciones instrumentales y, por otro lado, a leer diversos poetas y poner música a algunas de sus obras. Entre ellos, Vaughan Williams admiraba y llevó al pentagrama a partir de obras de Barnes, Tennyson, los hermanos Dante Gabriel y Christina Rossetti, además del citado Stevenson. Años más tarde, gracias a su amistad con Russell descubriría la obra de Walt Whitman, un poeta que le marcaría profundamente y cuyos versos de medida libre, llevaría también al pentagrama.
El sexto de los nueve poemas que configuran Songs of travel, es The infinite shining heavens, en la que escritor y compositor nos muestran su admiración por la serena contemplación del cielo, una mirada que, enfocada hacia las alturas, permite albergar el consuelo de aquello que sirve para relativizar cuanto nos acontece a diario.


El bajo-barítono galés Bryn Terfel, uno de los cantantes triunfadores en los escenarios operísticos de nuestros días, nos acerca a esta contemplación del cielo estrellado en una grabación de audio perteneciente a su disco de 1995 The vagabond para la Deutsche Grammophon de 1995 con la dirección musical de Malcolm Martineau.


La infancia de Robert L. Stevenson en Edimburgo estuvo marcada por las enfermedades, especialmente la tuberculosis, lo que le alejó de cualquier actividad física y propició su afición por la lectura que acrecentó con los largos periodos de convalecencia. Esta afición desembocó en su inclinación por la literatura que, en los primeros años se compaginó con el estudio de Ingeniería Náutica, más por influencia de su padre, que por interés personal. Tras abandonar estos estudios se dedicó al de leyes, comenzando a practicar la abogacía al tiempo que la alternaba con sus primeros escritos más o menos profesionales a partir de los veinticinco años.
Mas su salud exigía un cambio de aires, los síntomas de la tuberculosis se acrecentaron y se dirigió a Francia. Allí conoció a la que sería su esposa, Fanny Osbourne. Ambos se enamoraron y ella, una norteamericana separada, partió para California para tramitar su divorcio. Un año después se casaron, viviendo un tiempo en Calistoga, una ciudad del Lejano Oeste americano.
Tanto las narraciones como los poemas de Stevenson muestran una equilibrada simbiosis entre la vida aventurera y unos personajes cargados de una dualidad moral, como podemos observar en Jekyll y Hide o Long John Silver, el inolvidable John Silver el Largo de La isla del tesoro.
No todos los poemas que Stevenson presenta en Cantos de viaje aluden de forma directa a este tema. En Bright is the ring of words, el escritor escocés evoca el sonido de las palabras, en general, cercándonos no sólo a sus sonidos, sino a las evocaciones que sugieren en tanto poemas y canciones. Algo tan efímero i volátil como la palabra, que finaliza cuando se pronuncia, se escucha y desaparece su sonido, tiene la propiedad de permanecer entre quienes la anhelan y desean incluso cuando el autor o quienes las pronuncian han desaparecido.


Incansable recopilador de canciones del folclore inglés -llegó a transcribir más de ochocientas melodías que fue publicando-, Vaughan Williams participó de ese interés etnográfico que llevó a Leos Jannacek a hacer lo propio con la música popular checa o a Béla Bártok y Zoltan Kodaly con la húngara. Este esfuerzo e interés propició que la música instrumental del compositor inglés se enriqueciera con la inclusión de algunas de estas melodías populares en ellas.


No podía dejar pasar Vaughan Williams un poema como este dedicado al luminoso sonido de las palabras para ponerle música, llegando a ocupar el nº 7 de su ciclo de poemas sobre la obra de Stevenson.
En esta ocasión es el barítono Samuel Kidd quien interpreta el poema de Vaughan Williams acompañado al piano por Michael Delfin en el Junior Recital celebrado en abril de 2017.


Experimentar que cuando viajamos somos más viajeros que turistas es un camino complejo que nos aparta de tópicos y comparaciones a la búsqueda del sentido, el color, la cultura o lo singular del lugar al que nos desplazamos. En tiempos pasados era poco frecuente este deambular de un lugar a otro, al no encontrarse al alcance de muchos económicamente.
Además, los vehículos ayudaban, en cierto modo, a intentar acercarse a los modos de vida, las costumbres y usos de los lugares visitados, en cuanto que los medios de transporte tardaban un tiempo en llegar a su destino, tiempo que el viajero disponía para acercarse mentalmente y asimilar el lugar de visita. Actualmente, primero con los trenes y barcos, más adelante con los aviones, el paso del lugar de residencia al de destino tiene una inmediatez que, por un lado facilita el rápido acercamiento mental, por otro, lo dificulta al pasar, en un mismo día, de un lugar a otro.

 
Buscando climas más sanos, el matrimonio se estableció en Suiza, regresando a Edimburgo, más adelante se instalaron en Nueva York, trasladándose a la costa oeste hasta San Francisco. Tras la estancia en los Estados Unidos, Stevenson y su familia acabaron visitando las islas del Pacífico Sur y estableciéndose en Samoa. Allí se implicó en la vida local estableciendo una relación cordial con los aborígenes que llegaron a bautizarlo como Tusitala (El que cuenta historias). 
De su estancia en las islas publicamos en este blog El regalo de cumpleaños de Robert L. Stevenson, una singular historia entre el escritor y la hija del comisionado de los Estados Unidos en la isla.
Ese amante de los viajes y las aventuras, Robert Louis Stevenson falleció de una hemorragia cerebral en 1894 cuando apenas contaba con cuarenta y cuatro años de edad y se encontraba escribiendo su novela más ambiciosa, Weir of Hermiston.

Nos quedará siempre ese errante deambular de Stevenson y su familia que le llevó a recorrer, amar y transmitirnos las sensaciones y los viajes, ese desplazarse de un lugar a otro, sin intención de retorno, aunque sin abandonar los recuerdos y sentimientos del hogar de los primeros años.
Estas sensaciones las recogió en Whither must I wander?, quizás en los momentos que dejó atrás su hogar en Edimburgo para buscar otros destinos, en el tono evocador y nostálgico de quien emprende un viaje que no tendrá regreso.


De entre los poemas que Vaughan Williams incluyó en su ciclo Songs of travel, originalmente eran siete composiciones las que se publicaron en 1905 y 1907. Más adelante aparecieron dos nuevas. Esta Whither must I wander, que apareció publicada en una revista en 1902, y I have trod the upward and the downward slope que fue encontrado entre sus papeles tras su fallecimiento, una canción cargada de referencias musicales al resto de canciones del ciclo. Así, hasta el 21 de mayo de 1960 no fue interpretado por primera vez el ciclo completo.

Es inevitable que el compositor inglés no evocara el Viaje de invierno de Schubert en su ciclo. En Whither must I Wander?, Vaughan Williams utiliza una de las tonalidades más utilizadas por Schubert en su obra, Do menor, para otorgarle el aire triste y de añoranza que el poema exige, además del uso de una melodía simple pero eficaz, el uso libre de la forma estrófica, el uso del tono declamado y un acompañamiento parco y rico a la vez.
De nuevo es el barítono Bryn Terfel quien interpreta Whither must I Wander? en el disco The vagabond para la Deutsche Grammophon de 1995 con la dirección musical de Malcolm Martineau.

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Bibliografía y webgrafía consultadas: 
  • Stevenson, Robert Louis. Cantos de viaje. Trivillus. Selección de Jacobo Satrústegui y traducción de Txaro Santoro y José María Álvarez. 2017
  • Tokarczuk, Olga. Los errantes, Editorial Anagrama, 2019. 

El regalo de cumpleaños de Robert L. Stevenson

El 13 de noviembre de 1850 nacía en Edimburgo, la capital escocesa, Robert Louis Bartfour Stevenson, uno de los grandes escritores en lengua inglesa. Ese día de noviembre, como es lógico, celebraba su cumpleaños. Pero hay una historia relacionada con esta celebración de aniversario que nos puede dar motivos para la reflexión y la emoción gracias a la carga de humanidad que desprende.
Para ello te propongo situarte frente a tu equipo (ordenador, tablet, smartphone...) con una manta sobre las piernas, como el húmedo clima escocés que vivió Stevenson en su infancia y juventud, o libre de ropa de abrigo, como en los últimos años de su vida, en medio de las islas del océano Pacífico. Lo importante es sentir, vivir, recrearnos en esta historia.
En esta ocasión te propongo recordar una situación relacionada con un regalo de cumpleaños del escritor Robert L. Stevenson acompañada de música escrita para poemas suyos por Giedrius Alkauskas. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Doodle para celebrar el 160 aniversario de Stevenson el 13/11/ 2010

Robert L. Stevenson tuvo una salud frágil. En su corta vida no cesó de padecer dolencias y enfermedades, especialmente una tuberculosis que marcó su errática búsqueda de la salud viajando a lugares más sanos y soleados. Desde su Edimburgo natal a Londres, después al sur de Francia, de allí a California, pasando por Davos en Suiza, Nueva York o el lejano oeste de California, para acabar sus días en Samoa apenas con cuarenta y seis años. 
Stevenson era un escritor vocacional, pese a haber comenzado los estudios propuestos por su padre, un abogado y fabricante de faros. Comenzó ingeniería naval, con toda seguridad por seguir los consejos paternos, pero termino estudiando derecho y ejerciendo durante un tiempo la abogacía, aunque su afición era desde su infancia la escritura.
En A Child's Garden of Verses (Jardín de versos para niños), una de sus primera publicaciones líricas,  Stevenson escribe una serie de poemas en los que evoca su infancia qué dedicó a su niñera Cummy. Aún hoy tienen el suficiente encanto para seguir vendiéndose y leyéndose en Inglaterra.



Giedrius Alkauskas es ciertamente un fascinante personaje polifacético. A sus 40 años es profesor de matemáticas en el Institute of Computer Science de la Facultad de Matemáticas e Informática en la Universidad de Vilnius en Lituania, después de obtener la medalla de plata en las Olimpiadas Matemáticas celebradas en Bucarest en 1999. Esta actividad la compagina con la de compositor publicando, al menos, una decena de discos, algunos trabajos relacionados con la mitología y varios libros de poesía.
Entre sus obras musicales destaca una serie de 6 poemas de A Child's Garden of Verses de Robert L. Stevenson compuestos para mezzosoprano, piano y trompeta. Publicados junto con otras canciones como Enchanted Time, está interpretado por la cantante Nora Petrocenko, Kristina Ivanauskaité-Juciene al piano y Linas Rupslaukis con la trompeta, fue grabado en mayo de 2013 en Lituania En el vídeo está acompañado por ilustraciones de Eve Garnett.


Para los amantes de las narraciones en el amplio sentido que tenían estas en el siglo XIX, Stevenson representa uno de los autores emblemáticos dentro de la literatura inglesa y universal que nos ha legado un puñado de obras que han pasado a formar parte de nuestra cultura.
En La isla del tesoro nos presenta la mirada inquieta de Jim Hawkins que, en la búsqueda del tesoro del Capitán Flint, se enfrenta a una serie de personajes en los que descubre la ambigüedad que se despierta en la adolescencia entre quienes parecen ser de una forma y son de otra en realidad, mezclando hacia ellos admiración y repulsa, estima y desprecio. Los ojos con que Jim observa lo que le rodea, los afectos que se le presentan completan uno de los grandes hallazgos de esta novela juvenil que encandila a quienes se adentran a ella, con admiradores como el mismo Borges.



El extraño caso del doctor Jekill y el señor Hyde es una pequeña novela en la que se presenta un extraño caso de trastorno de personalidad entre los protagonistas en una obra que también ha pasado a formar parte de nuestro mundo, en el que no podemos olvidarnos de novelas como La flecha negra, Secuestrado o El señor de Ballantrae.

Stevenson en Samoa

Tras casarse con Fanny Osbourne, una americana divorciada, emprendió el camino hacia América donde, tras probar el clima de distintos lugares acabaron estableciéndose en Samoa. Allí comienza nuestra historia.
Una de las hijas de Henry Clay Ide, el comisionado de Estados Unidos en la isla, Annie entabló amistad con el escritor, su esposa y Belle, la hija de ésta. A sus trece años, Annie se sentía triste porque su cumpleaños se celebraba el 25 de diciembre, el día de Navidad, por lo que nunca tenía una verdadera fiesta para ella y no tenía regalos de cumpleaños, salvo los propios de esa festividad. 
Stevenson tramó una estrategia para alegrar a la joven y remitió una carta a su padre comunicándole su idea y que años más tarde fue publicada por los afectados en la prensa estadounidense.



Entre las composiciones de Giedrius Alkauskas que conforman el disco Enchanted Time, otro de los poemas de Stevenson recogidos en A Child's Garden of Verses es Rain (Lluvia), un pequeño, delicioso y simple cuarteto en el que el compositor lituano refleja con el piano la lluvia que nos transmite la emoción infantil, en un crescendo que va desde las primeras gotas a la evocación que rememora el protagonista hasta terminar en decrescendo con el fin de la lluvia. 



La pieza, compuesta también para mezzosoprano, piano y trompeta está grabada por los mismos intérpretes de la pieza anterior.


El documento que Stevenson adjunta a la carta pretende reflejar, en un genial y original guiño cómico la oficialidad de los textos legales, mezclando expresiones del derecho romano, escocés o inglés para darle una pomposa consistencia.



En él hace donación de su cumpleaños a Annie Ide para que lo utilice a su gusto con dos condiciones: Que añada a su nombre Louise (segundo nombre del escritor) aunque sea en privado, y que utilice la celebración del cumpleaños con humildad y moderación. En caso de no cumplirse estas condiciones, revocará este derecho que pasará a manos... ¡del presidente de Estados Unidos!



En A Child's Garden of Verses, Stevenson nos acerca a las emociones que se viven en la niñez donde se mezclan los descubrimientos con las dudas, las fantasías con los miedos o los tesoros con las alegrías.



Más en la línea de evocación que nos pueden recordar las Escenas de niños de Robert Schumann, Giedrius Alkauskas recrea la sonoridad de At the sea-side, otro de los poemas de A Child's Garden of Verses de Robert L. Stevenson para la misma agrupación de mezzosoprano, piano y trompeta. De nuevo está interpretado en el álbum Enchanted Time, está interpretado por la cantante Nora PetrocenkoKristina Ivanauskaité-Juciene al piano y Linas Rupslaukis con la trompeta. En esta ocasión el vídeo está acompañado por una de las ilustraciones originales de la edición impresa de Jessie Willcox Smith.



Como nos podemos imaginar Annie recibió entusiasmada este regalo de Stevenson y el 13 de noviembre de 1891 celebró una fiesta de cumpleaños en la que se culminaron las expectativas "de acuerdo con las maneras de nuestros antepasados" y la tradicional tarta con la vela. Sí, la vela, ya que en esta ocasión la tarta de aniversario sólo tenía una vela. Annie Louise Ide contestó al escritor con una carta días después.



Annie Louise Ide de Cockran en 1908




Annie Louise Ide celebró su cumpleaños cada 13 de noviembre hasta su fallecimiento. Al morir sin descendencia, legó la celebración a su sobrina Anita Leslie-King quien lo transfirió a su hija Leonie Finn, la actual propietaria del cumpleaños de Stevenson. En alguna ocasión ha declarado que el hecho de tener un cumpleaños añadido es inusual y complejo de explicar, pero que a sus amistades le resulta divertido y recibe tarjetas de felicitación cada 13 de noviembre.

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Páginas web interesantes:

  • https://www.abc.es/cultura/libros/abci-robert-louis-stevenson-mas-alla-isla-tesoro-201512261911_noticia.html
  • https://www.poetryloverspage.com/poets/stevenson/collections/childs_garden_of_verses.html

El olor de las olas del mar

Asociamos el verano con el concepto de vacaciones y el de playa, independientemente de que las tengamos o no en esta época y de que éstas se desarrollen junto a la playa.
En una cultura donde las temperaturas marcan una pausa en el periodo estival, que dividen el calendario entre el final de una temporada o curso y el inicio del siguiente, siendo más significativa esta pausa con reinicio que el mismo comienzo de año que celebramos en enero, incluso quienes no disfrutan en esta época de vacaciones, por la razón que sea, tienen marcada esta época en su calendario.
Y como símbolo de ellas el mar, por un lado como lugar de destino, un destino mayoritario en nuestro país que, además es receptor de viajeros de todo el mundo. También tenemos el mar como símbolo de los viajes a lo desconocido, lo exótico, ese horizonte que nos esconde lo que existe al otro lado y que en estos tiempos, aunque sepamos qué hay más allá, siempre se nos presenta como algo distinto a nuestra vida, un reto, una aventura por descubrir. Ese mismo mar que llevó a tantos, fueran navegantes o no, a descubrir nuevos lugares, buscar un lugar donde encontrar una oportunidad de iniciar una nueva vida o encontrar un clima más saludable.
En esta entrada dedicada al mar y las sensaciones que nos evoca como símbolo de las vacaciones y el verano, te propongo un texto de Robert L. Stevenson y una de las músicas que más identificamos con el mar, una habanera que nos cuenta sobre el placer de navegar.



Robert Louis Stevenson es un autor que nos evoca muchos recuerdos, tanto si se han leído sus obras como si no, ya que algunas de sus historias forman parte de nuestra cultura literaria o cinematográfica. Escocés, vivió algo más de cuatro décadas entre 1850 y 1894 en las que estudió ingeniería, como su padre, además de derecho, antes de dedicar su vida a la literatura.
Enfermo de tuberculosis, buscó incansablemente un clima adecuado para su salud, llegando a la isla de Samoa donde pasó sus últimos años. Allí lo conocieron como Tusitala, El que cuenta historias.
Admirador en su juventud de la obra de Walter Scott nos ha legado novelas que han sido llevadas al cine como La isla del Tesoro, en la que el joven Jim Hawkins descubre por sí mismo las caras del bien y del mal en sus amigos y piratas como Long John Silver. El tema del bien y el mal lo vuelve a tratar en su novela El doctor Jeckill y Mr. Hyde, en este caso ambos extremos se unen en el médico Jeckill que descubre una sustancia que lo hace transformarse, primero a voluntad y más adelante de forma incontrolada, en el monstruoso Hyde.





Escritor polifacético, escribió ensayos como Estudios familiares de hombres y libros Memorias y retratos; libros de poemas como Jardín de versos para niños o De vuelta al mar; relatos breves como Narraciones maravillosas, El diablo de la botella y otros cuentos. Pero lo que nos trae a Stevenson en esta publicación son sus libros de viajes, en alguno de los cuales se encuentra una gran veta autobiográfica, como La casa solitaria, A través de las llanuras, Islas del Sur o Cuentos completos, en el que se recoge el texto que no acompaña.
En él describe las sensaciones con que la playa de Falesá recibe a quien va a establecerse allí. ¿Podemos recordar y evocar con nuestros sentidos y emociones los lugares que han sido significativos en nuestros viajes?


Basada en la novela de aventuras Los hijos del capitán Grant de Julio Verne, Manuel Fernández Caballero puso música a un libreto de Miguel Ramos Carrión para componer la zarzuela Los sobrinos del capitán Grant, catalogada por sus autores como novela cómico-lírico-dramática.
Obra de mucho éxito, estuvo varios años en cartel destacando la variedad de ambientes que toca: desde las castizas corralas, las aventuras por todo el planeta, con escenas que se desarrollan por Sudamérica, Australia u Oceanía, con coros chilenos o maoríes, buscando el tesoro que el capitán Grant promete compartir con quien acuda a socorrerlo.



Para completar esta entrada te propongo una pieza de esta zarzuela con una doble relación con la evocación al mar. Se trata de la habanera Así escuchando de la mar con que los tripulantes del navío Escocia ensayan para cantar en mejor ocasión, una pieza que los acerca a las agradables sensaciones que el mar, la navegación y los paisajes marinos les traen. Las habaneras son composiciones de ritmo pausado y originarias de Cuba desde donde han llegado a nuestro país para ser unas de las piezas más interpretadas por agrupaciones corales, especialmente las de localidades próximas al mar. El ritmo cadencioso en compás binario imita el suave balanceo de las olas del mar.


La interpretación, totalmente amateur, pertenece a la Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo bajo la dirección de Miguel Ángel Campos y fue grabada en noviembre de 2012.


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