12 ene. 2018

La mirada sencilla e inocente

Muchas miradas hemos presenciado en nuestra vida, o mejor, en nuestras vidas, la que vivimos y las que presenciamos con mayor o menor intensidad desde nuestra experiencia como seres pensantes.
Las primeras miradas tienen una forma de hacerlo cargada de inocencia, asombro y naturalidad. Son miradas espontáneas que se sorprenden de ver el mundo, de conocer y descubrir de un modo sano y noble. Pero esas miradas llanas y sinceras van acostumbrándose a hacerse de soslayo, fugaces a otras miradas, furtivas cuando comienzan a descubrir la forma en que son recibidas.
Cuando esa mirada se mantiene sencilla e inocente con el paso del tiempo, quien la posee puede estar en uno de los extremos: o es una personalidad sencilla, simple, que no va a evolucionar, o es una personalidad con una grandeza en su interior, con un estado de ánimo que no se deja retorcer. En ambos casos, la mirada puede ser objeto de burla, menosprecio o desdén por parte de quienes han perdido esa condición en su propia mirada.

Dos historias cargadas de luchas y esfuerzos y que mantienen una mirada sencilla e inocente pese al paso del tiempo vienen al blog. Una proviene de un autor al comienzo de su carrera, otra de un músico al final de la misma, incluso después de su vida. Dickens, Offenbach y Hoffman nos acompañan. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Todos conocemos obras de Charles Dickens que han pasado a formar parte de la cultura colectiva de nuestra civilización. Novelas como las de David Copperfield, Oliver Twist, Historia de dos ciudades o Grandes esperanzas y cuentos como A Crhistmas Carol (Una canción de Navidad), el más navideño de todos los cuentos con el redomado tacaño Ebenezer Scrooge y la presencia de los tres fantasmas de las navidades pasadas, presentes y futuros. 
Pero, como todos los escritores, o todos los creadores, o si queremos, como todos nosotros, todo tuvo un comienzo, unos inicios en los que se estaba formando el estilo, la capacidad creativa y la carrera literaria de un autor que reflejó como nadie la vida del siglo XIX de Inglaterra e influyó en su país, extendiendo su mirada y su influencia a toda Europa y América.
Nacido en 1812 cerca de Porstmouth, su padre era pagador de la Marina, un cargo sujeto a cambios de residencia. A los dos años va a vivir a Londres con sus siete hermanos, pero la situación económica familiar hace que su padre contraiga deudas y acabe en la cárcel, lo que marcaría definitivamente la vida del escritor. Tras recibir una herencia, mejora la situación económica y el joven Charles se va convirtiendo en un lector empedernido de obras como El Quijote, Las mil y una noches o Gil Blas de Santillana. Tras trabajar como ayudante en un bufete de abogados, con 22 años trabaja como reportero en el Morning Chronicle. Allí le llega el éxito con los Sketches of London, una serie de retratos entre reales y ficticios sobre escenas y personajes de la capital inglesa que publicó con el pseudónimo de Boz. Los editores Chapman & Halle le proponen escribir una novela por entrega que se basaría, en esencia, en poner texto a las caricaturas que Robert Seymour le iría enviando y que deberían servir para construir un relato que ridiculizara a los miembros de un club que se dedicaban al deporte, algo que se había puesto de moda y entraba, por tanto, en el interés popular.
El primero de los grabados que el dibujante envió a Dickens presentaba a trece caballeros, uno de los cuales estaba subido a una mesa pronunciando unas palabras, mientras en la zona baja aparecen cañas de pescar preparadas para ser utilizadas en las salidas. 
Primer grabado original de Seymour

De ellos, el escritor debía elegir los que iban a protagonizar la historia. Así nacieron Los Papeles póstumos del Club Pickwick que debían inscribirse dentro de una narración por entregas de los viajes por Inglaterra de una delegación de cuatro caballeros de una sociedad diletante típicamente inglesa. 
No sólo aceptó, aunque de mala gana, el encargo, sino que de las 400 copias de la primera entrega, por las que recibió 14 libras, se pasó a las 40.000. Esperar y comentar en las tertulias cada entrega en las ciudades, atender impacientes la llegada del correo o del barco que las traía a los más remotos lugares hizo que la figura de Dickens se convirtiera en un personaje querido por el público inglés.
El escritor aceptó que el protagonista no fuese un apuesto joven, un galán al uso, sino un anciano, un observador de la realidad, una persona con una mirada sencilla e inocente que llega a ser burlado en ocasiones y rozar el ridículo, pero que, poco a poco, va convirtiéndose en un viejo de buenos principios, como un padre para todos. 
La primera mirada que nos acompaña refleja cómo, con qué indulgencia, pero a la vez ironía y sarcasmo Dickens presenta al protagonista, no en el primer capítulo cuando se funda el club, sino presto para la primera salida, como si de un nuevo Quijote se tratara.

 

La segunda mirada nos ocupa más de ciento cincuenta años. Se centra en la figura de Jakob Eberst, quien nació en una localidad cercana de Colonia donde su padre ejercía de encuadernador a la par que era cantor de la sinagoga. Allí comenzó a estudiar violín y más adelante violonchelo hasta que su familia se trasladó a París. Allí siguió con el cello gracias a Cherubini, que logró su ingreso pese a que los extranjeros no podían entrar en el conservatorio y lo compaginó con estudios de composición. 
Más adelante intentó formar parte de la Opéra Comique parisina, pero hubo de conformarse con tocar "música de relleno" para acompañar las obras teatrales que se representaban en la Comédie Française. Con una gran facilidad para componer en pocos minutos melodías que se iban a tararear por toda Europa, en la Exposición Universal de París se hizo popular con las comedias musicales que compuso, entre las que se encuentran Orfeo en los infiernos, La Bella Helena o La Gran Duquesa de Gerolstein, todas ellas con música muy popular, una crítica feroz a los gobernantes franceses, especialmente al emperador Napoleón III, y una frivolidad y diversión que anticipaban las operetas de Strauss o Lehár en Viena o Gilbert & Sullivan en Inglaterra.
Conocido desde que comenzó a componer con el nombre de Jacques Offenbach, afrancesando el nombre y tomando el apellido de su localidad de origen, la obra que le ha dado renombre en la historia musical es Les contes d'Hoffmann (Los cuentos de Hoffman). Se trata de una ópera que comenzó a gestarse en 1851 por Michel Carré y Jules Barbier a partir de tres cuentos de E. T. A. Hoffmann, el conocido autor de cuentos de quien tratamos en el blog en Palabra de gato.
Estos cuentos narran tres historias, cada una de las cuales presenta una faceta de su ideal de mujer amada, en las que Hoffmann se convierte en protagonista a la búsqueda del amor perdido con la cantante StellaDer Sandmann (El hombre de arena) se corresponde con la historia de Olympia, Rat Krespel (El consejero Krespel) con el episodio de Antonia y Der Geschichte von verlorenen Spiegelbilde (La historia de la imagen del espejo perdida) con el episodio de Giulietta.
La mirada sencilla e inocente pertenece, cómo no, al atribulado Hoffmann que ha sucumbido al amor de Olympia, una muñeca mecánica que el inventor Spalanzani presenta entre bromas como su hija. Enamorado de ella, y gracias a unas gafas especiales que le ha vendido el diabólico doctor Coppelius, Hoffmann está presente en la escena en que Olympia canta una virtuosa canción de coloratura, Les oiseaux dans la charmille.

El jardín de la Armonía con los compositores del XVIII y XIX

La soprano Rachele Gilmore interpreta el aria de Olympia en el Metropolitan Opera House de New York en 2009. Las anécdotas de esta interpretación son, por un lado que quien iba a cantar el papel era Katheleen Kim, pero Gilmore fue avisada para sustituirla por una indisposición tres horas antes de comenzar la función, que se retrasó un tiempo para que pudiera aprenderse los movimientos por el escenario. Además, en este aria, la Gilmore llega a un La sobreagudo, una nota que se discutió por un tiempo si era la más alta cantada jamás en el MET, como podéis comprobar en esta reseña publicada días después del evento por Neil Kurtzman.






Dickens se rebeló contra la idea de tener que seguir los dictámenes del ilustrador, exigiendo que la literatura debía ir por delante de los grabados, lo que ocasionó una seria disputa entre editores, escritor y dibujante. El caso es que, una vez ilustrados los tres primeros capítulos, Seymour, por no se sabe qué motivos, terminó con su vida y hubo de buscarse un nuevo dibujante que, ahora sí, se adaptara a los textos, Hablot K. Browne, bajo el pseudónimo de Phiz, quien ilustraría gran parte de la obra literaria de Dickens.
La idea inicial de ridiculizar a los miembros del club se fue trastocando con el paso de los capítulos. Poco a poco los protagonistas se convierten en una asociación de viajeros con un sólo deportista, Mr. Winkle (¡y vaya desastre de deportista!) y con la finalidad de conocer mundo. 
Pickwick se hace popular en Inglaterra. En el libro, todos les invitan y donde va junto con los miembros del club los reciben con alegría y cordialidad. Los personajes están siempre en vilo y son los primeros en sorprenderse de sus acciones. Mr. Pickwick, un personaje honesto y honorable como nadie, no deja de padecer aventuras impensables y, tanto él como sus amigos se convierten en un espectáculo de sí mismos.
En una época que comienza a desarrollarse el ferrocarril, los protagonistas viajan por toda Inglaterra en diligencias "con el único fin de observar el mundo humano, simplemente".
El cariño con que Dickens lo describe de un modo sutil e indirecto le hace escribir frases como las siguientes: "Mr. Pickwick y sus compañeros consiguieron llegar hasta las primeras filas  de aquel gentío bullicioso. La dignidad de Mr. Pickwick no tardó en verse turbada por un brusco empujón que lo impulsó unas yardas hacia adelante volando con una ligereza nada propia de su edad, porte y desarrollo físico".
Con Dickens, los personajes van progresando desde las meras caricaturas a tener una vida independiente del autor. Con toda seguridad el escritor no tenía una idea general de la evolución de la obra, sino que ésta iba avanzando conforme debía entregar a la imprenta cada capítulo. Además tenía la referencia de lo que los amigos y conocidos le iban comentando sobre la historia, de las cartas que lectores agradecidos le indicaban, de lo que oía a su alrededor, lo que hacía que las entregas fueran cambiando las ideas iniciales y adaptándose a los gustos de los lectores.
La entrada en escena de Sam Weller, el nuevo criado de Mr. Pickwick abrió un nuevo camino en la obra al tratarse de un personaje de extracción popular que contrastaba con el estilo más aristocrático del protagonista y un lenguaje fresco, típico de la clase baja urbana, un personaje que utilizaba las comparaciones y los ejemplos con una agudeza tal que la venta de la publicación se multiplicó.
Dickens publicó una novela por entregas que podía haberse quedado como uno de los folletines de la época, pero que llegó a alcanzar una gran difusión entre lectores de todas las clases sociales, con un gran dominio de la lengua inglesa, una variedad de historias y aventuras entre las que se intercalan distintas historias o narraciones y un sentido de la observación en el que incluye experiencias personales como las de la prisión, que vivió cuando era pequeño, o las duras críticas a quienes trabajaban con las leyes.
Es esta última mirada, la de los abogados Dodson & Fogg, una mirada rebuscada, casi vil, a base de argumentos retorcidos con la que crean de la nada la querella entre Bardell y Pickwick, entre la casera viuda y el inquilino y que acabará, por dignidad de éste último con él en la prisión la que marca un contraste con la inocente del protagonista.


La popularidad de "El Mozart de los Campos Elíseos" como le llamó el gran Giocacchino Rossini se basó en que sus operetas no buscaban más que ser como las hermanas pequeñas de las grandes óperas. Si en la obra de Wagner, en la Tetralogía pronostica que el egoísmo y la ambición humana desembocarán en El crepúsculo de los dioses, en las operetas de Offenbach los propios dioses se divierten mientras bailan sobre los volcanes, en una particular forma de señalar su ocaso.
El testamento definitivo del compositor, Los cuentos de Hoffman, tiene una gestación y publicación cuanto menos curiosas. El libreto de 1851 lo comenzó a trabajar Offenbach en 1877 cuando no estaba en sus mejores momentos: en plena guerra franco-prusiana, los poderosos entre los franceses a los que tanto criticó recordaron su origen alemán, pese a llevar varias décadas en el país. Por otro lado, era una persona llena de achaques. Sintiendo que este sería su gran legado, se dedicó intensamente a la composición, pero falleció en octubre de 1880 con la obra casi terminada y con la instrumentación apenas iniciada. La expectación era tal que Ernest Guiraud la terminó y se estrenó cuatro meses después en el lugar en el que tanto soñó triunfar, La Opéra-Comique.
La ópera cuenta con un prólogo, tres actos y un epílogo. A consecuencia de un incendio en la Ópera de Viena en el año del estreno y otro en La Opéra-Comique en 1887 se perdieron las partituras originales y no se ha sabido con exactitud el orden de las tres historias. En la década de 1890 se conocía de forma fragmentaria y, a partir de 1905, la famosa Barcarola (de la que se trató en el blog en Perspectivas y sensaciones con Offenbach y Savatini) pasa al acto de Antonia. Durante el siglo XX la obra ha alcanzado una gran popularidad, aunque con la representación de distintas versiones debido a la precariedad del material fragmentario disponible. Offenbach, un compositor que hasta que no veía varias representaciones de sus obras no fijaba la versión definitiva, se fue sin dejar la de esta obra. 
O al menos eso parecía. En 1992 se halló el libreto original en el Archivo Nacional de París. Y el año siguiente se encontraron un centenar de páginas con los manuscritos originales en un castillo de La Borgoña, en el que apareció el final original que da la forma definitiva a la obra. El estreno se llevó a cabo en Hamburgo en enero de 1999 con dificultades que se relacionaban con los derechos de publicación.
Tras esta historia que abarca casi un siglo y medio es el momento de volver a la mirada de Hoffmann, esa mirada sencilla e inocente con la que cree encontrar el amor de su vida en la muñeca Olympia.
La versión está interpretada de forma muy particular y con un dominio vocal exquisito por la soprano Natalie Dessay en una producción de Chorégies d'Orange en el Festival de Arte Lírico de julio de 2000.


Los papeles póstumos del Club Pickwick cayeron en mis manos buscando un libro de algún autor conocido a los quince, en el primer año que salía de casa por motivos de estudio. Era la primera ocasión en que tenía en mis manos un libro con un estudio preliminar, un análisis de la obra al que no estaba acostumbrado. Fue una experiencia singular, haciendo que su lectura fuera de las que te marcan la vida. El blog, el usuario de twitter (@Club_Pickwick) y la página de Facebook tienen en parte el nombre, ya que existen otros con el mismo. En el fondo, uno se siente pickwiniano

No sé cuántas veces he leído el libro, en cuántas ocasiones me he sorprendido riendo en voz alta, en cuántos momentos he recordado un personaje o una de historia. La última vez que lo leí, hace ya varios años lo hice consciente de que era la última vez que lo hacía. No sé si será cierto.

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5 ene. 2018

Guía Anual Pickwick

Hay momentos en que, para poder avanzar, conviene hacer una parada, recordar lo qué y cómo se ha hecho y hacer balance. Pero sólo tiene un sentido práctico para quienes están implicados, para quienes lo viven y aquellos quienes les afecta en su vida. 
En este caso te propongo en esta Guía Anual Pickwick 2017, no un repaso de lo que se escribió y quien lo hizo, sino una propuesta de lo que se puede leer. El pasar del punto de vista de quien lo publica al punto de vista de quien puede utilizarlo.

Te presento una selección de algunas de las publicaciones más significativas del año 2017. Como cualquier selección no están todas las que son, ni son todas las que están; además el hecho de ser personal la convierte en subjetiva, por lo que podría haberse hecho de cualquier otra forma o en cualquier otro momento con distintos resultados.
De todas formas, en la barra lateral derecha puedes acceder a todas las publicaciones realizadas desde el inicio de este blog.
Como forma de uso, te propongo ver esta Guía Anual Pickwick 2017 poco a poco, pasando sin prisas por cada uno de los artículos que te llamen la atención y volver en otro momento a continuar.
Si te quedaste sin leer alguna de las publicaciones, te incorporaste hace poco al blog o, simplemente, te apetece volver a leerlas de nuevo, aquí dispones de algunas de ellas. Gracias por tu interés y, como siempre, todos los comentarios e interacciones son bienvenidos.
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LOS MÁS LEÍDOS
En primer lugar te presento los artículos más leídos del año 2017, los más populares y que alcanzaron más de mil visitas de los seguidores.

El más visitado fue la propuesta de un paseo literario y musical alrededor de uno de los productos más característicos en nuestra cultura gastronómica, el café. Un compañero de nuestra vida servido y degustado en compañía de autores como Cortázar, García Márquez o Balzac y con una deliciosa cantata de Johann Sebastian Bach. Lo puedes saborear clicando en el enlace: Libros, música y... ¡un buen café!

En el segundo artículo con más visitas recopilaba distintas reflexiones sobre la verdadera y definitiva amistad, sobre la capacidad de relacionarnos con otras personas con empatía, complicidad y sentimientos comunes. Nos acompañaban escritores como Saint-Exupéry y su Petit Prince, Jean Anouilh y Marcela Serrano, junto con dos dúos, uno de Bizet y su obra Los pescadores de perlas y el otro de la Norma de Bellini. Puedes seguirlos en Cinco reflexiones sobre la amistad.

El tercero de los más visitados es un simpático acercamiento al mundo animal con dos obras muy originales y curiosas de uno de los más prolíficos autores de cuentos, E.T.A. Hoffman y una original y deliciosa música de Rossini que puedes seguir en Palabra de gato.



REFLEXIONES SOBRE LA CREATIVIDAD
Dos muestras aparecidas en el blog sobre cómo se enfrentan los creadores a su labor.

La primera es una entrada sobre el uso que damos a esas ideas que ya hemos utilizado, el reciclaje de las mismas, con el añadido de cómo algunos autores crean obras o ideas nuevas a partir de las de otros creadores, aportándoles un nuevo significado con su utilización. En ¿Cómo utilizamos las ideas? nos acompañan textos del checo Bohumil Hrabal y del gran García Márquez con música de Händel.

En Cómo nace una obra aportan sus ideas sobre la creación Jorge Luís Borges y Tzvetan Todorov con la compañía de dos piezas de La flauta mágica de Mozart, la primera entre Tamino y Pamina y la segunda, el delicioso dúo Pa-pa-pa entre Papageno y Papagena, en una emocionante y simpática interpretación. No te la pierdas.



LUCHANDO CONTRA LA CORRIENTE
En estos tres posts del blog la reflexión surge del esfuerzo por salir de una situación difícil en una lucha injusta y desigual. Como la vida misma.

Una de las situaciones más injustas y que aún nos queda por solucionar en nuestra sociedad es la desigualdad que aún existe entre hombres y mujeres. Dos de las que se consideran pioneras en sus campos nos acompañan: una de las primeras escritoras Charlotte Brontë, la autora de Jean Eyre y una de las primeras compositoras, Barbara Strozzi acompañada de la limpia y delicada voz de Raquel Andueza. Son, como muchas, Mujeres épicas.

Las apariencias, la calumnia, los prejuicios, la manipulación que recibimos de los medios de comunicación y entre nosotros mismos aparecen en Manipulación e incomprensión con toda un tesis novelada por Umberto Eco y una dura y despiadada obra de Benjamin Britten: Peter Grimes.

En situaciones que suceden, a veces, con personas cercanas a nosotros se produce lo que se refleja en este tercer post: Un chantaje emocional con textos de Honoré de Balzac y el análisis de una escena crucial de la ópera más representada de todos los tiempos, La Traviata de Verdi, con la que posiblemente es la más grande de las cantantes de ópera de la actualidad, Anna Netrebko.




ENTRE LO FESTIVO Y LO HUMORÍSTICO
Para finalizar esta selección de las publicaciones de 2017, te propongo una visita algunos a temas más intrascendentes y desenfadados.

Sobre las fiestas populares, el arraigo que tienen y del desarraigo que tienen ciertas costumbres que las acompañaban tradicionalmente, el post La fiesta en la calle. Aquí nos acompañaba una poesía de Luís de Góngora poco habitual en el estilo del escritor cordobés y un coro de una zarzuela, La del soto del parral de Soutullo y Vert, con la particularidad de que aquí aparezco cantando en la Coral de La Palma, algo irreconocible tras el paso de un lustro.

Como su nombre indica, Fuegos artificiales es un post sobre esos espectáculos que nos llaman la atención no por el fondo de lo que nos quieren comunicar, sino por la forma en que lo hacen buscando el brillo o el sonido que llama la atención. Los artificios los ponen Ramón Gómez de la Serna y algunas de sus greguerías y un curioso y original trabalenguas musical, un aparte de la acción dramática surgido del genio de Gioacchino Rossini en La Cenerentola.

La última de las entradas que selecciono del año 2017 está plagada de sentido del humor, ya que comparto obras ni más ni menos que de Groucho Marx y del grupo argentino Les Luthiers, los ganadores del Premio Princesa de Asturias de este año. En Humor e inteligencia con Groucho Marx y Les Luthiers, el primero nos acompaña con un texto de su libro Memorias de un amante sarnoso y los últimos con una deliciosa, original y delirante zarzuela náutica propia de la genialidad de este grupo: Las majas del bergantín. No te la pierdas.

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