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Cuando tres no son multitud

Hay conceptos, ideas o expresiones que están asociados a números. El bien y el mal, el yin y el yang, el día y la noche los asociamos con la dualidad y el número dos. Expresiones como A vivir que son dos días, Es un arma de dos filos o Decir dos palabras las tenemos asociadas a este número.
En un dos por tres podemos pasar al siguiente número donde podemos encontrarnos con los tres reyes magos (o Las tres reinas magas de Gloria Fuertes), los tres tenores, los tres mosqueteros, los tres cerditos y obras como Tres sombreros de copa de Miguel MihuraTres ratones ciegos de Agatha Christie o los Tres tristes tigres de Cabrera InfanteAsí, el número tres lo asociamos a distintos títulos y expresiones. 
No voy a tratar sobre las tres uvas que el Lazarillo cogía cuando comía con el ciego cuando habían quedado en tomarlas de dos en dos, sino sobre obras en las que aparecen tres personajes como protagonistas o personajes secundarios.
Es habitual que en distintas obras -literarias, musicales o de otro tipo- aparezcan los personajes de dos en dos. Como tradicionalmente ocurre en la sociedad, estos personajes aparecen en libros y óperas como parejas de enamorados: Romeo y Julieta, Julio César y Cleopatra, Dante y Beatriz o Tristán e Isolda. También como cómplices o compañeros: los insurgentes hispanos Indíbil y Mandonio, Quijote y Sancho o Sherlock y Watson. También entra aquí la categoría de protagonistas y antagonistas como Otelo y Yago, el propio Sherlock Holmes y el profesor Moriarty, Harry Potter y Lord Voldemort o Luke Skywalker y Darth VaderHay multitud de obras en las que se desarrollan historias con estos tipos de personajes. 
En esta ocasión nos acercarnos a novelas y músicas en las que aparecen, a veces como protagonistas, otras como secundarios, tres personajes. Son también muchas las obras en las que encontramos estos tríos sentimentales en las que se tratan las relaciones que se establecen entre ellos. Los triángulos amorosos tienen su lugar en la historia de la literatura, el teatro, la ópera y el cine. Este tipo de historias surgen de la condición del ser humano y parten en muchas ocasiones de historias inspiradas en hechos reales. Pero esa es otra historia y tendrá cabida en otro momento.
En esta publicación te propongo acercarnos a grupos de tres personajes que protagonizan historias literarias y musicales. Nos acompañan obras de Rowling, Mozart, Jane Austen, Puccini, Dumas y un trío de grandes cantantes. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Así, prescindiendo de los triángulos amorosos que no tienen lugar en esta publicación, nos encontramos con que esos tríos no siempre lo fueron así. Los tres hermanos Marx eran cinco al principio, pero Zeppo y Gummo dejaron de aparecer para y se consolidaron los geniales Groucho, Harpo y Chico. A la inversa ocurre con los tres mosqueteros que, con el paso del tiempo serían cuatro al incluirse en ellos el protagonista D'Artagnan. En otras ocasiones, el número es invariable y parte del encanto de la obra como ocurre con las teatrales tres hermanas de Chejov o las televisivas Ángeles de Charlie.

El primero de los tríos de personajes nos lleva a una obra entre infantil y juvenil, en ese momento en el que se establecen lazos de amistad que perdurarán toda la vida o desaparecerán con la llegada de las relaciones amorosas. Reflejan los vínculos de amistad que crecen por primera vez fuera de los familiares, surgidos con los compañeros de colegio o del entorno cercano y suelen ser un momento en el que se crean relaciones intensas en las que se van asentando distintos roles según la personalidad de cada uno de los miembros y el desarrollo de la relación.
Uno de los ejemplos más brillantes y conocidos es el de un fenómeno literario y cinematográfico que arrasó desde los últimos años del pasado siglo y que llevó a la lectura a muchos niños, jóvenes e inclusos sus padres gracias a la obra de J. K. Rowling. Se trata de la serie de Harry Potter en el que se encuentra uno de los tríos de personajes más reconocibles, el formado por el protagonista, Ron Weasley y Hermione Ranger.


Con ese aire todavía infantil que tiene el primero de los libros,  Harry Potter y el cáliz de fuego, te invito a leer el primer encuentro entre los tres protagonistas que se produce en el tren que les lleva por primera vez al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Después de haberse encontrado Harry y Ron antes de montar en el tren y sentarse en el mismo compartimento, aparece la tercera protagonista, en una escena en la que no se crea una buena relación entre ellos.


Aunque la relación entre ellos es tolerada por los tres, no es has más adelante, con motivo de la aparición de un troll en los servicios cuando esta relación se muestra sólida e inquebrantable. Hay momentos en los que se sabe con certeza cuando y por qué se consolida una relación.


Estrenada algo más de dos meses antes de su muerte, Die Zauberflöte (La flauta mágica) es una de las óperas más deslumbrantes y enigmáticas del repertorio. La obra de Wolfgang Amadeus Mozart admite muchas lecturas donde se cruzan la lucha ente el bien y el mal, el cuento infantil, el rito masón con el camino hacia la iluminación, la opera bufa, el oratorio y piezas vocales de una brillantez exquisitas. 
Con un libreto de Emanuel Schikaneder, amigo, compañero masón de Mozart, empresario, intérprete de Shakespeare y el primer Papageno, se encuentra entre las óperas más representadas cada año en lo que va de siglo. Además de los protagonistas Tamino y Pamina, Papageno y su anhelada Papagena, cuenta con los antagonistas Sarastro y la malvada Reina de la Noche. Pero lo que la trae a esta publicación es dos tríos de personajes: Las tres mujeres, al servicio de esta última y los tres muchachos.


Se señala que Mozart incluyó en varias ocasiones el número tres en esta obra como parte de la simbología masónica. Además de estos personajes, la obertura se inicia con tres acordes que suponen la llamada de atención para iniciar la ceremonia.
Después de avisar a Tamino y Papageno que serán guiados por tres muchachos sabios, estos aparecen al final del primer acto para pedirles paciencia, silencio y perseverancia. En la siguiente presencia de los tres muchachos en el Acto II descienden de las alturas para interpretar Seid uns zum zweiternmala willkommen (Por segunda vez os damos la bienvenida) preparándolos para la prueba que se les avecina, mientras les devuelven la flauta mágica a Tamino y el carillón a Papageno. Curiosamente, además de su carga simbólica, son tres niños los que aconsejan a los adultos sobre cómo deben actuar y comportarse.


La interpretación corre a cargo de Ludwig M., Philip M. y Matthias H., pequeños grandes cantantes de los que se preserva el apellido con L'Orchestre de l'Opera National de Paris, la presencia silente de Piotr Beczala como Tamino y Detlef Roth como Papageno y la dirección de Ivan Fischer en una representación que se grabó en la Opéra National parisina en 2001. 


Después de personajes amigos y cercanos a la infancia, te presento otro grupo de tres tipos de personajes: los hermanos. Entre ellos se establecen relaciones desde el nacimiento en las que se muestran tanto pautas comunes procedentes de la educación en el entorno familiar como las diferencias en el carácter individual. A esto, se suman los roces y afinidades consecuentes con la convivencia.
Un ejemplo de estas relaciones entre hermanas lo podemos encontrar en una de las obras más conocidas de Jane Austen, Sense & Sensibility (Sentido y sensibilidad). La escritora inglesa dibuja con delicadeza e ironía las rígida sociedad inglesa de su época en las que la elección de marido es prácticamente la única opción para la mujer. La historia nos acerca a una viuda y sus tres hijas, las hermanas Dashwood, Margaret, Elinor y Marianne, centrándose en estas dos últimas, de carácter diferente y antagónico por momentos, que muestran las opciones ante la sociedad y el camino que anhelan tomar: el sentido común y la sensibilidad que suponen las dos formas de afrontar el futuro.
El texto que nos acompaña nos acerca a una de las veladas que se realizaban en la época en la que las Dashwood, madre e hijas, reciben a Edward Ferrars, uno de sus vecinos relacionado con Elinor. En la escena, Jane Austen muestra el carácter de las hermanas, sus relaciones entre ellas y sus diversos puntos de vista.




Además de los dobles tríos de La flauta mágica con las mujeres y los muchachos, hay otro trío aún más particular en la ópera póstuma de Giacomo Puccini, Turandot. Esta obra, que también ha tenido su lugar en varias ocasiones en este blog, es lo que vulgarmente podríamos llamar un cuento chino. Se trata en efecto de una obra en forma de cuento oriental a partir del drama de Carlo Gozzi y la versión que realizó Friedrich von Schiller del que escribieron el libreto Giuseppe Adami y Renato Simoni. 
En la historia de Turandot, la Principesa di gelo y su pretendiente de nombre desconocido aparecen tres ministros, Ping, Pang y Pong. En sus cartas, Puccini los nombraba como maschere (máscaras), como si fueran personajes de la commedia dell'arte. Aunque en los primeros esbozos de la ópera aparecían como los marginados de la leyenda china, acabaron convertidos en chinos sin perder el carácter de la tradición italiana, moviéndose siempre de tres en tres, como payasos o marionetas, interrumpiéndose unos a otros, completando sus pensamientos y frases y apareciendo siempre como un elemento grotesco que hace de contrapunto al drama.
De entre las varias apariciones que tienen a lo largo de la ópera te acompaña parte de la intervención que tienen al comienzo del Acto II. En el trío Ho una casa nell'Honan (Tengo una casa en Honán) los tres ministros añoran cada uno su lugar de origen y muestran su deseo de dejar su cargo y volver allá. Se trata de un terceto con tintes melancólicos en el que se reflejan las características que les acompañan durante la obra. 
La interpretación de este trío de Ping, Pang, Pong está a cargo del barítono Vinicius Atique y los tenores Geilson Santos y Giovanni Tristacci en una representación que se llevó a cabo en octubre de 2018 en el Theatro Municipal de São Paulo. Los subtítulos están en portugués, por lo que puedes seguir el argumento de este trío con facilidad.


Aparte de esas relaciones que se establecen entre niños y jóvenes antes de entrar en otra etapa y las que se producen entre hermanos o hermanas, hay otras que se crean a partir de relaciones en la edad adulta por motivos de trabajo o aficiones comunes. En algunos casos suele ocurrir que tras un tiempo de estrecha amistad, cada uno de los componentes tome un camino diferente en su vida.


Basado en un personaje histórico, Gatien de Courztilz, señor de Sandras, un antiguo mosquetero, publicó Memorias de Monsieru d'Artagnan en 1700. A partir de esta obra, Alexandre Dumas escribió una de esas obras que mezclan personajes históricos con algunos anacronismos y personajes ficticios provistos de un gran carisma  para crear una de las novelas de capa y espada que se ganó a los lectores desde su publicación, que se realizó por entregas en el periódico Le Siècle entre marzo y julio de 1844.
Los tres mosqueteros y sus continuaciones Veinte años después y El vizconde de Bragelonne muestran las aventuras del gastón D'Artagnan y los tres mosqueteros Athos, Porthos y Aramis durante el reinado de Luis XIII con el cardenal Richelieu como primer ministro antagonista y el señor de Tréville como jefe de los mosqueteros.
Estos tres mosqueteros a los que se une el joven D'Artagnan desarrollarán sus aventuras hasta que cada uno tome un camino diferente según sus ideas y aspiraciones.
Tras haber conocido el protagonista a cada uno de sus próximos compañeros y quedar citado para un duelo con cada uno de ellos el mismo día, en el mismo lugar y con una hora de diferencia, llegan a resolver sus diferencias y formar un grupo con uno de los lemas más famosos de la historia.
El texto que te acompaña recoge el momento en el que entregan al casero de D'Artagnan a las autoridades y  el grupo exclama por primera vez este lema.


Si el trío anterior desarrolla su amistad durante sus años de trabajo en el cuerpo armado del señor de Treville antes de encaminarse cada uno de ellos a un destino diferente, el último trío que nos acompaña surgió de forma casi inversa.
Triunfadores profesionales cada uno en su carrera, llenaron los teatros de ópera de todo el mundo antes de unirse para una serie de conciertos que acabaron prolongando debido al éxito que obtuvieron. Luciano Pavarotti, Plácido Domingo y Josep Carreras se unieron como Los tres tenores cuando eran leyendas de la ópera y no tenían nada que demostrar. Tras varias temporadas llenando auditorios y espacios diferentes a los teatros de ópera habituales, cada uno de ellos siguió su camino.

Grabado de Juan Serra y Pausas para Los tres mosqueteros
Finaliza esta publicación sobre tríos de personajes con la interpretación de una de las canciones más emblemáticas de la música de Nápoles. Se trata de O sole mio, una canción compuesta en 1898 por Eduardo di Capua a partir de un texto de Giovanni Capurro, una canción que se difundió por los emigrantes italianos que llegaron a América y que popularizó Enrico Caruso a comienzos del pasado siglo.
La interpretación de Los tres tenores que te acompaña se grabó en Los Ángeles en 1994 y tiene dos curiosidades: No está recogida en el DVD que se grabó de este concierto y Domingo y Carreras hacen el paripé de que no van a poder llegar a los agudos de Pavarotti en el clímax de la canción.

Y a ti, ¿qué otros tríos te han gustado? ¿Cuáles propondrías?
 
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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Rowling, J. K. Harry Potter y el cáliz de fuego, traducción de Nieves Martín Azofra, Muñoz García, Salamandra Infantil y Juvenil. ISBN: 978849836349.
  • Austen, Jane. Sentido y sensibilidad, traducción de Ana María Rodríguez, Editorial Penguin Clásicos (2015), ISBN: 9788491050001.
  • Dumas, Alexandre. Los tres mosqueteros, traducción de Jofr Homedes Bautnagel, Penguin clásicos (2016). ISBN: 978849105240
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.

Novelas epistolares

Vivimos en la era de la comunicación. Nunca a lo largo de toda la historia hemos estado mejor y más rápidamente comunicados que en la actualidad.
Cualquier hecho que acontezca en no importa qué rincón de nuestro planeta llega a nosotros en un tiempo récord, en ocasiones en el mismo instante en que sucede. Los medios de comunicación han ido mejorando su presencia, su eficacia y rapidez sustituyendo a lo que venían utilizándose desde siglos o años antes. Así, la prensa escrita ha ido cediendo su presencia predominante y fundamental frente a la radio, la televisión y, en los últimos años, internet, debiendo reinventarse en su labor tanto informativa como de creación de opinión. Pero no es este el tema de esta publicación.
De la misma forma que han cambiado los medios de comunicación masivos, sus formas y medios, también ha cambiado sustancialmente la forma de comunicación entre personas de forma individual. En un tiempo en que las distancias tardaban más en cubrirse, la comunicación personal no se podía realizar de forma directa y presencial en determinados momentos, una situación que comenzó a solventarse con la escritura de notas y cartas. Las primeras consistían en mensajes breves, en ocasiones para citarse de forma presencial en momentos determinados o en indicaciones, comentarios o avisos, mientras que las segundas intentaban solventar la distancia física que separaba a los interlocutores con una comunicación más personal y profunda.
En El arte de escribir cartas tratamos este tema con unas reflexiones en las que se nos acercábamos a libros que consistían en la publicación de intercambios epistolares entre grandes escritores y algunas de sus amistades. Así, nos acompañaron cartas de Cortázar, Rilke o Kafka, junto a escenas de óperas en las que las cartas entre los personajes tenían protagonismo.
En esta ocasión nos acercamos a libros y novelas epistolares, aquellos en los que la presencia de las cartas tiene un protagonismo fundamental en el desarrollo de la trama, algunos de ellos simplemente están escritos a base de cartas que desvelan los pensamientos y los acontecimientos por los que atraviesan los protagonistas, mientras en otras ocasiones, el narrador convencional ha sido sustituido por el autor por distintos recursos y elementos: diarios, cartas, noticias o anuncios de periódicos.
Te propongo un paseo por algunas novelas en las que la acción dramática está narrada a base de cartas que los protagonistas se envían y reciben, acompañados con algunas reflexiones sobre la escritura de cartas y música en la que estas forman parte esencial de la acción. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


La comunicación interpersonal mediante carta, posiblemente el tipo de comunicación más intensa durante mucho tiempo, se ha visto mejorada por la tecnología en distintos ámbitos. Por una parte, los medios de transporte han acercado las distancias mejorando los encuentros personales. Por otra parte, los avances en la comunicación que comenzaron con la generalización del uso del teléfono fijo en un primer momento, pasando a los móviles en las últimas décadas hasta llegar a las videollamadas actuales, han ido mejorando la facilidad en la comunicación y el acercamiento en las relaciones personales. También algunas aplicaciones de las que utilizamos de forma generalizada han contribuido a la cercanía en las relaciones con el uso de mensajes de texto o de voz.
De esta forma, nos encontramos en un tiempo en el que escribir cartas es una actividad que ha perdido su vigencia, una situación en la que podemos afirmar que tenemos las herramientas y la posibilidad de entablar unas comunicaciones más fluidas e intensas. Pero no siempre es así.
El hecho de escribir cartas, especialmente esas cartas personales que se escriben a mano, tiene una serie de características y ventajas. Por una parte, muestra la importancia que esa persona tiene para nosotros al dedicarle nuestro tiempo, interés y esfuerzo. También nos sirve para desarrollar nuestra motricidad fina y el área visual de nuestro cerebro. Además, nos ayuda en nuestra concentración y memoria al estar un tiempo concreto con el pensamiento en las ideas que queremos transmitir, nos ayuda a estructurar nuestras ideas y a gestionar nuestras emociones. En un tiempo en el que no disponemos, precisamente, de tiempo, el hecho de escribir cartas nos aporta una serie de ventajas. 


Considerado un autor tan escandaloso como el Marqués de Sade durante mucho tiempo, Pierre Ambroise Choderlos de Laclos (1741-1803) fue un militar francés y escritor aficionado cuya idea consistía en escribir una obra fuera de lo normal, que hiciera mucho ruido y que siguiera haciéndolo una vez que él hubiera muerto. Es lo que ocurrió con su obra más conocidas que podríamos catalogar dentro de la llamada Literatura galante del XVIII, Les liasons dangereuses (Las relaciones peligrosas o, como es más conocidas, Las amistades peligrosas), una obra publicada en 1782, pocos años antes de la Revolución Francesa y la caída del Antiguo Régimen, y de la que posiblemente recordemos la versión cinematográfica que dirigiera en 1988 Stephen Frears con Glenn Close, John Malkovick, Michelle Pfeiffer, Keanu Reeves y Uma Thurman en sus papeles principales.
Escrita estrictamente en modo epistolar, esta novela reúne el afán por las relaciones carnales y una meticulosa, perversa, libertina y refinada crueldad entre dos antiguos amantes, el Vizconde de Valmont y la Marquesa de Merteuil, que se muestran como amigos, aliados o rivales según las circunstancias. 
Estos depravados personajes entablan una relación epistolar a modo de partida de ajedrez en la que aprovechan todas las ventajas que pueden de la sociedad en la que viven. Pese a su estrecha relación, no se hallan en igualdad, puesto que Valmont, en su condición de hombre puede alardear de su libertinaje para acrecentar su reputación, mientras que la Marquesa de Merteuil ha de ocultar sus relaciones en su triple condición de marquesa, viuda y mujer, lo que la obliga a actuar de un modo más discreto y maquiavélico.
Escrita a través de ciento setenta y cinco cartas, el propio Choderlos de Laclos justifica la inclusión de estas misivas como una selección de las cartas entre estos dos y otros personajes con estas palabras escritas en la introducción:

Esta colección que el público hallará quizás aún demasiado voluminosa, no contiene, sin embarco, sino el más pequeño número de las cartas que componían la totalidad de la correspondencia de que está sacada. Encargado de ponerla en orden por las personas que la habían adquirido, y que sabía yo tenían intención de publicarla, no he pedido por recompensa de mi trabajo sino permiso de separar lo que me pareciese inútil, y he cuidado conservar efectivamente solo aquellas que he considerado necesario para mostrar los caracteres y hacer más comprensibles los sucesos.

Nos quedamos con las primeras cartas que conforman Las amistades peligrosas, la primera de ellas de Cecila Volanges a Sofía Garnay, la segunda de la Marquesa de Merteuil al Vizconde de Valmont y la tercera, como respuesta a la primera. 




De todos los tipos de correspondencia, sin duda las cartas de amor son las más conocidas y deseadas. Ya sean de amor intenso, apasionado y correspondido, ya sean de amor contrariado y no correspondido, este tipo de cartas tienen un poder y una fascinación que, en muchos casos van más allá de los remitentes y destinatarios, para formar parte de obras literarias y musicales.  
En la ópera Eugene Onegin Piotr Ilich Tchaikovsky nos cuenta la historia de este personaje y su relación con la soñadora Tatjiana. Esta última, distinta de su alegre y exultante hermana Olga reciben la visita en su finca de su vecino Lensk, un poeta que ama apasionadamente a esta última y que viene acompañado de Onegin, un aristócrata racionalista. Tras salir a pasear juntos Tatjana y Onegin, ella se siente extrañamente atraída por su frío y distante acompañante.
Al no poder conciliar el sueño se da cuenta de que se ha enamorado de Onegin, se sienta en su escritorio y le escribe una apasionada carta de amor que le hace enviar esa misma noche.
Esta escena de la carta supone uno de los grandes monólogos de la ópera en la que Tatjana atraviesa por una serie de emociones, desde la euforia a la desesperación, en una escena que podría dividirse en cuatro apartados, y que comienza con un trémolo vibrante en las cuerdas que muestran la inquietud y encuentro de emociones que siente la joven protagonista.
Al avanzar la ópera comprobaremos que la carta no tendrá efecto y Onegin le agradecerá la misiva, pero la rechazará, pues en lugar del esperado amor, sólo le podrá ofrecer su amistad.

La soprano Anna Netrebko se introduce en el rol de Tatjana para interpretar el aria-monólogo Puskai pogibnu ya, no preezhde (Que perezca, pero antes, con ciega esperanza) acompañada por The Metropolitan Opera Orchestra dirigida por Valery Gergiev en una producción del teatro neoyorkino de 2013 en la que el texto aparece con subtítulos en español.


Pese a la cada vez más escasa costumbre de escribir cartas, su consideración como una actividad útil y necesaria en las relaciones ha hecho que cada día 7 de febrero se celebre el Día de mandar una carta a un amigo
Así, se lleva a cabo una efeméride que nos ayuda a revisar y reconocer el valor de entablar un diálogo asincrónico con otra persona que contribuye a afianzar, mantener y consolidad la relación que tenemos con ella desde la distancia, ya se trate de recordar algún acontecimiento o experiencia juntos, contar una (buena) noticia o expresar sentimientos profundos, entre otras muchas posibilidades.


Otra de las novelas en las que el autor prescinde del omnipresente narrador para dar agilidad, verosimilitud y ofrecer diversos puntos de vista es la obra más conocida de Bram Stoker, Drácula. Bebiendo en las fuentes de las leyendas centroeuropeas, Stoker crea uno de esos personajes que han pasado a formar parte del imaginario popular con variantes, adaptaciones y secuelas que se basan tanto en el personaje como en el mito del vampiro que éste representa.
Aquí Stoker confiere ese grado de nerviosismo, miedo o inquietud al lector con la utilización de diarios, cartas, recortes, anuncios y noticias de periódicos, diarios de navegación o telegramas que ofrecen distintos puntos de vista para crear una novela original con un personaje del que se ha adueñado la gran pantalla en sus mil variantes, eclipsando la calidad y originalidad de novela de Bram Stoker.
El propio autor justifica también la forma de narrar la historia.

El modo en que estos papeles han sido ordenados en secuencia se pondrá de manifiesto durante su lectura. Se han eliminado todos los elementos superfluos de manera que una historia prácticamente en desacuerdo con todas las creencias recientes pueda sostenerse por sí misa como un hecho factual. No hay en ella referencias al pasado en los que la memoria pudiera equivocarse, ya que todos los documentos seleccionados son estrictamente contemporáneos, y reflejan el punto de vista y el grado de conocimiento de aquellos que los redactaron.

El viaje que Jonathan Harker realiza a Transilvania para cerrar la compra de unas posesiones en Londres del misterioso conde Drácula y que conocemos a partir de su diario, crea uno de los más inquietantes inicios de novela.
Buscando la correspondencia, obviamos los cuatro primeros capítulos para acercarnos a las primeras cartas que aparecen en la novela, la que Mina Murray, novia de Jonathan Harker escribe a su íntima amiga Lucy y la respuesta de esta. En ambas cartas se dejan ver algunos de los detalles que servirán para dar entidad a la novela: el deseo de iniciar un diario, los estudios de mecanografía y taquigrafía/estenografía, el conocimiento del director de un manicomio o la insistencia en mirarse al espejo, algo que no pueden realizar los vampiros.



En ocasiones las cartas de amor suponen una ruptura, no por falta de amor, cansancio o aburrimiento vital, sino por simples razones de supervivencia.
Basada en un personaje real, Micaela Villegas, conocida como La Perricholi, una actriz que fue amante de Manuel de Amat y Juniet, virrey de Perú entre 1761 y 1776, Jacques Offenbach estrenó su opereta Le Périchole en 1868 con gran éxito.
La acción se inicia en un cabaret de Lima el día del cumpleaños del virrey don Andrés de Ribiera, que suele salir ese día a la calle disfrazado para conocer qué piensa el pueblo de su gobierno. Allí descubre a dos pobres artistas ambulantes, La Périchole y Piquillo que interpretan una canción a la que el público apenas presta atención, salvo el virrey que se enamora de la cantante. Tras desvelar su deseo de que se convierta en su amante, La Périchole escribe una carta a su amante Piquillo, Ô mon cher amant (Oh, amado mío) en que desvela su renuncia a él por motivos de supervivencia.

Oh, amado mío, te lo juro,
te amo con todo mi corazón,
pero la miseria es ciertamente demasiado dura...

Nos quedamos con este Aria de la Carta de la opereta La Périchole de Offenbach con la interpretación de la soprano Maria Ewing en una producción del Gran Teatro de Ginebra de un ya lejano 1982.


Escribir una carta nos aporta unos beneficios puesto que nos ayuda a estructurar nuestras ideas, dándoles forma, organizándolas y exponiéndolas mucho más allá de lo que supone un simple intercambio de frases e ideas como los que se producen en los cotidianos mensajes de texto. Esta profundización de nuestro pensamiento conlleva un reconocimiento y gestión de nuestras emociones que tiene una doble vertiente, hacia el destinatario, que percibirá de forma clara y nítida nuestros sentimientos, y hacia nosotros mismos, aportando un rol terapéutico, puesto que nos ayudará a reconocer y liberar unas emociones que pueden encontrarse latentes o reprimidas y nos ayudará a liberar y aliviar las posibles tensiones que nos acompañan.


A caballo entre el siglo XVIII y XIX, Jane Austen es una de las grandes escritoras inglesas que retrató como nadie el ambiente social de la burguesía acomodada de la época georgiana, a la que describe con ironía y cierta dosis de comicidad, mostrando los distintos matices psicológicos de sus personajes a la par que una crítica de sus hábitos.
Novelas como Orgullo y Prejucicio, Sentido y Sensibilidad, Mansfield Park, Emma o Persuasión han traspasado la barrera del tiempo para formar parte de las lecturas actuales, además de servir para distintas adaptaciones cinematográficas.
La obra que nos acompaña es otra novela exclusivamente epistolar que no fue publicada en vida de la autora.
Escrita posiblemente entre 1793 y 1794, Lady Susan pertenece a sus obras de juventud y se publicó póstumamente en 1871, décadas después del fallecimiento de su autora.
Conformada por algo más de una cuarentena de cartas escritas o dirigidas a los protagonistas, narra los planes de la protagonista, Lady Susan Vernon, una reciente viuda en busca de marido que pretende casar también a su hija. Aquí la protagonista, una anti-heroína egoísta que mantiene relaciones con un hombre casado mientras busca esposo, hace que Austen revierta las claves de la novela romántica con este personaje joven, de apenas treinta años, inteligente e ingeniosa cuyos pretendientes son siempre más jóvenes que ella, cuya historia concluye con un final indulgente por parte de la autora.
Nos acompaña una sucesión de cartas en la parte cumbre de la novela en la que Reginal de Courcy escribe a la viuda para romper las relaciones que habían comenzado, las misivas que se intercambian sobre este tema y que concluye con la que la señora Johnson escribe para intentar aclarar qué intervención tiene su esposo en todo el asunto.




Tras el entuerto que los personajes de Lady Susan intentan solventar en sus cartas, nos despedimos de esta publicación sobre las novelas epistolares con un nuevo equívoco, en este caso extraído de la última ópera de Giuseppe Verdi.
Con Falstaff Verdi decide volver a la ópera con ochenta años para estrenar en 1893 en el Teatro Alla Scala de Milán la que sería su segunda comedia y su última obra, a partir del personaje creado por Shakespeare en Las Alegres comadres de Windsor y algunas escenas de Enrique IV.
En esta obra, el personaje de Falstaff escribe cartas de amor idénticas a Meg y Alice quienes descubren lo ocurrido y se burlan del anciano proponiéndose gastarle una broma. Así, Verdi crea el Cuarteto de las cartas, en el que en los jardines de los Ford, Meg, Alice, su hija Nannetta y Mrs. Quickly descubren y comentan la situación y deciden que esta última irá a la taberna para fijar una cita de Alice con el anciano pretendiente. El compositor italiano utiliza unos pasajes orquestales y vocales muy ágiles y vivos que concluyen con un cuarteto de voces femeninas. A este, le sigue otro de los hombres que aparecen por el jardín, entre ellos el esposo de Alice y el Dr. Cajus, quienes avisados por los criados de las intenciones de Falstaff, preparan otro plan para evitarlo, que incluye una broma que desconocen las mujeres.
La interpretación corresponde a la grabación de una producción desde el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria con Cristina del Barrio Isabel Rey, Ana Ibarra y Sofía Esparza con la dirección musical de Roberto Gianola.

No dejemos de escribir cartas.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Todas las voces, todas

Durante siglos, y aún hoy, más de la mitad de la humanidad ha estado silenciada. 

El poder, la fuerza y la opresión acabaron modelando las ideas, las costumbres o los pensamientos de quienes lo ejercían, dejando de lado que aparecieran nuevas opiniones, sensibilidades o puntos de vista diferentes a los que conformaron las distintas civilizaciones y culturas que se han ido desarrollando desde tiempos remotos.
Así, las mujeres, junto a aquellos que no formaban parte de los entornos del poder o las minorías han quedado silenciados. De esta forma, durante mucho tiempo se han desarrollado situaciones que no contribuyen a ofrecer una mirada amplia y enriquecedora al no contar con una gran parte de la humanidad.
Ha habido casos en que desde el poder, la ciencia, la literatura, la música o cualquier otro tipo de manifestación se han oído voces, se han expuesto sensibilidades o se han formulado ideas provenientes de estos entornos, especialmente el femenino. Se han tratado de casos que se manifestaban de forma aislada, gracias a un esfuerzo y empeño desarrollado contra la corriente de las fuerzas establecidas, y que han ido abriendo el camino para que otras voces pudieran escucharse.
Todos tenemos en la mente a muchas de estas personas que desgraciadamente no han tenido más remedio que ser pioneras al estar velados y vetados sus derechos. Desde reinas a escritoras, pasando por intérpretes o compositoras, pintoras, científicas, escultoras o pensadoras que hubieron de sacar sus lados rebeldes para alzar sus voces y dejar sentir sus sensibilidades hacia un mundo más completo y complejo.
En 1969, los argentinos César Isella y Armando Tejada Gómez compusieron Canción con todos, una obra que popularizó la cantante Mercedes Sosa y que algunos consideran una suerte de himno no oficial sudamericano y de cuyo estribillo he extraído el título de esta publicación y algunas que la sigan:

Todas las voces todas, todas la manos, todas.
Toda la sangre puede ser canción en el viento.
Canta conmigo, canta, hermano americano.
Libera tu esperanza con un grito en la voz.

Con esta publicación se intenta contribuir a cerrar una fisura que aún persiste y que incluye a todas las personas citadas y a aquellas que, simplemente, luchan por un trabajo y unas aspiraciones a desarrollarlo en las mismas condiciones y que eviten ese techo de cristal que las acompaña.

Te propongo conocer la lucha y las renuncias que algunas mujeres realizaron para que sus voces se escucharan. Nos acompañan tres mujeres, la escritora Jane Austen, la compositora Marianne von Martínez y la pintora Marie-Guillermine Benoist. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Unas creadoras que vivieron en tres de los grandes países de Europa entre el final del siglo XVIII y el comienzo del XIX son las protagonistas de esta publicación: La compositora austriaca de origen español Marianne von Martínez (1744-1812), la escritora inglesa Jane Austen (1775-1817) y la francesa Marie-Guillermine Benoist (1768-1826). Unas artistas que debieron luchar contra todas las trabas y dificultades por el simple hecho de ser mujeres y no querer aceptar el papel que debían desempeñar en sus vidas.  

Hija de Nicolo Martínez, un napolitano hijo de un soldado español que marchó con el séquito del Archiduque de Austria cuando fue nombrado emperador del Sacro Imperio Romano-Germánioo y de Maria Theresia de origen alemán, Marianne von Martínez nació en Viena en 1744, cuando su padre trabajaba como maestro de cámara para el nuncio papal en la ciudad austriaca. Pasó su juventud en el el mismo edificio en que vivían en la planta baja la familia Esterhàzy, que sería la gran mecenas de un joven Haydn que vivía en el piso superior, el poeta Metastasio, uno de los grandes libretistas de la época y el compositor Nicola Porpora
Con estos vecinos, la joven Anne Caterina, como fue bautizada y conocida hasta que de mayor decidió utilizar el nombre de Marianne, vivió la música desde pequeña y fue iniciada y educada por ellos en las técnicas de interpretación al teclado, canto y composición. Muy joven comenzó a interpretar y cantar para los componentes de la corte y sintió la admiración de la propia emperatriz Maria Teresa.

Nos acompaña el aria Se ti basta ch'io t'ammiri de la cantata Il nido degli amori de Marianne von Martinez, interpretada por la mezzosoprano Anna Bonitatibus y La Floridiana bajo la dirección de Nicoleta Paraschivescu grabada para el disco Marianna Martines. La tempesta de Sony Music Entertainment Germany de 2015.


Pocas escritoras que vivieron entre los últimos años del siglo XVIII y las primeras décadas del XIX tienen una importancia tan capital como Jane Austen
En una época en que había quienes defendían que las mujeres no deberían aprender a leer y que dedicarse a escribir libros iba contra la naturaleza de tener hijos, quedando en todo subordinadas al hombre en su rol social, establecidas en el ámbito doméstico y el cuidado tanto de los hijos como del esposo, Jane Austen rompió con su vida y su dedicación literaria esos esquemas. Sus obras, que no tuvieron en su vida el éxito del que han gozado más tarde, nos ofrecen una simbiosis entre la ironía, la comicidad y la construcción psicológica de sus personajes, unidos a una sensibilidad y una compleja visión de las relaciones sociales y personales.
En la última de sus novelas, Persuasión, la protagonista, Anne Elliot, expresa al capitán Harville -y a todos quienes la leemos- que los hombres siempre han gozado de todo tipo de ventajas ante las mujeres para poder narrar sus historias y sus vidas, para acceder a la educación y que siempre «han tenido la pluma en sus manos», siendo, por tanto, quienes han ofrecido a los demás su visión.
Persuasión, su última novela, es una historia de madurez que narra el romance entre Anne y el capitán Wenworth que, en un primer momento ella rechaza porque su educación y gratitud la hacen seguir el consejo de no comprometerse con el hombre al que ama, un oficial de marina. Así, Anne se enfrenta a años de soledad mientras su juventud va dando paso a una madurez que conlleva la pérdida de la belleza y el resplandor que poseía, aunque acrecienta su carácter cariñoso y dulce que le lleva a aceptar una segunda oportunidad en su relación.
Después de una conversación entre Anne y el capitán Harville sobre las diferencias entre la forma de ser y el comportamiento de hombres y mujeres, Austen centra al escena en el ruido producido por una pluma que se le cae al capitán Wenworth que se encuentra en la misma habitación. 


Nacida en París en 1768 en una familia económicamente acomodada con el nombre de Marie-Guillermine de Laville-Leroux, mostró desde pequeña grandes dotes para la pintura, por lo que recibió junto con su hermana clases de Elisabeth Vigée-Lebrun, pintora de cámara de la reina Maria Antonieta y más adelante de uno de los grandes pintores franceses, Jacques-Louis David.
En aquellos años había un grupo de mujeres pintoras que habían logrado hacer realidad su afición por la pintura, aunque hubieron de seguir las rígidas normas sociales que las relegaba a un determinado tipo de pintura.
Tras casarse con el abogado Pierre-Vincent Benoist, adoptó el apellido de su esposo. En sus primeros años de matrimonio Marie-Guillermine Benoist compaginó su vida doméstica y la educación de sus tres hijos con su carrera profesional, llegando a colaborar en la ilustración de algunos libros.
Su presentación artística en sociedad se había realizado en 1791, un par de años antes de su matrimonio, con la presentación en el Salón de París de su cuadro Psique despidiéndose de su familia. Más adelante presentaría un cuadro que mostraría su lado más personal, La inocencia entre la virtud y el vicio.
Se trataba de una obra en la que la Benoist comenzó a mostrar su visión más personal del mundo, al representar el vicio con una figura masculina en lugar de hacerlo con la esperada figura femenina.

Marie-Guillermine Benoist. La inocencia entre la virtud y el vicio (1791).

La amistad entre Marianne von Martínez y Metastasio se fue acrecentando con el paso del tiempo, hasta el punto de creerse que llegaron a ser amantes pese a la enorme diferencia de edad entre ambos. Algunas de las obras de la Kleine Spanierin (La pequeña española), como la llamaba Haydn, se basaron en libretos que Metastasio componía expresamente para ella.
Acogida bajo la protección de Metastasio y  Porpora, fue admitida en instituciones como la Academia Filarmónica de Bolonia y nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad de Pavía, componiendo sonatas, sinfonías, conciertos, algunas cantatas, piezas religiosas y oratorios como Santa Elena al Calvario o Isacco figura del Redentore, algunas de las cuales parece a sus biógrafos que fueron pensadas para ser interpretadas por ella misma.
Sus obras poseen toda la fuerza, equilibrio y elegancia de las obras del clasicismo vienés que tanto llegarían a desarrollar compositores como Haydn o Mozart y que, dentro del panorama vienés llegaron a eclipsar la obra de la Pequeña española
Como muestra de su obra instrumental nos acompaña su Sinfonía en do mayor, una obra compuesta en 1770 y que se estrenó nada menos que doscientos años después, en Valladolid en junio de 1978.
Se trata de una obra deliciosa y galante, digna del propio Haydn y en el más puro estilo vienés de la época escrita en tan solo tres movimientos: Allego con spirito, Andante ma non troppo y Allegro spiritoso.
El enlace nos muestra el primero de los movimientos Allegro con spirito de esta Sinfonía en Do mayor (Ouverture in C Mayor),en la interpretación, de nuevo por la agrupación La Floridiana recogida en el álbum Marianna Martines: Il Primo Amore dirigido de nuevo por Nicoleta Paraschivescu grabado en 2012.


Jane Austen dedicó su vida a la literatura, a la creación de unos personajes, especialmente los femeninos, y unos ambientes que conocía de sus relaciones sociales. Sus protagonistas, Elizabeth, Emma, Fanny o Anne, auténticas heroínas, precisan de una estructuración de sus talantes personales y poseen una enriquecedora libertad interior mientras buscan, y consiguen, amables esposos en obras cuyos protagonistas cada vez se tornan más ricos e interesantes en lo más íntimo de su personalidad. Austen acepta que el orden social establecido no lo puede cambiar con su pluma, pero sí puede conseguir que estos personajes crezcan y se transformen conforme avanzan las historias.
Pese a que sus primeras obras fueron publicadas con el pseudónimo By a Lady  (Por una mujer) que daba a entender sus intenciones, sus novelas comenzaron a gozar del éxito en su vida, aunque no han dejado de aumentar con el paso del tiempo. Desde su primera novela, Sentido y sensibilidad, publicada en 1811, seguida de Orgullo y prejuicio, Mansfield Park o Emma, hasta las dos últimas, La abadía de Northanger y Persuasión, publicadas póstumamente, la obra de la escritora inglesa muestra de forma clara y contundente la idea de entregar su modo de vida a la literatura.

James Edward Austen-Leigh, su sobrino, hijo de James, el hermano mayor de Jane, publicó en 1870, más de cincuenta años después de su fallecimiento, Recuerdos de Jane Austen, una obra biográfica sobre la escritora inglesa en la que los datos estrictamente biográficos se hayan salpicados con anécdotas y memorias familiares. El éxito del libro le hizo sacar una nueva edición el año siguiente a la que añadió algunos texto inéditos de su tía entre los que se encontraba un capítulo suprimido de Persuasión.
El Capítulo VI lo dedica James a los hábitos de escritura después de un largo paréntesis desde que la familia cambió de residencia, las primeras publicaciones y el interés que Jane Austen mostraba por el éxito de sus obras.
Nos acercamos al inicio de este capítulo de los Recuerdos de Jane Austen en que el autor nos muestra cómo escribía de forma discreta y solitaria rodeada de tantas personas como había en la casa y nos remite a tres cartas en las que la escritora nos desvela el interés con que seguía el resultado que tenían sus novelas una vez que salían a la luz. De las tres cartas citadas, el texto que nos acompaña finaliza con la primera de ellas.

Retrato de Jane Austen para la portada del libro de James Edward Austen Leigh



Marie-Guillermine Benoist continuó mostrando en sus obras un lado menos convencional del que se adjudicaba a las mujeres en la pintura. En 1800 presentó en el Salón de París una obra que mostraba su personalidad y sus intenciones: Retrato de una negra.
En esta pintura, Benoist retrataba a una antigua esclava, criada de su cuñado, dando visibilidad simultáneamente a dos colectivos, las mujeres y las personas de color, en un momento en que la esclavitud había sido abolida legalmente, pero aún no habían mejorado las condiciones de los antiguos esclavos. En esta obra la pintora decidió que la protagonista de la obra apareciera siguiendo la convención tradicional que se reservaba a las mujeres blancas de las clases burguesas y nobles, convirtiéndose en una suerte de manifiesto a favor de la emancipación de la mujer y de las personas de color.
Pese a que las reacciones a esta pintura fueron variadas, abundaron las negativas, con muchos críticos que desprestigiaron la obra por haber infringido las normas estéticas y artísticas, además de haber sido realzadas por una mujer. En 1818 este Retrato de una negra fue adquirido por Luis XVIII para el estado francés, pudiéndose admirar en la actualidad en el Museo del Louvre parisino.
Unos años más tarde, en 1803, recibiría el respaldo de Napoleón Bonaparte que le encargó un retrato suyo para la ciudad de Gante. Creció su prestigio como autora de retratos, recibió la medalla de Oro del Salón y una pensión oficial para que pudiera desarrollar sus dotes pictóricas, además de abrir una escuela de pintura exclusivamente para mujeres.
Pero su carrera se truncó cuando su esposo fue nombrado miembro del Consejo de Estado tras la restauración borbónica en 1814. Era inconcebible que un alto cargo del gobierno tuviera una esposa que pudiera hacerle sombra, por lo que Marie-Guillermine fue sutilmente invitada a abandonar su carrera y dedicarse de forma exclusiva a su familia. 
Desde ese momento, Marie-Gullermine Benoist apenas si llegó a pintar algún cuadro para ella misma o su familia, hasta su fallecimiento dos décadas después en octubre de 1826.

Marie-Guillermine Benoist. Retrato de una negra (1800). Museo del Louvre.

Cuando fallecieron Metastasio y el padre de Marianne Martines, como también se la conoce, tanto ella como su hermana recibieron una sustanciosa herencia de más de 20.000 florines con la que pudieron dedicarse a realizar veladas musicales semanales en su casa en las que ella y músicos de la talla de HaydnMozart o un joven y recién llegado Beethoven interpretaban piezas para deleite de los asistentes y que llegaron a ser muy famosas en toda la ciudad. Lo que habría sido para los presentas haber podido asistir a una de estas veladas y poder presenciar a Marianne Mozart tocando juntos una pieza a cuatro manos.
En 1790 se decidió a abrir una escuela de canto en la que se formaron algunas de las voces que llenaron los primeros años del siglo en la capital vienesa.
Así, una de las personas más dotadas para la música de finales del XVIII y comienzos del XIX no pudo dedicarse de forma profesional a la música, salvo para impartir clases. Dedicó su vida a la música componiendo más de doscientas obras, de las cuales algunas no se han llegado a estrenar o, si lo han sido, no existen grabaciones de ellas. Afortunadamente hay un proceso de investigación y redescubrimiento de la figura y la obra de una virtuosa de la música que hubo que dedicarse a ella como divertimento de salón más que como modo de vida.

Anton von Maron. Retrato de Marianne von Martínez (c. 1780). Haydn Haus, Viena. El texto al pie del retrato indica: “Maria anna Martines. Pupila de Pietro Metastasio, nacida en Viena, el cuatro día antes de las nonas de mayo, 1744, [miembro] de la Sociedad Académica Filarmónica.”

Siguiendo la vocación por la música vocal que tenemos en el blog, nos despedimos por esta ocasión de Marianne von Martínez con una de sus cantatas, Dixit Dominus con la interpretación del Salmo 110 a cargo de la orquesta y coro Salzburger Hormusik con Wolfgang Brunner al clavicémbalo y la dirección en una grabación de estudio de febrero de 2020.


Jane Austen siguió viviendo con su padres y su hermana Cassandra desde su hogar inicial en Steventon hasta el de Bath, una vez que se retiró su padre como reverendo en aquel lugar. Una vez fallecido este, se mudaron a Southampton y más tarde a Hampshire, donde comenzó a tener más tiempo para revisar sus primera novelas y escribir las tres últimas.
Tras una vida en que renunció al matrimonio, al contrario que las protagonistas de sus libros, Jane Austen enfermó en 1816, en el verano del año siguiente la llevaron a Winchester para un nuevo tratamiento médico, falleciendo el 18 junio de 1817. Fue enterrada en la Catedral de Winchester y en 1967, ciento cincuenta años después de su fallecimiento, se colocó una placa conmemorativa en la Poet's Corner (Rincón de los poetas) de la Abadía de Westminster.




El cierre de esta página sobre estas tres mujeres que lucharon contra la corriente de su época queda bajo la pluma de la escritora inglesa, de la que han quedado las dos últimas cartas a la que hacía referencia su sobrino James  Edward Austen-Leigh en su capítulo sobre los Recuerdos de Jane Austen.




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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Austen, Jane. Persuasión, traducción de Manuel Ortega y Gasset. Penguin Clásico, 2015.
  • Austen-Leigh, James Edward. Recuerdos de Jane Austen,  traducción de Marta Salís. Alba Editorial, 2012.