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Objetos epónimos

Nuestro idioma posee una enorme riqueza en cuanto a formas, estructuras semánticas y vocabulario que le confieren una gran capacidad de comunicación y expresión con la que podemos transmitir nuestros pensamientos, sentimientos y conocimientos. 
Un idioma, como instrumento de relación imprescindible presenta no sólo esa riqueza, sino que es un elemento vivo de comunicación, un medio vivo que incorpora nuevos términos y expresiones por el mero hecho de utilizarlos en el habla diaria, mientras va desechando otros que quedan obsoletos por su falta de uso.
Desde su nacimiento como lengua coloquial independiente del latín, nuestro idioma ha ido añadiendo vocabulario de muy distintas procedencias y tiempos. Seguir la procedencia de algunos términos, tener la curiosidad de indagar en su origen y etimología, relacionarlos con otros que conocemos nos ayudan a reflexionar sobre nuestro idioma -sea el que sea- y enriquecernos. 
En una publicación de este blog, Dantesco, maquiavélico, kafkiano y otros más  se trató de algunos términos epónimos de autores que se han incorporado a nuestro vocabulario habitual más allá de su significado relativo al autor. 
Acercándonos al Diccionario de la Real Academia Española podemos encontrar en primer lugar el término que nos acompaña en esta publicación:

Epónimo, ma: Del griego ὲπώνυμος, epónymos

1. adj. cult. Dicho de una persona o de una cosa: Que tiene un nombre con el que se pasa a denominar una ciudad, una enfermedad, un concepto, etc. U. m. c. s. El doctor Alos Alzheimer es el epónimo de la enfermedad que lleva su apellido.

En esta publicación nos centraremos no en adjetivos que tienen su origen en la literatura o la música, sino en objetos epónimos que obtienen su nombre de autores o personajes literarios o de términos musicales que provienen de otros nombres de diversa índole.
Te invito a dar un paseo por términos de nuestro vocabulario relacionados con objetos cuyos nombres son epónimos de autores o personajes relacionados con la literatura o la música. Nos acompañan obras de GoldoniČapek, Góngora, música de orfeón y de lira. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


El primero de los términos que nos acompañan hace referencia a una de las prendas más utilizadas en nuestro vestuario:

Pantalón: Del fr. pantalon

1. m. Prenda de vestir que se ajusta a la cintura y llega generalmente hasta el pie, cubriendo cada pierna separadamente. U. t. en pl. con el mismo significado que en sing.

2. m. Prenda interior que usaban las mujeres, más ancha y corta que el pantalón.

3. m. pl. colog. Hombre u hombres.

Además de varias expresiones relativas a la palabra pantalón, nos quedamos con el primero de los significados, mientras los dos siguientes llaman más la atención por su menor uso en el lenguaje habitual, especialmente el último, en el sentido de que de ninguna manera esta prenda es ya de uso exclusivo masculino.

Independiente de su referencia al origen francés del término, recurrir a una fuente más especializada como el Breve diccionario etimológico de Joan Coromines, encontramos la procedencia de este término:

Pantalón, h. 1800. Del fr. pantalon. Íd. formado con el nombre de Pantalone, personaje de la Comedia italiana, caracterizado por un pantalón largo a la veneciana, y bautizado con el nombre de San Pantaleón, muy común en la plebe de Venecia, entre la cual disfruta de gran veneración.

La Commedia dell'Arte o Comedia del arte italiano es un estilo de teatro profano que comenzó comenzó a desarrollarse en la península Itálica en el siglo XVI, como una forma ecléctica entre el teatro renacentista y las costumbres de los carnavales con sus vestuarios y máscaras, a los que se agregan recursos de los cómicos ambulantes como la mímica o las acrobacias.
Así surgió un género en el que los disfraces y malabares, el humor satírico, los personajes que se repiten y un tipo de argumentos festivos, se unen en unas obras de carácter popular con historias que giran sobre situaciones cómicas exageradas que buscan la hilaridad del público, un determinado aleccionamiento y la ridiculización de algunos personajes simbólicos.
Nos encontramos en estas obras los mismos personajes, casi todos con máscaras, salvo los enamorados que van a cara descubierta para mostrar su sinceridad y pureza. Entre ellos están los vecchi (viejos), personajes poderosos, los ricos, militares o los de profesiones de renombre; los personajes de escena (innamorati o enamorados) y los zanni o criados, donde aparecen bufones o malabaristas.
Así, surgen nombres que hemos oído en ocasiones, cada uno con sus características personales y los ropajes que los identifican: Entre el primer grupo destacan Pantaleone o Pantalone, Il Capitano, Tartaglia o Il Dottore, en el segundo los famosos Arlequín o Colombina, y en el último, Polichinela o Scaramouche, aunque este aparece en ocasiones en el primer grupo también.
El que nos atañe, Pantalone es un viejo mercader avaro y lujurioso, encerrado en sí mismo, quizás por algún revés sentimental de juventud, un gruñón que se preocupa más por los negocios y reniega de su felicidad y la de los demás. En ocasiones es un personaje amargado y malicioso, en otras, comprensivo y bondadoso, en suma, un misterio para los espectadores.


Su cara suele estar cubierta con una máscara negra en la que predomina una enorme nariz, y los característicos pantalones negros que le han dado nombre, a los que acompaña una bolsa con monedas, una pequeña espada y un abrigo o capa negros.
Tanta fue su importancia en Italia, desde donde se divulgó por algunos países del continente, que muchas disciplinas se basan en él como el cine cómico, el teatro independiente, las improvisaciones en escena, muchos personajes del circo o las escenas de mimos y pantomimas.
Pese a ser teatro improvisado en el que los personajes actuaban a partir de un pequeño guion, es la obra de Carlo Goldini la que mejor nos ha legado este tipo de teatro. 
Para acercarnos al término pantalón nos quedamos con una de las obras que nos remiten a la Commedia dell'Arte: Arlequín, servidor de dos patrones. El texto que nos acompaña pertenece a la segunda escena del Acto II, una escena en la que participan dos de los viecchi, El Doctor y Pantaleón. Los dos personajes tratan sobre la dote a entregar en una escena donde priman la confusión y un tipo de diálogo que, por momentos se acerca a la pregunta - respuesta típica de este tipo de comedias.


En realidad, el término musical que nos acompaña a continuación no es un objeto, sino que alude a una agrupación de personas.

Orfeón: Del fr. orphéon.

1. m. Agrupación de cantantes en coro, sin instrumentos que los acompañen.

Buscando su incorporación a nuestro idioma, en el Breve diccionario etimológico de Coromines, encontramos:

Orfeón, h. 1900. Tom. del fr. ofphéon id. formado con el nombre de Orfeo, célebre músico de la mitología griega. La terminación se debe a una imitación del fr. odéon "edificio destinado a ensayos musicales", tom. del gr. ó'déion.

Nos encontramos, pues, ante un doble significado: por un lado la agrupación, por el otro, el lugar donde se reúnen para ensayar y congregar aficionados para sus conciertos.
En la actualidad,  no existen orfeones dedicados única y exclusivamente al canto vocal sin acompañamiento, al canto A capella, sino que las agrupaciones diversifican su repertorio entre obras sin acompañamiento y otras con música interpretada, en ocasiones por un teclado, en otras por distintos instrumentos o agrupaciones que alcanzan en ocasiones hasta las orquestas sinfónicas. Aún así, muchas agrupaciones llevan el título de orfeón, igual que otras llevan el de coral o coro.


Si pensamos en este nombre, a muchos se nos vendrán un par de coros que lleven este nombre, como el Orfeón Donostiarra, quizás el más prestigioso de nuestro país.
Buscando una composición que se interprete a capella, nos quedamos con una agrupación que está entrando a formar parte de ese prestigioso grupo de coros que van ganando en excelencia con cada una de sus apariciones tanto en grabaciones como en conciertos.
El León de Oro es una agrupación que nació en 1997 con un grupo de amigos apasionados por el canto y que ha crecido en estas décadas consiguiente renombre, galardones y siendo invitado a diversos festivales y conciertos, convirtiéndose en una referencia en nuestro país y en otros.
Como este tipo de agrupaciones, El León de Oro tiene una composición variable en cuanto a sus componentes, así como un programa versátil que le permite ofrecer una amplio repertorio que abarca desde la música del Renacimiento y del Barroco hasta la de nuestro tiempo.
Nos acompañan en una interpretación de In Paradisum de Josep Vila que se llevó a cabo el 3 de enero de 2017 dentro del Concierto de Año Nuevo que se celebró en el Teatro de La Laboral de Gijón con la dirección de Marco Antonio García de Paz
Para una interpretación a capella tan envolvente como este In Paradisum, los componentes de El León de Oro adoptaron la particular disposición que se aprecia en el enlace y que finaliza con un saludo y un obsequio al compositor. En esta ocasión es casi imprescindible escucharla con auriculares para apreciar todo su valor.


De entre los objetos que han adquirido su nombre a partir de este origen nos encontramos con un fácilmente reconocible, especialmente para los aficionados a la literatura y poesía del periodo más brillante de nuestra historia.

Quevedos: De F. de Quevedo y Villegas, porque con esta clase de anteojos está retratado este escritor español del Siglo de Oro.

1. m. pl. Lentes de forma circular con armadura a propósito para que se sujete en la nariz.

Estas lentes inconfundibles del escritor entran en nuestro vocabulario a mitad del siglo XIX según el citado Breve diccionario etimológico de Joan Coromines
De cuerpo poco agraciado, Quevedo nació cojo con pies deformes y una miopía aguda, lo que hizo que su infancia fuera relegada a actividades sedentarias y solitarias frente a los demás niños, una situación que determinó su carácter agrio que desembocó en un humor jocoso y ácido y que tratamos en Quevedo en nuestro tiempo al cumplirse los aniversarios de su nacimiento y muerte en el mes de septiembre.
Sabido es que en el Siglo de Oro los más ilustres e ilustrados de nuestros escritores tenían unas relaciones bastante agrias entre ellos y que utilizaban sus plumas para agredir a sus rivales literarios, como se trató también en este blog en Rivalidades artísticas: El Siglo de Oro
En este sentido, nos acercamos a uno de los poemas atribuidos a Luis de Góngora en el que, dentro de su estilo culteranista, escribe un soneto contra la figura de Quevedo en la que, no sólo ataca su capacidad creativa, sino que, entrando en ese juego de palabras y dobles sentidos, también lo hace sobre sus defectos físicos.
Incluida en algunos de los libros antológicos que recogen su obra lírica, Poesía, lo encontramos entre las obras clasificadas como Sonetos atribuibles por su dudosa procedencia, pero que encajan dentro del estilo del escritor. Quizás sólo se tratase de hacerlos circular de forma anónima.

Retrato de Quevedo atribuido a John Vanderham, Museo Wellington (Londres)
Así, en este soneto A don Francisco de Quevedo, encontramos una gran cantidad de expresiones, algunas de las cuales merecen la pena ser comentadas para apreciar el elemento tóxico que destilaban estas diatribas entre autores. 
En el primer cuarteto hace referencia a pies de elegía refiriéndose a las medidas de sus versos elegíacos, aunque fonéticamente suenan como «pies de lejía», con el doble sentido de versos desiguales y la referencia a los defectuosos pies del escritor.
El último terceto es totalmente escatológico, pues hablando del «ojo ciego», remite los versos flojos no sólo al poco valor que les da, sino también al vientre suelto que acaba necesitando de los gregüescos, esos calzones anchos que necesitará al no poder contenerse.
Aunque la referencia que más se acerca a esta publicación la encontramos en el primero de los tercetos, al hablar de antojos en el doble sentido de capricho y anteojos, una acepción que continúa al comentar que quiere traducir del griego sin haber podido verlo por sus propios ojos. Ya aparecieron los quevedos.

En esta ocasión nos centramos en un instrumento musical cuyo origen proviene del latín que lo tomó del griego.

Lira: Del lat. lyra y este del gr. λύρα, lýra.

1. f. Instrumento musical usado por los antiguos, compuesto de varias cuerdas tensas en un marco, que se pulsaban con ambas manos.

2. f. Instrumento que por ficción poética se supone que hace sonar el poeta lírico al entonar sus cantos.

3. f. Numen o inspiración de un poeta determinado. La lira de Anacreonte, de Horacio, de Herrera.

4. f. En la lotería de algunos países, aparato formado por diez varillas metálicas donde se ordenan las bolas tras su recuento y comprobación antes de introducirlas en el bombo.

5. f. Métr. Combinación métrica de cinco versos, heptasílabos el primero, tercero y cuarto, y endecasílabos los otros dos, de los cuales suelen rimar el primero con el tercero, y el segundo con el cuarto y el quinto.

6. f. Métr. Combinación métrica que consta de seis versos de distinta medica, y en la cual riman los cuatro primeros alternativamente, y los dos últimos entre sí.


Aparte de la referencia a la lotería y las dos últimas acepciones relacionadas con la poesía, nos centramos en las tres primeras. La primera acepción se refiere al instrumento musical, mientras la segunda y la tercera amplían a un significado más amplio: 

Lírico, ca. Del lat. Lyricus, y este del gr. λυρικός, Lyrikós, la forma f., del lat. lyrica, órum y este del gr. [τὰ] λυρικά (tá) lyriká.

1. adj. Perteneciente o relativo a la lira, a la poesía apropiada para el canto o a la lírica.

2. adj. Dicho de una obra literaria. Perteneciente a la lírica.

3. adj. Dicho de un poeta. Que cultiva la poesía lírica.

4. adj. Propio o característico de la poesía lírica, o apto o conveniente para ella. Arrebato, lenguaje, talento lírico.

5. adj. Que promueve una honda compenetración con los sentimientos manifestado por el poeta. Una evocación lírica.

6. adj. Dicho de una obra de teatro: Total o principalmente musical.

7. f. Género literario, generalmente en verso, que trata de comunicar mediante el ritmo e imágenes los sentimientos o emociones íntimas del autor.

Con esta vasta gama de significados, relacionados algunos entre sí, nos  parece importante observar los dos últimos referidos a las obras musicales para el escenario: óperas, zarzuelas y los musicales actuales; y la última, que hace referencia a las obras poéticas. 

Nos quedamos en compañía de la palabra original: la lira, ese instrumento ancestral que es el origen del resto de términos y acepciones.
Márcia Typynambá interpreta una versión para lira de la Sonata para piano nº 14, el Op. 27 nº 2 de Ludwig van Beethoven, más conocida con el sobrenombre de Claro de luna


El último de los términos relacionados con la literatura no es estrictamente un epónimo, en el sentido de que el término no proviene de una persona, sino que es un sustantivo creado para un grupo de personajes en una obra de teatro y que ha entrado de lleno en nuestro vocabulario y en nuestras vidas.

Robot. Del ingl. robot, y este del checo robot, de robota «trabajo, prestación personal.»

1. m. Máquina o ingenio electrónico programable que es capaz de manipular objetos y realizar diversas operaciones.

2. m. robot, que imita la figura y los movimientos de un ser animado.

3. m, Persona que actúa de manera mecánica o sin emociones.

4. m, Inform, Programa que explora automáticamente la red para encontrar información.

Un termino tan utilizado en nuestra vida tiene, como vemos, su origen en una palabra de origen checo, una de las pocas que proceden de ese idioma, quizás junto con golem, kafkiano, pistola o alguna otra más.
Su creación se debe al escritor checo Karel Čapek (1890-1938), un autor relacionado con la ciencia ficción, cuya obra más importante es La guerra de las salamandras (1936), una obra en que critica con un fuerte tono irónico la deriva nazi y la incapacidad de los países para poner freno al peligro que presentaba.
Pero el término robot lo utilizó en su primera obra de teatro R. U. R. (Robots Univesales Rossum), una pieza que estrenó en el Národní Divadlo (Teatro Nacional) de Praga en 1921 y en otras ciudades como Nueva York, París o Londres en los meses siguientes. 

Acto I de RUR, Theatre Guild (Nueva York, 1923),fotografía de Francis Bruguiere
Según contaba el diario Lidove Noviny a finales de 1933, cuando Čapek ya era un escritor consagrado, la idea para su primera obra de teatro se le ocurrió cuando contaba veinte años. Le contó a su hermano Josef, pintor cubista, su idea, aunque sin tener claro el nombre que darle a los trabajadores creados en el laboratorio. Tras pensar en el término Labori, su hermano le propuso llamarles robots. Esta palabra procede del checo «robota» y significa trabajo, especialmente el que se refiere al de los siervos de la gleba. 
La obra, que tuvo un éxito casi simultáneo en diversos países contribuyó a popularizar el término robot, aunque en la novela se refiere más al significado que damos actualmente al término androide que al de máquina que realiza trabajos como los brazos robóticos u otros aparatos programables que se utilizan en la industria o en el ámbito doméstico.
Nos quedamos con dos extractos de R. U. R. (Robots Univesales Rossum), el primero de los cuales nos muestra el inicio de la obra, en la que nos situamos en la oficina principal de la fábrica de robos, en la que, tras despachar la correspondencia Domin, el director general de R.U.R., recibe la visita de Elena Glory, un personaje que tendrá una trascendencia capital en el desarrollo de la obra.



A continuación nos situamos en el Acto III, en el que la influencia de Elena ha hecho que se fabriquen los robots con características más humanas, lo que origina una revuelta de los mismos que pone a los protagonistas, y a la propia humanidad en un trance que la llevará a su próxima desaparición.


Recuerda que puedes seguir otra publicación relacionada con los epónimos en Dantesco, maquiavélico, kafkiano y otros más.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Rivalidades artísticas: El Siglo de Oro

El diccionario de la Real Academia Española define el dualismo como "la creencia religiosa de pueblos antiguos, que consistía en considerar el universo como formado y mantenido por el concurso de dos principios igualmente necesarios y eternos, y por consiguiente independientes uno de otro". Esta creencia que se remonta a Zoroastro en la Persia del siglo VI a. de C. con Omuz, principio divino del bien y Ahrimán, del mal, continúa más adelante con el orfismo, el gnosticismo o el maniqueísmo e incluso alcanza hasta tiempos más cercanos con los conceptos taoístas del Yin y Yang.
La dualidad entre lo espiritual y lo material, entre la luz y la oscuridad o simplemente entre el bien y el mal son, en el fondo, reflejos de nuestra propia concepción de las ideas y reflejo del vocabulario que nos ayuda, por un lado a dar forma al mundo al imaginarlo y expandirlo cuando lo verbalizamos y, por otro lado, a reducirlo en cuanto que ese mismo lenguaje, en nuestras limitaciones, nos impide llegar a conocerlo mejor.
Consustancial a nosotros es ese dualismo con que nos enfrentamos a la existencia. La constante variedad de antónimos con que configuramos el mundo nos limita en cierto sentido: frío y calor, natural y artificial, luz y tinieblas, amigo y enemigo, lo mío como lo acertado y lo tuyo como lo erróneo determinan nuestra mirada en los extremos de ciertos conceptos que, con frecuencia nos llevan a posicionarnos en uno u otro lugar. 




Tomar partido en una discusión, optar por un participante en una competición deportiva, ante determinadas ideas políticas o sociales son opciones interesantes si utilizamos nuestras capacidades para argüir, aunque podemos encontrarnos en la opción opuesta: el haber tomado partido no nos permite buscar e imaginar nuevos argumentos, sino seguir el dictado de la opción a la que seguimos sin abrir nuestra mente a nuevos razonamientos que se salgan de la línea marcada.
Este acercamiento a una postura, a una ideología no se escapa al terreno de las artes. Siguiendo el lema del movimiento de la Secesión de Viena (Sezessionsstil) "Der Zeit ihre Kunst, der Kunst ihre Freiheit" (A cada tiempo su arte y a cada arte su libertad), cada periodo histórico, cada cultura e incluso cada país, han tenido movimientos artísticos que han sucedido a otros anteriores adaptándose a las sensibilidades del momento, las emergentes condiciones sociales y políticas o la aparición de alguna personalidad que abrió nuevos caminos de expresión.
Mas en determinadas circunstancias esta situación de cambio o preeminencia en el ámbito de las artes no se ha producido sólo por esos tipos de movimientos, sino que distintas personalidades han llevado sus ideas y principios artísticos, su forma de ver e interpretar el mundo más allá, llegándose a convertir en rivalidades personales.



No sólo en nuestro momento presente se llevan a cabo algunos extremismos en cuanto a gustos y aficiones con argumentos a favor de las descalificaciones, el improperio y la búsqueda de la humillación del rival más que en la defensa de los argumentos y valores propios. En otras épocas el carácter humano, las costumbres y, posiblemente el apasionamiento, el querer ver y que otros vean las cosas en forma de dicotomía, lo blanco y lo negro, lo amigo y lo enemigo o lo bueno y lo malo, sin apreciar el valor de los matices y las distintas gamas que toda posición o argumento poseen, ha llevado a límites la enemistad en conceptos sociales, políticos y artísticos.
En Rivalidades artísticas: Mozart y Salieri traía un acercamiento a la ¿supuesta? rivalidad entre los dos compositores y la tradición a través de la cual una historia sin mucho fundamento ha llegado a nuestro conocimiento, más por entrar en lo que para nuestra mente es posible que por serlo en realidad.
En esta entrada te acerco a una de las rivalidades artísticas más enconadas, la que tuvo lugar entre los escritores del Siglo de Oro de nuestra literatura. Escritores tan consagrados como Góngora, Quevedo o Lope de Vega entre otros se enzarzaron en disputas que comenzaron por lo estilístico entre cultistas y conceptistas y llegaron, en algunas ocasiones, a lo personal, junto con canciones de la época interpretadas por Raquel Andueza y La Galanía.
Aunque los mayores protagonistas de estos enfrentamientos fueron los poetas citados, Miguel de Cervantes también terció en la disputa posicionándose en el bando de Góngora. Quizás su afán de ser reconocido como poeta y cierta animadversión hacia la figura de Lope de Vega le hizo tomar partido.



Luís de Góngora, el mayor en edad, comenzó a escribir en lo que se llamó "la manera antigua", en un movimiento que tomaba su nombre de un término pictórico como el manierismo, aunque era, con mayor exactitud, petrarquista en un estilo que busca la brillantez y cierta imitación de los postulados de la poesía renacentista. Dedicaba mucho tiempo a la concepción y la métrica de sus poemas, llegando a estar horas hasta que algún verso quedaba a su gusto. Esta dedicación, el lujo del tiempo, condicionó su actitud ante la poesía, una de las bellezas de la vida, no comparable a ningún otro arte.



En su recorrido por España, la estancia en Valladolid donde se había instalado la corte tuvo como consecuencia, entre otras, que comenzara la relación con Lope de Vega, en la que quedó claro desde un primer momento la dificultad para entenderse. Góngora, una persona poco dada a la popularidad fácil, concentrado en su forma de trabajar chocaba con la fama y el carácter abierto y fácil de Lope, así como la facilidad con que componía.
La aparición en escena de un joven Quevedo, que bajo el pseudónimo de Miguel de Musa, parodiaba el estilo culto del poeta cordobés encendió los ánimos. No están muy claras las causas por la que comenzó este enfrentamiento entre Quevedo y Góngora, pero pudieron ser las ganas de hacerse un nombre atacando a un poeta ya consagrado. 


Tenemos un momento interesante en cuanto a la investigación e interpretación de músicas de entre el Renacimiento y el Siglo de Oro. Agrupaciones como La Galanía con la presencia de la soprano Raquel Andueza han hecho que la música del siglo XVII tanto de autores españoles como italianos, comience a sonar entre nosotros y sea alabada por los críticos y expertos de distintos países.
La personal voz de Raquel Andueza, el timbre, la intención con que interpreta, el estilo con que canta esas composiciones con su particular recitativo airoso que ayuda a transmitir los diversos estados de ánimo, los afetti musicali,, hacen que oírla sea una experiencia cercana y enriquecedora.



Buena parte de la música del siglo XVII se supeditaba al texto poético al que acompañaban. A Calderón de la Barca se atribuyen las primeras composiciones escénicas para ser cantadas que se realizaron en nuestro país. De su obra Fortunas de Andrómeda y Perseo y con música atribuida a Juan Hidalgo es esta Ya no le puedo pedir que la voz de Raquel Andueza interpreta con su particular e inconfundible estilo acompañada por La Galanía, con Jesús Fernández Baena a la tiorba, Alfredo Barrales en la viola da gamba y Manuel Vilas al arpa.


Los tres escritores coincidieron viviendo en el Barrio de las Letras de Madrid, donde se cuenta que solían decirse versos hirientes por la calle. El más lamentable de los incidentes ocurrió cuando Quevedo compró la casa que Góngora tenía en la calle Cantarranas por las deudas que el cordobés acumulaba. En pleno invierno de 1625 lo desahució al no poderle pagar el alquiler que le correspondía. 




Previo a este acontecimiento, ambos escritores se enzarzaron en una serie de poemas en que se iban atacando utilizando el ingenio, adornando los insultos con ingenio, en algunas ocasiones poco entendibles, especialmente para los lectores de nuestro tiempo. 
Góngora consideraba en estos escritos a Quevedo como un simplón ignorante que desconocía el griego que quería traducir y un empedernido bebedor de vino en antros y tabernas, llegando a referirse a él como "Francisco de Quebebo"



Figuras retóricas como las metáforas rebuscadas, el hipérbaton desbordado o los latinismos continuos hicieron que la poesía de Góngora se convirtiera en un campo enrevesado al alcance de lectores elitistas. Con el tiempo se reconocerá el valor de la obra por poetas de la talla de Baudelaire.
Mas la relación entre Lope y Góngora, como se ha citado antes, no resultaba fácil. El primero veía cómo la obra del poeta cordobés le producía irritación por lo enrevesado de los contenidos y textos, a la vez que respeto, por lo que no se atrevía a indisponerse contra su persona, sino que lo hacía de forma indirecta contra sus seguidores.






Góngora, por su parte, achacaba al dramaturgo su excesiva popularidad y una poesía fácil, ligera, simple en algunos momentos.



Una parte fundamental de la interpretación de los temas que lleva en su repertorio La Galanía se basa en la preponderancia del texto, la historia que muestra los sentimientos sobre la música. En palabras de Raquel Andueza, "cuando tienes una letra en español debe entenderse lo que cantas, aunque eso suponga hipotecar un poco la belleza de la voz".
Con discos como Miracolo d'amore, Yo soy la locura (1 y 2), Pegaso, Alma mía, In Paradiso o Dàmore e tormenti, La Galanía se ha creado un nombre en el panorama nacional e internacional de la música especializada en el siglo XVII con algunas incursiones en repertorios anteriores.
Anónimo del siglo XVII, Vuestros ojos tienen d'amor no sé qué representa una muestra de la música del Barroco y este estilo interpretativo de La Galanía con la inconfundible voz de Raquel Andueza.



Quevedo
atacó a Góngora como clérigo huraño, amigo de los juegos de azar (con los que llegó a contraer las citadas deudas) y, lo que en aquella época era la peor de las acusaciones: de judío. Prueba de ello es el famoso soneto que dedicó a la característica más caricaturesca por la que eran conocidos, la nariz prominente, así como las alusiones al personaje bíblico de Anás, el sumo sacerdote judío que condenó a Jesús, además de las vertidas en otros poemas anteriores como el huir del tocino, producto obtenido del cerdo.

Finalizamos este acercamiento a la rivalidad artística entre los grandes poetas de nuestro Siglo de Oro de las letras con el que es posiblemente el más conocido de los poemas.



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La fiesta en la calle

El verano nos invita a salir a la calle, festejar, encontrarnos con los vecinos, amigos y quienes se fueron y regresan por unos días.
En la mayoría de pueblos y ciudades se celebran fiestas populares, de patronos y patronas, fiestas de barrios, verbenas o ferias en las que salir a la calle, aprovechar las horas nocturnas, conversar, pasear y oír música se convierten en algo cada vez más inusualmente habitual.
Aunque las fiestas continúen y el motivo sea el mismo que tenían originalmente, el paso del tiempo ha ido cambiando la celebración de las misma. Independientemente de que haya agrupaciones y asociaciones que velen por salvaguardar las tradiciones, la estructura de la sociedad, las relaciones entre unos y otros miembros de las mismas, el rol cambiante que todos desempeñamos o las costumbres más recientes que nos acercan más a la vida más individualizada, hacen que las formas de estas fiestas sean diferentes a cómo lo eran hace unas décadas, especialmente los más jóvenes, a quienes se dirige la mirada en esta ocasión.
En esta entrada dedicada a las fiestas populares y cómo han cambiado con el paso del tiempo te traigo una poesía con un aire desenfadado y popular de Luis de Góngora y uno de los coros de zarzuela más conocidos del repertorio, la Ronda de enamorados de La del Soto del Parral, enfocados ambos a los más jóvenes, los mozos y mozas.


Luis de Góngora y Argote nació en Córdoba a mitad del siglo XVI, el mayor de cuatro hermanos, hijos de Francisco de Argote y Leonor de Góngora. Su padre, un ávido lector, quedó relegado en la herencia por ser hijo de un segundo matrimonio, mientras su madre pertenecía a una próspera familia vinculada a un secretario de Felipe II, por lo que optaron por el apellido materno en primer lugar, algo no infrecuente en la época y de vigente actualidad.
Coetáneo de autores como Lope de Vega, Quevedo o Cervantes, es acaso el más grande poeta de nuestro Siglo de Oro con una poesía culta, concentrada, muy meditada. Las rivalidades entre ellos quedaron recogidas en los escritos, rimas y poemas satíricos que componían denigrando a sus rivales.
Un tío suyo, racionero de la catedral de Córdoba le cedió unos beneficios eclesiásticos que le hicieron tomar las órdenes menores, pudo estudiar en Salamanca y viajar por distintas ciudades de nuestra geografía. 
Aficionado a la poesía, las cartas y los toros, el obispo de Córdoba le censuró "su escasa asistencia al coro, su presencia en las corridas de toros, la participación en corrillos donde se trata de vidas ajenas, el trato con actores y la escritura de coplas profanas", a lo que el poeta respondió: "Ni mi vida es tan escandalosa, ni yo tan viejo que se me pueda acusar de vivir como mozo". Pasó etapas de gran pobreza debido a que tenía algunas costumbres caras y nunca dudó en ayudar a los familiares más necesitados. En sus últimos años se ordenó sacerdote y fue nombrado Capellán honorario de Felipe III.



En Soledades, una de sus obras más personales, realiza una fusión de los temas cortesanos con otros opuestos como el retiro, la soledad, la pesca o la caza y la vida del campo. 
Aficionado a los temas heroicos y complejos, los mezcla con los aires burlescos y populares. En una de sus obras más queridas, La Fábula de Príamo y Tisbe alumbra un nuevo estilo mezcla de lo sobrio, lo formal y lo humorístico, surgiendo lo jocoserio.
Quizás su obra más conocida sea La Fábula de Polifemo y Galatea, el poema mitológico más conocido y estudiado de nuestro idioma y que apareció en este blog en Memorias de un cíclope. Una poesía llena de los claroscuros que dominaban la pintura de la época, la belleza de la ninfa con la fiereza del gigante, el amor del cíclope con el desprecio de Galatea que prefiere al joven Acis.
Pero es el lado más popular, fresco y pegadizo de Góngora el que traigo a esta entrada. En ¡Que se nos va la Pascua, mozas! ¡Que se nos va la Pascua! el poeta cordobés trata dos temas que, aunque son propios de su época, son permanentes a casi cualquier época y siguen de vigente actualidad: el del paso del tiempo y el de vivir el momento, el tempus fugit y el carpe diem






De la misma forma que la ópera en italiano, tanto la seria como la cómica o buffa, derivan en Francia hacia la Opéra-comique y en Alemania y Austria hacia el Singspiel, en España surge la Zarzuela. Estas composiciones son el resultado de adaptar el idioma predominante de la ópera al autóctono de cada país, sus lenguajes a los gustos del público, las alusiones, las costumbres, los giros y dobles sentidos a la sensibilidad de los espectadores. En cada uno de estos países siguieron unas sendas diferentes que ahondaron en la idiosincrasia de quienes asistían a los espectáculos.
En nuestro país fue Calderón de la Barca quien primero utilizó el nombre de Zarzuela para su obra de 1657 El golfo de las sirenas. Casi treinta años antes, Lope de Vega publicó La selva sin amor, comedia con orquesta. En el prólogo de la edición escribió: "Los instrumentos ocupaban la primera parte del teatro, sin ser vistos, a cuya armonía cantaban las figuras los versos en aquella frondosa selva artificial, haciendo de la misma composición de la música las admiraciones, quejas, iras y demás afectos".
La época de esplendor de la zarzuela vendría en el siglo XIX, a partir de 1839, con una serie de libretistas y compositores que hicieron que algunos temas de las obras se hicieran populares, el público aprendía y daba a conocer. El esquema se basaba en números cantados, hablados -que sustituían a los recitativos operísticos- coros y dúos o piezas para solistas. El contenido se comenzó a basar cada vez más en el género costumbrista y regionalista o local, con lenguaje popular y castizo. Este aspecto, que fue el que le dio su grandeza y reconocimiento, es ahora el que hace que estas obras hayan quedado más desfasadas, aparte del valor musical que tienen.
Una confusión viene de su clasificación. Ya en el siglo XIX, la zarzuela se dividió en género chico para las obras de un sólo acto y género grande para aquellas de dos o más actos.
Autores como Francisco Asenjo Barbieri, Emilio Arrieta, Federico Chueca, Fernández Caballero, Tomás Bretón, Ruperto Chapí o  Moreno Torroba engrandecieron la zarzuela con sus aportaciones hasta mediado el siglo XX.
Hubo grupos de libretistas y compositores que colaboraron de forma sistemática en la composición de diversas obras. De muchas de estas composiciones nos ha quedado algunos números musicales con el suficiente valor como para aparecer en diversas antologías, además de algunas obras que, puntualmente, son llevadas a escena en diversos escenarios de nuestra geografía.



La del Soto del Parral es una zarzuela en dos actos y tres cuadros -por lo tanto, del género grande- con libreto de Anselmo Carreño y Luís Fernández de Sevilla y música de Reveriano Soutullo y Juan Vert que se estrenó en el teatro La Latina de Madrid en 1927. Uno de sus momentos más conocidos es La ronda de enamorados ¿Dónde estarán nuestros mozos? perteneciente al primer acto. El paso del tiempo es aquí evidente, ya que los hábitos y usos actuales no hacen ni imaginarnos este tipo de escenas que reflejan un cuadro de lo más típico y costumbrista, más en consonancia con el texto de Góngora que con nosotros, aunque la distancia en tiempo es varios siglos menor. 
La grabación tiene algo especial, ya que en ella aparezco cantando junto con los componentes de la Coral Polifónica Municipal de La Palma del Condado y está extraída del concierto que se celebró el 2 de marzo de 2012 en el Teatro España de La Palma del Condado con la citada Coral, junto con la de La Merced de Huelva y la Orquesta de la Universidad de Huelva, todos bajo la dirección de Fran Escobar


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Cómo ser feliz con las pequeñas cosas

Vivimos en un mundo que exige lo mejor de nosotros, nuestro esfuerzo, tiempo y dedicación incondicional. En todos los ámbitos de nuestra vida, desde el laboral al familiar, pasando por los momentos que dedicamos a nuestras aficiones, los que empleamos en ayudar a quienes vemos que nos necesitan e incluso las relaciones sociales. Las responsabilidades que cargamos pueden llevarnos a momentos agobiantes donde el stress, la falta material de tiempo o nuestras propias limitaciones nos lleven a momentos complicados de superar.
Una de las formas a las que siempre podemos recurrir para sobrellevar estos momentos y situaciones es la de centrarnos en buscar encontrarnos con nosotros mismos, nuestro yo más íntimo en busca de la interioridad que nos lleve a nuestro equilibrio interno.
Fijarnos en pequeñas cosas, mínimas satisfacciones, cada uno la que mejor encaje en nuestra forma de ser, que nos ayuden a encontrar la armonía entre nosotros y lo que nos rodea.




Muchos ejemplos hay en las manifestaciones artísticas que se dirigen en este sentido, desde el Carpe Diem de Horacio a las Satisfacciones de Bertolt Brecht
Como en todas las entradas de este blog un texto literario y una pieza musical desarrollan esta idea.
El texto pertenece a uno de los autores más renombrados de nuestro Siglo de Oro. No es la primera vez que aparece un poema de Góngora, de quien ya se publicó en Memorias de un Cíclope.
El escritor cordobés Luís de Góngora y Argote llevó, junto con Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca o Quevedo a la literatura en lengua española a sus más brillantes momentos. De él traemos su poema Ándeme yo caliente que, aunque presenta algunos términos poco utilizado en nuestros días, tiene aún vigencia.


Giuseppe Verdi es el compositor más representado en la actualidad. La popularidad de su ópera La Traviata la ha llevado a ser la que más se ha llevado a la escena en los años que llevamos de siglo. Su llamada Trilogía popular está formada por Rigoletto, Il Trovatore y la citada La Traviata, un grupo de obras que compuso en poco más de dos años y lo llevó encumbró entre los compositores de su época.



Ambientada en España y con un libreto comenzado por Salvatore Cammanaro basado en la obra de teatro del gaditano Antonio García Gutiérrez, Il Trovatore posee uno de esos momentos que han pasado a trascender de la obra a la que pertenece. El Coro de gitanos es una pieza reconocida por todos, incluso los no iniciados en el mundo operístico. 



Transmite una alegría de vivir, un desenfado y una fresca mirada a los pequeños detalles que hacen que merezcan la pena las interminables jornadas de esfuerzo y laborioso trabajo.
La versión que sigue pertenece a una reciente y cuidada versión llevada a cabo en el Metropolitan Opera House de New York.




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