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(Otros) cuadros de una exposición

Esta no es una publicación sin más de un blog, sino que te ofrezco una experiencia sensorial y emocional que espero que pueda llegar a ser inolvidable para ti.
Como parte de las Bellas Artes, la pintura nos ofrece una de las expresiones artísticas más antiguas y universales que existen. La plasmación de imágenes en un soporte con cualesquiera de los pigmentos que se han utilizado a lo largo del tiempo, ha dejado obras inolvidables que permanecen en nuestra memoria y en la historia artística de la humanidad. Desde las primeras siluetas paleolíticas, las pinturas del Renacimiento, las obras maestras de Velázquez o los pintores barrocos hasta los cuadros de Goya, las vanguardias y los -Ismos que se movieron entre el XIX y el XX con gigantes como Picasso hasta llegar a nuestros días, la pintura ha dejado una marca indeleble en la historia del arte y ha dejado su huella en cada uno de nosotros según nuestros gustos y aficiones.
Muchos cuadros no se quedan sólo en la pintura, sino que se interrelacionan con otras artes en función de quienes los inspiran, los observan, se emocionan o los interpretan, generando obras obras de arte en otras disciplinas.
Hay muchos libros que han sido inspirados por cuadros, indagando sus autores en pinturas que les han impactado, investigando o fantaseando sobre su génesis, sus protagonistas o el momento histórico en el que se crearon. También encontramos composiciones musicales que se inspiran en cuadros, como traté en Desde La isla de los muertos, con músicas creadas a partir del cuadro de Böcklin. En cuestión de retratos, no podemos olvidar la cantidad de pinturas que muestran a artistas de todo tipo de disciplinas, cuyas imágenes han llegado a nosotros gracias a los pintores.
Te propongo una experiencia única y confío que inolvidable: una interacción entre tú, los cuadros de un museo, la música, literatura inspirada en esos cuadros y el cine. Nos acompañan cuadros de Botticelli, Breughel el viejo, Fabritius, música de Mussorgski, Ravel, Respighi y Emerson, Lake & Palmer, textos de Donna Tartt, W. H. Auden y Marcel Proust y una película de Kurosawa. ¿No te parece una mezcla de artes magnífica para crear una experiencia única? Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
¡Comienza la experiencia!


Entramos en un museo virtual y como en cualquiera de estos lugares damos un paseo para acercarnos al primero de los cuadros que están expuestos. Y la experiencia que te propongo comienza con música.
Quizás el menos técnico, pero posiblemente uno de los más expresivos y creativos de los compositores del Grupo de los Cinco (con Balàkirev, Cui, Borodin y Rimsky-Korsakov), Modest Mussorgsky nos ha dejado algunas obras maestras del movimiento nacionalista ruso que impulsó el grupo.
El repentino fallecimiento del arquitecto y pintor Viktor Hartmann en 1873 a los 39 años propició que sus amigos organizaran una exposición homenaje con alrededor de cuatrocientas obras suyas. A partir de esta exhibición , Mussorgsky compuso Cuadros de una exposición una obra para piano en la que describía algunos cuadros de su amigo al que le unían su amor por los relatos del folclore ruso y el interés por que el arte reflejara la vida real de los habitantes de su país.
Dividido en 15 movimientos, la obra muestra 11 cuadros en 10 movimientos -dos cuadros los une en una pieza- a los que añade cinco paseos entre los primeros cuadros. De todas las pinturas que aparecen en esta obra, actualmente quedan seis.
El paseo entre los cuadros lo denominó Promenade y es en realidad un motivo musical con cuatro variaciones en los casos siguientes. Este Promenade es un reflejo del propio compositor, una persona grande y voluminosa que avanza con ritmo irregular dando la sensación de pesadez. Está formado por una frase musical en 11 tiempos con una textura heterofónica en que se realizan diversas variaciones simultáneas, un tipo de composición habitual en la música folclórica y litúrgica rusa.
Acércate al primer cuadro paseando con el primer Promenade de Cuadros de una exposición con Byron Janis al piano en una versión con sonido, sin vídeo, que te permita oírla mientras te encaminas a la primera obra.
 

La primera pintura es una obra sencilla y desconcertante. Se trata de un cuadro al óleo sobre lienzo de dimensiones reducidas (33'5 x 22'8 cm.), Het puttertje (El jilguero) pintado por Carel Fabritius en 1654, posiblemente su última obra, ya que el artista falleció ese mismo año por una explosión que se produjo en Delft y que redujo a escombros su taller del  que se pudieron salvar unas pocas obras, esta entre ellas. Tras pasar por diversos propietarios, actualmente la podemos encontrar en el Museo Mauritshuis de La Haya (Países Bajos). 

Carel Fabritius, Het puttertje (El jilguero) (1654), Museo Mauritshuis, La Haya
A partir de este cuadro Donna Tartt publicó en 2013 la novela homónima The Goldfinch con la que ganó el Premio Pulitzer el año siguiente y que fue adaptada para el cine con el mismo título por John Crowley en 2019.


Te dejo con un extracto de la novela El jilguero en que el protagonista Theo Decker reflexiona sobre el cuadro a partir de un comentario de su amigo Boris.


El siguiente cuadro de esta exposición es una de las obras maestras del Renacimiento italiano. Se trata de una de las obras cumbres del Quattrocento y de la historia de la pintura creada por Alessandro di Mariano di Vanni Filiepi, más conocido como Sandro Botticelli. Pintada al temple sobre tabla, posiblemente en 1478, la Allegoria della Primavera la conocemos todos simplemente como La Primavera y se encuentra en la Galería Uffizzi de Florencia.
Botticelli nos muestra un grupo de figuras de la mitología griega y romana. El suave viento del oeste, Céfiro, aparece en la derecha con tonos azulados haciendo brotar las flores, soplando y con semblante serio que contrastan con la calidez de los demás personajes, mientras agarra agresivamente a una asustada ninfa Cloris. Más adelante convertirá a esta ninfa en Flora, la diosa de la primavera. 
En la parte central aparece Venus, casi saludando a los curiosos espectadores con un cupido sobrevolando su cabeza. A la izquierda hallamos a las Tres Gracias junto a Mercurio, el dios asociado al mes de mayo.

Sandro Botticelli, Allegoria della Primavera (1478), Galería Uffizzi, Florencia
A comienzos del siglo XX un músico italiano se instaló en San Petersburgo como viola de la Orquesta Imperial donde estudió composición con Nikolai Rimsky-Korsakov de quien aprendió el exquisito dominio de los colores orquestales y el gusto por las melodías orientales rusas que le animó a interesarse por la música medieval y renacentista italiana. 
Con el paso del tiempo, Ottorino Respighi fue centrándose en dos tipos de composiciones: Las creadas para grandes orquestas donde encontramos obras como la Trilogía Romana formada por Fuentes de Roma, Pinos de Roma y Festivales Romanos; por otra parte sus deliciosos arreglos para pequeñas orquestas inspirados en melodías del XVII y XVIII, mostrando en todas ellas su excepcional dominio de los colores orquestales.
Tras una gira por Estados Unidos en 1927 patrocinada en parte por Elizabeth Sprague Coolidge, Respighi prometió dedicarle su próxima obra. Varias semanas más tarde, tras una visita a la Galería Uffizzi encontró la inspiración para su obra Trittico Botticelliano formado por La Primavera, La adoración de los Magos y El nacimiento de Venus, una obra de arte en la que saca todo el partido a una pequeña orquesta. A finales de ese mismo año se estrenó en Viena patrocinado por la señora Coolidge y con la presencia del compositor.

Nos quedamos en el primer movimiento, La primavera, que Respighi la muestra en un despliegue de color y brillo con vertiginosas escalas a cargo de las flautas y los violines, con un protagonismo a cargo del piano, la celesta y el arpa, sobre los que resplandecen las trompas y trompetas, instrumentos asociados a la naturaleza, haciendo brillar a todo el conjunto. Este ambiente natural y bucólico se entremezcla con danzas campesinas del renacimiento. 
Continúa la obra con un amago de oscuridad que cambia rápidamente hacia una música alegre, de nuevo a cargo de piano, celesta y arpa, hasta que interviene el clarinete dejando en suspenso el motivo musical. El compositor acude a Monteverdi para citar uno de sus madrigales más conocidos, Zefiro torna que encaja tanto en el cuadro como en la composición tanto por su aire antiguo como por su motivo mitológico. Respighi finaliza la pieza con convirtiendo este motivo musical en una catarata de sonidos a la que incorpora la flauta, el flautín, la celesta y los violines para dar a esta obra el encanto y colorido que transmiten el cuadro de Botticelli.

La interpretación de La Primavera del Trittico Botticelliano corre a cargo de la Orchestra della Fundacion Prometheus de Argentina dirigida por Giovanni Panella y grabada en directo en diciembre de 2022 en el Teatro Avenida de Buenos Aires.


Los cuadros de una exposición de Mussorgsky han inspirado distintas obras, la mayor parte de las cuales han sido versiones para orquesta. De todas, la más conocida, quizás más incluso que la original para piano, es la orquestación que realizó otro de los grandes especialistas del siglo XX, Maurice Ravel.


Siguiendo con el paseo entre un cuadro y otro, nos acercamos al Promenade segundo, en este caso en la versión orquestal del elegante autor francés. El tema musical es el mismo que el primero aunque con unas variaciones.
Se trata de una grabación, también sólo de audio para permitirse seguir avanzando hacia el próximo cuadro a cargo de la Berliner Philharmoniker dirigida por Herbert von Karajan grabada en 1966 para Deutsche Grammophon GmbH.


El tercer cuadro de esta experiencia pertenece también al periodo renacentista, aunque en esta ocasión no es de la escuela italiana.
Pintado alrededor de 1560, se atribuye con dudas recientes a Peter Breughel el viejo y se encuentra en el Musée des Beaux-Arts de Bruselas
Paisaje con la caída de Ícaro es un óleo sobre lienzo que se basa en la versión que Ovidio muestra en Las metamorfosis cuando el hijo de Dédalo se construyó unas alas con plumas pegadas con cera que se derritió con el calor del sol precipitando su caída.

Peter Breughel el viejo, Paisaje con la caída de Ícaro (1554-1555), Museo de Bellas Artes, Bruselas
Obra inscrita también en ese regreso a las artes antiguas que es el Renacimiento, en este cuadro encontramos una serie de personajes que nos muestran su importancia según su cercanía. En primer término hallamos a un campesino que maneja su arado concentrado en su trabajo. En un segundo plano, un pastor observa el cielo mientras su ganado pace a su lado, mientras más allá un barco extiende sus velas para zarpar. Entre ellos, un pescador se concentra en conseguir su alimento, mientras unas piernas se agitan en el agua sin que nadie las advierta.
Brueghel elige el tema y muestra al protagonista que aparece en el título como el personaje menos trascendente. Ícaro escapó del laberinto de Minos y acabó cayendo al mar, mientras el pintor nos envía un mensaje que aún tiene cabida hoy en día: En nuestro tiempo, la sobresaturación de información, estímulos o exigencias nos puede llevara perder la atención de lo trascendente o importante y mirar hacia nosotros mismos sin advertir cuanto ocurre a nuestro alrededor cercano o lejano. 


Para este cuadro la experiencia que te propongo, además de la visualización y la reflexión anterior, nos llega de la mano -mejor, de la pluma- de Wystan Hugh Auden (1907-1973). El poeta y ensayista británico nacionalizado estadounidense tras la II Guerra Mundial publicó más de cuatrocientos poemas. En Another Time (1940) se recoge el poema que nos acompaña, surgido después de visitar en el Musée des Beaux-Arts el cuadro atribuido a Peter Breughel el viejo.
¿Qué nos ofrece texto después de la reflexión sobre la obra de Fabritius? Acércate a la experiencia de un poema inspirado por la visión de este cuadro.



En este museo virtual no abandonamos a los autores que nos acompañan. Botticelli  nos muestra otra de sus obras maestras, La Nascita di Venere (El Nacimiento de Venus) que podemos admirar también en la Galería Uffizzi florentina.
Pintada al óleo sobre lienzo entre 1482 y 1485, también con grandes dimensiones (278 x 172 cm), la obra fue también un encargo de la familia Medicci con la que pretendían mostrar su importancia e influencia: Gracias a ellos, a sus dotes diplomáticas, económicas y culturales, el reino del amor llega a la ciudad.
Dentro del Renacimiento, la obra se inscribe dentro del Neoplatonismo, la corriente filosófica que pugnaba por conciliar el legado greco romano con el cristiano, de forma que el nacimiento de Venus y la belleza espiritual se configuran como la fuerza que mueve la vida.
El tema surge también de Las Metamorfosis de Ovidio: Venus, símbolo del Amor, es retratada desnuda sobre una concha en la orilla del mar, mientras a la izquierda los vientos acarician su cabello y envían una lluvia de rosas, y a la derecha, Ora espera a la diosa para vestirla.
En uno de los primeros desnudos de la pintura renacentista encontramos a Venus con las caderas levemente giradas para reafirmar una feminidad casi de marfil, la soltura de sus cabellos dorados, casi encendidos, que contrastan con su expresión de una pasividad que desconcierta, con una sonrisa que apenas despunta y una mirada que no sabemos si se fija en el espectador o hace que el espectador se fije en ella.

Sandro Botticelli, La Nascita di Venere (1582-1585), Galería Uffizi, Florencia
Tampoco abandonamos a Ottorino Respighi y su Trittico Botticelliano. Salvando La adoración de los magos, nos acercamos al último movimiento dedicado a este cuadro. 
El compositor nos presenta la música más extraña de la obra: meditativa y estática, pero con una belleza que nos muestra a Venus acercándose a la orilla empujada por las suaves olas. La pieza comienza con un motivo oscilante en el que encontramos tres grupos de tres notas, dos ascendentes y uno descendente que no llegan a ser una frase melódica, al que sigue un adorno a cargo de la flauta y el clarinete y después un motivo que avanza casi como a saltos.
Con estos elementos forma la pieza, incrementando la intensidad y la riqueza orquestal en el clímax de la obra, cuando Venus pone los pies en la orilla: La música asciende con los mismos instrumentos que el primer movimiento: piano, celesta y arpa, para culminar con un acorde brillante, musicalmente puro. Tras un silencio comienza la música tranquila y reposada hasta perderse poco a poco.

La interpretación de La Nascita di Venere está a cargo de la Secession Orchestra dirigida por Clément Mao-Takacs en una sesión que se grabó en directo en el Auritorium du Louvre, dentro del museo parisino, en diciembre de 2020


El tercer y último paseo que nos acompaña pertenece a una versión muy particular y menos habitual. El grupo de rock progresivo Emerson, Lake & Palmer realizó una adaptación de Los cuadros de una exposición de Mussorgsky que tuvo cierto éxito en la década de los setenta del pasado siglo.
Cambiamos de registro para asistir al Promenade tercero recogido en un disco que se grabó en el Newcastle City Hall en marzo de 1971. Como es habitual, he buscado una versión de audio para que te puedas acercar al siguiente cuadro.


¿Qué tal la experiencia? Es una de esas preguntas retóricas que no esperan respuesta, sino que simplemente te la plantees.
Después de pasear hacia los cuadros, asistir a reflexiones sobre El jilguero en una novela, sobre la caída de Ícaro en un poema y dos descripciones y reflexiones musicales sobre sendos cuadros de Botticelli en el siguiente paso quiero acercarte a una nueva reflexión: Cuando has visitado un museo con obras que te gustan, ¿sales y lo echas en el olvido? ¿Cómo recuerdas, extraes vivencias o haces formar parte de ti las obras que has visto?

Sandro Botticelli, Prove di Mosé (Las pruebas de Moisés) (1481-1482), Capilla Sixtina, El Vaticano
El último texto nos da una respuesta que no tiene por qué coincidir con la tuya, pero seguro que a partir de ahora te puede influir. El cuadro con el que está relacionado, casualmente también es obra de Botticelli, aunque menos conocido. Se trata de Prove di Mosé (Las pruebas o tentaciones de Moisés) un fresco de la Capilla Sixtina de grandes dimensiones (558 x 348 cm).
Representa escenas de la juventud de Moisés según el relato del Éxodo en el que este personaje aparece con túnica amarilla y manto verde y se muestran desde la derecha del espectador. Pero lo que nos interesa de este fresco es uno de los personajes femeninos, Séfora, que se haya junto al pozo, la hija de Jetró con la que se casará Moisés.


En una de las novelas más extensas de la literatura, A la recherche du temps perdu, (En busca del tiempo perdido), escrita en siete partes entre 1908 y 1922, aunque las tres últimas se publicaron póstumamente, Marcel Proust utiliza un recurso particular con el personaje de Charles Swann.
En el segundo de los volúmenes, Por la parte de Swann, Proust utiliza y detalla un recurso que hemos utilizado en alguna ocasión: la comparación entre un personaje real de nuestra vida con el de un cuadro que nos haya impactado.
Es el caso de Swann con Odette, que le recuerda a la Séfora de Botticelli, además de otros personajes pictóricos a los que dedica su atención.



Para la última música de esta experiencia donde se mezclan diversas expresiones artísticas, regreso al origen, a Los cuadros de una exposición, en esta ocasión en la versión orquestada por Maurice Ravel. Y la mejor forma de terminar es hacerlo con la última pieza.
Se trata de La gran puerta de Kiev, inspirada en un diseño arquitectónico de Hartmann en el más puro estilo ruso, para honrar al zar Alexander II no llegó a realizarse. Ravel comienza con el sonido festivo de las campanas para ir subiendo en majestuosidad e intensidad hasta terminar en un clímax grandioso.

Viktor Artmann, proyecto para la Puerta de la ciudad de Kiev (1869)
La interpretación corre a cargo de The Chicago Symphony Orchestra dirigida por Riccardo Muti en una grabación que se levó a cabo en la ciudad americana en octubre de 2022


¿Qué mas te queda para que esta experiencia sea completa después de pasear por los textos, las músicas y las pinturas de un museo y quedarnos con aquello que más nos gusta? Si no lo has pensado, te propongo un último reto: entrar dentro de un cuadro, la forma más perfecta de apreciar el arte. No entrar de forma simbólica o artística, sino literalmente.
En 1990, ya octogenario, Akira Kurosawa estrenó una de sus últimas películas, Dreams, también conocida como Los sueños de Akira Kurosawa, una película coproducida entre Estados Unidos y Japón y dividida en ocho historias basadas en sueños del cineasta.

Vicent van Gogh, Campo de trigo con cuervos (1890), Museo van Gogh, Amsterdam
Termino con Cuervos, uno de esos sueños, en el que un estudiante de pintura se adentra tanto en un cuadro de Van Gogh que encuentra al propio pintor en el campo, conversa con él y viaja a través de sus obras. Aunque no se introduzca en este cuadro, el título se basa en la pintura Campos de trigo con cuervos. Kurosawa utilizó como música el Preludio nº 15 en Re bemol mayor de Chopin y contó con el director Martin Scorsese como el pintor Van Gogh.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Tartt, Donna. El jilguero, traducción de Aurora Echevarría Pérez, Editorial Debolsillo, colección Best Seller, ISBN: 9788766338837.
  • Proust, Marcel, En busca del tiempo perdido, traducción de Mauro Armiño, Editorial Valdemar, colección Clásicos. ISBN: 9788777023203.

Los espejos de Borges

Estoy solo y no hay nadie en el espejo.
Jorge Luis Borges

El espejo, ese objeto que se ha convertido en cotidiano y doméstico con el transcurso de los siglos, no sólo posee la utilidad de devolvernos la imagen reflejada, sino que adquiere un simbolismo y un significado que va más allá de sus propiedades físicas.
En la publicación Asómate al espejo nos acercamos a algunas obras que nos mostraban su reflejo y mucho más a través de obras literarias y escenas de ópera en la que estos objetos están presentes.
En esta ocasión nos acercamos a uno de los escritores que más han utilizado este objeto y su simbolismo a lo largo de su producción literaria. Las referencias a los espejos se suceden en sus obras en un número indefinido, tal vez infinito, como ese universo al que otros llaman Biblioteca de Babel.
Te propongo un paseo por algunos de los muchos espejos que utilizó Borges como elementos cargados de simbología, en ocasiones por su propia experiencia, en otros casos por distintos significados que son constantes o evolucionan a lo largo de su vida y obra. Nos acompañan obras sobre espejos y reflejos de Ravel y Arvo PärtSi te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Procedente del latín Speculum, formado por Specio, con significado de mirar y culum que hace referencia a un instrumento, Así, su significado original viene a ser, literalmente «instrumento para mirar». Además de la utilizad habitual para observar nuestra imagen, en la antigüedad se llegó a utilizar para seguir, a través de un juego de varios espejos, el movimiento de los astros. De ahí proviene uno de sus significados como símbolo de sabiduría, e incluso se le asocia a la magia por la difusa línea que separaba la astronomía de la astrología, el conocimiento del universo con el reflejo de lo divino.
En otros de sus significados, el espejo se presenta como símbolo de la imaginación o la conciencia, al relacionarse con el pensamiento con el que pretendemos reflejar el conocimiento que tenemos. De esta interpretación, el espejo parte del hecho de ser imagen y representación de la realidad, del mismo modo en que el mundo terrenal es representación del mundo celestial.


Pocos autores hay tan apasionados y tan vitalmente centrados en la literatura como Jorge Luis Borges. Lector impenitente, llegó a afirmar que «uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe». 
Para el escritor argentino, los espejos aparecen en su obra a partir de su experiencia vital en una edad temprana. De esta manera recoge la idea de que la literatura y el arte se desarrollan como un espejo de la vida. Pero el espejo que es representación de la realidad lo es sólo en su apariencia al ofrecernos una imagen que, aunque es idéntica, es invertida, mostrando una suerte de inversión de la vida, una irrealidad que nace de esta inversión e inmaterialidad.
Cuando un niño pequeño se enfrenta por primera vez a su propia imagen en un espejo, la primera sensación que le acoge es de sorpresa y extrañeza, transformándose en alegría cuando se reconoce a sí mismo. De esta forma, el espejo le sirve para conformación de su propio yo. Esta experiencia lo aboca a la certeza de la realidad, aunque puede llegar a unir la fascinación con el terror que le provocan las imágenes en su inconsciente.
Para el pequeño Borges ese miedo a los espejos surge en su vida mucho antes de que comience su labor literaria.  Los espejos le obsesionaron de pequeño. En su dormitorio había un gran ropero con un espejo en que se reflejaba su imagen desde la cama. Cuando se quedaba solo en la habitación a la hora de dormir el espejo se convertía en una fuente de tormentos. 
Las imágenes desaparecían cuando se apagaba la luz, pero, ¿se habían ido o permanecían escondidas en el ropero amenazando continuamente con aparecer? Su hermana Norah recordaba las aterradas noches que sufrieron cuando se quedaban juntos en la habitación. Allí nacieron algunas pesadillas relacionadas con los espejos o los laberintos, un miedo que aumentó con la oscuridad que le provocó la ceguera.
Publicado en 1960, El hacedor es uno de esos cruces de géneros literarios que tanto gustaban al escritor argentino. Allí se mezclan los relatos con los poemas y los ensayos, los temas y las evocaciones a otros escritores como Homero o Dante. El autor llegó a afirmar que era uno de las publicaciones más personales y desordenadas de cuantas había llevado a la imprenta. Sexagenario cuando la escribió, el recuerdo a los espejos y su temor, así como con otros significados diferentes transitan por este poema tan intrínsecamente borgiano.


En esencia, el espejo es un instrumento que es reflejo de otra realidad. La superficie tranquila y sosegada del agua, el reflejo en los ojos de una mirada cercana, un pensamiento o un sueño son espejos más antiguos que  ese instrumento que nos acompaña que se fue creado a imagen -nunca mejor expresado- de ellos.
Borges lo recrea en cuando a versiones de realidades y ficciones con sus inversiones y reversiones, como reflejos inversos y exactos o como ondas que se mueven deformando la realidad como las aguas levemente movidas.
También estas imágenes han tenido su reflejo en la música. Muchos son los compositores que han dedicado obras a los espejos y sus especulaciones.
Nos acompaña una obra para piano de Maurice Ravel, Moroirs (Reflejos), una composición escrita entre 1904 y 1905 estrenada por el pianista catalán Ricardo Viñes. La obra está formada por cinco movimientos, dedicados a diversos amigos del compositor: Noctuelles (Mariposas nocturnas), Oiseaux tristes (Pájaros tristes), Une barque sur l'océan (Una barca en el océano), Alborada del gracioso -así en español- y La vellée des cloches (El valle de las campanas), es el tercero de los movimientos el que traemos a esta publicación sobre los espejos de Borges.
Una barca en el océano, pieza dedicada al pintor Paul Sordes, narra un pequeño barco que navega sobre las olas de un tranquilo océano. Los arpegios y las melodías envolventes imitan el flujo de las corrientes como un reflejo continuo. La interpretación, la más técnica y compleja del ciclo, corre a cargo de la pianista Kathrin Isabelle Klein.


Inmerso en algunas ideas sobre sus significados y simbolismos, para Borges Dios es simultáneamente el espejo y la mirada, el cristal y el metal bruñido, la luz y la sombra. Así, aparecen el Creador y su criatura como dos espejos que se enfrentan, se oponen y se confunden, Dios que sueña a sus creaciones como lo hace el escritor, al que son los personajes que ha creado los que justifican su existencia y entidad. De tal forma, esta relación entre el Gran Soñador Soñado en el juego de espejos borgiano se incluyen Dios y el escritor en un primer plano, mientras el hombre y el personaje se hayan en el segundo. Si el reflejo especular de Dios es el Hombre, el reflejo del Escritor es el Personaje, siendo los elementos del primer plano (Dios y el escritor) cambiables como lo son los del segundo (hombre y personaje). Dios hizo al hombre a su imagen, pero éste se erige en el espejo en que se refleja y reconstruye su imagen, así crea la idea del mundo terrestre concebido como reflejo de un mundo celestial y trascendente perfecto.
En Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, un remoto pasillo de una quinta y un artículo escindido de una enciclopedia le llevan a una sociedad secreta de astrónomos y científicos que crea un planeta. Entre el propio Borges y el escritor Bioy Casares, autor y personaje simultáneamente -de nuevo los espejos-, investigan y dan con un heresiarca de Uqbar que había llegado a declarar que

«Los espejos y la cópula son abominables porque multiplican el número de los hombres».

La condición del ser humano, como copia de sus progenitores está en estrecha relación con la idea de la vida como lenguaje y del hombre como nombre. Si es la realidad la que origina y utiliza el lenguaje, se pregunta si pudiera darse la situación inversa: si la idea que tenemos de la vida y del mundo no es más que la imagen que nos ofrece y proporciona el lenguaje que hemos creado. Aquí la palabra adquiere su valor mágico que la libera del objeto para pasar de su rol de espejo hasta reducirlo a la imagen de lo que éste representa.
Así, Borges llega a representar simultáneamente al Yo y a su doble:


En El otro, el relato que abre El libro de arena (1975), un Borges de setenta años -de nuevo creador y personaje- se encuentra en un banco con vistas al río Charles al norte de Boston con un personajes que, tras entablar una conversación se reconoce a sí mismo. No es el reflejo idéntico especular, sino él mismo décadas atrás. Incrédulos ambos, se dan pistas de lo que deseaban y planeaban como sueños de futuro, los libros que tenían y su disposición, las conversaciones últimas con el padre o el devenir de lo más reciente, los escritos realizados, la muerte de ese padre. El vida y la literatura como juego de espejos con sus reflexiones y reversiones, con los anversos y los reversos.

En La rosa profunda (1975) otro de sus libros de poemas, Borges vuelve a dedicar sus pensamientos al simbólico espejo. Se trata de una obra de un septuagenario que atisba de nuevo el fulgor del espejo o la constante duplicidad de la imagen, sin olvidar ya ciego el autor, el que aumenta el horror que le profesaba de pequeño.


Esta obsesión por los espejos avanza en el escritor argentino hasta convertirse en una metáfora del Yo más profundo del poeta, haciendo partícipe de su significado a todo el género humano, generalizando lo que en uno ocurre en toda la humanidad.

«La Historia Universal es la de un solo hombre».

Las ideas de los espejos como símbolos e imágenes sigue presente en la música más contemporánea. 
Compuesta en 1978, Spiegel im Spiegel (Espejo en espejo) es una pieza compuesta por Arvo Pärt antes de salir de su Estonia natal. Insertada dentro del estilo minimalista, fue creada para piano y violín, aunque con frecuencia se suele interpretar con piano y violonchelo, e incluso con otros instrumentos de viento.
La obra está escrita en el llamado estilo Tintinnabuli o tintinabular, creado por el propio Pärt, en el que una primer voz toda en arpegio la triada tónica, mientras una segunda voz se mueve por la escala diatónica de forma escalonada, utilizándose en obras con un tiempo lento y meditativo.
La interpretación está a cargo de Leonhard Roczek al cello y Herbert Schuch al piano en una grabación que se realizó en la Mozart Week Salszbur de 2014.
Se trata de una música que, casi seguro has oído en alguna ocasión y que es más que adecuada con la lectura de la reflexión y el texto que nos queda.


El aspecto simbólico del espejo posee, pese a todo lo expuesto hasta ahora, un carácter ambiguo y contradictorio, marcado por significados opuestos. Así, frente al conocimiento de la propia identidad que proporciona la autocontemplación, nos encontramos frente al riesgo de quedar fascinados por nuestra imagen, convirtiéndose el espejo en una máscara que oculta nuestro auténtico ser y no nos permite vivir profundizar en la auténtica personalidad. Es la imagen de Narciso, enamorado de su figura reflejada en el espejo del agua que muere recreándose en ella.
Incluido también en El libro de arena, como el relato El otro, El espejo y la máscara trata este asunto: La literatura puede un espejo, pero también puede transmutar en máscara.


Finalizamos esta reflexión sobre uno de los símbolos más utilizados por Borges con este relato. 
El poeta recibe el encargo del rey de componer una obra sobre la gloriosa batalla. En el poema que compone duplica la batalla con las imágenes y metáforas que la describen con todo tipo de detalles, recibiendo como recompensa un espejo de plata y la propuesta de que lo modifique. La segunda de las odas es sublime, recibe como premio una máscara de oro y una nueva propuesta. Aquí Borges se adentra en el valor de la Palabra que se encuentra más allá del espejo, dela máscara y de la literatura. Otra será la recompensa.




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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Recuerdos del Alzheimer

La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo lo recuerda para contarla.
Gabriel García Márquez


A mi padre
A tantos pacientes, sanitarios y cuidadores
A ti o a mí, quizás, cuando pasen unos años.

El Alzheimer es una enfermedad que ha entrado de lleno en nuestras sociedades. Relacionada con el aumento de la esperanza de vida, esta enfermedad neurodegenerativa está considerada por la OMS una epidemia del siglo XXI.
Dada su poca visibilidad, de la que trataremos algunos detalles entre músicas y textos, el olvido en el que caen los enfermos, el desgaste que sufren los cuidadores y los profesionales sanitarios que los atienden y acompañan es un tema delicado al que se enfrentan estos grupos, así como la sociedad, en general.
Desde 1994 y promovido por la Alzheimer's Disease International (ADI), cada 21 de septiembre se celebra el Día Mundial del Alzheimer, con distintos objetivos relacionados con la enfermedad y cuidados.
Pese a la poca visibilidad de la enfermedad, con tantos pacientes y cuidadores anónimos de los que solo saben algo quienes se relacionan directamente con ellos, son muchos los personajes conocidos que han padecido este mal degenerativo y han contribuido, indirecta e inintecionadamente, a su conocimiento. Políticos como Adolfo Suárez, Ronald Reagan o Harold Wilson; otros personajes como el empresario Henry Ford, el escultor Eduardo Chillida, los compositores Maurice Ravel o Aaron Copland, además de los escritores Gabriel García Márquez, Somerset Maughan o Robert Graves, o actores, directores o cantantes como Charlton Heston, Charles Bronson, Rita Hayworth, Vicent Minnelli, Otto Preminger o Frank Sinatra fueron apagando sus días con esta enfermedad.

Cada 21 de septiembre se celebra el #DiaMundialDelAlzheimer. Te propongo una mirada hacia esa enfermedad entre pacientes, cuidadores, textos y músicas. Nos acompañan Gabriel García Márquez, Jean Echenoz, Alice Munro, Tchaikovsky, Ravel y Aaron Copland. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Fue a comienzos del siglo XX cuando el psiquiatra alemán Alois Alzheimer identificó y describió el primer caso de una paciente con una enfermedad neurodegenerativa que derivó en una demencia senil y que, con el paso del tiempo, el médico acabaría dando nombre a la enfermedad.
Con el envejecimiento de la población gracias a los avances médicos y al aumento de la esperanza de vida, el Alzheimer es la principal causa de demencia en nuestro planeta, alcanzando a más de 55 millones de personas y en España se aproxima al millón, afectando a un tercio de los mayores de 85 años. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que puede llegar a los 139 millones a mitad de este siglo XXI.
Aunque se desconoce la causa de la enfermedad, se sabe que influyen diversos factores de riesgo, algunos de ellos no modificables como la edad o la carga genética y que no existen actualmente tratamientos para aliviarla o curarla.


Al ser el Alzheimer una enfermedad diagnosticada desde principios del pasado siglo, no tenemos evidencias de artistas que la hayan padecido antes de esa fecha, aunque sí si llegaron a tener algún tipo de demencia que se pudiera asociar con esta enfermedad.
La literatura tiene también algunos nombres de escritores relacionados con esta enfermedad, como el escritor inglés de ciencia ficción y novelas fantásticas Terry Pratchet. Pero, el más conocido de todos es el universal Gabriel García Márquez.
Rodrigo García, guionista e hijo del escritor colombiano recuerda en su libro Gabo y Mercedes los últimos años de su padre, marcados por la enfermedad que no hicieron pública. «Fue muy difícil, porque no reconocía a nadie salvo las caras conocidas de gente que trabajaba en la casa y a su esposa Mercedes.» También hace alusión a «una etapa tremenda en que la persona era consciente de que está perdiendo la memoria.» A este momento siguió otro muy duro que culminó en una etapa final triste, pero más tranquila en la que no sufría esa ansiedad.
El hermano del escritor, Jaime García Márquez comentó en 2012 que su hermano padecía «demencia senil» como casi toda su familia, aunque no hubo un diagnóstico que lo confirmara.
Aunque sea de un modo diferente al que estamos tratando, el genial escritor colombiano introduce en sus relatos la enfermedad de la pérdida de la memoria. Mario Vargas Llosa defiende en su tesis Historia de un deicidio que el tema de la peste como plaga que asola al mundo aparece en La mala hora y adquiere forma cíclica en Cien años de soledad, en los que el colectivo de los protagonistas sufre epidemias de carácter bíblico. el insomnio, el citado olvido o el diluvio, que coinciden con cambios sociales e históricos.
Esa falta de memoria, que García Márquez bien podría haber tomado de sus experiencias familiares, se refleja en Cien años de soledad, alcanzando, como una de las características fundamentales del Realismo mágico que impregna su obra y la corriente que llevaron a la cima literaria mundial sus coetáneos sudamericanos, un final que no es ni mucho menos tan feliz en la realidad de la demencia senil provocada por el Alzheimer.


Aunque aún se desconocen tratamientos, no ya para cura, sino, al menos, para aliviar los síntomas del Alzheimer, se ha comprobado que en los pacientes que comienzan a presentar síntomas, la música puede utilizarse para ayudar a su mente, en el sentido de que la memoria musical permanece relativamente intacta en estos pacientes.
La respuesta emocional que provoca la música y las sustancias químicas relacionadas con el placer que se liberan durante el proceso de escucha, pueden llegar a reducir la incidencia de problemas conductuales y aportar calma a los pacientes, siempre que tengan un significado emocional para ellos.
En un estudio publicado en la revista Journal of Music Therapy por Naomi Ziv del Colegio Académico Taffo de Tel Aviv, la música de fondo tiene relación con el aumento de conductas positivas como sonreír, reír o hablar, además de un descenso de las de tipo negativo como llanto o agresividad en este tipo de pacientes.

Ilustración de Luisa Rivera para la edición del cincuentenario de Cien años de soledad realizada por Penguin Random House Grupo.
Ese poder evocador de la música aparece en el enlace musical con el que abrimos este homenaje - reflexión sobre esta enfermedad neurodegenerativa.
Marta Cinta González Saldaña, primera bailarina del Ballet de Nueva York en 1967 nos llegó al corazón hace unos meses en este vídeo en que, cincuenta años más tarde, es capaz de recordar y emocionarse al escuchar la música de El lago de los cisnes de Tchaikovsky que bailó. Las imágenes mezclan su tierna reacción ante la música con otras de archivo protagonizadas, al parecer, por ella misma.


Como otras enfermedades asociadas al aumento de la esperanza de vida, como algunos tipos de tumores u otros, el Alzheimer es una enfermedad que está aumentando exponencialmente en número de pacientes.
Aún así, hay varios condicionantes que la hacen especialmente poco visible en nuestra sociedad, como el ocultamiento del dolor, la enfermedad o la muerte que propicia nuestra sociedad del bienestar y consumo en primer lugar. En segundo, y más significativo aún, el propio hecho de las características de esta enfermedad que agradece las rutinas, los espacios familiares y los entornos conocidos para sobrellevar mejor los cuidados de los pacientes.
La celebración del Día Mundial del Alzheimer pretende dar a conocer en la sociedad una serie de objetivos:
  • Conocer las necesidades de los enfermos y ofrecerles terapias de estimulación de la memoria y ejercicios mentales.
  •  Ofrecer apoyos públicos tanto a las personas con la enfermedad como a sus cuidadores.
  • Investigar sobre el Alzheimer, su prevención y tratamientos.
  • Ofrecer formación sobre la enfermedad y apoyo psicológicos a los cuidadores.
  • Realizar campañas de prevención de la enfermedad, incidiendo en los factores de riesgo modificables.


Pese a los datos anteriores sobre la influencia de la música, hay también compositores que han padecido esta enfermedad o alguna parecida. Aaron Copland, el autor de obras como el ballet Appalachian Spring (Primavera en los Apalaches) o la Fanfare for the Common Man (Fanfarria para el hombre común) manifestó al crítico Paul Moor tras comenzar a padecer pérdidas de memoria: «Fue como si alguien hubiera apagado simplemente un interruptor». Con el tiempo fue desapareciendo de la escena musical y apagando su vida hasta fallecer en 1990 víctima de esta enfermedad degenerativa.

Más detalles conocemos del compositor francés de origen suizo y español Maurice Ravel, nacido cerca de Biarritz en 1875 y que falleció con sesenta y dos años en 1937. Aunque hay confusión con los datos, se llegó a afirmar que falleció a causa de un tumor cerebral o a consecuencia de un golpe sufrido en la cabeza en un accidente de tráfico en 1928, los datos más fiables indican que padecía la enfermedad de Pick, demencia frontotemporal, algunos de cuyos síntomas son similares al Alzheimer.
Autor de obras fundamentales en el siglo XX como Pavana para una infanta difunta, una de sus primeras obras maestras, compuesta al finalizar sus estudios, Shéhérazade para orquesta y soprano, La valse, Le tombeau de Couperin, su famosísimo Bolero, Daphnis et Chloé o el Concierto para la mano izquierda creado para el intérprete Paul Wittgenstein, que había perdido su mano en la Gran Guerra. En su producción destaca como un excelente orquestador, concibiendo el arte como un recinto mágico y un bello artificio alejado de las preocupaciones diarias. Su orquestación para los Cuadros de una exposición de Músorgski es más conocida e interpretada que la obra original para piano. 
Su obra más famosa, el Bolero, basada en la danza tradicional española consta tan solo de dos temas que se van alternando sobre un ritmo incesante del tambor, en un crescendo que culmina frenéticamente. El propio Ravel daba menos importancia a esta obra que el publico, llegando a decir de ella: «He escrito sólo una obra maestra... el Bolero. Por desgracia, en ella no hay música»
En la década de 1920, con apenas cincuenta años, Ravel comenzó a notar alteradas su capacidad de hablar, la coordinación motriz y sus facultades mentales, llegando a perder la habilidad de leer partituras, o recordar músicas. Una anécdota relata que, escuchando su Bolero en una emisión radiofónica llegó a comentar: «¡Qué interesante! Es un crescendo gigantesco. ¿Quién lo habrá compuesto?»

Después de debutar en el mundo literario con Le méridien de Greenwich, Jean Echenoz (Orange, 1947) entre 2006 y 2010 publicó tres biografías sobre distintos personajes: La primera, Ravel, a medio camino entre la novela y la biografía, a la que siguió Courir, sobre el corredor de fondo Emil Zátopek y Des éclairs, sobre el inventor Nikola Tesla.
El texto que nos acompaña surge, evidentemente, de su novela Ravel, nos acerca a los primeros síntomas que acompañaron al compositor francés y que son idénticos a la enfermedad que nos ocupa.


Considerado uno de los grandes directores de nuestro tiempo, Seiji Ozawa nació en Shenyang, en la Manchuria china el primero de septiembre de 1935 en el seno de una familia japonesa. 
Tras cursar estudios musicales en Tokio, con veintitrés años ganó el primer premio del concurso internacional de directores de orquesta de Besançon. Dos años después, en 1961, Leonard Bernstein le nombró director adjunto de la Orquesta Filarmónica de Nueva York. Más adelante estuvo dirigiendo la Filarmónica de Japón, la Sinfónica de Londres, la Orquesta Sinfónica de San Francisco y, sobre todo, la Orquesta Sinfónica de Boston, una de las más prestigiosas del planeta, a cuyo frente estuvo durante nada menos que veintinueve temporadas. 
Especialmente conocido por sus versiones de obras postrománticas y del siglo XX para gran orquesta, Ozawa es uno de los directores con más personalidad del ultimo medio siglo. En octubre de 2008 le concedieron la Orden de la Cultura de Japón, además de recibir el 34º Suntory Music Award o el Internacional Centre en el New York's Award of Excellence. En 2010 anunció una retirada temporal para tratarse un cáncer de esófago, regresando a los escenarios musicales meses después. Al celebrarse su octogésimo quinto cumpleaños el 1 de septiembre de 2020, el alcalde de Boston proclamó que en la ciudad se celebrase el día de su aniversario como el Día de Seiji Ozawa.
Nos acompaña dirigiendo música de Ravel, no en el Bolero que, por su duración, alargaría en exceso esta publicación, sino con una de sus primeras obras maestras, su Pavane pour una infante défunte (Pavana para una infanta difunta) escrita originalmente para piano y que el propio compositor adaptó en una versión orquestal. 
Su Pavana evoca esta danza lenta procesional con la grácil elegancia de los movimientos de una joven infanta de la corte real española, buscando, no un homenaje a algún personaje concreto, sino la plasmación de un contenido entusiasmo por la moda y la sensibilidad de la música de nuestro país que, por sus orígenes tanto le gustaba.
En el enlace que nos acompaña, Siji Ozawa dirige, no a su orquesta de Boston, sino a la japonesa Saito Kinen Orchestra.


Sin poseer evidencias científicas determinantes, se piensa que entre los hábitos que pueden reducir alrededor del 75% el riesgo de padecer Alzheimer se encuentran:
  • Reducir el consumo de grasas saturadas.
  • Basar la alimentación en el consumo de verduras, frutas y legumbres.
  • Consumir alimentos con vitaminas E y B12.
  • Evitar multivitamínicos con hierro y cobre, salvo prescripción médica.
  • Evitar cocinar en ollas y sartenes de aluminio.
  • Mantenerse activo físicamente.
Además, actividades encaminadas a mantener el cerebro activo como hablar varios idiomas, practicar actividades intelectuales y culturales, interpretar música instrumental o vocal, pueden retrasar la aparición de los síntomas hasta cinco años, puesto que involucran varias áreas cerebrales y sus redes de conexión correspondientes.


Un tema como este no podía quedar al margen de la creación, por lo que fue tratado en diversos ámbitos. Películas como En el estanque dorado, ¿Te acuerdas del amor?, El diario de Noa, La caja de Pandora, Nebraska o Quédate conmigo se centran en la enfermedad y la convivencia con el Alzheimer.
En su relato Ver las orejas al lobo, Alice Munro trata sobre esta enfermedad en un matrimonio de avanzada edad en la que ella ingresa en un centro.
La escritora argentina Sylvia Molloy realiza una simbiosis entre su experiencia al cuidar a un familiar afectado y las reflexiones que le surgen sobre el pensamiento, el lenguaje y la memoria en su obra Desarticulaciones. 
J. Bernlef explora esta enfermedad neurodegenerativa desde dentro, introduciéndose en la piel de un enfermo y describiendo en Entre brumas la evolución de la enfermedad.
Otra obra que trata el tema es No he salido de mi noche, de la francesa Annie Ernaux, un libro que desarrolla con crudeza las anotaciones que realizó mientras acompañaba a su madre enferma. 

De todas estas aproximaciones literarias nos quedamos con un extracto del relato Ver las orejas al lobo de la Premio Nobel canadiense Alice Ann Munro. Incluido en su libro de relatos Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio, este relato aborda la historia de Grant, un profesor universitario jubilado y su esposa Fiona. Su vida en los apartados bosques canadienses comienza a resquebrajarse cuando Fiona comienza a presentar los primeros síntomas de Alzheimer. Cuando ella es ingresada en un clínica para tratar la enfermedad comienza a olvidar a su esposo a la vez que encuentra un nuevo amor entre los enfermos residentes. Munro explora la relación sentimental desde el punto de vista de Grant, las bases en que está constituido el matrimonio con sus defectos y virtudes, hasta llegar a la resignación por la situación y el amor a su esposa.
El texto que nos acompaña nos muestra los descubrimientos de los primeros síntomas de la enfermedad en Fiona y las reacciones que provoca en ambos.


Nos despedimos de esta reflexión sobre el Alzheimer, su aumento en la sociedad, su invisibilidad y la fuerza que necesitan los acompañantes y cuidadores con música.
La música que nos acompaña en esta despedida tiene diversas relaciones con personajes que han aparecido en esta publicación. Dirige uno de los grandes del siglo XX, Leonard Bernstein, quien al comienzo de la década de 1960 apoyó, como hemos visto a Seiji Ozawa. La música pertenece a otros de los compositores que terminaron su días víctimas de esta enfermedad, Aaron Copland. Su Fanfare for the common man nos acerca, tal como indica el título, no a reyes, presidentes o deportistas de élite, sino a personas normales y corrientes, a cualquiera de nosotros, a la singularidad de cada uno de nosotros. lo que, de alguna manera, nos acerca a quienes se relacionan con el Alzheimer desde enfermos a cuidadores, enfermeros o quienes interactúan con ellos.
La interpretación con la New York Philharmonic Orchestra tuvo lugar en 1985 con la presencia en uno de los palcos del propio Aaron Copland quien, con 85 años ya sufría los estragos de la enfermedad. 

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Bibliografía y webgrafía consultadas: