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Peer Gynt, entre Ibsen y Grieg


En muchas ocasiones distintos autores han colaborado en la creación de obras de arte que unieran distintas disciplinas en las que quedaran reflejados los pensamientos, estilos, personalidades y discursos de cada uno de los creadores.
Edificios que incluyeran pinturas y obras escultóricas, poemas o textos literarios con ilustraciones de determinados pintores, textos de escritores para óperas, inclusión de ballets dentro de las óperas como en las grandes producciones francesas, colaboración de compositores en banda sonoras de cine son algunas muestras de estas colaboraciones que se han llevado a cabo a lo largo de la historia y de las que cada uno de nosotros podemos aportar ejemplos.
En esta publicación nos acercamos a Peer Gynt, una obra que parte de la colaboración entre el dramaturgo Henrik Ibsen y el compositor Edvard Grieg. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Theodor Serevin Kittelsen. ilustración para Peer Gynt (1890)
A comienzos del siglo XIX Noruega dejó de ser una provincia de Dinamarca tras cuatrocientos años y, aunque aún estaba bajo la influencia sueca, surgió, como en otros muchos países, un movimiento nacionalista que alcanzó a todas las manifestaciones políticas, sociales y culturales.
Inmerso en este ambiente cultural nacionalista y unido al movimiento del romanticismo que imperaba en toda Europa, Henrik Ibsen, el gran escritor y dramaturgo noruego escribió Peer Gynt, una obra teatral dividida en cinco actos y que, una vez terminada, pensó en la posibilidad de que tuviera una música incidental que le aportara intensidad y subrayara los momentos representados en el escenario. Para la creación de esta música pensó en el más destacados de los compositores de su país, Edvard Grieg, un músico noruego que había completado su formación en Alemania.
Grieg compuso la obra que se le solicitó y la llevó a los escenarios, pero, como veremos más adelante, con el paso del tiempo, una selección de su composición para Peer Gynt se ha quedado entre los aficionados a la música, e incluso algunas piezas entre los no aficionados, en detrimento de la obra original que incluía la obra de teatro con la música incidental.
En esta publicación iremos alternando piezas de las suites de Grieg, que son las más reconocibles entre nosotros, con algunas de las piezas originales de la música incidental.

Chika Shimizu. Figurines de los protagonistas de Peer Gynt
Grieg realizó dos suites a partir de la música que compuso para la obra de Ibsen. Catalogada como su Opus 46, la Suite nº 1 de Peer Gynt está formado por cuatro movimientos: La mañana, La muerte de Ase, La danza de Anitra y En la gruta del rey de la montaña.
En esta suite, Grieg no sigue el orden cronológico de las piezas, sino que alterna movimientos contrastantes para formar una pieza que, con el paso del tiempo, ha hecho pasar a la obra original a un plano muy secundario.
Así, el primer movimiento, La mañana, nos sitúa, al comienzo del Acto IV, en un amanecer en Marruecos donde ha llegado Peer después de huir del bosque en el que vivía con Solveig y tras el fallecimiento de su madre, Ase.
Grieg refleja en su partitura los colores del amanecer que nos muestra la aparición del sol con una melodía que va pasando de un instrumento en un crescendo mágico e inolvidable. 
La Seatle Symphony Orchestra con la dirección de Thomas Dausgaard nos sitúan en La mañana desde el Benarova Hall de la ciudad norteamericana.


Publicado póstumamente, en Biblioteca personal se recogen una serie de prólogos de sesenta y cuatro de los cien libros que Jorge Luis Borges estaba realizando sobre sus preferencias personales y que nos sirven para disponer de una visión panorámica de los libros que habían marcado al genial y apasionado escritor argentino. Según sus propias palabras, 
«Deseo que esta biblioteca sea tan diversa como la no saciada curiosidad que me ha inducido, y sigue induciéndome, a la exploración de tantos lenguajes y de tantas literaturas.»
Dentro de su Biblioteca personal, Borges incluye una de sus reseñas a Ibsen y dos de sus obras, Peer Gynt y Hedda Gabler. Nos quedamos con el texto que se refiere a la obra que nos ocupa.


La obra de Henrik Ibsen fue escrita en 1867 y narra la historia de un campesino noruego como un drama alegórico, contando su vida de antihéroe, sus continuas caídas y su posterior redención. Peer es un imaginativo mentiroso, vividor y mujeriego que se enreda en continuos líos y que siempre soluciona estos enredos en los que se involucra con una huida hacia adelante. 
Una vez escrita la obra, el dramaturgo noruego consideró la posibilidad de incluir una música que acompañara y realzara la acción dramática en el escenario, realizando el encargo al compositor en 1874. En esta situación, Ibsen escribió a Grieg algunas cartas dando indicaciones concretas sobre cómo imaginaba y pensaba que deberían incorporarse algunos aspectos musicales y, sobre todo, detalles concretos en la obra teatral: En la escena de la boda deberían sonar las campanas en la lejanía, en alguna escena debe oírse el canto de los pájaros. 
Nos acompaña a continuación el inicio de la Música incidental para Peer Gynt (Opus 23) compuesta por Grieg para la obra de Ibsen, una música que sirve como obertura o preludio, denominada Bukkerittet (En la corte nupcial). Siguiendo el esquema clásico, Grieg organiza este inicio como una música que recoge algunos de los temas que desarrollará a lo largo de la obra.
La Bergen Filharmoniske Orkester de la ciudad homónima noruega con la dirección de Ole Kristian Ruud nos introduce en el inicio de la música incidental, que puedes escuchar mientras lees el texto de Ibsen


Pese a que la obra se basa en personajes noruegos, transcurre por distintos lugares, ya que el protagonista desarrolla su vida aventurera por diversos lugares que van, desde los imaginarios como la gruta donde viven los trolls hasta otros exóticos como el desierto norteafricano, antes de regresar a su lugar de origen.
Nos acercamos en esta ocasión a la obra teatral con el inicio de la misma, en la que, en la primera escena nos encontramos con el protagonista y su madre Ase en el extracto de un diálogo que nos deja claro desde el primer momento la personalidad de los personajes.


Situándonos en la historia, Peer Gynt es el hijo de un granjero, joven, desvergonzado y grosero, apenas sin valor personal, lo que conocemos como antihéroe, que impresiona a quienes les rodean con grandes mentiras.
Aparece sin invitación en la boda de su antigua novia Ingrid a la que deshonra y abandona a su suerte. Deseoso de aventuras, amor y reconocimiento, soporta y vive situaciones a entre lo real y lo que es fruto de su mente: junto a troles y demonios, en las lejanas África y Arabia o frente a la parlante estatua de Memmon, hasta regresar, muchos años más tarde, viejo y empobrecido hasta su hogar, con un insólito y emocionado final feliz, con la campesina Solveig que ha esperado durante toda su vida el regreso de su amado Peer.

    Theodor Severin Kittelsen. Peer Gynt en la gruta del Rey de la Montaña (1890)
Ya en el Acto II de la obra de Ibsen, la sexta escena nos sitúa en el reino de Dovre, en el interior de la cueva en la que habita el Rey de la Montaña. Allí, Peer, que ha seducido a su hija, intenta escapar en el silencio de la noche. Una vez descubierto es capturado por los habitantes que lo amenazan con martirios y la muerte.
Incluida en la citada Suite nº 1, En la gruta del Rey de la Montaña es una de las piezas más conocidas de Grieg y una de esas músicas que todos reconocemos por haberla escuchado en muchos momentos, tanto en el cine como en publicidad.
En esta ocasión nos acercamos a la versión menos conocida, la de la música escénica y no a la suite, con la inclusión de los diálogos entre todos los personajes que hablan, amenazan y persiguen a nuestro protagonista.
De forma similar a La mañana, Grieg utiliza también en esta pieza una melodía que se va repitiendo en los distintos instrumentos, avanzando en un crescendo vertiginoso que finaliza con nuevo intento de huida del personaje, aunque, tras la conocida pieza, la escena continúa aún más.


El enlace nos ofrece sólo el inicio de la escena sexta de este segundo acto de Peer Gynt, Dovregubbens hall (En la gruta del rey de la montaña), de nuevo con la Bergen Filharmoniske Orkester bajo la dirección de Ole Kristian Ruud.


Grieg finalizó su partitura en otoño de 1875, ocho años después de la composición de la obra teatral y tras varios meses de composición en el que siguió muchas de las indicaciones de Ibsen, decidió profundizar en la parte filosófica de la historia e incorporó algunos instrumentos para las escenas que de desarrollaban en lugares exóticos. De esta forma, Grieg consigue una mezcla entre el color de la tradición y el incipiente nacionalismo noruego mezclado con ideas filosóficas universales, unido al exotismo de lugares como los áridos desiertos, un color musical que el compositor amalgamó con cautivadoras melodías y la incorporación de instrumentos como crótalos, triángulos o panderetas.
La música incidental original, independiente de la obra teatral, tenía una duración de alrededor de hora y media dividida en veintitrés números, la mayoría de los cuales eran vocales, algunos de ellos con la participación de coros.
La obra teatral con la música incidental se estrenó el 24 de febrero de 1876 en Christiania (nombre de la capital antes de denominarse Oslo a partir de 1925) con el propio Grieg en la dirección musical, con una escenografía muy cuidada y un elenco que recogía a los más importantes actores del momento. Henrik Klausen representó el papel de Peer Gynt y Thora Hansson el de Solveig, aunque su musicalidad no alcanzaba la exigencia del papel y parece ser que hubo de ser sustituida su voz por el de una desconocida cantante, limitándose la actriz a mover los labios durante las canciones. El éxito de la obra alcanzó las expectativas que se habían creado.
El tercer acto finaliza con una de las escenas más entrañables de la obra, la muerte de la madre del protagonista. En esta ocasión nos acercamos a una doble versión. Por un lado, podemos escuchar la interpretación de La muerte de Ase desde la versión de la Suite de Grieg, mientras nos acompaña el texto de la misma escena en la versión de Ibsen, alcanzando un mayor contraste dramático impregnado del dolor y una particular dulzura que se van apoderando de nosotros conforme avanza la escena.

Las cuerdas con sordina entonan una sentida elegía, conformando una de las más memorables y sensibles piezas de las que componen esta obra, mientras Peer coge las manos de su madre al final de esta escena.
De nuevo, la Seatle Symphony Orchestra bajo la dirección de Thomas Dausgaard nos ofrece la interpretación de La muerte de Ase, mientras podemos leer la escena completa del drama de Ibsen.


El contraste entre esta música y el inicio de la última escena del tercer acto refleja la situación dramática creada por Ibsen, en el que aparece en su parte final un personaje intrascendente, Kari, la hija de un campesino.


Arthur Rackham (1867-1939). La muerte de Ase

El Acto IV nos presenta a un Peer Gynt que ha viajado hasta Marruecos primero y después a Arabia, tras haberse encontrado con la singular estatua de Memmnon que habla y con la Esfinge de Gizhe.
Allí, en un oasis en pleno desierto, en la tienda de un jeque árabe, Peer, con un atuendo oriental, descansa recostado noblemente, bebe café y fuma en una larga pipa, mientras un grupo de jóvenes capitaneado por Anitra canta y baila para él, recibiéndolo como un nuevo profeta prometido.

Arthur Rackham (1867-1939). Anitra's Dance
En esta ocasión, recurrimos a la música incidental para asistir a la conocida danza árabe en la versión cantada por las jóvenes y con el solo de Anitra, interpretado por una voz de mezzosoprano.


Nos vuelve a acompañar Ole Kristian Ruud dirigiendo a la Bergen Filharmoniske Orkester en la interpretación de La danza árabe en la citada versión cantada para la música incidental de la obra creada entre Ibsen y Grieg.


Debido al éxito alcanzado por su música incidental, Grieg volvió a utilizar algunos de los temas para incluirlas en una nueva composición, la Suite nº 2 de Peer Gynt (Op. 55) en la que volvió a incluir cuatro movimientos instrumentales de tipo contrastante: El lamento de Ingrid, la Danza árabe, El retorno de Peer Gynt y La canción de Solveig, alcanzando de nuevo un gran éxito con esta obra.
Aquí, en la escena 10 del Acto IV, Ibsen y Grieg nos traen una de las escenas y melodías más entrañables, conocidas y reconocibles de la obra, la Canción de Solveig, una canción que entona la campesina, quien al conocer a Peer no lo olvidará jamás y esperará, como si de una Penélope nórdica se tratara, a que regrese, más allá «del invierno, y la primavera y el siguiente verano».


Nos despedimos de la aproximación a esta obra singular, una de las imprescindibles del repertorio, surgida de la colaboración entre dos grandes autores noruegos y que ha quedado para la historia con la Canción de Solveig.
La soprano noruega Sissel Kyrkjebo, con su voz transparente y cristalina, como si estuviera esculpiendo en el aire, la interpreta en un concierto para televisión celebrado en 1991.

Arthur Rackham (1867-1939). Peer Gynt y Solveig en la boda
Si tienes interés, puedes volver en otra ocasión para escuchar la Música incidental de Peer Gynt completa en el siguiente enlace: Peer Gynt con la Bergen Filharmoniske Orkester y la dirección musical de Ole Kristian Rudd.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Cuando las estatuas hablan

Las vemos en nuestras ciudades y en museos. La presencia de estatuas se hace habitual cuando convivimos a diario con ellas. En otras ocasiones las deseamos ver de cerca en las ciudades y lugares donde fueron erigidas o se encuentran. ¿Quién no ha visto o deseado ver el David de Michelanchelo Buonarroti, El pensador de Rodin o cualesquiera de las que hemos conocido en los estudios o por otros medios?
En esta entrada te propongo un paseo alrededor de las estatuas con la idea de conocer qué nos han dicho o nos dirían si pudieran hablar. Nos acompañan obras de Ibsen, Grieg,  Schubert, Oscar Wilde y Mozart. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! 



Las estatuas surgieron en primer lugar como demostración de poder. El poderoso monarca erigía para mostrar a todos su fuerza y dominio. El antiguo Egipto está poblado de faraónicas estatuas con ese fin. La llegada de la civilización griega hizo avanzar el fundamento hasta personajes que iban desde los dioses que poblaban el Olimpo hasta semidioses e incluso personajes reales que iban desde el gigantesco Coloso de Rodas, erigido en la entrada al puerto, hasta los atalantes y cariátides que servían de columnas en los templos, pasando por efigies de políticos o vencedores en gestas olímpicas o guerreras.
Más adelante, el motivo de la erección se diversificó, aún sin descartar la demostración de poder en la Europa medieval y posterior, abarcando la figura de poetas, artistas, personajes emblemáticos e incluso conceptos que se consideraron motivos dignos.
El mensaje que aportan las estatuas es la evocación o el recuerdo, dar a conocer qué quiere transmitir o qué no se quiere que olvidemos con la efigie.
Una historia legendaria aportó otra nueva dimensión al concepto  y significado de la estatua. El faraón Amenhotep III erigió un templo, el mayor de su época junto a la ciudad de Luxor, cuya entrada estaba flanqueada por dos estatuas suyas de 18 metros de alto, sentado con las manos sobre las rodillas. Tras un terremoto en el siglo I a.C. el templo se desmoronó y la estatua situada más al norte quedó destruida hasta la cintura con importantes grietas en la zona inferior.
Estas grietas hicieron que las corrientes de aire circulasen por su interior, especialmente con el cambio de temperatura y la evaporación del rocío que tenían lugar al amanecer produciendo unos sonidos que algunos consideraron musicales. Los primeros viajeros griegos y romanos asociaron este sonido con la historia de Memnón, un mítico rey de Etiopía, participante en la guerra de Troya, hijo de la diosa de la aurora Eos, quien al morir a manos de Aquiles tuvo a su madre llorando durante demasiados amaneceres, provocando con sus lágrimas el rocío. A esta estatua se llamó por ese motivo estatua de Memnón. Viajeros como Herodoto escribieron sobre su experiencia de haber oído el sonido de la estatua.
De aquí surgió la idea de que una estatua, gracias a espacios huecos en su interior y orificios pudiera emitir sonidos e incluso cantar, una idea que pudo dar mucho juego e ideas a distintos autores.



En una colaboración sin precedentes, el dramaturgo Henrik Ibsen y el compositor Edvard Grieg prepararon en una obra dramática con música incidental, Peer Gynt, una obra a la que en algún momento recurriremos en este blog por el arquetipo que crearon, cada vez más actual.
Peer Gynt tiene como las grandes obras maestras, entre otras muchas connotaciones, la del viajero empedernido como un quijotesco Ulises se tratara. Un viajero que transita por espacios geográficos de su Noruega natal, el desierto africano, la geografía de Egipto o las costas griegas, mezclando saltos y momentos históricos diferentes, además de adentrarse en las regiones de la fantasía popular con la visita a reinos de duendes y troles.
La música incidental que Edvard Grieg compuso para la puesta en escena se adapta de manera especial a este texto. La versión musical pertenece a un disco de la Orquesta de la Suisse Romande dirigida por Guillaume Tourmiaire y te propongo oírla mientras lo lees y apreciar el cresccendo que realiza el sonido con el amanecer, en el que Peer Gynt reconoce o cree reconocer el mensaje que le transmite la estatua de Memnón.


En su transitar por el norte africano, Peer Gynt se encuentra frente a la estatua de Memnón. Cuando se interpreta la versión completa de Grieg suele ser esta versión la que se representa. Hace años pude ver una interpretación en concierto en Tve2 de Peer Gynt con un director nórdico que presentaba una versión con alguna piezas poco habituales entre las que se encontraba una pieza que Grieg no se resistió a componer. En ella, la estatua de Memnón cantaba. No he vuelto a encontrar esta interpretación desde entonces. Una lástima.



A partir de un texto de su amigo Johann Baptist Mayhofer, Franz Schubert compone un lied sobre la figura de la estatua de Memnón
La interpretación, también de audio pertenece a dos figuras del panorama de la música clásica actual, el barítono Matthias Göerne y la pianista Elisabeth Leonskaja en un disco grabado en 2008.


En este caso, la propia efigie es la que se lamenta, en un tono muy del estilo de Schubert, con ese pesimismo y el hálito de sombría tristeza que acompaña al compositor vienés hasta en las más alegres de sus obras. El fondo del período romántico también se deja traslucir a lo largo de toda la canción, marcando las pautas de lo que dice la leyenda sobre la estatua canora.



Posiblemente lo primero que se nos viene a la memoria si nombramos a Oscar Wilde es su inconformismo en la sociedad victoriana en la que se desarrolló su vida. Hombre de lengua mordaz, frívolo, irónico, de ingenio agudo e incisivo y, sobre todo brillante e inteligente, cuya figura, el personaje que creó de sí mismo, su obra y su vida chocaron de modo frontal con la conservadora sociedad de la Inglaterra del cambio de los siglos XIX a XX.
Frente a su obra en la que critica el excesivo conservadurismo y la hipocresía de la sociedad que lo albergó, una serie de cuentos muestran la cara más tradicional y moralista de un escritor que destacó justo por los principios contrarios en su vida y su obra. Cuentos como El príncipe feliz, El ruiseñor y la rosa o El gigante egoísta son historias que surgen de su refinada erudición y sus enormes conocimientos culturales.



Si tratamos de estatuas que hablan, en un giro completamente distinto al que veníamos desarrollando, El príncipe feliz nos muestra la historia de una estatua, la más espléndida de todas, "toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada". Esta estatua, que divisaba desde su altura las grandezas y, sobre todo, las miserias de su pueblo, se va acercando a estas últimas para socorrer con ayuda de una voluntariosa golondrina las necesidades de los habitantes de la gran ciudad. Una estatua que se erige en personaje y habla no puede menos que recordarnos y acordarse de Memnón. Una delicia de cuento con moraleja para los más pequeños.



Quizás la estatua más conocida de cuantas hablan es la que aparece en la historia de uno de los arquetipos más reconocidos de los siglos XVIII y XIX: Don Juan. En Don Giovanni de Mozart, en el II acto, la escena decimonovena está dedicada al encuentro entre la estatua de El Comendador y el protagonista en una obra que en España se representó durante muchos años, en la versión del Tenorio de Zorrilla, en el inicio del mes de noviembre.
La entrada de El Comendador comienza con A cenar teco (A cenar contigo) en una escena en que intervienen éste, Don Giovanni y Leporello, su criado. La estatua de El Comendador le pide que se arrepienta de su vida de libertino, a lo que se niega con prepotencia. Siente un frío glacial en su cuerpo y entre grandes estertores, la estatua lo lleva al infierno. 
La interpretación corre a cargo de Franz-Josef Selig como La estatua de El Comendador, el barítono malagueño Carlos Álvarez como Don Giovanni e Hildebrando d'Arcangelo como Leporello en una sesión que se celebró en el Theater an der Wien de la capital austriaca en 1999 bajo la dirección de Riccardo Mutti.


Cómo sería nuestro mundo si las estatuas nos hablaran, despojadas de la pompa y las condiciones con que fueron erigidas y con el único fin de servirnos como imagen y ejemplo para nuestras decisiones vitales.
¿Las miraremos y las sentiremos de forma diferente?

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Páginas web visitadas:

  • https://destinoinfinito.com/los-colosos-de-memnon-y-un-peculiar-sonido/
  • https://www.cjpb.org.uy/wp-content/uploads/repositorio/serviciosAlAfiliado/librosDigitales/Ibsen-Peer-Gynt.pdf
  • https://carlosvaldesmartin.blogspot.com/2015/11/resumen-de-peer-gynt-de-henrik-ibsen.html

Un final feliz

¿Cuántas vidas caben en nuestra vida? Hay personas que viven varias vidas en un año y quienes viven una sola vida a lo largo de su existencia. 
En nuestro mundo todos los objetos tienen fecha de caducidad y están preparados para que consumamos de forma constante. Pero nuestras relaciones personales no deberían seguir estas pautas, aunque con cierta frecuencia transitan, con mayor o menor cercanía a nosotros, algunas que concluyen sin llegar al destino anhelado.
Tener unas relaciones, del tipo que sean, que se prolonguen en el tiempo con la ilusión, la fuerza y las ganas con que comenzaron acercan nuestras vidas a lo que denominamos un final feliz.




En esta entrada te propongo una mirada, si quieres un poco romántica, a la pervivencia y la consolidación de nuestras más íntimas relaciones con un texto de la poetisa Amalia Bautista y una de las canciones más conocidas de Edvard Grieg.
La página literaria de esta semana pertenece a la poetisa Amalia Bautista, a quien ya tuvimos presente en este blog con Entre mis mejores deseos y Va pensiero




Una de las más curiosas e interesantes colaboraciones entre escena y música, sin contar el universo de la ópera, es la que ocurrió entre dos noruegos, cada uno de ellos considerado el máximo representante de su especialidad en su país: el dramaturgo Henrik Ibsen y el compositor Edvard Grieg.



Ambos se propusieron la colaboración en la creación de un drama con música incidental y así fue como surgió Peer Gynt. En el escritor es una obra atípica: está escrita en verso y no se trata de una comedia realista, sino de una obra de carácter fantástico. También es una obra complicada de representar por su larga duración y los continuos cambios de escenario que han hecho que sea poco llevada a escena.
Más éxito tuvo la música de Grieg, no siempre interpretada en su totalidad, pero que sí ha tenido un gran éxito dentro de la música llamada clásica a través de las dos Suites de Peer Gynt. Algunas de sus piezas, como La mañanaEn la gruta del rey de la montaña o La danza de Anitra están dentro de ese tipo de música que todos hemos oído alguna vez y conocemos sin saber muy bien de qué o dónde las hemos oído. 

Sin entrar en detalles de su argumento, la pieza que te traigo en esta entrada es la canción, muy del gusto romántico, con que Solveig recibe y a la vez redime a un Peer Gynt purificado por la música que ella le canta.



Como en otras ocasiones, te presento varias versiones. Podrás comprobar que las diferencias de interpretación entre ellas son sustanciales. ¿Cuál te gusta más? Te invito a que compartas con nosotros tu opinión.

La primera versión está interpretada en concierto por la soprano
Sarah Brightman.


La segunda versión la canta Marita Solberg, también en concierto y al aire libre.


 
La última interpretación, perteneciente a su disco Souvenirs es un audio de una de las más grandes cantantes de nuestros días, habitual en este blog, la soprano Anna Netrebko.


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Un final largo y feliz: La canción de Solveig

¿Cuántas vidas caben en nuestra vida? Hay personas que viven varias vidas en un año y quienes viven una sola vida en muchos años. 
En nuestro mundo todos los objetos tienen fecha de caducidad y están preparados para que consumamos de forma constante. Pero nuestras relaciones personales no deberían seguir estas pautas, aunque con cierta frecuencia transitan, con mayor o menor cercanía a nosotros, algunas de todo tipo que concluyen sin más.
En esta entrada te propongo una mirada, si quieres un poco romántica, a la pervivencia y la consolidación de nuestras más íntimas relaciones de la mano de la poetisa Amalia Bautista y la Canción de Solveig, una de las pezas más conocidas de Edvard Grieg




La página literaria de esta semana pertenece a la poetisa Amalia Bautista, a quien ya tuvimos presente en este blog con Entre mis mejores deseos y Va pensiero. Amalia Bautista es una de las voces que más presencia tienen en la poesía actual, compaginando la escritura con su actividad como redactora en el gabinete de prensa del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Ha publicado una extensa obra recogida en volúmenes como Cárcel de amor, Tres deseos o Cuéntamelo otra vez, entre otras publicaciones.






Una de las más curiosas e interesantes colaboraciones entre escena y música, sin contar el universo de la ópera, es la que ocurrió entre dos noruegos, cada uno de ellos considerado el máximo representante de su especialidad en su país: el dramaturgo Henrik Ibsen y el compositor Edvard Grieg.
Ambos se propusieron la colaboración en la creación de un drama con música incidental y así fue como surgió Peer Gynt. En el escritor es una obra atípica: está escrita en verso y no se trata de una comedia realista, sino de una obra de carácter fantástico. También es una obra complicada de representar por su duración y los continuos cambios de escenario que han hecho que sea poco llevada a escena,



Más éxito tuvo la música de Grieg, no siempre interpretada en su totalidad, pero que sí ha tenido un gran éxito dentro de la música llamada clásica a través de las dos Suites de Peer Gynt. Algunas de sus piezas, como La mañanaEn la gruta del rey de la montaña o La danza de Anitra están dentro de ese tipo de música que todos hemos oído alguna vez y conocemos sin saber muy bien de qué o dónde las hemos oído. ¿Las reconoces?


Sin entrar en detalles de su argumento, la pieza que te traigo en esta entrada es la canción, muy del gusto romántico, con que Solveig recibe y a la vez redime a un Peer Gynt purificado por la música que ella le canta. Solveig espera con una gran confianza el regreso de Peer y sabe que, aunque haya pasado el tiempo y las estaciones den paso una a la otra, ella seguirá esperándole hasta el momento en que puedan reunirse para siempre.


Como en otras ocasiones, te presento varias versiones. Podrás comprobar que las diferencias de interpretación entre ellas son sustanciales. ¿Cuál te gusta más? Te invito a que compartas o comentes tu opinión.

La primera versión está interpretada en concierto por la soprano
Sarah Brightman.


La segunda versión la canta Marita Solberg, también en concierto y al aire libre.


 
La última interpretación, en disco y sólo audio, pertenece a nuestra habitual Anna Netrebko.



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Sí, un final largo y feliz

¿Cuántas vidas caben en nuestra vida? Hay personas que viven treinta vidas en un año y quienes viven una vida en treinta años. 
En nuestro mundo todos los objetos tienen fecha de caducidad y están preparados para que consumamos de forma constante. Pero nuestras relaciones personales no deberían seguir estas pautas, aunque con cierta frecuencia transitan, con mayor o menor cercanía a nosotros, algunas de todo tipo que concluyen sin más.
En esta entrada te propongo una mirada, si quieres un poco romántica, a la pervivencia y la consolidación de nuestras más íntimas relaciones. 
La página literaria de esta semana pertenece a la poetisa Amalia Bautista, a quien ya tuvimos presente en este blog con Entre mis mejores deseos y Va pensiero



Una de las más curiosas e interesantes colaboraciones entre escena y música, sin contar el universo de la ópera, es la que ocurrió entre dos noruegos, cada uno de ellos considerado el máximo representante de su especialidad en su país: el dramaturgo Henrik Ibsen y el compositor Edvard Grieg.
Ambos se propusieron la colaboración en la creación de un drama con música incidental y así fue como surgió Peer Gynt. En el escritor es una obra atípica: está escrita en verso y no se trata de una comedia realista, sino de una obra de carácter fantástico. También es una obra complicada de representar por su duración y los continuos cambios de escenario que han hecho que sea poco llevada a escena,
Más éxito tuvo la música de Grieg, no siempre interpretada en su totalidad, pero que sí ha tenido un gran éxito dentro de la música llamada clásica a través de las dos Suites de Peer Gynt. Algunas de sus piezas, como La mañana, En la gruta del rey de la montaña o La danza de Anitra están dentro de ese tipo de música que todos hemos oído alguna vez y conocemos sin saber muy bien de qué o dónde las hemos oído. ¿Las reconoces?


Sin entrar en detalles de su argumento, la pieza que te traigo en esta entrada es la canción, muy del gusto romántico, con que Solveig recibe y a la vez redime a un Peer Gynt purificado por la música que ella le canta.


Como en otras ocasiones, te presento varias versiones. Podrás comprobar que las diferencias de interpretación entre ellas son sustanciales. ¿Cuál te gusta más? Te invito a que compartas con nosotros tu opinión.

La primera versión está interpretada en concierto por la soprano
Sarah Brightman.

La segunda versión la canta Marita Solberg, también en concierto y al aire libre.

La última interpretación, en disco, pertenece a nuestra habitual Anna Netrebko.


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