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Lope de Vega y el Siglo de Oro

¡Oh, siglo de oro,
de nuestra humana vida desengaño,
si vieras tanto engaño,
tan poca fe, tan bárbaro decoro!
Lope de Vega
Silva El Siglo de Oro

Estos versos de Lope de Vega junto a unas frases de El Quijote inspiraron la denominación de uno de los periodos más brillantes de la cultura en EspañaEl Siglo de Oro supone un momento álgido en las artes de nuestro país, la consolidación de un idioma que había nacido pocos siglos antes, el desarrollo de diversas artes y, de modo especial, el florecimiento de la literatura. Así, en las letras surgieron nuevos géneros, se desarrollaron nuevas temáticas y estilos y nacieron o se generalizaron muchos de los recursos literarios de nuestro idioma.
Este periodo, que los estudiosos sitúan entre la aparición de la Gramática Castellana de Elio Antonio de Nebrija publicada el año del primer viaje de Colón al nuevo continente y la muerte de Calderón de la Barca en 1681, abarca en realidad casi dos centurias que podemos desglosar en el renacimiento y el barroco hispanos, situándose con más propiedad en este último periodo.
Así en el Siglo de Oro nos encontramos con gigantes de nuestras letras como San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Cervantes, Góngora, Quevedo y la trilogía de los grandes dramaturgos: Tirso de Molina, Calderón de la Barca y Lope de Vega. Novela, poesía y teatro confluyen en estos años creando grandes obras que tuvieron gran respaldo de público y que siguen teniendo su vigencia por sus argumentos, la calidad de las obras, la forma en que supieron reflejar la sociedad de su época y la universalidad de los temas que tratan.
En esta publicación nos centramos en la figura de uno de estos genios de la literatura, el escritor que más fama alcanzó en vida, gracias a sus obras de teatro y a su poesía.
Te invito a recordar la figura de Lope de Vega y algunas de sus obras al cumplirse en estos días años de su nacimiento. Nos acompañan, obras de Ángeles Caso, Mary Shelley, una obra desaparecida del autor y música inspirada en sus poemas. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


A finales de 1562, el 25 de noviembre, según Juan Pérez de Montalbán, discípulo y biógrafo suyo, o el 2 de diciembre onomástica de San Lope, obispo de Veronanació en Madrid Félix Lope de Vega Carpio, hijo de Félix de Vega y Francisca Fernández, oriundos del Valle de Carriedo en las montañas de Santander.
De familia de hidalgos, aunque pobres, su padre era bordador, además de un hombre piadoso que acudía al hospital de la corte donde realizaba pequeños trabajos, además de ayudar a los enfermos y convalecientes, acompañado con frecuencia por sus hijos Lope e Isabel
Huérfano desde pequeño, el joven Lope mostró cierta facilidad para las letras, especialmente la poesía, además de aprender baile, esgrima y canto.
Sus primeros estudios los realizó en el escuela de Madrid que dirigía Vicente Espinel, el creador de las décimas o espinelas, a quien siempre trató con adoración y respeto. Más adelante lo haría con la Compañía de Jesús hasta ingresar en la Universidad de Alcalá de Henares, donde no terminó los estudios. Durante este tiempo entró al servicio de don Jerónimo Manrique, obispo de Cartagena e inquisidor general.


De vida ajetreada, inmerso en continuos amoríos y pleitos hasta alcanzar fama gracias a sus obras de teatro, nos acercamos a un texto recogido en Las casas de los poetas muertos de Ángeles Caso, un libro en el que la escritora gijonesa nos acerca a las casas en las que vivieron diversos escritores como Cervantes, Jovellanos, Rosalía de Castro, Antonio Machado, García Lorca o el propio Lope.
En este texto trata de la que es actualmente casa museo del escritor, además de acercarnos a los que fueron sus inicios alistado en la armada hasta que se fue centrando en la escritura de obras teatrales y poemas.

A este texto le sigue otro de la autora en el que muestra una de las facetas más terrena del escritor, los amoríos constantes a lo largo de su vida.
 

La obra de Lope de Vega se agrupa fundamentalmente entre sus producciones para escena, las que le dieron fama en su tiempo, y su obra poética. 
La primera de las músicas que nos acompaña está basada en uno de sus poemas, Romances a Belisa, un grupo de varias composiciones del que se extrajeron varias estrofas para componer una obra musical que apareció con carácter anónimo en el Cancionero de 1628 con el título de Lamento de Belisa: De pechos como una torre.


La desaparecida soprano Montserrat Figueras interpreta este Lamento de Belisa con el grupo Hespèrion XXI dirigido por quien fuera su esposo, Jordi Savall, en una grabación recogida en el disco Entremeses del Siglo de Oro: Lope de Vega y su tiempo: 1550-1650.


Con una vida intensa, Lope de Vega fue ganando el favor del público con su facilidad para la versificación que utilizaba en obras teatrales que triunfaban en los corrales de comedias. Las obras poéticas que publicó en diversos libros llegaron más tarde, pese a que algunas estaban escritas años antes de pasar por la imprenta.
Su obra se presta a entrever en ella algunos momentos de su intensa vida, dejando intuir de algún modo su vida amorosa, su huida a Valencia después de unos oscuros incidentes.


Mary Shelley es universalmente conocida por ser la autora de Frankenstein o el moderno Prometeo, pero su obra abarca mucho más que esta novela gótica. Hija de dos filósofos y esposa del poeta Percy Shelley, de quien tomó el apellido, dedicó su esfuerzo a investigar y escribir biografías, novelas históricas y libros de viaje, además de ser una de las iniciadoras del movimiento feminista.
Entre sus obras biográficas encontramos Cervantes y Lope. Vidas paralelas, una obra en la que, a partir del estudio de textos, elabora una biografía de dos personajes tan importantes para la literatura española y mundial y que convivieron en el Madrid de finales del XVI y comienzos del XVII.
En la biografía de Lope de Vega, Shelley se adentra en seguir la interrelación entre la obra y la vida del poeta y dramaturgo, buscando las conexiones existentes entre ambas.

 
Las últimas décadas del Siglo de Oro trajeron consigo disputas entre los escritores, algunas de las cuales hemos tratado en este blog.
Si Cervantes y Lope de Vega comenzaron mostrando admiración el uno por el otro, con alabanzas hacia sus obras, el hecho es que, con el paso del tiempo, la historia acabó en una rivalidad que llegó a las invectivas personales en palabras impresas. Quizás Cervantes pensaba que era mejor dramaturgo de lo que en realidad fue, acaso Lope menospreció la obra novelística del Manco de Lepanto.
Mas el tiempo acabó poniendo a cada uno en su lugar y fue Cervantes quien acabó zanjando las disputas al calificar a Lope como Monstruo de la naturaleza y Fénix de los ingenios, dos apelativos que hacían referencia a la enorme cantidad de obras de las que era autor, y con los que se le conoce todavía.


Nos acercamos de nuevo a una interpretación musical de uno de sus poemas a cargo de Hespèrion XXI con Jordi Savall y Montserrrat Figueras. Se trata de Cómo retumban los remos, con música también de autor desconocido, perteneciente al disco Lope de Vega: Intermedios del barroco Hispánico de Alia Vox de 2008.


Autor con un gran éxito entre el público que acudía a presenciar sus obras teatrales, a las que se hará referencia en un nuevo texto más adelante, Lope de Vega posee un rico universo de obras escénicas en las que describió el carácter hispano, mostró las características de su época y lo esencial de la condición humana.
Entre ellas se encuentran algunas obras que aún siguen representándose: Fuente Ovejuna, El perro del hortelano, Peribáñez y el comendador de Ocaña, La Dama bobs, El caballero de Olmedo o La Dorotea, obras de gran inspiración con rima y declamación que mostraban su facilidad para la versificación.


Sabiendo el número de obras que el propio Lope se atribuía, en la que posiblemente incluyera distintas representaciones o adaptaciones como obras distintas, además de la tendencia a la exageración que se comentaba en uno de los textos precedentes, es infrecuente en nuestros días encontrar obras desaparecidas del escritor.
Es el caso de una obra teatral, Mujeres y criados, de la que se tenía referencias y que fue encontrada en 2014. 
Un hecho que, en una primera impresión, no tendría más que fijar la atención y leerlo para acceder a la obra. En la práctica, supone un proceso de investigación y descifrado bastante más complejo hasta llevar la obra a la luz del público.
Escrita entre 1613 y 1614, Mujeres y criados desarrolla su argumento en Madrid con Violante y Luciana como las hermanas protagonistas, acompañadas por sus enamorados Teodoro y Claridán, parejas que han mantenido en secreto sus amores hasta que aparecen dos nuevos pretendientes, lo que provoca un juego de enredos, escondites y confusiones.
En la versión de Epublibre realizada por ebookofilo, SergioS y ultrarregistro el prefacio nos acerca al descubrimiento de esta obra perdida y al proceso de traducción desde el lenguaje manuscrito en que se encontraba hasta que pudo llegar entendida y posteriormente publicada.
En el texto se reflejan la emoción y el trabajo que supuso el descubrimiento.


La última audición de un poema de Lope de Vega nos ofrece un giro radical. No se trata de una composición de la época como las dos anteriores, sino de una obra musical actual. 
Basada en el Soneto LXI de Rimas, un poemario publicado en 1602, el cantautor vasco Imanol Larzabal compuso la canción Ausencia. En ella, el cantante utilizó estas letras para denunciar su condición de exiliado de su amada Euskadi, unos versos que parece que están hechos exprofeso para la ocasión. En Ausencia, Imanol deshace las estrofas del soneto para acomodarlas a la canción y hacerla sentir más propia. Se trata de una canción tan bella, con unos versos tan densos y cargados de significado que no importa repetirla para degustarla más.


La interpretación de Imanol está acompañada por la Orquesta de Cuerda Et Incarnatus con la dirección de Miguel Zeberio en una producción de Promociones Musicales de 2000. 


Pese a triunfar con su obra escénica, por donde le llegó la fama y el reconocimiento del público, la obra poética de Lope de Vega no se queda a la zaga. Con obras como Los romances, Rimas, Rimas sacras, La Filomena, La Circe, La vega del Parnaso, La hermosura de Angélica o Jerusalén conquistada muestra su capacidad para la versificación y el estilo lírico.


Finalizamos esta publicación alrededor de la figura del Fénix de los ingenios volviendo a la doble biografía de Cervantes y Lope de Mary Shelley.
En primer lugar, la autora de Frankenstein nos acerca a conocer el éxito que tuvo el escritor, la fama que llegó a alcanzar en su tiempo y cómo esta le granjeó la animadversión de algunos contemporáneos. Finaliza el texto con un extraño y arriesgado experimento como fue el publicar unos poemas de forma anónima para esperar la reacción del público.


Pese a que algunas obras del Fénix de los ingenios se ha llevado a la televisión y a la gran pantalla, no había obras que trataran sobre su vida. En 2010, Andrucha Waddington dirigió Lope, una película basada en la juventud de Lope de Vega que fue protagonizada por Alberto Ammann, por lo que tenemos la oportunidad de acercarnos a ella para recordar una figura de tanta importancia en nuestras letras.



Para despedirnos de la figura de este Monstruo de la naturaleza, recordamos que en sus últimos años realizó un giro diametral a su vida tras sufrir una crisis existencial, motivado en parte por un intento de asesinato, en parte por el fallecimiento de familiares cercanos, ordenándose sacerdote en 1614. De estos años son sus Rimas sacras, además de otras obras de carácter religioso.
El último texto de Mary Shelley nos acerca al momento de su fallecimiento. En él, detalla sus últimos días, deteniéndose de modo especial en el de su muerte el 25 de agosto de 1635, así como en sus funerales.

Ignacio Suárez Llanos. Sor Marcela de San Félix, monja de las Trinitarias Descalzas de Madrid, viendo el entierro de su padre, Lope de Vega (1862). Museo del Prado


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Haydn en Cádiz

Hay ocasiones en que lo que ocurre nos sorprende por inesperado. No sólo en nuestra vida, sino en todas las facetas a las que alcanzamos vislumbrar. En las creaciones artísticas hay determinados casos en que un autor desarrolla un tipo de obras y, en un cambio en su estilo, en su concepción artística e incluso en el campo en el que desarrolla su creatividad, presenta una pieza que rompe con el camino por el que venía transitando.
Así, aunque artistas como Leonardo da Vinci son conocidos por sus múltiples facetas como creadores, nos sorprende conocer los poemas de Michelangelo Buonarroti, las pinturas de Winston Churchill o los dibujos a tinta china de Victor Hugo.
En determinados momentos no son estos cambios de disciplina los que nos sorprenden, sino el origen de algunas creaciones o el hecho de conocer el proceso que llevó a determinados artistas a crear algunas de sus obras.
Te propongo acercarte a una obra maestra de la música del clasicismo en la que se unen Haydn, una celebración religiosa de origen peruano, el Viernes Santo y la ciudad de Cádiz. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Septem Verba (Las siete palabras) es una expresión que recoge las últimas expresiones que Jesús pronunció en la cruz antes de morir según los Evangelios. A partir de ellas hay una tradición en la música religiosa que ha servido a muchos compositores para realizar diversas obras, la mayoría de ellas de tipo instrumental y vocal, otras simplemente instrumentales.
Entre las versiones de Las siete últimas palabras de Cristo en la Cruz podemos encontrar obras de ese o similar título en autores que van desde el siglo XVI y posteriores como Orlando di Lasso, Pergolesi, Haydn, Charles Gounod o César Frank, hasta llegar a compositores de este mismo siglo como Tristan Murail con su Les Sept Paroles para orquesta, instrumentos electrónicos y coro (2010), Dann Manneke y su oratorio para coro The Seven Last Words del año siguiente, Paul Carr y sus Seven Last Words from the Cross, una obra de 2013 para solista, coro y orquesta o Chrispophe Loothen que basó dos obras: su Quinto Cuarteto de cuerda y Mourning, para voz de contralto y cuarteto de cuerda con cantos de queja de soldados británicos fusilados mezclados con estos textos.
Pero de todas estas obras, es la de Joseph Haydn la que centra nuestra atención en esta ocasión, una obra con una génesis muy particular y las distintas versiones que creó de ellas.
Para esta aproximación a la obra del músico vienés nos centraremos fundamentalmente en la publicación de Marcelino Díez Martínez  Cádiz. El encargo de las Siete Palabras, publicada por la revista digital MAR - Música de Andalucía en la Red, nº1 (invierno 2011) de la Universidad de Cádiz. Un documento que recoge una investigación rigurosa, detallada e interesante de leer para conocer con profundidad la creación de esta obra.


En 1786 Joseph Haydn recibe en su residencia de Eisendstadt una carta procedente de Cádiz. Está escrita en latín y solicita la creación de una obra musical sobre Las siete últimas palabras con una serie de indicaciones que tratan del contexto en que debe interpretarse y la condición que debe cumplir la música encargada. 
Ante tan inusual oferta, Haydn, un hombre religioso que solía comenzar sus escritos con un En nombre de Dios y los finalizaba con Gloria a Dios en un ritual que repetía desde hacía mucho tiempo, quedó intrigado, pidió consejo a su amigo Stadler quien le contestó en estos términos:

Haydn me preguntó qué opinaba yo de todo aquello. Le respondí que me parecía oportuno que escribiese una melodía apropiada para cada una de las palabras y que las desarrollara instrumentalmente, para lo que tiene una gran maestría.

Tras este encargo están varios personajes. El primero de ellos José Sáenz de Santamaría, nacido en Veracruz (México, por entonces Nueva España), hijo del Marqués de Valde-Íñigo, un rico comerciante y que, tras enviudar, se estableció en Cádiz con sus dos hijos y se ordenó sacerdote. Tras unos años en Madrid regresó a Cádiz donde se hizo cargo de la dirección espiritual de la Cofradía de la Madre Antigua que se reunía en la Iglesia del Rosario, situada en la calle del mismo nombre en el centro de la ciudad.
Tras las muertes de su padre y hermano mayor, heredó el marquesado y la gran fortuna familiar. Al descubrirse durante unas restauraciones una cueva subterránea bajo la Iglesia, el sacerdote promovió con parte de su fortuna la construcción de la Capilla del Oratorio de la Santa Cueva. Para el adorno del edificio, el padre José Sáenz de Santamaría recurrió al mejor arquitecto gaditano y a los más grandes pintores del país, entre ellos Goya, quien colaboró con los cuadros La multiplicación de los panes y los peces, La Última Cena y El convite nupcial.

Francisco de Goya. "La última cena". Fresco de la Capilla de la Santa Cueva, Cádiz. Imagen obtenida en Internet.

Se necesitaba ahora una obra musical de categoría similar para acompañar la oración del Viernes Santo, por lo que buscó colaboración de Francisco de Paula María de Micón, Marqués de Méritos, un gran melómano, bien relacionado con la nobleza del país entre los que había grandes admiradores de la obra de Haydn.
En un principio, el compositor vienés entendió que el encargo se le hacía desde la Catedral de Cádiz, lo que hizo que se animara a realizar la composición propuesta.
El encargo de las Siete Palabas, Marcelino Díez recoge escritos del propio Haydn y su biógrafo Griesinger sobe esta confusión y las características y condiciones que tendría la composición dentro de la ceremonia que se llevaría a cabo.
residencia de Eisendstadt cuando recibe la carta del marqués. Está redactada en latín y es muy prolija en detalles sobre el carácter de la música solicitada y el contexto en que debe interpretarse. Aunque no sabemos muy bien qué le dice exactamente pues Haydn, en escritos suyos posteriores está totalmente creído que el encargo es de la catedral de Cádiz, no de una capilla de la misma ciudad. Sea como sea, el encargo sorprende a Haydn y le intriga no poco. Se hace aconsejar por su amigo Maximilian Stadler de quien recibimos noticia de estos acontecimientos. Stadler dice:
Haydn está en su residencia de Eisendstadt cuando recibe la carta del marqués. Está redactada en latín y es muy prolija en detalles sobre el carácter de la música solicitada y el contexto en que debe interpretarse. Aunque no sabemos muy bien qué le dice exactamente pues Haydn, en escritos suyos posteriores está totalmente creído que el encargo es de la catedral de Cádiz, no de una capilla de la misma ciudad. Sea como sea, el encargo sorprende a Haydn y le intriga no poco. Se hace aconsejar por su amigo Maximilian Stadler de quien recibimos noticia de estos acontecimientos. Stadler dice:
Haydn está en su residencia de Eisendstadt cuando recibe la carta del marqués. Está redactada en latín y es muy prolija en detalles sobre el carácter de la música solicitada y el contexto en que debe interpretarse. Aunque no sabemos muy bien qué le dice exactamente pues Haydn, en escritos suyos posteriores está totalmente creído que el encargo es de la catedral de Cádiz, no de una capilla de la misma ciudad. Sea como sea, el encargo sorprende a Haydn y le intriga no poco. Se hace aconsejar por su amigo Maximilian Stadler de quien recibimos noticia de estos acontecimientos. Stadler dice:
Haydn está en su residencia de Eisendstadt cuando recibe la carta del marqués. Está redactada en latín y es muy prolija en detalles sobre el carácter de la música solicitada y el contexto en que debe interpretarse. Aunque no sabemos muy bien qué le dice exactamente pues Haydn, en escritos suyos posteriores está totalmente creído que el encargo es de la catedral de Cádiz, no de una capilla de la misma ciudad. Sea como sea, el encargo sorprende a Haydn y le intriga no poco. Se hace aconsejar por su amigo Maximilian Stadler de quien recibimos noticia de estos acontecimientos. Stadler dice:
Haydn está en suresidencia de Eisendstadt cuando recibe la carta del marqués. Está redactada en latín y es muy prolija en detalles sobre el carácter de la música solicitada y el contexto en que debe interpretarse. Aunque no sabemos muy bien qué le dice exactamente pues Haydn, en escritos suyos posteriores está totalmente creído que el encargo es de la catedral de Cádiz, no de una capilla de la misma ciudad. Sea como sea, el encargo sorprende a Haydn y le intriga no p Maximilian St recibimos noti


En el encargo se detallan las indicaciones que Haydn debe seguir para la composición de la obra. Serán distintas piezas para intercalar entre los sermones, no del obispo de Cádiz como pensaba, sino del sacerdote que llevaba a cabo la ceremonia.
Así, el maestro compuso una serie de sonatas, distintas unas de otras, que serían interpretadas por una orquesta clásica con las siguientes secciones, cada una de las cuales se relaciona con una de las siete palabras, además de una introducción y un terremoto final:
  1. Introduzione. Maestoso ed Adagio.
  2. Sonata I: Pater, dimite illies, quia nesciunt, quid faciunt (Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen). Largo.
  3. Sonata II: Hodie mecum eris in Paradiso (Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso). Grave e cantabile.
  4. Sonata III: Mulier, ecce filius tuus (Mujer, ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu madre). Grave.
  5. Sonata IV: Deus meus, Deus meus, utquid dereliquesti me (¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?).Largo.
  6. Sonata V: Sitio (Tengo sed). Adagio.
  7. Sonata VI: Consummatum est (Todo está cumplido). Lento.
  8. Sonata VII: In manus tuas, Doimina, commendo spiritum meum (Padre, en tus manos encomiendo tu espíritu). Largo.
  9. Il terremoto. Presto e con tutta la forza.
Nos acompaña la Introducción del nº 1 con la orquesta Concentus Musicus Wien, en la parte final el comienzo de la Sonata I  la participación del Arnold Schoönberg Choir, todos bajo la dirección del desaparecido Nikolaus Harnoncourt grabado en 1992 para Teldec Classics International GmbH.


En la carta enviada a Haydn se detallaba, como hemos leído, el tipo de rito que se desarrollaba en la Capilla de la Santa Cueva el Viernes Santo. Se trata de una ceremonia procedente de las misiones de los jesuitas de Perú llamada El ejercicio de las Tres Horas, una práctica que comenzó alrededor de 1660 el jesuita Francisco Castillo al reunir en Lima en Viernes Santo del mediodía a las tres de la tarde a los fieles para meditar sobre las citadas siete palabras. La ceremonia la recogió otro jesuita, Alonso Messía en el libro Devoción de las Tres Horas de la agonía de Cristo... y Método con que se practica en el Colegio de la Compañía de Jesús de Lima y toda la Provincia del Perú en el que ya se incluía la idea de intercalar piezas musicales entre las reflexiones.
En el estudio de Marcelino Díez se ofrecen detalles y comentarios sobre el trabajo a realizar y el hecho de que algunos testimonios coincidan con lo relatado anteriormente.
Introduzione en re menor — Maestoso ed Adagio
  1. Sonata I (“Pater, dimitte illis, quia nesciunt, quid faciunt”) en si bemol mayor — Largo
  2. Sonata II (“Hodie mecum eris in Paradiso”) en do menor con final en mayor — Grave e cantabile
  3. Sonata III (“Mulier, ecce filius tuus”) en mi mayor — Grave
  4. Sonata IV (“Deus meus, Deus meus, utquid dereliquisti me”) en fa menor — Largo
  5. Sonata V (“Sitio”) en la mayor — Adagio
  6. Sonata VI (“Consummatum est”) en sol menor con final en mayor — Lento
  7. Sonata VII (“In manus tuas, Domine, commendo spiritum meum”) en mi bemol mayor — Largo
  8. Il terremoto en do menor — Presto e con tutta la forza


Este Ejercicio de las Tres Horas comenzó a realizarse en las afueras de Cádiz, en la zona de Campo del Sur, de la que se tiene noticias alrededor de 1730, donde según Marcelino Díez se reunía 

"una piadosa congregación de hombres de gran espíritu a media noche y por espacio de tres horas practicaban los ejercicios de la Pasión del Señor, llamados de la Madre Antigua". 

Lo apartado del lugar y el horario de medianoche dio lugar a habladurías, lo que aconsejó trasladarlo a la Iglesia del Rosario, donde en unas obras de reforma se había descubierto el citado subterráneo que se acondicionó para la congregación con el nombre de la Santa Cueva.

Oratorio de la Santa Cueva de Cádiz. Imagen de Internet.

Aquí surge con más detalle el origen de la propuesta que se hizo a Haydn, un encargo que pretendía conseguir una música que reflejara la seriedad sin teatralidad en un edificio que buscaba la oscuridad con las ventanas tapadas y las imágenes cubiertas.
Nos acompaña de nuevo la grabación de Nikolaus Harnoncourt con la orquesta Concentus Musicus Wien y el Arnold Schönbert Choir con la Sonata II en la versión alemana Vater, vergib ihnen, correspondiente a Pater, dimite illies (Padre, perdónalos...) correspondiente al disco Die Sieben Letzten Worte unsere Erlösers am Kreuze de Telded Classics International GmbH.


Una vez decidido a aceptar e trabajo, Haydn se aprestó a realizar las partituras para las siete sonatas con la introducción y el terremoto final. Son hasta cuatro las versiones que existen de la obra, tres de ellas realizadas por el propio autor y una de ellas, la reducción para piano, escrita con el visto bueno del compositor. De nuevo nos acercamos al recomendable estudio de Díez Martínez para conocer detalles de las versiones y los estreno, de modo especial el que llevó a cabo en el lugar del encargo, en 1786 o 1785.


No se tiene certeza de qué versión fue la que se utilizó en el estreno en la Capilla de la Santa Cueva, suponiéndose que fue la versión original para orquesta. De todas formas, hay estudiosos que defienden que, dadas las dimensiones tan reducidas de la iglesia pudiera utilizarse la versión para cuarteto que, de todas formas, es la más utilizada a lo largo de los siglos XIX y XX y hasta la actualidad. 


¿Por qué motivo no realizó en primer lugar la versión coral para una obra que se basa en palabras, siendo esta la última de las versiones que se creó? Por un lado, desconocemos los detalles exactos del encargo que se realizó al compositor. Por otro lado, el hecho de tener que servir de meditación entre las reflexiones del celebrante hacen que la música realice la función de contrapunto a sus palabras.
Haydn buscaba con esta obra una música profundamente religiosa que llegara a conmover al oyente, según escribió por carta el 8 de abril de 1787 a William Forster, su editor de Londres:

Cada sonata, cada movimiento, está expresado por música meramente instrumental, de tal manera que hasta el oyente menos iniciado deberá conmoverse hasta lo más profundo de su alma."

Finalizamos con la obra completa en la versión orquestal original de Septem Verba Christi in Cruce. En esta ocasión con Les Concert des Nations bajo la dirección de Jordi Savall en una grabación que se realizó entre los días 2 y 4 de octubre de 2006 con la emoción de realizarse en la iglesia donde se estrenó, la Capilla de la Santa Cueva de Cádiz

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e Cádiz la pieza se convierte en una referencia importante para la Semana Santa de muchos lugares en España. Hoy pueden encontrarse copias antiguas de la obra en la catedral de Salamanca (para tecla), dos en la Zaragoza y una curiosa versión para cuarteto y voces en el Palacio Real de Madrid. Hay incluso una versión en español hecha por el organista valenciano Francisco Xavier Cabo en 1821.

Con la obra original Haydn intenta una música profundamente religiosa que conmueva al orante. Dice Haydn:

“Cada sonata, cada movimiento, está expresado por música meramente instrumental, de tal manera que hasta el oyente menos iniciado deberá conmoverse hasta lo más profundo 

Bibliografía y webgrafía consultada:

En el principio no existía el nombre, la llamaremos...

¿Son las cosas que admiramos y nos gustan como eran en su comienzo? Damos por hecho todo aquello que está consolidado, lo que ha conseguido tener una forma concreta, aquello que sigue unas reglas que se han establecido a lo largo del tiempo y es aceptado tal como permanece. 
Pero el comienzo de todo arte, ciencia, deporte, programa o cualquier relación que pensemos ha estado marcado por unos inicios que han tardado en afianzarse, a veces incluso no ha llegado a adoptar una forma definitiva o no ha sido aceptado. Ha habido una evolución que ha determinado la forma que tiene actualmente, quedándose en muchos casos por el camino, ganando fuerzas, adaptándose a los gustos o necesidades.












En esta entrada te propongo una mirada a los primeros, balbuceantes pasos de una de las artes más completas y que aglutina la música, el canto, la poesía, las artes plásticas y, en ocasiones incluso, la danza. Nos acompañan un texto de Laia Falcón y el primero de los sonidos que se escucharon en la primera de las representaciones de Claudio Monteverdi.


Jonas Kaufman y Elena Mosuc tras La Traviata, Teatro Alla Scala de Milán
Siempre me ha llamado la atención que un género musical tan consolidado e importante como la ópera tenga precisamente ese nombre. Ópera significa literalmente, ya lo sabemos, obra. Qué poca preocupación por el nombre para un estilo musical que apareció como una forma de expresión estilizada y refinada a finales del siglo XVII. 
Todo comienza en las últimas décadas del siglo XVI en Florencia bajo la influencia del conde Giovanni de Bardi que se rodeó de un grupo de invitados conocidos como Camerata Fiorentina entre los que estaban Giulio Caccini, Pietro Strozzi (padre de Barbara Strozzi de quien hablamos en Mujeres épicas) o Vicenzo Galilei (sí, el padre de Galileo). Buscaban llevar la música a la naturalidad y pureza que tenía en la antigua Grecia, ya que, para ellos, estaba corrompiéndose por el uso excesivo de la polifonía que hacía cada vez menos inteligible el texto cantado y destrozaba la poesía, la misma crítica que realizó el Concilio de Trento.
Jacopo Peri con libreto de Rinuccini compuso la que se considera la precursora de la ópera, Dafne, una obra de la que sólo se tienen referencias.

Hace unos meses, en mi escucha impenitente de Radio Clásica de RNE, tuve un sorprendente encuentro oyendo una entrevista con la polifacética e interesante personalidad de Laia Falcón
La soprano, doctora en sociología y en comunicación audiovisual presentaba su libro La ópera. Voz, emoción y personaje. Una delicia para los amantes de este género musical. 

Para el texto de este post, no me resisto a compartir las palabras con que evoca los preparativos de la primera representación que se llevó a cabo.


Después de varias experiencias a cargo de distintos autores, en 1607 Claudio Monteverdi estrenó la que está considerada como primera ópera, el primer drama musical de la historia, en colaboración con Alessandro Stringgio, autor del texto. Más completa que las obras que se hicieron hasta ese momento, presenta la mayor evolución del género. Monteverdi logró transmitir las emociones de los discursos de los actores cantantes a través del uso de las inflexiones de la voz, logrando alcanzar un lenguaje con una gran libertad armónica. La orquesta no sólo acompañaba a los cantantes, ya que también ayudaba a crear los ambientes de las distintas escenas. 




Pero no fue en Florencia, sino en Mantua donde se estrenó la que actualmente se considera la primera ópera. Claudio Monteverdi preparó una obra sobre el mitológico personaje. Pensó que lo mejor sería utilizar la marcha militar de los Gonzaga, duques de Mantua, como agradecimiento hacia quienes financiaban el espectáculo y como medio de indicar a los asistentes que comenzaba la ópera y era el momento de tomar asiento y atender. Así comienza el camino de la ópera.
La música no podía ser otra que la que inicia la opera prima del género. Una versión de L'Orfeo, Fávola in música, nombre que le dio en lugar de ópera, de Claudio Monteverdi con Jordi Savall Le Concert des Nations y la Capella Reial ofrecieron esta versión con evocaciones primigenias en el Teatre del Liceu de Barcelona en 2002. 


Si tienes tiempo y ganas, aquí puedes disfrutar la versión completa.


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En el principio no existía el nombre, la llamaremos...

Damos por hecho todo aquello que está consolidado, lo que ha conseguido tener una forma concreta, aquello que sigue unas reglas que se han establecido a lo largo del tiempo y es aceptado tal como permanece. 
Pero el comienzo de todo arte, ciencia, deporte, programa o cualquier relación ha estado marcado por unos inicios que han tardado en afianzarse, a veces incluso no ha llegado a adoptar una forma definitiva o no ha sido aceptado.
En esta entrada traigo una mirada a los primeros, balbuceantes pasos de una de las artes más completas que aglutinan la música, el canto, la poesía, las artes plásticas y, en ocasiones incluso, la danza.



Siempre me ha llamado la atención que un género musical tan consolidado e importante como la ópera tenga precisamente ese nombre. Ópera significa literalmente, ya lo sabemos, obra. Qué poca preocupación por el nombre para un estilo musical que apareció como una forma de expresión estilizada y refinada a finales del siglo XVII.

Hace unos meses, en mi escucha impenitente de Radio Clásica de RNE, tuve un sorprendente encuentro oyendo una entrevista con la polifacética e interesante personalidad de Laia Falcón
La soprano, doctora en sociología y en comunicación audiovisual presentaba su libro La ópera. Voz, emoción y personaje. Una delicia para los amantes de este género musical. 

Para el texto de este post, no me resisto a compartir las palabras con las que evoca los preparativos de la primera representación que se llevó a cabo.



Después de varias experiencias a cargo de distintos autores, en 1607 Claudio Monteverdi estrenó la que está considerada como primera ópera, el primer drama musical de la historia, en colaboración con Alessandro Stringgio, autor del texto. Más completa que las obras que se hicieron hasta ese momento, presenta la mayor evolución del género. Monteverdi logró transmitir las emociones de los discursos de los actores cantantes a través del uso de las inflexiones de la voz, logrando alcanzar un lenguaje con una gran libertad armónica. La orquesta no sólo acompañaba a los cantantes, ya que también ayudaba a crear los ambientes de las distintas escenas.





La música no podía se otra que la que inicia la opera prima del género. Una versión de L'Orfeo, Fávola in música, de Claudio Monteverdi con Jordi Savall y Le Concert des Nations y la Capella Reial ofrecieron esta versión con evocaciones primigenias en el Teatre del Liceu de Barcelona en 2002. 


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