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25 jun. 2016

Entre el deseo y la resistencia a terminar

El ritmo de vida nos marca el camino de nuestros días y nos trae marcados momentos que nos llevan y nos traen de una etapa a otra. El comienzo del año con las tradiciones de despedida del anterior la noche del 31 de diciembre. La llegada de la primavera como inicio de un nuevo comienzo en la naturaleza. Determinadas fiestas que nos marcan el devenir de nuestro entorno más cercano con las fiestas locales, regionales o nacionales, las ferias o las semanas mayores. Una de las que más nos marcan nuestros ritmos tanto laborales como vitales es aquella que nos marca la llegada del verano, la época en que las temperaturas mandan sobre el trabajo, los ritmos laborales y las energías.
Bien pensado, nos llevamos gran parte de nuestro tiempo entre inicios y despedidas, simultaneando comienzos y finales, los momentos personales con los colectivos, las llegadas con las partidas. Ritmos como los cursos escolares o universitarios, los campeonatos deportivos o los años meteorológicos marcan nuestro ritmo vital con la llegada del verano.
En esta entrada del blog te traigo dos imágenes que mezclan los momentos de entradas y salidas, de finales y comienzos que nos determinan con más fuerza que el comienzo del año en el mes de enero.


La parte literaria del post viene de la mano de uno de los más importantes, influyentes y personales escritores españoles del siglo XX. Miguel Delibes es una de las personas más señaladas en el mundo del periodismo y la literatura. De todos son conocidas obras como Los santos inocentes, Diario de un cazador, La sombra del ciprés es alargada, El hereje o Cinco horas con Mario.




Hoy traigo el comienzo de una de sus obras más leídas, novela de las llamadas de iniciación, en la que su protagonista, Daniel el Mochuelo, evoca la noche antes de dejar su pueblo y su valle, el único lugar que ha conocido en sus once años de vida, todos sus recuerdos vividos. Todo su cuerpo y alma se niegan a abandonar este lugar, el único importante para él, a sus amigos y conocidos. Daniel se resiste a dejar su mundo e ir a la ciudad a estudiar como ha decidido su padre. Muchos habréis reconocido en estos datos El camino, la obra con que Delibes traza un retrato de infancia y juventud en la España rural de postguerra de finales de los años 40.







La música que lo acompaña nos evoca el deseo de terminar, el poner punto y final del trabajo que finaliza con la pausa estival. En este caso tiene un matiz distinto al texto de Delibes, ya que se trata de un final deseado, alegre, casi mediterráneo y cargado de fuegos artificiales.
Un años después del estreno de su celebérrimo El barbero de Sevilla, Gioacchino Rossini puso música a un cuento. 
¿Cómo se le ocurrió llevar a una ópera bufa con un carácter realista un cuento de hadas? Gracias al talento musical del Cisne de Pésaro, como se le conocía, y al libreto de Jacopo Ferretti, ambos fueron capaces de adaptar Cenicienta o El zapatito de Charles Perrault enriqueciendo la historia de la protagonista con sentimientos y acciones humanos, llevando el hilo argumental principal no hacia los acontecimientos mágicos del relato infantil, sino a la búsqueda del amor verdadero por parte del príncipe Don Ramiro


Cartel recuerdo de La Cenerentola en el teatro Alla Scala (2005)

La Cenerentola ossia la bonta in triunfo (La Cenicienta o sea la bondad triunfante) se estrenó en Roma en 1817 y su protagonista nos conmueve al compadecerse de su destino y llega a presentarse como un personaje trascendental al otorgar a su padrastro y hermanastras un perdón que no es fingido, sino totalmente sincero.



La versión enlazada pertenece a la escena final de la ópera en una grabación de Cecilia Bartoli, una cantante interesante en su faceta de incansable buscadora e investigadora de partituras. La mezzosoprano romana nos hace una interpretación muy de su estilo, cargada de las agilidades vocales a las que nos tiene acostumbrados, muy del estilo de los fuegos artificiales que gustaban a Rossini. El vídeo pertenece a una versión que se llevó a la escena en 1995 en Houston bajo la dirección de Bruno Campanella



La escena está formada por Nacqui all'affanno al pianto (Nací para sufrir, para llorar) y Non più mesta accanto al fuoco (Nunca más junto a la lumbre) que forman el rondó con coro con que finaliza la obra. Como curiosidad, en esta última Non più mesta... Rossini utilizó  la misma melodía que en Ah! il più lieto, il pù felice de El Barbero de Sevilla.



Con la escena final de la ópera echamos el telón a una nueva etapa de nuestro calendario vital.


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19 jun. 2016

Conversaciones y lamentos de animales.

Las cosas que no hacen falta se olvidan enseguida
Haruki Murakami, Kafka en la orilla

La relación entre los seres humanos y los animales ha ido cambiando con el paso del tiempo. Desde los primeros tiempos en que se les veía como enemigos depredadores o como alimento, pasando por la domesticación de especies con diversos fines, hasta nuestra actual relación en que, en muchas ocasiones, como mascotas han pasado a formar parte de nuestras vidas, siendo considerados como unos miembros más de nuestras familias.
Las distintas artes y, en especial, la literatura y la música también han tratado sobre las relaciones entre las personas y los animales. Uno de los estilos literarios más antiguos es la fábula, esa ficción en la que los animales se comportan como si de seres humanos se trataran. Desde las clásicas del griego Esopo, pasando por el francés La Fontaine, Andersen, los hermanos Grimm y nuestros Iriarte y Samaniego, han ido abonando el terreno para convertirlo en uno de los estilos más utilizados en la actualidad de la mano del cine y la televisión infantiles, a partir de Walt Disney y todos los personajes de animales humanizados que han protagonizado sus películas.



En esta entrada, y evitando el uso de la fábula con o sin moraleja, te muestro dos ejemplos de acercamiento del hombre a los animales en la literatura y la música con las opiniones de un gato y el irónico, desesperado, burlón y casi surrealista lamento de un cisne.



No es la primera vez que acerco este blog a la literatura de Murakami. Le tomamos prestada una imagen en Tres miradas a una biblioteca y una doble canción.  Nacido en Kioto en 1949, Haruki Murakami es uno de los autores más personales e interesantes del panorama literario de la actualidad, con una obra que en su país de origen está tachada como demasiado occidental. En sus obras, plenas de imaginación, fantasía e interesantes referencias a la música, refleja la soledad en la sociedad actual y el intenso mundo interior de sus personajes en un obra que mezcla la realidad con lo ficticio y en la que la línea que separa el mundo tangible y real de la fantasía es tan sutil que, a veces, es difícil de delimitar
A uno de sus libros más populares pertenece la cita de esta entrada. Kafka en la orilla se publicó en 2005 y narra la historia de un joven de quince años que busca su propio destino huyendo de la maldición de su padre y recibiendo la ayuda y comprensión de distintos personajes que influirán en él. Esta trama se alterna con la historia de un hombre mayor con deficiencia mental que actúa como un instrumento del destino y tiene la capacidad de comunicarse con determinados animales.



A comienzos del siglo XIX encontraron en el monasterio Benediktbeuern en Baviera un códice escrito alrededor de 1230 con una colección de cantos de los siglos XII y XIII. El códice recoge una serie de rimas escritas en latín y distintos dialectos del alemán y francés. Conocido como Cármina Burana, el primer término alude al significado de "canciones" mientras Burana se refiere al monasterio benedictino de Beuern donde aparecieron. Los versos se alejan de la temática de la época y hablan del gozo de vivir, la naturaleza, los placeres mundanos con una carga de sátira e ironía hacia los estamentos sociales y del clero, la autoridad establecida y las convenciones sociales. 



De este documento se han realizado diversas versiones musicales, siendo la más conocida la del alemán Karl Orff. Compositor, director de orquesta y pedagogo, creó el método Schulwerk para enseñar música en los colegios a partir de diversos instrumentos de percusión. En 1937 compuso esta obra para coro, solistas, piano y percusión en la que el coro hace un acompañamiento casi instrumental a los solistas.
Dividida en seis partes, es en la cuarta, llamada In taberna a la que pertenece esta pieza, en la que el tenor (a quien hace cantar en falsete) se queja, como buen borracho en su antro, al creerse un cisne que, después de nadar orgulloso entre las aguas de los lagos acaban de cocinar, mientras el coro se burla en pleno delirio de él.



La versión, excesiva en el artificio del decorado, está interpretada por el contra-tenor Max-Emanuel Cencic con la Orquesta Nacional Bordeaus-Aquitaine y el coro del Orfeón de Pamplona.



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11 jun. 2016

Un encuentro en las flores. De El Principito a La flor de la Canela

No se debe nunca escuchar a las flores. Solo se las debe contemplar y oler. La mía perfumaba mi planeta, pero yo no era capaz de alegrarme de ello.

Antoine de Saint Exupery, Le petit Prince

Dos instantes cargados de emociones y sensaciones nos acercan a las flores en esta entrada del blog, acompañados de una invitación, con un carácter más general para quienes están cercanos en la red, pero lejanos en la distancia y presencial para quienes estén cercanos en la distancia, la intención y las ganas de compartir la experiencia.


En la habitación de Tristán y Dante, no se tiene sueño Se tienen sueños.



En plena guerra mundial, en 1943, el piloto y escritor francés Antoine de Saint Exupery escribió e ilustró con acuarelas en su exilio en un hotel de New York el libro francés más leído del siglo XX, Le Petit Prince. Traducido a más de 160 idiomas y dialectos, no hay prácticamente nadie que no haya oído hablar de este libro o que no haya conocido imágenes que han pasado a la cultura colectiva como el sombrero que en realidad es una boa que se ha tragado a un elefante, minúsculos planetas, la presencia de baobabs, o la amistad con personajes como astrónomos, reyes tiranos, hombres de negocios e incluso zorros.
Clasificado como un libro infantil, trata de arquetipos tan universales como la amistad, el amor o el sentido de la vida. Sus reflexiones abarcan desde el enfoque con que vemos o tratamos las situaciones, hasta la crítica a la civilización actual, el papel que desempeña el ser humano y la inmensa sabiduría, amplitud de miras y sentido común que poseen los niños.





Es uno de esos libros que no debe faltar nunca en casa, pero si las prisas y la urgencia por vivir o revivir la amistad con El Principito te pueden, aquí tienes un enlace para seguirlo desde la red con las ilustraciones originales del autor: El Principito.
La primera de las flores de esta entrada viene de la mano de Saint Exupery.







El paso de lo local a lo universal, de lo folclórico hasta alcanzar la categoría de clásico no es privilegio sino de unas obras que, en su ámbito, alcanzan esta condición por su categoría, su calidad y por pasar de un público concreto a otro más general. Muchos son los libros, cuadros, composiciones musicales, e incluso canciones que han alcanzado este reconocimiento.
Una de las características que evidencian este paso es la cantidad de versiones que de ellas se hacen, haciendo que lleguen a ser consideradas verdaderas obras de arte. 
La cantautora peruana Chabuca Granda pertenece a esta categoría de privilegiados gracias a alguna de sus obras, pero, sobre todo por su canción La flor de la canela.
Se trata de un vals peruano compuesto a principios de la década de los años cincuenta del pasado siglo. Chabuca Granda se inspiró en un personaje real para componer su canción como viene relatado en Historia de La flor de la canela. La expresión que aparece en el título ya se citó a comienzos del siglo XVII en el Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias: "Para encarecer una cosa excelente solemos decir que es la flor de la canela".








De la evolución hacia su universalidad nos da muestra la sencillez con que la autora canta esta personal versión de su obra. Se trata de una grabación de comienzos de los '80 realizada por la televisión chilena en homenaje a la cantante peruana. Chabuca Granda está acompañada con guitarra, cajón y cucharas. Su personal interpretación, con las síncopas, la gracia con que arrastra algunas palabras y el sentido del ritmo nos acercan a la idea original de la autora.


Ha sido versionada por multitud de intérpretes entre los que podemos encontrar a María Dolores Pradera, Plácido Domingo o Rocío Jurado. El último enlace nos muestra la evolución desde lo folclórico que, con poca instrumentación llega a los espectadores, hasta la interpretación como música con orquesta e intérprete provenientes del mundo clásico y la ópera. El giro que se da a la obra viene de parte de uno de nuestros intérpretes más admirados, el tenor peruano Juan Diego Flórez con la batuta de Gustavo Dudamel, director de las Orquestas Sifónicas de Los Ángeles, Gotemburgo y Simón Bolívar y responsable del milagro musical venezolano.
Juan Diego Flórez interpreta con su personal estilo en una versión que acerca la obra al mundo más clásico.


La invitación que acompaña a estos dos homenajes a las flores se refiere al VI Encuentro de Corales que se va a celebrar el viernes 17 de junio en el Teatro España de La Palma del Condado. En este encuentro participarán el Coro Maese Rodrigo y la Coral Miguel de Urcelay ambos de Sevilla que tendrán como anfitriona a la Coral Polifónica Municipal de La Palma del Condado.

Entre las piezas que esta última interpretará se encuentran adaptaciones de distintos boleros y habaneras y una versión sobre La flor de la Canela.
Para lo que están próximos en la distancia y tengan las ganas de compartir su sensibilidad con las interpretaciones de estas agrupaciones, la entrada es libre con invitación. La experiencia de la música en directo acrecienta las emociones.
Para los que no puedan asistir, la música siempre está al alcance de todos.



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4 jun. 2016

Cómo descubrir la belleza cada día con Walt #Whitman y #Mozart

Nuestra vida es compleja, ha dejado de ser simple y sencilla. Desde que nacemos vamos creciendo en conocimientos, responsabilidades y compromisos. Todo esto hace que cada vez seamos más competentes, podamos soportar más cargas y obligaciones y contribuyamos a la mejor relación con quienes nos conocen y dependen de nosotros.
Cada vez estamos más rodeados de aparatos, artefactos, aplicaciones, entramados sociales complejos y medios sociales que hacen avanzar a más y mejor nuestras vidas, la enriquecen como no lo ha estado en tiempos pasados y nos hacen disfrutar de nuestros momentos de ocio.
Pero hay veces que todo esto nos hace perder la perspectiva de nuestras metas, nuestras creencias y escalas de valores y no apreciar el valor de lo que nos rodea. 
En esta nueva entrada del blog te propongo una mirada sincera, humilde y simple que te haga descubrir la belleza que podemos encontrar en lo que nos rodea cada día de la mano de dos autores como Walt Whitman y W. A. Mozart.



.El poeta estadounidense Walt Whitman vivió a lo largo del siglo XIX afirmando la importancia y la unicidad de todos los seres humanos. Rompió con la poesía tradicional, tanto en los contenidos que trató como en su personal estilo, abriendo camino a las generaciones posteriores. Segundo de los nueve hijos de un carpintero, comenzó a trabajar de aprendiz en una imprenta en Brooklyn para hacerse años después impresor, periodista y escritor de poemas y cuentos poco originales en distintas publicaciones y escritor de discursos para políticos. Para el crítico Harold Bloom (quien apareció en este blog en La herencia de Shakespeare) en su libro El canon occidental la importancia de Whitman "tiene menos que ver con su verso supuestamente libre que con su inventiva mitológica y su dominio de las figuras retóricas. Sus metáforas y sus razonamientos rítmicos abren un nuevo camino de una manera aún más eficaz que sus innovaciones métricas"



Tras asistir a una conferencia sobre poesía comenzó a forjar su estilo. En 1855 publicó Hojas de hierba. En su prólogo Whitman saluda el nacimiento de una nueva literatura acorde con el pueblo, sencilla, irreductible y escrita por un nuevo tipo de poeta potente, heroico y afectuoso. El resto de su vida lo pasó intentando seguir este modelo de poeta y poesía.
Whitman es es poeta del Yo y del Nosotros, quien evoca la dualidad del ser humano: prosaico y sublime, cielo y tierra, inmortal y mortal, alegría y tristeza, realidad y sueño, pasión y serenidad, rostro y máscara, luz y oscuridad, milagro y naturaleza.



Para acompañar la escritura de Whitman qué mejor que este enlace en el que su poema es recitado, en una versión en blanco y negro, por un joven Joan Manuel Serrat.


Meses antes de su inesperado fallecimiento Wolfgang Amadeus Mozart estrenó una de sus obras más populares, La Flauta mágica (Die Zauberflöte). Ya apareció una de sus arias en este blog en la entrada De Julio Cortázar a Mozart: Instrucciones para cantar la Reina de la Noche.


En Salzburgo, acompañando a Papageno

Aparte de la clara referencia a la simbología masónica,a el compositor de Salzburgo tuvo la genialidad de crear a Papageno, el Pajarero, un personaje llego de bondad, gracioso, cuyos únicos intereses son poder comer y beber y, sobre todo, encontrar el amor en una compañera -su Papagena- con la que formar una familia llena de hijos y felicidad. Viene a representar al hombre común, humilde y bueno, en contraste con la intelectualidad y fortaleza de ánimo de Tamino.
Se le suele representar con una estrafalaria vestimenta de hombre-pájaro, cubierto de plumas, con jaulas y una flauta de Pan. 



Uno de los instantes donde Mozart nos presenta la felicidad y la dicha completas es el momento en que Papageno se queda sin palabras cuando conoce a su Papagena. Ella le responde en tono burlón y cantan a dúo Pa-pa-pa-pa, una auténtica declaración de intenciones por parte de ambos. 

Te enlazo con una deliciosa versión perteneciente a una grabación de 1983 donde Wolfgang Brendel interpreta a Papageno, Gudrun Sieber a Papagena y son dirigidos por Wolfgang Sawallisch con la Bayerishe Staatsoper de Munich.


Para terminar pongo un enlace a una película alemana de animación de ¡1935! de Lotte Reiniger en la que se hace un homenaje a Papageno y en la que se da un repaso a todas las melodías que tiene el personaje en La Flauta mágica. La calidad del sonido y la imagen son los propios de la época, pero tiene una frescura y simplicidad que atraen. 
Mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm


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