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Tres personajes quijotescos

Dichosa edad, y siglo dichoso aquel donde saldrán a la luz las famosas hazañas mías.
Don Quijote de la Mancha, capítulo II

A veces tenemos un objetivo y pese al esfuerzo, el talento, la dedicación o algunas otras circunstancias hacen que no consigamos alcanzarlos. 
Nuestro idioma es abundante en autores que colaboran a engrandecerlo, contribuyendo a que no sólo se desarrollen y enriquezcan el vocabulario, las expresiones o la sintaxis, sino también las ideas, la creatividad y el pensamiento. De todos ellos, quizás no haya un autor más consagrado con el español como Miguel de Cervantes, uno de los muchos autores que han traído nuestro idioma y literatura a la situación en que se encuentra.
Pese a todos los méritos que le atribuimos merecidamente al autor de la Novelas ejemplares, en el fondo, Cervantes era un poeta y un dramaturgo frustrado, que quiso alcanzar la gloria de la que disfrutaban otros autores, especialmente Lope de Vega.
El Quijote, la gran novela de la literatura mundial no sólo rompía los esquemas de las novelas de caballería al parodiarlas, sino que abría el camino a la novela moderna, esa de la que han bebido los grandes escritores de todos los países e idiomas desde entonces.
Desde la publicación de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, la continuación apócrifa publicada por Alonso Fernández de Avellaneda y la respuesta del escritor con su segunda parte, El ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha, la obra no ha dejado de leerse y expandirse por España, el resto de Europa y el mundo. Aparecieron obras inspiradas en la novela y sus personajes, tanto en literatura como en obras musicales o pictóricas.
Desde el uso del personaje que encuentra Don Quijote en Sierra Nevada, que fue utilizado también por el dramaturgo inglés y que traté en este blog en Cervantes y Shakespeare unidos por Cardenio, el protagonista de la novela se convirtió en un arquetipo del personaje que pierde la cordura por tanto leer, el idealista acérrimo e impenitente que, desde su inocencia, intenta solucionar los problemas del mundo, centrándose en los conflictos que se cruzan en su camino.
Además, Sancho Panza es el personaje que ofrece un contrapunto al caballero andante, un coprotagonista y complemento suyo: es iletrado, sensato y con los pies en la tierra, cuyo único ansia es se gobernador de una ínsula. Juntos forman algo no visto antes: una pareja indisoluble y cómica, aunque rozando lo tragicómico.
Cada uno de nosotros somos una mezcla de Quijote y Sancho. ¿Qué eres más el primero o el segundo?
¿Qué personajes literario, cinematográfico o televisivo asociarías con cada uno de ellos?
¿Cómo sería hoy la vida de estos personajes? ¿Cómo sería en nuestro tiempo su salida buscando aventuras?
Te propongo acercarte a algunos personajes literarios inspirados en Don Quijote. Nos acompañan novelas de Alphonse Daudet, Dickens, Salman Rushdie y música de Debussy y Marcel Poot. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! 


Si buscamos en la literatura mundial con ojos cervantinos podemos encontrar una gran cantidad de personajes que se inspiran en su Quijote, algunos de forma explícita, otros de forma implícita.
A mitad del siglo XVIII, Henry Fielding publicó La historia de las aventuras de Joseph Andrews, en cuyo subtítulo la definía como Escrita al estilo de Cervantes. En ella aparece uno de los amigos del protagonista, Abraham Adams, que lo acompañaba en su viaje por Inglaterra que veía el mundo bajo el prisma de los libros que había leído más que con lo que veían sus propios ojos.
Benito Pérez Galdós crea en Nazarín a un sacerdote que se echa a los caminos para vivir su fe con pobreza de una forma tan idealista que le impide adaptarse a la realidad como al caballero andante.
Incluso un personaje tan particular como Emma Bovary es, según Ortega y Gasset, un «Quijote con faldas» que pierde el sentido de la realidad que se espera de ella con su lectura de novelas románticas.
También El Quijote inicia la relación entre parejas de protagonistas que nos remiten a Sherlock Holmes y Watson, el caballero y su fiel escudero. O a un idealista Tom Sawyer frente a un Huckleberry Finn cargado de sentido común en las novelas de Mark Twain


Después de iniciarse en la literatura con el poemario Las enamoradas y las deliciosas Cartas desde mi molino, un libro de relatos inspirado en sus vivencias en la Provenza, Alphonse Daudet (1840-1897) se asentó como escritor naturalista con dosis de lirismo y cierto sentido del humor, considerándose junto con Maupasant uno de los grandes del relato corto francés del XIX.
Su personaje más importante y conocido nos remite a la gran novela cervantina. Tartarín de Tarascón (1872) es una sátira de los viajeros de finales del siglo, un personaje que abandona su ciudad natal del que nunca ha salido con la idea de ir a África a cazar un león, lo que será el detonante de una serie de aventuras quijotescas en las que sus propósitos no concordarán con la realidad. El personaje tuvo tanto éxito a esta obra le siguieron Tartarín en los Alpes y Port Tarascón.
Una de las características que Daudet proporciona a su héroe es que es una mezcla entre Quijote y Sancho en la misma persona, un personaje soñador y realista a la vez, cuyas dos naturalezas le otorgan un carácter particularmente atractivo.
Nos acompaña el capítulo 6 en el que el escritor francés nos hace partícipe de esta doble faceta de su personalidad.


Con la misma intención que el Grupo de los Cinco que se formó con Balákirev, Cui, Musorgski, Rimski-Korsakov y Borodin para crear música genuinamente rusa o Les Six (Los Seis) con Darius Milhaud o Francis Poulenc entre otros en Francia con ideas similares en relación con la renovación de la música francesa, en Bélgica surgió un grupo de compositores que alcanzó menos popularidad.
Les Synthétistes (Los Sintesistas) surgió en Bruselas en 1925 con alumnos de Paul Gilson que buscaban salir de la música del romanticismo tardío que se interpretaba en ese tiempo. Para ello buscaban alcanzar una síntesis de los logros de la música contemporánea con las técnicas antiguas. 


El mayor problema con el que se enfrentaban era la falta de orquestas sinfónicas en su país, ya que sólo contaba con la orquesta de la ópera, por lo que se asociaron con la Banda Real de los Guías Belgas, una agrupación de viento para la que crearon un repertorio de unas 75 piezas, de las que pocas llegaron a estrenarse.
Uno de sus miembros, Marcel Poot comenzó su carrera musical como pianista y llegó a componer más adelante una treintena de obras para la banda, entre las que destaca sobre todas una suite en cuatro partes: Tartarín de Tarascón, que narra los viajes del personaje hasta Argelia.
Nos acompaña el primer movimiento de esta suite en la interpretación de la Royal Band of the Belgian Air Force dirigida por Matty Cilissen para el disco The Sinthésists Revisited publicado en 2023 por el sello discográfico Naxos


En muchas circunstancias nuestra primera experiencia se convierte en inolvidable. La primera salida que Don Quijote realiza con su espíritu de caballero andante nos muestra a un personaje dispuesto a hacer historia con sus hazañas, mientras el narrador lo mira con los ojos de la realidad y cierta dosis de condescendencia. Así nos lo cuenta Cervantes:


Si la salida transcurrió de esa manera al inicio del siglo XVII, ¿cómo sería esa salida varios siglos más tarde? ¿Te has parado a imaginarla?

Uno de los grandes escritores que se inspiró en el personaje cervantino fue Charles Dickens. Samuel Pickwick es el protagonista de su primera novela por entregas, una obra que tuvo en 1836 una acogida descomunal: Los papeles póstumos del Club Pickwick, un éxito que puedes apreciar en este blog en la publicación Charles Dickens y la música.
Samuel Pickwick es un personaje tan idealista y fuera del mundo en el que vive como Don Quijote, un alma cándida que observa lo que le rodea con unos ojos inocentes, nobles y bienintencionados. Como un fiel Sancho, Dickens le da la réplica con la compañía de su criado Sam Weller, un personaje que fue un hallazgo y un seguro para su obra, ya que se erige como pareja coprotagonista con una sensatez y lucidez que le hacen tener los pies en la tierra, pero además le aporta un ingenio y un sentido del humor, con unas comparaciones genuinas y originales, que hacen de él un personaje que hizo crecer el número de suscriptores y lectores desde que apareció en el capítulo X. 
Pero la originalidad y creatividad de Dickens hace que en los viajes que Samuel Pickwick realiza por toda Inglaterra esté acompañado por un grupo de amigos de su club, cada uno de ellos con una característica particular: Nathaniel Winkle es el experto deportista, pese a no saber montar a caballo ni mostrar capacidad alguna para ningún tipo de deporte; Augustus Snodgrass es el poeta del grupo, pese a que jamás se ha conocido un poema suyo, mientras que Tracy Tupman es el prototipo del amante romántico, aunque nadie le ha conocido una conquista. Este grupo de viajeros no está formado por un Quijote y acompañantes, sino por cuatro auténticos y entrañables quijotes que sólo son capaces de seguir adelante en sus viajes y aventuras gracias a la ayuda de Sam Weller.


Con estos mimbres estamos preparados para asistir a la primera salida de este Quijote inglés, tan memorable como la del caballero manchego. Curiosamente, creo que ni el mismo Dickens lo sabía aún, el cochero es el padre del que será acompañante del grupo.
Aquí no hay pensamientos grandilocuentes del protagonista, sino afán por tomar notas de las costumbres y usos y, sobre todo, prácticamente la misma mirada condescendiente y socarrona del narrador.


Aunque ya haya sonado en este blog, no me resisto a volver a poner una nueva interpretación de una pieza de Debussy. Perteneciente al Segundo libro de Preludios, el nº 9 se titula Hommage à S. Pickwick Esq. P. P. M. C. P (Homenaje al sr. S. Pickwick, Presidente Perpetuo Miembro del Club Pickwick, que es el título que ostenta dentro del club).
Se trata de una pieza para piano compuesta en 1913 que muestra el carácter y la personalidad del protagonista incorporando una mención al himno inglés Good save de King en una tonalidad menor, acompañada por cambios de expresión y tonos entre lo melancólico y sentimental.

Ilustración de Robert Seymour para la publicación original del capítulo 2
BLa interpretación corre a cargo de Thierry Huillet con un piano Steinway D en una grabación que se realizó en mayo de 2021 en el Auditorio Gabriel Fauré del Conservatorio Henry Duparc-Traves en Occitanie. La imagen y toma de sonido corresponden a Jérôme Hallay.


Si conocemos cómo se desarrolla la historia del personaje en el siglo XVII, ¿te has parado a pensar cómo serían sus aventuras en una sociedad como la contemporánea?
En el siglo XX siguieron escribiéndose obras y personajes inspirados en El Quijote. G. K. (Gilbert KeithChesterton, el autor de las novelas del Padre Brown, publicó por entregas El regreso de don Quijote (1926) en la que un bibliotecario experto en el imperio hitita, tras interpretar el papel de un rey medieval en una obra de teatro, decide no quitarse el disfraz y preparar un burlesco golpe de estado contra la sociedad y la industria de su tiempo.
Graham Green también se inspiró en el clásico universal en Monseñor Quijote (1982) en el que la pareja protagonista está formada por un sacerdote católico y su chófer comunista.


Pero quizás la última inspiración y homenaje al personaje creado por Cervantes venga de un escritor inesperado. 
Salman Rushdie saltó a la fama, no por sus libros, sino por haber sido acusado por algunos musulmanes por blasfemo por su libro Los versos satánicos, llegando a ser atacado en un acto cultural hace unos años. Nacido en Bombay y nacionalizado inglés, Rushdie ha escrito una veintena de libros entre novelas, alguna obra para niños y ensayos. 
Publicada en 2019, Quichotte es una actualización de la obra a nuestros días. En ella, Sam DuChamp, un escritor de thrillers sin mucho éxito crea el personaje de Quijote, un vendedor cortés, algo pasado de moda que recorre la geografía norteamericana por su profesión y que está obsesionado, no con los litros, sino con los programas de telerrealidad. Se enamora -también platónicamente- de una estrella de la televisión, la hermosa, ingeniosa y adorada por él Salma R. Además, este Quijote, de nombre Ismail Smile (vaya juego de palabras), inventa un hijo imaginario con ella que sólo podía llamarse Sancho, que le acompañará en su recorrido por los Estados Unidos para demostrarse que es merecedor de su doncella, enfrentándose a los peligros de una sociedad que se encuentra al filo del del colapso moral y espiritual.

Imagen a partir de una ilustración de Isamat de 2022
A lo largo de esta novela, las vidas del escritor y del vendedor se van confundiendo en su búsqueda del amor en la que realidad y ficción funden y confunden sus límites
Si en el texto de Daudet nos centrábamos en el capítulo en que se tratan las dos personalidades de Tartarín, en este nos centramos en el comienzo del libro. ¿Qué te parece esta forma de comenzar de Rushdie tan cervantina?


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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Daudet, Alphonse. Tartarín de Tarascón, Editorial Verbum, S. L. (2019). ISBN: 9788413370835.
  • The Sinthétists Revisited. The Sinthésists Revisited, Naxos. Royal Band of the Belgian Air Force, dirigida por Matty Cilissen. ASIN: B0C3FYMVGC.
  • Dickens, Charles. Los papeles póstumos del Club Pickwick. traducción de José María Valverde Pacheco, Editorial Penguin Clásicos (2016). ISBN: 9788491052012.
  • Rushdie, Salman. Quichotte, traducción de Javier Calvo Perales, Editorial Austral, colección Contemporánea, serie Narrativa. ISBN: 9788432238789.

Cuando Dickens inventó la Navidad


La Navidad es un tiempo distinto, un tiempo especial que se aleja de las rutinas que dominan nuestras vidas.
Es un tiempo que se remonta a tradiciones de raíz cristiana que ha evolucionado mucho con el paso de los tiempos, desdibujándose y perdiendo su sentido primitivo en poco más de un siglo. A este sentido, se le añade también el de la propia evolución de nuestras vidas personales. La visión, los sentimientos y las percepciones que tenemos desde pequeños evolucionan con la edad, perdiendo esa inocencia y candidez iniciales, que se van transformando con el paso de nuestra propia maduración.
Así, hemos llegado a un punto en que la Navidad tiene un sentido ecléctico en el que confluyen los creyentes y los escépticos, los encuentros familiares, la memoria y el dolor de los ausentes o la evocación de un tiempo pasado.
Quizás, los autores que más han escrito e influido en las celebraciones familiares de la Navidad hayan sido, desde puntos de vista diversos, dos ingleses, Dickens y Chesterton. En el primero de ellos nos centraremos en esta publicación, con apenas algunas escasas referencias del segundo.
Te propongo adentrarte en textos relacionados con la Navidad con obras poco conocidas de Charles Dickens, el autor que más tenemos asociado con esta época. Nos acompaña música de Tchaikovsky y de Navidad. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Pocos escritores están más asociados a la Navidad como Charles Dickens. Gilbert Keith Chesterton, el incansable escritor experto en el arte de la paradoja y creador de personajes como el Padre Brown, -ese inocente sacerdote católico que escondía una enorme capacidad de deducción y que le llevó al éxito gracias a la publicación de sus historias-, fue un gran seguidor del autor de Oliver Twist.
En uno de sus artículos periodísticos, Chesterton llegó a afirmar que «Dickens fue el inventor de la Navidad tal como la conocemos hoy.» Ningún escritor logró reflejar en sus obras el espíritu alegre, jubiloso, melancólico y lírico que nos ofrece este tiempo final del año.
Relatos que iba publicando cada año desde el inicial Christmas Festivities -que más adelante tituló A Christmas Dinner-, hasta obras como la celebérrima e infinitamente adaptada Canción de Navidad, pasando por el episodio Un bienhumorado capítulo navideño que en su primera novela por entregas, Los papeles póstumos del Club Pickwick aparece y da entidad a esta celebración, hacen de Dickens el autor navideño por excelencia.
Una anécdota recoge esta afinidad entre escritor y celebración. El día de su fallecimiento, el 9 de junio de 1870, el crítico y poeta Theodore Watts-Dunton relata que oyó a una niña de un puesto ambulante preguntando «¿Dickens ha muerto? Entonces, ¿Papá Noel también morirá?».
Esta simbiosis entre escritor y celebración hace que el autor de David Copperfield se haya convertido para los ingleses en un elemento más de la Navidad, como las felicitaciones navideñas, el árbol, el acebo o el muérdago.


Después de estas primeras publicaciones en las que Dickens muestra el sentido navideño que le ha dado fama, siguieron cada año unas publicaciones más o menos desarrolladas en cualquiera de los estilos que trabajaba, desde la novela al relato más o menos extenso, pasando por el artículo periodístico y las reflexiones sobre la temática.
No nos vamos a detener en esta publicación en las obras más conocidas, algunas de las cuales han sido tratadas en otras ocasiones, como la citada Canción de Navidad. En prosa. Cuento navideño de espectros, su título original, publicado el 17 de diciembre de 1843 y que vendió cinco mil ejemplares antes de Navidad y que desde entonces no ha dejado de publicarse. Aún hoy se nos presenta inolvidable el relato del avaro Scrooge y los espíritus de las Navidades pasadas, presentes y futuras.
Incluido en el volumen Cuentos de Navidad, el primero de los textos que nos acompaña es una publicación de 1850, un año en que ya era seguido en todos los rincones de las Islas Británicas. La revista Household words (Palabras del Hogar) en la que escribía Dickens publicó ese diciembre un número especial dedicado a la Navidad que incluía A Christmas tree (Un árbol de Navidad), un artículo en el que describía los objetos que pueblan estos árboles y que servían para deleitar los sueños de tantos niños que no tenían muchas distracciones, aparte de mirarlos.
Quizás no muy implantado aún en el Reino Unido, Dickens habla de un juguete alemán, en el que todos los objetos que nombra los convierte en amuletos o talismanes que pueblan los sueños de quienes los admiran.
En la segunda parte, el escritor inglés se desliza por el territorio del recuerdo y la evocación, la memoria de tiempos pasados en los momentos de niñez cargados con sus alegrías y algunos temores.




Con ese principio de globalización que supone la entrada de un elemento de origen germano en la tradición de otros países, parece que fue alrededor de 1829 cuando se comenzó a utilizarse en Inglaterra este elemento que adorna los hogares, lo que propició la publicación de Dickens unos años más tarde.
Una obra que también está ligada a las fechas navideñas, el ballet El Cascanueces de Tchaikovsky no deja de representarse también en estas fechas en los grandes recintos musicales. The Royal Ballet, el cuerpo de baile titular del Royal Opera House londinense tiene la costumbre de representar cada año este ballet, modificando las versiones, puestas en escena y decorados para no hacer repetitiva la misma producción en cada temporada.


De las distintas versiones que se suelen intercalar regularmente hay algunas en las que el vestuario y decorado homenajean a la estética y personajes dickensianos.
En las imágenes que nos acompañan se unen ambos mundos, el universo de Tchaikovsky y el árbol de Navidad importado de Alemania en ese momento mágico en que ante los ojos emocionados de la joven Clara, su padrino Drosselmeyer hace crecer hasta límites inimaginables el árbol familiar.


 La publicación especial de Navidad de aquel año 1850 supuso el inicio y posterior consolidación de una serie de números especiales navideños, distintos de las publicaciones regulares. Poco a poco entre la editorial y, sobre todo, Dickens buscaron que estas ediciones extraordinarias -nunca mejor empleado el término- se convirtiesen en un verdadero árbol de Navidad, una publicación en la que otros escritores colgasen también sus objetos y adornos en forma de relatos, poemas y reflexiones. Por allí pasaron diversos autores, siendo Wilkie Collins uno de sus más estrechos colaboradores, pese a que en algunos escritos no se distinguen si fueron realizados por invitados o por el propio anfitrión. Al menos tuvieron entidad y presencia estos relatos hasta 1867.
El texto que nos acompaña fue publicado en 1851 con el título original de What Christmas is, as we grow older y vertidos a nuestro idioma en diversas traducciones más o menos literales como Lo que es la Navidad a medida que avanzamos en años o la que nos acompaña: La Navidad cuando dejamos de ser niños.


Se trata de unos pensamientos sobre cómo el paso del tiempo afecta a nuestra percepción de la Navidad. Desde la madurez, Dickens reflexiona sobre las celebraciones de la infancia, el tiempo de disfrute de las cosas que iban a ser y nunca fueron o como nos afecta este paso del tiempo. Se trata de un texto que, aunque en algunos momentos toma un cariz sentimentaloide, nos acerca a reflexionar sobre nuestros propios sentimientos y actitudes frente a estas fiestas.


Finalizamos este paseo por la influencia de Charles Dickens en la Navidad con una mirada que nos acerca de nuevo a ese sentido ecléctico de globalización que hace que las ideas, gustos o costumbres se compartan y vayan de un lugar a otro, adaptándose a sus gustos y circunstancias. 
La música que nos sirve de despedida nos muestra como uno de esas canciones de Navidad que asociamos a la cultura anglosajona proviene de tierras lejanas. Se trata de Carol of the Bells, cuyo origen es la canción ucraniana Shchedryk, cuya traducción literal es Abundante y que se basa en una melodía popular infantil. La canción fue compuesta por Mykola Leontovich en 1906, pero no alcanzó su popularidad hasta que en 1936 Peter J. Wilhousky la publicó en inglés en Estados Unidos.


El HTHS Chamber Choir de la Hewitt Trussville High School de Alabama interpreta la versión popularizada en inglés de Carol of the bells.

Sin que llegue a convertirse en una celebración empalagosa, ¡Feliz Navidad!

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Dickens, Charles. Cuentos de Navidad, Espasa Libros, ebook, 2017. Traducción de Manuel Ortega y Gasset y C. Axenfeld.

Charles Dickens y la música

«Quien quiera conocer la vida en en el siglo XIX en Inglaterra que no acuda a las crónicas oficiales, sino a las novelas de Charles Dickens»
Estas palabras de The Guardian reflejan la importancia que la obra del escritor inglés tiene para reflejar , recrear y representar la vida en la sociedad inglesa.
Fallecido el 9 de junio de 1870 cuando contaba con 58 años de edad, hace más de siglo y medio, un hecho que dejó sumida a la sociedad inglesa en una suerte de abandono al desaparecer a quien podíamos considerar su notario.
Quizás haya quien considere que Oliver Twist, David Copperfield, Casa desolada, Tiempos difíciles, Cuento de Navidad, Grandes esperanzas, Los papeles póstumos del club Pickwick Historia de dos ciudades son obras que han quedado relegadas a un público joven o han quedado en desuso, pero son un reflejo y muestran las sombras y las luces de toda una época.
Hay un momento en la vida de un creador en que aún no tiene definido su estilo y experimenta -aunque la creación siempre sea experimentación- probando nuevos caminos y lenguajes. En 1836, Dickens se encuentra en esa situación. Mientras continúa escribiendo en la prensa comienza a publicar por entregas la que será su primera novela y su primer gran éxito, Los papeles póstumos del Club Pickwick, a la vez que realiza su única incursión en el mundo de la ópera.
Después de más de siglo y medio de su fallecimiento te propongo un paseo por parte de la obra de Charles Dickens y su poco conocida relación con la música. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Los primeros años de vida de Charles John Huffam Dickens fueron duros y marcaron su vida, siendo algunos hechos de los que vivió reflejados en sus obras. No solo era un gran observador de lo que acontecía en la sociedad en que habitaba, sino que vivió la vida en prisión cuando su padre fue encarcelado por deudas en la cárcel de Marshalea a cuya celda se trasladó -costumbres de la época- toda su familia. Con doce años comenzó a trabajar para poder mantener a la familia en una fábrica de betún en la que ganaba un mísero sueldo por las diez horas de trabajo diario y que no le dejaba tiempo para leer con la avidez que lo hacía desde que a los nueve años comenzó a recibir clases y aprendió a leer.
Las injusticias sociales, la pobreza, el maltrato a los obreros y la corrupción de las instituciones le hacen mostrar de forma especial a abandonados personajes infantiles que tienen, sin lugar a dudas, un trasfondo autobiográfico, además de contar con la memoria eidética del autor, capaz de recrear tipos y personajes que había visto en una ocasión. Así, Díckens no sólo es capaz de realizar una feroz crítica social, sino que utiliza su imaginación para crear situaciones y personajes que pueden ser indistintamente tan entrañables como extraños.
Poco después comenzó a trabajar como pasante en un bufete y, más adelante como cronista parlamentario para The True Sun. Varios años más tarde entró en el Morning Chronicle donde informaba de los debates parlamentarios, mientras publicaba algunos esbozos literarios que comenzaron a darle cierto renombre en diversas publicaciones con el pseudónimo de Boz.
Y aquí, en 1836, cuando Dickens apenas cuenta con veinticuatro años nos detenemos con dos obras: Su primera novela por entrega, Los papeles póstumos del club Pickwick -a quien tanto tenemos que agradecer en este blog-, una obra en la que critica las sociedades culturales y deportivas que comenzaban a surgir en Inglaterra, además de su primera y única ópera. 
Sí, Charles Dickens fue autor de una ópera como más adelante veremos.


Ese gran divulgador del saber y la cultura europea tan olvidado hoy en día, el escritor Stefan Zweig, también invitado habitual en este blog publicó en 1920 (hace justo un siglo, en el quincuagésimo aniversario de su fallecimiento) su libro Drei Meister (Tres maestros) dedicados a las figuras de Balzac y Dostoievsky además del escritor inglés.
Zweig nos muestra una imagen de Dickens desde la visión de algunos de los lectores que desde pequeños lo conocían aún bajo el pseudónimo de Boz, uno de esos viejos dickensianos que esperaba impacientemente la llegada del correo con la entrega mensual de alguna de sus obras. También nos acerca a una de sus facetas más populares: la del narrador que lee públicamente sus obras, un fenómeno que acrecentó, aún más, su fama.

Charles Dickens en 1838. National Portrait Gallery
Charles Dickens en 1838. National Portrait Gallery

Dickens era además un gran melómano. Al parecer, sus compositores más admirados eran Mozart, Mendelssohn y Chopin y en sus viajes al continente solía acudir a la ópera. Arthur Sullivan, conocido por sus colaboraciones con William S. Gilbert con quien formó el dúo que más triunfos dieron a la opereta en Inglaterra, Gilbert & Sullivan, asistió con Dickens en París al Orfeo de Gluck.
Durante un tiempo, antes de definir completamente su estilo y dedicar su obra de modo casi completo a las narraciones, tanto en novelas como relatos más cortos, Dickens escribió algunos poemas con vocación de convertirse en baladas, además de reflejar algunas canciones y músicas populares en sus obras.
Pero la relación más grande entre Dickens y la música viene de la influencia que sus obras han tenido en algunos compositores. Varias de sus obras se han llevado al cine o al teatro como musicales, a algunos poemas insertados en sus obras se les han puesto música e incluso varias de sus obras han sido adaptadas para la ópera por otros autores. Alexander Mackenzie estrenó en 1914 su opereta The Cricket on the Hearth, Károly Goldmark tituló su ópera Das Heimchem am Herg y Riccardo Zandonai la compuso como Il grillo del focolare, todas a partir de El grillo del hogar. 
Britten compuso Men of Goodwill: Variations on A Christmas Carol y Waughan Williams On Christmas Night bajo la influencia del cuento navideño de Dickens.

Fotografía de Charles Dickens por John & Charles Warkins
Fotografía de Dickens por John y Charles Watkins/
Claude Debussy era un aficionado a la obra de Dickens hasta el punto que en el Segundo Libro de Preludios dedica una pieza al protagonista de Los papeles póstumos del club Pickwick.
Estos Preludes pour piano (Preludios para piano) están formados por dos libros e inspiradas por el mismo título de la obra de Chopin. Cada uno de ellos consta de 12 composiciones que funcionan independientemente una de otra y que, en principio no debían por qué estar recogidas en la misma obra. 
El Preludio 9 del Segundo Libro tiene el título de Hommage à S. Pickwick Esq. P.P.M.P.C., un título pretendidamente pomposo que recoge por sí solo el espíritu de esta composición. El propio nombre nos da idea del contenido que Debussy pretende: Homenaje a Samuel Pickwick, Esquire (un apelativo con el que se hacía referencia a algún personaje que no tenía título), seguido del vano y ostentoso título de P. P. M. C. P. (Perpetual President and Member of de Pickwick Club).
Debussy transporta al pentagrama la esencia del personaje: El protagonista de Los papeles póstumos del Club Pickwick es un personaje revestido por Dickens con la pompa, sentido del humor e ironía burlona que sólo él sabe otorgar. El preludio comienza con una distorsionada versión del himno de Inglaterra al que sigue un traqueteo que alude tanto los interminables viajes que realizaron a lo largo de todo el país como las discusiones y debates del club y que finalizan con diversos crescendos, casi como si en un momento de exaltación el protagonista se hubiera caído de la silla a la que se había encaramado para pronunciar su disertación, incorporándose rápidamente con su dignidad herida.
La interpretación corresponde al pianista Albert Godeluss.



La única ópera de Dickens comienza a gestarse con Frances Elizabeth Dikens, conocida como Fanny, su hermana mayor, una de las primeras alumnas que fueron admitidas en la Royal Academy of Music donde estudió canto. En 1834 regresó para trabajar como ayudante de profesora y tutora de piano, cantando en algunos de sus conciertos. 
Así, a través de ella, fue como uno de sus compañeros, John Pyke Hullah conoció a Charles que comenzaba a ser conocido con sus Sketches by Boz y, posiblemente a finales de 1835 surgió la idea de trabajar en una ópera ligera en la que Dickens escribiría el libreto y Hullah pondría la música. Tras una propuesta situada en Venecia sobre un gondolero, el escritor prefería un tema inglés en el que los personajes actuaran y hablaran como ellos mismos.
Así comenzaron a escribir la ópera The village coquettes (Las coquetas del pueblo) cuando un tenor reconvertido en productor, John Braham, a través del agente literario de Dickens, su futuro suegro George Hogarth, se embarcó en el proyecto.


El sueño de Dickens. Cuadro inacabado de Robert W. Buss
Entre Dickens y Hullah completaron la obra incorporando algunas sugerencias de Braham, entre ellas la de incorporar el personaje de Martin Stokes, sin cantar, para que lo interpretara J. P. Harley, un actor de comedia a quien acababa de contratar. El propio Braham representaría en escena al protagonista, el Squire Norton.
Para facilitar el éxito de The village coquettes, se estrenó previamente una obra teatral del propio Dickens, The strange gentelman (El extraño caballero) basada en sus bocetos literarios y que alcanzó las cincuenta representaciones. El 6 de diciembre de 1836 se representaron las dos obras en una sesión doble en el St. James's Theatre
Pese a estar repleta de un humor pintoresco y letras elegantes, la ópera no tuvo el éxito que se esperaba, las críticas fueron negativas y no la consideraron digna del talento de quien ya era un renombrado Boz. Hubo diecisiete representaciones hasta el 24 de diciembre de ese año y se repuso puntualmente durante la siguiente temporada, aunque Mr. Braham llegó a pedir a Dickens que regalara algunas entradas para ocupar algo más de aforo.
El 17 de abril el propio Dickens pidió que su nombre fuera eliminado de los programas y la última representación se llevó a cabo el 17 de mayo de 1837 sin mayor pena ni gloria. Al menos Fanny acabó bien esta experiencia, ya que se casó con Henry Burnett, el tenor que sustituyó a Braham en el papel de Squire Norton.
Posteriormente The village coquettes tuvo algunas representaciones más en Edimburgo donde fue dirigida por Mr. Ramsay, amigo personal del novelista Walter Scott.

Cartel de las sesiones de Pedrillo y The village coquettes para el 13 y 14 de febrero de 1837 con entradas a mitad de precio.
La obra estaba más cerca de la comedia con música incidental y algunos números musicales que de una ópera al uso. La acción se desarrolla en un pueblo inglés en el otoño de 1729 y se divide en dos actos, con los números siguientes:

Acto I: 
Obertura.
Hombres y coro: Hail to the merry Autumn days.
Canción de Lucy: Love is not a feeling to pass away.
Canción de Squire Norton y coro: The cares of the day.
Canción de Edmunds: Autum leaves.
Canción de Rose: Some folks who have grown old and sour.
Canción de Squire Norton: The child and the old man.
Dueto entre Rose y Flam: Is true I'm caressed by the witty.
Finale: Sexteto y coro: Turn him from his farm.

Acto II:
Cuarteto: Hear me, when I swear the the farm is your own.
Canción de Squire Norton: There's a charm in Spring, when we'rything.
Canción del joven Benson: My fair is no longer mine.
Dueto entre Squire Norton y Edmunds: Listen, though I do not fear you.
Canción de Lucy: How beautiful at eventide.
Coro: Join the dance, with step as light.
Finale: Quinteto: No light bound

Un modelo de las letras que Dickens escribió para esta ópera es la primera de las canciones que Lucy canta en The village coquettes: Love is not a feeling to pass away.


Varias semanas después del estreno londinense, el 22 de diciembre de 1836, el editor Richard Bentley publicó el libreto en un folleto a dos chelines el ejemplar, algo tarde para ayudar a promocionar la ópera. Años después, el editor pasó por dificultades económicas y le ofreció a Dickens los ejemplares que tenía sin vender. Por 9.90 libras el escritor se hizo con los 355 folletos restantes indicando: "No estoy particularmente orgulloso del rendimiento de su nota tan servicial y estaré satisfecho para pagar el déficit por el privilegio de poseer las copias en mano." 

Folleto de The village coquettes en la versión de 1 penique
Folleto de The village coquetes con el precio a 1 penique
Peor parada terminó la música de Hullah. Algunas canciones se publicaron individualmente, pero las partituras de la obertura y la música incidental se perdieron en circunstancias poco claras, posiblemente en un incendio en Edimburgo que destruyó una gran colección de música teatral.
Años más tarde, Sir Frederick Bridges intentó reconstruir la obra y su versión de The village coquettes se representó en Londres en 1924 pocas semanas después de su fallecimiento.
Más tarde Edward J. Chadfield retomó la investigación y reconstrucción de la partitura que se estrenó incompleta en Londres en 1937. Una vez finalizada la obra y lista su revisión, también falleció antes de su estreno en 1956.
Así, de la versión original de la obra sólo queda el texto de Dickens, cuando aún firmaba como Boz, alguna canción y dos intentos de reconstrucción, de las que no hemos encontrado grabación alguna.
Sí nos queda el gusto de Dickens por la música y algunos poemas suyos insertos en distintas narraciones que algunos compositores han convertido en canciones.
En Los papeles póstumos del Club Pickwick, el joven Boz insertaba en ocasiones algún poema que ponía en boca de los invitados que acogían a Mr. Pickwick mostrando el gusto y la afición que tenía por la música. Una de estas poesías es The ivy green (La verde hiedra).


La popularidad de este poema ha hecho posible que se le haya puesto música en diversas ocasiones. En el enlace con el que nos despedimos de este acercamiento entre Díckens y la música corresponde a una composición de Russell Henry sobre el texto de Boz y la interpretación de The Seven Dials Band.

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Bibliografía y webgrafía consultadas: