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Sapere aude! Atrévete a pensar con Kant

Pensamos que pensamos libremente, que cuando lo hacemos no estamos condicionados en nuestro pensamiento y en la forma de hacerlo. Sabemos que podemos actuar de diferentes formas ante un hecho o acontecimiento, pero, ¿lo hacemos siempre de la forma que creemos más justa o nos dejamos llevar por lo que nos apetece en ese momento?
Plantearnos estas y otras cuestiones es parte fundamental de nuestra vida, supone tener una conciencia crítica que nos ayude a afrontar nuestra existencia y nos permita avanzar hacia un grado de juicio más experimentado.
Hay intelectuales que han contribuido a ayudarnos a mejorar nuestra conciencia y forma de razonar, a mejorar las instituciones que nos gobiernan o a colaborar para que nuestros juicios aprecien mejor lo que nos ofrecen las obras de arte.
Uno de estos pensadores es Kant, un filósofo del que se cumplen tres siglos de su nacimiento y que, aunque sólo lo lean estudiantes y otros filósofos le debemos mucho en nuestras vidas.
La figura y la obra de Kant están ahí, pero, ¿quién lo lee? Posiblemente sólo los que nos acercamos a sus ideas en nuestro tiempo de estudiantes y los interesados en la filosofía, aunque su pensamiento ha influido en nosotros y nuestras vidas sin saberlo y tiene mucho que decirnos en la actualidad. En cierto sentido, Kant ayudó a cambiar la forma de pensar, propiciando que cada persona pueda rechazar los dogmas establecidos y cuestionar todo y se proponga reflexionar por sí misma. Propuso la libertad responsable y una idea tan revolucionaria y novedosa como la de la ciudadanía común. Además, con las crisis de valores, los miedos de nuestro tiempo, las derivas populistas y autoritarias o las amenazas latentes de conflictos bélicos generalizados, su obra tiene más vigencia y actualidad, aunque no la leamos.
Te propongo acercarte a la figura de Inmanuel Kant, el filósofo que tanto ha influido en nuestras vidas aunque no lo sepamos, cuando se cumplen trescientos años de su nacimiento. Nos acompañan textos suyos y música de Haydn, Mozart y Beethoven. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Inmanuel Kant nació el 22 de abril de 1724 en la ciudad alemana de Königsberg, la que fuera capital de Prusia Oriental hasta el final de la II Guerra Mundial, hoy Kaliningrado en territorio ruso. Procedente de una humilde familia, su padre era talabartero, fue el sexto de los nueve hijos del matrimonio de Johann Georg Kant y Anna Regina Reuter.
Estudiante constante, aunque no brillante, entró en la universidad de su ciudad natal con dieciséis años, aunque tuvo que dejar los estudios tras el fallecimiento primero de su madre y después de su padre para impartir clases a familias nobles para mantener a su familia.
Pese a ser un pensador revolucionario, su vida fue de lo más anodina e intrascendente, rutinaria como ninguna otra. Kant estuvo impartiendo esas clases particulares mientras seguía investigando y publicaba algunos estudios, sin dejar la universidad, esta vez como profesor, cargo en el que permaneció durante cuarenta años, en la mayoría de los cuales impartió metafísica.
Metódico en sus pensamientos, Inmanuel Kant tomaba notas sobre las reflexiones que se le venían a la cabeza, anotaba en los márgenes de sus escritos para matizar o aclarar reflexiones o trabajaba sobre algunas obras que dejó inconclusas o no llegó a tomar forma. Algunas de estas ideas más o menos sueltas se recogen en obras compilatorias como Kants Reflexionen zur Moralphilosophie (Reflexiones sobre filosofía moral de Kant). Estas circunstancias hacen que su obra tenga tanta amplitud al tratar tan diversos y variados temas.
Destacada entre sus obras principales, una respuesta a su tercera pregunta, que veremos más adelante, en Critik der Urtheilskraft (Crítica del juicio, 1790), Kant indaga sobre los juicios que provienen del ámbito de los sentimientos, que se originan desde la libertad y la utilidad, una continuación de sus Crítica de la Razón Pura y Crítica de la Razón Práctica. Una constante en esta obra es el hecho de poder confrontar el propio juicio con el de los demás, abriendo la posibilidad de ponernos en el lugar de los otros, no sólo por lo que enjuician, sino por lo que pueden llegar a enjuiciar.
Así, en el Libro Segundo, Analítica de lo sublime encontramos en el capítulo Deducción de los juicios estéticos puros este razonamiento en el que trata de la unión de distintos aspectos de las bellas artes. La forma de la obra de arte nos lleva a su contemplación y al juicio que nos acerca al placer y a la cultura. Si las obras llevan al mero entretenimiento tienen un fin en sí mismas; si, en cambio, tienen ideas morales nos elevan el espíritu. 


Las costumbres estrictamente rutinarias de Kant eran conocidas y célebres: No se alejó jamás más de unos cuantos kilómetros de su lugar de nacimiento y residencia y no tuvo ninguna relación amorosa. Sus costumbres eran tan metódicas, rígidas y ordenadas que daba paseos con una puntualidad tal que sus conciudadanos bromeaban con que podían poner su reloj en hora cuando lo veían pasar por sus calles. Era, en resumen, una persona dedicada plenamente a su oficio, un investigador y profesor universitario que centró toda su vida en esa única faceta. Y lo hizo de forma totalmente revolucionaria.


Sin tener datos concretos de la música que pudiera oír en Köningsberg, podemos imaginar que escuchó la de los grandes compositores de su tiempo. Uniendo el texto anterior, sus rutinarias costumbres y un compositor como Haydn encaja la música que nos acompaña.
Estrenada en su segunda estancia en Londres en marzo de 1794, cuatro años después de la publicación del texto anterior, la Sinfonía 101 de Joseph Haydn es conocida como Sinfonía del Reloj por su ritmo de tic-tac del segundo movimiento.
Este segundo movimiento, Andante, comienza con el tema principal con un acompañamiento en forma de vaivén a modo del citado tic-tac de reloj en el que destaca el protagonismo de la flauta y el oboe. A mitad del movimiento hay un tiempo contrastante con la calma del mismo que crece en intensidad contenida. Vuelve la calma inicial con el protagonismo de la flauta. Haydn introduce un inesperado silencio -¿quizás una broma para dar cuerda al reloj?- tras la que sigue una variación sobre el tema principal con la que concluye este Andante.
No hay música que se identifique más con las rutinarias costumbres kantianas.
La interpretación corre a cargo de la Geneva Camerata con Roy Amotz en el solo de flauta y la dirección de David Greilsammer en un concierto celebrado en Bâtiment des Forces Motrices en la ciudad italiana a finales de enero de 2020. 
La realización en vídeo nos lleva a disfruar todo el sonido de los instrumentos de la orquesta con una claridad que nos permite apreciar todos los engranajes de ese reloj de Haydn y que podemos catalogar como sublime, una palabra que aparecerá más adelante.


Tras estudiar en la Universidad de Köningsberg lógica, metafísica, ciencias naturales, geografía y teología, y emplearse como perceptor con varias familias nobles, ocupó el cargo de ayudante de bibliotecario. Durante ese tiempo publicó algunos textos que le dieron prestigio en la universidad, hasta que ocupó su plaza como profesor ordinario de lógica y  metafísica. Allí impartiría sus clases exponiendo las ideas de su tiempo, hasta que fue elaborando su propio sistema filosófico, que calculó que le llevaría unos tres meses en redactar, aunque le llevó once años hasta que salió a la luz su Crítica de la razón pura en 1781, una obra que marca el inicio de unas ideas totalmente revolucionarias que señalan un antes y un después alrededor de Kant.
En su obra aparecen ideas novedosas hoy totalmente -o no- consolidadas: La educación universal y gratuita, el derecho internacional, el concepto de gobierno organizado como federación de estados como son la ONU o la Unión Europea o el principio de autonomía moral y personal son algunas nociones que surgen de la metafísica de Kant y que influyen en nosotros aunque no las conozcamos.
En su tratado Sobre la paz perpetua (1795) reflexiona sobre la regulación de los conflictos bélicos, indicando que ningún estado debe entrar por la fuerza en el gobierno de otro o que, en caso de guerra no se lleven a cabo acciones que pongan en peligro una futura paz.


Siguiendo con su obra Crítica del juicio, Kant reflexiona sobre el valor estético que tienen las artes entre sí, comparando su importancia. Tras indicar y desglosar su opinión de por qué la poesía ocupa el primer lugar, centramos el texto en el valor y la importancia de la música en la segunda posición según su valoración. La música habla con sensaciones y no con conceptos, pero mueve con mayor facilidad al espíritu, le llega más directa y rápidamente y, aunque es pasajera, tiene más poder para interiorizarla.




Kant vivió la mayor parte de su existencia en el llamado Siglo de las Luces, un tiempo que buscaba el conocimiento, acuñando una de las frases que han pasado a la historia de la filosofía y que tomó de unos versos de Horacio: Sapere aude!, que se traduce como «atrévete a pensar», «atrévete a saber», «ten el valor de usar tu razón» o «¡Ten valor para servirte de tu propio entendimiento!».

Otro compositor del que con seguridad escuchó música fue Mozart, que había fallecido en 1791. Los ideales de la Ilustración, muchos de los que coincidían con la masonería, aparecen en su última ópera, La flauta mágica, esa mezcla de cuento oriental con los ideales ilustrados. La oscuridad de la Reina de la Noche frente a la fuerza de la razón de Sarastro, unido a los personajes como Tamino y Pamina en busca de la luz del razonamiento y un personaje tan arraigado en lo popular como Papageno, tan alejado del sueño de la Ilustración, engarzan con el pensamiento de Kant.
Nos acompaña el dúo del primer acto entre Tamina y Papageno Bei Männern, welche Liebe fühlen (A los hombres que sienten el amor) en el que hablan de este noble sentimiento. La soprano Dorothea Röschmann como Tamina y el barítono Simon Keenlyside como el pajarero son los intérpretes de este duetto con subtítulos en castellano. 


El filósofo prusiano no es un optimista inconsciente en su pensamiento, es conocedor de la pasión por el poder, de la existencia del conflicto, la ambición y la maldad en el ser humano o de las razones de estado. A pesar de estos problemas, de las guerras o los actos de violencia, Kant ve posible que la humanidad progrese y avance hasta lograr la paz entre los estados, sabiendo que hay muchos argumentos para trabajar por un mundo mejor, a través de la fuerza del conocimiento y la conciencia ética.
En su obra, Kant reflexiona sobre la relación que existe entre o que aportamos desde la organización de nuestras capacidades de comprensión y lo que recibimos gracias a los sentidos, que tienen que configurarse según nuestra forma de conocer. Sin los sentidos no tendríamos conocimientos, puesto que éstos nos proporcionan datos experimentales, pero esta información la recibimos y configuramos a partir de la organización de nuestra propia forma de conocer, que no es igual a las de otros ni la única posible.
Así, Kant defiende que quizás no conozcamos la realidad tal como es, la cosa en sí, a la que él denomina noúmeno. Sabemos lo que nos dan las cosas para influir en nosotros gracias a los sentidos y cómo organizamos esa información con el conocimiento. 
En su obra, Kant distingue tres preguntas fundamentales cuya respuesta le lleva a la misma disciplina: 
-¿Qué puedo conocer? La filosofía trata de los principios y los límites que propician el conocimiento científico de cuanto existe, de los seres físicos y de la naturaleza.
-¿Qué debo hacer? También la filosofía determina los principios de las acciones y las condiciones de la libertad del ser humano. 
¿Qué puedo esperar? La filosofía, de nuevo, esboza el destino de los hombres y valora las condiciones y posibilidades de su realización.
A cada una de estas tres cuestiones capitales dedicó una de sus obras fundamentales: A la primera, la Crítica de la razón pura, a la segunda la Crítica de la razón práctica y a la última, la Crítica del juicio.

Con el título de Beoachtungen über das Gefühl des Schönen und Erhabenen (Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y lo sublime), Kant publicó en 1765 uno de sus primeros ensayos, una suerte de tratado con reflexiones sobre temas variados como moral, descripción de algunos caracteres personales o nacionales, psicología o arte con un lenguaje fácil, ingenioso y delicioso, algo poco habitual en el pensador alemán.
En esta obra Kant trata el problema de la estética antes que en la Crítica del juicio, donde lo hará de manera más sistemática, con observaciones interesantes, ocurrencias geniales y algunas críticas.
Nos acompaña el primer capítulo de este tratado en el que centra en definir, distinguir y delimitar los sentimientos ante lo bello y lo sublime. Un texto para corroborar nuestra experiencia de lo que expone, a la par que podemos aportar algunos ejemplos por nuestra parte.


Poco pudo escuchar Kant de la música de Beethoven, si llegó a escuchar alguna, puesto que el compositor de Bonn apenas si comenzaba a ser conocido cuando falleció el filósofo. Pero sí hay una mención en el sentido contrario. 
En el diario de Beethoven una anotación de 1820 hace referencia a la Crítica de la razón práctica«La ley moral en nosotros y el cielo estrellado sobre nosotros. ¡Kant!». La mención nos lleva a pensar que el compositor conocía su obra y que podía haber influido en su forma de pensar y componer.
La expresión anterior de Kant «Lo sublime conmueve, lo bello, encanta», se puede aplicar con total rotundidad a la obra de Beethoven. ¿No son sublimes sus sinfonías, especialmente la Quinta y la Novena? ¿No es sublime su planteamiento de la libertad en Fidelio?


E. T. A. Hoffmann, en su faceta de crítico llegó a escribir. «La música de Beethoven nos acerca a sentimientos de temor, de horror, de sufrimiento, despertando el infinito anhelo que mueve el romanticismo». Lo sublime se manifiesta como el deseo de abrirse a lo ilimitado, a los grandes conceptos, a lo infinito, rompiendo los límites de las normas.
Si el último movimiento de su Novena Sinfonía es un canto a la libertad que se mueve en la idea de lo sublime, el tercer movimiento se mueve entre los conceptos de bello y sublime. Está la belleza contenida que, cuando conocemos la obra completa, sabemos que va encaminándose hacia esa sublime explosión coral última.
Nos acompaña este tercer movimiento, Adagio molto e cantabile de la Novena Sinfonía en una interpretación de la Deutsche Kammerphilharmonie Bremen dirigida por el estonio Paavo Jarvi en la Beethovenhalle de Bonn en 2009.


Una preocupación fundamental de las ideas de Kant es la ética que diferencia entre la ética material, empírica puesto que sus contenidos proceden de la experiencia, con preceptos condicionales encaminados a conseguir fines y son heterónomas, determinando al sujeto a través de leyes ajenas a su razón o a sí mismo. Kant la rechaza propugnando una ética formal que no tiene fines y ni determina qué debemos hacer, centrándose en cómo debemos actuar, que es por el deber, ya que una acción hecha por deber tiene un valor moral, no en el propósito por el que se hizo, sino en la máxima por la cual ha sido resuelta.


Surge así el imperativo categórico que el filósofo formula de distintas maneras en Grundlegung zur Metaphysik der Sitten (Fundamentación de la metafísica de las costumbres). Nos quedamos con una de ellas en este último texto en el que Kant reflexiona sobre este imperativo.


Finaliza esta publicación sobre Kant en el tricentésimo aniversario del nacimiento del filósofo alemán con un enlace atípico, fuera del estilo del blog. Se trata de un anuncio dentro de la campaña de civismo de TRAM, la compañía de Tramvia Metropolità de Barcelona en el que se interpreta un Trap con la figura de Kant y su imperativo categórico.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Epicteto y su "Manual de vida"

Nuestra vida está marcada por el estrés que nos produce nuestro trabajo, un calendario y un horario asfixiantes que no nos dejan tiempo más que para tener prisas y remordimientos o las presiones sociales que aceptamos -o no- y nos imponemos. A este cúmulo de situaciones podemos añadirles una situación a nivel mundial cambiante e inestable, una crisis de valores profunda y, en los últimos años, una regresión en conceptos que nos parecían tan arraigados como el valor del diálogo, la paz o el respeto por los derechos humanos.
Un paralelismo nos puede acercar a la situación que se daba hace dos mil años en el Imperio Romano, en que sus habitantes, ya fueran patricios, gentiles o esclavos, estaban sometidos a este tipo de situaciones e incertitudes. Nos podemos plantear que este paralelismo acaba de diluirse pronto y que apenas se da en la actualidad, pero podemos considerarlo en lo accesorio y accidental y que en lo fundamental encontramos más similitudes que diferencias.
En aquellos momentos se buscaban las respuestas en materias como la filosofía, mientras en nuestro tiempo lo hacemos de diversas maneras. Mientras unos buscan la afirmación en la negación de ideas diferentes a las suyas -véanse la proliferación de haters en las redes sociales-, otros lo hacen en la afirmación por los iguales -desde la búsqueda de noticias y pensamientos similares a los suyos-, mientras que otros se acercan a libros de autoayuda para acercarse al auto conocimiento y otros, por fin, luchan por gestionar su propio crecimiento personal. 
Hace dos mil años, Epicteto, un liberto y filósofo del imperio romano, reflexionó con sus discípulos sobre la relación entre el bien y el mal y nuestro libre albedrío y su dependencia de las cosas externas, unas ideas que se han ido repitiendo hasta nuestros días y que tienen vigencia entre nosotros. Son unas reflexiones que se repiten en multitud de libros de autoayuda y que lo han convertido en un clásico en nuestros días, puesto que sus palabras siguen estando vigentes y siguen hablándonos en nuestros días.
Te propongo acercarte a algunas reflexiones que Epicteto expresó hace dos mil años y que nos sirven hoy en día para nuestro propio conocimiento. Nos acompaña música de Beethoven, Händel y Vaughan Williams. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Aunque no conocemos su verdadero nombre de nacimiento, Epicteto proviene del término griego epiktetos que significa «adquirido» o «comprado». Nacido alrededor del año 55 d. C. en Hierápolis, en la Frigia, actual Turquíasiendo niño llegó a la península Itálica como esclavo donde sirvió a Epafrodito, secretario de Nerón, un personaje con quien no tuvo buena relación, según algunas referencias que dejó en sus discursos recogidos en la obra DiatribasEpicteto era rengo, cojeaba de una pierna y, aunque no se sabe con certeza si era un defecto de nacimiento, hay indicios de que pudo haber sido ocasionada por las continuas amenazas y el maltrato de su amo.
Aún con su condición de esclavo, fue discípulo del filósofo estoico Musonio Rufo, con quien entró en contacto con la filosofía de los estoicos.


En aquel tiempo, la filosofía no era una disciplina, ni una estructura de saberes agrupados en torno a una profesión o a una actividad literaria, sino una forma de entender la vida, en esencia, un arte de vivir. Así, el fin de la filosofía no era alcanzar unos estudios, un título u obtener unos ingresos al enseñarla, sino que era una forma de conseguir un enriquecimiento personal, una forma de ser más razonable, más justo, más honesto y más libre. 
El estoicismo fue fundado por Zenón de Citio a partir de la filosofía de los cínicos. En ambas escuelas se reflexionaba sobre la separación del bien y el mal, el desapego de temas como la riqueza o el éxito social y la ataraxia, la serenidad de espíritu. Estas escuelas fueron las que dominaron el pensamiento en la Roma del primer siglo de nuestra era, aunque eran consideradas un peligro para el pensamiento, hasta el punto que algunos filósofos fueron desterrados por Nerón, mientras, más adelante, Vespasiano y Domiciano expulsaron a todos los filósofos al considerar que sus enseñanzas atentaban contra los principios del imperio.
Nos acompaña el Enquiridión o Manual de vida de Epicteto, una obra que hay que situar en esta reflexión ética del pensamiento, una obra que recoge parte  del pensamiento de Epicteto.
Conocer lo que podemos o no podemos controlar, buscar una vida plena o definir la persona que queremos ser desde la reflexión y la contemplación, entra dentro de estas reflexiones, de las que nos acercamos a la primera de ellas. En estos pensamientos, Epicteto extrae sus ejemplos de la vida cotidiana de su tiempo, pero que podemos trasladar sin esfuerzos a nuestras vivencias. 


Insertado en este pensamiento filosófico, hay obras musicales que nos acercan a sus planteamientos y que nos ayudan a reflexionar mientras las oímos o vamos leyendo.
La primera pieza musical que nos acompaña pertenece a un conjunto de piezas de escritas como música incidental para acompañar una representación teatral.
Beethoven compuso la música para una representación de la tragedia Egmont de Goethe formada por una obertura y nueve piezas más para voces de soprano, narrador y orquesta sinfónica. De ellas es la obertura el número más interpretado, formando parte del repertorio habitual de muchas orquestas.
Compuesta entre 1809 y 1810, este Op. 84 se estrenó en Viena en junio de este año con éxito de público y crítica, narrando la historia del Conde de Egmont, héroe nacional de los Países Bajos y su lucha contra los españoles que finaliza con su encarcelamiento y muerte.
El estilo grandilocuente de Beethoven, la elevación de pensamiento que muestra la orquesta frente a las frases que enuncian los vientos individualmente, nos muestra una música enérgica, oscura para la tiranía con sonidos heroicos de la revolución que finalizarán con los acordes de la victoria moral.
La interpretación corre a cargo de la Radio Filharmonisch Orkest del Concertgebouw de Amsterdam dirigida por Karina Cnellakis en una grabación que se realizó el primero de marzo de 2020.


Igual que su admirado Sócrates, Epicteto no dejó nada escrito, sino que sus enseñanzas han llegado hasta nosotros gracias a sus discípulos, sobre todo gracias a Lucio Flavio Arriano, un joven de familia adinerada que sobre el año 108 viajó desde su Nicomedia natal en Asia Menor hasta la escuela de Epicteto para recibir sus enseñanzas de retórica y filosofía. Arriano de Nicomedia, que llegaría a ser un político influyente y uno de los escritores más brillantes de su época recopiló y publicó obras sobre las enseñanzas del filósofo estoico.
Apenas quedan muestras de estas enseñanzas como son las siguientes:
-Los cuatro libros de Diatribas, un conjunto de discursos del pensador recogidos de viva voz por Arriano durante los mismos, aunque no parece que estén completos, puesto que en el Manual hay textos que no aparecen aquí.
-El Enquiridion o Manual, que presenta un extracto de las ideas recogidas en las Diatribas.
-Veintinueve fragmentos más sobre el pensamiento de Epicteto, recogidos por diversos autores: Stobeo (23 de ellos), Aulo Gelio (2), Arnobio (1) y el emperador Marco Aurelio (3).
Las copias sueltas de Arriano fueron circulando entre amigos y conocidos, por lo que él mismo decidió unirlos en una publicación que él denominó Disertaciones de Epicteto que tuvieron tanto alcance que volvió a reelaborarlas en forma de razonamientos y sentencias más o menos breves, dando forma definitiva a este Enquiridión o Manual de vida.


De esta forma, la naturaleza de este escrito no es un tratado rigurosamente reglado, sino un conjunto de notas que Arriano fue tomando cuando escuchaba a Epicteto«De cualquier cosa que decía, yo tomaba nota de su pensamiento y de la sinceridad de su discurso, palabra por palabra y para mi propio uso».
También refleja que el filósofo no era vanidoso, y que, en sus discursos, «no aspiraba a más, sino a mover los ánimos de los oyentes hacia las cosas mejores».
Nos acompaña a continuación una serie de reflexiones más escuetas, algunas casi aforismos, que aparecen numeradas tal como vienen en el manual.


En ocasiones no somos capaces de apreciar lo que vemos y nos rodea. Una mirada simple y sincera, quizás más detenida de lo habitual nos ayuda a centrarnos en nuestro conocimiento y en valorar lo que nos acompaña.
Es lo que nos ocurre con la música que nos acompaña a continuación y en la que podemos detenernos durante unos minutos. En su ópera JerjesGeorg Friedrick Händel hace que el protagonista se fije en algo de lo más sencillo, un plátano, un árbol bajo cuya sombra se cobija del calor.


La pieza es el primer aria de la ópera, cantada por el propio Jerjes que, en el original, estaba interpretado por una voz de soprano, en aquel tiempo por un castrato. 
En esta ocasión, se trata de una grabación en formato de video clip realizado por Olivier Simonnet con la mezzo soprano romana Cecilia Bartoli acompañada por Il giardino armonico dirigido por su alma mater Giovanni Antonini y recogida en su álbum Sacrificium: El arte de los castrati.


El trato de Epafrodito no hubo de resultar agradable a Epicteto, pues en ocasiones se refiere a amenazas como «puedo encadenarte» o recuerda los malos tratos que reciben sus esclavos con un «recibirá golpes o no tendrá comida».
Indirectamente, Epicteto nombra en sus discursos la libertad, un estado al que aludió en diversas de ocasiones, incluso hablando de los esclavos fugitivos, al preguntarse: «¿Con qué cuentan al huir de sus dueños? ¿Con campos, servidores o vajillas de plata? Con nada, sino con ellos mismos».
Pese a todo, Epafrodito le permitió asistir a las lecciones de Musonio Rufo, un maestro estoico exigente como aparece en las Disertaciones, al mencionar que decía que los jóvenes filósofos se aferraban a la doctrina estoica cuanto más se les desairaba. Al propio Epicteto lo provocaba diciéndole los castigos que iba a infringirle su amo a lo que éste le respondía de una manera muy estoica: «¡Cosas humanas!»
Más adelante, Epafrodito le concedió la libertad y, aunque no se sabe cuándo, en el año 94 ya era libre. Tras una intervención de Musonio Rufo en la política y por haber participado en la conjura de Pisón, fue expulsado en varias ocasiones, la última de ellas por Domiciano junto con otros filósofos estoicos.

Epicteto. World History Encyclopedia. Retrieved from https://www.worldhistory.org/image/3388/epictetus
Tras su exilio, el liberto Epicteto se estableció en Nicópolis, una ciudad del noroeste griego, donde impartió clases de ética y moral a un grupo de alumnos entre los que se encontraba Arriano. Además de tratar en sus reflexiones sobre lo que está bajo nuestro control o fuera de él, razonó sobre dos conceptos básicos: el de la Prohairesis -que se puede traducir como voluntad o libre albedrío-, que nos distingue de los demás seres vivos, y la Dihairesis, una idea que toma de Sócrates y Platón, que es el método que utiliza nuestro libre albedrío para distinguir lo que está bajo nuestro control de lo que está fuera de él. 
En esencia, el pensamiento de Epicteto nos habla de que somos nuestro propio bien y nuestro propio mal, puesto que la facultad de elegir se haya en nuestro propio albedrío. Como consecuencia de su filosofía, no debemos consentir que las cosas externas influyan en nuestras decisiones ni alteren nuestro estado de ánimo, pues al estar fuera de nuestro control, no podemos evitar que ocurran, pero sí podemos permitir o evitar que nos afecten. Si conocemos la naturaleza de las cosas nos encontraremos en condiciones de llevar una vida equilibrada y serena.
El texto que sigue nos habla de las reglas morales que hemos de imponernos a nosotros mismos y la aplicación de los principios morales que deben regir la filosofía.


El último de los pasajes musicales está pleno de equilibrio y serenidad. Se trata de una música que nos puede servir como fondo de meditaciones a estas palabras o como punto de inflexión al que dedicar unos minutos de atención plena.
Se trata de la Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis, un desarrollo puro, intenso y emotivo sobre una melodía del compositor inglés del siglos XVI que de Ralph Vaughan Williams compuso a comienzos del pasado siglo.
La interpretación corre a cargo de la Toronto Symphony Orchestra dirigida por Peter Oundjian en una grabación que se realizó en el Koerner Hall de la ciudad canadiense dentro del Toronto Summer Music Festival.


Epicteto vivió solo y pobre mientras impartía sus enseñanzas en Nicópolis, contándose entre sus datos biográficos que, ya anciano, recogió a un niño abandonado a quien le proporcionó una mujer para que lo cuidara. Su escuela fue tan conocida que el emperador Adriano se trasladó hasta ella para visitarlo en los últimos días de su vida. 
Su fallecimiento ocurrió hacia el 135 de nuestra era cuando el antiguo esclavo rondaba los ochenta años de edad.


El nombre del libro que nos acompaña, el Manual de vida o Enquiridión, proviene del término griego Enchiridion que aludía a todo objeto que puede agarrarse con una mano, el puño o un mango. Está formado por la preposición «en» y el adjetivo «chiridion» que procede del sustantivo «chir» (mano), un significado que alude a todo lo que se puede coger en o con la mano, de donde pasó a designar objetos como «puñal».
Más adelante toma la acepción del libro que, pudiéndose llevar en la mano o teniéndolo a mano, trata de lo más sustancial de un asunto, es denso en el sentido que contiene mucha doctrina o materia. Este es el sentido de Enquiridión, como Manual, un libro que tener a mano y que recoge los principios del pensamiento filosófico de Epicteto.
Este Manual de vida comenzó a adquirir más popularidad que las Diatribas a partir del siglo IV, como la versión de San Nilo que pasó a servir de modelo para la vida cristiana, o los Comentarios de Simplicio en el siglo VI.
En 1453 fue traducido al latín por Peretti, mientras que a finales de ese siglo una nueva traducción latina de Anelo Poliziano sirve de base para nuevas traducciones y comentarios del Manual. Incluso el propio Francisco de Quevedo llegó a publicar una versión en verso del Inquiridión como Doctrina de Epicteto puesta en español con consonantes. En nuestro tiempo, las enseñanzas de Epicteto se utilizan, deslavazadas y sueltas, en diversos libros de autoayuda.


El último de los textos que nos acompaña de este Manual de vida de Epicteto nos ofrece unos consejos tan válidos en el tiempo en que fueron explicados oralmente como en la actualidad.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Sobre la tolerancia

Vivimos en un mundo complejo, con grandes desequilibrios, lleno de contradicciones, injusto y, en muchos sentidos, cruel para una parte enorme de la población.
Nuestro planeta es un inmenso organismo vivo, un ente que se regula a sí mismo, pero al que estamos llevando a límites extremos por nuestra actividad, por los intereses industriales, de consumo y económicos. La desforestación, el agotamiento de los recursos naturales o el cambio climático son pruebas de esta dinámica a la que estamos abocando a nuestro hogar común.
Desde la más remota antigüedad, los seres humanos hemos ido avanzando, dominando nuestro planeta, pero también con un constante, despiadado en ocasiones y agresivo dominio sobre otros grupos de personas. Así, los imperios se fueron  construyendo sobre territorios a los que dominaban y sometían, hasta caer bajo el dominio de otros. Las distintas creencias tuvieron en determinados o constantes momentos una posición de no reconocimiento a otras que diferían en sus principios. En los últimos siglos, hasta dentro de una misma sociedad se han producido ese dominio de unos sobre otros, especialmente en lo referente a los factores económicos y de poder, en lo que grupos dominantes crecían en detrimento de otros menos favorecidos.
Todos estos factores sociales, religiosos, económicos o políticos, han generado un clima de intolerancia que cada vez está más arraigado en las sociedades, agudizándose desde instancias superiores hasta el uso más personal con el aumento de las redes sociales y el aumento de interacciones que en ocasiones, se destinan más a ofender ideas ajenas que a defender las propias.

Frente a este cúmulo de situaciones y siguiendo los fines que se propusieron en su carta fundacional, la Organización de las Naciones Unidas, buscando la cooperación de las naciones en la solución de problemas de tipo económico, cultural, social y humanitario, además de avanzar en el desarrollo de los derechos humanos y las libertades fundamentales, estableció en 1995 dedicar el día 16 de noviembre de cada año a celebrar el Día Internacional para la Tolerancia. Así, invitó a todos los estados y organismos a reflexionar en esta fecha para no hacer distinciones por motivos de raza, sexo, idioma o religión. Una tarea que, como podemos reflexionar, se nos antoja cada día es más ardua y necesaria.
Te propongo reflexionar sobre  el #DíaInternacionalparalaTolerancia que se celebra el 16 de noviembre con textos literarios y músicas. Nos acompañan obras de Voltaire, Amos Oz, Muñoz Molina, Beethoven y Verdi. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


En este tiempo en que nos ha tocado vivir nos encontramos con términos que aluden a esa falta de tolerancia. Así, forman parte del vocabulario que oímos con frecuencia el término general de discriminación y otros más concretos como xenofobia, homofobia, marginación, violencia, intolerancia o aquellos que aluden a personas con otras creencias o ideas políticas, además de otros relacionados con las redes sociales  como haters que incitan al odio en sus comentarios.
La tolerancia no pretende la indulgencia o la indiferencia hacia los demás, sino el respeto y la aceptación a las creencias, opiniones, el idioma o la cultura de los otros. el hecho de que apreciar la diversidad y riqueza que se encuentra en ellos es una mejor forma de sentirnos más humanos.
Si luchamos contra la pérdida de la biodiversidad en el entorno natural, por qué razón vamos a caminar en sentido contrario con el resto de seres humanos que son diferentes a nosotros en cualesquiera de estos aspectos.


Escrito a partir de la muerte de un comerciante acusado y ajusticiado por un delito que no cometió, pero juzgado sobre todo por ser jansenista cuando Luis XIV había  revocado el edicto de Nantes que permitía la libertad de culto en Francia, Voltaire escribió su Tratado sobre la tolerancia con ocasión de la muerte de Jean Calas.
Se trata, como indica el título de un escrito en que razona sobre este término con tal capacidad de generalización que cuando se refiere a religión, en nuestros días podemos aplicarlo a planteamiento político, ideario personal o de grupo.
De esta forma, nos acercamos al capítulo en el que Voltaire razona sobre si la tolerancia es un derecho natural y un derecho humano con todas las ramificaciones y generalizaciones comentadas anteriormente.

Entre episodios de intolerancia que tuvieron sus máximos exponentes en las guerras que se desarrollaron en el continente europeo entre las grandes potencias, hubo algunos momentos de encuentro que sirvieron para comenzar a crear un clima de colaboración, cooperación y encuentros entre naciones, culturas y economías.
Una muestra de ello fueron las distintas exposiciones que desde la primera Exposición Industrial celebrada en 1791 en Praga con motivo de la coronación de Leopoldo II como rey de Bohemia. A estas siguieron nuevas exposiciones con diversos nombres, hasta la celebración en París de la Exposición Universal de 1855, la primera de las que se han ido celebrando en distintas ciudades de todo el mundo.
Para la Exposición Universal de Londres de 1862 quisieron incluir actividades musicales, por lo que un comité invitó a diversos compositores para que crearan obras que pudieran estrenarse en el evento internacional. Así, fueron invitados Daniel Auber en representación de Francia, William Sterndale Bennett por el Reino Unido y Rossini por Italia. Ante la negativa de este último, el encargo pasó a Giuseppe Verdi


Pese a que la propuesta estaba abierta a diversos formatos, como un himno, una coral o una marcha tanto para instrumentos de viento como para orquesta sinfónica, el compositor italiano aplazó la decisión al encontrarse inmerso en la composición de La forza del destino.
Finalmente Verdi optó por componer una cantata, una obra con texto de quien fuera su colaborador con los libretos de Otelo y Falstaff. el poeta y después compositor Arrigo Boito.
La cantata, titulada Inno delle nazioni (Himno de las naciones) en la que se incluían alusiones a God save the King, La Marsellesa e Il canto deglli taliani fue estrenada en el Her Majesty's Theatre londinense el 24 de mayo de 1862. Curiosamente ninguna de estas piezas eran el himno nacional de su país en el momento del estreno.
El texto de Arrigo Boito está escrito para coro y tenor con las indicaciones de Coro del Pueblo y Bardo, en alusión a los antiguos recitadores y muestra un primer intento de música que uniera en una composición a distintos países.

La versión que nos acompaña está interpretada por la George Enescu Philharmonic Orchestra and Choir con el tenor Calin Bratescu y la dirección de Koicki Inoue en una grabación en directo en el Romanian Athenaeun de Bucarest realizada en marzo de 2007.
Pese a no ser una obra conocida de Verdi, su estilo y personalidad aparecen reflejados en esta cantata Inno delle Nazioni.


Novelista, periodista y escritor, Amos Oz ha sido uno de los intelectuales más destacados de Israel. Firme activista por la paz, Oz ha publicado multitud de artículos  y ensayos sobre el conflicto árabe-israelí, defendiendo el reconocimiento mutuo y la coexistencia entre Palestina e Israel en Cisjordania y Gaza. Hasta su fallecimiento en diciembre de 2018 fue uno de los impulsores y líderes del movimiento Peace now, lo que le llevó a recibir diversos galardones y reconocimientos como Caballero de la Legión de Honor en Francia (1997), el Premio Libertad de Expresión en Noruega, la Medalla Internacional de la Tolerancia en Polonia, ambos en 2002 o el Príncipe de Asturias de las Letras (2007).
Esta dedicación la compaginó con la docencia como profesor de Literatura Hebrea en la Ben-Gurion University of the Negev en Beersheba o el hecho de ser profesor invitado en diversas universidades de Estados Unidos, Inglaterra y Alemania.
Entre su veintena de novelas destacan Mi querido Mijael (1968), Tocar el agua, tocar el viento (1973), La tercera condición (1991), Una pantera en el sótano (1995) o Una historia de amor y oscuridad (2002), en la que nos muestra su faceta más biográfica.


Su vertiente tolerante aparece continuamente en su obra, tanto novelística como periodística o ensayista, además de su actitud y compromiso vital. Nos acercamos a este valor con un extracto de su ensayo Contra el fanatismo.
Partiendo de sus reflexiones, Amos Oz desarrolla su pensamiento que no achaca a ninguna religión, sino a una lucha que es anterior a cualesquiera de ellas: la dicotomía entre fanatismo y pragmatismo, entre fanatismo y pluralismo o entre fanatismo y tolerancia
En el texto que nos acompaña, Oz confiesa, con un extracto de otro de sus libros cómo de pequeño se consideraba un fanático y cómo comenzó a cambiar ese concepto a partir de su experiencia, que le llevó a cambios en sus ideas, mezclado con un acercamiento a posiciones divergentes no exentas de valentía.

Si pensamos en música, entre todas las obras musicales que conocemos podemos encontrar muchas que traten de la tolerancia. Pero dentro de las características de este blog, nos acercamos a un tipo concreto de obras y compositores. Pensando en ellos, seguro que uno de los primero que se nos viene a la mente es Beethoven y su capacidad de abrir nuevos mundos sonoros que enlazan con el ideal de hombre nuevo que surge tras los cambios de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.
Así, en una de sus obras más universalmente conocida, la Novena Sinfonía, de la que hemos tratado en diversas ocasiones en este blog, Beethoven introduce el texto de Schiller para crear la conocidísima Oda a la Alegría.
En La Novena Sinfonía de Beethoven, Patrimonio de la Humanidad tratamos sobre la idea de que Schiller pensó, según los estudios sobre el autor, titular a su conocida obra Ode an die Freiheit (Oda a la Libertad), una composición que finalmente tituló Ode an die Freude (Oda a la Alegría) para evitar problemas con la censura. Beethoven, conocedor al parecer de esta situación, busca en su obra más el término y la idea original que la que fue publicada finalmente.
Aún así, expresiones como «Todos los hombres son hermanos» u «¡Os abrazo, millones de seres!» nos sitúan en esta idea elevada tanto de libertad como de igualdad y tolerancia.


El enlace pertenece al cuarto movimiento de esta Novena Sinfonía de Beethoven en el que se desarrolla por los solistas y el coro la oda de Schiller. La interpretación, subtitulada para poder seguir la letra, corresponde a la Orquesta Sinfónica del IPN (Instituto Politécnico Nacional) de México D.F. y los coros del Teatro de Bellas Artes y Alpha Nova dirigidos por Enrique Arturo Diemecke en un concierto celebrado en el Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana.


Movernos entre las ideas, los dogmas políticos, las creencias o el poder puede llevarnos en muchas ocasiones a olvidar que detrás de ellos no hay masas o grupos anónimos, personas sin caras ni nombres. Olvidar que cada personas es única y diferente, piense lo que piense, tenga la religión, ideas políticas, poder económico o nacionalidad que tenga es una forma simplista de ver a los demás y vernos a nosotros mismos. 
En este sentido nos acercamos a un texto de Antonio Muñoz Molina.

Miembro de la Real Academia Española donde ocupa el sillón “u” desde 1995, Muñoz Molina es uno de los referentes de las letras españolas de nuestro tiempo. Natural de Úbeda, cursó estudios de Historia del Arte y Periodismo en las universidades de Granada y Madrid, respectivamente, antes de comenzar a publicar en distintos periódicos y publicar su primera novela Beatus Ille (1986) en la que ya aparece Mágina, la ciudad imaginaria en la que transcurren algunas de sus obras. Con El invierno en Lisboa (1987) recibió el Premio de la Crítica y el Nacional de Narrativa, mientras que en 1992 ganó el Premio Planeta por El jinete polaco. Beltenebros (1989), Plenilunio (1997), Sefarad (2001), La noche de los tiempos (2009) o Como la sombra que se va (2014) forman parte de su prestigiosa obra.


Sus novelas se mueven en el mundo de la memoria entre la que busca la reconstrucción de la historia de nuestro país en las últimas décadas con una mirada que muestra su gusto por el cine negro y la novela policiaca.
Con su estilo personal, Sefarad es un conjunto de relatos que tratan de perseguidos y perseguidores, de personas que en un momento de su existencia se vieron convertidos no en lo que eran, sino en lo que otros contaban de ellos. Perseguidos por la infamia y la maledicencia se ven alejados de su hogar y de su país, obligados a abandonar la vida que llevaban hasta ese momento. Por Sefarad pasan personajes reales como Kafka, Milena Jesenska, Primo Levi o Walter Benjamin junto con personajes anónimos y ficticios.
El texto con el finaliza esta publicación sobre la tolerancia no trata de ideas o conceptos, sino sobre una persona. Quizás nos ayude a ser más tolerantes buscar a la persona concreta que hay detrás de los clichés y de los estereotipos. Simplemente escuchar, sentir, compadecer nos hace ser tolerantes.

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Bibliografía y webgrafía consultadas: