expr:class='"loading" + data:blog.mobileClass'>
Mostrando entradas con la etiqueta Liszt. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Liszt. Mostrar todas las entradas

Liszt en Sevilla

Hoy en día es habitual que muchos artistas se conviertan en ídolos de masas. Actores, escritores, cantantes, presentadores de televisión, e incluyo esa figura nueva de los influencers tienen multitud de seguidores que están pendientes de sus trabajos, sus actividades e incluso sus vidas personales.
Si bien tienen un gran número de seguidores a través de sus interpretaciones en las pantallas -de cine (cada vez más pequeñas) o de televisión (cada vez de mayor tamaño)-, sus libros o programas, suelen ser los cantantes los que mayor número de aficionados congregan en sus actuaciones en directo. Llenan auditorios, pabellones e incluso estadios con miles de seguidores enfervorecidos.
Es un fenómeno que no ha dejado de aumentar desde hace décadas, pero cuyo origen se remonta a mitad del siglo XIX con el desarrollo del ferrocarril y los medios de transporte que hicieron posible el movimiento de personas y la creación de una cultura europea que iba más allá de los nacionalismos, en la que los intérpretes se desplazaban de un país a otro, de una ciudad a otra.
Una de estas primeras estrellas de la música fue uno de los grandes virtuosos del piano de toda la historia, de quien publiqué en el blog Franz Liszt, la primera gran estrella de la música donde se podía comprobar que algunas actitudes y gestos de los fans se daban mucho antes de que surgieran las grandes estrellas del rock y del pop.
Entre sus muchos viajes por toda Europa, a finales de 1844 Franz Liszt inició una gira por España y Portugal realizando conciertos por algunas ciudades y finalizando la gira en abril de 1845. Procedente de Madrid y Córdoba, llegó a finales de año a Sevilla donde estuvo varios días en los que realizó algunos conciertos y visitas, recibió un homenaje y participó en una gala benéfica.
¿Cómo eran en el siglo XIX las giras de los grandes artistas? Precursor de las grandes estrellas de la música actual, te invito a conocer detalles de la estancia de Franz Liszt en Sevilla en la gira que le llevó por España y Portugal. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Desde muy pequeño, Franz Liszt (1811-1886) demostró que era un niño prodigio del piano. Más adelante, su padre Adam lo llevó por toda Europa durante 1823 y 1824 con apenas doce años imitando los viajes que Mozart realizó con Leopold, su padre. Adam cobraba 100 francos para que el joven tocara en las casas de la nobleza y burguesía, mientras en las tiendas parisinas se vendían grabados del pianista.
Tras la muerte de su padre en 1828, el joven prodigio dejó de realizar esas giras que equiparaba a hacer de «perrito amaestrado» para ganarse la vida impartiendo clases de piano. Así se mantuvo hasta que en 1831 quedó impresionado por una actuación de Niccolò Paganini en la Opéra de Paris y decidió preparar un repertorio de piano que fuera tan virtuoso como el que el violinista utilizaba para deslumbrar a sus oyentes. 
Entre 1839 y 1847 realizó unas giras de conciertos por Europa que le llevaron desde Polonia, Rumanía o Turquía en la zona oriental hasta España y Portugal en la otra punta del continente. Poco a poco, la Lisztomanía, como la bautizó Heine, se extendió por Europa gracias a sus interpretaciones virtuosas y su brillante técnica, pero también por su atractivo personal, su carisma y la intensa emoción que provocaba con sus interpretaciones, con los cambios que introdujo y del que di cuenta en la publicación citada anteriormente. En estas giras no sólo buscaba crear su reputación como intérprete y compositor, sino hacerlas rentables económicamente, para lo que contrató a un representante, Gaetano Belloni, que le gestionaba las actuaciones, las cuentas y su imagen pública.

Caricatura de Franz Liszt por el periódico satírico El Fandango
Para alejarse de París tras su ruptura con Marie D'Agoult -con la que había tenido tres hijos-, Liszt emprendió en mayo de 1844 una gira por el suroeste de Francia que finalizaría junto a la frontera con España a mediados de octubre. En sus cartas, deja ver que durante el verano comenzó a pensar en pasar por Madrid, Cádiz y Lisboa, desde donde partiría hacia Weimar a finales del año. Uno de los objetivos de la estancia en España fue la recaudación de fondos para crear un monumento a Beethoven en su Bonn natal que se inauguraría el año siguiente.
Partiendo de Bayona, la gira se fue organizando y gestionando sobre la marcha hasta pasar por al menos nueve ciudades y los cuatro conciertos pensados originalmente acabaron llegando a casi la cuarenta.
Procedente de Madrid, Liszt partió de Córdoba hacia Sevilla posiblemente el 17 de diciembre de ese 1844, cuando contaba con 33 años de edad y realizó su primer concierto en la ciudad hispalense el día 19.
En Franz Liszt en Sevilla y en Cádiz (diciembre, 1844 - enero 1845) publicado por Máximo Pajares Barón para la Sociedad Española de Musicología (SEDEM) en su volumen nº10 de 1987 podemos seguir una fascinante investigación sobre cómo se desarrolló esta estancia a partir de diversos documentos y los programas de sus conciertos.
El documento de Pajares Barón señala que en el Archivo Municipal de Sevilla se encuentran unos volúmenes que recogen lo acontecido cada año en la ciudad con el siguiente título, variando sólo el año:

DIARIO
de las ocurrencias públicas, y sucesos curiosos e históricos, ordinarios y extraordinarios..., acaecidos en esta Ciudad de Sevilla, en todos y cada uno de los días del año 1844

El tomo 48 correspondiente a ese año fue manuscrito por don Félix González de León y recoge a modo de resumen mensual el 31 de diciembre:

El presente mes fue muy lluvioso, sólo los primeros días hizo algún frío y nieve, lo demás templado a causa de la mucha lluvia que no sólo fue continua sino abundante, que hizo salir el río de su cauce. La salud pública no tuvo alteración, y los campos y arboledas se pusieron verdes y lozanos.

El primer concierto de Liszt en Sevilla se realizó en la tarde del 19 de diciembre y el segundo el día 23 de las que el propio Pajares Barón no refleja el repertorio. Tampoco encuentra datos sobre su alojamiento o los anfitriones de Sevilla. La única información es la fecha y una escueta información sobre el río y estos conciertos:

Día 19 (pág. 117).
Desaguó el río.
Teatro Principal. Concierto de piano, por el Sr. Liszt.

Día 23 (pág. 118).
Teatro. Un francés en Cartagena, y concierto de piano por el Sr. Liszt.

Al día siguiente del primer concierto, el 20 de diciembre, en el Museo se rindió un homenaje al virtuoso pianista. Escrito por el corresponsal de la revista Iberia Musical y Literaria, relata el ambiente en el que se desarrolló entre música y pinturas.

En el relato recogido por Pajares Barón no se especifica ninguna de las piezas que Liszt ofreció a los presentes, pero sí deja claro que tocó composiciones suyas. Es momento de especular con una obra que pudo interpretar en esta reunión y que conecte con Sevilla y su público. 
Franz Liszt había compuesto en 1836 su Rondeau fantastique sur un thème espagnol: El Contrabandista, S. 252, basada en el aria Yo que soy contrabandista de la ópera El poeta calculista del sevillano Manuel García, uno de los más grandes cantantes de su tiempo que estrenó, entre otras obras El barbero de Sevilla de Rossini. Con el tiempo llegó a ser amigo y valedor de su hija Paulina (García) Viardot

Caricatura de Liszt en un concierto en Berlín (1842)
El Rondeau fantastique estaba dedicado a George Sand que escribió el relato Le contrabandier para agradecer la dedicatoria. Es una pieza de una gran dificultad y virtuosismo, casi intocable según algunos pianistas.
Escrita con veinticinco años, está aún más cerca del piano como instrumento de percusión que del legato intenso y emotivo que utilizaría más adelante. Fue concebida como pieza brillante para el final de sus recitales gracias a los saltos vertiginosos y espectaculares, aunque no tuvo el éxito que deseaba.
La interpretación de esta difícil pieza corresponde a la pianista ucraniana Valentina Lisitsa en la que la imagen muestra la compleja e hipnótica interpretación en la que se aprecian los temas españoles de la canción de Manuel García y fue grabada en Hannover en diciembre de 2011.


A finales de la primera mitad del XIX, Liszt fue el primer gran músico que visitaba España, siendo el precursor de la difusión de la música española en Europa, a la que siguieron compositores como Lalo, Bizet, Debussy, Ravel, Glinka o Rimsky-Korsakov, entre otros. No sólo interpretó sus obras, principalmente las fantasías y reminiscencias como la anterior, improvisaciones y caprichos, sino que llegó a componer al menos cinco piezas de inspiración española.

Nicolás Marie Joseph Chapuy. La Catedral de Sevilla desde la plaza del Triunfo, editada en París en 1844.
De las pocas noticias sobre su estado de ánimo al estar en Sevilla durante estos días, Pajares Barón cita el texto de una carta enviada a una amiga sin identificar, recogida a su vez de Franz Liszt's Briefe (Leipzig, 1893) en la que trata de la ciudad:

No me ha dicho usted lo bastante de las maravillas de Sevilla, señora... Gracias a sus deliciosas líneas me encontraba en la mejor situación del mundo, ante todas las obras maestras imaginables, y perfectamente dispuesto a las admiraciones y asombros.

No es nada extraño pensar que el músico húngaro se acercara a la Catedral de Sevilla durante estas fechas, por una parte por su misticismo, que le llevaría en sus últimos años a tomar las ordenes menores; por otra parte, para poder escuchar la música que allí se interpretaba en las fechas navideñas; y por último, por su admiración hacia esta obra de arte. 
La tarde de Nochebuena se cantó en la Catedral según recoge en el tomo del diario de 1844:

La Prima, las Vísperas y los Maitines en la Catedral todo fue a canto-llano, y a las doce de la noche se cantó la Misa (del gallo), que se concluyó a la una, y se cerró la iglesia.

El día de Navidad recoge también:

En la Catedral a las 7 y media se cantó Prima y Misa de la Aurora y a las nueve la Tercia y la Misa con todo a canto-llano.

Sevilla. Vista general de la Catedral desde el Alcázar. Laurent, J. (1860)
Allí disfrutó de la catedral, aunque no pudo apreciar el canto litúrgico en todo su esplendor, ya que las piezas se interpretaron en canto llano, posiblemente porque al haberse ido unos meses antes Hilarión Eslava a Madrid para ocupar su plaza en la Real Capilla de Música, su plaza aún no había sido ocupada por nadie.
También pudo escuchar el órgano de la Catedral interpretado por Eugenio Gómez, a quien dedica unos párrafos en el citado artículo, que además compaginaba el cargo de segundo organista con el de director musical del Teatro Principal, lo que posiblemente influyó en que no fuera nombrado primer organista del recinto eclesiástico.
Afortunadamente Pareja Barón ha podido recoger las impresiones de Liszt durante estos días sobre la Catedral y el Real Alcázar. Es texto finaliza con una recomendación que realiza a quien será su yerno, Richard Wagner, con la construcción de la catedral como modelo a imitar para la creación de su obra operística El anillo de los Nibelungos.


Entre las piezas que Liszt solía llevar a cabo en sus actuaciones se encuentran las paráfrasis. Su Fantasía sobre temas de La sonámbula, la ópera de Bellini, se estrenó en 1831, una transcripción en la que el pianista era experto. En sus paráfrasis, transcripciones y fantasías era capaz de transformar las partes más conocidas de las óperas en una pieza pianística emotiva y memorable en la que las engarzaba en una obra cohesionada donde el público reconocía sus motivos favoritos y se emocionaba con ellos.

Interior de la Catedral de Sevilla. David Roberts, grabado en plancha de acero (1837)
La Fantasía sobre temas de La sonámbula, S 393, está construida en torno a cinco temas de la ópera que resumen en una sola pieza el argumento principal: Amina, una sonámbula que creen infiel a Elvino, el rechazo que provoca la situación, su salvación de morir ahogada mientras caminaba dormida, su reivindicación y la reconciliación con su amado están presentes y concentrados en esta paráfrasis.
Liszt construye la pieza en tres partes que finalizan con la recreación del espectacular Ah! non giunge de la protagonista que siempre levantaba al público de sus asientos.
La interpretación del pianista Han Chen ofrece un equilibrio entre la exuberancia y la sensibilidad con una técnica elegante y colorista. Pertenece a su disco Liszt Complete Piano Music, volumen 41: Transcriptions from Operas editado por Naxos en 2016.


Una vez finalizadas las celebraciones de la Navidad de 1844, Liszt permaneció en la capital hispalense hasta primeros de año para para continuar su gira hasta Cádiz. El día 27 de diciembre se celebró una gala en el mismo Teatro Principal en el que actuó el día 19.
En su artículo, Pajares Barón se centra más adelante en la gala extraordinaria en la que el pianista de origen húngaro participó en la ciudad en el Teatro Principal, el eje de la vida teatral y operística de Sevilla durante el XIX hasta que fue reemplazado por el Teatro San Fernando
Construido a finales del XVIII, el Teatro Principal se encontraba en la calle Muela, hoy O'Donnell, con otra salida a la calle Sierpes donde se restauró a mediados del XIX y se transformaría en el Kursaal en 1910 para acabar reconvertido en el Teatro Cine Palacio Central en la década de 1940 donde estuvo en activo hasta 2003. Es el local donde están actualmente las firmas Mango y H&M.


Pajares Barón transcribe el programa de esta sesión nocturna en la que se mezclaron música orquestal, teatro y actuaciones de Liszt. De la obra que abre la velada no se saben detalles, mientras que la que comienza la segunda parte, Sinfonía del Nabuco podría indicar en aquella época bien la obertura, bien una serie de fragmentos de la ópera. Esta intervención muestra que el teatro tendría orquesta propia, ya que en los programas que se conservan era habitual que se interpretaran piezas orquestales.
También nombra dos obras de teatro que estaban en cartelera en aquellos días y que daban un carácter heterogéneo a este tipo de funciones.

Interior del Teatro Principal, ya reconvertido en el Palacio Central
De las cuatro piezas que interpretó en esta velada el pianista húngaro ya has podido escuchar la primera de ellas, una de las paráfrasis que tanto éxito vieron entre los aficionados a la ópera y la música. 
El Gran galop cromático, S. 212 es otra de las obras que utilizaba para deslumbrar en sus giras por Europa dada la exigencia y brillantez que tenía. Fue publicada en 1838 en la versión para piano solista, aunque realizó una versión para dos pianos. El uso de los matices cromáticos contribuye a aumentar el efecto de virtuosismo y creaba un efecto arrebatador en el público.
La interpretación de este Gran Galop Cromático está a cargo de nuevo de Valentina Lisitsa que lo incluye en su DVD Black & Pink. Si es arrebatador escuchar la música, seguir las manos de la pianista rusa es también hipnótico, igual que lo sería en su tiempo las de Liszt.

Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Bibliografía y webgrafía consultadas:

Liszt, la primera gran estrella de la música

Las grandes estrellas de la música, especialmente las del rock, levantan oleadas de admiración entre todos sus admiradores hasta tal punto que se convierten en multitudinarias manifestaciones de masas. Si en los años sesenta comenzaron a generalizarse gracias a The Beatles y la Beatlemanía y siguieron con los Rolling Stones y tantos grupos y cantantes, el fenómeno no había nacido ni con ellos, ni siquiera en esos momentos.
Hubo un tiempo en que los virtuosos cantantes solistas provocaban arrebatos entre sus admiradores, especialmente los castrati que triunfaban en los escenarios como Farinelli, Il Senesino o Nicolini. Pero a los largo de la segunda mitad del XIX, el primero de los músicos que generó oleadas de admiradores como los fenómenos de masas que estamos acostumbrados a ver en nuestro tiempo con cantantes y deportistas fue uno de los grandes pianistas de la historia de la historia de la música.
Cuando se cumplen 210 de años del nacimiento Franz Liszt, el pianista que causaba furor entre sus seguidores en cada uno de sus conciertos y que se convirtió en el primer fenómeno de este tipo de la historia de la música, te invito a recordar algunos datos de su biografía y por qué llegó a convertirse en un fenómeno que trascendía las meras interpretaciones en las salas de música. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Composición a partir de un grabado de Franz Liszt de 1843

Nacido el 22 de octubre de 1811 en Raiding, una ciudad fronteriza que pertenecía en aquella época a Hungría y ahora a Austria, Liszt Férenc (los húngaros anteponen el apellido al nombre), era hijo de Adam Liszt quien antes se había hecho llamar el hermano Mateo como franciscano antes de contraer matrimonio con Anna Lager, una obrera de una fábrica de jabón. El único hijo del matrimonio heredó la afición por la música de su padre, que dominaba el violín, el violonchelo o el piano y llegó a dirigir la orquesta de la corte de Weimar, y el amor por la improvisación de sus recuerdos de los gitanos que iban y venían cargados con sus violines en su continuo deambular por las plazas de localidades como Raiding
Músico precoz, a los ocho años había conquistado a una aristocracia vienesa ávida de niños prodigios como Mozart, había tenido a los doce un encuentro con Beethoven del que hemos tratado en Un encuentro entre dos genios: Beethoven y Liszt, y se dirigía en ese 1823, tras una gira por distintas ciudades, con su padre a París con la intención de que ingresar en el conservatorio. El director de la institución, el prestigioso compositor Luigi Cherubini le negó la matrícula por una norma que él mismo había impuesto según la que sólo podían estudiar en el conservatorio parisino los ciudadanos franceses, por lo que el joven Franz permaneció en la ciudad recibiendo clases de su padre.
Desde ese momento el joven Liszt adquirió un virtuoso dominio del piano, comenzó a realizar sus primeras composiciones, muchas de las cuales han desaparecido, y continuó junto a su padre su carrera de niño prodigio que le llenó de notoriedad tras sus giras por Francia e Inglaterra. En 1827, cuando apenas contaba dieciséis años, su padre enfermó de tifus y falleció dejando a un joven intérprete sin su asesoramiento. Nunca llegó a visitar su tumba.

Daguerrotipo del joven Liszt (1841)
Director de orquesta, promotor musical y escritor, Xavier Güell es un incansable luchador a favor de la música. Nacido en Barcelona en 1956 y estudiar en conservatorios de esta ciudad y Madrid, debutó como director de orquesta a los diecisiete años con la Sinfónica de Madrid y Montserrat Caballé. Estudió con Franco Ferrara, Sergiu Celibidache y Leonard Bernstein. Tras fundar Solistes de Catalunya, interpretaron toda la obra orquestal de Mozart, mientras dirigía con diversas agrupaciones obras de Mahler, Beethoven, Shumann, Brahms o Wagner.
Tras el inicio del siglo creó la productora Musicadhoy con la que trajo a nuestro país obras de los grandes compositores de la actualidad y Operadhoy con la que ha producido más de una cuarentena de óperas nuevas en distintos teatros europeos. 
En 2015 publicó su primer libro La música de la memoria, al que siguieron Los prisioneros del paraíso, Yo, Gaudí y la tetralogía Cuarteto de la guerra dedicada a cuatro músicos que lucharon por su vida y su música frente a los totalitarismos y guerras que asolaron Europa: Béla BartókRichard StraussShostakóvich y Schönberg.
En La música de la memoria, Güell se introduce en la piel de algunos de los más grandes músicos del siglo XIX para darnos a conocer en primera persona, como una ficticia autobiografía, el transcurrir de la vida y cuanto la acompaña, el amor, la soledad, la desesperanza o la alegría de compositores de la envergadura de Beethoven, Schubert, Schumann, Brahms, Liszt, Wagner y Mahler.
Nos acompaña en este paseo alrededor de Liszt uno de los textos que hacen referencia a los objetivos que el genial pianista se propuso a lo largo de su vida como compositor 


Además de las mencionados poemas sinfónicos, las primeras obras que auparon al joven Liszt al puesto de gran intérprete mientras residía en Francia y hacía del francés su lengua fueron las adaptaciones para piano en unas obras que sintetizaban en un solo movimiento los temas y motivos centrales de diversas obras. 
Una de estas primeras adaptaciones pianísticas fue sobre la Sinfonía Fantástica de Berlioz, una obra que el propio Liszt consideraba que estaba siendo ignorada por un público que aún no había captado la importancia capital que esta obra tenía en la historia de la música y que consiguió hacer que la obra original alcanzara la difusión que merecía.
A lo largo de su vida llegó a componer un gran número de obras de este tipo que forman casi la mitad de su producción dividas en Paráfrasis, Reminiscencias y Transcripciones, términos acuñados por el propio compositor. En ellas, el compositor se siente libre para tratar y variar el material original que utiliza, tejiendo una obra propia a partir de la obra en que se basa, centrándose en una escena, aria o tema concretos.
Así, en Réminiscences de Don Juan (Reminiscencias de Don Juan), catalogada como S.418, obra compuesta en 1841, Liszt toma la ópera de Mozart para crear una obra personal que va más allá del resumen del original o incluso una recreación del personaje, estando más cerca de la interpretación del personaje por el compositor.
Liszt comienza con una representación del enfrentamiento entre Don Giovanni y las llamas del infierno que se mueve alrededor de la recreación de la canción y dúo con que el personaje seduce a Zerlina, Là ci darem la mano. El dúo se amplía con dos variaciones que convergen en el Aria del champagne, un anticipo de lo que le espera al seductor en una noche de conquista amorosa. Ni la breve evocación final del infierno hacen apagar el estado de ánimo del seductor. 
En nuestra vocación de traer música vocal a este blog nos acercamos a música basada en ópera. La interpretación corre a cargo de una de las grandes estrellas de la música clásica actual, el pianista chino Lang Lang, capaz de llenar grandes escenarios y espacios poco habituales para este tipo de música con su presencia. La grabación corresponde a su debut en el Carnegie Hall de New York en 2003 cuando el intérprete tenía veintiún años de edad.


El joven Liszt dejó de interpretar en público, se alojó con su madre en un pequeño apartamento parisino y se dedicó a impartir clases como forma de vida, mientras leía cuanto veía interesante para suplir las carencias de su educación. 
Ya mostraba una compleja personalidad que Felix Mendelssohn definió como «su vida es un cambio incesante entre lo escandaloso y lo divino», alternando la vida de incansable seductor con una constante espiritualidad que le hizo plantearse en varias ocasiones tomar los hábitos religiosos.
Tras asistir a un concierto benéfico del virtuoso violinista Nicoló Paganini tomó la decisión de convertirse en un virtuoso del piano, comenzando a estudiar las técnicas interpretativas de los grandes pianistas de la época como Dreyschock y Thalberg como el efecto tres manos que desarrolla la melodía en el centro, mientras la acompañan arpegios por la zona grave y aguda consiguiendo un efecto que parece que utiliza una mano más en la interpretación.
Tras la organización de un duelo pianístico ante un público entendido entre Liszt y Thalberg auspiciado por una de sus admiradoras. la princesa Belgiojoso, esta declaró al finalizar el acontecimiento que «Sigismund Thalberg es el primer pianista del mundo y Liszt es único», aunque los críticos asistentes defendieron que hubo dos ganadores y ningún perdedor.
Poco a poco fue creciendo la fama de Liszt a la par que el intérprete introducía algunas innovaciones en su forma de presentarse a la audiencia. Hizo colocar el piano de forma lateral hacia el público en lugar de la tradicional en que el intérprete quedaba tapado por el instrumento, de forma que conseguía dos efectos: por una parte, al abrir la tapa el sonido se proyectaba hacia el público que lo percibía mejor; por otra parte, los espectadores podían verlo de perfil atrayendo la atención hacia su figura.
Habitualmente solía presentarse solo en el escenario, consiguiendo lo que él llamaba «soliloquios» y consideraba la forma más completa de expresión musical, en una época en que los escenarios estaban compartidos por un grupo de intérpretes.
Liszt sabía atraer la atención del público. Entraba solitario y majestuoso al escenario ante la mirada de los espectadores, se quitaba los guantes y los arrojaba teatralmente al suelo y comenzaba a tocar de una forma arrebatadora mientras sus manos parecían volar sobre el teclado con sus largos y delgados dedos, mientras su melena se movía siguiendo la evolución de la música. El efecto era devastador entre el público que gritaba emocionado, especialmente el femenino. Nunca antes se había visto nada parecido. Algunas espectadoras se acercaban al escenario a recoger sus guantes, el pañuelo que lucía en su traje, las cuerdas que se habían roto en el piano o las colillas de los puros que fumaba sin cesar.
El escritor Heinrich Heine inventó el término Lisztmanía para referirse a este furor que el intérprete causaba en la década de 1840 en París. Incluso los médicos llegaron a aceptar este término como forma de explicar que la atracción que causaba entre sus seguidoras era algo digno de tenerse en consideración. 
El seductor Liszt no dejaba de coleccionar amantes, en un par de ocasiones llegaron a amenazarlo con una pistola si no les otorgaba sus favores, dos de ellas abandonaron a sus maridos por él y le perdonaron sus infidelidades. Con una de ellas, Marie D'Agoult, mantuvo una relación estable durante unos años y tuvo sus tres hijos, Blandine, Cosima y Daniel a los que hubieron de poner los apellidos paternos para evitar ser declarados hijos ilegítimos de su anterior esposo, el Conde D'Agoult. En esta época se dedicó a la composición, comenzando con transcripciones de obras conocidas, que aumentaron su fama, además de dedicar gran parte de sus esfuerzos y recitales a la caridad y causas humanitarias como ningún músico había hecho hasta entonces.
En 1847 conoció en Kiev a la princesa polaca Carolyne zu Sayn-Wittgenstein entablando una relación que duró gran parte de lo que le restaba de vida. La princesa lo convención para centrarse en la composición, por lo que renunció a su carrera de intérprete tras un concierto en Elizavetgrad cuando contaba con treinta y cinco años.
Pero la fuerza interpretativa de Liszt no solo las cautivaba a ellas. Un crítico ruso, Vladimir Stasov, llegó a escribir tras presenciar un recital: «Nunca habíamos estado frente a un temperamento tan brillante, apasionado y demoniaco... la actuación de Liszt fue tremendamente abrumadora».

Franz Liszt por 0353 Franz Hanfstaengl (alrededor de 1860)

En este segundo texto de La música de la memoria, Xavier Güell pone en boca de Liszt a quienes sentía como rivales musicales y cómo fue su relación con ellos, centrándose en las figuras de Robert y Clara Schumann y Johannes Brahms.


Las obras para piano de Liszt muestran un virtuosismo extremo que pocos intérpretes pueden llegar a desplegar, siendo obras que el compositor húngaro pensó para interpretar él mismo.
Franz Liszt desplegó su amor por la música folclórica de su tierra natal, la evocación de los músicos zíngaros itinerantes y su virtuosismo en sus Rapsodias húngaras, un grupo de diecinueve piezas que compuso entre 1846 y 1853 y continuadas entre 1883 y 1885.
La Rapsodia húngara nº 2 está escrita en Do sostenido menor y dedicada al Conde Ladislas Teleky en 1847 y publicada en 1851, aunque existe también la versión orquestal adaptada por Franz Doppler con revisiones del propio compositor. Siguiendo la tradición húngara, esta rapsodia está dividida en dos partes contrastantes el Lassan o parte lenta y el Friska o parte rápida.
La interpretación corresponde a la pianista ucraniana Valentina Lisitsa en una grabación que se realizó en la ciudad neerlandesa de Leiden en mayo de 2010. La realización nos detalla el vertiginoso, hipnótico y virtuoso juego de manos que con unos dedos tan largos y delgados nos pueden recordar a los del propio compositor e intérprete húngaro.


La fascinación que Franz Liszt causaba entre el público femenino provenía de su arrebatada personalidad entre la que era un factor importante su intensa espiritualidad. Al parecer, en su faceta de seducción eran importantes las largas conversaciones sobre la eternidad y Dios. Con Marie d'Agoult hablaba del destino de la humanidad y las promesas de la religión. 
A los cincuenta y cuatro años el seductor perseguido por escándalos y líos de faldas adoptó la decisión definitiva de tomar órdenes menores y dedicarse a la composición de música sacra. En este tiempo promovió de forma altruista la obra de otros compositores como Schumann, Grieg, Smetana, Berlioz, Debussy, Fauré o Borodin, además de Wagner con quien llegó a tener una impensable relación familiar, ya que la única hija que le quedaba, Cosima,  abandonó a su marido, el director von Bülow para vivir con el compositor alemán. Instalado en Weimar, fue nombrado allí Kapellmeister y dirigió la orquesta de la corte hasta 1861. 
Así, en casi retirado de la composición escribió algunas de sus obras que más se acercan a lo que más adelante harían compositores como Debussy o Shönberg: Les jeux d'eaux à la Villa d'Este, Bagatelle sans tonalité o Rève-nocturne.
También se ocupó entre 1862 y 1866 en la composición de un gran oratorio, Christus, una obra que toma la vida de Jesucristo desde su nacimiento hasta su pasión y resurrección en la línea argumental de El Mesías de Händel, y que fue estrenada en Weimar en mayo de 1873.
En 1881, con setenta años sufrió una caída por unas escaleras en Weimar que le tuvo varias semanas inmovilizado y dio a conocer una serie de enfermedades y dolencias que se encontraban latentes. Cinco años después, el 31 de julio de 1886, fallecía en Bayreuth tras asistir a las representaciones del festival que su hija Cosima organizó con las habituales obras de Wagner.

Una de las últimas fotografías de Liszt por Felix Nadar (1886)

La relación entre Liszt y su yerno Wagner tuvo muchos encuentros y desencuentros desde que se conocieron en la década de 1840 hasta el fallecimiento del pianista en 1886. También Xavier Gëll dedica unas páginas a desarrollar esta compleja relación desde sus comienzos, pasando por la complicada situación en que Wagner y Cosima se hicieron pareja con la oposición del pianista, las distintas concepciones que ambos tenían sobre la música, algunos comentarios en que el autor de la Tetralogía hablaba bien a Liszt de sus obras mientras las criticaba a sus espaldas, hasta llegar a un cierto entendimiento final. Nos quedamos con el texto que refleja del inicio de la relación entre ambos colosos musicales. 


También dedicó Liszt algunas composiciones a las obras de su yerno, como Rienzi, El holandés errante, Tannhäuser, Lohengrin, la muerte de amor de Isolda, Los maestros cantores de Nurenberg, el Wahalla en el Anillo de los Nibelungos o Parsifial
Nos despedimos de la figura de Franz Liszt y su valor como intérprete, compositor, seductor e iniciación de los movimientos de fascinación del público por la persona del artista como héroe de la modernidad, una situación que se repite en distintas disciplinas que van de los intérpretes de música a los deportistas o actores.
De las composiciones basadas en obras de Wagner nos acompaña, en consonancia con el texto de Güell, la primera de una de las tres piezas que conforman su S.446 Aus Lohengrin de 1854, Festspiel und Brautlied aus Lohengrin (Festival y canto nupcial de Lohengrin) en la interpretación del pianista argentino Horacio Lavandera grabado en el Festival Andino de Jujuy en 2018.

Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Bibliografía y webgrafía consultadas:

Un encuentro entre dos genios: Beethoven y Liszt

La vida da muchas vueltas y las circunstancias cambian. Quien busca un modelo en el que reflejarse y al que seguir puede llegar con el tiempo a ser modelo para otros. La actitud con que se enfrentan una y otra situaciones es diferente desde la posición de quien la afronta y la separación en el propio intervalo de tiempo con el que han sucedido
Hace poco tiempo se presentó en este mismo blog la relación que hubo en la única ocasión en que Beethoven interpretó música en presencia de Mozart, en qué circunstancias se desarrolló el encuentro y cómo transcurrió: Un encuentro entre dos genios: Beethoven y Mozart.
En aquella ocasión, después de haber sido el gran niño prodigio de la música que deslumbró a toda Europa, Mozart era ya un músico consagrado y Beethoven, de quien quisieron hacer también un niño prodigio, estaba comenzando su andadura musical y buscaba la aprobación de un músico al que admiraba enormemente.
Las circunstancias se repiten en muchos momentos y en esta ocasión nos acercamos a un encuentro entre dos que serán llamados grandes de la música, en el que Beethoven intercambia los papeles y es quien debe escuchar a otro músico que está comenzando a destacar y que se presenta también con la etiqueta de niño prodigio, Franz Liszt.
En el año en que celebramos el 250 aniversario del nacimiento de Ludwig van Beethoven te propongo conocer en qué circunstancias se conocieron el ya consagrado compositor y un jovencísimo Franz Liszt. #Beethoven250 #Beethoven2020. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Pero antes de comenzar debemos retroceder hasta antes incluso del nacimiento de Liszt que ocurrió en 1811. 
Alrededor de 1801 Beethoven acepta dar clases a Karl Czerny, un nuevo alumno profesional. No se trata de clases para aficionados o dilettanti como las impartidas al archiduque Rodolfo o a otras muchachas de la nobleza o la alta burguesía, sino que se encaminan a formar a un hijo de músico, bien dotado para la música que, además, había sido educado en sus primeras lecciones por Wenzel Krumpholz, un "loco enamorado" de la obra de Beethoven. 
En su descomunal y detallada biografía Ludwig van Beethoven, Jean y Brigitte Massin nos acercan a los inicios de Czerny (1791-1857) con quien sería su maestro, un Beethoven que sólo tuvo como verdaderos discípulos a Ries y a él.
No solo detallan los comienzos, sino que traen varios recuerdos de Czerny, el primero de ellos sobre la impresión que el aspecto de un consagrado Beethoven produjo en alguna de sus primeras clases, además de los rastros visibles de la enfermedad que ya padecía.



Una curiosa pieza compuesta durante sus años de Bonn, pero que Beethoven publicó, como otras muchas, en Viena durante el tiempo que daba clases a Czerny es un lied basado en un poema de Goethe.
Compuesto alrededor de 1792 o 1793, Aus Goethes Faust (Sobre el Fausto de Goethe), su Op. 75 nº 3, Es war einmal ein König (Había una vez un rey), también llamada la Canción de la pulga de Mefistófeles es un lied que nos muestra a un Beethoven juvenil, alejado de las obras que reconocemos en él. 

Josef Kriehuber (1833). Litografía de Karl Czerny
El texto pertenece a una absurda canción entonada por Mefistófeles que muestra a un rey con una extraña y ridícula simpatía por una pulga a la que amaba como a una hija. Hasta tal punto llega su interés que prohíbe a los miembros de la corte que la ahuyenten o la maten a ella o a sus compañeras, llegando a encargarle un traje a la medida y concederle un título nobiliario.
Este ridículo escenario lo resuelve Beethoven con unas notas rápidas con saltos que van de arriba hacia abajo en el teclado. Llega a la caricatura cuando habla el rey con la gravedad y pomposidad de unos versos cuya música cambia de modo continuamente con acordes que denotan un sentido del humor que va aumentando con la aceleración del texto y las rápidas notas con que se acerca al final de tan absurda canción.
La interpretación corresponde al gran barítono Dietrich Fischer-Dieskau con el acompañamiento al piano de Jörg Demus.



En su biografía beethoveniana, los Massin continúan con algunos recuerdos más de Czerny de las primeras clases que recibió. 
El primero de ellos sobre cómo se desarrollaron esas primeras lecciones y sustanciosos detalles sobre la técnica pianística que le fue enseñando su maestro. El segundo, de algunos recuerdos sobre su carácter.


Basado en el lied anterior, Es war einmal ein König, de Beethoven, Franz Liszt realizó una adaptación para piano solo que incluyo en su obra Beethovens Lieder von Goethe en el que la incluye como la cuarta de sus adaptaciones sobre seis lieder del compositor de Bonn.
La obra fue compuesta y editada por Liszt en 1849 y muestra esa especial disposición del compositor húngaro para la evocación de la obra original, la brillantez y su indudable talento.
La interpretación corre a cargo del pianista Wolfgang Weller.



Czerny no sólo recibió clases de Beethoven, sino que fue también discípulo de Muzio Clementi o SalieriCon el paso del tiempo Karl (o Carl) Czerny se convertiría en un reputado pianista, un pedagogo de ese instrumento y maestro de muchos otros intérpretes, entre ellos algunos tan virtuosos como Sigismund Thalberg y Liszt.
Así, cuando el joven Liszt Ferenc -a la húngara, o Franz Liszt con el nombre internacionalmente germanizado con que lo conocemos- contaba once años y ya mostraba hasta donde podía llegar, hubo un encuentro entre él y Beethoven.

Rudolf Lipus (1940) El joven Liszt toca para Beethoven
Aunque a Beethoven no le gustaban nada los niños prodigios, gracias a la insistencia de Czerny, consistió en que se acercase a su casa y tocase para él.
Era el mes de abril de 1823 con un Beethoven prácticamente sordo, embarcado en la composición de su Novena Sinfonía, y de nuevo con problemas de salud. Según el músico Louis Schlösser, Beethoven, "habitualmente tan descuidado en su atuendo, estaba vestido con desusada elegancia" en esa ocasión.
Los Massin recogen cómo se desarrolló la visita, con las dudas de que fueran más de uno los encuentros por las divergencias en la narración.


Una de las piezas que interpretó Liszt en aquel concierto de su presentación en Viena el 1 de diciembre de 1822 fue una variación sobre el segundo movimiento, el Andante con moto, de la Quinta Sinfonía de Beethoven. Años más tarde, Liszt compuso y publicó sus transcripciones sobre las nueve sinfonías de Beethoven


Retrato del joven Franz Liszt cuando contaba con 11 años en 1823
De la transcripción de la Quinta Sinfonía de Beethoven (S. 464) recuperamos lo que podría acercarse a la obra que Liszt interpretó en aquel concierto cuando contaba con once años de edad. Evidentemente, esta obra fue transcrita muchos años más tarde, con una formación más completa, pero nos permite acercarnos a la emoción y los sentimientos que el joven pianista transmitió en aquel concierto de presentación ante la sociedad vienesa, la más exigente y entendida en música de su época.
La interpretación corresponde al pianista franco-chipriota Cyprien Katsaris en una versión que se acompaña con la partitura original de Liszt.



Podemos pensar que las clases recibidas por Czerny de Beethoven con los detalles en la técnica de interpretación pianística acabaron, en cierto modo, siendo parte importante de la formación que aquel transmitió a Liszt. Siendo este último uno de los grandes prodigios en la interpretación del piano, hubo de recibirlas y aprovecharlas con gran facilidad para mejorar su técnica.
Numa Boucoiran (1829). Grabado de Franz Liszt
Nos quedan aún las sensaciones que el joven Franz Liszt sintió en la visita que tuvo en la Schwarzspanierhaus, la última de las residencias de Beethoven
En el texto anterior los Massin hacían referencia a estas memorias escritas por el gran pianista húngaro muchos años después del encuentro entre ambos y la posibilidad de que, o bien este paso del tiempo haya hecho trastocar algunos de los recuerdos, o bien que fueran varios los encuentros que hubo entre ellos.


La admiración de Liszt por la obra de Beethoven alcanza a realizar adaptaciones de una decena de lieder además de las citadas transcripciones de todas sus sinfonías, entre otras obras.
Para finalizar, siguiendo la vocación de este blog por la música vocal, traemos un extracto de la transcripción para dos pianos del último movimiento de la Novena Sinfonía.
La interpretación de la transcripción de este final de la Ode an die Freude corresponde a Alexander Ullman y Mengjie Han grabada en el festival online Long Distance Liszt celebrado durante el tiempo de pandemia el 4 de julio de 2020 en el TivoliVredenburg de Utrecht.



Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Bibliografía y webgrafía consultadas: