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27 oct. 2017

Praga Mágica y la eternidad

"Praga no suelta. No nos suelta a nosotros dos. Esta mamaíta tiene garras", escribía Kafka en una de su múltiples cartas. Y es que la ciudad checa no deja indiferente a nadie. 
En esta nueva etapa de #ViajedeOtoño te propongo una visita a Praga, un recorrido desde tu casa con libros y música para conocerla, si aún no la has visitado, o para recordarla, para pasearla con los mismos ojos con que la viste o con una nueva mirada con obras de autores que quizás no conozcas, pero que te la harán inolvidable: Ripellino, Karel Capek y Leos Janacek.



La más completa edición sobre Praga no es obra de un autor checo. Si bien escritores como Franz Kafka, Bohumil Hrabal o los Jaroslav Shafer y Hasek hacen deambular por la capital bohemia sus personajes e historias logrando que la ciudad sea directa o indirectamente un personaje más de las mismas, es un escritor italiano quien publicó la más completa obra sobre la ciudad de Praga.
Angelo Maria Ripellino, catedrático de ruso y experto en lenguas eslavas en la universidad de Roma, se especializó en literatura checa y rusa. En su obra se diluye la literatura crítica con la creativa, borrando las líneas que delimitan una y otra. Intelectual de una cultura desbordante publicó libros de poesía o traducciones, así como ensayos que se han convertido en referentes en su estilo: Maiakovski y el teatro ruso de vanguardia, La literatura como itinerario en lo maravilloso o Ensayo en forma de balada
Admirador de los escritores españoles como Machado, Juan Ramón Jiménez o García Lorca, el hecho de ser alumno del eslavista Ettore Lo Gatto lo inclinó definitivamente hacia las culturas del este europeo. En una de sus estancias en Praga conoció a Elisa Hlochovà con quien se casó y juntos colaboraron en la traducción y estudio de escritores checos.
Su obra Praga Mágica es un denso mosaico, un fresco de la hermosa ciudad checa, una obra erudita, que profundiza en el alma praguense más allá del tópico con sus luces y sombras.




Ripellino, un "loco por Praga", como se definió a sí mismo, realizó una obra enciclopédica, laberíntica como las intrincadas callejuelas del centro de la ciudad, sinuosa por momentos, barroca por su forma y contenido, ingeniosa y brillante. Puede que un tanto deshilachada, acaso por haberse escrito en momentos diversos, con recuerdos desde la distancia. Por la obra pasan las tres culturas que han influido en la ciudad, la checa, la alemana y la judía; los escritores y la literatura que influyeron en el auge cultural de Europa: Jaroslav Hasek de la mano del Valiente soldado Swejk, Franz Kafka y el inquietante mundo interior que ofrece al lector, Rilke, Guillaume Apollinaire, Rainer Maria Rilke, Jan Neruda, Jaroslav Sheifert o Karel Capek, quien aparecerá más adelante en esta visita a Praga.




Karel Capek se inspiró en la búsqueda de la Piedra Filosofal y la pléyade de alquimistas y astrólogos que se acercaron a la corte de Rodolfo II para su obra teatral de 1922 Vec Makropulos (El caso Makropulos). Hieronymus Maropulos, uno de esos alquimistas que poblaban la corte rudolfina, prepara para el rey un poderoso elixir, una bebida que lo mantendrá en la inmortalidad por doscientos o trescientos años. El soberano, temeroso de un envenenamiento, quiere que sea la hija del destilador, una joven de dieciséis años, quien pruebe el bebedizo.
Trescientos años más tarde, a comienzos del siglo XX, Elena Marty, la hija del alquimista se ha convertido en una famosa cantante que ha tenido distintos nombres Elina Makropulos, Ellian MacGregor, Eugenia Móntez, Ekarerina Myskina o Elsa Müller -todas con las siglas E.M.-. Capek nos indica su belleza, una belleza "para volverse loco", pero advierte que es fría como el hielo o como un cuchillo, como si acabara de salir de una tumba. Aún así fascina con un magnetismo que atrae y envuelve a los hombres con los que se encuentra.
En su persistente juventud tiene algo que recuerda a una vieja rejuvenecida: es decadente, con los cabellos amarillentos de caspa, de arrugas estiradas artificialmente, exagerada en su maquillaje, con labios como de cera pintada. Algo inmaterial chirría en ella. Está cansada de la inmortalidad, agotada. La alegría de vivir surge de saber que la vida es breve; si se alarga demasiado produce disgusto, aburrimiento, hastío.


De esta obra, Leos Janacek compuso pocos años después una ópera homónima en tres actos que se desarrolla entre un bufete de abogados, un teatro y la habitación de hotel de la protagonista. Entroncada con la estética del suprarrealismo, se agolpan en escena objetos de la época -teléfonos, un coche-, inmensos anaqueles con expedientes y textos jurídicos. Janacek desarrolló un estilo musical con recuerdos de la música dodecafónica que, sin llegar a utilizar, dio al cromatismo un peso mayor para expresar la tensión y los extraños sucesos. La acción transcurre con rapidez, sin números cerrados -no hay arias, coros o dúos- y en un estilo que mezcla lo recitado con lo cantado. 
El enlace pertenece a la obertura de El caso Makropulos, en una producción del Festival de Ópera de Glyndebourne con la London Philarmonic bajo la dirección de Nikolaus Lehnhoff.


Convertida en una abarrotada marea de turistas, un reguero de visitantes, la Callejuela de Oro se casi levanta junto a la descomunal sombra del Castillo, el onmipresente Hradcany. En ella, tras la larga tradición de inquilinos con matraces a la búsqueda de la Piedra Filosofal, vivió unos meses Franz Kafka.


En El caso Makropulos, Janácek aumentó la fantasmagórica presencia de la Elena Marty, a quien la longevidad ha convertido en vacía, perversa, agresiva, una déspota. Refiriéndose al personaje escribió: "No sabéis lo terrible que es esto, la sensación del hombre de no tener fin. Una total infelicidad. No quiere nada, nada espera". Y más agregó: "Una belleza vieja de trescientos años -y eternamente joven-, pero con los sentimientos quemados. Fría como el hielo..."
Elena Marty acabará como un Golem, otro de los personajes de la mitología praguense. Una vida interminable agota y provoca un deseo de muerte; no hay que perturbar el orden de la existencia: se necesita la presencia de la muerta para que la podamos apreciar la belleza de la vida.

Boceto escenográfico de El caso Makopulos de Roudi Barth para la producción del Teatro Estatal de Wiesbaden de 1961
La escena final de Véc Makropulos nos desvela el secreto de la edad de Elena, la historia de su padres, si vida escondida en diversos países ocultándose con distintos nombres. El documento con el secreto del elixir lo dejó hace cien años en casa de su único y verdadero amor, padre de Gregor y ha venido a recuperarlo para alargar su vida. Más se ha dado cuenta de lo absurda que es y comienza a desistir. Entrega el documento a Krista quien lo arroja al fuego. Es el único modo de que Elena muera aliviada.
La última escena está interpretada por Nadja Michael como Emilia Marty en una producción de la Bayerische Staatsoper de 2014 con la dirección musical de Tomas Hanus.




Pero Praga atrae a quienes la visitan. Su dédalo de callejuelas, las piedras envejecidas, el astronómico reloj de la torre del Ayuntamiento de la Ciudad Vieja son como un imán para quienes visitan la ciudad y quedan irremediablemente prendados de ella. 

Tiene la ciudad un encanto como pocas en el mundo. Finalizamos este viaje a la capital checa con un último texto de Ripellino donde habla de las artes con que Praga atrae a quienes pasan por ella.







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20 oct. 2017

Rivalidades artísticas: Mozart y Salieri

"La rivalidad es una cosa buena para los mortales" es una afirmación que se atribuye al poeta griego Hesíodo. Si entendemos la rivalidad como la oposición o el enfrentamiento entre quienes aspiran a conseguir la misma cosa, es uno de los mecanismos básicos que tienen los seres vivos para adaptarse al entorno en el que viven y superar las dificultades que les plantea. Se trata de uno de los mecanismos que aparecen en la teoría de la selección de natural de Darwin como preservadora de las especies.
La rivalidad ha existido siempre en la vida, en primer lugar como modo de supervivencia ante dificultades del entorno. Es una de las características que favorecen el crecimiento y la mejora de los seres humanos, entendiendo esta rivalidad como motivo de superación personal, una reflexión sobre conductas, procesos o técnicas que nos hacen avanzar en nuestro desarrollo.
Hay incluso una serie de actividades, especialmente las deportivas, donde la rivalidad, llevada a un punto determinado, favorece el crecimiento, la superación y la competitividad, aunque en determinados momentos se llegue a desbordar esta faceta con extremismos violentos.
En la historia del arte y la cultura también ha existido rivalidad entre quienes participan de ella o sus seguidores. Escritores que defienden distintos estilos literarios, arquitectos que llevan las técnicas constructivas por distintos derroteros, compositores que defienden cómo desarrollar formas musicales según sus pensamientos, o pintores que preconizan con sus obras hacia dónde se deben encaminar los estilos, temas y técnicas según los momentos y épocas históricas.
Hasta nosotros han llegado rivalidades históricas entre artistas, cada cual defendiendo unas veces sus ideas, otras atacando las de otros. En esta entrada del blog comenzaremos a tratar algunas de las rivalidades artísticas que han pasado a formar parte de la historia de la cultura.
En esta ocasión te propongo un acercamiento a una de las rivalidades entre compositores que más ha dado que hablar en las últimas décadas. Una situación que se hizo popular a raíz de la película Amadeus, entre Mozart, uno de los más grandes compositores de la historia y Salieri, un músico que, hoy en día, el gran público lo recuerda única y exclusivamente por esta película. El texto que nos acompaña pertenece al poeta ruso Alexandr Pushkin.



Antonio Salieri nació en Legnano, Italia en 1750, se educó musicalmente en Venecia y desarrolló su vida artística Viena, donde falleció con setenta y cinco años. De familia pobre, su capacidad musical lo llevó a ocupar el cargo de Kapellmeister (Maestro de capilla) y director de orquesta de la ópera italiana en la corte vienesa de José II, fue discípulo de Gluck y seguidor de la reforma operística que éste inició y uno de los compositores más populares de su época. Una de sus óperas, L'Europa riconosciutta inauguró el Teatro Alla Scala de Milán. Dedicado por entero a la música, viajó por toda Europa donde compartió ideas y amistad con los músicos más importantes de su tiempo, escuchó las novedades musicales y las distintas innovaciones que se iban produciendo en el mundo de la música y desarrolló su influencia en la música de la corte vienesa. Fue discípulo de Metastasio y Haydn y dedicó parte de sus conocimientos a la enseñanza de la música con algunos alumnos entre los que se encuentran Beethoven, Schubert o Liszt, además de uno de los hijos de Mozart. Fue uno de los compositores más representados e influyentes de la Viena de finales del XVIII y comienzos del XIX. Su filosofía musical se refleja en el título de una de sus óperas: Prima la musica, poi le parole (Primero la música y luego las palabras).



Pero si Salieri ha pasado a la historia de la música entre el gran público no es por sus obras, sino por la historia, al parecer sin ningún fundamento, de haber envenenado a MozartEs una historia sobre la que se ha escrito mucho y de la que existen informaciones, algunas de las cuales están sin contrastar. 
Frente a la corta vida de Mozart, Salieri tuvo una larga existencia, pasando los últimos años de su vida en un hospital con una salud delicada, quedando ciego y con momentos de poca lucidez, de donde surge la idea de una autoacusación de envenenamiento del músico de Salzburgo.
Independientemente de que sea o no cierto, aunque no lo parece, la rivalidad de ambos autores estaba en el ambiente vienés. Leopold Mozart acusó al italiano de intrigar para evitar el éxito de la ópera de su hijo Las bodas de Fígaro, escribiendo que "Salieri y sus acólitos moverían cielo y tierra con tal de hacerlo caer". La ópera no triunfó en su estreno ni entre el público ni entre el propio emperador y su corte, pero lo cierto es que Salieri no estaba en esa época en Viena, sino en París, por lo que no tiene mucho crédito la acusación.
Pocos años después de la muerte de Salieri, el poeta ruso Alexandr Pushkin publicó un libro con varios dramas titulado Las pequeñas tragedias entre el que se encuentra un pequeño relato dramático en verso titulado Mozart y Salieri. Entre los papeles del escritor se encontró una nota escrita en 1832 que utilizó como idea de la que nació esta obra:
"Durante la primera representación de Don Giovanni, en el momento en que el teatro gozaba en silencio de las armonías de Mozart, se oyó un silbido. Todos se dieron vuelta con asombro e indignación y el famoso Salieri abandonó la sala, furioso, consumidos por los celos.
Salieri murió hace cosa de ocho años. Algunas revistas alemanas dijeron que en su lecho de muerte confesó un horrible crimen, el de haber envenenado al gran Mozart. Un envidioso capaz de silbar Don Giovanni, debía ser capaz de envenenar a su creador."
A partir de esta nota, Pushkin crea un drama en dos escenas con los dos personajes. La primera comienza con un monólogo de Salieri en el que rememora su esfuerzo y la dedicación de toda su vida a la música con toda su energía. Aparece en escena un Mozart frívolo e intrascendente en contraste con las ideas expuestas por Salieri, que se reafirma en sus razones contra él. La segunda escena  transcurre mientras ambos comen en el reservado de la taberna "El León de Oro". Mozart cuenta la misteriosa visita de un desconocido que le encargó la composición de un Requiem, que sabemos no pudo terminar por su fallecimiento. La imagen del desconocido lo intranquiliza y obsesiona al considerarlo un mensajero de la muerte. La conversación se dirige hacia Beaumarchais, el autor de la obra en la que se basa Las bodas de Fígaro. Mozart pregunta si es cierto el rumor de que envenenó a alguien, pero él mismo se responde que el francés es un genio como ellos dos y el genio siempre ha sido incompatible con el crimen. En ese momento, Salieri termina envenenando la copa de su invitado.
La obra de Pushkin plantea en pocas páginas varios temas de cierta trascendencia. En primer lugar la envidia que llega hasta la realización de un crimen. También aparece el problema de la creación en el arte contrastando el trabajo sistemático, incansable, casi artesanal pero que no alienta ni anima lo creado, frente a la inspiración genial, casi divina que da alma a la obra. En las vidas de los dos personajes se enfrentan también la tragedia de la muerte, la rápida de Mozart; la lenta, atormentada, muerte en vida de Salieri con sus remordimientos. 
A esta obra, Mozart y Salieri de Las pequeñas tragedias de Alexandr Pushkin pertenece el texto que sigue. Comienza con la parte final del monólogo con que comienza la primera escena de la obra y la entrada de Mozart hasta el final de la misma. 



 

De la obra de Pushkin, Nikolai Rimsky-Korsakov compuso una ópera utilizando el texto original del poeta como libreto en el que apenas realizó modificaciones. Surgió así una obra, Motsart i Salyeri que se estrenó en Moscú en 1899 con los cantantes Ertsov en el papel de Mozart y el gran bajo, uno de los más grandes del comienzo del siglo XX, Fiódor Shaliapin.
En esta obra, Rimsky-Korsakov adapta el idioma ruso y su fonética a los sonidos de la obra, con alguna licencia en el uso de temas musicales de Mozart. Salieri está retratado con una música antigua y meditabunda que surge como con dificultad, mientras que su oponente lo es con una música ágil, alegre, como tomándose a sí mismo con poca seriedad, lo que enfurece al primero.
Años más tarde Peter Shaffer se basó en estas dos obras para componer su obra teatral Amadeus, que llevó por distintos escenarios y elaboró el guión cinematográfico de la versión que Milos Forman dirigió en 1984 y que tanto éxito tuvo, haciendo aún más popular el nombre de Mozart y el tópico del genial creador que, casi sin trabajar, logra obras maestras de una rara perfección, mientras que dio a conocer el nombre de Salieri, que ha pasado a ser, injustamente, el paradigma de la envidia llevada al extremo del crimen.




Lo que ha llegado al imaginario colectivo es una relación históricamente falsa, dentro de una película que se califica como histórica en la que toda la trama se basa en hechos reales con una interpretación basada en el tema de la envidia. En realidad, el personaje conocido, respetado e influyente en aquella época era Salieri, mientras Mozart era un músico al que no se le daba la importancia que le damos ahora.
De la película Amadeus rescato una escena que describe el momento en que Salieri conoce a Mozart en una recepción del emperador y en la que se plantean los temas que hemos venido comentando a lo largo de este post de la envidia y la creación laboriosa o genial, junto con las relaciones en la corte junto al emperador. Las interpretaciones corresponden a F. Murray Abraham, que obtuvo el Oscar por el papel de Salieri y Tom Hulce como Mozart.


Para esta escena no tomaron un tema de Salieri, sino uno del propio Mozart que fue desfigurado en forma de marcha para aparecer, finalmente en todo su esplendor. Se trata del tema con que finaliza el primer acto de La nozze di Figaro (Las bodas de Fígaro), un tema juguetón e irónico, Non piu andrai farfalone amoroso (No irás más, mariposón amoroso), con el que Fígaro se burla, en un tono muy mozartiano del destino de Cherubino que ha sido enviado contra su voluntad al ejército por el Conde de Almaviva.





Si aún tienes unos minutos y, volviendo a la obra de Rimsky-Korsakov, en abril de 2017 se ha representado Mozart y Salieri dentro de la programación de la Fundación March. El siguiente enlace es un vídeo, una especie de making-off sobre la producción que se llevó a cabo para la ocasión.



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13 oct. 2017

Salzburgo, ciudad de la música

El otoño marca un cambio en nuestros ritmos y rutinas. El verano nos saca de nuestras casas para acercarnos a la playa, los viajes más o menos exóticos, las agradables noches al aire libre. El otoño nos acerca poco a poco (a veces aún más lentamente, como si el tiempo atmosférico se negara) al invierno y, con él, al interior de nuestras casas, las largas noches, las rutinas laborales y una nueva oportunidad de disfrutar con las lecturas, las músicas o las películas que buscamos, aunque en ocasiones, son ellas las que, de muy distintas formas, nos buscan a nosotros.
También es un momento para recordar, regurgitar en nuestros recuerdos, asentar definitivamente, re-vivir nuestros viajes, imaginarlos de nuevo o fijar cada recuerdo en el rincón de nuestra mente que le corresponde. Hay incluso lugares en los que nunca hemos estado y que son, gracias a experiencias culturales o emocionales, parte de nosotros y a los que sentimos que hemos viajado y que, de alguna manera, pertenecemos a ellos.

En esta propuesta de Viaje de otoño te invito a realizar un paseo entre libros y músicas por Salzburgo, una de esas ciudades fascinantes y relacionadas con el arte sonoro acompañados por textos de Stefan Zweig y la presencia de dos ilustres salzburgueses, Mozart y Karajan.





La importancia capital de Salzburgo proviene de la música y, de forma determinante, por ser el lugar de nacimiento de uno de los más grandes músicos de todos los tiempos. Joannes Christostomos Wlofgang Gottlieb Mozart nació en enero de 1756, séptimo y último hijo de Leopold y Anna Maria Pertl, aunque a su nacimiento sólo sobrevivía una hermana cuatro años mayor conocida como Nannerl.
Wolfgang Amadeus (la traducción al latín del Gottlieb alemán que él mismo utilizaba) Mozart vivió, lo sabemos, con la suerte y el estigma de ser un niño prodigio. 
Leopold, violinista y ayudante del director de la orquesta del príncipe-arzobispo de Salzburgo anotó con orgullo en su diario: "Wolfgang aprendió en media hora este minuetto y trío un día antes de su quinto cumpleaños, a las nueve y media de la tarde del 26 de enero de 1761".
Su asombrosa facilidad para interpretar con muy pocos años instrumentos como el clavicémbalo o el violín le llevó, en primer lugar a la corte vienesa donde dio conciertos para el emperador y su familia. Más tarde, su padre Leopold se embarcó en largas y extenuantes giras por las cortes y lugares más favorables a la música de toda Europa, en los que se codeó con todos sus gobernantes y dignatarios, para sacar provecho del talento interpretativo de sus hijos: Munich, París, Londres, Países Bajos o Milán, entre otros lugares.. 
El siguiente paso, componer, lo dio el joven pocos meses después al escribir dos piezas para clave que su padre añadió al cuaderno de piezas que su hijo interpretaba.
Además de Mozart otro músico muy influyente del siglo XX nació en la ciudad austriaca, Herbert von Karajan, uno de los directores más carismáticos e influyentes de los años centrales del pasado siglo. 

           
Monumento en la casa natal de Karajan


Karajan comenzó a dirigir en la ciudad de Ulm pasando más adelante por la dirección de muchas de las más prestigiosas orquestas filarmónicas del mundo como las de Viena, la del Teatro Alla Scalla de Milán hasta finalizar trabajando e influyendo en todo el mundo musical desde su puesto en la Orquesta Filarmónica de Berlín. En todo el tiempo que pudo colaboró de forma activa en el Festival de Salzburgo, con mayor intensidad en las décadas de los años 50 y 60. Su influencia en la industria musical fue tal, que el apoyo que dio a la tecnología del disco compacto hizo que éste se asentara en nuestra cultura y que, según se cuenta, la duración máxima de cada disco la impuso al insistir que la 9ª sinfonía de Beethoven debía caber en un sólo disco.
De una de sus colaboraciones en el Festival de Salzburgo es el enlace en el que Karajan dirige con la concentración, los ojos entornados y esos movimientos enérgicos tan característicos suyos a la Wiener Philharmoniker en la Obertura y comienzo del Don Giovanni de Mozart. Se trata de una representación de 1987, un par de años antes de su fallecimiento,  con Ferruccio Furlanetto como Leporello, Samuel Ramey como Don Giovanni y Anna Tomowa-Sintow como Donna Anna.




El vídeo comienza con la obertura que, como era habitual en la época, se basa en los temas musicales que aparecerán más tarde, sobre todo en la penúltima escena de la obra protagonizada por la estatua del comendador. A destacar los sonidos que imitan la despreciativa risa con que Don Giovanni trata a cualquiera de los personajes. 
La primera escena es bastante compleja, tanto dramática como musicalmente. Don Giovanni se ha introducido en los aposentos de Doña Ana, mientras su criado Leporello monta guardia maldiciendo su destino de sirviente. Un grito indica que ésta opone resistencia al seductor. Acude su padre el comendador y, tras una breve lucha, don Giovanni lo mata.
Para cada uno de estos cuatro momentos Mozart traza una caracterización musical: El aria de Leporello muestra la rabia contra su suerte y el sueño de llegar a ser un señor. Doña Ana es retratada, en pocas notas, con un carácter altivo. Don Giovanni aparece junto a ésta como asustado por la resistencia que ofrece, mientras tras la muerte del comendador se compadece de su adversario, llegando a ser altivo y duro en las respuestas a su criado.






La personalidad y la obra de Stefan Zweig no tiene en nuestros días el reconocimiento que merece por la importancia de sus escritos y la búsqueda constante de una Europa unida más allá de las nacionalidades, sus advertencias casi proféticas sobre los peligros bélicos que amenazaban al continente y la existencia de una cultura paneuropea como el gran factor aglutinante del continente.
Autor teatral, conferenciante, divulgador de la cultura europea a través de biografías, relatos y novelas, Zweig nació en Viena en 1881 en una acomodada familia de origen judío. Estudió Filosofía y se exilió en Zurich durante la Gran Guerra por sus fuertes convicciones antibelicistas, donde escribió su obra teatral Jeremías, una pieza de inspiración bíblica que atacaba el militarismo imperante.
Amigo de un gran número de intelectuales relacionados con todas las ramas culturales, hubo de exiliarse en diversos momentos de su vida, viendo cómo se destruía en varias ocasiones la civilización que se había formado en Europa. En los años 20 y 30 del siglo pasado se instaló en Salzburgo en los momentos en que esta ciudad en plenos Alpes pasó de ser una pequeña y provinciana ciudad, aún derruida por la I Guerra Mundial, a convertirse en uno de los focos culturales más importantes de toda Europa.
Entre sus obras podemos destacar además de la citada Jeremías, Cartas de una desconocida, Momentos estelares de la humanidad, El mundo de ayer y las biografías de Erasmo de Rotterdam, Magallanes, María Antonietta, Americo Vespuccio, Paul Verlaine, Balzac, Dickens o Dostoievsky entre otros muchos.
Su obra El mundo de ayer. Memorias de un europeo está formada por una serie de retazos autobiográficos en el que va desgranando sus miradas y recuerdos por los lugares y momentos por los que transcurrió su vida desde su Viena natal, la elegida Salzburgo y los exilios en Zurich, Londres, Estados Unidos y el Brasil en el que terminó con su vida.



De esta obra, selecciono y comparto la visión que nos ofrece de Salzburgo en el periodo de entreguerras, con el naciente surgimiento de la ciudad en los comienzos del festival musical que le ha dado nombre en todo el mundo. Un esplendor al que la llegada de la II Guerra Mundial puso fin y que hubo de esperar años para llegar a volver a recuperar la imagen que tiene en la actualidad.


Inmediatamente después, Zweig relata cómo afectó a su propia casa y a su vida el encuentro con tantos personajes que aparecieron por allí para disfrutar de los acontecimientos que se celebraban en Salzburgo. La frase final, escrita en pasado imperfecto, adquiere un tono desgarrador por oposición a la realidad conocida por el autor.


El Salszburger Fetspiele (Festival de Salzburgo) no ha dejado de crecer y aumentar su importancia desde que regresó tras la II Guerra Mundial, afianzándose con la presencia consagrada de personalidades del mundo de la música como el propio Karajan, Claudio Abbado, Riccardo Muti, James Levine o Georg Solti.
Desde 1992 se produce una transición hasta la actualidad con la participación de los grandes intérpretes, escenógrafos y directores que han logrado que la ciudad de Salzburgo esté en la vanguardia de las producciones musicales a nivel mundial. Producciones como La Traviata de 2005 con Anna Netrebko y Rolando Villazón, que ha aparecido en este blog en varias ocasiones, La flauta mágica de 2006 o la producción de Aida del verano de 2017 con la nueva presencia estelar de Anna Netrebko y Riccardo Mutti en el foso han dado la vuelta al mundo en montajes que se han repetido por todos los grandes escenarios.
Para terminar de unir los nombres de Salzburgo y Mozart, te propongo oír una de las arias más conocidas del compositor austriaco perteneciente a su ópera Die Zauberflötte.


El aria Der Holle Rache Kocht (La venganza del infierno) está interpretada por la soprano alemana Diana Damrau en el Festival de Salzburgo de 2006 con la dirección de Riccardo Mutti.


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6 oct. 2017

¿Cómo utilizamos las ideas?

La evolución de los seres humanos a través de la historia viene marcada por la transmisión de las ideas, pensamientos y conocimientos que se han adquirido a lo largo de toda la existencia de la humanidad. Una transmisión que no ha sido lineal, con momentos de mayor avance y otros de retroceso y nos han llevado al momento en el que nos encontramos.
¿Te has llegado a plantear cómo evolucionamos y mejoramos a partir de la transmisión de los conocimientos? 
En muchas ocasiones hemos reconocido situaciones, ideas o imágenes que encajan en nuestra vida, en las necesidades que tenemos en ese preciso momento y las vemos como si hubieran surgido exclusivamente para nosotros. Así, van, vienen, las aceptamos como son o las cambiamos a nuestro gusto e interés y las hacemos nuestras. Y cuando son nuestras nos acompañan por siempre como si lo hubieran sido desde el principio.
A muchos autores les ha ocurrido lo mismo. Ideas propias o de otros que son aprovechadas, novedades en los conceptos artísticos que hacen evolucionar un estilo, ideas que, transformadas, se convierten en nuevas ideas. En esta entrada te propongo comprobar cómo algunas ideas, siempre brillantes, han ido evolucionando entre un autor y otro o bien por el mismo autor, siendo utilizadas en diversas obras. Nos acompañan obras de García Márquez, Hrabal y Häendel.



De El extranjero de Albert Camus tomó una idea Hrabal y escribió una narración, La leyenda de Caín, que publicó más de veinte años más tarde. A esa historia, que se inspiró en un fraticidio, le dio una vuelta para convertirlo en un homicidio contra sí mismo, quedó aparcada mientras contaba hilarantes historias en tabernas y estaciones de trenes checoslovacas sobre su otra gran pasión, los trenes. 
La idea de La leyenda de Caín le sirvió para narrar otra historia, Trenes rigurosamente vigilados, una novelita con el trasfondo de quien atenta contra su vida de forma fallida, lo que le hace ver la vida de otro modo, como un superviviente. Aquí, Bohumil Hrabal se presenta como el gran novelista que es, uniendo sus dos admirados autores: Por un lado Jaroslav Hasek, el irreverente autor de Las aventuras del valeroso soldado Schwejk, que apareció en este blog en A nadie le han importado los inocentes. Por otro, Kafka y su mundo hermético, con sus inalcanzables castillos, los callejones intrincados, el castigo inexplicable. Estos dos autores, enigmáticos, casi como jeroglíficos sin descifrar, confluyen en Hrabal; el escritor de las tabernas donde los bebedores de cerveza rodeados de humo cuentan delirantes historias, y el escritor del hominismo, concepto que contrapone al de humanismo, para mostrar su interés por el hombre corriente al que ve como un héroe por soportar una vida gris, monótona, rutinaria y despojada del pathos que acompaña a los grandes personajes.



Trenes rigurosamente vigilados es una pequeña novela que se desarrolla durante la II Guerra Mundial en una pequeña estación ferroviaria narrada en primera persona por Milos Hrma, que carga con el peso de un intento de suicidio, con un jefe de estación criador de palomas que lleva siempre posadas sobre su figura y un factor y una telegrafista que protagonizan la idea de esta entrada. La historia fue llevada al cine con el mismo título por Jiri Menzel un año después de la publicación del libro obteniendo el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 1967.

¿Conocía Gabriel García Márquez este libro? No lo sabemos o, mejor, no lo sé. Pero es una idea que bien podía conocer, porque hay una variante de la misma que aparece en El amor en los tiempos del cólera con unos datos que parecen indicar que el autor de Cien años de soledad conocía el texto de Hrabal. Evidentemente no hay asomo de plagio, sino creación literaria que puede surgir de una idea, con una elaboración distinta, un dramatismo y formas diferentes, pero donde podemos apreciar una historia diferente que surge de una misma imagen.
En este texto aparecen en él como homenaje o cita. En primer lugar la escritura íntima en lugar de los sellos, en segundo lugar, la mención a las palomas, de palomera alborotada y por último el final trágico, mucho más en el autor colombiano que en el checoslovaco, que concluye la anécdota con una investigación ante las autoridades mientras la telegrafista sueña con protagonizar su historia en el cine.






 
La idea musical que nos acompaña comenzó como una zarabanda, en el que este baile lento con posible origen en las colonias españolas de América, apareció en una de las primeras composiciones de Georg Friedrich Häendel en el cuarto movimiento de su Suite nº 4 para clavecín. Años más tarde aprovechó la música para su ópera Almira.


Una de las versiones de esta zarabanda se popularizó con la película Barry Lindon de Stanley Kubrick.
Häendel tiene fama de ser un ecléctico, un músico que aprovechaba todo lo que oía y supo sacar partido de ello. Aún sin ser un innovador en lo musical, todas las formas musicales que veía que tenían éxito fueron aprovechadas por él para sacar partido de ellas e incorporarlas a su amplio repertorio, en una vida musical donde un compositor necesitaba reinventarse, crear y atraer al público sin los derechos de autor que existen en la actualidad. Si el público pagaba por una serie de representaciones, todo iba bien; si no había público, eran malos tiempos en lo económico.
De esta forma, Häendel no dudaba en dar nueva vida a sus propias melodías para presentarlas en otras composiciones. Así, volvemos a encontrar de nuevo esta música en el aria Lascia la spina de Il trionfo del tempo e del disinganno (El triunfo del tiempo y del desengaño), una obra de la que hemos tratado en este blog en Sí. Coge la rosa, deja la espina. Esta nueva versión mejora la zarabanda inicial de Häendel cargándola de sentimiento y sensibilidad y despojándola del marcado ritmo de la danza original.



La mezzo soprano romana Cecilia Bartoli interpreta con su estilo inconfundible, lleno de pasión y agilidades vocales Lascia la spina en una grabación que se realizó en el Teatro Olímpico de Vicenza en junio de 1998.



Pero no termina aquí la vida que Häendel dio a la idea musical concebida en sus primeros años aún en Alemania y antes de instalarse definitivamente en Inglaterra. La última versión, de una emoción incontenible, pertenece a su Rinaldo, la primera ópera que el compositor de Halle escribió expresamente para los escenarios ingleses y que de aportó un éxito inmediato.



Con libreto de Giacomo Rossi, en el acto II Almirena canta esta desgarradora aria para soprano en la que el recuerdo de la melodía original de zarabanda de la Suite para clavecín o de Almira dan paso a una intensa emoción en una de las arias más logradas del repertorio del músico sajón.


En la interpretación se aprecian las extraordinarias dotes vocales y el conmovedor dominio de la emisión del sonido de uno de los habituales de este blog, el contratenor Philippe Jaroussky en una grabación de 2016 en la gala de los Premios Echo Kassic realizada en Berlín.


¿Cuántas ideas, frases o sentencias hemos hecho nuestros en la vida? ¿Cuántas podremos decir que han servido a nuestros semejantes?

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