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Oberturas y Prólogos: El arte de comenzar

Una novela, un ensayo, una ópera o una pieza teatral son obras completas que su autor ha desarrollado a partir de sus ideas. Nos pueden interesar y gustar más o menos, emocionar o hacernos reflexionar, pero el autor la creó como una obra completa en todas sus dimensiones. 
Es cierto que en determinados casos han tenido una continuación porque el autor consideraba que aún tenía algo más que decir, aunque generalmente se ha debido al éxito alcanzado por esa obra. Basta pensar en series de libros o de televisión que acumulan una temporada tras otra, hasta terminar de exprimir el éxito original.
Pero en muchas ocasiones estas obras no sólo se han dado a conocer tal como fueron pensadas, sino que se presentaron con una parte que servía para introducir a los lectores o espectadores en el desarrollo de la obra. Surgieron así los prólogos en algunas obras teatrales que pasaron después a los libros y, con otro origen y sentido, las oberturas de las óperas. 
Personalmente soy un gran adicto a los prólogos, ya que suelo encontrar más argumentos para leer la obra, aunque, como veremos, en ocasiones pueden llegar a ser prescindibles según el tipo al que pertenezcan. 
Te propongo unas reflexiones sobre los prólogos de libros y las oberturas de óperas con algunos ejemplos. Nos acompañan obras de Borges, Monteverdi, Shakespeare, Mozart, Javier Escudero y Wagner. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Aunque en libros es prescindible el hecho de contar con un prólogo, en obras como las óperas es habitual que comiencen con una obertura. Este elemento viene determinado por la relación entre los intérpretes y los espectadores como forma de inicio del espectáculo, una forma de abrir simultáneamente la obra y el telón que separa el espacio de los artistas del de los asistentes. Aunque la función y el estilo de las oberturas, su intención y su forma son muy diferentes a lo largo del tiempo, entre distintos autores y épocas, te propongo acercarte a algunos de los tipos más significativos.
Siguiendo los principios de la Camerata Fiorentina, un grupo reunido alrededor del conde Giovanni de Bardi con compositores como Vincenzo Galilei (padre de Galileo), Jacopo Corsi, Giulio Caccini, Ottavio Rinuccini, Jacopo Peri, Luca Marencio o Battista Strozzi, se estrenaron en la capital toscana varias obras con el nombre de Ópera, como Dafne (1598) y Eurídice (1600), obras de Jacopo Peri y libreto de Rinuccini.
Aunque de estas obras sólo quedan el recuerdo y algunos insignificantes fragmentos, sus principios estéticos y formales sirvieron para el nacimiento de un arte que ha deslumbrado desde entonces.
Vicenzo I de Gonzaga, duque de Mantua había asistido a esas representaciones y anhelaba hacer algo similar en su ciudad. La ocasión se le presentó con la celebración de la boda de su pariente María de Medici, para la que contrató a uno de los mayores compositores del momento, Claudio Monteverdi, a quien le indicó el tema a tratar (de nuevo la historia de Euridice y Orfeo), le pagó para que contratara a los mejores cantantes e intérpretes de forma que la obra deslumbrara a los asistentes. 
Así se fraguó La favola d'Orfeo (La fábula de Orfeo), una favola in musica, como se calificó su publicación años después, que contaba con un libreto de Alessandro Striggio el joven y se estrenó en el teatro de la corte de Mantua el 24 de febrero de 1607. Todos los asistentes a la representación fueron invitados por el duque mecenas, pues no se había pensado en ningún momento en vender entradas a ningún público.


Después de haber construido los días previos un escenario para que los personajes, unos simbólicos como la Música, otros míticos como Orfeo y su amada Euridice, la obra comenzó con una Toccata. ¿Qué función tenía esta pieza?
La tocata inicial de Orfeo es en realidad la Marcha militar de los Gonzaga, una pieza que tenía dos características: por un lado es una pieza de carácter militar propia de la dignidad del mecenas, mientras que por otra parte es una fanfarria, un tipo de composición que muestra la nobleza del anfitrión. Esta característica se muestra en el ritmo de puntillo que aparece en la partitura a imitación del golpe que daba el chambelán con su bastón en el suelo para anunciar los nombres de los invitados que entraban en el salón.
Además, y sobre todo, la tocata servía de obertura con otras dos finalidades: por un lado indicaba a los asistentes que se iniciaba la representación y, fundamentalmente, pedía respeto para los duques y el espectáculo que había organizado, aunque no para la obra en sí.
La obra comienza según las indicaciones siguientes del compositor: «Toccata che si suona avanti il levar da la tela tre volte con tutti li insttrumenti, si fa un Tuono piú alto volendo sonar le trombe con le sordine». Así, la melodía de la fanfarria debía sonar tres veces antes de levantarse el telón, momento en el que el compositor entraba con su indumentaria negra para dirigir a los instrumentistas que entonaban la melodía un tono más alto de lo escrito en Do, es decir en Re.
Nos acompaña una grabación realizada en el Teatro del Liceu de Barcelona en la temporada 2000/2001 con Le Concert des Nations y La Capella Reial dirigidos por Jordi Savall. Podemos observar un homenaje al compositor en la forma en que Savall entra a dirigir con la presencia y atuendo similares a Monteverdi en aquella ocasión y algunos de los músicos repartidos por los palcos


El origen del término prólogo lo podemos encontrar en la palabra del griego clásico πρόλογος (prólogos) formada por πρό (pró, delante) y λογος (lógos, palabra, discurso, texto), ofreciendo el significado de «antes de la palabra o del texto». De allí pasó al latín prologus y de éste a las lenguas romances en las que tiene una forma y pronunciación similar.
El primer significado de prólogo se refiere, pues, a ese texto preliminar de un libro, que puede ser escrito por el propio autor o por otra persona y que sirve de introducción a su lectura.
Todavía recuerdo las novelas que leía de pequeño, libros de tipo popular que no tenían nunca prólogos, hasta que adquirí uno de ellos que tenía no sólo el prólogo, sino también un estudio preliminar sobre la obra en cuestión que disfruté como ninguno antes. Aún tengo por casa ese ejemplar, gastado de tanto leerlo, de Los papeles póstumos del Club Pickwick de Dickens, que complementa el nombre de este blog. 
Dentro de este primer significado para un prólogo podemos encontrarnos una gran variedad de ellos y me gusta tener en cuenta algunos aspectos para disfrutarlos o dejarlos de lado si no tienen mucho interés. Por un lado, debe ser una referencia de la obra a la que precede, pero que no haga alusión continua a lo que ésta muestra, ya que la leeremos después. Tampoco debe ser excesivamente técnico o desvelar la trama o argumentación ulterior y suelen ser de dudosa cordialidad cuando están escritos por algún amigo del autor.
En ocasiones, hay prólogos más que interesantes que están escritos por otra persona mucho después de haberse publicado el libro en atención a los méritos propios del libro o del autor, más que por alguna celebración emotiva o sentimental.


A muchos nos gustan por el interés que nos abren hacia el libro en cuestión, hasta el punto que hay autores, ellos mismos lectores irredentos, que son expertos en prólogos. Jorge Luis Borges es uno de esos autores que tiene en su haber multitud de prólogos de muy diversa índole.
Dos ejemplos nos sirven para comenzar a admirar al escritor argentino como prologuista: La biblioteca de Babel es una colección de textos de diversos autores que surgió como colaboración con el editor Franco María Ricci a partir del relato homónimo borgiano. Prólogos de la Biblioteca de Babel recoge los memorables prólogos que Borges escribió para cada uno de los relatos seleccionados, mostrando en ellos tanto interés y creatividad como en cualquiera de sus relatos propios.
El otro ejemplo muestra aún más la creatividad del escritor argentino. Publicado en 1975, Prólogos, con un prólogo de prólogos es una recopilación de este tipo de introducciones de libros que escribió a lo largo de su vida. Allí encontramos desde los dedicados a Cervantes, Kafka o Lewis Carroll a los de Paul Valèry, Carlyle, Bioy Casares hasta alcanzar la cuarentena de piezas.
Como es lógico por las características del autor y por el título, este libro comienza con un prólogo que antecede a todos los demás y que muestra, una vez más, la capacidad creativa y de razonamiento del escritor argentino. 
Tras  unas reflexiones sobre la idea de una literatura sudamericana y sobre algunos de los autores prologados, el escritor argentino se aventura hacia una inexpresada teoría del prólogo con algunos ejemplos significativos de los mismos. Te dejo con este prólogo de prólogos, una joya borgiana. 


La palabra Obertura procede del francés Ouverture (apertura) y se define como la música instrumental que sirve de introducción a obras dramáticas o a obras cantadas dramatizadas. Como has podido observar en el caso del Orfeo de Monteverdi, al comienzo eran muy breves y se solían denominar Sinfonías
Esta forma de concebir la obertura de las óperas se desarrolló también durante la corte de Luis XIV de Francia en la que muchas obras comenzaban con una marcha de tipo regio en su honor. 
En el siglo XVIII comenzaron a popularizarse en Nápoles y Venecia las oberturas en tres movimientos o partes que solían comenzar con uno en Allegro, otro lento para finalizar de nuevo con una parte alegre, aunque sin relación aparente con la obra.
En las óperas de madurez de Mozart esta obertura se transformó en una introducción relacionada con la partitura con una música que captaba la atmósfera e incluso algunos de los temas que se desarrollarían en la obra. A comienzos del XIX el estilo italiano de Rossini, Bellini o Donizetti siguió en la línea de un tipo de sinfonía como obertura, mientras que otras lo hacían en el sentido de introducción dramática, como en  el caso de Beethoven, que llegó a componer hasta cuatro oberturas distintas para Fidelio.



Un ejemplo significativo es la Obertura de Don Giovanni de Mozart, una pieza que se inicia con un tono oscuro y pausado que anuncia la dramática escena final de la obra, cuando la estatua de El Comendador acude a la invitación a cenar que le hizo Don Giovanni.  
El primer tema lo presentan las cuerdas a las que contestan los vientos que entablan un diálogo que va creciendo y muestra una línea humorística donde intuimos las carcajadas del protagonista, un diálogo entre éste y Leporello, transformándose en un allegro compacto, aunque conservando la expresión dramática que impregna la pieza.
El enlace pertenece a una versión de la Orquesta del Royal Opera House de Londres dirigida por Constantin Trinks que se representó en julio de 2021.


Los prólogos tienen ese carácter de llave que te ayudan a abrir una casa, facilitándote la entrada, pero a la que podrías entrar simplemente abriendo la puerta y prescindiendo de ella. Te facilita el acceso al mundo interior del libro, allanando el camino, especialmente si conoces poco sobre el contexto de la obra o del autor.
También posee la capacidad de sorprender, pues cuando piensas que no tiene nada significativo que contarte, hay ocasiones en que se produce una revelación que engrandece la obra a tus ojos y aumentas la capacidad para disfrutarla. Descubres que has encontrado un lugar desde donde vislumbrar el resto de la obra, donde aprecias la totalidad del libro antes de leerlo.
Otra cualidad del prólogo que lo hace interesante es que, en realidad no pertenece a la obra, aunque depende de ella, ya que no suele existir un prólogo sin su obra. Si en el caso de Borges, sus prólogos de prólogos se referían a libros concretos y reputados, hay algún caso particular como el de Nicolaus Notabene, uno de los seudónimo elegidos por Søren Kierkegaard. Escrito con un buen sentido del humor, Prefacios muestra a un hombre que ha renunciado a su vida como escritor por las responsabilidades que le acarrea su matrimonio, teniendo que conformarse con escribir los prólogos de los libros que hubiera escrito si hubiera tenido la posibilidad de escribirlos. El bromista Notabene propone la idea de que «escribir un prólogo es como tocar el timbre de una casa y echar a correr» para que cuando el lector acuda no haya nadie.


El origen etimológico del término griego clásico πρόλογος nos remite a su significado más antiguo. En el teatro griego y latino era un discurso que precedía al texto dramático y su desarrollo. Era el momento en el que el coro situaba a los espectadores en el tema o el argumento que se iba a desarrollar en la obra.
Este tipo de prólogo no ha dejado de utilizarse cuando los autores lo han considerado necesario como forma de hacer entrar a los espectadores directamente en la obra.
Uno de los ejemplos de este uso lo podemos encontrar en el Romeo y Julieta de Shakespeare. Se trata de un prólogo, no para ser leído por quienes se acerquen a la obra del escritor, sino para ser declamado en el inicio de la obra y situar a los espectadores en la historia de los amantes de Verona.
Comienza, pues, Romeo y Julieta con un coro que entra en escena y recita como prólogo un soneto isabelino.


Las oberturas de la primera mitad del XIX fueron derivando con compositores como Verdi o Wagner. Así, surge el Preludio, una pieza que representa a la vez que simboliza la idea fundamental de toda la ópera y no tiene, como la obertura, un carácter cerrado y conclusivo, ya que no busca el aplauso del público, sino que da pie al inicio de una obra que fluye desde desde la primera nota musical. Muchos críticos consideran que el primer preludio con ese carácter fue compuesto por Wagner para su ópera Lohengrin.
Los preludios e interludios (al comienzo de un acto) de Verdi en La Traviata o de Bizet en Carmen, por ejemplo, pertenecen a este tipo.
Con Wagner adquiere también un nuevo sentido el término prólogo. Según el Diccionario de la R.A.E., se refiere de la «primera parte de una obra en la que se refieren hechos anteriores a los recogidos en ellas o reflexiones relacionadas con su tema central». Wagner lleva al extremo este significado al componer su tetralogía El anillo del Nibelungo en tres jornadas (La Valquiria, Sigfrid y El ocaso de los dioses) precedidas de un prólogo, El oro del Rhin. Aquí el compositor alemán creó un prólogo que servía de introducción a la historia de más de dos horas de duración y que ha servido como fuente de inspiración para la creación de multitud de obras, muchas de ellas películas, en las que se profundizaba en los orígenes de la historia original. Las famosas precuelas.

Wagner compuso Lohengrin en su etapa como segundo Kapellmeister en Dresde mientras trabajaba para el rey de Sajonia. Adjudicó una tonalidad a cada uno de los personajes principales de este relato medieval donde confluyen la caballerosidad frente a la traición, la pureza espiritual y la lucha contra el mal frente a la conspiración. El protagonista, uno de los míticos caballeros aparece en el preludio con una visión del Grial descendiendo a la tierra sonando las cuerdas de modo brillante, estáticas al comienzo que van creciendo hasta alcanzar el clímax orquestal.
Como el compositor hubo de huir de la capital de Sajonia  al haberse puesto de parte de los revolucionarios republicanos en 1848, la obra fue estrenada en Weimar en 1850 por Franz Liszt a quien estaba dedicada.
El preludio de Lohengrin que nos acompaña está interpretado por la hr-Sinfonieorchester de la Frankfurt Radio Symphony dirigida por Andrés Orozco-Estrada que se grabó en el Rheingau Musik Festival de 2017 en Lloster Eberbach.


Además de los prólogos que hemos visto, también están los que realizan un estudio de la obra sobre la que escriben. Son más extensos y rigurosos y tienen la virtud de ahondar más en la obra y el riesgo de ser excesivamente técnicos y llegar a aburrir al lector.
Como norma general, me gustan los prólogos cuando son interesantes y aportan al libro al que acompañan y suele ser un elemento fundamental para elegir la versión del libro que deseo leer.
Los prólogos tienen también una ventaja adicional: Si te cansan o aburren puedes dejar de leerlo inmediatamente, ya que no te afectarán a la lectura del libro que tienes entre las manos.

El último ejemplo de prólogo es el que ha servido de inspiración para esta entrada del blog. 
En Las otras vidas de Don Quijote, Javier Escudero realiza una investigación sobre los personajes que pueblan la novela más famosa de Cervantes y en su prólogo reflexiona, analiza, desvela y nos muestra el camino que recorrió para escribir su libro. Dividido en varios apartados distintos entre sí, Escudero nos invita e incita a leer su trabajo mostrándonos todo lo que podemos encontrar en su interior. Es uno de esos prólogos escritos por el autor que nos abren el camino del libro.




Y tú, ¿hay algún prólogo que te haya margado o llamado la atención? De todas las oberturas de ópera, ¿con cuál te quedas?

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Date un Capricho de vez en cuando

La relación entre el lenguaje y cada uno de nosotros debe contribuir a que podamos expresar de forma lo más clara y precisa posible nuestros sentimientos, emociones, pensamientos e ideas. Nuestro idioma es rico y amplio en sus formas, expresiones y vocabulario, facilitándonos la comunicación en cualquiera de sus facetas, desde la verbal o la no verbal hasta la escrita, pasando por la visual y la auditiva. 
La riqueza semántica, la diversidad de expresiones, la variedad del vocabulario y las distintas acepciones de nuestro idioma nos ofrecen la oportunidad de utilizar un lenguaje preciso y rico que nos ayude a expresarnos con mayor riqueza y propiedad.
Hay palabras que partiendo de un significado concreto han ido extendiendo sus significados a oros campos diferentes de que originalmente poseían.
Una de esas palabras es Capricho de la que el Diccionario de la R.A.E. nos ofrece la siguiente información:

Capricho: Del italiano capriccio, antiguamente 'horripilación, escalofrío' y este del italiano antiguo caporiccio de capo 'cabeza' y riccio 'rizado'.

1. m. Determinación que se toma arbitrariamente, inspirada por un antojo, por humor o por deleite en lo extravagante y original.
Sinónimos: arbitrariedad, voluntad, atropello, tropelía, injusticia, abuso, desvarío. antojo, deseo, querencia, afición, gusto, manía, berretín.

2. m. Persona, animal o cosa que es objeto de un capricho.

3. m. Obre de arte en que el ingenio o la fantasía rompen la observación de las reglas.

4. m. Mús. Pieza compuesta de forma libre y fantasiosa.

Como si fuera un capricho, esta publicación te acerca a tres de los significados que el Diccionario R.A.E. muestra del  término, aunque si lo deseas, a los cuatro. Nos acompañan obras de Goya, Alfonsina Storni, Shakespeare, Rimsky-Korsakov y Tchaikovsky. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

43. El sueño de la razón produce monstruos. La fantasía, abandonada de la razón, produce monstruos imposibles, unida a ella es madre de las artes y origen de las maravillas.
El primero de los significados, esa determinación que tomamos libremente a partir de un antojo o, simplemente, porque nos apetece está dentro de nuestra naturaleza. ¿Quién de nosotros no se ha dado en alguna ocasión el gusto de romper la obligación o la rutina y darse un capricho? Hacer algo que no entraba en nuestros planes como tomarse una mañana o un día libre sin contar con él, buscar un rato para leer, escuchar música, ver una película, comer algún alimento especial o charlar con nuestros amigos y seres queridos son, en ocasiones, caprichos que nos hacen retomar con mayor fuerza nuestro ritmo de vida diario.
El tercer significado de capricho alude a una obra de arte en la que la fantasía o el ingenio se atreven a romper las normas establecidas, aligerando esa obra de los esquemas previsibles. No se trata de seguirlos o revolverse contra ellos, pues en la evolución del arte está presente el hecho de que las normas de un estilo se van renovando cuando los creadores encuentran y quieren transitar por un camino nuevo. Se trata simplemente de llevar la creatividad con más libertad y no dejarse encorsetar por unas reglas aceptadas por el autor.

6. Nadie se conoce. El mundo es una máscara, el rostro, el traje y la voz, todo es fingido: todos quieren aparentar lo que no son, todos se engañan y nadie se conoce.
Cuando se nos vienen a la mente obras de arte relacionadas con esta palabra, la primera, o una de las primeras obras que se nos vienen a la mente son Los Caprichos de uno de los grandes pintores de nuestro país. 
Francisco de Goya y Lucientes comenzó su carrera como pintor religioso, viajando a Italia para estudiar la pintura del Renacimiento y Barroco, volviendo a nuestro país donde ejerció su carrera como pintor de la corte, además de diseñar modelos para la Real Fábrica de Tapices y ser pintor del rey. Compartió las ideas de los ilustrados españoles, hasta el punto que abandonó el país durante la época absolutista que siguió a la Guerra de Independencia y acabó su vida en Burdeos.
No voy a tratar sobre las virtudes del pintor ni sobre el valor de sus obras en la historia del arte, sino en el tema que nos atañe en esta publicación.
Los Caprichos fue su primera serie de grabados que salió a la luz en 1799 a partir de dos álbumes de dibujos (el Álbum de Sanlúcar y el Álbum de Madrid) donde realizó unos apuntes y dibujos a tinta china y aguada.
En Los Caprichos, Goya desarrolló un estilo crítico muy personal, alejado de los dictados de la Academia y la moda predominante. En ellos combina el aguafuerte y el aguatinta que luego pasó a la plancha de metal con aguafuerte y buril.
Así realizó una primera edición de 300 copias que puso a la venta anunciándola en La Gaceta de Madrid. La crítica que albergaba la colección llamó la atención de la Inquisición, por lo que las obras se retiraron de la venta. Cuatro años más tarde, Goya cedió la mayoría de ejemplares -240- y las láminas de cobre originales a la Real Calcografía, donde se conservan en la actualidad. Algunas de esas series que se conservan tienen comentarios sobre las imágenes, algunos de ellos atribuidos al propio pintor.
En Los Caprichos de Francisco de Goya y Lucientes, con prólogo de Erika Mergruen, se recoge esta serie de grabados en los que se adjuntan los comentarios según sus procedencias: La Colección Ayala, el Museo del Prado y la Biblioteca Nacional, adaptándose éstos, que suelen coincidir en diversos grabados, al lenguaje actual.
Las ilustraciones que acompañan esta publicación están basadas en Los Caprichos de Goya incorporando en el pie de foto el número de lámina, el título y los comentarios que la acompañan.
El primer texto caprichoso que te acompaña está en la introducción del libro y se corresponde con el anuncio que el propio Goya insertó en La Gaceta de Madrid para promocionar su obra. El final del mismo muestra el precio con iniciales que se corresponde con 320 reales de vellón. Un documento histórico.


El cuarto de los significados hace referencia a una pieza musical compuesta con la libertad que permite a su autor no seguir la rigidez de esquemas ni reglas compositivos y dejarse llevar por su imaginación y fantasía.
Durante su etapa como cadete en la marina rusa entre 1864 y 1865, Nikólai Rimsky-Korsakov realizó una travesía por el Mediterráneo en el buque-escuela de la armada, recalando entre otras ciudades en Cádiz. Igual que a otros autores como Bizet con su Carmen o Lalo con su Sinfonía española, al compositor ruso se le quedaron grabados algunos temas, estilos y motivos musicales. 
Fue dos décadas más tarde, durante el verano de 1887 cuando se decidió a llevar sus recuerdos musicales al pentagrama. Según él mismo escribió: «Los temas españoles y la música de danza me ofrecían un excelente material para crear una obra con un brillante color orquestal».
El título de la obra indica la propia naturaleza de la misma, Capricho sobre temas españoles, mostrando que no era exactamente música española, sino la exótica evocación de algunos temas bajo el punto de vista del compositor ruso. Aunque en un principio estaba concebida como un concierto para violín al estilo de la sinfonía de Lalo, acabó incorporando otros instrumentos solistas que hacen que la obra exija intérpretes virtuosos.

8. ¡Que se la llevaron! La mujer que no se sabe guardar es del primero que la pilla, y cuando ya no tiene remedio se admira de que se la llevaron.
Durante el primer ensayo con el compositor en San Petersburgo, los componentes de la orquesta aplaudieron acaloradamente cada una de las partes de la obra, hasta el punto que el propio Rimsky-Korsakov dedicó la partitura a los miembros de la orquesta, citando los nombres de cada uno de ellos. 
El Capricho español, Op. 34 está  dividido en cinco partes, inspiradas la mayoría en temas asturianos:
I- Alborada: Una suerte de serenata matinal.
II- Variaciones: Tras la entrada del violín y los cornos, se realizan cinco variaciones del primer tema.
III- Alborada: Vuelve el primer tema con otra tonalidad y un acompañamiento orquestal distinto.
IV- Escena y canto gitano: Una parte ideada como lenguaje gitano, con un colorido y ritmo bien marcados. Comienza con unos acordes de fanfarria a los que sigue una cadencia del violín solista y cinco variaciones para instrumentos solistas: trompas y trompetas, violín, flauta, clarinete y arpa.
V- Fandango asturiano: Tras dejar sin concluir la escena gitana, la última parte predomina el uso del contrapunto en esta interpretación de la música asturiana, para finalizar volviendo al tema que abría la pieza en forma de coda brillante.

La interpretación de este Capricho español pertenece a la hr-Sinfonieorchester de la Frankfurt Radio Symphony dirigida por el granadino Pablo Heras-Casado en una grabación que se realizó en el festival Europa Open Air des hr-Sinfonieorchesters und der Europäischen Zentralbank en agosto de 2017 en Frankfurt am Main.


La producción de Alfonsina Storni abarca su mundo emocional acercándose a lo cotidiano de la existencia. Así, habla del deseo femenino y el derecho de las mujeres a la independencia del hombre, mientras luchaba con su enorme sensibilidad para alcanzar el voto femenino y por cambiar una sociedad tan machista como la de su tiempo.
En 1918 publicó El dulce daño, al que siguieron en los años siguientes Irremediablemente y Languidez por el que obtuvo el Segundo Premio Nacional de Literatura de Argentina. Tras estas obras cercanas al estilo romántico que trata sus temas desde una perspectiva sensual y erótica con cierto resentimiento hacia la figura masculina, evoluciona a partir de obras como Ocre (1925), dio un giro a su obra dando de lado ese erotismo y haciéndose más reflexiva, abstracta, irónica e introspectiva.
Alternó la poesía con su afición al teatro y la enseñanza con los más desfavorecidos, como en la Escuela de niños débiles de Chacabuco, mientras alternaba su vida emocional con su faceta de madre soltera y cuadros depresivos en los que mostraba su obsesión por la muerte a la que acudió presta cuando se vio destrozada y superada por el cáncer.

5. Tal para cual. La Reina y Godoy cuando era guardia, y los burlaban las lavanderas. Representa una cita que han proporcionado dos alcahuetas, y de que están riendo, haciendo que rezan el rosario.
En Antología poética, recopilada por ella misma y publicada en 1938, su último año de vida, se recoge su obra poética, desde su primer libro La inquietud del rosal (1916) hasta Mascarilla y trébol de ese mismo año, a las que se añadieron algunos poemas posteriormente. 
Procedente de El dulce daño, nos acompaña uno de los poemas con este título unos versos cargados de erotismo en el que muestra a la vez su fragilidad y fortaleza, su rico mundo interior en este capricho.


De los muchos caprichos musicales, te acompaña ahora otro de un compositor ruso, el Capricho italiano de Piotr Illich Tchaikovsky.
Deprimido por el reciente fallecimiento de su padre, el 25º aniversario del de su madre y la culpabilidad por su homosexualidad, Tchaikovsky se encontraba en Roma a comienzos de 1879. Con gran esfuerzo consiguió refrenar su neurosis para dejarse llevar por las músicas del carnaval romano. Tomó notas de la música que le llamó la atención en la calle mientras estudiaba partituras de canciones y bailes del folclore local. Así, pese a ser escrita en uno de los periodos más oscuros del compositor, su Capriccio Italien, Op. 45 refleja unos colores alegres y entusiastas a partir de los diversos temas que incorporó a la obra. 
El Capricho italiano fue compuesto entre enero y mayo de 1880 y se estrenó en Moscú el 18 de diciembre de ese mismo año. En una de sus numerosas cartas a su mecenas Nadezhda von Meck llegó a escribirle: «Gracias a estos encantadores temas, algunos tomados de colecciones folclóricas y otros escuchados en las calles, esta obra va a ser muy efectiva». Y no se equivocaba.

56. Subir y bajar. El Príncipe de la Paz levantado por la lujuria, y con la cabeza llena de humo, vibra rayos contra los buenos ministros. Caen éstos y rueda la bola, que es la historia de los favoritos.
Los estudiosos han encontrado el origen de algunos de los temas utilizados en este Capricho, como la fanfarria con la que comienza, que identifican con el toque de corneta que el compositor escuchaba en su habitación del Hotel Constanzi procedente de unas barracas militares cercanas de los Corazzieri Reali.
Aunque con esa libertad propia de este tipo de obras, el Capricho italiano se puede dividir en tres partes.
I- Andante un poco rubato, que comienza con las trompetas tocando la fanfarria solemne del cuartel, al que le sigue el tema principal y un breve episodio en forma de canon entre los oboes, las flautas y las maderas, para volver a retomar la fanfarria inicial a cargo de la orquesta.
II- Pocchissimo, più mosso: Con las mencionadas melodías italianas de carácter vivo, lírico y con gracia que van moviéndose por la orquesta, tras las que se vuelve a retomar el tema inicial.
III- Allegro moderato: Comienza con una tarantela, un saltarello alegre y ágil, a la que le sigue uno de los temas más conocidos de la pieza y que concluye con un final brillante y efectista en fortissimo.

La interpretación que nos acompaña fue realizada por la Orquesta Sinfónica de Galicia con la dirección del inolvidable Jesús López Cobos en una grabación que se realizó el 16 de noviembre de 2012 en el Palacio de la Ópera de A Coruña.


No me resisto a terminar sin compartir contigo uno de los caprichos más particulares. Recogido en los Sonetos de amor de William Shakespeare, su Soneto XCIV es todo un alarde relacionado con el capricho. El constante juego de palabras y de términos antagónicos, la mudanza en el sentido que le da son un alarde de seriedad, amor e ironía. Hasta el texto es caprichoso.

57. La filiación. Aquí se trata de engatusar al novio haciéndole ver por la ejecutoria quienes fueron los padres, abuelos, bisabuelos y tatarabuelos de la señorita, ¿y ella quién es? Luego lo verá.
Con este poema termina este recorrido por tres de las cuatro acepciones del término Capricho. Sólo queda una por tratar y depende de ti.

2. m. Persona, animal o cosa que es objeto de un capricho.

En tus manos está que esta publicación o este blog se conviertan en objeto de tu capricho.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Los Caprichos de Francisco de Goya y Lucientes, prólogo de Erika Mergruen, edición de Raúl Berea Núñez y producción de Bernardo Robles Otero,  se recogen, Editorial La Guillotina (2007). ASIN: B0DM2FSX7Q.
  • Storni, Alfonsina. Antología poética, Espasa libros (ebook). ISBN: 9788467059328.
  • Shakespeare, William. Sonetos de amor, Editorial Renacimiento, Poesía Universal, Serie menor. Sevilla (2009).ISBN: 9788484724452.

El sueño de una noche de verano. De Shakespeare a Britten

Vivimos condicionados por cuanto nos rodea. Desde las circunstancias sociales, familiares y nuestras relaciones personales hasta lo que la naturaleza nos determina. 
Si las primeras varían en cada uno de nosotros y nuestras propias situaciones, la naturaleza, el planeta o el propio sistema solar nos condicionan con algunas de sus manifestaciones. Los cambios estacionales que podemos apreciar en la naturaleza, los fenómenos meteorológicos, como la lluvia, nieve o el calor estival, los ciclos anuales, nos afectan en mayor o menor grado, tanto en lo que nos ofrece como en lo que cada uno de nosotros queramos percibir.
Dentro de los ciclos estacionales, el momento del solsticio de verano marca un momento crítico, la máxima duración del día que se completa con la noche más corta del año, un momento que, desde la antigüedad más remota se ha apreciado, considerado y celebrado. Desde los más antiguos monumentos megalíticos con su orientación solar, las celebraciones célticas o las de las culturas mediterráneas con las hogueras de San Juan, el momento del solsticio supone un momento que tiene algo de magia, de acercamiento a la naturaleza y de celebración de la noche. El permanecer en la noche al aire libre con un mayor margen de tiempo, entablar conversaciones serenas, observar el titilar de las estrellas en el firmamento, oír el rumor de las olas, apreciar el aroma de algunas plantas son sensaciones que nos acercan a la magia de la noche.
Una de las obras más universales que celebran este momento, uniendo la llegada del verano con la ilusión y la magia de la noche es El sueño de una noche de verano de William Shakespeare, una obra que ha tenido una gran difusión e influencia desde hace más de medio milenio y que aún sigue llevándose a los escenarios e inspirando a los creadores.
Entre los compositores podemos destacar la versión de Félix Mendelssohn Ein Sommernachstraum que trajimos a este blog con el mismo título de El sueño de una noche de verano y la de Benjamin Britten también del mismo título.
Te propongo acercarnos en estas noches cercanas al solsticio a la obra El sueño de una noche de verano de Shakespeare y la ópera del mismo título que compuso Britten. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Las obras de William Shakespeare continúan ofreciéndonos cinco siglos después de ser escritas las grandes dosis de tragedia y comedia, ternura y crudeza, amor y odio, piedad y horror o realismo y magia que encandilaron a quienes las presenciaron en el escenario.
Dueño de un lenguaje rico y prolífico, sus recursos lingüísticos son tan variados y complejos que contribuyen a presentar como ningún otro escritor lo mejor y lo peor de las pasiones humanas, de elevar a las alturas y sumir en el abismo a los personajes que transitan por los escenarios o, lo que es lo mismo en el escritor inglés, la vida. La ambición, la crueldad o el amor más apasionado se cruzan en sus obras con la duda o la fantasía.
Contrastando con sus grandes dramas y tragedias, A midsummer night's dream (El sueño de una noche de verano) es una obra que nos hace partícipes del halo de magia e irrealidad que la nocturnidad del estío traen consigo.
Escrita, y posiblemente estrenada en 1595, este sueño nos envuelve en cinco tramas entrelazadas con la celebración de la boda entre el duque Teseo de Atenas e Hipólita, reina amazona, que transcurren de forma simultánea en el bosque y en el reino de hadas de Fairyland bajo la iridiscente luz de la luna. Mientras, una compañía de actores aficionados ensaya una obra que llevarán a cabo antes de la boda y ambos grupos acabarán encontrándose en un bosque habitado por hadas que manipulan a los humanos y se involucran y entrometen en sus intrigas.
El inicio de la obra presenta a Hermia, enamorada de Lisandro, que se resiste a la petición de su padre Egeo de que se case con Demetrius, con quien su progenitor ha acordado el enlace, mientras Helena, su mejor amiga, suspira por el amor de este. Egeo invoca una antigua ley ateniense, según la cual, una hija debe casarse con quien su padre elija o enfrentarse a la muerte, mientras Teseo le ofrece la opción de la castidad como vestal de la diosa Diana.
Así, de esta forma, comienza El sueño de una noche de verano de Shakespeare.


A partir del original shakespeariano, Benjamin Britten se embarcó a finales de los años cincuenta del siglo pasado en la elaboración de un libreto en colaboración con su compañero, el tenor Peter Pears, en el que consideraron la fidelidad al texto original, aunque adaptando el argumento a la duración estándar de una ópera, por lo que se vieron en la tesitura de reducir partes de las tramas originales.
La obra fue estrenada en el festival de Aldeburgh en junio de 1960 con la dirección del propio Britten y Pears en el rol secundario de Flute.
En la ópera, el comienzo difiere del de la obra teatral. Comienza con un grupo de hadas que se mueven en la noche por un bosque cercano a Atenas. Allí comienzan a mostrarnos su intenciones:

Por los montes y los valles,
cruzando cercas y verjas,
por las olas, entre el fuego,
a por todas partes, ligera,
más veloz que la luna,
voy a servir a mi reina,
poniendo sus esferillas 
de cristal entre las hierbas.

A las que se responden unas y otras. A la entrada de Puck, uno de los personajes más singulares de los creados por Shakespeare, le interpelan, mientras nos lo describen al público:
O confundo mucho
tu forma y tu figura, 
o eres ese espíritu
astuto y maligno
llamado Robin Goodfellow.
¿No eres tú el que asusta
a las muchachas de la aldea,
descrema la leche,
y a veces,
trabaja en la muela,
haciendo inútil 
que el ama de casa,
sin aliento,
bata la mantequillera
y, a menudo, no deja 
fermentar la cerveza,
extravía a los caminantes
y se ríe de su daño?
¿No eres ese?

Tras ellos entran en escena Oberón y Titania, reyes de las hadas, que entablan un diálogo de desamor con el que concluye la escena.


El enlace pertenece a una representación de la Deutsche Oper Berlin llevada a escena en enero de 2020 con el Coro de niños y jóvenes de la citada organización con dirección musical de Sir Donald Runnicles y dirigida por Christian Lindhorst


En El sueño de una noche de verano, Shakespeare nos abre a esas ensoñaciones de las noches de verano que él traduce en un prodigio de fantasía, ternura e idealismo. Las tramas se cruzan entre las parejas de enamorados que padecen y gozan a causa de las astucias y argucias de los enamorados, mientras se preparan y celebran las nupcias entre Teseo e Hipólita, antiguos enemigos en lides amorosas. Como hemos observado, personajes míticos como Oberón y Titania o el duende Puck se cruzan con las parejas formadas por Hermia y Lisandro y Demetrio y Helena, de tal manera que la obra sigue unas de las máximas de las comedias de Shakespeare«Todo lo que acaba bien, es bueno.»

Procedente de diversas leyendas inglesas, Puck, denominado en ocasiones Robin Goodfellow, es el arquetipo de duendecillo burlón shakespeariano, un personaje bromista, guasón y mentiroso, que ejerce de bufón en la corte de Oberón y tiene la capacidad de crear los más grandes enredos.
Oberón le encarga encontrar una flor cuyos jugo y aroma provoca a quien llegue a olerla o probarla en sueños que, al despertarse se enamore del primer ser que vea. El desconcierto que organiza Puck al no hechizar a quien debía hacerlo se traslada a las tramas que se desarrollan en la corte de las hadas como a las del cercano pueblo donde habitan los humanos.
Shakespeare nos muestra cómo Oberón encarga al travieso duendecillo que ponga en marcha su plan.


Para su ópera, Britten compuso la música a partir de las características de los personajes. A los amantes les rodeó de un mundo sonoro romántico, a las hadas las representa con música etérea, mientras que a los personajes rústicos les escribió una música más sencilla con carácter folclórico. Inusualmente al que se podría considerar el protagonista principal, Oberón, lo creó para voz de contratenor, pensando en el cantante Alfred Deller, cuya voz, eminentemente lírica no alcanzaba notas especialmente altas. 
Titania, en cambio, está pensada para una voz de soprano de coloratura, mientras Puck no canta, es un personaje hablado al que acompañan siempre la trompeta y la caja rítmica.
Inspirada, con la fidelidad que hemos comentado, en la obra de Shakespeare, Britten también hace en su ópera un homenaje a Purcell en el aria de Oberón I know a bank (Sé de una loma) al inspirarse en su obra Sweeter than roses (Más dulce que las rosas).
¿Cómo lleva a la ópera Britten esta escena? En esta ocasión es de una enorme fidelidad con respecto a la obra original.
 

La grabación nos ofrece el aria I know a bank interpretada por el contratenor Christopher Lowrey en una representación llevada a cabo en el Grande Theatre de Géneve con la Orquesta de la Suisse Romande dirigida por Stephen Sloane.


Escrita antes de cumplir los treinta años, parece que Shakespeare conocía distintas fuentes que le inspiraron para esta comedia singular. Por una lado, El descubrimiento de la hechicería de Reginald Scott pudo servir para inspirar el personaje de Puck en Robin Goodfellow (apelativo cuyo significado será algo parecido a Buen compañero), mientras la conocida escena de la transformación en asno se pueden remontar a El asno de oro de Apuleyo o de obras de Plutarco o Chaucer.
¿Qué pudo llevar a un joven Shakespeare a escribir esta comedia? Por un lado hay una parodia sobre los nobles de la corte de Oberón, que se puede considerar una crítica a la nobleza que rodeaba a Isabel I, cuyos matrimonios, organizados como formas de poder entre familias dejaban fuera de lugar el que debe ser su motor y motivo: el amor. Así, el dramaturgo inglés crea una trama en la que tanto los personajes fantásticos, como los mitológicos se alían con la vida, las pasiones y el amor, luchando y venciendo contra lo que en la primera escena de la obra plantea el personaje de Egeo: que en el matrimonio se deba seguir únicamente el deseo e interés familiar de los padres.


Una vez resueltas todas las tramas, la obra de Shakespeare finaliza con un alegato de Puck a los espectadores, al que siguen un canto de Oberón y cae el telón después de otro del propio Puck.


También la ópera de Britten ofrece una gran fidelidad al desenlace del texto shakespeariano, finalizando con intervenciones con textos similares.
Finalizamos este paseo por El sueño de una noche de verano en las versiones de Shakespeare y Britten con el deseo de que el misterio, la magia y la emoción de estos autores nos hayan acompañado en una noche, esta noche, tan especial por ser la noche que vivimos hoy, ahora.


El enlace está interpretado por Tail Ketzef como Titania, Yaniv Elijah Deor en el rol de Oberón y Yossi Zabari como Puck, acompañados por The Moran Choir y The Israel Symphony Orchestra Rishon LeZion perteneciente a The Israeli Opera, todos dirigidos por Daniel Cohen, en una representación de enero de 2018.

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Bibliografía y webgrafía consultadas: