11 ago. 2017

La fiesta en la calle

El verano nos invita a salir a la calle, festejar, encontrarnos con los vecinos, amigos y quienes se fueron y regresan por unos días.
En la mayoría de pueblos y ciudades se celebran fiestas populares, de patronos y patronas, fiestas de barrios, verbenas o ferias en las que salir a la calle, aprovechar las horas nocturnas, conversar, pasear y oír música se convierten en algo cada vez más inusualmente habitual.
Aunque las fiestas continúen y el motivo sea el mismo que tenían originalmente, el paso del tiempo ha ido cambiando la celebración de las misma. Independientemente de que haya agrupaciones y asociaciones que velen por salvaguardar las tradiciones, la estructura de la sociedad, las relaciones entre unos y otros miembros de las mismas, el rol cambiante que todos desempeñamos o las costumbres más recientes que nos acercan más a la vida más individualizada, hacen que las formas de estas fiestas sean diferentes a cómo lo eran hace unas décadas, especialmente los más jóvenes, a quienes se dirige la mirada en esta ocasión.
En esta entrada dedicada a las fiestas populares y cómo han cambiado con el paso del tiempo te traigo una poesía con un aire desenfadado y popular de Luis de Góngora y uno de los coros de zarzuela más conocidos del repertorio, la Ronda de enamorados de La del Soto del Parral, enfocados ambos a los más jóvenes, los mozos y mozas.


Luis de Góngora y Argote nació en Córdoba a mitad del siglo XVI, el mayor de cuatro hermanos, hijos de Francisco de Argote y Leonor de Góngora. Su padre, un ávido lector, quedó relegado en la herencia por ser hijo de un segundo matrimonio, mientras su madre pertenecía a una próspera familia vinculada a un secretario de Felipe II, por lo que optaron por el apellido materno en primer lugar, algo no infrecuente en la época y de vigente actualidad.
Coetáneo de autores como Lope de Vega, Quevedo o Cervantes, es acaso el más grande poeta de nuestro Siglo de Oro con una poesía culta, concentrada, muy meditada. Las rivalidades entre ellos quedaron recogidas en los escritos, rimas y poemas satíricos que componían denigrando a sus rivales.
Un tío suyo, racionero de la catedral de Córdoba le cedió unos beneficios eclesiásticos que le hicieron tomar las órdenes menores, pudo estudiar en Salamanca y viajar por distintas ciudades de nuestra geografía. 
Aficionado a la poesía, las cartas y los toros, el obispo de Córdoba le censuró "su escasa asistencia al coro, su presencia en las corridas de toros, la participación en corrillos donde se trata de vidas ajenas, el trato con actores y la escritura de coplas profanas", a lo que el poeta respondió: "Ni mi vida es tan escandalosa, ni yo tan viejo que se me pueda acusar de vivir como mozo". Pasó etapas de gran pobreza debido a que tenía algunas costumbres caras y nunca dudó en ayudar a los familiares más necesitados. En sus últimos años se ordenó sacerdote y fue nombrado Capellán honorario de Felipe III.



En Soledades, una de sus obras más personales, realiza una fusión de los temas cortesanos con otros opuestos como el retiro, la soledad, la pesca o la caza y la vida del campo. 
Aficionado a los temas heroicos y complejos, los mezcla con los aires burlescos y populares. En una de sus obras más queridas, La Fábula de Príamo y Tisbe alumbra un nuevo estilo mezcla de lo sobrio, lo formal y lo humorístico, surgiendo lo jocoserio.
Quizás su obra más conocida sea La Fábula de Polifemo y Galatea, el poema mitológico más conocido y estudiado de nuestro idioma y que apareció en este blog en Memorias de un cíclope. Una poesía llena de los claroscuros que dominaban la pintura de la época, la belleza de la ninfa con la fiereza del gigante, el amor del cíclope con el desprecio de Galatea que prefiere al joven Acis.
Pero es el lado más popular, fresco y pegadizo de Góngora el que traigo a esta entrada. En ¡Que se nos va la Pascua, mozas! ¡Que se nos va la Pascua! el poeta cordobés trata dos temas que, aunque son propios de su época, son permanentes a casi cualquier época y siguen de vigente actualidad: el del paso del tiempo y el de vivir el momento, el tempus fugit y el carpe diem






De la misma forma que la ópera en italiano, tanto la seria como la cómica o buffa, derivan en Francia hacia la Opéra-comique y en Alemania y Austria hacia el Singspiel, en España surge la Zarzuela. Estas composiciones son el resultado de adaptar el idioma predominante de la ópera al autóctono de cada país, sus lenguajes a los gustos del público, las alusiones, las costumbres, los giros y dobles sentidos a la sensibilidad de los espectadores. En cada uno de estos países siguieron unas sendas diferentes que ahondaron en la idiosincrasia de quienes asistían a los espectáculos.
En nuestro país fue Calderón de la Barca quien primero utilizó el nombre de Zarzuela para su obra de 1657 El golfo de las sirenas. Casi treinta años antes, Lope de Vega publicó La selva sin amor, comedia con orquesta. En el prólogo de la edición escribió: "Los instrumentos ocupaban la primera parte del teatro, sin ser vistos, a cuya armonía cantaban las figuras los versos en aquella frondosa selva artificial, haciendo de la misma composición de la música las admiraciones, quejas, iras y demás afectos".
La época de esplendor de la zarzuela vendría en el siglo XIX, a partir de 1839, con una serie de libretistas y compositores que hicieron que algunos temas de las obras se hicieran populares, el público aprendía y daba a conocer. El esquema se basaba en números cantados, hablados -que sustituían a los recitativos operísticos- coros y dúos o piezas para solistas. El contenido se comenzó a basar cada vez más en el género costumbrista y regionalista o local, con lenguaje popular y castizo. Este aspecto, que fue el que le dio su grandeza y reconocimiento, es ahora el que hace que estas obras hayan quedado más desfasadas, aparte del valor musical que tienen.
Una confusión viene de su clasificación. Ya en el siglo XIX, la zarzuela se dividió en género chico para las obras de un sólo acto y género grande para aquellas de dos o más actos.
Autores como Francisco Asenjo Barbieri, Emilio Arrieta, Federico Chueca, Fernández Caballero, Tomás Bretón, Ruperto Chapí o  Moreno Torroba engrandecieron la zarzuela con sus aportaciones hasta mediado el siglo XX.
Hubo grupos de libretistas y compositores que colaboraron de forma sistemática en la composición de diversas obras. De muchas de estas composiciones nos ha quedado algunos números musicales con el suficiente valor como para aparecer en diversas antologías, además de algunas obras que, puntualmente, son llevadas a escena en diversos escenarios de nuestra geografía.



La del Soto del Parral es una zarzuela en dos actos y tres cuadros -por lo tanto, del género grande- con libreto de Anselmo Carreño y Luís Fernández de Sevilla y música de Reveriano Soutullo y Juan Vert que se estrenó en el teatro La Latina de Madrid en 1927. Uno de sus momentos más conocidos es La ronda de enamorados ¿Dónde estarán nuestros mozos? perteneciente al primer acto. El paso del tiempo es aquí evidente, ya que los hábitos y usos actuales no hacen ni imaginarnos este tipo de escenas que reflejan un cuadro de lo más típico y costumbrista, más en consonancia con el texto de Góngora que con nosotros, aunque la distancia en tiempo es varios siglos menor. 
La grabación tiene algo especial, ya que en ella aparezco cantando junto con los componentes de la Coral Polifónica Municipal de La Palma del Condado y está extraída del concierto que se celebró el 2 de marzo de 2012 en el Teatro España de La Palma del Condado con la citada Coral, junto con la de La Merced de Huelva y la Orquesta de la Universidad de Huelva, todos bajo la dirección de Fran Escobar


Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

3 comentarios:

  1. Hola Miguel:

    El verano nos compele a estar más alegres y con ganas de divertirnos para olvidar los trabajos y el grisáceo tiempo que vivimos en invierno, por lo que menudean las fiestas, populares y tradicionales unas y con cualquier excusa las otras.

    En este post nos muestras a un Góngora humano y vividor, con un acendrado sentido del humor, en contraposición al poeta serio, culto, eclesiástico y casi inhumano que estudie en el colegio; más cercano a las fiestas populares de lo que puede parecer a primera vista.

    Por otra parte coincido contigo en que la fiesta relatada en "La del Ssoto del parral" está más cercana a Góngora que a nuestros días porque, desgraciadamente en nuestros días, no vivimos la vida, quemamos etapas en una huida hacia adelante en busca de ¿...?

    Un abrazo :-)

    ResponderEliminar
  2. Quiero, además, felicitarte por la magnífica actuación que realizásteis en La Palma el día de Andalucía. Me ha costad reconocerte, pero al final lo conseguí.

    ¡Enhorabuena!

    ResponderEliminar
  3. Hola Javier
    Hay aspectos inmutables como las ganas de celebrar, compartir un rato, salir en la noche... Y otros como el cambio de roles, relaciones o perspectivas que hacen que haya costumbres y usos que desaparezcan. Góngora tiene también su punto popular.
    En cuanto al vídeo, hay cambios después de cinco años: el pelo negro aún, gafas..., pero sigo en el mismo sitio, el segundo a la derecha. Fue el primer gran concierto que dio la Coral.
    Un abrazo :-)

    ResponderEliminar