14 abr. 2018

Rivalidades artísticas: El Siglo de Oro

El diccionario de la Real Academia Española define el dualismo como "la creencia religiosa de pueblos antiguos, que consistía en considerar el universo como formado y mantenido por el concurso de dos principios igualmente necesarios y eternos, y por consiguiente independientes uno de otro". Esta creencia que se remonta a Zoroastro en la Persia del siglo VI a. de C. con Omuz, principio divino del bien y Ahrimán, del mal, continúa más adelante con el orfismo, el gnosticismo o el maniqueísmo e incluso alcanza hasta tiempos más cercanos con los conceptos taoístas del Yin y Yang.
La dualidad entre lo espiritual y lo material, entre la luz y la oscuridad o simplemente entre el bien y el mal son, en el fondo, reflejos de nuestra propia concepción de las ideas y reflejo del vocabulario que nos ayuda, por un lado a dar forma al mundo al imaginarlo y expandirlo cuando lo verbalizamos y, por otro lado, a reducirlo en cuanto que ese mismo lenguaje, en nuestras limitaciones, nos impide llegar a conocerlo mejor.
Consustancial a nosotros es ese dualismo con que nos enfrentamos a la existencia. La constante variedad de antónimos con que configuramos el mundo nos limita en cierto sentido: frío y calor, natural y artificial, luz y tinieblas, amigo y enemigo, lo mío como lo acertado y lo tuyo como lo erróneo determinan nuestra mirada en los extremos de ciertos conceptos que, con frecuencia nos llevan a posicionarnos en uno u otro lugar. 




Tomar partido en una discusión, optar por un participante en una competición deportiva, ante determinadas ideas políticas o sociales son opciones interesantes si utilizamos nuestras capacidades para argüir, aunque podemos encontrarnos en la opción opuesta: el haber tomado partido no nos permite buscar e imaginar nuevos argumentos, sino seguir el dictado de la opción a la que seguimos sin abrir nuestra mente a nuevos razonamientos que se salgan de la línea marcada.
Este acercamiento a una postura, a una ideología no se escapa al terreno de las artes. Siguiendo el lema del movimiento de la Secesión de Viena (Sezessionsstil) "Der Zeit ihre Kunst, der Kunst ihre Freiheit" (A cada tiempo su arte y a cada arte su libertad), cada periodo histórico, cada cultura e incluso cada país, han tenido movimientos artísticos que han sucedido a otros anteriores adaptándose a las sensibilidades del momento, las emergentes condiciones sociales y políticas o la aparición de alguna personalidad que abrió nuevos caminos de expresión.
Mas en determinadas circunstancias esta situación de cambio o preeminencia en el ámbito de las artes no se ha producido sólo por esos tipos de movimientos, sino que distintas personalidades han llevado sus ideas y principios artísticos, su forma de ver e interpretar el mundo más allá, llegándose a convertir en rivalidades personales.



No sólo en nuestro momento presente se llevan a cabo algunos extremismos en cuanto a gustos y aficiones con argumentos a favor de las descalificaciones, el improperio y la búsqueda de la humillación del rival más que en la defensa de los argumentos y valores propios. En otras épocas el carácter humano, las costumbres y, posiblemente el apasionamiento, el querer ver y que otros vean las cosas en forma de dicotomía, lo blanco y lo negro, lo amigo y lo enemigo o lo bueno y lo malo, sin apreciar el valor de los matices y las distintas gamas que toda posición o argumento poseen, ha llevado a límites la enemistad en conceptos sociales, políticos y artísticos.
En Rivalidades artísticas: Mozart y Salieri traía un acercamiento a la ¿supuesta? rivalidad entre los dos compositores y la tradición a través de la cual una historia sin mucho fundamento ha llegado a nuestro conocimiento, más por entrar en lo que para nuestra mente es posible que por serlo en realidad.
En esta entrada te acerco a una de las rivalidades artísticas más enconadas, la que tuvo lugar entre los escritores del Siglo de Oro de nuestra literatura. Escritores tan consagrados como Góngora, Quevedo o Lope de Vega entre otros se enzarzaron en disputas que comenzaron por lo estilístico entre cultistas y conceptistas y llegaron, en algunas ocasiones, a lo personal, junto con canciones de la época interpretadas por Raquel Andueza y La Galanía.
Aunque los mayores protagonistas de estos enfrentamientos fueron los poetas citados, Miguel de Cervantes también terció en la disputa posicionándose en el bando de Góngora. Quizás su afán de ser reconocido como poeta y cierta animadversión hacia la figura de Lope de Vega le hizo tomar partido.



Luís de Góngora, el mayor en edad, comenzó a escribir en lo que se llamó "la manera antigua", en un movimiento que tomaba su nombre de un término pictórico como el manierismo, aunque era, con mayor exactitud, petrarquista en un estilo que busca la brillantez y cierta imitación de los postulados de la poesía renacentista. Dedicaba mucho tiempo a la concepción y la métrica de sus poemas, llegando a estar horas hasta que algún verso quedaba a su gusto. Esta dedicación, el lujo del tiempo, condicionó su actitud ante la poesía, una de las bellezas de la vida, no comparable a ningún otro arte.



En su recorrido por España, la estancia en Valladolid donde se había instalado la corte tuvo como consecuencia, entre otras, que comenzara la relación con Lope de Vega, en la que quedó claro desde un primer momento la dificultad para entenderse. Góngora, una persona poco dada a la popularidad fácil, concentrado en su forma de trabajar chocaba con la fama y el carácter abierto y fácil de Lope, así como la facilidad con que componía.
La aparición en escena de un joven Quevedo, que bajo el pseudónimo de Miguel de Musa, parodiaba el estilo culto del poeta cordobés encendió los ánimos. No están muy claras las causas por la que comenzó este enfrentamiento entre Quevedo y Góngora, pero pudieron ser las ganas de hacerse un nombre atacando a un poeta ya consagrado. 


Tenemos un momento interesante en cuanto a la investigación e interpretación de músicas de entre el Renacimiento y el Siglo de Oro. Agrupaciones como La Galanía con la presencia de la soprano Raquel Andueza han hecho que la música del siglo XVII tanto de autores españoles como italianos, comience a sonar entre nosotros y sea alabada por los críticos y expertos de distintos países.
La personal voz de Raquel Andueza, el timbre, la intención con que interpreta, el estilo con que canta esas composiciones con su particular recitativo airoso que ayuda a transmitir los diversos estados de ánimo, los afetti musicali,, hacen que oírla sea una experiencia cercana y enriquecedora.



Buena parte de la música del siglo XVII se supeditaba al texto poético al que acompañaban. A Calderón de la Barca se atribuyen las primeras composiciones escénicas para ser cantadas que se realizaron en nuestro país. De su obra Fortunas de Andrómeda y Perseo y con música atribuida a Juan Hidalgo es esta Ya no le puedo pedir que la voz de Raquel Andueza interpreta con su particular e inconfundible estilo acompañada por La Galanía, con Jesús Fernández Baena a la tiorba, Alfredo Barrales en la viola da gamba y Manuel Vilas al arpa.


Los tres escritores coincidieron viviendo en el Barrio de las Letras de Madrid, donde se cuenta que solían decirse versos hirientes por la calle. El más lamentable de los incidentes ocurrió cuando Quevedo compró la casa que Góngora tenía en la calle Cantarranas por las deudas que el cordobés acumulaba. En pleno invierno de 1625 lo desahució al no poderle pagar el alquiler que le correspondía. 




Previo a este acontecimiento, ambos escritores se enzarzaron en una serie de poemas en que se iban atacando utilizando el ingenio, adornando los insultos con ingenio, en algunas ocasiones poco entendibles, especialmente para los lectores de nuestro tiempo. 
Góngora consideraba en estos escritos a Quevedo como un simplón ignorante que desconocía el griego que quería traducir y un empedernido bebedor de vino en antros y tabernas, llegando a referirse a él como "Francisco de Quebebo"



Figuras retóricas como las metáforas rebuscadas, el hipérbaton desbordado o los latinismos continuos hicieron que la poesía de Góngora se convirtiera en un campo enrevesado al alcance de lectores elitistas. Con el tiempo se reconocerá el valor de la obra por poetas de la talla de Baudelaire.
Mas la relación entre Lope y Góngora, como se ha citado antes, no resultaba fácil. El primero veía cómo la obra del poeta cordobés le producía irritación por lo enrevesado de los contenidos y textos, a la vez que respeto, por lo que no se atrevía a indisponerse contra su persona, sino que lo hacía de forma indirecta contra sus seguidores.






Góngora, por su parte, achacaba al dramaturgo su excesiva popularidad y una poesía fácil, ligera, simple en algunos momentos.



Una parte fundamental de la interpretación de los temas que lleva en su repertorio La Galanía se basa en la preponderancia del texto, la historia que muestra los sentimientos sobre la música. En palabras de Raquel Andueza, "cuando tienes una letra en español debe entenderse lo que cantas, aunque eso suponga hipotecar un poco la belleza de la voz".
Con discos como Miracolo d'amore, Yo soy la locura (1 y 2), Pegaso, Alma mía, In Paradiso o Dàmore e tormenti, La Galanía se ha creado un nombre en el panorama nacional e internacional de la música especializada en el siglo XVII con algunas incursiones en repertorios anteriores.
Anónimo del siglo XVII, Vuestros ojos tienen d'amor no sé qué representa una muestra de la música del Barroco y este estilo interpretativo de La Galanía con la inconfundible voz de Raquel Andueza.



Quevedo
atacó a Góngora como clérigo huraño, amigo de los juegos de azar (con los que llegó a contraer las citadas deudas) y, lo que en aquella época era la peor de las acusaciones: de judío. Prueba de ello es el famoso soneto que dedicó a la característica más caricaturesca por la que eran conocidos, la nariz prominente, así como las alusiones al personaje bíblico de Anás, el sumo sacerdote judío que condenó a Jesús, además de las vertidas en otros poemas anteriores como el huir del tocino, producto obtenido del cerdo.

Finalizamos este acercamiento a la rivalidad artística entre los grandes poetas de nuestro Siglo de Oro de las letras con el que es posiblemente el más conocido de los poemas.



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