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La ópera en una nube

La ópera se nutre del directo, lo demás solo son pruebas.
La ópera -fábula in música se calificaba la primera que ha llegado completa hasta nosotros- surgió y se asentó como un espectáculo que contaba musicalmente una historia en una interacción directa entre el autor y unos espectadores con la imprescindible presencia de unos intérpretes (músicos y cantantes actores). El público al que se dirigía fue cambiando con el transcurso del tiempo, pasando de la nobleza inicial que promovía y organizaba el espectáculo para sus invitados, a la burguesía que comenzaba a suscitar la construcción de locales en los que representar las obras previo pago de una entrada o la adquisición del derecho a tener sus propios palcos reservados. Poco a poco, los empresarios vieron la oportunidad de disponer de localidades a precios más económicos con los que atraer a un tipo de público popular. Así, todo el espectro social tenía la oportunidad de asistir a las óperas, lo que abrió también el camino para que los autores incorporaran a todos estos tipos sociales entre sus personajes. 
Así, la ópera se fue convirtiendo en el espectáculo más completo que existía y que agrupaba desde la música al teatro, del diseño de vestuario a la creación de los decorados, conformando obras que hablaban a todos cuantos se acercaban a presenciarlas de las grandes -y pequeñas- pasiones que surcan el alma humana.
Como arte vivo que es, la ópera se ha ido adaptando a los tiempos, ha evolucionado según los pensamientos y los cambios producidos en la propia sociedad. Tantas veces se ha adaptado, ha cambiado y ha sido dada por muerta como tantas otras ha resurgido con nuevas fuerzas y cambios en su concepción, su estilo y su intención.
Llegar a los siglos XX y XXI supuso transitar un camino repleto de cuestionamientos, inventos -cine, radio, televisión- que pronosticaban su desaparición y que llegaron a convertirse por momentos en felices o incómodos aliados, en rivales que utilizaban tanto sus fuerzas como sus debilidades. 
De tal manera, la ópera saltó de los escenarios a las salas de cine, a los receptores de radio, a los equipos domésticos -televisiones, reproductores de cualesquiera tipo de vídeos-, acercándose simultáneamente a lugares y personas que la veneraban junto a otros que nunca tuvieron la oportunidad de acercarse a disfrutarla.
Te propongo unas reflexiones sobre la ópera en la actualidad y una muestra de cómo los grandes teatros se han adaptado a los nuevos tiempos y gustos, al que se une la inesperada llegada de una pandemia como la que nos ha azotado. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Durante los meses que la pandemia estuvo azotando a nuestro planeta, los espectáculos en directo y la ópera de modo especial se vieron afectados contundentemente -como muchos, como todos-, hasta tal punto que los grandes coliseos se encontraron en la disyuntiva de volver a reinventarse una vez más.
Cada uno de estos grandes escenarios hubo de suspender sus representaciones, optar por mantener a la mayoría de sus empleados y repensar cómo regresar de nuevo a la actividad hasta que la normalidad desbancara a la que se dio en llamar nueva normalidad.
Cada uno de ellos reaccionó con imaginación y urgencia buscando continuar con una actividad más virtual que presencial con la intención de que ni intérpretes ni público se alejaran del poder de convocatoria del espectáculo. Así, el Metropolitan Opera House de New York emitió cada día una ópera de su repertorio grabado; el Royal Opera House de Londres publicó durante varias semanas en Internet algunas de sus óperas y ballets; el Teatro Real de Madrid optó por ofrecer suscripciones gratuitas a su fondo de repertorio en la red, el Gran Teatre del Liceu o el Palau des Arts Reina Sofía de Valencia compartieron por las redes algunas de sus producciones; el Teatro Bolshoi de Moscú colgó durante varios días algunos de sus espectáculos, entre otros muchos teatros del mundo.
A través de su canal de Youtube Metropolitan Opera y, sobre todo, de su página web Metopera.org, desde mitad de marzo de 2020, el coliseo neoyorkino estuvo ofreciendo una de sus óperas grabadas durante 24 horas. Cada semana fue publicando en sus redes sociales, especialmente en su cuenta de Instragram Metopera las producciones que se iban a poder visualizar cada día bajo el título de Nightly Met Opera Streams. Hasta hace poco tiempo seguían realizándolo, mezclando con alguna At-Home gala en la que se transmitía directamente desde los hogares de los intérpretes.
Una de estas At-Home Gala del Met celebrada el 25 de abril de 2020 recogía una interpretación de Ombra mai fú de la ópera Xerxes de Händel a cargo de la mezzosoprano Joyce DiDonato junto con algunos miembros de la sección de cuerda de la Orquesta del Metropolitan de New York en la que rendían homenaje a uno de sus compañeros de cuerda, el violista Vincent Lionti, fallecido por complicaciones del coronavirus al comienzo de ese mismo mes.



Uno de los libros más aconsejables sobre la historia de la ópera desde sus inicios a nuestros días es La ópera. Voz, emoción y personaje, un libro imprescindible para los amantes de la ópera. Publicado en la Biblioteca básica de Alianza Música de Aianza Editorial, aborda el mundo de la ópera desde una visión completa y detallada, con un lenguaje rico y lírico que muestra los progresos y los cambios producidos este arte centenario, sus continuas adaptaciones a los contextos culturales, las figuras que lo han hecho avanzar y enriquecerse.
Su autora, Laia Falcón, es una reconocida soprano además de Doctora en Sociología del Arte por la Sorbonne y Doctora en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense. Escrito como un libro de divulgación, La ópera. Voz, emoción y personaje tiene la gran virtud de satisfacer simultáneamente a quienes se acercan por primera vez y a los que se consideran entendidos, de hacer a todos partícipes de un libro que está ideado como una gran representación que se divide -cómo no- en una Obertura y cuatro Actos en los que, convirtiendo a la ópera en uno de sus protagonistas, lo hace desfilar a lo largo de todo el libro.

Albert Robida. La salida de la ópera en el año 2000 (1882)

Alternando con las consecuencias que la pandemia ha provocado en el universo operístico -y artístico en general-, posamos la mirada en un vaticinio que a finales del siglo XIX se realizaba sobre el futuro de la ópera a partir de la singular narración de Laia Falcón.


Y, entre tanto dolor e incertidumbre, algunos de los grandes teatros comenzaron a dar algunos pasos para salir de tan extrema situación. 
En algunos países bálticos, instituciones como la Lithuanian National Opera o la Kansallisooppera de Helsinki han vuelto a reanudar sus producciones, de la misma forma que lo han hecho en otros lugares la Komische Oper de Berlin o la Ópera Comique de Paris con algunas modificaciones. En nuestro país, el madrileño Teatro Real fue de los primeros en aventurarse a retomar las producciones que tenía programadas para los meses de junio y julio con el mismo elenco que estaba previsto.
Así, según su director, Joan Matabosch, en todo momento se habían respetado las medidas de distanciamiento social asumiendo estas reglas dentro de los conceptos escénicos de las obras representadas.

Cartel para Cosí fan Tutte de Mozart. Teatro de la Ópera de Helsinki (2020)

En las producciones de La Traviata que se llevaron a cabo en ese tiempo se llegaron a marcar unas líneas rojas que han creado cuadrículas de dos por dos metros para cada uno de los integrantes del coro, así como unos cuadrados blancos para cada uno de los intérpretes principales. De esta forma, según Matabosch, se va avanzando en el paso a la normalidad, una normalidad que, según sus palabras, se irá conquistando poco a poco.  
El enlace corresponde al conocido brindis de La traviata de Verdi, Libiamo ne'lieti calici interpretado en sus papeles principales por la soprano Marina Rebeka y el tenor Michael Fabiano bajo la dirección de Nicola Luisotti en el ensayo general previo al estreno en junio de 2020.

 

Una de las características más importantes de la ópera es el hecho de que se presencia en el preciso instante en que se realiza. A tratarse de vibraciones producidas en el aire, la música tiene la cualidad de la inmediatez, la no persistencia en el tiempo. No es un cuadro que se puede admirar cuando se desee, un monumento que se puede habitar o visitar en cualquier momento o un libro que permanece escrito hasta que un lector lo acoge. La música está escrita, pero sucede cuando se interpreta. Los discos, los vídeos están muy bien, ayudan a conocer obras, transmiten la emoción grabada, están disponibles en cualquier momento, son accesibles a quienes no pueden asistir a los lugares donde se interpretan, ni a intérpretes consagrados que difícilmente se podrían admirar en directo, pero carecen de la emoción del encuentro, del vértigo de producirse en el preciso instante en que se lleva a cabo.
En esta relación entre espectáculos en vivo y sus registros con imagen no han funcionado sino las grabaciones en directo, tomadas desde el escenario, ya que los iniciales intentos de convertir óperas en formatos de películas, en las que la banda sonora se grababa en estudio y los cantantes actores actuaban doblándose a sí mismos, mostraban una sensación de irrealidad que el público no relacionaba con el espectáculo que conocían y buscaban.
De esta manera, las grabaciones que han triunfado en el formato visual para poder presenciar en los propios hogares son las óperas grabadas en directo en los grandes escenarios con las figuras dominantes del espectáculo.

Concierto recital en el Royal Opera House de Londres

En el cuarto y último acto en que Laia Falcón divide su libro La ópera, plantea el primero de los cambios que se produjo una vez que se amplió el número de teatros y coliseos que acogían representaciones operísticas: la posibilidad ya comentada de ofrecer las representaciones a un público distante en una asincronía novedosa que respeta la esencia de la obra: la interpretación directa sobre el escenario.


El panorama que generó la pandemia llevó a situaciones insólitas, además de las ya citadas como reposiciones de óperas propias en las redes o la publicación de interpretaciones realizadas desde los propios hogares en los que los teatros de ópera tuvieron, una vez más, que reinventarse.
En este regreso que se está realizando para alcanzar la conquista de la normalidad, tal como citábamos a Matabosch, los escenarios han desarrollado otras alternativas en que, como aquella profética visión del XIX, se trastocan los lugares. En el Royal Opera House de Londres se grabó esta interpretación de La canción de la luna de Rusalka de Dvorak a cargo de Kristine Opolais en un concierto en directo donde los miembros de la Orchestra of the Royal Opera House y su director Antonio Papano ocupaban el espacio que los espectadores suelen utilizar, la cantante se encontraba sola en el escenario y los espectadores presenciaban la actuación, como en la premonitoria caricatura, instalados en la nube de sus hogares.


Así, la emoción del espectáculo en directo ha ido variando según los momentos y los avances tecnológicos hasta llegar al momento actual en que todo lo encontramos disponible en las redes sociales. Cada teatro de ópera, cada cantante, cada intérprete de cualquier instrumento, cada figura, tiene sus redes sociales en las que muestra sus trabajos, sus éxitos y sus proyectos e interactúa con sus seguidores a través de especialistas que manejan por ellos sus imágenes públicas. Así, de forma definitiva, la ópera -como la música, como los libros- se ha instalado en una enorme y accesible nube.
En su relato-guía operístico Laia Falcón vuelve a incidir en estos cambios y las consecuencias que sobre la ópera tendrá esta nueva transmutación, este cambio en que compartirá y alternará su vitalidad entre los grandes escenarios de la actualidad y ese espacio etéreo situado en las nubes.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

2 comentarios:

  1. Excelente el resumen que haces sobre la ópera y la realidad actual 😍 Es indudable que dentro del arte es una de las expresiones más completa, en ella encontramos todos los elementos de las máximas de las bellas artes y por si fuera poco se le agrega la participación en vivo del artista, con todo sus logros. Creo que por mucha tecnología o avances, la ópera seguirá ocupando un lugar importante dentro del arte. Un abrazo 🐾

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    1. Además de ser una de las expresiones artísticas más completas -Wagner la denominó Gesamtkunstwerk, "arte total"- la ópera se ha renovado y actualizado en muchas ocasiones, pero siempre ha sido un espectáculo para vivirlo en directo.
      Un fuerte abrazo :-)

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