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Mostrando entradas con la etiqueta Gianni Schicchi. Mostrar todas las entradas
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La Ópera en el Cine

Desde 2019, cada 25 de octubre se celebra el #DiaMundialDeLaOpera o #WorldOperaDay de cuyo origen tratamos en Feliz Día Mundial de la Ópera.  
Muchas son las interacciones y relaciones que existen entre las óperas y otras artes, algunas de las cuales hemos tratado en este blog. En esta ocasión, y para celebrar el Dia Mundial de la Ópera nos acercaremos a presenciar algunos de los casos en que la ópera converge con el cine
Aunque en los primeros años de vida del cine ya se vio el juego que se podía sacar a la ópera en la gran pantalla, incluso antes de que el cine se hiciera sonoro, la relación y los trasvases han transitado en ambas direcciones, desde algunas óperas que se han grabado para la pantalla en el formato cinematográfico, hasta películas que muestran en algunas de sus momentos escenas o piezas sacadas de diversas óperas.
Te propongo celebrar el #DiaMundialDeLaOpera con algunas escenas de películas de cine que utilizan con distintas intenciones músicas de ópera. Nos acompañan Pretty Woman, Philadelphia, Una noche en la Opera y Una habitación con vistas. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


La ópera más representada a lo largo de toda la historia es La traviata de Giuseppe Verdi, una preferencia del público que se mantiene en las dos últimas décadas, en la que aparece cada año como la más representada en todo el mundo.
Basada en La dama de las camelias de Alejandro Dumas, fue estrenada en 1853 en el Teatro La Fenice de Venecia con poco éxito en sus primeras representaciones hasta que logró el favor del público.
Números como el famoso brindis Libiam nè lieti calici o el dúo Un dì, felice eterea, ambos del primer acto; los dramáticos dúos entre Violeta y Alfredo (Amami, Alfredo) y antes con el padre de éste, Germont (Pura siccome un angelo) en el segundo, o el aria Addio, del passato bei sogni ridenti (Adiós, bellos recuerdos del pasado), un desesperado y desgarrador testamento vital, antes de unirse los amantes a la engañosa ensoñación Parigi, o caro/a, noi lasceremo (Abandonaremos París, querido/a).
Nos acompaña la escena del segundo acto en que Violeta, convencida por Giorgio Germont, decide abandonar a Alfredo. Giorgio ha ido a hablar con ella para exigirle que abandone a su hijo, ya que la relación que mantienen es un lastre para su familia, pues la sociedad no admitiría a una mujer como ella entre sus miembros.


Violeta comienza a escribir una carta de despedida, mientras el clarinete describe el dolor que la embarga. Alfredo la sorprende escribiendo, mientras las cuerdas ven creando el clima de tensión que les envuelve. Alfredo no sabe de la conversación entre Violeta y su padre y ella se ve en la obligación de fingir que sus lágrimas muestran su felicidad. Un desgarrador Amami, Alfredo muestra la tensión, mientras la música describe la huida de Violeta, que se aleja física y anímicamente de su amante.
El enlace, con subtítulos en italiano y castellano está interpretado por la soprano Stefania Bondadelli y el tenor Scott Piper.


Seguro que casi todos los que leéis estas líneas os traerá a la memoria la escena de Pretty Woman (dirigida por Garry Marshall, 1990)en que Richard Gere lleva a una representación de La Traviata a una Julia Roberts que jamás ha asistido ni ha pasado por su cabeza asistir a ninguna ópera.


Las frases con que el protagonista explica en off la sensación que se tiene al asistir por primera vez a una ópera son muy certeras y generalizables, igual que las que ella pronuncia al terminar la función. Puede que no las utilicemos con esos términos, pero la sensación sí la tenemos.


Quizás la ópera más conocida de Umberto Giordano sea Andrea Chénier, una obra basada en un personaje real, el poeta que da título a la obra y que fue uno de los primeros seguidores de la revolución hasta que sufrió la persecución por parte de Robespierre y sus seguidores, siendo arrestado y condenado a muerte por el Tribunal Revolucionario de París.
A partir de estos datos históricos, Giordano crea una ópera verista que se estrenó en el Teatro Alla Scala de Milán en 1896. 
Ante la negativa de Chénier de entregar su arte a los aristócratas, Madeleine de Coigny, hija de condes, siente la admiración por el poeta que se va transformando en un amor entre dos mundos que se oponen de forma contundente e irremediablemente frontal. 
En el Acto III, uno de los intrigantes se acerca a Gerard, antiguo sirviente de los Coigny para decirle que Chénier está detenido y que lo empleará como cebo para que Madeleine llegue hasta él. Gerard duda, aunque se reafirma en sus postulados revolucionarios, aunque constatando para sí que sus celos y pasiones han sustituido los ideales que tenía en un primer momento, firmando el acta de acusación sobre el poeta. Al entrar en escena Madeleine, Gerard le cuenta cómo estaba enamorado de ella desde que era pequeña en una escena que va transformándose hasta que ella se ofrece a entregarse a él para salvar al poeta de la muerte.
El júbilo de Gerard queda reducido a la nada cuando ella entona La mamma morta, un aria desgarrada con una primera parte en que narra la muerte de su madre cuando incendiaron su casa y su soledad desde entonces, y una segunda parte, conmovedora que alcanza su clímax con Ah, io son l'amore, io son l'amore!, uno de los finales de arias más grandes y dramáticos del repertorio. Este final hace cambiar la actitud del antiguo sirviente que siente la injusticia que ha cometido y piensa en liberar a Chénier, ya que no puede librarlo de las redes del tribunal.


El enlace que nos acompaña muestra la intensa fuerza de este aria en una de las voces más grandes y personales de la historia de la ópera, María CallasLa Divina. En la grabación de audio con subtítulos en castellano está acompañada por la Orchestra Sinfonica Nazionales della RAI di Roma con la dirección de Tullio Serafin y pertenece al disco Maria Callas. Liebeslieder (Canciones de amor).


En ocasiones el cine utiliza la música de ópera para transmitirnos la misma sensación que se muestra en la obra original, introduciéndonos en la piel del personaje, su dolor, sus sentimientos. 
En Philadelphia (Jonathan Demme, 1993), Andrew Beckett, interpretado por Tom Hanks es despedido del bufete en que trabaja cuando se enteran que ha contraído el sida. Aunque ningún abogado quiere hacerse cargo de su demanda laboral, logra que Joe Miller (Denzel Washington) acepte su caso.
En la escena que nos acompaña, Hanks describe a Washington los sentimientos que le transmite el personaje de Madeleine mientras escucha el aria La mamma morta, llegando a una identificación total con el personaje. La interpretación del aria es la misma que acabamos de escuchar


Junto con La Traviata, las óperas Il trovatore (El trovador) y Rigoletto forman la Trilogia Popolare que Giuseppe Verdi estrenó entre 1851 y 1853 y que significó el alcance de la madurez creadora y su consagración definitiva. 
Il trovatore, que se estrenó en enero de 1851 dos meses antes de La traviata, se basa en la obra de teatro homónima del gaditano Antonio García Gutiérrez y es un drama que se sitúa entre Vizcaya y Aragón en el comienzo del siglo XV. 
Con libreto de Salvatore Cammarano, Il trovatore es una obra oscura que indaga en la idea de que el odio que engendra odio y absorbe y elimina cuanto se le oponga. Una gitana es acusada de embrujar al hijo del Conde de Luna, siendo quemada pese a su inocencia. En su suplicio pide a su hija Azucena que la vengue, aunque esta se altera al llevarla a cabo: rapta al hijo del Conde, pero lanza en su confusión a su propio hijo a las llamas. Al superviviente lo cría como a su hijo. En las luchas del poder, las tierras y sus habitantes están divididos entre seguir el Conde o al Duque. Manrico, al que ha criado Azucena entre gitanos, quienes luchan junto al Duque contra el Conde que defiende os intereses del rey. El amor por Leonora enfrenta a Manrico y al Conde que se entrega al primero. El Conde encarcela y hace ejecutar a su rival, desconociendo que es su propio hermano.


El Acto II se inicia en el campamento de los gitanos donde se canta uno de los coros más famosos de Verdi -evidentemente, tras el Va pensiero del Nabuco- el coro de gitanos Vedi le fosche notturne! (Ved el cielo infinito lanza su oscuridad). Tras el festivo coro con los yunques, la oscuridad envuelve a Azucena que ha criado a Manrico en la venganza a su madre. Una balada, Stride la vampa (Crepita la hoguera) se opone al coro alegre y festivo. En dos estrofas, Azucena evoca la pesadilla que la acompaña noche y día, mientras la música recrea el crepitar de las llamas envolviéndonos en su dolor. Al finalizar, como cerrando el círculo o el paréntesis que crea la gitana, vuelven las melodías del coro que se retira.
La mezzosoprano norteamericana Dolora Zajick interpreta la balada Stride la vampa en una producción de Il trovatore representada en el Meropolitan Opera House de Nueva York en 2011 con la dirección musical de Marco Armilliato.


¿Cómo llevar una obra tan trágica y una pieza tan oscura a la gran pantalla? Nos la podemos imaginar de distintas formas que realcen estos aspectos y los lleven a formar parte de dramas. O todo lo contrario.
En su inolvidable A night at the Opera (San Wood,1935), los Hermanos Marx destrozan despiadadamente Il trovatore, alrededor de una caótica representación en la parte final del film. Comentarios hechos al público que presencia la obra, carreras entre bastidores que acaban con persecuciones en el escenario, decorados de tela que suben y bajan y que acaban rasgados... Todo contribuye a la creación del caos que acompaña a Groucho, Chico y Harpo, unos artistas que apreciaban la música, como podemos recordar en las interpretaciones de Chico al piano y Harpo al instrumento que le da nombre artístico. 


Aquí tenemos el enlace que nos muestra este bendito despropósito de los Hermanos Marx en Una noche en la ópera, aunque nos quede claro si pertenece a la parte contratante de la primera parte o a parte contratante de la segunda parte.


Entre las óperas de Giacomo Puccini encontramos las últimas grandes obras del siglo XIX, pese a que se estrenaron en los primeros años del XX, pero marcaron el final de toda una época en la música italiana, antes de que llegaran a cambiarse los paradigmas musicales con autores como Stravinsky, Richard Strauss o Schönberg, por citar algunos compositores.
Madama Butterfly, La Bohéme o Tosca forman parte del repertorio actual y continúan llevándose a los escenarios cada temporada. Pero Puccini quiso añadir a su producción un grupo de obras cortas de un solo acto que se representaran juntas a las que denominó Il trittico y que Elvira Uttini recoge magistralmente en su apasionado blog en un La unidad en lo diverso: Il Trittico. De estas óperas, Il tabarro (El tabardo), Suor Angelica y Gianni Schicchi, inspiradas en cierta manera en la Divina Comedia de Dante, es la última la que ha tenido más recorrido.
Basada en un pasaje de la obra de el infierno de Dante que fue comentado de forma anónima en pleno siglo XIX, Puccini recrea en su obra la forma en que el pícaro Schicchi logra engañar y privar de su herencia a una rica familia, narrada de una forma amena y divertida.
La parte más conocida de esta ópera es una de esas arias que trascienden la obra a la que pertenecen y toman vida propia: O mio babbino caro (Oh, mi querido papaíto), una pieza en la que Lauretta intenta camelar a su padre, el propio Gianni Schicchi, para que, entre guiños, arrumacos y fingidas amenazas le deje casarse con su prometido.
La interpretación de este aria, también con subtítulos en castellano, está interpretada por la soprano británica Sally Mathews dirigiéndose a Alessandro Corbelli en el papel protagonista y la London Philharmonic Orchestra dirigida por Vladimir Jurowski en una grabación de 2005 de Puccini: Gianni Schicchi.


Si hemos apreciado tres formas diferentes de introducir la ópera en el cine, la primera mostrando el un contraste entre aficionados y entendidos y profanos; la segunda desde la total identificación de los sentimientos entre personaje y espectador, y la tercera con el más feroz de los destrozos, finalizamos esta publicación sobre la ópera en el cine con una suerte de postal.
En A Room with a view (Una habitación con vistas, James Ivory, 1985), basada en la novela homónima de E. M. Forster, el director norteamericano utiliza O mio babbino caro para acompañar unas imágenes que se mueven como una mezcla entre vistas de Florencia y una especie de flashback que recorre la relación entre los protagonistas. Otra forma de llevar la ópera al cine.
La voz de la grabación pertenece a la soprano neozelandesa retirada Kiri Te Kanawa, una de las grandes voces de las pasadas décadas.

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Centenario dantesco

En los setecientos años de la muerte de Dante


Hay obras maestras que se convierten en universales y representan la época en que se produjeron, sus características y circunstancias, además de tener el valor que estas obras aportan a los seres humanos por su capacidad de tratar temas, situaciones y sentimientos valores universales.
Si estas obras llegan a ser posesión y patrimonio de toda la humanidad, sus autores, quienes las crearon, se nos convierten en personas imprescindibles por haber sido capaces de reflejar todas estas condiciones.
Así, se nos antoja necesario e imprescindible para nuestro propio conocimiento autores y obras como Homero y sus poemas épicos, Dante y La divina comedia, Cervantes y El Quijote, Shakespeare Hamlet, Macbeth o Romeo y Julieta, las esculturas de Michelangelo Buonarroti o sus pinturas de la Capilla Sixtina, así como las de Leonardo, Velázquez, Goya o Picasso, la música de Bach, Mozart, Beethoven, Verdi o Wagner entre otros muchos compositores, las novelas decimonónicas que reflejan magistralmente las luces y sombras de la sociedad de su época o tantos autores y obras que nos muestran como somos en cada momento y en cualquier momento.
Hace setecientos años, el 14 de septiembre de 1321 fallecía uno de esos autores que tienen una importancia capital en su tiempo y en cualquier época. Te invito a recordar la figura y la importancia de Dante en su época y en la actualidad. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Domenico di Michelino. Dante y la divina comedia(1465). Catedral de Santa Maria dei Fiore (Florencia)
Siete siglos después de su muerte, aún hay muchas dudas y lagunas sobre la vida y la personalidad de Dante. ¿Quién fue en realidad? ¿Era un padre de familia, un intelectual sumergidos en sus estudios y pensamientos, un poeta, un activista político o un hombre de acción que se debatía entre su amor a la patria o a la humanidad?
Si no consideramos estas cuestiones, al menos una idea está clara. La palabra dantesco la tenemos incorporada a nuestro vocabulario más o menos habitual en sus dos acepciones: como una cuestión referida a Dante y su obra y como una escena o situación que causa espanto o impresiona y causa horror. Esta última proveniente indudablemente de el Infierno de su Divina comedia.
Nacido en Florencia, posiblemente en 1265, con el nombre de Durante di Alighiero degli Alighieri es universalmente conocido como el poeta y escritor autor de La divina comedia, una de las obras capitales de la literatura mundial, como «el padre del idioma italiano», además de representar su obra más conocida la transición entre el pensamiento del medievo al Renacimiento
Hijo de Alighiero de Bellincione y Bella (Gabriella) degli Abatti, que falleció cuando el poeta contaba con cinco o seis años, la familia formaba parte de la burguesía güelfa de Florencia, opuesta a los gibelinos. Los pocos datos que se conocen de su nacimiento e infancia surgen de algunas de las alusiones autobiográficas que aparecen en obras como La vita nuova y La divina comedia.

En sus años de estudio, Dante coincidió con Guido Cavalcante, el máximo representante del Dolce stil nuovo (Dulce estilo nuevo), un poeta unos quince años mayor que él y del que se convirtió en discípulo.
Fruto de esta formación, Dante escribió entre una de sus primeras obras, Vita nuova (La vida nueva), un conjunto de poemas y textos en prosa que tratan del tema amoroso, en la que el escritor relata a través de su autobiografía su transformación interior que es capaz de dar una forma nueva a sus sentimientos gracias a la poesía.
Dividida en algo más de cincuenta capítulos desarrollados en formas de glosas que culminan en la mayoría de las ocasiones con sonetos y otros poemas Dante se refiere como figura central a su amada ideal Beatriz.
Nos acompaña un texto de La vita nuova, el III de ellos en que el poeta narra que se le apareció una dama, Beatriz, que, por primera vez lo saludó y le produjo tanta impresión que le ocasionó un sueño que califica de agradable, Esta visión maravillosa le inspiró para componer el soneto A ciascum'alma presa (A toda alma cautiva).


Escrita en 1293, Vita nuova tiene como protagonista al propio escritor que recrea, de un modo poético, su propia vida contando, además, con la presencia esencial de Bice Portinaria, la Beatriz que el autor conoció en su infancia y que significó, más allá de su temprana muerte, el ideal de amor que atraviesa toda su producción literaria y que a tantos escritores posteriores sirvió como fuente de inspiración.
En los años previos a este libro, Dante había participado en acciones guerreras como el asedio de Poggio di Santa Cecilia o la batalla de Campaldino entre güelfos y gibelinos, además de instalarse en Bolonia donde posiblemente estudió en su universidad.

Stephane Pannemaker. Grabado de Dante (1860)
Es interesante destacar la importancia de toda la obra de Dante desde el momento que unas publicaciones que tienen más de setecientos años siguen siendo fuente de inspiración para diversos autores.
A partir del material presentado anteriormente, Patrick Cassidy, un compositor de música coral irlandés compuso el aria Vide cor meum (Mira mi corazón) para Hannibal, la película de Riley Scott protagonizada por Hannibal Lecter como continuación de El silencio de los corderos
La escena se sitúa en una interpretación operística al aire libre en la que tanto el caníbal personaje encarnado por Anthony Hopkins como el inspector Pazzi se hallan presentes. En lugar de una obra concreta se creó esta música para la película como si formara parte de una ópera.
El texto se basa en los textos del soneto, especialmente los versos 10 a 12 de Dante y la glosa que lo precede. Las expresiones Eo dominus tuus y Vide cor tumm corresponden a las palabras que el poeta oye de la visión, aunque el penúltimo de los versos Io sono in pace (Yo estoy en paz) no aparezca en el texto del poeta florentino. El tema musical debía basarse, según Cassidy, en el primero de los sonetos de La vita nuova, ya que posee una metáfora sobre comerse el corazón, un hecho que Hannibal Lecter podría tomar en un sentido literal.
La música compuesta por Cassidy está escrita a partir de este material en forma de dialogo entre Dante, una dama (posiblemente Beatriz) y un coro.


La interpretación corre a cargo del Chór Libera & Lyndhurst Orchestrathe, la soprano Danielle de Niese y el tenor Bruno Lazzaretti bajo la dirección de Gavin Greenaway para la película Hannibal de Riley Scott.


El siguiente enlace nos muestra de forma íntegra Vide cor meum con subtítulos en castellano.


La vita nuova concluye con un texto en que Dante anuncia que escribirá un gran poema épico como nunca se ha escrito y que estará dedicado a la memoria de Beatriz.
Después de escribir este soneto se me apareció una maravillosa visión, en la que vi cosas que me persuadieron a no hablar más de mi bendita dama hasta que pudiese tratar de ella más dignamente. Y me esfuerzo cuanto puedo por conseguirlo, como de verdad sabe ella. Así, si quiere Aquel por quien todas las cosas viven que mi vida dure algunos años, espero decir de ella lo que nunca fue dicho de ninguna. Y luego quiera Aquel que es señor de la cortesía que mi alma pueda ir a ver la gloria de su dama, esto es, de la bendita Beatriz, la cual gloriosamente contempla el rostro de Aquel que est per omnia saecula benedictus.

Si nos atenemos a la narración de La vita nuova, Dante vio por vez primera a Beatriz Portonari en 1274 cuando él tenía nueve años y ella uno menos, y su apasionado amor platónico ocurriría nueve años más tarde.
En 1290 murió Beatriz y el año siguiente Dante se casó con Gemma di Manetto con quien tuvo cuatro hijos. Años más tarde se inscribió en el gremio de médicos y boticarios, comenzó a participar en la política local de Florencia donde llegó a formar parte del Consejo de los Ciento y participó en la firma del tratado de paz con Arezzo, participó en algunas negociaciones y ocupó durante unos meses el cargo de Prior, la máxima autoridad de la magistratura florentina. Al comienzo del nuevo siglo fue nombrado embajador ante el papa Bonifacio VIII, quien lo retuvo en Roma para ayudar a los gibelinos, la facción opuesta a Dante, que se adueñó del poder y acabó desterrando a todos sus oponentes. Bajo la acusación de malversación de fondos, Dante fue expropiado de sus posesiones y exiliado bajo la condena a muerte en caso de regresar a su Florencia natal. 

Sandro Botticelli. Retrato de Dante (sobre 1495)
Sin lugar a dudas, esta obra de Dante a la que aludía al término de La vita nuova, una de las cumbres de la literatura universal es La divina comedia.
Publicada inicialmente con el título de Commedia (pronunciada a la griega, commedía), acogió el nombre que designaba a aquellas obras que tenían un final feliz como oposición al concepto de tragedia. Fue Boccaccio quien acuñó la denominación Divina comedia para destacar tanto su grandeza como la presencia de los valores cristianos en ella.
Comenzada a escribir en 1304 y finalizada en 1321, meses antes del fallecimiento del autor, La divina comedia supone una suma y compendio de la cultura y el conocimiento medieval, en los aspectos religioso, científico, filosófico y moral.
Escrita en terza rima, un tipo de verso creado por el propio poeta, está formado tercetos endecasílabos de rima entrelazada ABA, BCB, CDC, etc., posee una estructura claramente delimitada en la que el número 3 tiene una importancia capital. Está formada por un canto introductorio, tres capítulos dedicados al Infierno, Purgatorio y Paraíso, dividido cada uno de ellos en 33 cantos que suman un total de cien (1+33+33+33). El Infierno está formado por nueve círculos 3 veces 3), el Purgatorio por nueve estancias: antesala, siete gradas y paraíso terrenal, y el Paraíso se haya configurado por nueve esferas. 
Otra de las genialidades de Dante consiste en la participación de los personajes. Los más importantes son el propio poeta, un peregrino que atraviesa los tres lugares citados y representa la condición humana, que es conducido por el poeta romano Virgilio que representa tanto el pensamiento racional como la virtud. El tercero de los protagonistas, quien sirve de referencia en la obra, es Beatriz, el amor idealizado de la adolescencia del escritor, que viene a representa la fe.
Junto a estos tres grandes personajes, Dante incorpora a lo largo del poema a diversos personajes reconocibles de la antigüedad y la mitología clásicas, así como la Biblia, mientras, en un nuevo alarde de originalidad, desfilan por la obra o hace referencia a figuras reconocibles de la actualidad florentina de su época.

El siguiente texto corresponde al Canto III, en el que el poeta con la compañía de Virgilio se acerca a la puerta del Infierno y oye los gemidos de quienes se hayan en el vestíbulo que da acceso al mismo.


Dante está considerado el padre del idioma italiano, al ser quien influyó más desde sus escritos en el uso del idioma volgare frente al latín en sus obras y, de modo especial, en el Convivio (Banquete), un texto quizás algo cargado y pedante y cuya finalidad era brindar a los lectores un «banquete de sabiduría» a todos aquellos que desconocían el latín oficial. 
A finales del siglo XIX se creó en Italia la Societá Dante Alighieri, una institución que tiene la finalidad de promocionar el idioma italiano y difundir la cultura del país trasalpino alrededor del mundo y que podríamos equiparar con el Instituto Cervantes de nuestro país.


La importancia, tanto de la obra de Dante como del propio autor en el mundo de la música es evidente, numerosa y rica en obras inspiradas en ambos. 
Por citar algunas entre muchas obras, Ermanno Wolf-Ferrari compuso la cantata La vita nuova (1902), el madrileño Conrado del Campo su sinfonía La divina comedia (1910) y la ópera La tragedia del beso (1915), mientras que a Godard le debemos una ópera sobre el poeta y su amada.
El violinista y compositor francés Benjamin Godard vivió en la segunda mitad del siglo XIX, estrenando en 1890 su ópera Dante e Beatrice en la Opéra-Comique del Théâtre du Châtelet de Paris a partir de un libreto  de Édouard Blau.
En Dante e Beatrice, Godard se fija en la figura del poeta en su triple vertiente como escritor, político y enamorado, en el marco histórico de una Florencia en que se enfrentan las facciones de güelfos y gibelinos y en una obra de una fuerza dramática y épica inigualables.

La música que nos acompaña está formada por una pequeña recopilación de diversos arias y coros. En primer lugar, el aria La nuit! A continuación el coro de condenados con la aparición de Ugolin, Dante y la sombra de Virgilio, a la que sigue el Tourbillon infernal con los mismos personajes y la aparición de Paolo y Francesca
Dante está interpretado por Edgaras Montvidas, la sombra de Virgilio por Andrew Foster-Williams y el coro de condenados por el Chor des Bayerischen Rundfunks, acompañados por la Münchner Rundfunkorchester y la dirección de Ulf Shcirmer.


A partir de su destierro de por vida de su Florencia natal,  Dante fue deambulando por ciudades como Verona, Padua, Rímini, Lucca o Rávena. Su condena llevaba implícita su condena a muerte si regresaba, situación que fue ampliada a sus hijos. Aunque acogido finalmente en Rávena por el príncipe Guido Novello da Polenta, este exilio lo percibía el escritor como una forma de condena a muerte al eliminar parte de su personalidad. Tras una misión diplomática en Venecia, el 14 de septiembre de 1321 falleció por la malaria a su regreso a Rávena. Sus restos fueron en la iglesia de San Pier Maggiore, mientras que en 1829 la ciudad de Florencia preparó una tumba para trasladar sus restos a la Basílica de la Santa Croce en la que se puede leer: «Onorate l'altissimo poeta» (Honrad al más alto poeta). Una tumba que siempre ha estado vacía, pues los restos mortales de Dante no han salido de su sepulcro de Rávena.

Tumba (vacía) de Dante. Basílica de la Santa Croce (Florencia). Foto @tereguerra58
Algunos personajes de La divina comedia solo han llegado al conocimiento de los lectores y el nuestro por haber aparecido en la obra de Dante, como algunos de sus contemporáneos que transitan por la obra por alguna anécdota o referencia. Incluyo alguno de ellos ha llegado a tener vida propia en diversas obras posteriores, especialmente en el mundo de la ópera.
En el segundo círculo del Infierno destinado a los pecadores por lujuria aparecen Francesca da Rimini y su amante Paolo, aunque Dante los presenta como ejemplo y símbolos del amor. Francesca, pariente de Guido Novello da Polenta que lo acogió en Rávena, estaba casada con Gianciotto Malatesta, una de las uniones por conveniencia que se realizaban en la época, aunque se hizo amante de su hermano menor Paolo Malatesta, conocido como Il Bello. Cuando Gianciotto sorprendió a los amantes les quitó la vida, un hecho que sucedió en 1285.
Esta historia tiene todos los elementos para ser llevada en multitud de ocasiones a los escenarios y pentagramas. 
El escritor Gabriele D'Anunzio compuso su drama Francesca da Rimini que sirvió a Riccardo Zandonai para componer su ópera homónima, mientras que la fantasía orquestal del mismo título de Tchaikovsky se inspira en estos personajes. La escultura El beso de Rodin se inspira en los mismos personajes. Compositores como Saverio Mercadante o Rachmaninof también compusieron obras sobre esta historia procedente de La divina comedia.
Otro personaje que aparece en la obra de Dante es Gianni Schicchi dei Cavalcanti, un florentino especializado en remedar al prójimo y sacar beneficio. Según Sione de D'Onati a partir de un comentario sobre La divina comedia aparecido en el siglo XIX, Gianni Schicchi se hizo pasar por Buoso Donati en su lecho de muerte realizando testamento a favor de su sobrino y reservándose para sí una mula (o yegua, según Dante) famosa en toda la Toscana y uno cientos de florines.


A partir de este comentario, Giacomo Puccini compuso la ópera en un acto Gianni Schicchi que formó parte de su Trittico (Tríptico) junto con Il tabarro y Suor Angelica en un momento en que este tipo de obras breves se pusieron de moda en Italia para ser representadas juntas en una sola velada.
A partir de este personaje real y con libreto de Giovacchino Forzano se estrenó en el Metropolitan Opera House de Nueva York en 1918, siendo la obra más representada de la trilogía.
La acción se desarrolla en Florencia en 1299. Buoso Donati acaba de fallecer y su familia lo llora hasta que se enteran de que había dejado toda su herencia a un monasterio. Comienza una carrera por buscar el testamento hasta que lo encuentra su sobrino Rinuccio, quien se niega a dárselo a su tía hasta que acepte una condición: Si el testamento favorece a la familia, debe dejarle casar con Lauretta, la hija de Schicchi. Cuando esta acepta, leen el testamento y confirman el rumor de que han sido desheredados, además de no permitir la boda.
Al llegar Lauretta y su padre, Rinuccio insiste a Schicchi que solucione el problema. Así, cuando llega el médico, le dicen que Donati se encuentra mejor y puede marcharse, el sobrino acude a buscar un notario y Gianni Schicchi se pondrá en el lugar del difunto para dictar el nuevo testamento convenido con la familia, dejando que él mismo decida quién se quedará con la mula, una casa y un molino y los florines. Cuando llega el notario y dicta el falso testamento, Schicchi se queda para sí mismo estos últimos bienes ante la furia y la impotencia de los familiares.
La pieza más conocida de esta ópera es O mio babbino caro (O mi querido papá), al aria en que Lauretta despega sus dotes de zalamería y amenaza fingida para ablandar el corazón de Gianni que, entre las tensiones con la familia de Donatti, se niega a la boda de su hija.
La negativa tajante del padre, como en muchas ocasiones, cede ante la mezcla de súplicas y amenazas de la hija, cuyas miradas, entre sinceras y burlonas forman parte esencial de esta escena.

La soprano Sally Matthews interpreta O mio babbino caro de Puccini con la presencia del barítono Alessandro Corbelli en el papel de un enfurecido Gianni Schicchi que se va ablandando conforme transcurre el aria.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Alighieri, Dante. La vida nueva (edición bilingüe), traducción de Luis Martínez de Merlo. Editorial Cátedra, 2003.
  • Alighieri, Dante. La divina comedia, traducción de Juan de la Pezuela y Ceballos. Editorial EDAF, 2010.

Cómo viajar a Florencia entre el humor y el amor

La belleza no es más que la promesa de la dicha
Stendhal

Pocas ciudades en el mundo que tengan la historia y se dediquen a cuidar la belleza como Florencia. Pertenece a ese grupo de ciudades que deslumbra a quienes la visitan.
Su importancia se reveló fundamental en el Renacimiento con la aparición de tantos artistas y pensadores que revolucionaron el arte y la cultura, desde la poesía a la música, la pintura, la literatura o la arquitectura. Por ella pasaron y quedaron para la historia Giotto, Bocaccio, Dante, Boticcelli, Miguel Ángel, Maquiavelo o Petrarca, muchos de ellos bajo la influencia y patrocinio de la dinastía de los Medicci.



Stendhal, el escritor francés la visitó en los primeros años del XIX y, tras una de sus visitas por la ciudad llegó a escribir: "Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme". Esa sensación que causan ciertas emociones ante la presencia de obras de arte se conoce desde hace años como El síndrome de Stendhal.

En varias ocasiones han pasado por este blog personajes y obras relacionados con la ciudad de la Toscana. En esta entrada viajamos a Florencia con la vista puesta en el humor y el amor, éste último también con un tono irónicamente desenfadado.



El texto de esta entrada viene de la pluma de Carlo María Cipolla, un historiador de la economía que publicó, en principio sólo para sus amigos, dos pequeñas obras, Allegro ma non troppo, que traigo esta semana, y Teoría de la estupidez, ambas cargadas de un fino sentido del humor.
Ya en el prólogo de la primera Cipolla se pregunta qué es el humor: "La vida es una cosa seria, muy a menudo trágica, algunas veces cómica. El humorismo, que consiste en la capacidad de entender, apreciar y expresar lo cómico, es un don más bien escaso entre los seres humanos. Se refiere a la capacidad inteligente y sutil de poner de relieve y destacar el aspecto cómico de la realidad. Hacer humorismo sobre la precariedad de la vida humana cuando uno está junto a la cabecera de un moribundo no es humorismo. En cambio, cuando aquel gentilhombre francés, que subía las escaleras que lo conducían a la guillotina, tropezó con uno de los escalones y, dirigiéndose a losa guardianes exclamó: "Dicen que tropezar trae mala suerte", aquel hombre bien merecía que se le perdonara  la cabeza. El humorismo está tan íntimamente unido a la elección cuidadosa y específica de la expresión verbal con que se manifiesta que difícilmente se consigue traducirlo de una lengua a otra".



Como en todas las entradas, música y texto están unidos por un nexo común. En este caso, viene de la mano del compositor Giacomo Puccini. Se trata de su ópera cómica en un acto Gianni Schicchi.
La obra transcurre el día 1 de septiembre de 1299 en Florencia. Rinuccio y Laureta quieren casarse, pero ella carece de recursos económicos. El padre de Laureta, Gianni Schicchi se presenta para ayudar a los enamorados y es rechazado por la familia del novio. En ese momento, ella suplica a su padre que les ayuden interpretando, entre pícara y zalamera, el aria más conocida de esta obra, O mio babbino caro.





La trama continúa haciendo que Schicchi acceda a la petición de su hija y se haga pasar por un pariente adinerado fallecido para modificar su herencia y pasarse a sí mismo todos los bienes del difunto.
El nombre del protagonista de la ópera aparece en el Canto XXX de la primera parte de la Divina Comedia dedicado al infierno. Para finalizar la obra, Gianni Schicchi deja la acción y, acercándose al borde del escenario, pide al público que con un gran aplauso alivie el castigo que Dante Alighieri le impuso enviándolo al tormento eterno por su capacidad de suplantar a otras personas.




O mio babbino caro es una de esas piezas que han tomado vida fuera de la obra y ha entrado a formar parte del repertorio de las grandes sopranos en sus recitales.
En esta ocasión, una interpretación impecable de Anna Netrebko la soprano que triunfa estos años en el Metropolitan Opera House de New York, en un recital que se dio en 2006 al aire libre en Waldbuhne con la Orcherter der Deutschen Oper de Berlín dirigida por Marco Armiliato.


La popularidad del aria ha sido tan grande que se la puede recordar en diversos anuncios publicitarios. También en algunas películas o series de animación. Para terminar, te dejo con una entraññable aparición de O mio babbino caro junto con Snoopy en un capítulo de Charlie Brown.



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