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Novelas epistolares

Vivimos en la era de la comunicación. Nunca a lo largo de toda la historia hemos estado mejor y más rápidamente comunicados que en la actualidad.
Cualquier hecho que acontezca en no importa qué rincón de nuestro planeta llega a nosotros en un tiempo récord, en ocasiones en el mismo instante en que sucede. Los medios de comunicación han ido mejorando su presencia, su eficacia y rapidez sustituyendo a lo que venían utilizándose desde siglos o años antes. Así, la prensa escrita ha ido cediendo su presencia predominante y fundamental frente a la radio, la televisión y, en los últimos años, internet, debiendo reinventarse en su labor tanto informativa como de creación de opinión. Pero no es este el tema de esta publicación.
De la misma forma que han cambiado los medios de comunicación masivos, sus formas y medios, también ha cambiado sustancialmente la forma de comunicación entre personas de forma individual. En un tiempo en que las distancias tardaban más en cubrirse, la comunicación personal no se podía realizar de forma directa y presencial en determinados momentos, una situación que comenzó a solventarse con la escritura de notas y cartas. Las primeras consistían en mensajes breves, en ocasiones para citarse de forma presencial en momentos determinados o en indicaciones, comentarios o avisos, mientras que las segundas intentaban solventar la distancia física que separaba a los interlocutores con una comunicación más personal y profunda.
En El arte de escribir cartas tratamos este tema con unas reflexiones en las que se nos acercábamos a libros que consistían en la publicación de intercambios epistolares entre grandes escritores y algunas de sus amistades. Así, nos acompañaron cartas de Cortázar, Rilke o Kafka, junto a escenas de óperas en las que las cartas entre los personajes tenían protagonismo.
En esta ocasión nos acercamos a libros y novelas epistolares, aquellos en los que la presencia de las cartas tiene un protagonismo fundamental en el desarrollo de la trama, algunos de ellos simplemente están escritos a base de cartas que desvelan los pensamientos y los acontecimientos por los que atraviesan los protagonistas, mientras en otras ocasiones, el narrador convencional ha sido sustituido por el autor por distintos recursos y elementos: diarios, cartas, noticias o anuncios de periódicos.
Te propongo un paseo por algunas novelas en las que la acción dramática está narrada a base de cartas que los protagonistas se envían y reciben, acompañados con algunas reflexiones sobre la escritura de cartas y música en la que estas forman parte esencial de la acción. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


La comunicación interpersonal mediante carta, posiblemente el tipo de comunicación más intensa durante mucho tiempo, se ha visto mejorada por la tecnología en distintos ámbitos. Por una parte, los medios de transporte han acercado las distancias mejorando los encuentros personales. Por otra parte, los avances en la comunicación que comenzaron con la generalización del uso del teléfono fijo en un primer momento, pasando a los móviles en las últimas décadas hasta llegar a las videollamadas actuales, han ido mejorando la facilidad en la comunicación y el acercamiento en las relaciones personales. También algunas aplicaciones de las que utilizamos de forma generalizada han contribuido a la cercanía en las relaciones con el uso de mensajes de texto o de voz.
De esta forma, nos encontramos en un tiempo en el que escribir cartas es una actividad que ha perdido su vigencia, una situación en la que podemos afirmar que tenemos las herramientas y la posibilidad de entablar unas comunicaciones más fluidas e intensas. Pero no siempre es así.
El hecho de escribir cartas, especialmente esas cartas personales que se escriben a mano, tiene una serie de características y ventajas. Por una parte, muestra la importancia que esa persona tiene para nosotros al dedicarle nuestro tiempo, interés y esfuerzo. También nos sirve para desarrollar nuestra motricidad fina y el área visual de nuestro cerebro. Además, nos ayuda en nuestra concentración y memoria al estar un tiempo concreto con el pensamiento en las ideas que queremos transmitir, nos ayuda a estructurar nuestras ideas y a gestionar nuestras emociones. En un tiempo en el que no disponemos, precisamente, de tiempo, el hecho de escribir cartas nos aporta una serie de ventajas. 


Considerado un autor tan escandaloso como el Marqués de Sade durante mucho tiempo, Pierre Ambroise Choderlos de Laclos (1741-1803) fue un militar francés y escritor aficionado cuya idea consistía en escribir una obra fuera de lo normal, que hiciera mucho ruido y que siguiera haciéndolo una vez que él hubiera muerto. Es lo que ocurrió con su obra más conocidas que podríamos catalogar dentro de la llamada Literatura galante del XVIII, Les liasons dangereuses (Las relaciones peligrosas o, como es más conocidas, Las amistades peligrosas), una obra publicada en 1782, pocos años antes de la Revolución Francesa y la caída del Antiguo Régimen, y de la que posiblemente recordemos la versión cinematográfica que dirigiera en 1988 Stephen Frears con Glenn Close, John Malkovick, Michelle Pfeiffer, Keanu Reeves y Uma Thurman en sus papeles principales.
Escrita estrictamente en modo epistolar, esta novela reúne el afán por las relaciones carnales y una meticulosa, perversa, libertina y refinada crueldad entre dos antiguos amantes, el Vizconde de Valmont y la Marquesa de Merteuil, que se muestran como amigos, aliados o rivales según las circunstancias. 
Estos depravados personajes entablan una relación epistolar a modo de partida de ajedrez en la que aprovechan todas las ventajas que pueden de la sociedad en la que viven. Pese a su estrecha relación, no se hallan en igualdad, puesto que Valmont, en su condición de hombre puede alardear de su libertinaje para acrecentar su reputación, mientras que la Marquesa de Merteuil ha de ocultar sus relaciones en su triple condición de marquesa, viuda y mujer, lo que la obliga a actuar de un modo más discreto y maquiavélico.
Escrita a través de ciento setenta y cinco cartas, el propio Choderlos de Laclos justifica la inclusión de estas misivas como una selección de las cartas entre estos dos y otros personajes con estas palabras escritas en la introducción:

Esta colección que el público hallará quizás aún demasiado voluminosa, no contiene, sin embarco, sino el más pequeño número de las cartas que componían la totalidad de la correspondencia de que está sacada. Encargado de ponerla en orden por las personas que la habían adquirido, y que sabía yo tenían intención de publicarla, no he pedido por recompensa de mi trabajo sino permiso de separar lo que me pareciese inútil, y he cuidado conservar efectivamente solo aquellas que he considerado necesario para mostrar los caracteres y hacer más comprensibles los sucesos.

Nos quedamos con las primeras cartas que conforman Las amistades peligrosas, la primera de ellas de Cecila Volanges a Sofía Garnay, la segunda de la Marquesa de Merteuil al Vizconde de Valmont y la tercera, como respuesta a la primera. 




De todos los tipos de correspondencia, sin duda las cartas de amor son las más conocidas y deseadas. Ya sean de amor intenso, apasionado y correspondido, ya sean de amor contrariado y no correspondido, este tipo de cartas tienen un poder y una fascinación que, en muchos casos van más allá de los remitentes y destinatarios, para formar parte de obras literarias y musicales.  
En la ópera Eugene Onegin Piotr Ilich Tchaikovsky nos cuenta la historia de este personaje y su relación con la soñadora Tatjiana. Esta última, distinta de su alegre y exultante hermana Olga reciben la visita en su finca de su vecino Lensk, un poeta que ama apasionadamente a esta última y que viene acompañado de Onegin, un aristócrata racionalista. Tras salir a pasear juntos Tatjana y Onegin, ella se siente extrañamente atraída por su frío y distante acompañante.
Al no poder conciliar el sueño se da cuenta de que se ha enamorado de Onegin, se sienta en su escritorio y le escribe una apasionada carta de amor que le hace enviar esa misma noche.
Esta escena de la carta supone uno de los grandes monólogos de la ópera en la que Tatjana atraviesa por una serie de emociones, desde la euforia a la desesperación, en una escena que podría dividirse en cuatro apartados, y que comienza con un trémolo vibrante en las cuerdas que muestran la inquietud y encuentro de emociones que siente la joven protagonista.
Al avanzar la ópera comprobaremos que la carta no tendrá efecto y Onegin le agradecerá la misiva, pero la rechazará, pues en lugar del esperado amor, sólo le podrá ofrecer su amistad.

La soprano Anna Netrebko se introduce en el rol de Tatjana para interpretar el aria-monólogo Puskai pogibnu ya, no preezhde (Que perezca, pero antes, con ciega esperanza) acompañada por The Metropolitan Opera Orchestra dirigida por Valery Gergiev en una producción del teatro neoyorkino de 2013 en la que el texto aparece con subtítulos en español.


Pese a la cada vez más escasa costumbre de escribir cartas, su consideración como una actividad útil y necesaria en las relaciones ha hecho que cada día 7 de febrero se celebre el Día de mandar una carta a un amigo
Así, se lleva a cabo una efeméride que nos ayuda a revisar y reconocer el valor de entablar un diálogo asincrónico con otra persona que contribuye a afianzar, mantener y consolidad la relación que tenemos con ella desde la distancia, ya se trate de recordar algún acontecimiento o experiencia juntos, contar una (buena) noticia o expresar sentimientos profundos, entre otras muchas posibilidades.


Otra de las novelas en las que el autor prescinde del omnipresente narrador para dar agilidad, verosimilitud y ofrecer diversos puntos de vista es la obra más conocida de Bram Stoker, Drácula. Bebiendo en las fuentes de las leyendas centroeuropeas, Stoker crea uno de esos personajes que han pasado a formar parte del imaginario popular con variantes, adaptaciones y secuelas que se basan tanto en el personaje como en el mito del vampiro que éste representa.
Aquí Stoker confiere ese grado de nerviosismo, miedo o inquietud al lector con la utilización de diarios, cartas, recortes, anuncios y noticias de periódicos, diarios de navegación o telegramas que ofrecen distintos puntos de vista para crear una novela original con un personaje del que se ha adueñado la gran pantalla en sus mil variantes, eclipsando la calidad y originalidad de novela de Bram Stoker.
El propio autor justifica también la forma de narrar la historia.

El modo en que estos papeles han sido ordenados en secuencia se pondrá de manifiesto durante su lectura. Se han eliminado todos los elementos superfluos de manera que una historia prácticamente en desacuerdo con todas las creencias recientes pueda sostenerse por sí misa como un hecho factual. No hay en ella referencias al pasado en los que la memoria pudiera equivocarse, ya que todos los documentos seleccionados son estrictamente contemporáneos, y reflejan el punto de vista y el grado de conocimiento de aquellos que los redactaron.

El viaje que Jonathan Harker realiza a Transilvania para cerrar la compra de unas posesiones en Londres del misterioso conde Drácula y que conocemos a partir de su diario, crea uno de los más inquietantes inicios de novela.
Buscando la correspondencia, obviamos los cuatro primeros capítulos para acercarnos a las primeras cartas que aparecen en la novela, la que Mina Murray, novia de Jonathan Harker escribe a su íntima amiga Lucy y la respuesta de esta. En ambas cartas se dejan ver algunos de los detalles que servirán para dar entidad a la novela: el deseo de iniciar un diario, los estudios de mecanografía y taquigrafía/estenografía, el conocimiento del director de un manicomio o la insistencia en mirarse al espejo, algo que no pueden realizar los vampiros.



En ocasiones las cartas de amor suponen una ruptura, no por falta de amor, cansancio o aburrimiento vital, sino por simples razones de supervivencia.
Basada en un personaje real, Micaela Villegas, conocida como La Perricholi, una actriz que fue amante de Manuel de Amat y Juniet, virrey de Perú entre 1761 y 1776, Jacques Offenbach estrenó su opereta Le Périchole en 1868 con gran éxito.
La acción se inicia en un cabaret de Lima el día del cumpleaños del virrey don Andrés de Ribiera, que suele salir ese día a la calle disfrazado para conocer qué piensa el pueblo de su gobierno. Allí descubre a dos pobres artistas ambulantes, La Périchole y Piquillo que interpretan una canción a la que el público apenas presta atención, salvo el virrey que se enamora de la cantante. Tras desvelar su deseo de que se convierta en su amante, La Périchole escribe una carta a su amante Piquillo, Ô mon cher amant (Oh, amado mío) en que desvela su renuncia a él por motivos de supervivencia.

Oh, amado mío, te lo juro,
te amo con todo mi corazón,
pero la miseria es ciertamente demasiado dura...

Nos quedamos con este Aria de la Carta de la opereta La Périchole de Offenbach con la interpretación de la soprano Maria Ewing en una producción del Gran Teatro de Ginebra de un ya lejano 1982 y subtítulos en español.


Escribir una carta nos aporta unos beneficios puesto que nos ayuda a estructurar nuestras ideas, dándoles forma, organizándolas y exponiéndolas mucho más allá de lo que supone un simple intercambio de frases e ideas como los que se producen en los cotidianos mensajes de texto. Esta profundización de nuestro pensamiento conlleva un reconocimiento y gestión de nuestras emociones que tiene una doble vertiente, hacia el destinatario, que percibirá de forma clara y nítida nuestros sentimientos, y hacia nosotros mismos, aportando un rol terapéutico, puesto que nos ayudará a reconocer y liberar unas emociones que pueden encontrarse latentes o reprimidas y nos ayudará a liberar y aliviar las posibles tensiones que nos acompañan.


A caballo entre el siglo XVIII y XIX, Jane Austen es una de las grandes escritoras inglesas que retrató como nadie el ambiente social de la burguesía acomodada de la época georgiana, a la que describe con ironía y cierta dosis de comicidad, mostrando los distintos matices psicológicos de sus personajes a la par que una crítica de sus hábitos.
Novelas como Orgullo y Prejucicio, Sentido y Sensibilidad, Mansfield Park, Emma o Persuasión han traspasado la barrera del tiempo para formar parte de las lecturas actuales, además de servir para distintas adaptaciones cinematográficas.
La obra que nos acompaña es otra novela exclusivamente epistolar que no fue publicada en vida de la autora.
Escrita posiblemente entre 1793 y 1794, Lady Susan pertenece a sus obras de juventud y se publicó póstumamente en 1871, décadas después del fallecimiento de su autora.
Conformada por algo más de una cuarentena de cartas escritas o dirigidas a los protagonistas, narra los planes de la protagonista, Lady Susan Vernon, una reciente viuda en busca de marido que pretende casar también a su hija. Aquí la protagonista, una anti-heroína egoísta que mantiene relaciones con un hombre casado mientras busca esposo, hace que Austen revierta las claves de la novela romántica con este personaje joven, de apenas treinta años, inteligente e ingeniosa cuyos pretendientes son siempre más jóvenes que ella, cuya historia concluye con un final indulgente por parte de la autora.
Nos acompaña una sucesión de cartas en la parte cumbre de la novela en la que Reginal de Courcy escribe a la viuda para romper las relaciones que habían comenzado, las misivas que se intercambian sobre este tema y que concluye con la que la señora Johnson escribe para intentar aclarar qué intervención tiene su esposo en todo el asunto.




Tras el entuerto que los personajes de Lady Susan intentan solventar en sus cartas, nos despedimos de esta publicación sobre las novelas epistolares con un nuevo equívoco, en este caso extraído de la última ópera de Giuseppe Verdi.
Con Falstaff Verdi decide volver a la ópera con ochenta años para estrenar en 1893 en el Teatro Alla Scala de Milán la que sería su segunda comedia y su última obra, a partir del personaje creado por Shakespeare en Las Alegres comadres de Windsor y algunas escenas de Enrique IV.
En esta obra, el personaje de Falstaff escribe cartas de amor idénticas a Meg y Alice quienes descubren lo ocurrido y se burlan del anciano proponiéndose gastarle una broma. Así, Verdi crea el Cuarteto de las cartas, en el que en los jardines de los Ford, Meg, Alice, su hija Nannetta y Mrs. Quickly descubren y comentan la situación y deciden que esta última irá a la taberna para fijar una cita de Alice con el anciano pretendiente. El compositor italiano utiliza unos pasajes orquestales y vocales muy ágiles y vivos que concluyen con un cuarteto de voces femeninas. A este, le sigue otro de los hombres que aparecen por el jardín, entre ellos el esposo de Alice y el Dr. Cajus, quienes avisados por los criados de las intenciones de Falstaff, preparan otro plan para evitarlo, que incluye una broma que desconocen las mujeres.
La interpretación corresponde a la grabación de una producción desde el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria con Cristina del Barrio Isabel Rey, Ana Ibarra y Sofía Esparza con la dirección musical de Roberto Gianola.

No dejemos de escribir cartas.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

4 comentarios:

  1. Que interesante viaje nos has ofrecido mirando al pasado de cómo nos comunicábamos hace muy poco y como se perdió esa nostalgia y romanticismo que tenían las cartas. Muy interesante. Un saludo de ANTIGÜEDADES DEL MUNDO

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    1. Los tiempos avanzan y cada vez hay más tecnología que facilita la comunicación, Jerónimo.
      El problema es que la misma tecnología que nos acerca a la información y a nuestros seres queridos nos invita a pensar cada vez menos, obviando la organización, expresión y comunicación de nuestros sentimientos.
      Un fuerte abrazo .-)

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  2. Me ha gustado mucho esa sensación de libertad, ese deambular por la noche sintiéndose libre, plena he pasado en grande leyendo estas cartas que más me han parecido párrafos de novelas de época. En ellas se ve la psicología de los personajes, las relaciones tanto sociales como familiares, costumbres… Una maravilla que se conservan. Nuestros métodos hoy son más avanzados, más fríos y superficiales y no dejarán huella.
    Un abrazo, Miguel.

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    1. Aquí se unen el oficio del escritor para narrarnos la historia y su capacidad para entrar en la mente de cada personaje que escribe las cartas y comunicarnos su mundo interior y social, María Pilar.
      Estamos perdiendo esa capacidad de expresarnos y desarrollar nuestras emociones y pensamientos como consecuencia de la comodidad a que nos llevan los avances tecnológicos.
      Gracias por tu comentario.
      Un fuerte abrazo :-)

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