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Ópera En Zapatillas #OEZ

En los últimos meses hemos dedicado en este blog, que se nutre fundamentalmente de libros y música cantada, algunas publicaciones a acercarnos a algunas de las óperas más conocidas y asequibles para quienes no están habituados a seguirlas.
Entre los distintos factores que hacen que no sean especialmente conocidas en su integridad se encuentra la falta de tiempo. Vivimos habitualmente en una vorágine que nos zarandea de una actividad a otra, de un compromiso laboral a otro familiar, del tiempo obligado y comprometido de antemano al que nos debamos dar a nosotros mismos. Pocas veces disponemos de tiempo libre al que podamos dedicarnos sin planes preconcebidos y quizás los momentos de aislamiento sean propicios para dedicar un tiempo a seguirlas.
Junto a Tijeretazos, que recoge una recopilación, a modo de recortes, de publicaciones del blog, De ciudades y lugares, en la que aparecen publicaciones que nos invitan al viaje por distintas ciudades desde sus libros y músicas y Don(de) libros, que se centra en publicaciones cuyos protagonistas son más los libros que la música, inauguramos una nueva pestaña en el blog: Ópera En Zapatillas.
Podrás encontrar una recopilación de algunas ideas, recomendaciones y enlaces que se han publicado en este blog a la que puedes acceder desde la parte superior del blog en el apartado Estancias. También puedes hacerlo clicando en este enlace: Ópera En Zapatillas.



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Epidemias y pandemias

Puede parecer una idea ridícula, pero la única manera de combatir la plaga es la decencia.
Albert Camus. La Peste

Cuando escribo esta publicación nos encontramos ante una situación inédita en nuestras vidas. 
Una amenaza procedente de un virus, pequeño como todos ellos, ha trastocado nuestro mundo, nuestro sistema de relaciones sociales y económicas, situándonos frente a un espejo que nos devuelve un reflejo infinitamente más humilde que la imagen original.
Distintos sentimientos se agolpan a nivel social y personal. Dependiendo de quienes de verdad entienden, los científicos que luchan en una carrera contra el reloj, y aquellos que toman decisiones, nos movemos entre sensaciones diversas que oscilan entre verlo desde fuera, como si no nos afectara a todos, o sentir cercana la presencia del causante invasor; desde la indiferencia hasta la más profunda solidaridad.
Quizás en determinados grupos de personas esta pandemia encaje con el gusto del público por argumentos apocalípticos en libros, cine y series de televisión. Desde una de las primeras películas, aquella Mad Max que dibujaba un escenario post-apocalíptico, el género no ha hecho más que  seguir el interés de un público ávido de buscar las sensaciones que genera el estado cada vez más lastimoso en que se encuentra nuestro planeta. Y ahora, esta epidemia.
En un tiempo de reclusión doméstica te propongo un recorrido por diversas obras que tienen como fondo grandes epidemias o desastres en las que podemos reconocer más paralelismos que divergencias con la situación provocada por el insignificante Codvid-19 que ha trastocado nuestras vidas. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Peter Brueghel el viejo De Triomf van dee Dood (El triunfo de la muerte)

Comenzamos.



La obra de Boccaccio utiliza tan desalentador inicio para mostrarnos una de los primeros y más afortunados compendios de historias de la literatura occidental. Distribuida en diez jornadas en las que cada uno de los diez protagonistas narra una historia, estas cien narraciones muestran varios siglos después de ser escritas el ambiente, las costumbres y los perjuicios de la sociedad de su época, además de algo tan imperecedero como la carga de humanidad que se esconde tras los caracteres de los protagonistas, sus temperamentos o las reacciones que aún podemos reconocer en nuestros actos.



Michelangelo Falvetti vivió entre su Calabria natal, Palermo y Messina, siendo en estos lugares Maestro di Capella, fundando en la segunda de estas ciudades la Unione dei Musici. Sacerdote católico, compuso una serie de obras musicales, la mayoría relacionadas con temas bíblicos entre las que destaca Il diluvio universale estrenada en 1682, una obra que se forma con partes cantadas con diversos personajes tanto humanos como alegóricos. Noé y su esposa Rad, cuyo nombre no se menciona en La Biblia, comparten repertorio con el Agua, la Muerte, la Justicia Divina, Dios o la Naturaleza Humana. Se trata de un Oratorio en Drama que consta de cuatro cuadros o escenas: En el cielo, En la tierra, El gran Diluvio y En el arca de Noé.
En el tercero de los cuadros, una vez finalizado el Diluvio incluye el dúo para sopranos Ecco l'Iride paciera (Aquí está el pacífico arco iris), una pieza que recrea una deliciosa danza que en el enlace que nos acompaña está interpretado por tres voces. Las sopranos Mariana Flores, Caroline Weynants y Amélie Renglet, acompañadas en la parte final por el coro junto con la voz de Leonardo García Alarcón, director de origen argentino, clavecinista y fundador de la agrupación Capella Mediterranea, interpretan esta danza de esperanza con que finaliza el diluvio.



El inicio de El Decamerón se sitúa en una de las capillas de Santa Maria Novella, una iglesia de Florencia en la que siete mujeres y tres hombres deciden salir de la ciudad y dirigirse al campo a la espera de la remisión de la epidemia. 
Antes de centrarse en el desarrollo de su historia, Boccaccio dedica unas páginas a describir distintas situaciones que reflejan las actitudes y reacciones de quienes vivieron la situación y que, con ciertas diferencias, nos pueden parecer familiares.


Gaeteno Donizetti, uno de los compositores que suelen aparecer en este blog gracias a obras como L'elisir d'amore, Lucia di Lammermoor o Don Pasquale, entre otras, también dedicó una de sus obras a la historia bíblica de Noé. Poco conocida, Il Diluvio Universale es una obra que se basó en la obra de Lord Byron Heaven and Earth (Cielo y Tierra) y que se estrenó en el Teatro San Carlo de Nápoles en 1830. Pese al interés y buen hacer de Donizetti y su libretista, algunos errores en la elección de intérpretes, no del protagonista que fue el bajo Luigi Lablache -quien más tarde protagonizaría Don Pasquale en su estreno- y una escena final del diluvio que, al parecer, llegó a ser risible, hicieron que esta obra apenas haya sido representada.
En el enlace podemos oír la obertura de Il Diluvio Universale en una interpretación de la Orquesta Sinfónia Gaetano Donizetti de Gessate dirigida en octubre de 2008 en la Chiesa Parrocchiale de la citada ciudad por Mº Pierangelo Pelucci.


Quizás la mayor aproximación literaria a este tipo de epidemias o catástrofes sea la que refleja Albert Camus en La peste.
El escritor francés de origen argelino centra la acción de la novela en una epidemia de peste en la ciudad de Orán. Allí, la llegada de la epidemia acaba con la actividad comercial a la vez que trastoca los sentimientos y actitudes de sus habitantes.



Nacido en Valls (Tarragona) e hijo de padre suizo y madre francesa, Robert Gerhard se consideró en todo momento un compositor español desde su nacimiento a finales del XIX hasta su fallecimiento en el exilio en Oxford en 1970.
En 1964 estrenó su cantata o, hablando con más propiedad, su melólogo La Peste basada en la obra de Camus, una obra que sintetizó en dos personajes: un narrador y un coro que son acompañados por la orquesta. El narrador va desarrollando la explicación de la historia y el comportamiento del pueblo, mientras el coro representa a este pueblo que recibe el azote de la peste. El texto es el centro de esta obra, pero la música de Gerhard amplifica y transmite el valor expresivo de la palabra, otorgándole un clima de angustia que refleja de forma magistral el sentido de la novela.
De los enlaces disponibles en la red nos acompaña la versión de la Joven Orquesta Nacional de España con el BBC Symphonie Chorus y la voz de Michael Lonsdale dirigidos por Edmon Colomer que se pueden oír mientras se sigue la narración de Camus.
El primer enlace se titula Déclaration de l'épidémie (Declaración de la epidemia).



Hijo de una familia muy modesta, Albert Camus tuvo una infancia paupérrima que se agravó con el fallecimiento de su padre en la Primera Guerra Mundial cuando él contaba con un año de edad. Tras desarrollar a duras penas sus estudios gracias a su brillante inteligencia, se gradúa en Filosofía y Letras, aunque no le permiten dar clases por estar afectado de tuberculosis. Más adelante trabaja como periodista, llegando a publicar multitud de ensayos, así como obras de ficción entre las que destacan las novelas El extranjero y La peste, algunos cuentos y varias obras de teatro como Calígula o El estado de sitio.
En La peste, Camus muestra un abanico de sensaciones, sentimientos y actitudes que van desde la indiferencia, la falta de empatía o la pasividad iniciales cuando se manifiesta la epidemia, hasta la solidaridad, la cercanía hacia los demás y la fraternidad.
Un narrador va relatando de forma impersonal, como testigo la situación que conoció en Orán siguiendo las tribulaciones de los principales personajes: el doctor Rieux, Tarrou, su amigo y confidente o el periodista Rambert quien, separado de su novia por la distancia, desea salir de la ciudad para encontrarse con ella. La evolución de estos personajes, así como cuantos les acompañan se va desgranando a lo largo del desarrollo de la enfermedad y sus propias evoluciones vitales.
En el texto que nos acompaña, el cronista reflexiona sobre la importancia de las acciones generosas que aparecen en estas situaciones.


En The Plague (La Peste), Gerhard crea un entramado que provoca en el espectador una sincera emoción gracias al contraste entre la voz neutra del narrador y el efecto sonoro de la orquesta y el coro. El hecho de unificar a los personajes de la novela en narrador y coro y reducir la duración a poco menos de una hora concentra el dramatismo de la composición otorgándole una mayor fuerza.
El siguiente enlace se titula La fermeture des portes de la ville (El cierre de las puerta de la ciudad) en el que se narra una situación que ya nos va resultando conocida.


Otra obra literaria que se acerca a este tipo de epidemias es la novela de Alessandro Manzoni I promessi sposi (Los novios) una obra que se desarrolla en los alrededores de Milán y la propia ciudad entre los jóvenes Renzo y Lucia durante el siglo XVII en la narración de sus peripecias para poder contraer matrimonio. 
Un tanto irregular en su desarrollo, la segunda parte de la novela tiene como elemento fundamental de la acción la epidemia de peste que diezmó la Lombardía. Esta novela está considerada una de las obras fundamentales de la literatura italiana junto con la Divina Comedia y su autor, el poeta y escritor Manzoni fue uno de los personajes más celebrados de su época. Un año después de su fallecimiento, su amigo Giuseppe Verdi compuso su Misa de Requiem para evocar su memoria.



La obra de Gerhard usa del melodrama pero, según su autor, sin ser tratado éste melodramáticamente. El recitado del narrador, como decíamos tiene un tono neutral, pero su ritmo y su tono forman un elemento prácticamente musical que se funde con el entramado de la orquesta y el coro conformando un melólogo que se acerca a la esencia de la obra de Camus.
El siguiente enlace, dentro de la misma grabación dirigida por Edmon Colomer, corresponde a Les enterrements, título que es innecesario traducir y que finaliza con un sonoro silencio.


La peste es un símbolo en la obra de Camus, la metáfora que favorece la conciencia de los otros y que mueve a la solidaridad. 
También puede entenderse como metáfora de los regímenes totalitarios, especialmente del nazismo que acababa de ser derrotado cuando se publicó la novela, lo que da más sentido al final de la misma. Además de una obra sobre esa enfermedad, es una reflexión sobre la enfermedad moral que va extendiéndose entre todos los habitantes hasta infectarlos y acabar con ellos. Los muros de Orán se erigen como la imposibilidad de cada uno de nosotros de escapar de nuestra propia realidad, por lo que ese mal no es algo concreto y localizado, ya que puede encontrarse en cualquier persona.
Así, La peste es una obra cargada de una carga moral enorme en la que Camus advierte que la enfermedad no afecta sólo a quien se contagia, sino que alcanza a los que aún están sanos y optan por los dos extremos posibles, la generosidad en sus acciones y el egoísmo. 
Nos acompaña un texto que incide en la soledad que se produce entre las personas afectadas y cuyo reflejo podemos encontrar en cualquiera de las situaciones que nos acompañan.


Volvemos a Il Dilvio Universale de Falvetti, una autor de la generación posterior a Monteverdi, a quien reconocemos autor de la primera ópera que se conserva. Y en esta nueva mirada fijémonos en la muerte, mas para reírnos de ella, para exorcizarla. Hagamos que deje la voz grave con la que la imaginamos, con su aspecto duro y serio, irremediablemente trágica. En esta ocasión se nos presenta con la voz aguda del contratenor Fabián Schofrin, la cara blanca y cómica y la interpretación de esos bailes que, según la tradición,  se utilizaban para sanar, para hacer bailar a los enfermos picados por una tarántula, para que con su sudor sacaran el veneno del cuerpo. La Muerte interpreta, cercana, risible, desmitificadora, una tarantella. Una vez terminada nos ofrecen un bis sobre la melodía anterior. Seguimos con la Capella Mediterranea y la dirección de Leonardo García Alarcón.


La peste finaliza con la desaparición de la enfermedad y, por tanto, de sus consecuencias. Nos ofrece un punto de esperanza, haciéndonos ver que, a pesar de todos los males que puedan asolar al mundo en forma de plaga o epidemia, siempre podemos tener la esperanza de ver aflorar lo mejor de cada persona y del género humano. Mas Camus no es en absoluto un ingenuo y sabe que ese sentimiento tan humano como es la fraternidad es posible, aunque puede desaparecer en determinados momentos. Así lo anuncia: 




La última pieza de The Plague muestra el final de la novela, caótico y alborotado. La desbordante alegría del pueblo contrasta con el neutro relato del narrador, logrando una diferencia entre la sensación de felicidad de que lo ha finalizado y la preocupación por lo que puede volverse a repetir.



El último de los episodios La fin soudaine de l'épidémie (El fin repentino de la epidemia) está interpretado, como los anteriores por la Joven Orquesta Nacional de España con el BBC Symphonie Chorus y la voz de Michael Lonsdale dirigidos por Edmon Colomer.
Pronto, aunque con más o menos cicatrices, nos encontraremos en esa situación, alegres y sensatamente preocupados. Lo veremos.



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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Una jaula con el techo de cristal

Durante muchos años, siglos, el papel de la mujer se restringía única y exclusivamente al ámbito familiar. 
Participar, aportar, configurar el mundo en que queremos vivir y tal como queremos que sea es una posibilidad que, por una cultura que lleva ejerciéndose desde hace cientos de años, ha negado de forma sistemática -aunque haya consentido determinadas excepciones- el acceso de la mitad de la población a este derecho. Una determinada mirada, un punto de vista diferente o, al menos, diverso se ha perdido en este tiempo y es responsabilidad nuestra contribuir con todo el potencial que los seres humanos podemos aportar en nuestra marcha conjunta por la vida.
Muchas mujeres han luchado y dedicado su esfuerzo y su vida a aportar cuanto tenían y podían para contribuir con sus ideas, sus esfuerzos, su trabajo en luchar por un mundo más igualitario. Afortunadamente, en un mundo tan poliédrico como el que vivimos, muchas van viendo el resultado de su esfuerzo. 
En estos días mi hija Mónica ha publicado un estudio titulado Educación sexista en los libros de texto de historia para la revista digital Hipatiapress.com en el que reflexiona sobre la presencia de la mujer en estas publicaciones y, de modo especial, en las consecuencias que esta presencia origina en el ámbito social. Conseguirá lo que se proponga.
Conceptos como vivir en una jaula o el techo de cristal hacen referencia, por una parte al hecho de hacer que determinadas personas se sientan confinadas en un recinto del que no pueden salir, bien en el ámbito doméstico, bien negando su posibilidad a los mismos derechos efectivos y sociales que al resto de colectivos; mientras que el techo de cristal alude a una limitación al ascenso laboral de determinadas personas o colectivos, especialmente el femenino, dentro de organizaciones de forma velada, pese a que jurídica o efectivamente no exista esta limitación.
Muchas han sido las mujeres, en ocasiones incluso apoyadas por hombres, que han debido luchar de forma heroica o titánica por ver compensados sus esfuerzos en esta lucha por la igualdad efectiva.
Te propongo un acercamiento a dos mujeres que lucharon por desarrollar su talento en una sociedad y un entorno que condicionaron vida: Delmira Agustini y Fanny Mendelssohn. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! 



He de reconocer que hasta que no leí Libro de Réquiems de Mauricio Wiesenthal no conocía la existencia de Delmira Agustini. A partir de ese momento el interés por Delmira fue en aumento, en un primer momento casi más por su persona, su peripecia vital, que por su obra. 
Delmira nació en Montevideo en 1886 en el seno de una familia acomodada en la que fue educada como muchas mujeres de su sociedad en el cultivo de las letras y la música. Sabía leer a la perfección desde los cinco años, componía poemas antes de cumplir una década y era capaz de interpretar complicadas partituras al piano. Sobreprotegida en exceso por sus padres, especialmente su madre, Delmira apenas se relacionaba con personas de su edad y comenzó a publicar en La Alborada, una de las revistas de su ciudad, en primer lugar sobre mujeres que destacaban por su cultura en la sociedad que la rodeaba y más adelante poemas. Con veintiún años publicó su primer libro de poemas, El libro blanco, que recibió una buena acogida de la prensa en una sociedad cerrada que celebraba los escritos del estilo modernista a la vez que refutaba temas como el erotismo que desarrollaba la escritora.
Es el citado Libro de Requiems de Mauricio Wiesenthal, que ya nos ha acompañado en otras ocasiones el que vuelve a servirnos para conocer más sobre Delmira



Fanny Cecilie y Jacob Luwdig Felix Mendelssohn provenían de una adinerada familia judía de banqueros alemanes que adoptaron los apellidos Mendelssohn-Bartoldy tras convertirse al protestantismo.
Nacidos en Hamburgo en la primera década del XIX, ambos, junto con sus otros tres hermanos, tuvieron una sólida educación en diversas artes. Gracias a su madre se iniciaron en la interpretación del piano para pasar más adelante a recibir clases de teoría y composición musical por prestigiosos profesores, además de tener relaciones con escritores como Goethe. Fanny y Félix mostraron una asombrosa facilidad para la interpretación de las fugas de Bach y la composición, además de una compenetración y complicidad enormes entre ellos.
Una carta que su padre le escribió al cumplir los quince años marca un punto de inflexión:


"Aquello que me escribiste en la carta hablando de tus actividades musicales respecto a Félix está bien razonado y bien escrito. Es posible que la música se convierta en su profesión, aunque para ti será siempre un bello ornamento; nunca podrá ni deberá convertirse en la base de tu existencia."

En cambio, Félix pasó de ser un niño prodigio como ella, a convertirse en director de orquesta, compositor, fundar el Conservatorio de Leipzig o conocer a personajes como la Reina Victoria. Mientras, Fanny se conformaba con dar conciertos privados, los Sonntagsmusiken (Domingos musicales), para familiares y conocidos.
Ante esta situación los hermanos optaron por una solución que en aquel momento les benefició, pero que, con el tiempo perjudicó la carrera de Fanny: Félix firmaría las obras de su hermana con el fin de darlas a conocer.
Una situación que en un momento determinado protagonizó una de las más embarazosas situaciones para el compositor. En su viaje a Inglaterra en 1842, la reina Victoria lo invitó al palacio de Buckingham donde lo felicitó por su canción Italien (Italia) que era una de sus piezas favoritas. Mendelssohn, tras el apuro inicial, se mostró sincero con la soberana inglesa y le confesó que la autora de la pieza era su hermana, algo inusitado en aquella época, en que no se entendía que una mujer pudiera dedicarse a realizar determinadas cosas fuera del ámbito doméstico.

Es precisamente el lied Italien el que enlazamos a continuación en una versión interpretada por la soprano Donna Brown y el pianista Françoie Tillard compuesto por Fanny Mendelssohn y no su hermano Félix a partir de un poema de Franz Grillparzer.


En 1913 Delmira Agustini se casó con un tratante de caballos procedente también de familia acomodada ajeno a su círculo cultural e intelectual. En esos momentos ya tenía publicados tres poemarios y, aunque su acercamiento al erotismo le trajo cierta polémica, era una escritora con un nombre reconocido.
Después de varios años de relaciones, contrae matrimonio con Enrique Job Reyes. El carácter prosaico y aburrido de su esposo, el nulo entendimiento cultural y la idea preconcebida de alejarla de la creación literaria, como algo propio de señoritas hasta que se casan, la alejó de él. 
En escritos sobre el día de su boda, Delmira revela al intelectual argentino Manuel Ugarte, que se convertirá en su amante, la frustración que tuvo el día en que contrajo matrimonio. Semanas después abandona a su esposo y regresa a la casa familiar, mientras continúa viéndose con Ugarte.
Interpone una demanda de separación alegando hechos graves ocurridos por la conducta de su marido. Enrique Reyes responde a la demanda negando lo hechos, aunque afirmando que, puesto que Delmira ha abandonado el hogar, él respeta que se produzca la separación. Este consentimiento a nivel público contrasta con la actuación privada escribiéndole cartas constantemente, golpeando en su ventana o mezclando la amenaza con la súplica. 


Entretejidos entre las páginas de varios cuadernos, el padre de Delmira y su hermano transcribían y pasaban a limpio los poemas antes de ser publicados. Mas la poetisa tenía un corazón ardiente y un alma indómita. Sola entre los clásicos y ella misma, aprendió que los libros no se leen de igual modo cuando se hace en secreto; que la música no suena igual cuando la toca una joven señorita de ciudad que cuando se interpreta por un vividor entre copas; que la emoción de admirar un cuadro en un museo no es comparable a realizar un dibujo a escondidas en un cuaderno de clase.
Así, encerrada a solas en su habitación, o con su amante, los versos escritos por Delmira tienen una condición clandestina, una nocturnidad de reptil que serpentea, la fuerza de la palabra que se escapa sin querer decirla, la idea que se dibuja en el aire antes de querer retirar la pluma que la escribe. 

Publicado en 1910, Cantos de la mañana es su segundo libro de poemas tras El libro blanco y cimentó la figura de la escritora uruguaya, encumbrándola como la gran promesa de la literatura hispanoamericana junto a Ibarbouru o Gabriela Mistral.
Lo inefable nos acerca a aquello que, como su nombre indica, no se puede expresar con palabras. Escrito en forma de soneto clásico, un tipo de composición que volvieron a utilizar los modernistas y, de modo especial, Agustini, este poema es representativo de la obra de la escritora uruguaya.


Fanny Mendelssohn tenía "dedos de fugas de Bach" según decía su madre, siendo más virtuosa al piano que su hermano, según narran. Con trece años interpretó de memoria los 24 preludios de El clave bien temperado de Bach y al año siguiente dedicó su primera composición a su padre.
Los dos grandes obstáculos que negaron la carrera musical fueron su pertenencia a una clase social elevada que no contemplaba que uno de sus miembros se dedicara a una actividad como la música y, de modo especial su condición femenina y su educación cuyo fin último era que contrajera matrimonio.
En 1829 contrajo matrimonio con el pintor Wilhelm Hensel que, aunque llevó a una separación física de los hermanos, no hizo que la complicidad y confidencialidad entre ellos desapareciera. Al contrario, Félix la animaba a continuar su vida musical, aunque fuera en privado, mientras su esposo la animaba a seguir componiendo.
La decepción de Fanny por no poder realizarse como persona encontró el apoyo de ambos e incluso de sus padres que la animaban a abrir su casa a los Sonntagsmusiken que llegaron a convertirse en una de las reuniones sociales más privilegiadas y a las que acudían personalidades como Liszt, Paganini, Weber, Goethe, Hegel, Humboldt o Clara Schumann.
Las piezas que componía las mostraba a su hermano con la intención de que las publicara con su nombre, a lo que él se resistía. Llegó a escribir alrededor de 466 piezas, la mayoría de ellas para piano y voz, aunque ninguna de ella fue publicada en vida de ella.
La sopran Bibiana Nwobilo interpreta el lied Bergeslust con el acompañamiento al piano de Christopher Hinterhuber en un concierto de Styriarte de 2012.



En 1913 Delmira Agustini publicó su tercer poemario, Los cálices vacíos, donde el erotismo tiene una fuerza aún mayor provocando un escándalo en la sociedad uruguaya. No sólo era una joven soltera quien escribía, sino que, sobre todo, la mujer no podía ser sujeto de deseo, sino sólo objeto deseado. Así, Delmira se presenta en la tradición y la cultura literaria añadiendo un nuevo matiz del sujeto femenino capaz de poseer una vida íntima y experimentar deseos diferentes a los definidos por la tradición literaria masculina.

Fotografía de boda de Delmira Agustini
Coetáneo de Delmira Agustini, Rafael Barret nació en Torrelavega, hijo de inglés y española, de familia relacionada con la vieja nobleza, recibiendo también una exquisita educación. Tras unirse a la bohemia madrileña hubo de exiliarse tras un desagradable incidente. En Al margen, Barret recoge y refiere historias que reflejan lo más irónico del alma humana, sus intereses y móviles más hondos, sus anhelos más grotescos. 
Entre los escritos que recoge en este libro de memorias y conocimientos, nos muestra sus ideas sobre Delmira Agustini cuando era aún una escritora con mucho aún que decir y tiene, por tanto, la mirada de quien la observa en el momento en que la poetisa vive, escribe y se muestra como la promesa de escritora que iba a engrandecer la literatura hispana.



Fanny Mendelssohn luchó entre su pasión por la música y las normas que regían en la sociedad y la familia en que vivía. A uno de sus amigos, el diplomático Karl Klingemann le agradecía el interés por su obra a la vez que lamentaba que en su ciudad, Berlín, no tuviera público. 


"Una vez al año, quizás alguien me copiará una pieza o me pedirá que toque algo especial. Con certeza, no será frecuente."

Sólo ofreció un concierto público en su vida en 1828 interpretando el Concierto nº 1 para piano de su hermano como solista.
El 14 de mayo de 1847, mientras ensayaba el oratorio La primera noche de Walpurgis de su hermano sufrió un derrame cerebral que le provocó la muerte inmediata con cuarenta y un años de edad.
Fue tal la conmoción que originó que su esposo abandonó la pintura e incluso dejó a su hijo Félix Ludwig Sebastian -los nombres de los tres músicos a los que Fanny más admiraba- al cuidado de un familiar. Su hermano entró en una espiral de depresión y dejó de componer. 


"Con su amor y amabilidad me acompañó en cada momento de mi vida... Nunca podré acostumbrarme a ello." 

Su última obra fue su Cuarteto para cuerdas nº 6 en Fa menor dedicado a ella. El 4 de noviembre de ese mismo año, seis meses después, casi sin poder soportarlo, moría Félix Mendelssohn por la misma causa que había acabado con la vida y la prometedora carrera de su hermana, un derrame cerebral.



La última interpretación que nos acompaña es otro de los lieder de Fanny Mendelssohn, Frühling, su Opus 7, nº 3 con la voz de la soprano Rachel Schutz y el acompañamiento al piano de Jonathan Korth en una grabación de noviembre de 2015.



Cerrado su matrimonio con Enrique Job Reyes, Delmira siguió viéndose con su amante, aunque comenzó a verse de modo clandestino con su propio marido a quien, en una vuelta de tuerca convierte ahora en su amante, visitándolo con regularidad en una habitación que él había alquilado para este fin. Aquel de quien escribió cuando se casaron


Taciturno a mi lado apareciste
como un hongo gigante, muerto y vivo,
brotado en los rincones de la noche.

La solicitada separación, el divorcio legal entre ambos se produjo el 22 de junio de 1914, diez meses después de la celebración nupcial, convirtiéndose en el primero que se llevó a cabo en Uruguay y el que abría las puertas a estos procesos en hispanoamérica. En la siguiente cita entre Delmira y su ex esposo y amante, el 6 de julio, Reyes la asesinó, quizás cansado de ser su amante o pensando que era humillado en su virilidad, acaso consumido por los celos y la nocturnidad. Le descerrajó dos tiros en la cabeza por la espalda cuando aún iba medio desnuda, con una pistola que ocultaba bajo la almohada. Después, sólo después, se disparó a sí mismo. 



Su madre, aquella que tanto la dirigió y sobreprotegió, no quiso dejarla marchar tranquila. Antes de enterrarla rodeó el féretro con las partituras de piano que tantas veces tocó, llenó la habitación con los cuadros que pintó, las labores que realizó y hasta, como una grotesca figura macabra, la primera muñeca que le habían regalado cuando niña. 
Tras haber anunciado en Los cálices vacíos que estaba preparando su nuevo poemario Los astros del abismo, que no llegó a publicar, los versos que dejó escritos aparecerán en la recopilación póstuma El rosario de Eros.
Estremece leer este casi soneto que escribió acercado su mirada hacia la muerte sin pensar en la de ella misma 

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Bibliografía consultada:

Alicia y las canciones sin sentido

Hay nombres que con sólo citarlos nos acercan no sólo al personaje que representan, sino a una idea o arquetipo relacionado con nuestro mundo. 
Carmen, la gitana de Sevilla, nos muestra la fuerza del amor indómito. Don Juan es el eterno conquistador, de la misma manera que Fausto pacta con el diablo o Robinson Crusoe es el náufrago capaz de sobrevivir en una isla abandonada por la fuerza de su cultura y civilización.
Decir Alicia es evocar en nosotros un mundo plagado de historias extrañas o extravagantes, ilógicas y contradictorias, imposibles juegos de palabras e inimaginables paradojas que asociamos a la infancia, aunque en esa época no se alcanza a conocer todas las implicaciones y significados que hay tras cada una de las historias y personajes que aparecen en sus libros.
Pocas historias han sido tan llevadas a la gran pantalla como estas aventuras de Alicia a la que imaginamos y vemos rodeadas de extraños personajes y situaciones.
Te propongo un paseo por algunos textos de Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll acompañados por algunos de sus poemas con la música de Lyza Lhemann. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!
Todas las ilustraciones son de John Tenniel y corresponden a la primera edición
Hablar de Charles Lutwidge Dodgson o Elisabetha Nina Mary Frederica Lehmann no nos dice nada a la mayoría de nosotros, aunque sí podemos reconocer al primero de ellos bajo el pseudónimo de Lewis Carroll, el autor de uno de los personajes clásicos más conocidos de los últimos siglos: Alicia, un nombre al que asociamos con El país de las maravillas.
En cambio Liza Lehmann, nombre con el que fue conocida la coprotagonista de esta publicación, aún sigue siendo un personaje desconocido, a quien iremos descubriendo a lo largo de esta publicación.
Encasillada en la literatura infantil, Alice's Adventures in Wonderland (Alicia en el país de las maravillas) o su continuación Through the Looking-Glass (A través del espejo) fueron escritas para uso privado tras ser narradas oralmente a unas niñas en diversos paseos en barca o por el campo. Más tarde, Carroll fue invitado a publicarlas, logrando un éxito inmediato.
El testimonio de Alice Liddell, la protagonista principal de la historia junto con sus hermanas e hijas del deán del Chirst Church de Oxford recuerda esos momentos.



Las historias de Alicia están salpicadas de absurdos juegos de palabras, conceptos matemáticos como negaciones, opuestos o inversiones o ideas cargadas de una enorme fantasía que, en muchas ocasiones, no se encuentran al alcance del conocimiento de los jóvenes lectores.
Las narraciones están salpicadas de algunos poemas de creación propia del autor, aunque en determinados casos son modificaciones de canciones o poemas populares pasados por los tamices señalados anteriormente.


En esta situación es donde aparece nuestra segunda protagonista, Lyza Lehmann, una compositora de la segunda mitad del XIX y primeros años del XX que realizó un ciclo de canciones sobre los poemas de Carroll a los que denominó Nonsense songs. The songs that came out wrong from Alice in Wonderland (Canciones sin sentido. Las canciones que salieron equivocadas de Alicia en el país de las maravillas).
Se trata de un ciclo publicado en 1908 con nueve canciones para cuatro solistas (soprano, contralto, tenor y bajo) que son interpretadas por distintas combinaciones de dichos cantantes y piano.
Los títulos de este ciclo de canciones aluden a algunos de los poemas que salpican la obra y son los siguientes:
1- ¿Cómo hace el pequeño cocodrilo?
2- Furia dijo a un ratón.
3- Eres viejo, padre William.
4- Habla con rudeza a tu pequeño (nana de la duquesa)
5- ¿Caminarás un poco más rápido?
5a- ¡Oh! Es amor.
6- Sopa Mockhurtle.
7- La reina de corazones.
8- Me dijeron que había estado con ella (en la escena del juicio).
9- Epílogo: A Alicia

Cada uno de los textos que nos acompañan finaliza con un poema en el que se basa cada una de las canciones de Lyza Lehmann.
El primero de estos textos nos sitúa en el momento en que el Conejo Blanco deja sola por primera vez a Alicia.



El primero de los temas, How doth the little crocodile (¿Cómo hace el pequeño cocodrilo?) nos acerca a la grabación que han realizado Will Clothier (barítono), Maddie Jones (soprano), Matthew Cooke (tenor) y Sophia Lyons (soprano) con el piano de Daniel Harding y que ha sido subido al canal de éste último en febrero de 2020. La grabación ha sido realizada en el Colyier-Fergusson Hall de la Universidad de Kent como parte del proyecto #AliceatUKC. Como podemos observar se trata del cuarteto que abre el ciclo de canciones.


Lewis Carroll (1832 1898) fue un diácono anglicano, profesor de lógica y matemáticas y fotógrafo, aunque su fama le vino por ser el autor, sobre todo, de las dos obras citadas. Además, publicó con su nombre verdadero Charles Dodgson diversos escritos sobre lógica simbólica, álgebra, matrices o matemáticas recreativas, dentro de su trabajo profesional como docente en la Christ Church de Oxford.



El éxito de la primera de las aventuras de Alicia fue inmediato, hasta el punto de cambiar su forma de vida, con una popularidad que hizo que recibiera miles de cartas de admiradores de su obra.






La pieza que pone música a este extraño poema en el que la propia Alicia tergiversa alguna letra conocida es la tercera de las canciones del ciclo de Lehmann: You are old, Father William (Eres viejo, padre William), una canción para dúo de bajo y tenor, interpretada por los cantantes y pianistas citados en la obra anterior.


Nacida en 1862, Lyza Lehmann estudió composición y canto debutando en 1885 como soprano hasta que dejó los escenarios una década después tras casarse. A partir de ese momento dedicó su vida profesional a la composición, de forma especial a la música vocal, a la que dedicó algunos ciclos a las canciones de arte, de salón o infantiles, además de varias óperas y diversas piezas para voz y orquesta.
Poco antes del cambio de siglo recorrió Estados Unidos donde se interpretaron sus composiciones, regresando a su país natal para ser cofundadora de la Society of Women Musicians (Sociedad de Mujeres Músicas), una asociación que luchaba por los derechos de las intérpretes y compositoras dentro de la sociedad británica, llegando a ser su primera presidenta. Estos trabajos de composición y gestión los compaginó con el de profesora de canto de la Guildhall School of Music.



En la parte final de Alice in Wonderland aparece The Queen of Hearts (La Reina de Corazones), un controvertido personaje, malhumorado, histérico y gritón que va avasallando, nunca mejor dicho, a sus vasallos. Más adelante, Alicia se ve inmersa en un juicio en el que no sabe muy bien de qué se le acusa.



Este poema, el más corto de todo el ciclo se corresponde con el número 8 del ciclo Nonsense songs con el título The Queen of Hearts (La reina de corazones), en la que la soprano pone la voz al reconocido personaje del Conejo Blanco quien recita, casi grita, en la novela estos versos.
La soprano Sophia Lyons con el acompañamiento de Daniel Harding es quien interpreta esta canción, repitiendo en dos ocasiones el texto dada su brevedad.


La última de las piezas del ciclo de estas Canciones que salieron equivocadas lleva por título Epilogue: A Alice. El autor del libro, Carroll sitúa este poema justo en el inicio de la obra, en un prólogo que dedica a la Alicia personaje, aunque hace referencia de modo indirecto a Alice Liddell y sus hermanas, de quienes siempre afirmó que no eran las directas protagonistas de las historias.
Lyza Lehmann prefiere alterar este orden y dedicar, no el prólogo completo sino la última estrofa de la composición de Carroll al epílogo con el que cierra el ciclo.



Este Epologue: A Alice nos acerca de nuevo a la grabación que han realizado Will Clothier (barítono), Maddie Jones (soprano), Matthew Cooke (tenor) y Sophia Lyons (soprano) con el pianista Daniel Harding grabado en el Colyier-Fergusson Hall de la Universidad de Kent como parte del proyecto #AliceatUKC


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Bibliografía y webgrafía consultadas: