21 oct. 2016

#ViajedeOtoño - Babilonia, un recorrido de cuatro milenios

El otoño es una época que nos lleva desde el intenso y deseado verano al recogimiento interior del invierno. Nos transporta desde nuestra vida disfrutada en el exterior, las calles, plazas y playas, las noches al fresco, hasta el interior de nuestras viviendas con el muro del frío y el mal tiempo.
En muchas ocasiones es un momento en que el ritmo y la rutina de nuestros trabajos y quehaceres diarios junto con la menor duración de las horas del día nos ayudan a disfrutar más de actividades como la lectura, la audición de música, nuestras relaciones personales, incluso en ocasiones, a recordar los lugares y experiencias que hemos podido disfrutar en otros momentos.

Te propongo un recorrido a lo largo de varias semanas en un Viaje de Otoño por distintas ciudades, países, civilizaciones acompañados, como siempre, por textos de distintos libros y músicas que evoquen esos lugares. Desde tu sofá, tu casa o tu habitación te propongo un viaje literario musical. ¿Partimos? 



El primero de nuestro Viaje de Otoño es un recorrido que va a cubrir nada menos que cuatro milenios, desde Babilonia, en la lejana Mesopotamia, hasta nuestros días.
Tras varios siglos de tradición oral, el Poema de Gilgamesh comenzó a escribirse en tablillas de arcilla por distintos escribas, llegando a contarse hasta cinco versiones que, con el tiempo, quedaron fijadas en una sola de la que nos han llegado restos en doce tablillas de arcilla incompletas, cada una de las cuales tiene varias columnas de escritura. Se trata de la primera de las grandes epopeyas de la literatura universal y en ella el personaje protagonista, Gilgamesh, se siente poseído por un ansia de inmortalidad. 



En el relato, el mítico rey de la ciudad de Uruk es en sus dos terceras partes un ser divino y el tercio restante es humano. El relato pertenece a las columnas III y V de la X tablilla en la que el protagonista, en un lugar indeterminado, posiblemente ante un mar que antecede a la muerte, es aconsejado para que se aferre a los dones que la vida aún puede ofrecerle. En la V columna, Gilgamesh responde relatando alguno de sus viajes y acciones.




 
Un segundo texto nos evoca a Babilonia desde Milán en la segunda mitad del siglo XIX, cuando Giuseppe Verdi, viudo reciente, con sus dos hijos fallecidos también, desanimado por el fracaso de sus primeras obras, recibió sin ningún interés, el encargo de Merelli, el empresario de La Scala de Milán



En sus esbozos biográficos narra cómo recibió el libreto y el encargo de escribir una ópera sobre el rey de Babilonia Nabucodonosor, basado en el libro bíblico de Danielcómo el texto de Temistocle Solera se le convertía en música. El texto está extraído del libro Giuseppe Verdi. La intensa vida de un genio, de la periodista y escritora Ángeles Casouna interesante biografía bien documentada y rigurosa, imprescindible para los amantes de este género literario y de la música.


Un coro de esclavos hebreos en Babilonia, a orillas del Eúfrates llora su perdida libertad y su añorada patria. Se trata de uno de los coros más conocidos de la historia de la ópera, todo majestuoso, del que la Italia del Risorgimiento hizo su himno de libertad y que llevó el nombre de Verdi a la inmortalidad.




 En 2002 se interpretó en el Metropolitan Opera House de New York, en una versión memorable, protagonizada por María Guleghina y el español Joan Pons en el papel protagonista y al que pertenecen estas imágenes, con una enorme y admirable concentración por parte de los cantantes. Viéndolos, es difícil pensar que estos componentes del coro son coetáneos nuestros que salen a la calle, montan en coche o visten como nosotros. El perfecto trabajo de vestuario está magníficamente realzado por una escenografía que nos recuerda los grabados decorativos de la época mesopotámica en su estilo, su forma y el colorido con que se han realizado. La interpretación culminó con un bis, algo infrecuente en el Met de New York.


El recorrido por Babilonia termina en Berlín en el Pergamonmuseum. Situado en la Isla de los museos, el Museo de Pérgamo fue construido a comienzos del siglo XX con un procedimiento inusual: En lugar de construirse y albergar obras de arte, primero se decidió la colocación de estas obras y sobre esa visión se diseñó y edificó el museo. Se encentra dividido en tres alas cada una de las cuales representa un museo individual: la Colección de antigüedades clásicas, el Museo del Antiguo Oriente Próximo y el Museo del Arte Islámico.
La razón de la forma de su construcción es que alberga edificios rescatados de la antigüedad como el Altar de Zeus de la ciudad griega de Pérgamo, que da nombre al museo, un impresionante edificio restaurado casi en su totalidad, la Puerta del Mercado de Mileto y la obra que nos ocupa, la Puerta de Babilonia.
Se trata de una de las dieciocho que había y que permitían la entrada y salida de la ciudad mesopotámica, la Puerta de Ishtar, una descomunal construcción de 14 metros de altura y 10 metros de ancho recubierta con ladrillos de lapislázuli y figuras de animales con que se buscaba impresionar a los visitantes y que fueron descubiertos en las campañas arqueológicas entre 1902 y 1914 y trasladados y reconstruidos en Berlín.






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