7 ene. 2017

El amor es un pájaro rebelde

¿Qué es el amor? En una de sus acepciones, el diccionario nos define el amor como un "sentimiento de intensa atracción emocional y sexual hacia una persona con la que se desea compartir una vida en común".
Dos muestras nos acercan a la idea de amor, ambas marcadas por un tono trágico, ya que terminan con la vida de sus protagonistas. La música pertenece a una de las obras más conocidas del repertorio clásico, la Carmen de Bizet, mientras que el texto pertenece al escritor húngaro Sándor Márai y está extraído de su novela Divorcio en Buda.
Este amor basado en la atracción emocional y con mayor o menor carga de sensualidad o sexualidad tiene infinidad de matices, como la paleta de colores de un pintor. De entre todos ellos, en este post vamos a fijarnos en dos aspectos que se nos presentan en las obras citadas. En ambas se tratan retratos psicológicos, mucho más denso y detenido en la obra de Márai, donde el amor marca la vida de una de los protagonistas. casi por azar. En el caso de la obra de Bizet, más conocido, es un retrato más esquematizado, con menos interés del autor para hacernos entender las personalidades de los protagonistas, pero más efectivo, ya que se centra en la fascinación de la mujer libre que es Carmen, una personalidad que no se conforma con medias tintas y que tanto fascinó a Nietzsche por su carácter de supermujer.




El texto que nos acompaña en esta entrada pertenece a Sándor Márai. Posiblemente se trate del más grande de los escritores húngaros, aunque su ciudad natal, Kassa, ahora pertenezca a Eslovaquia, asuntos que aún ocurren en unas tierras con tantos vaivenes como las de Europa oriental.
Autor de reconocido prestigio, hubo de convertir su vida, como tantos de su época, en un desarraigado que, sintiéndose heredero de una tradición europeista, vagó por diversos lugares sin dejar de pensar, sentir y escribir como un húngaro europeo. Después de pasar por Alemania y Francia, con la llegada del régimen comunista a su país, emigró a Estados Unidos. Con la prohibición de su obra en su país natal, ésta pasó al olvido hasta que, varias décadas después, volvió a ocupar el lugar que le corresponde.
Sus novelas están plagadas de frases contundentes y reflexivas, con escasa acción, pero con profundas e intensas conversaciones entre los personajes que las protagonizan. Una vez comenzadas te absorben hasta no poder dejarlas, recreando el ambiente de una época de entreguerras cosmopolita y elegante, con un aroma a romanticismo, pero cargadas con la sensación de que, a la vez, huelen a descomposición. 



Entre sus obras más conocidas destacan El último encuentro, que apareció en el blog en Encuentros, amores y complicidades con Bellini y Márai; La herencia de Eszter, con la publicación de Dos retratos de mujer, Lucía y Eszter; El amante de Bolzano La mujer justa
Divorcio en Buda, obra de la que tomamos el texto que nos acompaña, es una novela que traza un recorrido en una sola noche por la vida del juez Kristóf Kömives al tratar el divorcio de los Greiner, un caso que, inesperadamente, le afecta en lo más íntimo de su ser. Mientras, Márai realiza una reflexión sobre las vivencias y sentimientos más íntimos de los protagonistas.





Al decir Carmen todos pensamos en la protagonista de la ópera del mismo nombre. Su autor, Georges Bizet, nombre con el que es conocido César Alexandre Léopold Bizet, demostró desde joven su capacidad para la música. En el Conservatorio de París fue discípulo de Goundod y más adelante fue a Italia tras recibir el prestigioso Premio de Roma en 1857. Allí se sintió atraído por la ópera, llegando a componer más de una decena de obras que van desde éstas a operetas y música para el teatro. De entre las primeras, las más conocidas son Les pêcheurs de perles (Los pescadores de perlas) y la universal Carmen.
Estrenada en la Opéra Comique de París, está basada en la novela Carmen de Prosper Mérimée, un hispanista que recogió curiosas historias de un viaje por España en 1820, un país para él incomprensible y exótico. Dividida en cuatro actos, incluía diálogos hablados que fueron adaptados para ser cantados por Ernest Guiraud, aunque se tiende a recuperar la versión original dialogada, más completa en su argumento. Bizet, otro compositor que falleció antes de llegar a los cuarenta años, no llegó a conocer el éxito de su obra.





La historia es cruel. Don José, un militar navarro conoce a Carmen, una gitana temperamental hecha de fuego y arrebato, que hace tambalear su relación con Micaela. Al dejarse llevar por su pasión y ver que Carmen no quiere continuar siendo suya, enfurecido y fuera de sí, la mata. Una historia, basada en un hecho real, que nos recuerda tantas historias actuales inexplicables, indignantes e insoportables.
Con Carmen, Bizet llegó a crear una figura arquetípica, comparable a otras como Hamlet, Don Juan o Fausto, que llegó a significar en el siglo XIX la personificación de la mujer liberada, capaz de decidir en su vida por sí misma.
Además de su obertura, la pieza más conocida es la habanera que canta la protagonista. En ella demuestra su carácter fogoso, independiente y cargado de rebeldía hacia las concesiones sociales.



Dos versiones nos muestran dos formas distintas de interpretarla. La primera pertenece a una producción de The Metropolitan Opera House de Nueva York (MET) de 2010 dirigida por Yannick Nézet-Séguin con una interpretación de la mezzosoprano Elina Garança que muestra el lado más provocativo y descarado de Carmen llamando la atención de Don José.


La segunda, una versión que podríamos considerar histórica, la interpretó Teresa Berganza en el Theatre Nationale L'Opera de Paris en mayo de 1980 bajo la dirección de Pierre Dervaux. En ella Carmen aparece más persuasiva y sensual. Cuando, mediada la pieza, se fija en un joven Plácido Domingo, despliega su capacidad de seducción con decisión, pero de un modo sutil.


Posiblemente cada producción es fruto de su época y la sutileza o la provocación son signos de los tiempos en que fueron hechas. Y tú, ¿con cuál de las dos te quedas?

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4 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias por comentar. La música es de las más populares del repertorio clásico y pienso que con el texto de Márai encaja muy bien

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  2. Sublime post. De las dos versiones me quedo con las dos, ambas tienen una forma de representarse particular e incomparable, la primera, Elina Garança nos muestra la provocación mundana y exteriorizada al máximo, a través de la gestualidad y la ritualización de la escena, aunque en cuanto a voz, si ambas artistas están sobervias me quedo con Teresa Berganza. ¡Como las he disfrutado!
    En el caso de Carmen, queda ejemplificado de una forma trágica el mismo título de la pieza, El amor es un pájaro rebelde, a veces, con tristes hiperdramáticos. Por desgracia, hoy en día la emancipación de la mujer ha influido en las mentes enfermas de algunos sujetos que no entienden de libertad e igualdad y que irrumpen en el más vil asesinato. Entiendo que en el contexto social de la época la visión del asesinato de género no existiera y permaneciese supeditado al tan triste apelativo de crimen pasional.
    El amor también puede ser instigadoramente reflexivo y afectar emocionalmente hasta el punto de interpelar a tu propia cotidianeidad. El texto de Sandor Marai así lo refleja. Me ha gustado mucho ese paralelismo, las emociones, así como las reacciones psicológicas más profundas que muestran cómo no pueden desligarse del amor. ¡Qué poco tiene que ver en ocasiones el amor con la razón y el comedimiento cuando se éste desata y desborda llegando a provocar sucesos descontrolados.
    Me ha encantado el post. Es magistral como está el planteamiento.
    Un abrazo, Miguel

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  3. Gracias por tu comentario, Marisa. Como siempre, pones el acento en un tema crucial como es la violencia de género, aunque en el XIX se viera con otra óptica. Un crimen es un crimen y no hay paliativos.
    El texto de Márai es sutil, en un libro en que continuamente está profundizando en las emociones y los recovecos de la mente y es capaz de indagar y hacernos partícipes de los más íntimos detalles del pensamiento de cada uno de los protagonistas.
    Un abrazo, Marisa

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