21 jul. 2017

Palabra de gato

Los seres humanos hemos cambiado las relaciones con el resto de seres vivos de nuestro planeta. Desde que aparecimos hemos ido conquistando todo el territorio llevando, de forma inconsciente en un primer momento y cada vez más conscientemente, a la desaparición de especies animales y vegetales del planeta, alterando los ecosistemas y produciendo cambios cuyas consecuencias no podemos calcular; dejando que los intereses comerciales y nacionales marquen estos cambios, muy por delante de los consejos científicos y los consensos internacionales que favorezcan un desarrollo global que permitan un progreso equilibrado en nuestra casa común, la Tierra. 
Nos encontramos en el inicio de una nueva era, El Antropoceno, la era geológica que sucede al Holoceno dentro del periodo Cuaternario, el momento en que la humanidad cambió el ciclo vital del planeta, sacándolo de su variabilidad natural.
En Homo Deus, Breve historia del mañana, Yuval Noah Harari se plantea una serie de preguntas sobre nuestra relación con los animales: ¿Qué diferencia a los humanos de todos los demás animales? ¿Cómo conquistó el mundo nuestra especie? ¿Es el homo sapiens una forma de vida superior o sólo el bravucón local?
En nuestra relación con los animales, ¿hay más leones, osos, elefantes o lobos, por ejemplo, que otros más adaptados a nuestra vida? En la actualidad es mucho mayor el número de animales domésticos que el de salvajes que existen en nuestro planeta. Una nueva relación social y afectiva se está arraigando entre nosotros.
Pero las primeras relaciones literarias sobre los animales son las fábulas, esas narraciones o poemas en que los animales tomaban formas y caracteres humanos con fines morales y ejemplarizantes. ¿Quién no recuerda o ha oído hablar de las de Esopo, IriarteSamaniego o La Fontaine? A éstas siguieron las películas animadas con protagonistas animales que seguían comportándose como humanos, fruto de las factorías del pionero Disney y posteriores seguidores.
Te propongo una reflexión, bastante humanizada por cierto, sobre las voces de los animales y los gatos concretamente a partir de autores como E. T. A. Hoffmann y Rossini, aunque, como podrás observar, hay alguna sorpresa y no todo es como parece en un primer momento.



Si hay un autor que refleje su vida tanto en su obra como en sus personajes en su doble faceta de funcionario y escritor, de burócrata judicial y músico, ese es el escritor de quien tomo el texto en esta entrada. Nacido con los nombres de Ernest Theodor Willheim, cambió este último por Amadeus como homenaje a su admirado Mozart y firmó toda su obra como E. T. A. Hoffmann.
Natural de Königsberg, en la Prusia oriental, actual Rusia, vivió poco menos de medio siglo entre el final del XVIII y comienzos del XIX. Por indicación familiar estudió derecho y se hizo funcionario de la administración de justicia, trabajo que alternó con su verdadera pasión: la literatura, la pintura, la composición musical y cualquiera de las artes como el teatro, la dirección de orquesta, la crítica literaria y musical, la caricatura o la arquitectura. Alternó los días con la labor de funcionario y las noches con la pasión por estas artes, llegando a vivir en determinados momentos de estas últimas y en otras llegó a encontrarse en el límite de la indigencia.
Lo fantástico aparece en la obra y los personajes de E. T. A. Hoffmann, no como surgido de los sueños de la noche, sino como algo que está presente en la realidad de cada día formando parte de ella, como una puerta abierta a todas las posibilidades, incluidas las más insospechadas, como reflejo de las pasiones más ocultas y fuertes del ser humano, como sufrimiento de cualquier tipo. Esta dualidad de sus personajes la vive él mismo como magistrado de justicia y como poeta-músico-escritor-dibujante; como inspirador de otros artistas y como funcionario de la burguesía restauradora, lo que los románticos como él llamaban un mundo de "filisteos".
Prolífico y polifacético autor, es más conocido por sus cuentos desbordantes de imaginación como su colección de relatos Piezas fantásticas, su novela Los elixires del diablo o la novela Opiniones del gato Murr.
De su obra literaria se han realizado multitud de adaptaciones para el género musical. Jacques Offenbach compuso Los cuentos de Hoffmann a partir de varios relatos suyos, Leo Delibes, su ballet Coppelia basándose en El hombre de arena, Tchaikovsky su famoso ballet según El Cascanueces o el príncipe de los ratones. Incluso Robert Schumann compuso Kreisleriana, una obra basada en el personaje del que trataré a continuación. En el siguiente enlace puedes profundizar en la obra y la influencia de E. T. A. Hoffmann en todas sus facetas en el blog Cuaderno de notas




Uno de los libros más peculiares de cuantos escribió es el que se conoce como Opiniones del gato Murr, aunque su título original es Puntos de vista y consideraciones del Gato Murr sobre la vida en sus diversos aspectos y biografía fragmentaria del maestro de capilla Johannes Kreisler en hojas de borrador casualmente incluidas. Desde su publicación en 1819 el libro confundió a los lectores y la crítica y no fue hasta bien entrado el siglo XX cuando comenzó a ser reconocido por las vanguardias. 
El libro es una doble biografía fragmentaria de sus dos protagonistas. Por una parte escribe el gato Murr, un animal burgués, algo pedante, que se sabe artista y espera reconocimiento por parte de sus lectores, que ha aprendido a leer y escribir y que nos cuenta su vida, con bastantes rasgos humorísticos de una forma lineal, desde su nacimiento hasta su accidental muerte. El rasgo de originalidad estriba en que Murr, al enviar su autobiografía a la imprenta por mediación de su amo, ha utilizado como papel secante hojas de otro libro, el editor no ha caído en la cuenta y lo publicado es una mezcla desordenada de ambos. 
Este otro libro es una biografía del músico Kreisler, prototipo del artista romántico atormentado que da su vida por su arte. Lo que nos encontramos al leer el libro es que leyendo las aventuras de Murr, repentina y abruptamente nos encontramos con un relato de la vida de Kreisler que, evidentemente, no tiene nada que ver con lo que leíamos. Estas interrupciones se suceden a lo largo del libro y los únicos nexos de unión que tienen son el maestro Abraham, amigo de Kreisler y dueño de Murr, además de vivir suspirando por el amor y acosado por la desgracia y los llamados filisteos.



Pero Opiniones del gato Murr es mucho más que esto. La vida de Hoffmann se refleja en la de Kreisler; se vierten críticas sobre las novelas de formación, muy en boga en la época; las ideas y los temas del polifacético e inclasificable Hoffmann también aparecen aquí: el amor, la música, la locura o la culpa. Leer esta novela para un lector de los siglos XX o XXI no es complicado con las idas y venidas de los textos, pero para uno del XIX hubo de ser extraño y caprichoso.

En el primero de los fragmentos seleccionados Murr nos narra cómo aprendió a leer, con cierta dosis de sorna hacia nosotros los humanos.

En el segundo extracto Murr nos cuenta cómo hubo de ingeniárselas para aprender a escribir, qué dificultades tuvo que sortear y cómo logró vencerlas.


Albinoni no compuso el Adagio de Albinoni. Muestras como esta hay muchas en el mundo de la música: obras atribuidas a autores que no lo son, composiciones que se basan en el estilo de autores anteriores y que se han hecho pasar por obras de ellos sin serlas. 
Algo parecido ocurre con la música que nos acompaña. El Duetto buffo di due gatti, conocido entre nosotros por el Dúo cómico de los dos gatos o simplemente el Dúo de los gatos se atribuye de forma generalizada al gran Gioaccino Rossini. Por un lado entra dentro de su estilo humorístico y jocoso, un amor amante de lo buffo; de otra parte, encaja en la idea de querer ofrecer una obra en que las grandes divas, las sopranos, no tuvieran letra que memorizar y aprenderse, fueran centro y protagonistas del dúo y que fuera brillante, como solían serlo sus piezas. Visto así, todo encaja para poder atribuir, como de hecho se hace de forma generalizada, el humorístico dúo a Rossini.
Pero hay otra versión de esta obra, de la que sólo he podido encontrar una fuente con distintas adaptaciones a partir de esta, que atribuye el Dúo a otro autor. 
En 1825 Robert Lucas de Pearsall, un compositor británico especializado en la creación de himnos, publica bajo el seudónimo de G. Berthold una obra en la que se utilizan fragmentos de un aria y un dúo del Otello de Rossini y la Katter-Kavatina del danés C. E. F. Weyse. Fue en un facsímil de la edición de 1825 que publicó la editorial Schott en 1973 donde aparece este duetto con la referencia a G. Berthold como su creador.
Este delicioso Dúo de los gatos sólo utiliza la palabra ¡Miau!, en una particular conversación-duelo entre dos gatos. Originalmente compuesta para piano y dos voces femeninas, generalmente dos sopranos o soprano y mezzosoprano, hay versiones para distintos tipos de voces y arreglos orquestales que han hecho que esta pieza sea un brillante bis con el que finalizar recitales y conciertos.



La primera versión que enlazo, la más clásica para voces femeninas está interpretada por la gran Kiri Te Kanawa acompañada de Norma Burrows grabada en 1982 para el programa de la BBC "Call me Kiri".



Para poder apreciar mejor este Dúo de Rossini-Berthold me parece oportuna un nueva mirada a Opiniones del gato Murr que, en sus primeras páginas se refiere a la cantidad de matices que se pueden apreciar con el uso de la sola palabra ¡miau!.

En la segunda versión cambiamos de voces y acompañamiento. El barítono Paolo Bordogna y el contratenor Robert Expert en versión orquestal grabada en mayo de 2010 acentúan el estilo buffo del dúo y consiguiendo en un bis sobreinterpretado la entrega del público.


Para finalizar, una versión de voces blancas de dos niños de Les Petits Chanteurs a la Croix de Bois (algo así como Los pequeños cantores de la cruz de madera). Pese a la seriedad y concentración de los niños junto con la voz de uno de ellos (el de pelo moreno) y la complicidad del público dan una nota de alegría de lo que esta pieza representa: un dúo cómico brillante, desenfadado y divertido.




¿Con cuál te quedas?

Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

2 comentarios:

  1. Hola Miguel:

    En su orgullo el hombre ha dotado a los animales de cualidades antropomórficas, sin caer en la cuenta de que (como demuestran las últimas investigaciones) nuestros comportamientos son, en su mayor parte, los mismos comportamientos que mantienen los primates más cercanos a nosotros (los chimpancés)de los que solo nos diferencia una mayor inteligencia que nos permite imponernos al resto.

    Muy buen artículo que comparto. ¡Felicidades!

    Un abrazo :-)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Javier
      El que representemos a los animales con características antropomórficas denota que el humanismo nos hace vernos como el centro del universo. En esta entrada busco reflexionar, en un tono desenfadado, sobre nuestro lugar en el planeta y la relación con los demás seres vivos.
      Un abrazo :-)

      Eliminar