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¡Bienvenido, otoño!

¡Delicioso otoño! Mi alma está muy apegada a él, si yo fuera un pájaro volaría sobre la tierra buscando los otoños sucesivos.
George Elliot

Con rigurosidad y puntualidad astronómica, cada 21 de septiembre se produce el equinoccio de otoño en el hemisferio norte, coincidente con el de primavera en el austral. Son días equivalentes, convergentes y con idénticas connotaciones de duración e inclinación del eje en ambos mitades terrestres, pero que marcan un devenir divergente en el tiempo que le sigue: mientras en la zona boreal del planeta los días se acortan hasta llegar al solsticio de invierno, en la zona austral aumentan hasta el solsticio estival, cada uno de ellos con sus consecuencias asociadas.
Aunque comience el otoño astronómico y los días se vayan acortando, las características que lo acompañan como temperaturas menos cálidas, mayor frecuencia de precipitaciones o la paulatina caída de las hojas en los árboles de follaje caduco no siguen, en ningún caso, un calendario regular.
Sabemos que una de las características del tiempo atmosférico es la irregularidad y que, con el cambio climático que se está produciendo por la acción de los seres humanos, esta irregularidad se acentúa y radicaliza aún más con fenómenos atmosféricos inusualmente potentes.
Nuestra atención pretende detenerse en esta ocasión en cómo recibimos a la estación entrante, cómo la percibimos a través de nuestros sentidos o nuestras emociones, centrándonos en ella o en el camino que finalizará en el invierno. 
Te propongo una mirada al otoño y las sensaciones que nos evoca a través de obras de autores como Machado, Benedetti, Schubert, MahlerThoreau y Pfitzner. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Después de un verano que viene marcado por las altas temperaturas y la época en que con mayor asiduidad se desarrollan las vacaciones, la llegada del otoño supone un regreso a la rutina y los horarios habituales. Poco a poco se irán produciendo cambios en la vegetación, tanto la que se haya en plena naturaleza como la que nos acompaña en las calles, plazas y parques de nuestras ciudades. Una mirada atenta nos facilitará la admiración de estos cambios.
Henry David Thoreau cambió radicalmente cuando decidió abandonar la vida que llevaba e instalarse en una pequeña cabaña construida por él mismo en el pantano de Walden, cerca de su natal Concord en el estado de Massachussets. Allí buscó simplificar su vida y dedicar todo el tiempo a la contemplación de la naturaleza y la escritura. Fruto de esta experiencia surgieron libros como Una semana en los ríos Concord y Merrimack, Walden o Autumnal Tints (Colores de otoño) o La desobediencia civil, un rechazo a pagar impuestos por la esclavitud que se practicaba en el país y que lo llevó a la cárcel.
Colores de otoño (1862) es un libro singular en el que Thoreau muestra al lector toda la belleza y la riqueza que nos aporta la naturaleza. De él y la experiencia del escritor estadounidense tratamos en Los colores del otoño, una mirada a la variedad y riqueza que la naturaleza, de forma especial la otoñal, nos ofrece.


Nacido poco después de publicar su libro Thoreau, Hans Erich Pfitzner fue un compositor, pianista y director de orquesta ruso que desarrolló la mayor parte de su vida profesional en Alemania, hubo de abandonar el país por su oposición al nazismo, finalizando su existencia en Salzburgo en 1949.


De carácter un tanto tosco para las relaciones sociales y prácticamente olvidado en la actualidad, estuvo influido por la obra de Wagner, compuso algunos conciertos para piano, violín o violonchelo, sinfonías, obras de cámara y varias óperas entre las que destaca Palestrina, considerada su obra maestra y por la que es recordado.
Además, compuso casi medio centenar de lieder entre los que traemos Herbstbild (Imagen de otoño), un lied de 1907 para voz de tenor o soprano basado en un poema de Friedrich Hebbel que nos ofrece, como su título indica, una instantánea de un día otoñal centrado en lo que denomina «la fiesta de la naturaleza.»


La interpretación de Herbstbild corresponde al tenor alemán Christoph Prégardien acompañado al piano por Michael Gees en un audio grabado en 2001 para Naxos of America.

La rutina nos trae y nos lleva, nos pone una suerte de gafas que sólo nos permiten ver lo que tenemos delante y el lugar hacia el que nos encaminamos, sin tiempo para derivar nuestra mirada a lo que nos rodea, a los cambios que se producen a nuestro alrededor.
Busquemos los momentos en que podamos apreciar las sensaciones que nos producen en este tiempo cambiante.
En Campos de Castilla, Antonio Machado dedica uno de sus poemas al pintor Julio Romero de Torres. Amanecer en otoño refleja esas mañanas, imprescindibles y necesarias, para buscar en algunas de las fechas en las que tenemos la posibilidad de apreciar como surge el día.


En ocasiones, el otoño está revestido de un halo de tristeza provocado, indudablemente por el acortamiento de los días, la paulatina desaparición de la luz y el anuncio del cercano invierno que se traduce en obras cercanas a la melancolía que nos puede acompañar.


Escrito en su último año de vida (1828), Franz Schubert utilizó un texto del crítico musical berlinés Ludwig Rellstab, que había visitado en Viena a Beethoven varios años antes con la intención de colaborar en alguna obra. Al parecer, envió al músico de Bonn algunos poemas inéditos suyos para que los llevara al pentagrama y Schindler los derivó a Schubert tras su muerte. Así surgió, entre otros, Herbst (Otoño), un lied que se adecúa al estado emocional del compositor en sus últimos meses de vida, acosado por la enfermedad y que siente el otoño como un tiempo que le acerca al momento en que se marchita la flor de la vida.


El inigualable especialista en lieder Dietrch Fischer-Dieskau interpreta este lied, catalogado como D 945 con el acompañamiento al piano de Alfred Brendel en una grabación de 1983 para Universal Music Group.


Durante mucho tiempo, hasta la edad media, el otoño se consideraba un mero tiempo de paso hacia el invierno, una época cuyo significado fue creciendo con la enumeración de faenas y tareas que se realizaban en el tiempo tanto en los momentos de la recolección de algunos frutos y cosechas tras el verano, como de la preparación para el invierno cercano. 
En un mundo cada vez más alejado de estas labores en el entorno natural, el otoño se ha visto también como una metáfora de la vida, unos años previos al invierno de la vejez, una etapa de tránsito cuya importancia radicaba precisamente en esa espera.
No dejemos que estas ideas impregnen de melancolía los días que se acortan, las temperaturas que dejan de ser exageradas o las precipitaciones que vuelven -o deben volver-, sino que acojamos con ilusión renovada los detalles, los momentos, las sensaciones que el otoño nos ofrece.

En Insomnio y duermevelas, el poeta uruguayo Mario Benedetti nos invita a aprovechar aquello que el otoño nos ofrece antes de la llegada del invierno, pensando lógicamente en los meses de marzo, abril y mayo del hemisferio austral, pero que podemos y debemos acoger en nuestro tiempo de otoño. 


Nuestra última mirada al otoño rebosa de melancolía y soledad, pero se desarrolla plena de la belleza y la sensibilidad que caracterizan a su autor.
Todo comenzó cuando Theobald Pollack regaló a Gustav Mahler el libro Die chinesische Flöte (La flauta china), una recopilación de antiguos poemas del país asiático del que el compositor seleccionó algunos de ellos y los publicó al año siguiente con el nombre de Das Lied von Erde (La canción de la Tierra), un ciclo que acabó formado por seis de esos poemas en una composición para orquesta y dos cantantes.


Escrita en uno de los momentos más trágicos de su vida, cuando acababa de fallecer su hija mayor, cuando cesó en su cargo de director de la Ópera de Viena y fue diagnosticado de una enfermedad del corazón que acabaría con su vida pocos años después, La canción de la Tierra es una obra dividida en seis movimientos, cada uno de ellos formado por una canción que funciona como un gran conjunto y que también puede interpretarse cada una de sus partes independientemente.
En su orquestación, Mahler incluyó algunos rasgos como el uso de la escala pentatónica o la utilización de algunos instrumentos propios del país oriental.
El segundo de los movimientos, Der Einsame im Herbst (El solitario en otoño) se basa en versos de Tchang-Tsi, el más conocido poeta errante de la dinastía Tang que vivió en el siglo VIII y se interpretan con el tempo Etwas Schieichend Ermudet (algo así como Ligeramente arrastrándose), una indicación que refleja el sentimiento y estado de ánimo que acoge al solitario protagonista y que, indudablemente, era compartido por el propio compositor. 


La contralto Anna Larsson interpreta este segundo movimiento de La canción de la Tierra de Mahler acompañada por la Royal Concertgebouw Orchestra de Leipzig dirigida por Fabio Luisi en una interpretación que se grabó en la ciudad alemana en mayo de 2011.

Feliz otoño.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Centenario dantesco

En los setecientos años de la muerte de Dante


Hay obras maestras que se convierten en universales y representan la época en que se produjeron, sus características y circunstancias, además de tener el valor que estas obras aportan a los seres humanos por su capacidad de tratar temas, situaciones y sentimientos valores universales.
Si estas obras llegan a ser posesión y patrimonio de toda la humanidad, sus autores, quienes las crearon, se nos convierten en personas imprescindibles por haber sido capaces de reflejar todas estas condiciones.
Así, se nos antoja necesario e imprescindible para nuestro propio conocimiento autores y obras como Homero y sus poemas épicos, Dante y La divina comedia, Cervantes y El Quijote, Shakespeare Hamlet, Macbeth o Romeo y Julieta, las esculturas de Michelangelo Buonarroti o sus pinturas de la Capilla Sixtina, así como las de Leonardo, Velázquez, Goya o Picasso, la música de Bach, Mozart, Beethoven, Verdi o Wagner entre otros muchos compositores, las novelas decimonónicas que reflejan magistralmente las luces y sombras de la sociedad de su época o tantos autores y obras que nos muestran como somos en cada momento y en cualquier momento.
Hace más de setecientos años, el 14 de septiembre de 1321 fallecía uno de esos autores que tienen una importancia capital en su tiempo y en cualquier época. Te invito a recordar la figura y la importancia de Dante en su época y en la actualidad. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Domenico di Michelino. Dante y la divina comedia(1465). Catedral de Santa Maria dei Fiore (Florencia)
Siete siglos después de su muerte, aún hay muchas dudas y lagunas sobre la vida y la personalidad de Dante. ¿Quién fue en realidad? ¿Era un padre de familia, un intelectual sumergidos en sus estudios y pensamientos, un poeta, un activista político o un hombre de acción que se debatía entre su amor a la patria o a la humanidad?
Si no consideramos estas cuestiones, al menos una idea está clara. La palabra dantesco la tenemos incorporada a nuestro vocabulario más o menos habitual en sus dos acepciones: como una cuestión referida a Dante y su obra y como una escena o situación que causa espanto o impresiona y causa horror. Esta última proveniente indudablemente de el Infierno de su Divina comedia.
Nacido en Florencia, posiblemente en 1265, con el nombre de Durante di Alighiero degli Alighieri es universalmente conocido como el poeta y escritor autor de La divina comedia, una de las obras capitales de la literatura mundial, como «el padre del idioma italiano», además de representar su obra más conocida la transición entre el pensamiento del medievo al Renacimiento
Hijo de Alighiero de Bellincione y Bella (Gabriella) degli Abatti, que falleció cuando el poeta contaba con cinco o seis años, la familia formaba parte de la burguesía güelfa de Florencia, opuesta a los gibelinos. Los pocos datos que se conocen de su nacimiento e infancia surgen de algunas de las alusiones autobiográficas que aparecen en obras como La vita nuova y La divina comedia.

En sus años de estudio, Dante coincidió con Guido Cavalcante, el máximo representante del Dolce stil nuovo (Dulce estilo nuevo), un poeta unos quince años mayor que él y del que se convirtió en discípulo.
Fruto de esta formación, Dante escribió entre una de sus primeras obras, Vita nuova (La vida nueva), un conjunto de poemas y textos en prosa que tratan del tema amoroso, en la que el escritor relata a través de su autobiografía su transformación interior que es capaz de dar una forma nueva a sus sentimientos gracias a la poesía.
Dividida en algo más de cincuenta capítulos desarrollados en formas de glosas que culminan en la mayoría de las ocasiones con sonetos y otros poemas Dante se refiere como figura central a su amada ideal Beatriz.
Nos acompaña un texto de La vita nuova, el III de ellos en que el poeta narra que se le apareció una dama, Beatriz, que, por primera vez lo saludó y le produjo tanta impresión que le ocasionó un sueño que califica de agradable, Esta visión maravillosa le inspiró para componer el soneto A ciascum'alma presa (A toda alma cautiva).


Escrita en 1293, Vita nuova tiene como protagonista al propio escritor que recrea, de un modo poético, su propia vida contando, además, con la presencia esencial de Bice Portinaria, la Beatriz que el autor conoció en su infancia y que significó, más allá de su temprana muerte, el ideal de amor que atraviesa toda su producción literaria y que a tantos escritores posteriores sirvió como fuente de inspiración.
En los años previos a este libro, Dante había participado en acciones guerreras como el asedio de Poggio di Santa Cecilia o la batalla de Campaldino entre güelfos y gibelinos, además de instalarse en Bolonia donde posiblemente estudió en su universidad.

Stephane Pannemaker. Grabado de Dante (1860)
Es interesante destacar la importancia de toda la obra de Dante desde el momento que unas publicaciones que tienen más de setecientos años siguen siendo fuente de inspiración para diversos autores.
A partir del material presentado anteriormente, Patrick Cassidy, un compositor de música coral irlandés compuso el aria Vide cor meum (Mira mi corazón) para Hannibal, la película de Riley Scott protagonizada por Hannibal Lecter como continuación de El silencio de los corderos
La escena se sitúa en una interpretación operística al aire libre en la que tanto el caníbal personaje encarnado por Anthony Hopkins como el inspector Pazzi se hallan presentes. En lugar de una obra concreta se creó esta música para la película como si formara parte de una ópera.
El texto se basa en los textos del soneto, especialmente los versos 10 a 12 de Dante y la glosa que lo precede. Las expresiones Eo dominus tuus y Vide cor tumm corresponden a las palabras que el poeta oye de la visión, aunque el penúltimo de los versos Io sono in pace (Yo estoy en paz) no aparezca en el texto del poeta florentino. El tema musical debía basarse, según Cassidy, en el primero de los sonetos de La vita nuova, ya que posee una metáfora sobre comerse el corazón, un hecho que Hannibal Lecter podría tomar en un sentido literal.
La música compuesta por Cassidy está escrita a partir de este material en forma de dialogo entre Dante, una dama (posiblemente Beatriz) y un coro.


La interpretación corre a cargo del Chór Libera & Lyndhurst Orchestrathe, la soprano Danielle de Niese y el tenor Bruno Lazzaretti bajo la dirección de Gavin Greenaway para la película Hannibal de Riley Scott.


El siguiente enlace nos muestra de forma íntegra Vide cor meum con subtítulos en castellano.


La vita nuova concluye con un texto en que Dante anuncia que escribirá un gran poema épico como nunca se ha escrito y que estará dedicado a la memoria de Beatriz.
Después de escribir este soneto se me apareció una maravillosa visión, en la que vi cosas que me persuadieron a no hablar más de mi bendita dama hasta que pudiese tratar de ella más dignamente. Y me esfuerzo cuanto puedo por conseguirlo, como de verdad sabe ella. Así, si quiere Aquel por quien todas las cosas viven que mi vida dure algunos años, espero decir de ella lo que nunca fue dicho de ninguna. Y luego quiera Aquel que es señor de la cortesía que mi alma pueda ir a ver la gloria de su dama, esto es, de la bendita Beatriz, la cual gloriosamente contempla el rostro de Aquel que est per omnia saecula benedictus.

Si nos atenemos a la narración de La vita nuova, Dante vio por vez primera a Beatriz Portonari en 1274 cuando él tenía nueve años y ella uno menos, y su apasionado amor platónico ocurriría nueve años más tarde.
En 1290 murió Beatriz y el año siguiente Dante se casó con Gemma di Manetto con quien tuvo cuatro hijos. Años más tarde se inscribió en el gremio de médicos y boticarios, comenzó a participar en la política local de Florencia donde llegó a formar parte del Consejo de los Ciento y participó en la firma del tratado de paz con Arezzo, participó en algunas negociaciones y ocupó durante unos meses el cargo de Prior, la máxima autoridad de la magistratura florentina. Al comienzo del nuevo siglo fue nombrado embajador ante el papa Bonifacio VIII, quien lo retuvo en Roma para ayudar a los gibelinos, la facción opuesta a Dante, que se adueñó del poder y acabó desterrando a todos sus oponentes. Bajo la acusación de malversación de fondos, Dante fue expropiado de sus posesiones y exiliado bajo la condena a muerte en caso de regresar a su Florencia natal. 

Sandro Botticelli. Retrato de Dante (sobre 1495)
Sin lugar a dudas, esta obra de Dante a la que aludía al término de La vita nuova, una de las cumbres de la literatura universal es La divina comedia.
Publicada inicialmente con el título de Commedia (pronunciada a la griega, commedía), acogió el nombre que designaba a aquellas obras que tenían un final feliz como oposición al concepto de tragedia. Fue Boccaccio quien acuñó la denominación Divina comedia para destacar tanto su grandeza como la presencia de los valores cristianos en ella.
Comenzada a escribir en 1304 y finalizada en 1321, meses antes del fallecimiento del autor, La divina comedia supone una suma y compendio de la cultura y el conocimiento medieval, en los aspectos religioso, científico, filosófico y moral.
Escrita en terza rima, un tipo de verso creado por el propio poeta, está formado tercetos endecasílabos de rima entrelazada ABA, BCB, CDC, etc., posee una estructura claramente delimitada en la que el número 3 tiene una importancia capital. Está formada por un canto introductorio, tres capítulos dedicados al Infierno, Purgatorio y Paraíso, dividido cada uno de ellos en 33 cantos que suman un total de cien (1+33+33+33). El Infierno está formado por nueve círculos 3 veces 3), el Purgatorio por nueve estancias: antesala, siete gradas y paraíso terrenal, y el Paraíso se haya configurado por nueve esferas. 
Otra de las genialidades de Dante consiste en la participación de los personajes. Los más importantes son el propio poeta, un peregrino que atraviesa los tres lugares citados y representa la condición humana, que es conducido por el poeta romano Virgilio que representa tanto el pensamiento racional como la virtud. El tercero de los protagonistas, quien sirve de referencia en la obra, es Beatriz, el amor idealizado de la adolescencia del escritor, que viene a representa la fe.
Junto a estos tres grandes personajes, Dante incorpora a lo largo del poema a diversos personajes reconocibles de la antigüedad y la mitología clásicas, así como la Biblia, mientras, en un nuevo alarde de originalidad, desfilan por la obra o hace referencia a figuras reconocibles de la actualidad florentina de su época.

El siguiente texto corresponde al Canto III, en el que el poeta con la compañía de Virgilio se acerca a la puerta del Infierno y oye los gemidos de quienes se hayan en el vestíbulo que da acceso al mismo.


Dante está considerado el padre del idioma italiano, al ser quien influyó más desde sus escritos en el uso del idioma volgare frente al latín en sus obras y, de modo especial, en el Convivio (Banquete), un texto quizás algo cargado y pedante y cuya finalidad era brindar a los lectores un «banquete de sabiduría» a todos aquellos que desconocían el latín oficial. 
A finales del siglo XIX se creó en Italia la Societá Dante Alighieri, una institución que tiene la finalidad de promocionar el idioma italiano y difundir la cultura del país trasalpino alrededor del mundo y que podríamos equiparar con el Instituto Cervantes de nuestro país.


La importancia, tanto de la obra de Dante como del propio autor en el mundo de la música es evidente, numerosa y rica en obras inspiradas en ambos. 
Por citar algunas entre muchas obras, Ermanno Wolf-Ferrari compuso la cantata La vita nuova (1902), el madrileño Conrado del Campo su sinfonía La divina comedia (1910) y la ópera La tragedia del beso (1915), mientras que a Godard le debemos una ópera sobre el poeta y su amada.
El violinista y compositor francés Benjamin Godard vivió en la segunda mitad del siglo XIX, estrenando en 1890 su ópera Dante e Beatrice en la Opéra-Comique del Théâtre du Châtelet de Paris a partir de un libreto  de Édouard Blau.
En Dante e Beatrice, Godard se fija en la figura del poeta en su triple vertiente como escritor, político y enamorado, en el marco histórico de una Florencia en que se enfrentan las facciones de güelfos y gibelinos y en una obra de una fuerza dramática y épica inigualables.

La música que nos acompaña está formada por una pequeña recopilación de diversos arias y coros. En primer lugar, el aria La nuit! A continuación el coro de condenados con la aparición de Ugolin, Dante y la sombra de Virgilio, a la que sigue el Tourbillon infernal con los mismos personajes y la aparición de Paolo y Francesca
Dante está interpretado por Edgaras Montvidas, la sombra de Virgilio por Andrew Foster-Williams y el coro de condenados por el Chor des Bayerischen Rundfunks, acompañados por la Münchner Rundfunkorchester y la dirección de Ulf Shcirmer.


A partir de su destierro de por vida de su Florencia natal,  Dante fue deambulando por ciudades como Verona, Padua, Rímini, Lucca o Rávena. Su condena llevaba implícita su condena a muerte si regresaba, situación que fue ampliada a sus hijos. Aunque acogido finalmente en Rávena por el príncipe Guido Novello da Polenta, este exilio lo percibía el escritor como una forma de condena a muerte al eliminar parte de su personalidad. Tras una misión diplomática en Venecia, el 14 de septiembre de 1321 falleció por la malaria a su regreso a Rávena. Sus restos fueron en la iglesia de San Pier Maggiore, mientras que en 1829 la ciudad de Florencia preparó una tumba para trasladar sus restos a la Basílica de la Santa Croce en la que se puede leer: «Onorate l'altissimo poeta» (Honrad al más alto poeta). Una tumba que siempre ha estado vacía, pues los restos mortales de Dante no han salido de su sepulcro de Rávena.

Tumba (vacía) de Dante. Basílica de la Santa Croce (Florencia). Foto @tereguerra58
Algunos personajes de La divina comedia solo han llegado al conocimiento de los lectores y el nuestro por haber aparecido en la obra de Dante, como algunos de sus contemporáneos que transitan por la obra por alguna anécdota o referencia. Incluyo alguno de ellos ha llegado a tener vida propia en diversas obras posteriores, especialmente en el mundo de la ópera.
En el segundo círculo del Infierno destinado a los pecadores por lujuria aparecen Francesca da Rimini y su amante Paolo, aunque Dante los presenta como ejemplo y símbolos del amor. Francesca, pariente de Guido Novello da Polenta que lo acogió en Rávena, estaba casada con Gianciotto Malatesta, una de las uniones por conveniencia que se realizaban en la época, aunque se hizo amante de su hermano menor Paolo Malatesta, conocido como Il Bello. Cuando Gianciotto sorprendió a los amantes les quitó la vida, un hecho que sucedió en 1285.
Esta historia tiene todos los elementos para ser llevada en multitud de ocasiones a los escenarios y pentagramas. 
El escritor Gabriele D'Anunzio compuso su drama Francesca da Rimini que sirvió a Riccardo Zandonai para componer su ópera homónima, mientras que la fantasía orquestal del mismo título de Tchaikovsky se inspira en estos personajes. La escultura El beso de Rodin se inspira en los mismos personajes. Compositores como Saverio Mercadante o Rachmaninof también compusieron obras sobre esta historia procedente de La divina comedia.
Otro personaje que aparece en la obra de Dante es Gianni Schicchi dei Cavalcanti, un florentino especializado en remedar al prójimo y sacar beneficio. Según Sione de D'Onati a partir de un comentario sobre La divina comedia aparecido en el siglo XIX, Gianni Schicchi se hizo pasar por Buoso Donati en su lecho de muerte realizando testamento a favor de su sobrino y reservándose para sí una mula (o yegua, según Dante) famosa en toda la Toscana y uno cientos de florines.


A partir de este comentario, Giacomo Puccini compuso la ópera en un acto Gianni Schicchi que formó parte de su Trittico (Tríptico) junto con Il tabarro y Suor Angelica en un momento en que este tipo de obras breves se pusieron de moda en Italia para ser representadas juntas en una sola velada.
A partir de este personaje real y con libreto de Giovacchino Forzano se estrenó en el Metropolitan Opera House de Nueva York en 1918, siendo la obra más representada de la trilogía.
La acción se desarrolla en Florencia en 1299. Buoso Donati acaba de fallecer y su familia lo llora hasta que se enteran de que había dejado toda su herencia a un monasterio. Comienza una carrera por buscar el testamento hasta que lo encuentra su sobrino Rinuccio, quien se niega a dárselo a su tía hasta que acepte una condición: Si el testamento favorece a la familia, debe dejarle casar con Lauretta, la hija de Schicchi. Cuando esta acepta, leen el testamento y confirman el rumor de que han sido desheredados, además de no permitir la boda.
Al llegar Lauretta y su padre, Rinuccio insiste a Schicchi que solucione el problema. Así, cuando llega el médico, le dicen que Donati se encuentra mejor y puede marcharse, el sobrino acude a buscar un notario y Gianni Schicchi se pondrá en el lugar del difunto para dictar el nuevo testamento convenido con la familia, dejando que él mismo decida quién se quedará con la mula, una casa y un molino y los florines. Cuando llega el notario y dicta el falso testamento, Schicchi se queda para sí mismo estos últimos bienes ante la furia y la impotencia de los familiares.
La pieza más conocida de esta ópera es O mio babbino caro (O mi querido papá), al aria en que Lauretta despega sus dotes de zalamería y amenaza fingida para ablandar el corazón de Gianni que, entre las tensiones con la familia de Donatti, se niega a la boda de su hija.
La negativa tajante del padre, como en muchas ocasiones, cede ante la mezcla de súplicas y amenazas de la hija, cuyas miradas, entre sinceras y burlonas forman parte esencial de esta escena.

La soprano Sally Matthews interpreta O mio babbino caro de Puccini con la presencia del barítono Alessandro Corbelli en el papel de un enfurecido Gianni Schicchi que se va ablandando conforme transcurre el aria.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Alighieri, Dante. La vida nueva (edición bilingüe), traducción de Luis Martínez de Merlo. Editorial Cátedra, 2003.
  • Alighieri, Dante. La divina comedia, traducción de Juan de la Pezuela y Ceballos. Editorial EDAF, 2010.

El eterno retorno de Sísifo

Un mito recoge una historia ficticia o un personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal. Con esta segunda acepción, la R.A.E. nos acerca al significado del término mito y a una de las narrativas más utilizadas por los seres humanos desde tiempo inmemorial.
¿Quién no ha oído hablar del ingenioso Ulises, el poderoso Hércules, la conmovedora música de Orfeo o la belleza sin par de Venus? ¿Quién no tiene referencias de la fundación de Roma por Rómulo y Remo, el orden y las leyes derivados de Júpiter, la creación del comercio por Mercurio o no ha sentido en alguna ocasión los dardos de Cupido?
Entre dioses, semidioses y héroes, las mitologías griega, romana, egipcia o nórdica están repletas de historias que buscan interpretar tanto el origen del mundo como algunos acontecimientos de la humanidad o determinados arquetipos en los que nos reconocemos.
Así, tras estas civilizaciones, ¿quién no ha identificado o asociado algunos conocidos o personalidades públicas como si fueran Quijote, Lolita, Carmen, el rey Arturo, Lulú, Norma o la Alicia que transita por el país de las maravillas? 
Enraizado con la expresión bíblica «ganarás el pan con el sudor de tu frente», otro mito de la antigüedad se nos antoja presente aún en nuestras vidas, Sísifo. Condenado a subir una roca por la montaña y recogerla de su caída al llegar a la cima de modo inmisericorde e interminable, este mito está presente en nuestras vidas y lo asociamos al trabajo mecánico, repetitivo, rutinario o burocrático, un sinsentido que nos acompaña en nuestro transitar.
Cuando se acerca uno de los momentos en que socialmente comenzamos una nueva etapa cada año, tras la pausa veraniega, te propongo unas reflexiones sobre el mito de Sísifo desde la antigüedad hasta nuestras propias vidas con obras que te sorprenderán de Robert Graves, Camus, Kallifatides, Monteverdi y Lully. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Imagen basada en "Sísifo" de Vecellio di Gregorio Tiziano, Museo del Prado

En ocasiones tenemos alguna idea poco precisa de situaciones, acontecimientos o narraciones, quedándonos con una parte de los mismos. Comenzamos nuestro acercamiento al mito de Sísifo con la obra de uno de los más grandes y apasionados conocedores y divulgadores del mundo clásico grecolatino que ha dado el siglo XX.
Robert Graves llegó al gran público con la edición de la biografía del emperador romano Claudio en sus dos volúmenes: I, Claudius (Yo, Claudio) y Claudius the God and his  wife Messalina (Claudio, el dios, y su esposa Mesalina) editadas en 1934 y 1943 respectivamente. 
Nacido en Wimbledon en 1895 con el nombre de Robert von Ranke Graves, fue un traductor y escritor cuya obra más conocida se basa en la investigación y divulgación histórica griega y latina, sin olvidar su importante producción poética.
Antes de incorporarse a filas durante la Gran Guerra, Graves estudió en el King's College. Herido en la batalla del Somme, su primer libro de poesía Hadas y fusileros (1917) le sirve para narrar sus experiencias durante el conflicto.
En 1919 se casó e ingresó en el Saint John's College de Oxford para estudiar Literatura Inglesa, tras lo cual impartió clases en Egipto, donde trabó amistad con Lawrence de Arabia, regresando a Londres, tras lo cual se establecería en Mallorca desde donde publicó la citada Yo, Claudio o Belisarius que le dieron un primer reconocimiento internacional.
Con la Guerra Civil se instaló en Estados Unidos y después en Inglaterra, hasta regresar a Deià (Mallorca) donde continuó publicando Rey Jesús, Las aventuras del sargento Lamb o La hija de Homero, entre otros. Continuó con sus investigaciones mitológicas con obras como El vellocino de oro, Dioses y héroes de la antigua Grecia, La diosa blanca o Los mitos griegos.
Su poesía fue huyendo de cualquier escuela que la identificase, llegando a poseer un estilo claro e intenso con obras como Poemas completos en varias ediciones, alternando la poesía amorosa con una particular combinación entre la pasión y el cinismo, lo personal con lo universal o el amor con el erotismo.
Falleció ya nonagenario en Deià, la localidad que le acogió durante sus últimas décadas de vida. 


En Los mitos griegos (1955), Graves nos ofrece una exhaustiva y amena investigación sobre aquellos personajes que ayudaron a forjar el universo simbólico e imaginario de Occidente a través de los siglos con figuras como Zeus, Afrodita, Apolo, Perseo, Sísifo, Midas, Teseo, Penélope, Hércules, Narciso o Dionisos.
Nos acercamos a través de la pluma de Robert Graves a conocer, con minucioso y profundo detalle los entresijos del mito que nos ocupa, Sísifo, desde sus orígenes como hijo de Eolo y Mérope, sus argucias y su mala fama de ladrón y mentiroso, la curiosa idea sobre el nacimiento de Ulises-Odiseo, la fundación que hizo de Efira (que más adelante será Corinto), cómo reveló secretos de los dioses y cómo llegó a engañarlos, lo que le valió el castigo que conocemos.


Basada en la obra homónima de Eurípides, Jean-Baptiste Lully estrenó en 1674 Alceste, ou Le Triomphe d'Alcide (Alcestes o El triunfo de Alcides), una ópera en cinco actos que compuso para celebrar una de las victorias militares de Luis XIV.
El argumento, muy desdibujado al recargar la obra con un exceso de números musicales, vocales y de danza, trata de Alcides (el Hércules de la mitología griega), que se haya enamorado de Alcestes, princesa de Yolco y que se convertirá en reina de Tesalia cuando se case con Admeto. Tetis, Licomedes e incluso Eolo intentan raptarla. En la lucha para rescatarlas vence Alcides, pero Admeto sufre una herida mortal. El mismo Apolo permitirá que siga vivo si alguien lo sustituye, a lo que se presta Alcestes, que muere por él. Alcides propone a Admeto ir a rescatarla al abismo del Tártaro, el inframundo donde Caronte recibe a los muertos, a cambio de que sea su esposa y Admeto acepta. Al regreso con Alcestes, la despedida entre los enamorados es tan conmovedora que Alcides decide que ambos enamorados sigan juntos.
De la misma manera que Sísifo entró (y salió) en los dominios de Caronte, la primera de las incursiones musicales nos acerca, en el comienzo del Acto IV del Alceste de Lully al momento en que Caronte recibe a las sombras de unos fallecidos para acompañarles en su barca en su viaje al Tártaro.


El enlace corresponde al aria de Caronte Il faut passer tôt ou tard y el diálogo con las sombras en una interpretación del bajo Gregory Reinhart perteneciente a una grabación de audio que se realizó en vivo en el Théâtre des Champs Elysées en 1992 con La Grande Écurie et la Chambre du Roy dirigidos por Jean-Claude Malgoire.


Uno de los valores que poseen los mitos es su carácter universal y atemporal, pudiendo aplicarse a cualquier cultura y época, puesto que trascienden de un territorio y un tiempo determinados. ¿Qué nos puede aportar el mito de Sísifo hoy en día en nuestra época y situación?

Nacido en una modesta familia de emigrantes franceses en Argelia, Albert Camus es uno de los novelistas, ensayistas y dramaturgos más destacados en la Francia del siglo XX. Inteligente y trabajador, comenzó a estudiar Filosofía en la universidad de Argel, aunque no pudo terminar debido a una tuberculosis.
A partir de esta situación, formó una compañía de teatro aficionado que montaba obras clásicas para trabajadores, ejerció como periodista en Argel y publicó una recopilación de sus artículos inspirados en sus viajes y lecturas en Bodas (1939).
Tras marchar al año siguiente a Paris, trabajó como redactor en Paris Soir, mientras comenzó a publicar novelas como El extranjero o ensayos como El mito de Sísifo, dos obras que, en cierto sentido se complementan y muestran la influencia del existencialismo. Camus muestra en ellas una visión del destino humano como un absurdo, mostrando en la primera de ellas a un ser incapaz de participar en las pasiones humanas que vive su propia suerte desde una indiferencia absoluta.
Tras militar en la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, fundar el periódico clandestino Combat, estrenó sus primeras obras de teatro, El malentendido y Calígula, publicó La peste, en la que su pensamiento sugiere un cierto cambio con la idea de la solidaridad y la capacidad de resistencia humana frente a la tragedia de vivir como un absurdo.
Varios años después de ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura falleció, antes de cumplir los cincuenta años, víctima de un accidente automovilístico.

En El mito de Sísifo, Camus trata de la ruptura con la razón ilustrada y el pensamiento del Siglo de las Luces como un indicador del declive del hombre por medio de la sensibilidad absurda, afirmando lo que autores como Nietzsche o Kafka anunciaban a comienzos del pasado siglo, el nacimiento de un nuevo hombre, en este caso el Homo Absurdus que marca el divorcio del hombre y del mundo. La incivilización de los conflictos bélicos de la primera mitad del siglo o los graves problemas que enquistan la civilización empujan al hombre a «convertirse en un individuo» que se interroga sobre su existencia en el mundo y cuestiona el esfuerzo vano de establecer un orden en su vida, puesto que esta facultad no está a su alcance.
Así, el propio Camus advierte en el prólogo de su obra:
Las siguientes páginas tratan de una sensibilidad absurda que puede encontrarse dispersa en el siglo, y no de una filosofía absurda que nuestra época, hablando con propiedad, no ha conocido. Una honradez elemental exige, por lo tanto, que señalemos, desde el principio, lo que estas páginas deben a ciertos autores contemporáneos. (...) Pero es útil advertir, al mismo tiempo, que lo absurdo, tomado hasta ahora como conclusión, es considerado en este ensayo como un punto de partida. 

La disolución entre el pensamiento de la Ilustración y el mundo contemporáneo trae como resultado, para Camus, un interminable fracaso que se repite una y otra vez, como el esfuerzo denodado de Sísifo, en la civilización actual. Su mensaje ofrece un hálito de esperanza en cuanto que el esfuerzo que desarrollamos para llegar, como el mito griego, hasta lo más alto basta para llenar el corazón y alcanzar la dicha.



Aunque no sea la primera composición a la que podemos llamar ópera, sí es la primera que se conserva y tiene los honores de entrar en la historia como la que comenzó este arte. Se trata de La favola d'Orfeo (La fábula de Orfeo) de Claudio Monteverdi, estrenada en el Palacio Ducal de Padua en 1607, una obra a la que siguió nada menos que treinta y tres años más tarde Il ritorno d'Ulisse in patria (El regreso de Ulises) del mismo autor.
También Monteverdi, siguiendo la mítica historia de Orfeo, hace descender al protagonista a la Laguna Estigia para rescatar de la muerte a su amada Eurídice. Al llegar a los dominios de Caronte acompañado de la Esperanza, esta lo deja sólo al ver grabado en una piedra el texto que Dante cita en su Divina Comedia«Abandonar toda esperanza los que entráis». Caronte se niega a dejarle pasar en su barca con este argumento, al que sigue una breve sinfonía.


La interpretación de este aria de Caronte del Orfeo de Monteverdi corresponde al bajo Mario Luperi, en una tesitura que se aproxima al bajo profundo, idónea para un personaje al que podríamos catalogar como cavernoso por su condición.


Cada año, cada temporada, en ese tiempo que avanza en su desarrollo lineal a la vez que circular, que acaba concluyendo para reiniciarse de nuevo, nuestro trabajo -si lo tenemos y lo conservamos- corre el riesgo de que, con él, nos convirtamos en un Sísifo que sube a duras penas su piedra hacia la sima como un castigo que se nos antoja eterno. ¿Cómo podemos conciliar, pues, un mito como el de Sísifo con la condición del Homo Absurdus a que se refiere Camus? ¿Está en nuestras manos, en nuestro deseo y voluntad encontrar un sentido a los esfuerzos repetitivos, reiterados, incongruentes que conforman nuestro trabajo?

Nacido en 1938 en Molaloi (Grecia), Theodor Kallifatides emigró a Suecia a mitad de los años sesenta del pasado siglo donde estudió Filosofía y comenzó una carrera literaria en el idioma del país que lo acogió. Autor polifacético, Kallifatides ha publicado una cuarentena de libros de poemas, novelas, ensayos sobre viajes, obras teatrales y guiones cinematográficos, además de dirigir la película Kärieken (El amor).
En general, sus obras tratan sobre la condición de ser griego en el extranjero o sobre su experiencia en su país natal, siendo traducido a más de una veintena de idiomas. También ha traducido al griego obras de autores suecos como el cineasta Ingmar Bergmann o August Strindberg o al sueco obras de compatriotas suyos como Mikis Theodorakis. En sus últimas obras ha abierto un camino hacia la escritura en griego de obras basadas en sus experiencias vitales antes de abandonar su país de origen.
En Otra vida por vivir, una obra escrita en griego cercano a los ochenta años un Kallifatides incapaz de escribir e incapaz, a la vez, de no escribir, vuelve su mirada a su país natal. Vende el estudio en Estocolmo donde ha escrito sus libros para emprender un viaje a su Grecia con su esposa indagando en la relación entre una vida y un trabajo con sentido y su aceptación y reconciliación con el envejecimiento.
Una historia anecdótica nos acerca, por última vez, al mito de Sísifo y su aplicación práctica, alejada de reflexiones más o menos profundas.



Nos despedimos con la continuación de la escena musical anterior. Tras el argumento utilizado por Orfeo para convencer a Caronte de que lo deje pasar para llevar a su amada Euridice a la vida, este se niega a darle paso en su barca. Se entabla un diálogo entre ambos con el aria de Orfeo Possente Spirto e formidabli nume (Poderoso espíritu y gran divinidad), al que responde el barquero con Ben sollecita alquanto (Tú me adulas) negándose a dejar pasar a nadie al lado de los vivos.


La escena continuará más adelante con el arte de Orfeo que logra dormir con su melodiosa arpa a Caronte y, robándole su barca, cruza la laguna hasta llegar al infierno en busca de su amada. El final de la escena, un coro de espíritus infernales celebrará el gesto del Hombre, esa criatura que no emprende en vano un esfuerzo o un proyecto y contra la que la Naturaleza no tiene forma de oponerse.


La interpretación corre a cargo del barítono suizo Philippe Huttenlochner en el papel del mítico Orfeo y del bajo Hans Frazen como Caronte en una producción que podríamos calificar como histórica de L'Orfeo dirigida por Nikolaus Harnoncourt a partir de una puesta en escena de Jean Pierre Ponnelle y del Zurich Monteverdi Ensemble de 1978 que recrea el estilo de las primeras producciones del XVII. 
El escenario alegórico une el mundo real y el inframundo como un castillo medieval cubierto de vegetación, con unos coros instalados en el balcón que representan la nobleza de Mantua de la época, con unos memorables y opulentos trajes falsos en blanco y negro, mientras el patio lo ocupan pastores con sus chalecos de piel de oveja, flautas de pan y polainas en la primera parte. En la continuación, los personajes del infierno aparecerán los vestidos en rojo y púrpura con catacumbas recargadas de esqueletos, telarañas y fantasmas. De tal forma, esta producción de L'Orfeo muestra la artificialidad y la falsa verdad que suponen el amor cortés y las representaciones sobre el escenario en un festín para los ojos y los oídos que conforman, en su conjunto, un delirante, opulento y decadente espectáculo.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Graves, Robert. Los mitos griegos. Traducción de Lucía Graves. Editorial Ariel. Barcelona, 2012.
  • Camus, Albert. El mito de Sísifo. Traducción de Esther Benítez. Editorial DeBolsillo (Punto de lectura), 2021.
  • Tallifatides, Theodor. Otra vida por vivir. Traducción de Selma Ancira. Galaxia Gutenberg, 2019