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¡Vaya forma absurda de morir!

La muerte es consustancial a los seres vivos. Vida y muerte son realidades y conceptos antagónicos que en ningún caso se excluyen. El concepto de vida no se entiende sin el de muerte desde los primeros albores de la humanidad. 
Entendiendo que la vida transcurre entre el nacimiento hasta la muerte, se han elaborado diversos razonamientos entre los que la situación ideal es una vida larga, completa en el sentido de que la persona desarrolle sus capacidades, propósitos y posibilidades de forma completa para llegar a una feliz ancianidad en el que su vida finalice sin mayores sufrimientos. Todo lo demás, son alteraciones y variantes sobre esta idea utópica.
Pocas palabras tienen un sentido más apropiado y a la vez más particular que el término accidente. Proveniente del latín accidens, accidentis, es el presente participio de accedere (suceder) y ad + cadere (caerse).
El Diccionario de la R.A.E. lo define en su primera acepción como:

Accidente: 1. m. Suceso eventual que altera el orden regular de las cosas.

A partir de esta acepción se derivan todas las demás en los términos que solemos darle a esta palabra.

No todo el mundo tiene la posibilidad de desarrollar y tener una larga existencia en el sentido mencionado anteriormente y son muchas las personas que han encontrado la muerte antes, en ocasiones por alguna enfermedad, en otros casos a través de lo que podemos denominar de forma accidental.
Se da el caso de muchos creadores que han acabado su vida dejándola doblemente inacabada, por una parte, su existencia vital, más allá de las creencias de cada persona; por otra, una obra inconclusa que podría haber tenido una continuación en unos momentos de mayor madurez creativa.
Algunos de estos artistas fallecieron de forma totalmente accidental, en algunos casos de forma extraña, finalizando inesperadamente sus vidas de manera real e inmerecidamente absurda y grotesca, si no fuera por la carga de tragedia que esta supone. Una vida marcada por el pensamiento y su difusión puede acabar en algunas ocasiones de forma ciertamente ridícula e inverosímil como colofón a una existencia que se podría denominar como ilustre y escelsa. 
Te invito a conocer de qué forma tan peculiar, absurda e inesperada fallecieron algunos grandes creadores, dejando su vida y su obra inacabadas. Nos acompañan Esquilo, Lully, Bacon, Chausson, Camus e Isadora Duncan. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Gustav Klimt, La muerte y la vida (detalle)
Predecesor de Sófocles y Eurípides, Esquilo forma con ellos la trilogía de los creadores del teatro griego, siendo él el primero en darle la forma definitiva que adquirió.
Tanto el teatro como la poesía y la filosofía griegos surgieron a partir de la vida diaria. La poesía como forma de relatar acontecimientos vividos siguiendo hechos reales más o menos idealizados, sin acercarse a la interiorización lírica con que la conocemos desde más adelante. La filosofía surgió como forma de entender y afrontar la vida, más allá de razonamientos metafísicos posteriores. El teatro, que cristalizó a partir de Esquilo partía también de la realidad cercana, mostrando la relación entre  la vida y la muerte, el individuo y la comunidad. Las artes no eran para estetas o coleccionistas, sino que estaba integrada en la vida diaria de los griegos.

Guerrero además de escritor, Esquilo se preciaba de haber participado, entre otras, en las batallas de Maratón y Salamina, viviendo uno de los períodos de grandeza de Atenas.
Tras su primer éxito en el teatro con Los persas (472 a.C.), realizó un viaje a Sicilia donde acabaría instalándose años más tarde. Llegó a escribir alrededor de noventa obras de las que tan sólo se han conservado completas siete. Se le considera el fundador de la tragedia griega al introducir un segundo actor, que le permitía independizar el diálogo del coro.
Esquilo puso en escena los grandes mitos de la Grecia antigua mostrando en sus obras la dependencia del hombre de un destino superior, incluso a la voluntad de los dioses, la fatalidad que ordena la naturaleza y ante la que los actos individuales no tienen poder. Su teatro muestra las diferencias culturales entre las creencias religiosas ancestrales y las nuevas ideas del pensamiento filosófico y democrático.
Entre sus obras que nos han llegado se encuentran la citada Los persas, Orestiada (o Agamenón), Las céforas, Las euménides, Las suplicantes, Los siete contra Tebas y Prometeo encadenado, aunque de esta última se tienen dudas de su autoría.

Recogida en diversas publicaciones, las Tragedias de Esquilo, nos acompaña un texto de la primera tragedia que hizo que su nombre fuera conocido, Los persasEn él aparece el espectro de un personaje, la sombra del fallecido rey persa Darío que dialoga con el Corifeo, el personaje que se situaba en el escenario y que dirigía al coro, lo interpelaba o hablaba en su nombre al protagonista con el que actuaba. También se dirige a la reina, su viuda y madre de Jerjes y a los ancianos a quienes aconseja sobre la vida.


A Esquilo, según cuenta Valerio Máximo en sus nueve volúmenes de los Hechos y dichos memorables, le vaticinó el Oráculo de Apolo en Delfos que tendría una muerte horrible al caérsele una casa encima. Creyente en el oráculo como sus contemporáneos, decidió abandonar su vivienda y vivir a la intemperie para evitar que le cayeran los muros o el techo en el momento más inesperado.

Gela (Sicilia), 456 a. C. Mientras paseaba por el campo un águila que había cazado una tortuga la dejó caer contra el suelo para romper el caparazón y poder comérsela. La mala suerte hizo que cayera sobre la cabeza de Esquilo provocándole una fractura del cráneo que acabó con su vida.
La realidad fue más tozuda que la prudencia y, para un escritor como Esquilo, la muerte, improbable, absurda y ridícula, vino travestida de imagen literaria, como él había hecho con sus tragedias. Y el oráculo tuvo razón, fue una casa, la de la desgraciada tortuga la que le provocó la muerte.



Quizás una de las muertes más genuinamente estúpidas, absurdas y conocida sea la del compositor, director y bailarín Jean-Baptiste Lully
De modesto origen italiano, Lully llegó a ser el músico más importante de la Francia de Luis XIV, tratando de su persona y la del monarca en El baile del Rey Sol, además de colaborar en las comedies-ballets con Molière. Durante el tiempo en que tuvo los favores del monarca más bailarín de la historia, el compositor llegó a acaparar un poder inmenso como director de la Académie Royale de Musique y logrando que por cada obra musical que se imprimiera en el reino, recibiría una parte de los beneficios.
Su figura cayó en desgracia tras el fallecimiento de la reina Marie Thérèse y la llegada de la nueva amante del monarca, Madame Maintenon que alertó a Luis XIV de la vida disoluta del músico y sus encuentros homosexuales, mal visto que se conocieran de forma pública en la época. 
Para congraciarse con el monarca, Lully compuso su última ópera, Roland, a cuyo estreno no acudió el rey, enviando a su hijo el Delfín a la misma.
Tras una enfermedad del rey, Lully vio el momento de celebrar la recuperación de su salud arreglando el Te Deum que había estrenado en 1678 e interpretarlo para el monarca con los 300 músicos de la corte.
Así, el 8 de enero de 1687, en la iglesia Des Pères Fauillants dirigió el Te Deum de la misma forma en que lo hacía habitualmente: dirigiendo la orquesta, no con una batuta, sino con un largo bastón ricamente ornamentado con el que golpeaba el suelo para indicar el compás.
No se conoce en qué momento del Te Deum ocurrió, pero dirigir a tantos músicos en una iglesia barroca con la reverberación y ampliación de sonido que suelen tener estos templos hubo de hacer que sus movimientos para llamar la atención de los músico fueran enérgicos en exceso. El caso es que se golpeó en el empeine con el extremo del bastón, haciéndose una herida.

Para ponernos en situación, nos acompaña el inicio de este Te Deum (LWV 55) en su primer número, la introducción  seguida de Te Deum Laudamos con le Choeur de Chambre de Namur, el tenor Thibaut Lenaerts, las sopranos Sophie Junker y Judith van Wanroij, los contratenores Mathias Vidal y Cyril Auvity y el bajo Alain Buet, la Millenium Orchestra y la Capella Mediterranea al continuo, todos dirigidos por el español Leonardo García Alarcón, en un concierto que se llevó a cabo en el Château de Versailles en 2018.


París, 22 de marzo de 1687:   falleció por las complicaciones de la herida, en lo que se puede denominar un accidente laboral, el primero y, seguramente único, caso en que un director de orquesta fallece a causa del objeto con el que está dirigiendo.
La situación no habría llegado a mayores si, a sus cincuenta y cuatro años, no se hubiera infestado al no querer que lo atendiera un médico en un primer momento. Más adelante, la infección acabó en gangrena y se habría solucionado con la amputación del dedo afectado, pero Lully era bailarín y no consintió en tal medida, menos aún cuando debió amputarse la pierna entera por el avance de la gangrena. 



Uno de los hombres más destacados de su tiempo, Francis Bacon (Strand, cerca de Londres, 1561) fue abogado, historiador, escritor, político, científico y filósofo. Junto con Descartes ha sido considerado uno de los iniciadores de la filosofía moderna.
Tras asistir unos años al Trinity College, estuvo en Francia bajo la protección del embajador inglés, hasta que volvió para estudiar jurisprudencia. Al finalizar comenzó su carrera política como miembro de la Cámara de los Comunes, aunque sin ocupar cargos importantes al adoptar posiciones independientes y críticas con la corte. Con Jacobo I, sucesor de la reina Isabel, ejerció como Fiscal del reino y consejero privado del rey quien le confió el cargo más alto en la corte, Canciller del reino.
Las envidias que levantaron su rápida trayectoria acabaron en un juicio por soborno y abuso de autoridad que concluyó despojándole de todos los cargos y encarcelado en la Torre de Londres.
A partir de este momento comenzó sus estudios filosóficos y científicos, retirándose a sus posesiones en Highgate cuando quedó libre para dedicarse a sus trabajos intelectuales. 
Su pensamiento filosófico se centra en desarrollar el método deductivo enfatizando la importancia de la comprobación experimental sobre la teoría. En Novu Organum expuso una lógica que se oponía ala aristotélica, rechazando el método deductivo frente a la citada experimentación. Bacon defendía que la ciencia podía acabar con las supersticiones y las falsas creencias.
De entre sus obras, escritas en latín e inglés, dos se publicaron de forma póstuma. La Nueva Atlántida, en la que muestra su faceta humanista y Selva de selvas, un tratado científico.
Publicados por primera vez en 1597, Essays or Counsels Civil and Moral (Ensayos o consejos políticos y morales) con diez reflexiones, ampliándose más adelante a 28 y posteriormente con 58 ensayos en la edición londinense de 1625. 
Nos acompaña uno de estos ensayos relacionado con el tema de la muerte. Escrito en 1616, una década antes de su fallecimiento, con multitud de referencias en latín que he anotado entre paréntesis, Bacon nos acerca desde distintos puntos de vista a ese tema con sus reflexiones a partir de las ideas que se mantenían en la época. 


Highgate, 9 de abril de 1626. Su fallecimiento le vino a causa de sus reflexiones sobre la congelación de los alimentos como forma de conservación de los mismos.
A mediados  de marzo, Sir Francis Bacon se dirigía a sus posesiones cuando, observando la nieve acumulada, pidió a sus compañeros de carruaje que le consiguieran un animal de una granja cercana. Cuando llegaron con un pollo, pidió que lo sacrificaran y desplumaran y estuvo toda la tarde excavando un agujero en la nieve para comprobar la conservación de la carne entre el frío, bien en el suelo, bien en un saco al que echó nieve en el fondo, puso después el animal y terminó cubriéndolo con más nieve. 
Al finalizar pidió ayuda para levantarse alegando que había cogido frío. El enfriamiento se agravó al cabo de unos días y acabó complicándose en una pulmonía. No volvió a levantarse de la cama, falleciendo el 9 de abril, según comentaron sus conocidos en esas simplificaciones que se suelen realizar -una suerte de falacia- a causa de un pollo.


La palabra accidente la tenemos asociada desgraciadamente a los que suelen ocurrir relacionados con los automóviles y el tráfico, algo cada vez más común desde la aparición de los vehículos a motor a comienzos del siglo XX y que, en nuestros días, es fuente de preocupación para las autoridades de tráfico y en los diseños de dispositivos de seguridad en los fabricantes. Pero es más extraño encontrar este tipo de accidentes en el siglo XIX.
Nacido en París en 1855, Ernest Chausson fue un compositor seguidor de las ideas musicales de Wagner y Richard Franck. Su interesante obra, no muy amplia, es fiel reflejo de la producción del romanticismo francés de su tiempo, destacando entre ellas el Poème para violín y orquesta, su Sinfonía y la ópera El rey Arturo.
Sobre su producción llegó a manifestar: «Hay momentos en los que me siento impulsado por una especie de instinto febril, como si tuviera el presentimiento de ser incapaz de alcanzar mi objetivo, o de conseguirlo demasiado tarde».

Nos acompaña una de sus últimas obras, Chanson perpétuelle, Op. 37, una composición de 1898 para soprano y quinteto con piano, con versión para orquesta basada en un poema de Charles Cros.
La interpretación corre a cargo de la mezzo-soprano Victoire Bunel, la pianista Sarah Ristorcelli y el Quator Elmire en el concierto Generatios France Musique realizado en abril de 2019


Limary, 10 de junio de 1899. Yendo a su casa en una de esas bicicletas de finales del XIX, Chausson perdió el control de su vehículo y chocó contra el muro de su posesión rompiéndose el cráneo y falleciendo al instante con tan solo 44 años. Sin duda se trata del primer -¿y único?- compositor fallecido en accidente de bicicleta.


Renovadora del ballet clásico, Isadora Duncan (San Francisco, 1877) luchó contra la falta de naturalidad y el encorsetamiento del ballet clásico, con sus tutús y las puntas. Así se inspiró en las ménades griegas y sus movimientos arqueando el cuerpo o las pinturas renacentistas como La primavera de Boticcelli
Estrenada en 1968, Isadora es una película dirigida por Karel Reisz que recrea la vida de esta bailarina interpretada por Vanessa Redgrave. El enlace que nos acompaña muestra un repertorio de algunas de las danzas que se incluyen en el film y que, a partir de músicas de las más clásicas de compositores como Beethoven, Schubert, Chopin, Borodin o Tchaikovsky muestran sus revolucionarias formas de interpretar.


Con cincuenta años, sus revolucionarios triunfos habían quedado atrás y llamaba más la atención por su tumultuosa vida social.
Niza, 14 de septiembre de 1927. El pequeño y lujoso Almircar CGSS conducido por Benoit Falchetto paró en el Paseo de los Ingleses donde un grupo de amigos bailaban. Se subió Isadora con su vestido rojo y un larguísimo foulard de seda rodeando su cuello que oscilaba al ritmo de sus movimientos  Al despedirse de sus amigos exclamó: «Au revoir, mes amis, je vais à l'amour?» (¡Adiós, amigos, voy al amor!).
El coche recorrió unos metros hasta que el conductor frenó a oír los gritos de los espectadores que presenciaron el breve trayecto. El foulard que había ido ondeando se había enganchado en la rueda trasera oprimiendo el cuello de Isadora hasta estrangularla y arrojando su cuerpo contra la calzada. Falleció al instante.

Nos acompaña la breve escena de la película Isadora en que se recrea este fatal acontecimiento en el que Reisz mezcla la tragedia con la alegría desenfrenada de los compañeros de baile, incapaces de pensar que no asisten a una representación.


Se calcula que cada año fallecen aproximadamente 1.350.000 personas en accidentes de tráfico en todo el mundo, una cifra que crece por el aumento exponencial del parque móvil y disminuye lentamente por las campañas de concienciación, las mejoras en las vías de circulación y la cada vez mayor seguridad en los vehículos. Aún así, un sólo accidente ya es más de lo que deberíamos permitir.

Isadora Dundan
Albert Camus (Mondovi, Argelia, 1913), nació en una modesta familia de emigrantes franceses en Argelia y comenzó a ser conocido en Francia con su novela El extranjero y el ensayo El mito de Sísifo en las que muestra su influencia del existencialismo. Durante la Segunda Guerra Mundial militó en la Resistencia y fue uno de los fundadores del periódico clandestino Combat que llegó a dirigir. Además de estrenar El malentendido y Calígula en el teatro, publicó La peste, la novela que supuso un giro en su pensamiento al plantear que la solidaridad y la resistencia ante la tragedia supera a la idea de lo absurdo de la existencia.
En sus obras aparecen con frecuencia reflexiones sobre la muerte que reflejan con fuerza su sentido trágico como la única fuerza con poder para destruir la vida de cualquier persona en el momento más inesperado, como filosofía del Absurdo«Lo absurdo impone a la muerte, es necesario dar a ese problema prioridad sobre los otros, al margen de todos los métodos de pensamiento».



Nos acompaña el inicio de El extranjero  en el que se narra con una escueta frialdad el conocimiento de la muerte de su madre y los pasos que lo siguieron. 


Con una enfermedad respiratoria incurable, la muerte de Albert Camus entra dentro de la categoría de accidente con las nefastas connotaciones a las que nos estamos acostumbrando: el dramatismo de la escena, la tragedia de la vida segada antes de tiempo y la pérdida de la obra que queda sin finalizar. A su fallecimiento se suele añadir un comentario que acrecienta el halo trágico aún más si cabe. 
El tres de enero de 1960 los periódicos franceses publicaban la muerte de Fausto Coppi, el ciclista que había ganado en cinco ediciones del Giro de Italia. Erróneamente atribuían su fallecimiento a un accidente de auto, cuando en realidad había sido a causa de la malaria. Desconociendo esta circunstancia, Camus comentó a sus allegados: «No conozco nada más idiota que morir en un accidente de auto».
Carretera en la Borgoña cerca de Villeblevin, 4 de enero de 1960. Michel Gallimard, su esposa, su hija y Albert Camus tienen un accidente de coche al reventar una rueda en una recta y chocar consecutivamente con dos árboles. El choque con uno de los árboles fue tan violento que el vehículo se partió en tres pedazos. El cuerpo de Camus fue a parar a los asientos posteriores falleciendo en el acto. El editor Galimar estuvo ingresado de gravedad un tiempo, mientras su esposa e hija apenas si tuvieron unas contusiones. El absurdo de la muerte se unió al comentario de la víspera.


Finaliza esta publicación sobre la muerte absurda de algunos escritores y músicos con un documento gráfico histórico: un reportaje sobre el accidente en el original francés donde se muestra brevemente cómo sucedió.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Esquilo. Tragedias, Editorial Gredos, Ebook. ISBN: 9787424998356.
  • Bacon, Sir Francis. Ensayos, tracuddión de Gonzalo Torné de la Guardia. Galaxia Gutenberg S. L. (2023). ISBN: 9788419738493.
  • Camus, Albert. El extranjero, Editorial DeBolsillo. ISBN: 978846635138.

La música y la muerte de Molière

El 17 de febrero de 1673 fallecía de forma inesperada Molière, uno de los más grandes dramaturgos franceses y universales.
Heredero de los grandes del teatro francés, Molière comenzó interpretando obras de autores como Racine o Corneille, aunque muestra un parecido mayor con Shakespeare, en el sentido de que representa lo que podríamos denominar un hombre de teatro, puesto que no sólo es autor, sino también actor y empresario de sus propias obras, además de un creador que se movió entre el mundo de la música para desarrollar y consolidar un nuevo estilo: la Comédie-ballet, un tipo de obra que unía comedia y ballet, con algunas incursiones de la música cantada y que triunfó en la corte francesa del XVII.
Su labor interpretativa es conocida con cierto detalle, pues nos ha quedado constancia de los papeles que interpretó en sus obras, así como de sus compañeros de elenco, además de disponer de información precisa de cómo se desenvolvía en la escena, siendo considerado durante un tiempo más un cómico que un autor.
Al contrario que Shakespeare o dramaturgos españoles como Lope de Vega o Calderón y compatriotas suyos como Corneille o Racine, Molière apenas tocó el drama o la tragedia, salvo en su Don Juan, sino que se dedicó a la comedia, en la que llegó a mostrar una maestría sin igual. 
También ha formado parte de su leyenda su repentina muerte en el escenario cuando contaba apenas con cincuenta y un años.
Cuando se cumplen los doscientos cincuenta años del fallecimiento de Molière, te propongo recordar algunas de sus obras relacionadas con la música y, de forma especial, su fallecimiento. Nos acompaña música de Lully y Charpentier. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Muerte de Molière, grabado de autor desconocido.
Perteneciente a la acomodada burguesía, pues su padre Jean era tapicero real, Jean-Baptiste Poquelin (1622-1673) perdió a su madre cuando contaba con diez años de edad, volviéndose a casar su progenitor poco tiempo después. Tras formarse en el colegio jesuita de Clermont, continuó estudios de derecho hasta que se licenció con veinte años de edad. 
Se supone que fueron unos tíos suyos quienes le llevaban asiduamente al teatro los que despertaron la afición por las artes escénicas, hasta el punto que, una vez licenciado, en lugar de ejercer el empleo de tapicero real que se suponía debía seguir, fundó en 1643 una compañía teatral, L'Illustre Théâtre, ya con el nombre artístico de Molière, junto a la actriz Madeleine Béjart, quien la comenzó a dirigir, hasta que él mismo se hizo cargo de la empresa. 
Tras los primeros fracasos, en 1645 abandonaron París tras ser arrestado unos días por deudas. Así, estuvieron recorriendo el sur de Francia bajo la dirección de Dufresne durante más de una década interpretando dramas y tragedias de autores contemporáneos como Racine o Corneille, junto con las primeras obras del joven autor.
Estas obras iniciales, divertidas y llenas de vitalidad, son aún farsas toscas, con un característico sentido del lenguaje y la teatralidad, construidas a partir de guiones esquemáticos sobre los que los actores improvisaban en el estilo de la Commedia dell'arte italiana.
De regreso a París en 1658, ya bajo su dirección y con el nombre de Troupe de Monsieur, consiguió al año siguiente su primer éxito con Las preciosas ridículas, una sátira en prosa con unos diálogos salpicados de ingeniosos juegos de palabras. Al poco tiempo creó a Sganarelle, un personaje emblemático al que recurrió en varias obras, siempre interpretado por él mismo.

Jean-Leon Gerome. Luis XIV invita a Molière a compartir su mesa (1862). Colección privada
Con el paso de los años acabó creando las Comédie-ballets con Les Fâcheux, una obra que unía acción dramática, música y coreografía y que, a diferencia de la Ópera-ballet, se centraba en personajes comunes que sucedían en el tiempo presente, con situaciones de enredo y centrado frecuentemente en asuntos matrimoniales. 
Para esta obra contó con la música de Jean-Baptiste Lully y la coreografía de Pierre Beauchamp, con quienes colaboró en la creación de otras Comedias-ballets como Le mariage forcé, L'Amour médecin, George Dandin, Monsierur Pourceaugnac, Les amants magnifiques y la que fue la última colaboración con Lully, El burgués gentilhombre.
Nos acercamos a esta última, una de las obras maestras del trío. Dividida en cinco actos, Monsieur Jourdain -interpretado por el propio Molière- es un ingenuo y ridículo cuarentón cuyo padre hizo fortuna como zapatero, por lo que pudo dar a su hijo la condición de burgués. Jourdain pretende adquirir modales aristocráticos para alcanzar la nobleza y distinción que admira, por lo que invita a esos personajes a su casa para obsequiarlos, imitarlos y recibir honores, mientras los maestros que contrata para su enseñanza en todo tipo de artes se burlan de un petimetre ignorante que, al menos, les paga generosamente.
El quinto acto nos presenta un retrato vivo dentro del estilo de Molière con hasta seis salidas de distintos personajes que van apareciendo en escena.
La primera salida es la de un hombre con un libreto sobre el baile que entabla un diálogo con el personajes que representan al público. La segunda salida corresponde a tres importunos que salen a bailar tras irse el personaje anterior. La tercera salida corresponde a seis españoles, mientras la cuarta a unos italianos y la quinta, a un grupo de franceses. La sexta y última con los personajes de estos tres países en la que finalizan la obra cantando únicamente dos versos:
¡Qué espectáculo más encantador!
No se puede encontrar nada mejor.

Como muestra de este estilo fresco y vivo de Molière nos acercamos al texto de la primera salida, con ese personaje que entra en escena libreto en mano.


En la corte de Luis XIV era otro Jean-Baptiste quien tenía los favores reales sobre la música, especialmente gracias a sus aptitudes para el baile que compartía con el monarca. Lully, de quien tratamos la relación con el rey francés en El baile del Rey Sol, comenzó a colaborar con Molière, llegando su relación hasta esta comedia-ballet El burgués gentilhombre, la última de sus colaboraciones. 
En el fondo, la relación se rompió cuando Molière propuso al compositor solicitar al monarca algún tipo de privilegio sobre las obras escénicas. Lully se fijó en Pierre Perrin quien había recibido un privilegio del rey por doce años para crear y administrar la Académe d'Opera. Ante la mala gestión realizada, que supusieron su encarcelamiento por deudas, Lully intrigó para quedarse con el privilegio. Así, la sustituyó por la Académe Royale de Musigue, cuyo privilegio alcanzaba toda su vida y que podía heredar su hijo, y que, de modo práctico, suponía que recibiría derechos por cualquier obra escénica con música que se presentara en Francia. La concesión de este privilegio, en el que Moliére quedaba excluido supuso el fin de la colaboración y la relación entre ambos creadores.

Nicolás Mignard. Molière en el papel de César en "La muerte de Pompeyo" de Corneille. Museo Carnavalet (París)
Antes de la ruptura continuamos con El burgués gentilhombre. El excelente bailarín que es Luis XIV ha dejado de bailar en público, después de comprobar que sus facultades están mermando, por lo que consiente en acercarse a las nuevas comedias-ballets. Molière escribe la obra citada a la que Lully le pone música creando una sonoridad y declamación francesas que se opone a las acrobacias vocales de la ópera italiana. Además de colaborar junto al coreógrafo Pierre Beauchamp en la creación de la obra, Molière y Lully participaron en las representaciones, el primero  como Jourdan, el segundo bailando. El éxito fue grandioso y el monarca concede todo el mérito al dramaturgo, quedando el compositor relegado a un simple bufón, como el personaje que interpreta, lo que origina unos celos que iniciarán la ruptura que hemos mencionado.
Continuando con las salidas del quinto acto de El burgués gentilhombre, nos acercamos en la siguiente música a la tercera de las salidas, en la que aparecen los seis españoles. Estos cantan y bailan en distintas agrupaciones, muy en el estilo de farsa y de la Commedia dell'Arte y en el original en nuestro idioma, de la misma forma que en la siguiente salida lo harán los  italianos en su propio idioma.
Esta Entrée des Espagnoles pertenece a una producción de Le bourgeois gentilhomme de 2005 de Le Poéme Harmonique dirigida por Vincent Dumestre.


En un momento en que la música y las obras, en general, se centraban en dioses y héroes que reflejaban el poder y la grandiosidad del Rey Sol, Molière se adelanta a su tiempo. Mediante farsas, comedias y enredos, critica la hipocresía de la sociedad y la religión, ridiculiza los matrimonios de conveniencia o aboga por la dignidad femenina, no con un tono moralizante, sino con una apabullante sensatez. 
Evidentemente, esto supuso que tuviera numerosos detractores. En El tartufo, por ejemplo, la propia reina madre quedó escandalizada por el sentido irreverente y sacrílego que veía en la obra, organizando un rezo del rosario durante una representación que concluyó con los espectadores abandonando la  sala y la prohibición de representarla por parte del monarca.
Después de mucho tiempo trabajando con Madeleine Béjart, de quien se llegó a rumorear que fue amante, contrajo nupcias con su hija Armande Béjart, veinte años más joven que él, corriéndose la especie de que era un matrimonio incestuoso. El propio Luis XIV tuvo que salir en su defensa apadrinando a su primer hijo, François, que murió poco después.

La última de las comedias-ballets de Molière fue Le malade imaginaire (El enfermo imaginario) con música de Marc-Antoine Charpentier -a quien conocemos de modo especial por ser parte de su Te Deum la melodía de la red de Eurovisión- y la coreografía del habitual Pierre Beauchamp.
Dividida en tres actos, cuenta la historia de Argan, un hipocondriaco rodeado continuamente de médicos y medicamentos, aunque también pretende casar a su hija Angélica con el hijo del doctor Diaforus, uno de los médicos que le atienden, pese a que ella está enamorada de Cleonte. También aparece el personaje de Bélisa, la segunda esposa de Argan, a quien no ama y que se mantiene junto a él buscando su herencia.
Todo esto provoca distintos enredos de los que es testigo Argan cuando finge que está enfermo. En la parte final de la obra aparece Antoinette, una sirvienta que se hace pasar por médico que se gana la confianza del enfermo. 
Cuando Argan finge su muerte, Bélisa intensa apoderarse del dinero que le corresponde en la herencia, mientras Angélica se muestra afectada por la pérdida de su padre. De esta forma, el protagonista descubre los verdaderos sentimientos de su familia. Tras este desenlace, en el tercer intermedio, se presenta una escena burlesca en la que los personajes hacen creer al enfermo que van a nombrarlo, a base de latinajos y expresiones inventadas, médico, ya que se ha vuelto experto en enfermedades. 

El texto que nos acompaña corresponde a la decimocuarta escena del tercer acto, en que los enamorados Angélica y Cleonte se encuentran junto al que creen fallecido Argan. Más adelante entran Antoinette -aquí denominada Antonia- y Beraldo quienes lo incitarán a la ceremonia de nombramiento de doctor. 


El enfermo imaginario se concibió entre Molière y Charpentier como una comedia con intermedios musicales que se intercalarían al final de cada acto, incluida la citada ceremonia de doctorado de Argan, además de un pequeño dúo entre Angélica y Cleonte.
La partitura ha estado desaparecida hasta hace unas décadas, cuando William Christie, director y alma mater de Les Arts Florissants la encontró entre los archivos de la Comédie Française y la estrenó en el Téâtre du Châtelet de París el 16 de marzo de 1990.

Portada de Le malade imaginaire de 1673, el año de su estreno
Podemos escuchar a continuación el Prologue - Overture de Le malade imaginaire en la versión que el propio William Christie realizó con su grupo Les Arts Florissants con la música de Marc-Antonine Charpentier en la grabación de 1990 para el sello Harmonia Mundi. Un documento sonoro histórico.


La alargada mano de Lully no se conformó con recibir los ingresos que le correspondían por la obra, sino que intrigó para que el estreno no se realizara en Versalles, sino en el Théâtre du Palais Real. Molière escribió un prólogo para leer él mismo ante el rey en la primera representación, que no llegó a pronunciar.
Estrenada el 10 de febrero de 1673, en la cuarta de las representaciones de El enfermo imaginario, Molière, que arrastraba una tuberculosis, se sintió mal, insistió en terminar su actuación y fue trasladado a su domicilio donde falleció al cabo de unas horas.
En tan grave situación, es especialmente significativo que, después del traslado se buscara con ahínco la presencia de un sacerdote más que la de un médico. El caso es que los cómicos, en general, estaban mal vistos por el estamento eclesiástico y Molière, en particular, tenía dos condicionantes que agravaban su caso: los rumores de incesto sobre su matrimonio y el hecho de haber llevado a escena algunas obras que criticaban a la Iglesia. El caso es que dos sacerdotes se negaron a dar la extremaunción al enfermo y un tercero llegó cuando este ya había fallecido. Más adelante, el propio rey hubo de intervenir ante el Arzobispo de París para que se concediera al difunto el derecho de reposar en tierra santa, si bien fue enterrado en una fosa común de noche y sin ceremonias.

Honoré Daumier. Le malade imaginaire (1863). Museo de Arte de Filadelfia
Escritor y guionista de cine, Rubem Fonseca fue comisario de policía en Río de Janeiro antes de dedicarse a la literatura, en la que debutó con un libro de relatos, Los prisioneros (1963), que creó una gran expectación debido a su crudeza. En 2003 obtuvo el Premio Camôes, el más prestigioso de las letras portuguesas, entre otras distinciones.
En 2000 publicó El enfermo Molière en el recrea las últimas horas del comediante francés en la que todos los personajes son reales, salvo el anónimo marqués que narra esta historia. En esta obra, Fonseca crea la intriga de una sospecha de envenenamiento que le sirve de excusa para mostrar cómo era la corte de Luis XIV, algunos de los personajes que transitaban por ella y que tenían pública enemistad con el escritor.
Lo que nos interesa de la obra en este momento es cómo el marqué describe el momento en que Molière se siente mal en escena, comparando la actuación de esta cuarta representación con las anteriores y cómo los espectadores no notaron que quien fingía estar enfermo y muriéndose no estaba interpretando. Ficción y realidad se funden y desdibujan en la escena.
El texto que nos acompaña se inicia justo cuando se desarrolla el anterior, en el inicio de la Escena XIV del Acto III, el 17 de febrero de 1673, en su última representación, quien estaba acompañado de su esposa Armande Molière en el papel de su hija Angélica.


A comienzos del siglo XIX los restos de Molière fueron trasladados del cementerio de Saint Joseph al de Pére-Lachaise donde sirvió de reclamo para que dejara de utilizarse el antiguo camposanto en la ciudad por este que se encontraba en las afueras y no era apenas utilizado. Aún hay voces que piden que se vuelva a trasladar, esta vez al Panteón de Ilustres de París, aunque la respuesta siempre ha sido negativa, con el razonamiento de que está reservado para personajes notables fallecidos a partir del siglo XVIII.
Así, de un modo tan melodramático, terminó la vida del mayor comediante francés, un autor que revolucionó el teatro, sus temas y personajes, el trabajo de los actores y la forma de dirigirlos, además de reinventar el idioma francés al hacer que el habla de la calle entrara en el teatro clásico.
La influencia de Molière hizo que Luis XIV creara siete años después de su muerte, la Comédie Française, una institución que ha llegado hasta nuestros días y se centra en el repertorio clásico francés, con obras de nuestro protagonista, Racine o Corneille, entre otros, y que tantos grandes actores ha dado a nuestro país vecino.

Hay un superstición sobre Moliére en lo referente al color de la indumentaria que llevaba puesta en su última representación. que invita a no salir al escenario con ropas de color amarillo en nuestro país. No es cierta. En la representación del 17 de febrero de 1673, Molière iba vestido de rojo amaranto, mientras que cada país tiene su propia superstición referida al color. En Italia indican que iba de morado, mientras en Inglaterra creen que de azul.

Charles-Antoine Coypel. Jean-Baptiste Poquelin, Molière.
Finalizamos este homenaje a Jean-Baptiste Poquelin, Molière alrededor del 17 de febrero de 1673, fecha de su fallecimiento, con una escena de la película Le roi danse, estrenada en España como La pasión del rey, que relata la relación entre Luis XIV y Jean-Baptiste Lully, con algunas referencias también a Molière. Basada en Lully ou le musicien du soleil de Philippe Beaussant, fue dirigida en 2000 por Gérard Corbiau.
La escena muestra una recreación de esta última representación del comediante, interpretado por Tchéky Karyo, mientras que Boris Terral realiza el rol de Lully. La comicidad de la escena, una farsa típica del autor, se va transmutando en tragedia, mientras los espectadores creen que están asistiendo a una sobreactuada interpretación. La improbable presencia de Lully en aquel momento, sirve de contrapunto cinematográfico a una relación que se había roto tiempo atrás.
Nos despedimos con una de sus frases que se refieren a su visión de la función de las obras escénicas:

El deber de la comedia es corregir a los hombres divirtiéndolos.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

El eterno retorno de Sísifo

Un mito recoge una historia ficticia o un personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal. Con esta segunda acepción, la R.A.E. nos acerca al significado del término mito y a una de las narrativas más utilizadas por los seres humanos desde tiempo inmemorial.
¿Quién no ha oído hablar del ingenioso Ulises, el poderoso Hércules, la conmovedora música de Orfeo o la belleza sin par de Venus? ¿Quién no tiene referencias de la fundación de Roma por Rómulo y Remo, el orden y las leyes derivados de Júpiter, la creación del comercio por Mercurio o no ha sentido en alguna ocasión los dardos de Cupido?
Entre dioses, semidioses y héroes, las mitologías griega, romana, egipcia o nórdica están repletas de historias que buscan interpretar tanto el origen del mundo como algunos acontecimientos de la humanidad o determinados arquetipos en los que nos reconocemos.
Así, tras estas civilizaciones, ¿quién no ha identificado o asociado algunos conocidos o personalidades públicas como si fueran Quijote, Lolita, Carmen, el rey Arturo, Lulú, Norma o la Alicia que transita por el país de las maravillas? 
Enraizado con la expresión bíblica «ganarás el pan con el sudor de tu frente», otro mito de la antigüedad se nos antoja presente aún en nuestras vidas, Sísifo. Condenado a subir una roca por la montaña y recogerla de su caída al llegar a la cima de modo inmisericorde e interminable, este mito está presente en nuestras vidas y lo asociamos al trabajo mecánico, repetitivo, rutinario o burocrático, un sinsentido que nos acompaña en nuestro transitar.
Cuando se acerca uno de los momentos en que socialmente comenzamos una nueva etapa cada año, tras la pausa veraniega, te propongo unas reflexiones sobre el mito de Sísifo desde la antigüedad hasta nuestras propias vidas con obras que te sorprenderán de Robert Graves, Camus, Kallifatides, Monteverdi y Lully. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Imagen basada en "Sísifo" de Vecellio di Gregorio Tiziano, Museo del Prado

En ocasiones tenemos alguna idea poco precisa de situaciones, acontecimientos o narraciones, quedándonos con una parte de los mismos. Comenzamos nuestro acercamiento al mito de Sísifo con la obra de uno de los más grandes y apasionados conocedores y divulgadores del mundo clásico grecolatino que ha dado el siglo XX.
Robert Graves llegó al gran público con la edición de la biografía del emperador romano Claudio en sus dos volúmenes: I, Claudius (Yo, Claudio) y Claudius the God and his  wife Messalina (Claudio, el dios, y su esposa Mesalina) editadas en 1934 y 1943 respectivamente. 
Nacido en Wimbledon en 1895 con el nombre de Robert von Ranke Graves, fue un traductor y escritor cuya obra más conocida se basa en la investigación y divulgación histórica griega y latina, sin olvidar su importante producción poética.
Antes de incorporarse a filas durante la Gran Guerra, Graves estudió en el King's College. Herido en la batalla del Somme, su primer libro de poesía Hadas y fusileros (1917) le sirve para narrar sus experiencias durante el conflicto.
En 1919 se casó e ingresó en el Saint John's College de Oxford para estudiar Literatura Inglesa, tras lo cual impartió clases en Egipto, donde trabó amistad con Lawrence de Arabia, regresando a Londres, tras lo cual se establecería en Mallorca desde donde publicó la citada Yo, Claudio o Belisarius que le dieron un primer reconocimiento internacional.
Con la Guerra Civil se instaló en Estados Unidos y después en Inglaterra, hasta regresar a Deià (Mallorca) donde continuó publicando Rey Jesús, Las aventuras del sargento Lamb o La hija de Homero, entre otros. Continuó con sus investigaciones mitológicas con obras como El vellocino de oro, Dioses y héroes de la antigua Grecia, La diosa blanca o Los mitos griegos.
Su poesía fue huyendo de cualquier escuela que la identificase, llegando a poseer un estilo claro e intenso con obras como Poemas completos en varias ediciones, alternando la poesía amorosa con una particular combinación entre la pasión y el cinismo, lo personal con lo universal o el amor con el erotismo.
Falleció ya nonagenario en Deià, la localidad que le acogió durante sus últimas décadas de vida. 


En Los mitos griegos (1955), Graves nos ofrece una exhaustiva y amena investigación sobre aquellos personajes que ayudaron a forjar el universo simbólico e imaginario de Occidente a través de los siglos con figuras como Zeus, Afrodita, Apolo, Perseo, Sísifo, Midas, Teseo, Penélope, Hércules, Narciso o Dionisos.
Nos acercamos a través de la pluma de Robert Graves a conocer, con minucioso y profundo detalle los entresijos del mito que nos ocupa, Sísifo, desde sus orígenes como hijo de Eolo y Mérope, sus argucias y su mala fama de ladrón y mentiroso, la curiosa idea sobre el nacimiento de Ulises-Odiseo, la fundación que hizo de Efira (que más adelante será Corinto), cómo reveló secretos de los dioses y cómo llegó a engañarlos, lo que le valió el castigo que conocemos.


Basada en la obra homónima de Eurípides, Jean-Baptiste Lully estrenó en 1674 Alceste, ou Le Triomphe d'Alcide (Alcestes o El triunfo de Alcides), una ópera en cinco actos que compuso para celebrar una de las victorias militares de Luis XIV.
El argumento, muy desdibujado al recargar la obra con un exceso de números musicales, vocales y de danza, trata de Alcides (el Hércules de la mitología griega), que se haya enamorado de Alcestes, princesa de Yolco y que se convertirá en reina de Tesalia cuando se case con Admeto. Tetis, Licomedes e incluso Eolo intentan raptarla. En la lucha para rescatarlas vence Alcides, pero Admeto sufre una herida mortal. El mismo Apolo permitirá que siga vivo si alguien lo sustituye, a lo que se presta Alcestes, que muere por él. Alcides propone a Admeto ir a rescatarla al abismo del Tártaro, el inframundo donde Caronte recibe a los muertos, a cambio de que sea su esposa y Admeto acepta. Al regreso con Alcestes, la despedida entre los enamorados es tan conmovedora que Alcides decide que ambos enamorados sigan juntos.
De la misma manera que Sísifo entró (y salió) en los dominios de Caronte, la primera de las incursiones musicales nos acerca, en el comienzo del Acto IV del Alceste de Lully al momento en que Caronte recibe a las sombras de unos fallecidos para acompañarles en su barca en su viaje al Tártaro.


El enlace corresponde al aria de Caronte Il faut passer tôt ou tard y el diálogo con las sombras en una interpretación del bajo Gregory Reinhart perteneciente a una grabación de audio que se realizó en vivo en el Théâtre des Champs Elysées en 1992 con La Grande Écurie et la Chambre du Roy dirigidos por Jean-Claude Malgoire.


Uno de los valores que poseen los mitos es su carácter universal y atemporal, pudiendo aplicarse a cualquier cultura y época, puesto que trascienden de un territorio y un tiempo determinados. ¿Qué nos puede aportar el mito de Sísifo hoy en día en nuestra época y situación?

Nacido en una modesta familia de emigrantes franceses en Argelia, Albert Camus es uno de los novelistas, ensayistas y dramaturgos más destacados en la Francia del siglo XX. Inteligente y trabajador, comenzó a estudiar Filosofía en la universidad de Argel, aunque no pudo terminar debido a una tuberculosis.
A partir de esta situación, formó una compañía de teatro aficionado que montaba obras clásicas para trabajadores, ejerció como periodista en Argel y publicó una recopilación de sus artículos inspirados en sus viajes y lecturas en Bodas (1939).
Tras marchar al año siguiente a Paris, trabajó como redactor en Paris Soir, mientras comenzó a publicar novelas como El extranjero o ensayos como El mito de Sísifo, dos obras que, en cierto sentido se complementan y muestran la influencia del existencialismo. Camus muestra en ellas una visión del destino humano como un absurdo, mostrando en la primera de ellas a un ser incapaz de participar en las pasiones humanas que vive su propia suerte desde una indiferencia absoluta.
Tras militar en la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, fundar el periódico clandestino Combat, estrenó sus primeras obras de teatro, El malentendido y Calígula, publicó La peste, en la que su pensamiento sugiere un cierto cambio con la idea de la solidaridad y la capacidad de resistencia humana frente a la tragedia de vivir como un absurdo.
Varios años después de ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura falleció, antes de cumplir los cincuenta años, víctima de un accidente automovilístico.

En El mito de Sísifo, Camus trata de la ruptura con la razón ilustrada y el pensamiento del Siglo de las Luces como un indicador del declive del hombre por medio de la sensibilidad absurda, afirmando lo que autores como Nietzsche o Kafka anunciaban a comienzos del pasado siglo, el nacimiento de un nuevo hombre, en este caso el Homo Absurdus que marca el divorcio del hombre y del mundo. La incivilización de los conflictos bélicos de la primera mitad del siglo o los graves problemas que enquistan la civilización empujan al hombre a «convertirse en un individuo» que se interroga sobre su existencia en el mundo y cuestiona el esfuerzo vano de establecer un orden en su vida, puesto que esta facultad no está a su alcance.
Así, el propio Camus advierte en el prólogo de su obra:
Las siguientes páginas tratan de una sensibilidad absurda que puede encontrarse dispersa en el siglo, y no de una filosofía absurda que nuestra época, hablando con propiedad, no ha conocido. Una honradez elemental exige, por lo tanto, que señalemos, desde el principio, lo que estas páginas deben a ciertos autores contemporáneos. (...) Pero es útil advertir, al mismo tiempo, que lo absurdo, tomado hasta ahora como conclusión, es considerado en este ensayo como un punto de partida. 

La disolución entre el pensamiento de la Ilustración y el mundo contemporáneo trae como resultado, para Camus, un interminable fracaso que se repite una y otra vez, como el esfuerzo denodado de Sísifo, en la civilización actual. Su mensaje ofrece un hálito de esperanza en cuanto que el esfuerzo que desarrollamos para llegar, como el mito griego, hasta lo más alto basta para llenar el corazón y alcanzar la dicha.



Aunque no sea la primera composición a la que podemos llamar ópera, sí es la primera que se conserva y tiene los honores de entrar en la historia como la que comenzó este arte. Se trata de La favola d'Orfeo (La fábula de Orfeo) de Claudio Monteverdi, estrenada en el Palacio Ducal de Padua en 1607, una obra a la que siguió nada menos que treinta y tres años más tarde Il ritorno d'Ulisse in patria (El regreso de Ulises) del mismo autor.
También Monteverdi, siguiendo la mítica historia de Orfeo, hace descender al protagonista a la Laguna Estigia para rescatar de la muerte a su amada Eurídice. Al llegar a los dominios de Caronte acompañado de la Esperanza, esta lo deja sólo al ver grabado en una piedra el texto que Dante cita en su Divina Comedia«Abandonar toda esperanza los que entráis». Caronte se niega a dejarle pasar en su barca con este argumento, al que sigue una breve sinfonía.


La interpretación de este aria de Caronte del Orfeo de Monteverdi corresponde al bajo Mario Luperi, en una tesitura que se aproxima al bajo profundo, idónea para un personaje al que podríamos catalogar como cavernoso por su condición.


Cada año, cada temporada, en ese tiempo que avanza en su desarrollo lineal a la vez que circular, que acaba concluyendo para reiniciarse de nuevo, nuestro trabajo -si lo tenemos y lo conservamos- corre el riesgo de que, con él, nos convirtamos en un Sísifo que sube a duras penas su piedra hacia la sima como un castigo que se nos antoja eterno. ¿Cómo podemos conciliar, pues, un mito como el de Sísifo con la condición del Homo Absurdus a que se refiere Camus? ¿Está en nuestras manos, en nuestro deseo y voluntad encontrar un sentido a los esfuerzos repetitivos, reiterados, incongruentes que conforman nuestro trabajo?

Nacido en 1938 en Molaloi (Grecia), Theodor Kallifatides emigró a Suecia a mitad de los años sesenta del pasado siglo donde estudió Filosofía y comenzó una carrera literaria en el idioma del país que lo acogió. Autor polifacético, Kallifatides ha publicado una cuarentena de libros de poemas, novelas, ensayos sobre viajes, obras teatrales y guiones cinematográficos, además de dirigir la película Kärieken (El amor).
En general, sus obras tratan sobre la condición de ser griego en el extranjero o sobre su experiencia en su país natal, siendo traducido a más de una veintena de idiomas. También ha traducido al griego obras de autores suecos como el cineasta Ingmar Bergmann o August Strindberg o al sueco obras de compatriotas suyos como Mikis Theodorakis. En sus últimas obras ha abierto un camino hacia la escritura en griego de obras basadas en sus experiencias vitales antes de abandonar su país de origen.
En Otra vida por vivir, una obra escrita en griego cercano a los ochenta años un Kallifatides incapaz de escribir e incapaz, a la vez, de no escribir, vuelve su mirada a su país natal. Vende el estudio en Estocolmo donde ha escrito sus libros para emprender un viaje a su Grecia con su esposa indagando en la relación entre una vida y un trabajo con sentido y su aceptación y reconciliación con el envejecimiento.
Una historia anecdótica nos acerca, por última vez, al mito de Sísifo y su aplicación práctica, alejada de reflexiones más o menos profundas.



Nos despedimos con la continuación de la escena musical anterior. Tras el argumento utilizado por Orfeo para convencer a Caronte de que lo deje pasar para llevar a su amada Euridice a la vida, este se niega a darle paso en su barca. Se entabla un diálogo entre ambos con el aria de Orfeo Possente Spirto e formidabli nume (Poderoso espíritu y gran divinidad), al que responde el barquero con Ben sollecita alquanto (Tú me adulas) negándose a dejar pasar a nadie al lado de los vivos.


La escena continuará más adelante con el arte de Orfeo que logra dormir con su melodiosa arpa a Caronte y, robándole su barca, cruza la laguna hasta llegar al infierno en busca de su amada. El final de la escena, un coro de espíritus infernales celebrará el gesto del Hombre, esa criatura que no emprende en vano un esfuerzo o un proyecto y contra la que la Naturaleza no tiene forma de oponerse.


La interpretación corre a cargo del barítono suizo Philippe Huttenlochner en el papel del mítico Orfeo y del bajo Hans Frazen como Caronte en una producción que podríamos calificar como histórica de L'Orfeo dirigida por Nikolaus Harnoncourt a partir de una puesta en escena de Jean Pierre Ponnelle y del Zurich Monteverdi Ensemble de 1978 que recrea el estilo de las primeras producciones del XVII. 
El escenario alegórico une el mundo real y el inframundo como un castillo medieval cubierto de vegetación, con unos coros instalados en el balcón que representan la nobleza de Mantua de la época, con unos memorables y opulentos trajes falsos en blanco y negro, mientras el patio lo ocupan pastores con sus chalecos de piel de oveja, flautas de pan y polainas en la primera parte. En la continuación, los personajes del infierno aparecerán los vestidos en rojo y púrpura con catacumbas recargadas de esqueletos, telarañas y fantasmas. De tal forma, esta producción de L'Orfeo muestra la artificialidad y la falsa verdad que suponen el amor cortés y las representaciones sobre el escenario en un festín para los ojos y los oídos que conforman, en su conjunto, un delirante, opulento y decadente espectáculo.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Graves, Robert. Los mitos griegos. Traducción de Lucía Graves. Editorial Ariel. Barcelona, 2012.
  • Camus, Albert. El mito de Sísifo. Traducción de Esther Benítez. Editorial DeBolsillo (Punto de lectura), 2021.
  • Tallifatides, Theodor. Otra vida por vivir. Traducción de Selma Ancira. Galaxia Gutenberg, 2019