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El eterno retorno de Sísifo

Un mito recoge una historia ficticia o un personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal. Con esta segunda acepción, la R.A.E. nos acerca al significado del término mito y a una de las narrativas más utilizadas por los seres humanos desde tiempo inmemorial.
¿Quién no ha oído hablar del ingenioso Ulises, el poderoso Hércules, la conmovedora música de Orfeo o la belleza sin par de Venus? ¿Quién no tiene referencias de la fundación de Roma por Rómulo y Remo, el orden y las leyes derivados de Júpiter, la creación del comercio por Mercurio o no ha sentido en alguna ocasión los dardos de Cupido?
Entre dioses, semidioses y héroes, las mitologías griega, romana, egipcia o nórdica están repletas de historias que buscan interpretar tanto el origen del mundo como algunos acontecimientos de la humanidad o determinados arquetipos en los que nos reconocemos.
Así, tras estas civilizaciones, ¿quién no ha identificado o asociado algunos conocidos o personalidades públicas como si fueran Quijote, Lolita, Carmen, el rey Arturo, Lulú, Norma o la Alicia que transita por el país de las maravillas? 
Enraizado con la expresión bíblica «ganarás el pan con el sudor de tu frente», otro mito de la antigüedad se nos antoja presente aún en nuestras vidas, Sísifo. Condenado a subir una roca por la montaña y recogerla de su caída al llegar a la cima de modo inmisericorde e interminable, este mito está presente en nuestras vidas y lo asociamos al trabajo mecánico, repetitivo, rutinario o burocrático, un sinsentido que nos acompaña en nuestro transitar.
Cuando se acerca uno de los momentos en que socialmente comenzamos una nueva etapa cada año, tras la pausa veraniega, te propongo unas reflexiones sobre el mito de Sísifo desde la antigüedad hasta nuestras propias vidas con obras que te sorprenderán de Robert Graves, Camus, Kallifatides, Monteverdi y Lully. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Imagen basada en "Sísifo" de Vecellio di Gregorio Tiziano, Museo del Prado

En ocasiones tenemos alguna idea poco precisa de situaciones, acontecimientos o narraciones, quedándonos con una parte de los mismos. Comenzamos nuestro acercamiento al mito de Sísifo con la obra de uno de los más grandes y apasionados conocedores y divulgadores del mundo clásico grecolatino que ha dado el siglo XX.
Robert Graves llegó al gran público con la edición de la biografía del emperador romano Claudio en sus dos volúmenes: I, Claudius (Yo, Claudio) y Claudius the God and his  wife Messalina (Claudio, el dios, y su esposa Mesalina) editadas en 1934 y 1943 respectivamente. 
Nacido en Wimbledon en 1895 con el nombre de Robert von Ranke Graves, fue un traductor y escritor cuya obra más conocida se basa en la investigación y divulgación histórica griega y latina, sin olvidar su importante producción poética.
Antes de incorporarse a filas durante la Gran Guerra, Graves estudió en el King's College. Herido en la batalla del Somme, su primer libro de poesía Hadas y fusileros (1917) le sirve para narrar sus experiencias durante el conflicto.
En 1919 se casó e ingresó en el Saint John's College de Oxford para estudiar Literatura Inglesa, tras lo cual impartió clases en Egipto, donde trabó amistad con Lawrence de Arabia, regresando a Londres, tras lo cual se establecería en Mallorca desde donde publicó la citada Yo, Claudio o Belisarius que le dieron un primer reconocimiento internacional.
Con la Guerra Civil se instaló en Estados Unidos y después en Inglaterra, hasta regresar a Deià (Mallorca) donde continuó publicando Rey Jesús, Las aventuras del sargento Lamb o La hija de Homero, entre otros. Continuó con sus investigaciones mitológicas con obras como El vellocino de oro, Dioses y héroes de la antigua Grecia, La diosa blanca o Los mitos griegos.
Su poesía fue huyendo de cualquier escuela que la identificase, llegando a poseer un estilo claro e intenso con obras como Poemas completos en varias ediciones, alternando la poesía amorosa con una particular combinación entre la pasión y el cinismo, lo personal con lo universal o el amor con el erotismo.
Falleció ya nonagenario en Deià, la localidad que le acogió durante sus últimas décadas de vida. 


En Los mitos griegos (1955), Graves nos ofrece una exhaustiva y amena investigación sobre aquellos personajes que ayudaron a forjar el universo simbólico e imaginario de Occidente a través de los siglos con figuras como Zeus, Afrodita, Apolo, Perseo, Sísifo, Midas, Teseo, Penélope, Hércules, Narciso o Dionisos.
Nos acercamos a través de la pluma de Robert Graves a conocer, con minucioso y profundo detalle los entresijos del mito que nos ocupa, Sísifo, desde sus orígenes como hijo de Eolo y Mérope, sus argucias y su mala fama de ladrón y mentiroso, la curiosa idea sobre el nacimiento de Ulises-Odiseo, la fundación que hizo de Efira (que más adelante será Corinto), cómo reveló secretos de los dioses y cómo llegó a engañarlos, lo que le valió el castigo que conocemos.


Basada en la obra homónima de Eurípides, Jean-Baptiste Lully estrenó en 1674 Alceste, ou Le Triomphe d'Alcide (Alcestes o El triunfo de Alcides), una ópera en cinco actos que compuso para celebrar una de las victorias militares de Luis XIV.
El argumento, muy desdibujado al recargar la obra con un exceso de números musicales, vocales y de danza, trata de Alcides (el Hércules de la mitología griega), que se haya enamorado de Alcestes, princesa de Yolco y que se convertirá en reina de Tesalia cuando se case con Admeto. Tetis, Licomedes e incluso Eolo intentan raptarla. En la lucha para rescatarlas vence Alcides, pero Admeto sufre una herida mortal. El mismo Apolo permitirá que siga vivo si alguien lo sustituye, a lo que se presta Alcestes, que muere por él. Alcides propone a Admeto ir a rescatarla al abismo del Tártaro, el inframundo donde Caronte recibe a los muertos, a cambio de que sea su esposa y Admeto acepta. Al regreso con Alcestes, la despedida entre los enamorados es tan conmovedora que Alcides decide que ambos enamorados sigan juntos.
De la misma manera que Sísifo entró (y salió) en los dominios de Caronte, la primera de las incursiones musicales nos acerca, en el comienzo del Acto IV del Alceste de Lully al momento en que Caronte recibe a las sombras de unos fallecidos para acompañarles en su barca en su viaje al Tártaro.


El enlace corresponde al aria de Caronte Il faut passer tôt ou tard y el diálogo con las sombras en una interpretación del bajo Gregory Reinhart perteneciente a una grabación de audio que se realizó en vivo en el Théâtre des Champs Elysées en 1992 con La Grande Écurie et la Chambre du Roy dirigidos por Jean-Claude Malgoire.


Uno de los valores que poseen los mitos es su carácter universal y atemporal, pudiendo aplicarse a cualquier cultura y época, puesto que trascienden de un territorio y un tiempo determinados. ¿Qué nos puede aportar el mito de Sísifo hoy en día en nuestra época y situación?

Nacido en una modesta familia de emigrantes franceses en Argelia, Albert Camus es uno de los novelistas, ensayistas y dramaturgos más destacados en la Francia del siglo XX. Inteligente y trabajador, comenzó a estudiar Filosofía en la universidad de Argel, aunque no pudo terminar debido a una tuberculosis.
A partir de esta situación, formó una compañía de teatro aficionado que montaba obras clásicas para trabajadores, ejerció como periodista en Argel y publicó una recopilación de sus artículos inspirados en sus viajes y lecturas en Bodas (1939).
Tras marchar al año siguiente a Paris, trabajó como redactor en Paris Soir, mientras comenzó a publicar novelas como El extranjero o ensayos como El mito de Sísifo, dos obras que, en cierto sentido se complementan y muestran la influencia del existencialismo. Camus muestra en ellas una visión del destino humano como un absurdo, mostrando en la primera de ellas a un ser incapaz de participar en las pasiones humanas que vive su propia suerte desde una indiferencia absoluta.
Tras militar en la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial, fundar el periódico clandestino Combat, estrenó sus primeras obras de teatro, El malentendido y Calígula, publicó La peste, en la que su pensamiento sugiere un cierto cambio con la idea de la solidaridad y la capacidad de resistencia humana frente a la tragedia de vivir como un absurdo.
Varios años después de ser galardonado con el Premio Nobel de Literatura falleció, antes de cumplir los cincuenta años, víctima de un accidente automovilístico.

En El mito de Sísifo, Camus trata de la ruptura con la razón ilustrada y el pensamiento del Siglo de las Luces como un indicador del declive del hombre por medio de la sensibilidad absurda, afirmando lo que autores como Nietzsche o Kafka anunciaban a comienzos del pasado siglo, el nacimiento de un nuevo hombre, en este caso el Homo Absurdus que marca el divorcio del hombre y del mundo. La incivilización de los conflictos bélicos de la primera mitad del siglo o los graves problemas que enquistan la civilización empujan al hombre a «convertirse en un individuo» que se interroga sobre su existencia en el mundo y cuestiona el esfuerzo vano de establecer un orden en su vida, puesto que esta facultad no está a su alcance.
Así, el propio Camus advierte en el prólogo de su obra:
Las siguientes páginas tratan de una sensibilidad absurda que puede encontrarse dispersa en el siglo, y no de una filosofía absurda que nuestra época, hablando con propiedad, no ha conocido. Una honradez elemental exige, por lo tanto, que señalemos, desde el principio, lo que estas páginas deben a ciertos autores contemporáneos. (...) Pero es útil advertir, al mismo tiempo, que lo absurdo, tomado hasta ahora como conclusión, es considerado en este ensayo como un punto de partida. 

La disolución entre el pensamiento de la Ilustración y el mundo contemporáneo trae como resultado, para Camus, un interminable fracaso que se repite una y otra vez, como el esfuerzo denodado de Sísifo, en la civilización actual. Su mensaje ofrece un hálito de esperanza en cuanto que el esfuerzo que desarrollamos para llegar, como el mito griego, hasta lo más alto basta para llenar el corazón y alcanzar la dicha.



Aunque no sea la primera composición a la que podemos llamar ópera, sí es la primera que se conserva y tiene los honores de entrar en la historia como la que comenzó este arte. Se trata de La favola d'Orfeo (La fábula de Orfeo) de Claudio Monteverdi, estrenada en el Palacio Ducal de Padua en 1607, una obra a la que siguió nada menos que treinta y tres años más tarde Il ritorno d'Ulisse in patria (El regreso de Ulises) del mismo autor.
También Monteverdi, siguiendo la mítica historia de Orfeo, hace descender al protagonista a la Laguna Estigia para rescatar de la muerte a su amada Eurídice. Al llegar a los dominios de Caronte acompañado de la Esperanza, esta lo deja sólo al ver grabado en una piedra el texto que Dante cita en su Divina Comedia«Abandonar toda esperanza los que entráis». Caronte se niega a dejarle pasar en su barca con este argumento, al que sigue una breve sinfonía.


La interpretación de este aria de Caronte del Orfeo de Monteverdi corresponde al bajo Mario Luperi, en una tesitura que se aproxima al bajo profundo, idónea para un personaje al que podríamos catalogar como cavernoso por su condición.


Cada año, cada temporada, en ese tiempo que avanza en su desarrollo lineal a la vez que circular, que acaba concluyendo para reiniciarse de nuevo, nuestro trabajo -si lo tenemos y lo conservamos- corre el riesgo de que, con él, nos convirtamos en un Sísifo que sube a duras penas su piedra hacia la sima como un castigo que se nos antoja eterno. ¿Cómo podemos conciliar, pues, un mito como el de Sísifo con la condición del Homo Absurdus a que se refiere Camus? ¿Está en nuestras manos, en nuestro deseo y voluntad encontrar un sentido a los esfuerzos repetitivos, reiterados, incongruentes que conforman nuestro trabajo?

Nacido en 1938 en Molaloi (Grecia), Theodor Kallifatides emigró a Suecia a mitad de los años sesenta del pasado siglo donde estudió Filosofía y comenzó una carrera literaria en el idioma del país que lo acogió. Autor polifacético, Kallifatides ha publicado una cuarentena de libros de poemas, novelas, ensayos sobre viajes, obras teatrales y guiones cinematográficos, además de dirigir la película Kärieken (El amor).
En general, sus obras tratan sobre la condición de ser griego en el extranjero o sobre su experiencia en su país natal, siendo traducido a más de una veintena de idiomas. También ha traducido al griego obras de autores suecos como el cineasta Ingmar Bergmann o August Strindberg o al sueco obras de compatriotas suyos como Mikis Theodorakis. En sus últimas obras ha abierto un camino hacia la escritura en griego de obras basadas en sus experiencias vitales antes de abandonar su país de origen.
En Otra vida por vivir, una obra escrita en griego cercano a los ochenta años un Kallifatides incapaz de escribir e incapaz, a la vez, de no escribir, vuelve su mirada a su país natal. Vende el estudio en Estocolmo donde ha escrito sus libros para emprender un viaje a su Grecia con su esposa indagando en la relación entre una vida y un trabajo con sentido y su aceptación y reconciliación con el envejecimiento.
Una historia anecdótica nos acerca, por última vez, al mito de Sísifo y su aplicación práctica, alejada de reflexiones más o menos profundas.



Nos despedimos con la continuación de la escena musical anterior. Tras el argumento utilizado por Orfeo para convencer a Caronte de que lo deje pasar para llevar a su amada Euridice a la vida, este se niega a darle paso en su barca. Se entabla un diálogo entre ambos con el aria de Orfeo Possente Spirto e formidabli nume (Poderoso espíritu y gran divinidad), al que responde el barquero con Ben sollecita alquanto (Tú me adulas) negándose a dejar pasar a nadie al lado de los vivos.


La escena continuará más adelante con el arte de Orfeo que logra dormir con su melodiosa arpa a Caronte y, robándole su barca, cruza la laguna hasta llegar al infierno en busca de su amada. El final de la escena, un coro de espíritus infernales celebrará el gesto del Hombre, esa criatura que no emprende en vano un esfuerzo o un proyecto y contra la que la Naturaleza no tiene forma de oponerse.


La interpretación corre a cargo del barítono suizo Philippe Huttenlochner en el papel del mítico Orfeo y del bajo Hans Frazen como Caronte en una producción que podríamos calificar como histórica de L'Orfeo dirigida por Nikolaus Harnoncourt a partir de una puesta en escena de Jean Pierre Ponnelle y del Zurich Monteverdi Ensemble de 1978 que recrea el estilo de las primeras producciones del XVII. 
El escenario alegórico une el mundo real y el inframundo como un castillo medieval cubierto de vegetación, con unos coros instalados en el balcón que representan la nobleza de Mantua de la época, con unos memorables y opulentos trajes falsos en blanco y negro, mientras el patio lo ocupan pastores con sus chalecos de piel de oveja, flautas de pan y polainas en la primera parte. En la continuación, los personajes del infierno aparecerán los vestidos en rojo y púrpura con catacumbas recargadas de esqueletos, telarañas y fantasmas. De tal forma, esta producción de L'Orfeo muestra la artificialidad y la falsa verdad que suponen el amor cortés y las representaciones sobre el escenario en un festín para los ojos y los oídos que conforman, en su conjunto, un delirante, opulento y decadente espectáculo.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Graves, Robert. Los mitos griegos. Traducción de Lucía Graves. Editorial Ariel. Barcelona, 2012.
  • Camus, Albert. El mito de Sísifo. Traducción de Esther Benítez. Editorial DeBolsillo (Punto de lectura), 2021.
  • Tallifatides, Theodor. Otra vida por vivir. Traducción de Selma Ancira. Galaxia Gutenberg, 2019

¿Te apetece un café? Invita Bach

Leer, escuchar música o realizar otras actividades requieren de nosotros cierto alejamiento del exterior, un lugar tranquilo donde centrar nuestro pensamiento, soledad e incluso compañía en determinados momentos. El café de una de las sustancias que ayudan a mejorar ese recogimiento que buscamos. Tenerlo cerca y darle un sorbo lenta y sosegadamente facilita que los efectos de la lectura o la música se acrecienten en nuestro interior.
Sin libros ni música, el café facilita una conversación pausada y tranquila con nuestros amigos, siendo uno de los mejores vehículos para determinados momentos del día, ya sea en el desayuno, tras el almuerzo o por la tarde.
Introducido en Europa a lo largo del siglo XVII, su difusión encontró reticencias por parte de la sociedad. En Alemania las Kaffeehaus (Casas de café) fueron rivales de la cerveza autóctona y un lugar frecuentado sólo por hombres, lo que hizo que surgieran los Kaffeekränzschen, clubes exclusivos para las mujeres donde disfrutaban con tranquilidad de la nueva infusión.
El café es un acompañante en nuestras vidas, aunque cuestionado desde que se introdujo en la dieta occidental, y es tan arraigada la costumbre de tomarlo que, quienes dejan de consumirlo por razones de salud, han de conformarse y continuar ese hábito con otros productos.
Te propongo un paseo alrededor de uno de los productos más característicos de nuestra cultura, el café, con una de las obras más deliciosas dedicadas a él, la Cantata del Café, una de las pocas obras no religiosas de Johann Sebastian Bach. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Conocemos a Johann Sebastian Bach por su música religiosa, sus cantatas, las Pasiones a partir de los distintos evangelistas, su música para órgano, las variaciones Goldberg y el hecho de ser uno de los compositores que más ha hecho crecer y desarrollar la música desde el barroco, siendo uno de los autores que más han influido en músicos posteriores. Autor prolífico, es uno de los compositores de los que más obras se conservan, pues tenía la obligación de componer piezas para los oficios religiosos de cada domingo, conservándose catalogadas más de 1100.
Pasó gran parte de su vida como maestro de capilla de la Thomaskirche (Iglesia de Santo Tomás) en Leipzig donde, además, fue director musical de otras varias iglesias de la ciudad.
La espiritualidad de Bach hizo que creara algunas de las mejores y más profundas obras religiosas y que su figura quede en la historia de la música como el compositor más importante del período barroco.


Pero la obra que nos acompaña en esta ocasión no es religiosa, sino que se trata de una cantata profana, un tipo de obra poco habitual en él, la Kaffekantate Cantata del café.
A finales del siglo XVII se introdujo en Europa una nueva sustancia, el café. Sus granos tostados, molidos y filtrados se pusieron de moda y comenzaron a surgir en todas las ciudades las llamadas "Casas de café" que propiciaron la división entre los que veían una nueva moda nociva y los que se aficionaron a su consumo. 
En este contexto nos acercamos a un libro escrito «a la mayor gloria de Bach», un obra que apareció en el mercado editorial como una pretendida biografía del músico realizada por su segunda esposa. La pequeña crónica de Ana Magdalena Bach fue publicada en 1925 de forma anónima y pasó durante unos años por auténtica, hasta que, dado el éxito obtenido, la musicóloga inglesa Esther Meynell hubo de reconocer su autoría.
El libro, pequeño en su formato, está escrito como si de los recuerdos de la segunda esposa de Bach se tratara, con una admiración y veneración extremos, deliciosamente empalagoso y edulcorado, una pequeña joya para los amantes del compositor alemán, como si se tratada del propio azúcar con que acompañar el café.
Nos acompaña una página que hace referencia a la profundidad con que Bach se adentraba en la música, alejado de cualquier tipo de moda o tendencia, algunos comentarios de contemporáneos sobre su capacidad para la música y su particular sentido del humor con el que atraviesa obras como la Kaffeekantate que nos ocupa.


Aunque relacionamos a Bach, a través de las imágenes que tenemos de él y de su música como un personaje religioso, serio y grave, acabamos de comprobar que poseía un sentido del humor que podía oscilar entre lo delicado y lo ordinario y popular, desprendiendo una intensa alegría de vivir en su vida familiar y en las obras en que aparece, como se puede apreciar en la parte final de la Kaffeekantate.
En uno de estos lugares, la Zimmermann Kaffeehaus (Cafetería Zimmermann), junto a la Plaza del MercadoBach dirigía cada noche de viernes a los estudiantes del Collegium Musicum de Leipzig, salvo en verano que era la tarde de los miércoles, en el patio. Ni los músicos cobraban ni la audiencia pagaba, la venta de café era la recaudación que se recogía en cada concierto. En este ambiente, en colaboración con su libretista habitual PicanderBach compone esta deliciosa cantata por encargo de Gotfried Zimmermann, dueño del local.
Christian Friedrich Henrici, que firmaba sus obras como Picander era un especialista en derecho, trabajador primero en el servicio de correos y más adelante en la recaudación de impuestos, que se transmutaba en poeta de noche. Muy relacionado con la sociedad de Leipzig por su trabajo, Picander no sólo escribía obras de tipo religioso, sino que también dedicaba sus versos al amor, al vino o, como podemos comprobar, al café, además de a algunos acontecimientos cotidianos o incluso burlarse de algunos paisanos.


La Kaffeekantate (Cantata del café) narra la divertida y frívola historia de Lieschen (soprano), una muchacha aficionada al café y su padre Schlendrian (barítono) que le prohíbe tomarlo bajo amenazas de no comprarle ropa o no dejarla salir a la calle. Bach Picander dibujan un escenario formado por un narrador (tenor) que presenta el tema e interviene en ocasiones para dar agilidad a la obra junto a los dos personajes de caracteres opuestos que cruzan sus argumentos y respuestas, dialogan y se recriminan. Ante el compromiso del padre de buscarle un esposo, Lieschen accede, aunque su astucia triunfa sobre su padre, haciendo saber que sólo se casará con quien la permita tomar café. Además de los tres cantantes, la partitura cuenta con flauta, cuerdas y continuo.
El primer enlace pertenece al aria de Lieschen Ei, wie schmecht der Kaffe süsse (¡Ah, qué agradable es el aroma del café!) con que nos describe su afición al café, una melodía y un texto que cantados de forma maliciosa intentan embaucar a su padre. 

La interpretación es de la soprano Robin Johannsen acompañada a la flauta por Marcello Gatti con la Academia Montis Regalis dirigida por Alessandro de Marchi grabada en Insbruck en 2010.


Aprovecha ahora o busca un rato para tomar un café y acompáñate con la interpretación de la cantata completa, de menos de media hora y con subtítulos en castellano.

Grabada en el Stadscafe de Waag Doesburg en Holanda, está interpretada por Anne Grimm como Lieschen, Klaus Mertens, su padre SchledrianLothar Odinius como el narrador, con el acompañamiento de la Amsterdam Baroque Orchestra dirigida por uno de los más grandes especialistas en Bach que hay en la actualidad, Ton Koopman, el señor con barba blanca que toca el continuo en su teclado y recoge perfectamente el estilo que buscaba el compositor.

Carátula de Schweig Stille, Plaudert Nicht... Kaffeekantate (Guarda silencio, no charles... Cantata del café) de Bach, del sello Eterna, publicado en la República Democrática Alemana en 1961. 
Aunque es amena y fácil de oír, hay varios momentos a destacar con los que podrás disfrutar aún más este café tan especial: 
-El aria con que comienza el padre Hat man nicht mit seinen Kindern Hunderttausend Hudelei (¿No son los hijos causa de cien mil preocupaciones?) una pieza repetitiva pero de una melodía pegadiza y simpática.
-El aria de Lieschen que hemos oído antes Ei, wie schmecht der Kaffe süsse (¡Ah, qué agradable es el aroma del café!) con el acompañamiento de la flauta.
-Un segundo aria de Lieschen, Heute noch, heute noch, Lieber Vater, tut es doch! (¡Hoy mismo, hoy mismo, querido padre!), también con una melodía alegre y pegadiza.
-El trío final Die Katze lässt das Mausen nicht (No prohíbas al gato cazar ratones), una conclusión que, según parece, añadió más tarde Bach.

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 Bibliografía utilizada:

3 escenas de ópera en novelas

De todas las artes, posiblemente sea la literatura la que, utilizando las palabras, nos ofrezca una mayor cantidad de imágenes, situaciones y descripciones para transmitirnos ideas, sentimientos y pensamientos.
Desde sus inicios con la literatura oral, el lenguaje escrito ha ido evolucionando hasta conformar distintos géneros entre los que podemos encontrar el de la ficción literaria con todos sus subgéneros: desde los primitivos mitos, las fábulas y algunos cuentos cargados de fantasía, hasta un estilo que se entronca más con la realidad como aquella ficción que se nutre de los universos históricos y sociales que van desde la novela a los dramas, pasando por algunos cuentos e incluso algunos tipos de poesía.
La creación y el uso de los argumentos es una de las más felices aportaciones de la literatura nos ha ofrecido, posiblemente porque se nutre de nuestro interés por conocer lo que le sucede a quienes nos rodean y, por ende, a quienes protagonizan las historias.
Un mundo tan rico y apasionante como la ópera se ha nutrido, en su práctica totalidad, de historias que ha tomado de la literatura. Desde las primeras creaciones que se basaban en personajes mitológicos -recordemos La fábula de Orfeo o La incoronazione di Poppea- hasta centrarse, años más adelante, en la anhelada proliferación de personajes históricos, tan utilizados en libretos, para acabar tomando como protagonistas a personas normales y corrientes como un barbero sevillano, un torpe campesino o unas novias colocadas en complejas encrucijadas.
Así, si lo habitual es que las óperas basen sus libretos en historias extraídas de libros, sobre todo novelas, aunque también se han utilizado poemas, obras dramáticas e, incluso, tiras cómicas, es más excepcional que sean las óperas las que aparezcan en la literatura y protagonicen escenas de algunas novelas.
Te propongo un paseo por algunas novelas que incluyen en sus argumentos escenas donde la opera es protagonista. Nos acompañan Madame Bovary, La edad de la inocencia y El fantasma de la ópera y músicas de Gounod y Donizetti. Si te gusta… ¡Comparte, comenta, sugiere!


El siglo XIX es una época de esplendor tanto para la novela como para la ópera y no podía dejar de establecerse una relación entre ambas, en las que los escritores asistían a representaciones de ópera, mientras los compositores y libretistas se inspiraban en sus obras para buscar historias interesantes que llevar a los escenarios.
Publicada en 1920 por Edith WhartonLa edad de la inocencia es una novela que se sitúa en la década de 1870 reflejando el mundo aparentemente equilibrado y sin contradicciones de la alta sociedad de Nueva York. En su desarrollo trata del conflicto que se estaba gestando, como en toda Europa, del cambio de poder entre dos mundos: el de las viejas familias americanas de la burguesía que tradicionalmente ostentaban el poder y el de los grupos emergentes, los nuevos ricos, que acabarán imponiendo sus costumbres, sus gustos y sus voluntades. En 1921 su autora fue galardonada con el Premio Pulitzer por esta obra.
De esta novela podemos recordar la película homónima dirigida por Martin Scorsese y que fue protagonizada por Michelle Pfeiffer, Daniel Day-Lewis y Winona Ryder.
En el comienzo de la novela, en su capítulo II, asistimos a una escena que se desarrolla en el antiguo teatro de la Academia de la Música de Nueva York, el espacio donde se reunía esta burguesía americana antes de la construcción del Metropolitan Opera House que se erigiría pocos años más tarde en la Broadway Avenue antes de que un incendio la llevara a su ubicación actual.
Wharton nos sitúa la escena en momento en que uno de los protagonistas, Newland Archer entra en su palco, al inicio el Acto III del Fausto de Gounod, más pendiente de la joven May Welland y su futura relación con ella, mientras, despreocupado, va fijando su atención en el decorado y el desarrollo del acto.
La escritora tiene el detalle de presentar en escena a dos de los cantantes que por aquellos años triunfaban por toda Europa y algunos de los escenarios norteamericanos, la cantante Christine Nilsson, una soprano sueca de técnica exquisita que inauguró en 1883 el Met interpretando precisamente el papel de Margarita de Fausto, y Víctor Capuol, un tenor francés con una voz lírica educado en la elegante escuela francesa y que debutó en este recinto de la Academia de la Música en 1871 con este mismo papel.




Enlazamos con la escena que refleja la novela de Wharton, el dúo de amor entre Fausto y Margarita del Acto III que comienza con Il se fait tard, adieu! (Se hace tarde, ¡adiós!) interpretada por el tenor Vittorio Grigolo y la soprano Angela Gheorghiu en una producción del Royal Opera House londinense de 2011.


Publicada por entregas en la Revue de Paris en 1856 por Gustave FlaubertMadame Bovary se considera tanto una de las mejores novelas del XIX como una de las que más aportó al género y a la modernización del mismo.
Después de unos seis años de trabajo que fue reflejando en su correspondencia, el escritor publicó la novela que se basó en una historia real, el suicidio de Delphine Delamare, esposa de un viudo mayor que ella, sanitario de Normandía en la que las condiciones de su matrimonio, los amantes que tuvo y sus profesiones quedaron reflejadas en la obra. El tema central de la novela, el adulterio de Emma, que se siente atrapada en el matrimonio con el doctor Charles Bovary y termina también suicidándose.
La obra causó un escándalo en su momento y Flaubert y la revista fueron acusados por «ofensa a la moral y a la religión», una circunstancia de la que fueron absueltos y cuyo escándalo les benefició publicitariamente.  
La maestría literaria de Flaubert nos hace ver su punto de vista sobre la sociedad francesa de la mitad del siglo, en la que el doctor no tiene más que ofrecer a Emma que exhibirla como una suerte de trofeo del doctor, sin nada que aportarle personalmente.
En la segunda parte de la novela se produce uno de los momentos que desencadena la situación y en la que Flaubert nos ofrece las diferencias de sensibilidades, criterios, entendimiento y puntos de vista entre Charles y Emma. El capítulo XV comienza con los protagonistas en una función de la ópera Lucia de Lammermoor de Donizetti. El escritor va estableciendo un relato entre las escenas del primer acto y cómo la perciben los protagonistas. Desde la apasionada Emma, lectora de la obra original de Walter Scott en la que se basa la ópera y su percepción de la situación entre Lucía, su amado Edgardo y Arturo, el novio buscado por su hermano, hasta la torpe y anticuada comprensión de su esposo que la exaspera.
En esta ocasión, Flaubert imagina el personaje de Lagardy, el tenor que interpreta a Edgar(do) y recrea, rodeada del halo mítico que envuelve a quienes ostentan este tipo de fama, algún detalle de su biografía.



En el texto anterior, Flaubert deja transcurrir el Acto I completo hasta el descanso del entreacto. De todas las escenas, traemos el enlace a la quinta y última de ellas, el dúo entre los enamorados Lucía y Edgardo, en la que el novelista francés centra la parte final del texto.
Ignacio Encinas como Edgardo y Ascensión Padilla como Lucía son los intérpretes, acompañados por la Orquesta Sinfónica de Alicante dirigidos todos por Joan Iborra en una producción de Vocemmus con la colaboración de Ramfis Producción, el Teatro Principal de Alicante y el Gran Teatro de Elche en una representación de 2013.


Si hay una novela en la que sea evidente que el tema se relaciona con los dramas musicales, esa es  Le fantôme de l'Opéra (El fantasma de la Ópera), la novela terminada de publicar en 1910 por Gaston Leroux.
Reportero para los periódicos parisinos Le Matin y L'Écho, Leroux viajó como reportero por Inglaterra, Finlandia, Suecia y destinos más lejanos como Rusia, donde cubrió los primeros tiempos de la revolución bolchevique, Egipto, Marruecos o Corea. Sus novelas, que fue alternando con sus trabajos periodísticos, fueron publicadas por entregas en distintos periódicos de la capital francesa.

Obra de un romanticismo tardío y extemporáneo, heredera simultáneamente de las novelas gótica y policiaca, Leroux sumerge a los lectores en el fascinante mundo que se oculta tras los telones y las bambalinas.
Para su novela diseñó un edificio de la Ópera imposible cargado de espacios subterráneos, pasillos húmedos que esconden trampas mortales al que le unió un personaje singular, una suerte de monstruo de feria desde su nacimiento, aborrecido y también condenado desde el principio. Un ser oscuro y atormentado, heredero del Quasimodo de Victor Hugo, con una personalidad compleja: angustiado por su deformidad y fealdad, se encuentra a la vez apasionado por la música y la belleza, encarnada, cómo no, por una joven cantante. Con él, el escritor muestra una compasión que transmite a los lectores.
La escena en la que nos centramos a continuación está al comienzo de la novela, en su capítulo II y el autor nos va dejando entrever algunos de los motivos de la obra: se deja en silencio una funesta aparición para centrarse en una gala en la que intervienen los más prestigiosos compositores y cantantes del momento, entre ellos el propio Gounod. Entre ellos se encuentra un nuevo descubrimiento, que se erigirá en protagonista de la novela, la cantante Christine Daaé, un diamante que comienza a brillar en el escenario y que algunos espectadores se quejan de que lo han tenido oculto por un tiempo. La memoria de la gala -no estamos ante la representación de una ópera- la mueve el escritor entre la crónica periodística y la recepción de los espectadores y algunos entendidos.




Finalizamos este repaso por novelas que incluyen escenas relacionadas con la ópera con el trío final del Fausto de Gounod.
Fausto y Mefistófeles se acercan a la prisión donde encuentran dormida  Margarita en su celda. Enloquecida por haber matado a su hijo espera su ejecución. Al oír a Fausto despierta y recuerda los momentos felices que han vivido juntos, proponiéndole huir ambos. Al descubrir a Mefistófeles, asustada pide la protección divina y de los ángeles antes de caer muerta. Un coro de ángeles lleva el alma de la joven al cielo, mientras Fausto, desesperado, es arrastrado por Mefistófeles

De la misma manera que en la novela de Leroux se realiza una gala musical y lírica, enlazamos esta última audición del trío final del Fausto de Gounod con la interpretación de la soprano checa Zuzana Marková como la joven y pura Margarita, el tenor francés Florian Laconi como Fausto y el también francés bajo Nicolas Courjal como Mefistófeles acompañados por La Orquesta Nacional de Montpellier dirigida por Luciano Accella.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Los libros aparentan sabiduría, son confusos y dañinos. No dejes de leer

La invención de la imprenta supuso una revolución sobre el mundo del conocimiento como nunca antes la hubo. La publicación de libros que trajo consigo hizo llegar un conocimiento que se limitaba a un grupo minoritario a una inmensa mayoría, transformando el acceso a la información y al pensamiento de forma irremediable.
El uso de la imprenta supuso una democratización de la cultura y aumentó el nivel de conocimiento de una gran parte de la población, además de modificar nuestra forma de pensar, no sólo en cuando a la adquisición de ideas, sino en la manera en que nuestra mente trabaja y procesa la información, dejando en un segundo plano aspectos tan fundamentales antes de su invención como la memoria.
Esta revolución, gestada con el invento de Gutenberg, sólo es equiparable a la aparición de los dispositivos electrónicos e internet que se está gestando en las últimas décadas. 
Pero la aparición de la imprenta y lo que supuso tuvo también sus detractores y reticencias, personas y razonamientos que veían que este invento, imparable en su desarrollo, sería la causa de nuevos inconvenientes y problemas.
Todo lo que tratamos en esta publicación sobre la imprenta, los libros y nuestra relación con ellos puede ser leído y aplicado de forma prácticamente idéntica sustituyendo estos términos por Internet y los dispositivos en los que los utilizamos.
Te propongo un recorrido por la revolución que provocó el invento de la imprenta en el uso de los libros, sus características y detractores, todo leído con la misma mirada con que podemos hablar de la revolución que está provocando Internet. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! 


Antes de comenzar retrocedamos varios siglos.
Poco conocemos de uno de los pensadores más grandes de todos los tiempos, Sócrates, ya que no nos ha llegado ningún escrito suyo, posiblemente porque nunca llegó a escribir sus ideas. Lo que nos ha llegado de su pensamiento se debe a distintas fuentes: los diálogos de Platón y de Jenofonte y por algunas obras de Aristófanes
Los Diálogos de Platón son, sin duda, los escritos más prolijos y completos que tratan del pensamiento socrático, aunque siempre nos queda en el aire la duda de si Platón nos presenta al verdadero filósofo o sólo asistimos, a través de sus escritos, a la imagen del que podríamos llamar Sócrates platónico.
Nacido aproximadamente el año 427 a. C., Platón de Atenas fue uno de los grandes pensadores de la Grecia clásica, seguidor, desde que lo escuchó con aproximadamente veintisiete años, de Sócrates y que, tras su fallecimiento, siguió con Crátilo discípulo de Heráclito y Hermógenes que lo fue de Parménides, para continuar con Euclides de Megara y otros discípulos de SócratesCon, alrededor de cuarenta años fundó la Academia de Atenas, un lugar donde impartía sus enseñanzas, y que llegó a perdurar durante novecientos años.
Platón es uno de los pocos autores clásicos de los que parece que se conserva toda su obra literaria, escrita, fundamentalmente en forma de diálogo sobre una gran variedad de temas como filosofía, ética, política, metafísica, antropología o cosmología entre otros.
En la mayorías de sus diálogos, Platón sitúa la figura de Sócrates quien desarrolla debates de cariz filosófico con distintos interlocutores a través de diversas técnicas como el comentario indirecto, la digresión -en que se introduce una pausa en el discurso para plantear otro tema- y el relato mitológico, además de los monólogos.
Escrito en su época de madurez junto a los diálogos más conocidos como Fedón, El Banquete o La República, Fedro trata temas como la belleza o el amor. 
En este diálogo, Platón dirige la conversación entre el protagonista y Sócrates hacia la necesidad y conveniencia de escribir. El filósofo le habla del dios egipcio Theuth quien descubrió los números, el cálculo, la geometría y la astronomía, además de algunos juegos y las letras. El dios la mostró al faraón Thamus quien las fue valorando en un intercambio de tú a tú entre deidades. Theuth precisó que las letras harían más sabios a los egipcios al ser un fármaco de la memoria y la sabiduría, a lo que el faraón respondió que, simplemente, este arte sería apariencia de sabiduría y no verdad. De esta manera, Sócrates, un filósofo que no nos dejó nada escrito, se posicionó sobre el descubrimiento del arte de las letras.


Conrad von Gessner, considerado uno de los padres de la zoología fue un incansable naturalista y bibliófilo suizo, un erudito que vivió en el siglo XVI, cuando la imprenta ya llevaba unos años de desarrollo y que ya anunciaba algunos de los inconvenientes que él encontraba en la proliferación de información que traería la difusión de los libros. A él pertenece una frase, dicha hace más cuatrocientos años, que aún hoy escuchamos con frecuencia, aplicada en este caso a Internet«La sobredosis de información es confusa y dañina para la mente humana», con la que hacía referencia a la gran cantidad de información que se tiene al alcance, además de la pérdida del uso de la memoria, tan fundamental en los siglos anteriores. Von Gessner dedicó sus esfuerzos a solventar estos peligros siendo el autor de uno de los primeros índices bibliográficos de nuestra cultura.


Pocos personajes se nos vendrán antes a la memoria al tratar sobre estos peligros que anunciaba Gessner como el creado por Cervantes. En el mismo siglo en que el naturalista hacía uno de los primeros índices bibliográficos que se conocen, en el que aparecen ya más de mil ochocientos autores de toda la historia, ordenados alfabéticamente con los títulos sus obras y valoraciones y comentarios de las mismas, un personaje como Don Quijote es el ejemplo de esa proliferación de información que había que administrar en la mente y que podía acabar afectando a quienes no supieran gestionarla.
Siendo una parodia y una crítica de determinados tipos de libros, en esta ocasión los de caballería, la obra de Cervantes presenta un fresco y un retrato único e inigualable de la sociedad de su época, teniendo una rápida difusión por la modernidad del relato en toda Europa.
Su personaje se ha llevado a los escenarios en multitud de ocasiones, tanto en versiones para ópera como para ballet. De las primeras, podemos citar las versiones que Henry Purcell, Telemann, Mendelssohn, Donizetti, Massenet, Ravel, Falla, Richard Strauss o Henze hicieron a partir del personaje cervantino, bien de a partir de la novela, bien a partir de algunas de sus historias. 

Georg-Philipp Telemann está considerado el compositor más prolífico de todos los tiempos con más de ochocientas obras reconocidas, aunque los últimos estudios lo acercan a las tres mil, de las cuales muchas han desaparecido. Autodidacta, contemporáneo de Händel y Bach, el personaje de Cervantes le atrajo hasta el punto de estrenar su ópera Don Quixote en 1761 cuando contaba ochenta años de edad. Varias décadas antes, alrededor de 1716, había compuesto una obra inspirada en el personaje, enmarcada dentro de las obras de inspiración francesa que realizó, su Suite Burlesque de Quixotte, una obra para orquesta de cuerdas y bajo continuo que se enmarcaba dentro del estilo barroco de comienzos del XVIII.
La suite tiene un carácter ligero y leve, casi humorístico, con una división en episodios bien diferenciados. 
Nos acompaña una versión interpretada por la Norwegian Chamber Orchestra dirigida por Terje Tønnesen perteneciente a las Hørbar Concert Series que se celebró en Sentralen, Oslo.
La obra comienza con un redoble de la percusión mientras se sientan los intérpretes y rebosa de humor y delicadeza. Sus partes se pueden seguir a partir de estas indicaciones:
   0'        Overture
4'18''     Le reveille de Quixote (El despertar de don Quijote), donde Telemann se centra y recrea de forma expresamente humorística en la respiración del protagonista mientras duerme.
6'43''     Son attaque des moulens a vent (El ataque a los molinos de viento), un movimiento contrastante y agitado en el que incorpora las castañuelas.
8'00''     Les soupirs amoureux apres la Princesse Dulcinèe (Suspiros de amor por Dulcinea), en el que podemos sentir los continuos ¡ay! que se le escapan al enamorado protagonista.
9'53''     Le galop de Rosiante alternat, avec sequent (El galope de Rocinante), un movimiento entre descriptivo y humorístico del caminar y relinchar del caballo en el que vuelven a aparecer las castañuelas y finaliza con un relincho disonante.
11'40''    La couché de Quixotte (El sueño de Don Quijote), un alegre y agitado movimiento en que el compositor nos deja asistir a la intimidad de los épicos sueños del protagonista.  


El desarrollo de la imprenta vino a revolucionar el mundo del conocimiento, durante muchos siglos al alcance de unos pocos privilegiados, para situarlo al alcance de todos, una posibilidad que transformó el conocimiento pese a que, aún en la actualidad, haya millones de personas no iniciadas en el conocimiento más elemental de las letras.


Profesor de Historia Cultural en la Universidad de Cambridge y miembro del Emmanuel College, Peter Burke es un historiador británico especializado en Historia Moderna y en temas relacionados con la sociología y la cultura. Su trabajo se inscribe en la Nueva Historia, una corriente que surge a partir de los cambios producidos en algunas academias europeas, especialmente francesas, inglesas y alemanas, en las décadas de los años 70 y 80 del pasado siglo, que busca centrar el objeto de estudio en cualquier tipo de actividad humana, frente a la Escuela Tradicional del XIX que se centraba de manera principal en los hechos meramente políticos.
En De Gutenberg a Internet: Una historia social de los medios de comunicación, Peter Burke, en colaboración con Asa Briggs, analiza el panorama de los medios de comunicación, así como el contexto social y cultural en que se desarrollaron a lo largo de los últimos siglos, trazando el recorrido que siguieron hasta llegar a configurarse tal como los conocemos en la actualidad.
En su capítulo La revolución de la imprenta en su contexto, Burke y Briggs analizan el escenario en que se desarrolló el invento de Gutenberg hasta el final del siglo XIX.
El texto que nos acompaña trata de los detractores del nuevo escenario y algunas de las narraciones catastrofistas que presentaron, del nacimiento y desarrollo de los periódicos que ahondaron en el descontento de los poderes establecidos al comprobar que les hacían perder autoridad, además de la necesidad de recuperar la información y seleccionar la que nos interese. Todo ello supuso el establecimiento e incremento de las bibliotecas, los índices bibliográficos y el nacimiento de un nuevo gremio, los libreros.
Nada que no hayamos oído en los últimos años.


Continuando con este acercamiento a los peligros que los detractores de este revolucionario invento presagiaban, nos acompaña uno de los números más inolvidables del grupo argentino Les Luthiers, en los que no saber administrar el exceso de información que aparece en los escritos determina irremediablemente el desarrollo de la pieza.
Obra de uno de los más grandes compositores imaginarios creados, Johann Sebastian Mastropiero, el madrigal para voces e instrumentos La bella y graciosa moza marchose a lavar la ropa nos sumerge en el irónico y paródico universo de este genial grupo humorístico musical.


La Nueva Historia en la que se inscribe la obra de Burke pretende ser una Historia Total que evita centrarse en la historia política que se basaba en el estudio de las altas jerarquías sociales, para centrar el objetivo de su estudio en todas las capas de la sociedad, sin limitarse a los documentos escritos, buscando obtener la información de las fuentes que resulten más convenientes, de forma que se puedan analizar las macro-estructuras presentes en las sociedades de cada momento histórico, a partir de la interdisciplinariedad y la aplicación de técnicas y métodos procedentes de otras áreas que ayuden a ampliar la percepción de la realidad.
Siguiendo la estela del libro de Burke y Briggs, en el mismo capítulo anterior centran su mirada en los cinco tipos de lecturas en que las clasifican y que aportan el cambio revolucionario que el invento de la imprenta trajo consigo. Dada la extensión del texto, nos hemos limitado a transcribir la presentación de las ideas esenciales de estos tipos de lectura.


La interacción entre la ópera y los libros es enorme, en el sentido de que la inmensa mayoría de aquellas basan sus historias en estos. Los compositores y libretistas han sido siempre grandes lectores y han deseado y conseguido llevar a los escenarios aquellas historias que les ha llegado antes al corazón.
Prácticamente todas las óperas se basan en algún libro y, cuando no ha ocurrido, los autores -compositores y libretistas- se han inspirado en algunos de ellos para construir sus historias, como en el caso de Wagner que basó la mayoría de sus libretos en leyendas e historias medievales germánicas.
Mas si las óperas se basan en libros, mucho más raro y poco habitual es encontrar una obra en la que un libro tenga parte del protagonismo sobre el escenario. Nos despedimos de esta reflexión sobre el impacto revolucionario que tuvo la imprenta sobre la cultura y el conocimiento, en un paralelismo que se nos antoja grande con la revolución que se está produciendo con los medios sociales, los dispositivos electrónicos e Internet con una de las escasas escenas de ópera en la que la protagonista está en escena con un libro en la mano. 
La escena pertenece a Don Pasquale de Donizetti, en la que Norina, hermana del Doctor Malatesta se hace pasar por una viuda para casarse con el anciano protagonista, desengañarlo de sus intenciones y hacerlo ella después con su sobrino Ernesto.
Norina se encuentra en su casa leyendo un libro donde el caballero Ricardo jura amor eterno a su dama. El arioso comienza con

Quel guardo il cavaliere
in mezzo al cor trafisse;
piego il ginocchio e disse:
"Son vostro cavaliere."
(Aquella mirada al caballero
en mitad del corazón hirió;
dobló la rodilla y dijo:
"Soy vuestro caballero.")

En esta ocasión, Donizetti no utiliza el libro como fuente de conocimiento o cultura, sino que hace que se sirva de él Norina en un tono de burla y desprecio.
Así, tras el arioso inicial, continúa con el aria

So anch'io la virtù magica
d'un guardo a tempo e loco
(Yo también conozco la magia
de una mirada en el momento oportuno)

De nuevo volvemos a enlazar en este blog Quel guardo il cavaliere interpretada por la soprano Anna Netrebko en una representación del Metropolitan Opera House de New York de 2010 bajo la dirección de James Levine.


Termina esta reflexión sobre cuanto supuso el desarrollo de la imprenta y los peligros que auguraban sus detractores recordando el paralelismo que existe con la revolución creada por Internet
Somos conscientes de que los libros no nos dan la sabiduría, sino que la aparentan, que son confusos y dañinos, pero aún así pensamos que este es el mejor de los consejos:
No dejes de leer.
 
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Bibliografía y webgrafía consultadas: