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Cómo ser feliz con las pequeñas cosas

Vivimos en un mundo que exige lo mejor de nosotros, nuestro esfuerzo, tiempo y dedicación incondicional. En todos los ámbitos de nuestra vida, desde el laboral al familiar, pasando por los momentos que dedicamos a nuestras aficiones, los que empleamos en ayudar a quienes vemos que nos necesitan e incluso las relaciones sociales. Las responsabilidades que cargamos pueden llevarnos a momentos agobiantes donde el stress, la falta material de tiempo o nuestras propias limitaciones nos lleven a momentos complicados de superar.
Una de las formas a las que siempre podemos recurrir para sobrellevar estos momentos y situaciones es la de centrarnos en buscar encontrarnos con nosotros mismos, nuestro yo más íntimo en busca de la interioridad que nos lleve a nuestro equilibrio interno.
Fijarnos en pequeñas cosas, mínimas satisfacciones, cada uno la que mejor encaje en nuestra forma de ser, que nos ayuden a encontrar la armonía entre nosotros y lo que nos rodea.




Muchos ejemplos hay en las manifestaciones artísticas que se dirigen en este sentido, desde el Carpe Diem de Horacio a las Satisfacciones de Bertolt Brecht
Como en todas las entradas de este blog un texto literario y una pieza musical desarrollan esta idea.
El texto pertenece a uno de los autores más renombrados de nuestro Siglo de Oro. No es la primera vez que aparece un poema de Góngora, de quien ya se publicó en Memorias de un Cíclope.
El escritor cordobés Luís de Góngora y Argote llevó, junto con Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca o Quevedo a la literatura en lengua española a sus más brillantes momentos. De él traemos su poema Ándeme yo caliente que, aunque presenta algunos términos poco utilizado en nuestros días, tiene aún vigencia.


Giuseppe Verdi es el compositor más representado en la actualidad. La popularidad de su ópera La Traviata la ha llevado a ser la que más se ha llevado a la escena en los años que llevamos de siglo. Su llamada Trilogía popular está formada por Rigoletto, Il Trovatore y la citada La Traviata, un grupo de obras que compuso en poco más de dos años y lo llevó encumbró entre los compositores de su época.



Ambientada en España y con un libreto comenzado por Salvatore Cammanaro basado en la obra de teatro del gaditano Antonio García Gutiérrez, Il Trovatore posee uno de esos momentos que han pasado a trascender de la obra a la que pertenece. El Coro de gitanos es una pieza reconocida por todos, incluso los no iniciados en el mundo operístico. 



Transmite una alegría de vivir, un desenfado y una fresca mirada a los pequeños detalles que hacen que merezcan la pena las interminables jornadas de esfuerzo y laborioso trabajo.
La versión que sigue pertenece a una reciente y cuidada versión llevada a cabo en el Metropolitan Opera House de New York.




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