14 may. 2016

La distancia entre el hielo y el fuego

Hay veces que los opuestos están más cerca de lo que creemos, que la distancia entre algo y lo que nos parece su contrario no es más que una delgada línea. La distancia que separa el amor y el odio, la alegría y la tristeza o las risas y el llanto a veces es poco precisa.

De la misma manera que la línea que distancia algunas de nuestras emociones es sutil, también lo es la que al alba o al atardecer separa la noche del día o la realidad de la ficción.

En esta entrada te traigo, como siempre un texto literario y una pieza musical que, en este caso hacen referencia a esos opuestos como son el hielo y el fuego.

Aparentemente pocas cosas hay tan lejanas en sus conceptos como estos dos elementos. El hielo, además de su temperatura, nos remite a las sensaciones relacionadas con el frío, la indiferencia o la falta de afectividad. El fuego, de elevada temperatura, lo relacionamos con la pasión, la exaltación o la vehemencia.

  
Uno de los escritores esenciales de la segunda mitad del siglo XX es el colombiano Gabriel García Márquez, uno de los pocos escritores que no necesitan presentación y el indiscutible precursor del llamado Boom de la literatura latinoamericana.
De toda su producción posiblemente sea Cien años de soledad la obra más conocida e influyente. Su comienzo es un de los más recordados de la misma forma que lo es el inicio del Quijote.



La página que traigo es aquella en la que el premio Nobel colombiano nos cuenta cómo los Buendía conocieron el hielo.



La última ópera de Giacomo Puccini fue Turandot, obra que su rápido fallecimiento hizo que quedara inconclusa. Basada en un cuento de fantasía china de Carlo Gozzi, su protagonista no es un personaje real como Tosca, la Mimi de La Bohème o Madame Butterfly. Se trata de un fría princesa china de implacable y duro corazón que va sembrando de muerte toda la obra y sólo se enternece cuando cae en la perturbadora experiencia de un amor verdadero.
Quizás el personaje más humano de la obra sea Liu que, en los primeros esbozos de la obra no iba a morir. Tras dos años de trabajo, Puccini llegó a la conclusión de que para salvar la cohesión dramática no había otro camino que hacerla morir. En uno de los momentos más dramáticos de la obra, viendo que va a ser ajusticiada, Liu arrebata un puñal a uno de los soldados y se da muerte a sí misma. Este acto será el que ayude a desencadenar el cambio de actitud en la fría princesa.



La escena pertenece al acto III, inmediatamente anterior al final de la obra. Tras la muerte de Liu que conmueve a todos, Calaf y Turandot han quedado solos en escena. El príncipe se dirige a ella con audacia, convencido de poder hacerla suya con las palabras Principessa di morte! Principessa di gelo! (¡Princesa de muerte!, ¡princesa de hielo!). Tras besarla y gritarle su nombre, Turandot le confesará que desde el primer momento se ha debatido entre el odio y el amor hacia él.

El enlace está interpretado por José Carreras y Eva Marton y pertenece a una producción de 1983 de la Staatoper de Viena.







Si puedes, tienes tiempo y quieres puedes ver o guardar en tu cuenta de Youtube una versión completa de la obra con subtítulos en español que dirigió en 1998 Zubin Mehta en la Ciudad Prohibida de Pekin con Giovanna Casolla como Turandot, Sergei Larin como Calaft y Barbara Frittoli en el rol de Liu. En esta versión, a la calidad del sonido se une la espectacularidad del marco en el que transcurre la historia.



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