17 mar. 2018

Historias dentro de historias

Las historias nos fascinan y nos cautivan. Somos seres narrativos. Desde tiempos inmemoriales hemos utilizado las historias más como una necesidad propia de nuestra esencia de seres humanos que como una afición o un lujo insustancial.
Desde que existe la comunicación entre personas, desde el propio inicio del lenguaje ha habido quienes contaban historias y quienes las oían. La narración surge como una necesidad en las primeras comunidades. Contar historias era una forma de enseñar comportamientos ante peligros, de afianzar relaciones entre los miembros de la familia, el clan o la tribu; de temer a los extranjeros que traían destrucción o, más adelante, hacer soñar con las exóticas costumbres y usos de lugares lejanos. 
Con el paso del tiempo la narración se convirtió en un arte, se fijó con la escritura. Pasó por distintas etapas desde lo mítico a lo épico, de lo costumbrista a lo innovador, desde lo íntimo a lo fantástico. Las técnicas y recursos narrativos evolucionaron con cada época y cada estilo literario, se transformaron con la aparición del cine y éste último, con la proliferación actual, modificó de nuevo el lenguaje para contarnos nuevas historias con nuevos lenguajes a la búsqueda de la atención del espectador, en unas narraciones que avanzan, retroceden, deconstruyen las historias o terminan con finales abiertos que puedan reconducirse y retomarse en cualquier nueva dirección.
Las grandes narraciones, las grandes historias de la literatura, han permitido a sus autores aprovechar el relato que escribían e insertar dentro del mismo otras historias. Así surgen las historias dentro de las historias, las narraciones insertadas en otras narraciones.

A todos nos gusta que nos cuenten narraciones. Te presento un recorrido con varias miradas a obras que cuentan historias dentro de sus historias con un paseo evocando las narraciones de Scheherezade y El Quijote y la música basada en obras de Manuel de Falla y Offenbach. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



En algunas ocasiones es el mismo desarrollo de la historia el que justifica y da sentido a las narraciones que se cuentan en su interior. 
Historias que llegaron a Europa a comienzos del XVIII de la mano del orientalista y viajero Antoine Galland durante la corte de Luis XIV, el Rey Sol, con la publicación de sus Contes arabes traduits en français con el conocido título de Las mil y una nochesTodos conocemos la historia en que Scheherezade, la gran narradora de la literatura, cuenta cada noche una historia al rey Sahriyar que deja inconclusa para la velada siguiente, y así hasta superar el millar de ocasiones. Galland tradujo con fidelidad el original, atendiendo más al contenido que a la forma, eliminando detalles o momentos escabrosos, suprimiendo versos intercalados en las narraciones, logrando una versión libre relativamente fiel que se adaptó al gusto de sus contemporáneos. 



Las mil y una noches nos ha dejado historias y personajes como Sindbad el marino, Harún al-Rasid, Alí Sar y Zumurrud o la memoria de genios encerrados como en la historia de Aladino y la lámpara maravillosa -una historia que en las primeras versiones no apareció y que se supuso que era original de Gallard, hasta que se comprobó que pertenecía al ciclo de la obra.



En ocasiones es en el transcurso de la historia donde aparecen narraciones en boca de alguno de sus protagonistas. Si una ópera tiene por título Les contes d'Hoffmann (Los cuentos de Hoffmann), está basada en tres cuentos de E. T. Hoffman y el mismo autor sirve de hilo conductor a cada una de las historias, no es difícil suponer que aparecerá alguna narración en su voz.
De los cuatro actos de la ópera, los tres últimos presentan narraciones que el protagonista Hoffmann propone a sus compañeros de taberna sobre su amada, la cantante Stella, imaginándola como tres mujeres en una: Olympia, Giulietta y Antonia. Antes, acompañado de Nicklausseentre bebidas y estudiantes, narra una canción burlesca, en mitad de la cual el recuerdo de Stella le hace modificar el hilo de sus pensamientos.




Hoffman se abandona a sus pensamientos.



Va pour Kleinzach está interpretada por el tenor venezolano Aquiles Machado en una representación que se llevó a cabo en el Palacio Euskalduna de Bilbao en mayo de 2006 con la dirección escénica de Giancarlo del Monaco y Alain Guingal dirigiendo al Coro de la Ópera y la Orquesta Sinfónica de Bilbao.


En la gran obra de nuestra literatura, El Quijote, es frecuente encontrar cómo Cervantes introduce diversas historias dentro de la narración de las aventuras del caballero andante. Una de esas historias insertadas en la obra, quizás de las más conocidas, es la correspondiente a Maese Pedro. En esta ocasión el argumento se imbrica con naturalidad en la historia del caballero andante. En una venta coinciden el protagonista y Maese Pedro, un titiritero que viaja con un mono y un grupo de acompañantes con un retablo escenificando la libertad de Melisendra dada por don Gaiferos, según el ventero "una de las mejores y más bien representadas historias que de muchos años a esta parte en este reino se han visto". Como es de suponer, nuestro caballero asiste a la representación y, en su alucinación, interrumpe la escena para defender a Melisendra y su esposo de sus perseguidores.
Hay una escena similar en el Quijote de Avellaneda, la continuación apócrifa de la novela cervantina. En ella, el caballero interrumpe un ensayo de El matrimonio vengado, una comedia de Lope de Vega, para defender a la reina en la ilusión de que ficción y realidad tienen la misma esencia. Cervantes, que conocía este texto cuando escribió la historia del retablo de Maese Pedro, no se limita a imitar la escena, sino que la deriva en otra dirección además de la mencionada. Desde el primer momento Don Quijote se mantiene objetivo y crítico con el texto teatral comentando aspectos poco rigurosos del mismo. Es la unión de ambos hechos el que desencadena la actuación de nuestro personaje.
El texto relata el comienzo de la representación teatral que la troupe de Maese Pedro lleva a cabo en presencia de los espectadores que acudieron a la venta.




Manuel de Falla contaba que de pequeño le gustaba jugar con marionetas para interpretar a don Quijote y sus aventuras. De esta afición y de un encargo que la princesa de Polignac, hija de Singer, el fabricante de máquinas de coser, le hizo surgió su ópera El retablo de maese Pedro, una obra que, como el original de Cervantes está protagonizada por marionetas. El estreno se realizó en 1923 en París, en la propia casa de la princesa tras una versión en concierto celebrada en Sevilla. Esta primera representación se convirtió en legendaria con la presencia de Paul Valéry, Picasso o Stravinski y fue dirigida por el propio autor con la Orquesta Bética de Cámara fundada por García Lorca y con marionetas del granadino Hermenegildo Lanz
Tras el desastre que supuso para la civilización la Gran Guerra, hubo artistas que renegaron de la cosmovisión humanista que considera al hombre responsable último de sus actos. Un acercamiento a los títeres ponía en situación una realidad más cercana a la realidad: nos movemos por los hilos de un poder invisible.



Falla buscaba con esta obra cierta separación de las funciones: los cantantes se dedicarían a cantar, mientras que los títeres realizarían la labor narrativa y el hecho de ver en escena a los titiriteros dejaría patente esta situación.
El argumento recoge casi textualmente la situación de la obra de Cervantes. Maese Pedro anuncia la representación de una obra de títeres sobre la liberación de la bella Melisendra. Los paisanos acuden curiosos al espectáculo, entre ellos don Quijote y Sancho. El Trujamán, el narrador va contando la historia. La obra consta de 6 cuadros y un final repartidos en un acto único, del que presento a partir del cuadro cuarto y el comienzo del final. Aunque el texto está en nuestro idioma, lo muestro para poder seguirlo con mayor fidelidad.





El enlace con la interpretación de Vais en paz, oh par sin par de verdaderos amantes pertenece a una producción del Gran Teatre del Liceu de Barcelona con Marisa Martins como El Trujamán, Joan Martín-Royo en el rol de don Quijote y Xavier Moreno como Maese Pedro, la dirección escénica de Enrique Lanz (nieto de Hermenegildo) y la musical de Josep Vicent con la Orquesta de l'Academia del mismo teatro.


Quedan en el tintero muchas obras en que los protagonistas se convierten en narradores de diversas historias, unas veces por motivos argumentales, otras para liberar obras que los autores tenían en su cabeza. En otra ocasión volveremos al mismo tema. y tú, ¿cuál recomiendas?

Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

  1. Bibliografía consultada:
    1. -Batta, András. Ópera. Obras, compositores, intérpretes. Editorial Könemann.
  2. Páginas web visitadas:
    1. https://lamenteesmaravillosa.com/todos-nos-gusta-nos-cuenten-historias/
    2. https://enlenguapropia.wordpress.com/2012/12/04/por-que-necesitamos-contar-historias-o-que-nos-las-cuenten/
    3. https://insulabaranaria.wordpress.com/2013/10/03/las-historias-intercaladas-en-el-quijote-de-1605/
    4. https://cvc.cervantes.es/literatura/cervantistas/coloquios/cl_XI/cl_XI_41.pdf
    5. https://www.google.es/search?
    6. ei=IaKpWraJJITxUOaAstgB&q=la+fascinaci%C3%B3n+de+las+historias&oq=la+fascinaci%C3%B3n+de+las+historias&gs_l=psy-ab.3..33i22i29i30k1.3827.16019.0.16460.56.40.1.0.0.0.283.4314.3j31j1.36.0....0...1.1.64.psy-ab..24.32.4127.6..0j35i39k1j0i67k1j0i131k1j0i22i30k1.372.syytLSCgmK8
    7. https://lamenteesmaravillosa.com/por-que-nos-gusta-contar-historias/

2 comentarios:

  1. A veces algunos relatos nos hacen volver atrás en el tiempo. Recuerdo las Mil Noches y Una Noche (èse era el título original) que, te puedes imaginar como habrà quedado grabado en mi memoria, que me acuerdo, a distancia de cuatro décadas de su traductor: era el dr J.C.Mardrus. Fue uno de los primeros libros en formato "grande" que leì. Recuerdo que concurrìa a una escuela rural y era mi pasatiempo para colmar las largas noches de invierno. Muy buen artículo como de costumbre Miguel, saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Hugo
      Como dices, hay libros y relatos que nos evocan momentos, lugares o personas. Es uno de los valores que tiene la literatura.
      Gracias por tu aportación.
      Un abrazo :-)

      Eliminar