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3 ago. 2018

Lamento por Hiroshima... y por nosotros

Aquellos que no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo.
George Santayana

Cada año, en plena temporada de vacaciones, cuando casi nadie presta atención a las noticias que nos rodean, en las que hasta los periodistas habituales están ausentes de sus puestos de trabajo, hay una noticia que aparece en las pantallas de nuestras casas de forma recurrente, tanto que pasa desapercibida. Es de estas noticias que la prensa y televisión entienden que hay que recordar por obligación y que, en muchas ocasiones, está preparada desde días antes mirando las fechas de las próximas efemérides.
En unos tiempos en que la postverdad se está adueñando de la situación, en que resurgen los extremismos y los populismos por muchos países, nos encontramos en una situación impensable hace unos pocos años: Pensábamos que todo lo que había sucedido en la primera mitad del siglo XX no podría volver a repetirse jamás, que las sociedades habían tocado fondo con la barbarie de las guerras y que habíamos aprendido la lección para siempre. La memoria puede correr el peligro de verse vencida por la desmemoria. 
Los recuerdos de los campos de concentración, cuadros como el Guernica, películas y libros que ahondan en la barbarie de las guerras y el genocidio deben seguir ayudando a que la memoria evite la repetición de lo que sucedió.
En esta entrada te propongo una mirada a lo que supuso el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima con un libro de John Hersey y música de Penderezki. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



No siempre la música trata de ser agradable y mostrar lo mejor y más sublime que puede alcanzar el ser humano. Hay ocasiones en que su función es lanzar un grito, despertar conciencias o explicar lo inexplicable. En este blog siempre se trata de unir un texto con música cantada, algo más de la mitad de las ocasiones con ópera, aunque también con cantatas, oratorios o música coral. En esta ocasión la música no tiene la voz humana, es totalmente instrumental, pero, aún así, tiene la capacidad de hacernos oír y sentir voces humanas gracias a la maestría de su autor.



A las 08'15 hora local japonesa del día 6 de agosto de 1945 una bomba atómica fue lanzada sobre Hiroshima matando a cien mil personas (100.000, así escrito con cifras debe imponer más).
Ese horror inició la era de las armas de destrucción masiva cuya amenaza marcó un nuevo orden en nuestro planeta.
El director ejecutivo de The New Yorker, William Shawn, planteó a uno de sus reporteros que investigara y publicara un relato sobre las consecuencias humanas que tuvo el suceso, ya que la opinión pública ignoraba qué había ocurrido realmente en la ciudad japonesa.
Así, el periodista John Hersey publicó en agosto de 1946 una serie de artículos narrando con un estilo escueto, directo y alejado del sensacionalismo, la historia personal de seis supervivientes antes, durante y meses después del bombardeo. La tirada se agotó y hubo peticiones de diversos lugares del mundo que solicitaban su reimpresión. Meses más tarde, estos artículos fueron publicados en forma de libro con el título Hiroshima, llegando a superar la cifra de un millón de ejemplares vendidos, mientras se convertía en un texto de referencia del periodismo de investigación.




Mientras en la antigüedad griega la elegía es un poema que se centra en la lamentación por algo que se ha perdido (la ilusión, un sentimiento, el tiempo o un ser querido), el treno y el epicedio son en sí cantos fúnebres.
El treno (del griego thrênos, lamento) es una lamentación fúnebre con acompañamiento musical y un coro que se entonaba sin la presencia del muerto, mientras que el epicedio, con características similares, se hacía ante el cuerpo del fallecido. Cuando el texto del epicedio se escribía posteriormente sobre una lápida se denominaba epitafio, término que, sintetizado en una frase, ha pervivido hasta nuestros días.
Los escasos trenos que se conocen en la actualidad provienen del siglo VI a. C. gracias a los poetas Píndaro y Simónides de Ceos, dedicado el de éste último a glosar a los espartanos caídos en la batalla de las Termópilas. El treno suele utilizar el lamento por el fallecido como reflexión moral sobre el destino.

Hatsuyo Nakamura en 1952

Quizá esta entrada sea la primera del blog que recoge la música de un compositor vivo. Krzysztof Penderecki nació en 1933 en Debica (Polonia), ha vivido una guerra mundial, la época comunista en su país junto con el resto de países de la Europa oriental, la caída del Muro de Berlín, la llegada de la democracia a Polonia y la entrada de su país en la Unión Europea. Toda una vida de cambios intensos con la dedicación a la composición musical y a una afición, la creación de un arboreto que recoge especies de todo el mundo. En palabras suyas: "Ha sido una vida interesante. Viví un tiempo excitante debido a los cambios constantes, aunque siempre he intentado ser independiente del contexto que me rodeaba."



Nacido en la católica Polonia, su profunda religiosidad se hace presente en algunas de sus obras como La Pasión según san Lucas (1965). Antes, inmerso en la búsqueda de nuevas técnicas y formas había compuesto Polymorphia, música que se popularizó al utilizarse en las bandas sonoras de El Resplandor de Kubrick y El Exorcista
Pero la obra que nos acompaña en esta entrada es su Treno a las víctimas de Hiroshima (Tren ofiarom Hiroszimy en polaco, Threnody for the victims of hiroshima en inglés), una composición para orquesta de cuerda de 52 instrumentos que, en un primer momento se iba a llamar 8'37'' por la duración de la misma, en un segundo momento sólo Treno, hasta que el autor decidió completar el título. Penderecky, inmerso en plena vanguardia compuso una obra experimental y expresionista cargada de un mensaje humanista radical. Basó la composición no sólo en tonos y semitonos, sino que añadió cuartos de tono para conseguir disonancias mayores de las habituales, logrando una textura musical que predomina sobre las notas individuales. Además, cada instrumentista interpreta con métodos poco convencionales que van desde la elección de distintas técnicas o buscar grados de vibrato irregulares y otras manipulaciones con los instrumentos que obligaron al compositor a inventar anotaciones inexistentes hasta entonces. Todo, en conjunto, genera una música profunda y dramática que provoca en el oyente una impresión solemne a la par que catastrófica.
En 1964 Penderezky escribió las siguientes palabras:



De las muchas versiones que hay en la red me parece oportuno enlazar una interpretación en directo, evitando las que colocan imágenes de fondo, para realzar la autenticidad la música.
Se trata de una actuación que la Finnish Radio Symphony Orchestra ofreció en el Helsinki Music Centre en marzo de 2015 bajo la dirección de Krzystof Urbanski


La música pone en evidencia los gritos, la confusión, lo irracional e inexplicable de la situación, realzando el efecto dramático del Treno. Una composición para no olvidar.




Cuarenta años después de la publicación de Hiroshima, John Hersey volvió a Japón e hizo un seguimiento de los seis personajes de los que habló en el libro, añadiendo un emocionado capítulo final.



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Páginas web interesantes:
  • http://cincuentopia.com/hiroshima-john-hersey/
  • http://www.ladeliteratura.com.uy/sala/complementos/peantreno.pdf
  • https://www.vanguardia.com.mx/articulo/quien-es-john-hersey
  • https://www.abc.es/cultura/cultural/abci-penderecki-quiero-recordado-como-hombre-honesto-creia-hacia-201801140159_noticia.html
  • http://filarmonicabogota.gov.co/krzysztof-penderecki-compositor-revolucionario-escribe-lo-divino-lo-humano/
  • http://www.elmundo.es/cultura/2016/07/07/577d556eca4741ec638b46ea.html
  • https://en.wikipedia.org/wiki/Threnody_to_the_Victims_of_Hiroshima
  • https://es.wikipedia.org/wiki/Treno_a_las_V%C3%ADctimas_de_Hiroshima

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