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¡Vaya forma absurda de morir!

La muerte es consustancial a los seres vivos. Vida y muerte son realidades y conceptos antagónicos que en ningún caso se excluyen. El concepto de vida no se entiende sin el de muerte desde los primeros albores de la humanidad. 
Entendiendo que la vida transcurre entre el nacimiento hasta la muerte, se han elaborado diversos razonamientos entre los que la situación ideal es una vida larga, completa en el sentido de que la persona desarrolle sus capacidades, propósitos y posibilidades de forma completa para llegar a una feliz ancianidad en el que su vida finalice sin mayores sufrimientos. Todo lo demás, son alteraciones y variantes sobre esta idea utópica.
Pocas palabras tienen un sentido más apropiado y a la vez más particular que el término accidente. Proveniente del latín accidens, accidentis, es el presente participio de accedere (suceder) y ad + cadere (caerse).
El Diccionario de la R.A.E. lo define en su primera acepción como:

Accidente: 1. m. Suceso eventual que altera el orden regular de las cosas.

A partir de esta acepción se derivan todas las demás en los términos que solemos darle a esta palabra.

No todo el mundo tiene la posibilidad de desarrollar y tener una larga existencia en el sentido mencionado anteriormente y son muchas las personas que han encontrado la muerte antes, en ocasiones por alguna enfermedad, en otros casos a través de lo que podemos denominar de forma accidental.
Se da el caso de muchos creadores que han acabado su vida dejándola doblemente inacabada, por una parte, su existencia vital, más allá de las creencias de cada persona; por otra, una obra inconclusa que podría haber tenido una continuación en unos momentos de mayor madurez creativa.
Algunos de estos artistas fallecieron de forma totalmente accidental, en algunos casos de forma extraña, finalizando inesperadamente sus vidas de manera real e inmerecidamente absurda y grotesca, si no fuera por la carga de tragedia que esta supone. Una vida marcada por el pensamiento y su difusión puede acabar en algunas ocasiones de forma ciertamente ridícula e inverosímil como colofón a una existencia que se podría denominar como ilustre y escelsa. 
Te invito a conocer de qué forma tan peculiar, absurda e inesperada fallecieron algunos grandes creadores, dejando su vida y su obra inacabadas. Nos acompañan Esquilo, Lully, Bacon, Chausson, Camus e Isadora Duncan. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Gustav Klimt, La muerte y la vida (detalle)
Predecesor de Sófocles y Eurípides, Esquilo forma con ellos la trilogía de los creadores del teatro griego, siendo él el primero en darle la forma definitiva que adquirió.
Tanto el teatro como la poesía y la filosofía griegos surgieron a partir de la vida diaria. La poesía como forma de relatar acontecimientos vividos siguiendo hechos reales más o menos idealizados, sin acercarse a la interiorización lírica con que la conocemos desde más adelante. La filosofía surgió como forma de entender y afrontar la vida, más allá de razonamientos metafísicos posteriores. El teatro, que cristalizó a partir de Esquilo partía también de la realidad cercana, mostrando la relación entre  la vida y la muerte, el individuo y la comunidad. Las artes no eran para estetas o coleccionistas, sino que estaba integrada en la vida diaria de los griegos.

Guerrero además de escritor, Esquilo se preciaba de haber participado, entre otras, en las batallas de Maratón y Salamina, viviendo uno de los períodos de grandeza de Atenas.
Tras su primer éxito en el teatro con Los persas (472 a.C.), realizó un viaje a Sicilia donde acabaría instalándose años más tarde. Llegó a escribir alrededor de noventa obras de las que tan sólo se han conservado completas siete. Se le considera el fundador de la tragedia griega al introducir un segundo actor, que le permitía independizar el diálogo del coro.
Esquilo puso en escena los grandes mitos de la Grecia antigua mostrando en sus obras la dependencia del hombre de un destino superior, incluso a la voluntad de los dioses, la fatalidad que ordena la naturaleza y ante la que los actos individuales no tienen poder. Su teatro muestra las diferencias culturales entre las creencias religiosas ancestrales y las nuevas ideas del pensamiento filosófico y democrático.
Entre sus obras que nos han llegado se encuentran la citada Los persas, Orestiada (o Agamenón), Las céforas, Las euménides, Las suplicantes, Los siete contra Tebas y Prometeo encadenado, aunque de esta última se tienen dudas de su autoría.

Recogida en diversas publicaciones, las Tragedias de Esquilo, nos acompaña un texto de la primera tragedia que hizo que su nombre fuera conocido, Los persasEn él aparece el espectro de un personaje, la sombra del fallecido rey persa Darío que dialoga con el Corifeo, el personaje que se situaba en el escenario y que dirigía al coro, lo interpelaba o hablaba en su nombre al protagonista con el que actuaba. También se dirige a la reina, su viuda y madre de Jerjes y a los ancianos a quienes aconseja sobre la vida.


A Esquilo, según cuenta Valerio Máximo en sus nueve volúmenes de los Hechos y dichos memorables, le vaticinó el Oráculo de Apolo en Delfos que tendría una muerte horrible al caérsele una casa encima. Creyente en el oráculo como sus contemporáneos, decidió abandonar su vivienda y vivir a la intemperie para evitar que le cayeran los muros o el techo en el momento más inesperado.

Gela (Sicilia), 456 a. C. Mientras paseaba por el campo un águila que había cazado una tortuga la dejó caer contra el suelo para romper el caparazón y poder comérsela. La mala suerte hizo que cayera sobre la cabeza de Esquilo provocándole una fractura del cráneo que acabó con su vida.
La realidad fue más tozuda que la prudencia y, para un escritor como Esquilo, la muerte, improbable, absurda y ridícula, vino travestida de imagen literaria, como él había hecho con sus tragedias. Y el oráculo tuvo razón, fue una casa, la de la desgraciada tortuga la que le provocó la muerte.



Quizás una de las muertes más genuinamente estúpidas, absurdas y conocida sea la del compositor, director y bailarín Jean-Baptiste Lully
De modesto origen italiano, Lully llegó a ser el músico más importante de la Francia de Luis XIV, tratando de su persona y la del monarca en El baile del Rey Sol, además de colaborar en las comedies-ballets con Molière. Durante el tiempo en que tuvo los favores del monarca más bailarín de la historia, el compositor llegó a acaparar un poder inmenso como director de la Académie Royale de Musique y logrando que por cada obra musical que se imprimiera en el reino, recibiría una parte de los beneficios.
Su figura cayó en desgracia tras el fallecimiento de la reina Marie Thérèse y la llegada de la nueva amante del monarca, Madame Maintenon que alertó a Luis XIV de la vida disoluta del músico y sus encuentros homosexuales, mal visto que se conocieran de forma pública en la época. 
Para congraciarse con el monarca, Lully compuso su última ópera, Roland, a cuyo estreno no acudió el rey, enviando a su hijo el Delfín a la misma.
Tras una enfermedad del rey, Lully vio el momento de celebrar la recuperación de su salud arreglando el Te Deum que había estrenado en 1678 e interpretarlo para el monarca con los 300 músicos de la corte.
Así, el 8 de enero de 1687, en la iglesia Des Pères Fauillants dirigió el Te Deum de la misma forma en que lo hacía habitualmente: dirigiendo la orquesta, no con una batuta, sino con un largo bastón ricamente ornamentado con el que golpeaba el suelo para indicar el compás.
No se conoce en qué momento del Te Deum ocurrió, pero dirigir a tantos músicos en una iglesia barroca con la reverberación y ampliación de sonido que suelen tener estos templos hubo de hacer que sus movimientos para llamar la atención de los músico fueran enérgicos en exceso. El caso es que se golpeó en el empeine con el extremo del bastón, haciéndose una herida.

Para ponernos en situación, nos acompaña el inicio de este Te Deum (LWV 55) en su primer número, la introducción  seguida de Te Deum Laudamos con le Choeur de Chambre de Namur, el tenor Thibaut Lenaerts, las sopranos Sophie Junker y Judith van Wanroij, los contratenores Mathias Vidal y Cyril Auvity y el bajo Alain Buet, la Millenium Orchestra y la Capella Mediterranea al continuo, todos dirigidos por el español Leonardo García Alarcón, en un concierto que se llevó a cabo en el Château de Versailles en 2018.


París, 22 de marzo de 1687:   falleció por las complicaciones de la herida, en lo que se puede denominar un accidente laboral, el primero y, seguramente único, caso en que un director de orquesta fallece a causa del objeto con el que está dirigiendo.
La situación no habría llegado a mayores si, a sus cincuenta y cuatro años, no se hubiera infestado al no querer que lo atendiera un médico en un primer momento. Más adelante, la infección acabó en gangrena y se habría solucionado con la amputación del dedo afectado, pero Lully era bailarín y no consintió en tal medida, menos aún cuando debió amputarse la pierna entera por el avance de la gangrena. 



Uno de los hombres más destacados de su tiempo, Francis Bacon (Strand, cerca de Londres, 1561) fue abogado, historiador, escritor, político, científico y filósofo. Junto con Descartes ha sido considerado uno de los iniciadores de la filosofía moderna.
Tras asistir unos años al Trinity College, estuvo en Francia bajo la protección del embajador inglés, hasta que volvió para estudiar jurisprudencia. Al finalizar comenzó su carrera política como miembro de la Cámara de los Comunes, aunque sin ocupar cargos importantes al adoptar posiciones independientes y críticas con la corte. Con Jacobo I, sucesor de la reina Isabel, ejerció como Fiscal del reino y consejero privado del rey quien le confió el cargo más alto en la corte, Canciller del reino.
Las envidias que levantaron su rápida trayectoria acabaron en un juicio por soborno y abuso de autoridad que concluyó despojándole de todos los cargos y encarcelado en la Torre de Londres.
A partir de este momento comenzó sus estudios filosóficos y científicos, retirándose a sus posesiones en Highgate cuando quedó libre para dedicarse a sus trabajos intelectuales. 
Su pensamiento filosófico se centra en desarrollar el método deductivo enfatizando la importancia de la comprobación experimental sobre la teoría. En Novu Organum expuso una lógica que se oponía ala aristotélica, rechazando el método deductivo frente a la citada experimentación. Bacon defendía que la ciencia podía acabar con las supersticiones y las falsas creencias.
De entre sus obras, escritas en latín e inglés, dos se publicaron de forma póstuma. La Nueva Atlántida, en la que muestra su faceta humanista y Selva de selvas, un tratado científico.
Publicados por primera vez en 1597, Essays or Counsels Civil and Moral (Ensayos o consejos políticos y morales) con diez reflexiones, ampliándose más adelante a 28 y posteriormente con 58 ensayos en la edición londinense de 1625. 
Nos acompaña uno de estos ensayos relacionado con el tema de la muerte. Escrito en 1616, una década antes de su fallecimiento, con multitud de referencias en latín que he anotado entre paréntesis, Bacon nos acerca desde distintos puntos de vista a ese tema con sus reflexiones a partir de las ideas que se mantenían en la época. 


Highgate, 9 de abril de 1626. Su fallecimiento le vino a causa de sus reflexiones sobre la congelación de los alimentos como forma de conservación de los mismos.
A mediados  de marzo, Sir Francis Bacon se dirigía a sus posesiones cuando, observando la nieve acumulada, pidió a sus compañeros de carruaje que le consiguieran un animal de una granja cercana. Cuando llegaron con un pollo, pidió que lo sacrificaran y desplumaran y estuvo toda la tarde excavando un agujero en la nieve para comprobar la conservación de la carne entre el frío, bien en el suelo, bien en un saco al que echó nieve en el fondo, puso después el animal y terminó cubriéndolo con más nieve. 
Al finalizar pidió ayuda para levantarse alegando que había cogido frío. El enfriamiento se agravó al cabo de unos días y acabó complicándose en una pulmonía. No volvió a levantarse de la cama, falleciendo el 9 de abril, según comentaron sus conocidos en esas simplificaciones que se suelen realizar -una suerte de falacia- a causa de un pollo.


La palabra accidente la tenemos asociada desgraciadamente a los que suelen ocurrir relacionados con los automóviles y el tráfico, algo cada vez más común desde la aparición de los vehículos a motor a comienzos del siglo XX y que, en nuestros días, es fuente de preocupación para las autoridades de tráfico y en los diseños de dispositivos de seguridad en los fabricantes. Pero es más extraño encontrar este tipo de accidentes en el siglo XIX.
Nacido en París en 1855, Ernest Chausson fue un compositor seguidor de las ideas musicales de Wagner y Richard Franck. Su interesante obra, no muy amplia, es fiel reflejo de la producción del romanticismo francés de su tiempo, destacando entre ellas el Poème para violín y orquesta, su Sinfonía y la ópera El rey Arturo.
Sobre su producción llegó a manifestar: «Hay momentos en los que me siento impulsado por una especie de instinto febril, como si tuviera el presentimiento de ser incapaz de alcanzar mi objetivo, o de conseguirlo demasiado tarde».

Nos acompaña una de sus últimas obras, Chanson perpétuelle, Op. 37, una composición de 1898 para soprano y quinteto con piano, con versión para orquesta basada en un poema de Charles Cros.
La interpretación corre a cargo de la mezzo-soprano Victoire Bunel, la pianista Sarah Ristorcelli y el Quator Elmire en el concierto Generatios France Musique realizado en abril de 2019


Limary, 10 de junio de 1899. Yendo a su casa en una de esas bicicletas de finales del XIX, Chausson perdió el control de su vehículo y chocó contra el muro de su posesión rompiéndose el cráneo y falleciendo al instante con tan solo 44 años. Sin duda se trata del primer -¿y único?- compositor fallecido en accidente de bicicleta.


Renovadora del ballet clásico, Isadora Duncan (San Francisco, 1877) luchó contra la falta de naturalidad y el encorsetamiento del ballet clásico, con sus tutús y las puntas. Así se inspiró en las ménades griegas y sus movimientos arqueando el cuerpo o las pinturas renacentistas como La primavera de Boticcelli
Estrenada en 1968, Isadora es una película dirigida por Karel Reisz que recrea la vida de esta bailarina interpretada por Vanessa Redgrave. El enlace que nos acompaña muestra un repertorio de algunas de las danzas que se incluyen en el film y que, a partir de músicas de las más clásicas de compositores como Beethoven, Schubert, Chopin, Borodin o Tchaikovsky muestran sus revolucionarias formas de interpretar.


Con cincuenta años, sus revolucionarios triunfos habían quedado atrás y llamaba más la atención por su tumultuosa vida social.
Niza, 14 de septiembre de 1927. El pequeño y lujoso Almircar CGSS conducido por Benoit Falchetto paró en el Paseo de los Ingleses donde un grupo de amigos bailaban. Se subió Isadora con su vestido rojo y un larguísimo foulard de seda rodeando su cuello que oscilaba al ritmo de sus movimientos  Al despedirse de sus amigos exclamó: «Au revoir, mes amis, je vais à l'amour?» (¡Adiós, amigos, voy al amor!).
El coche recorrió unos metros hasta que el conductor frenó a oír los gritos de los espectadores que presenciaron el breve trayecto. El foulard que había ido ondeando se había enganchado en la rueda trasera oprimiendo el cuello de Isadora hasta estrangularla y arrojando su cuerpo contra la calzada. Falleció al instante.

Nos acompaña la breve escena de la película Isadora en que se recrea este fatal acontecimiento en el que Reisz mezcla la tragedia con la alegría desenfrenada de los compañeros de baile, incapaces de pensar que no asisten a una representación.


Se calcula que cada año fallecen aproximadamente 1.350.000 personas en accidentes de tráfico en todo el mundo, una cifra que crece por el aumento exponencial del parque móvil y disminuye lentamente por las campañas de concienciación, las mejoras en las vías de circulación y la cada vez mayor seguridad en los vehículos. Aún así, un sólo accidente ya es más de lo que deberíamos permitir.

Isadora Dundan
Albert Camus (Mondovi, Argelia, 1913), nació en una modesta familia de emigrantes franceses en Argelia y comenzó a ser conocido en Francia con su novela El extranjero y el ensayo El mito de Sísifo en las que muestra su influencia del existencialismo. Durante la Segunda Guerra Mundial militó en la Resistencia y fue uno de los fundadores del periódico clandestino Combat que llegó a dirigir. Además de estrenar El malentendido y Calígula en el teatro, publicó La peste, la novela que supuso un giro en su pensamiento al plantear que la solidaridad y la resistencia ante la tragedia supera a la idea de lo absurdo de la existencia.
En sus obras aparecen con frecuencia reflexiones sobre la muerte que reflejan con fuerza su sentido trágico como la única fuerza con poder para destruir la vida de cualquier persona en el momento más inesperado, como filosofía del Absurdo«Lo absurdo impone a la muerte, es necesario dar a ese problema prioridad sobre los otros, al margen de todos los métodos de pensamiento».



Nos acompaña el inicio de El extranjero  en el que se narra con una escueta frialdad el conocimiento de la muerte de su madre y los pasos que lo siguieron. 


Con una enfermedad respiratoria incurable, la muerte de Albert Camus entra dentro de la categoría de accidente con las nefastas connotaciones a las que nos estamos acostumbrando: el dramatismo de la escena, la tragedia de la vida segada antes de tiempo y la pérdida de la obra que queda sin finalizar. A su fallecimiento se suele añadir un comentario que acrecienta el halo trágico aún más si cabe. 
El tres de enero de 1960 los periódicos franceses publicaban la muerte de Fausto Coppi, el ciclista que había ganado en cinco ediciones del Giro de Italia. Erróneamente atribuían su fallecimiento a un accidente de auto, cuando en realidad había sido a causa de la malaria. Desconociendo esta circunstancia, Camus comentó a sus allegados: «No conozco nada más idiota que morir en un accidente de auto».
Carretera en la Borgoña cerca de Villeblevin, 4 de enero de 1960. Michel Gallimard, su esposa, su hija y Albert Camus tienen un accidente de coche al reventar una rueda en una recta y chocar consecutivamente con dos árboles. El choque con uno de los árboles fue tan violento que el vehículo se partió en tres pedazos. El cuerpo de Camus fue a parar a los asientos posteriores falleciendo en el acto. El editor Galimar estuvo ingresado de gravedad un tiempo, mientras su esposa e hija apenas si tuvieron unas contusiones. El absurdo de la muerte se unió al comentario de la víspera.


Finaliza esta publicación sobre la muerte absurda de algunos escritores y músicos con un documento gráfico histórico: un reportaje sobre el accidente en el original francés donde se muestra brevemente cómo sucedió.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Esquilo. Tragedias, Editorial Gredos, Ebook. ISBN: 9787424998356.
  • Bacon, Sir Francis. Ensayos, tracuddión de Gonzalo Torné de la Guardia. Galaxia Gutenberg S. L. (2023). ISBN: 9788419738493.
  • Camus, Albert. El extranjero, Editorial DeBolsillo. ISBN: 978846635138.

Los Triunfos: De Petrarca a Händel

Vivimos en una época en que la percepción de nuestra existencia está cada vez más desdibujada. Apreciamos más el tener que el ser, lo bello que lo profundo, mientras que la con(s)ciencia el paso del tiempo, tanto en nuestra propia vida como en la de la humanidad a la que pertenecemos, está difuminando sus contornos. 
Paradójicamente, en esta época de cambio constante, con las relaciones sociales cada vez más inconsistentes, el tiempo de la modernidad líquida que describe Bauman, es el momento en que la sociedad persigue vivir en un presente continuo y eterno. 
Aunque nos parezca que son problemas única y exclusivamente de nuestro tiempo, podemos advertir que forman parte de la condición humana dirigiendo nuestra mirada a diversas obras de épocas diametralmente distintas. 
El tiempo, la belleza, el placer o el desengaño según Händel por un lado, junto al amor, la muerte, la fama o el tiempo de Petrarca por otro, nos acercan a reflexionar sobre nuestra existencia.
Te propongo unas reflexiones entre letras y músicas sobre conceptos como el paso del tiempo, la fama, el placer o la belleza con obras de Petrarca y Händel y que tienen vigencia en nuestros días. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! 


Considerado uno de los más grandes compositores ingleses, pese a haber nacido en Halle (Alemania), Georg Friedrich Händel forma parte de un selecto grupo de músicos cuyas obras con conocidas por todo tipo de público. Quién no reconoce o ha entonado alguna vez melodías como el Aleluya de su oratorio El Mesías, o ha escuchado -sepa de donde provienen o no- algunas arias de sus óperas o los himnos de coronación que se siguen interpretando en ocasiones solemnes en el Reino Unido.
La obra que sirve de eje central a esta publicación es una de sus primeras incursiones dentro de la música vocal: Il trionfo del tempo e del (disinganno (El triunfo del tiempo y del desengaño), una obra que compuso durante su estancia italiana y que estrenó en Roma en el verano de 1707.
Escrita en forma de oratorio a partir de un libreto del cardenal Benedetto Pomphili e inspirado en Los triunfos de Petrarca, es una alegoría moral sobre la brevedad que poseen la belleza y los placeres de este mundo en un diálogo en el que intervienen cuatro personajes: La Belleza, el Placer, el Tiempo y el Desengaño.
La primera música que nos acompaña es Il voler nel fior degl'anni un dúo en el que la Belleza y el Placer entretejen consideraciones en una composición en estilo tripartito, en la que la primera y tercera parte, iguales, alternan con una segunda meditativa y en tiempo de andante. 


La interpretación está grabada en vivo en el Festival de Aix-en-Provence en julio de 2016 con las voces de Birgitte Christensen como el PlacerAnn Hallenberg como la Belleza dirigidas por Giovanni Antoninni.


El texto que proporcionó Pomphili al joven Händel estaba inspirado, como decíamos, en Los triunfos, una obra escrita por Petrarca más de trescientos cincuenta años antes.
Los triunfos como género provienen de la literatura clásica, especialmente los etruscos, griegos y romanos, y consistían en obras que tenían por objeto conmemorar una festividad, la grandiosidad e importancia de un dios o la entrada triunfal de un general tras la victoria, asó como la descripción de su desfile victorioso. Más adelante Ovidio introdujo un giro ideológico, al presentar a Cupido como alegoría de un jefe guerrero con el atributo de sus flechas en el campo amoroso, que desvía el objetivo primigenio de los triunfos hacia el cambio hacia otros aspectos como el goce del amor carnal.
Entre las cartas encontradas a la muerte de Francesco Petrarca se hallaron incompletos y con muchas correcciones los textos de Los TriunfosEscritos, posiblemente a parir de 1352 y quedando incompletos, Ls Triunfos fueron publicados y tuvieron gran éxito. Los cantos están dedicados a glosar los respectivos triunfos de Amor, de la Castidad, de la Muerte, de la Fama, del Tiempo y de la Divinidad.
El primero de los Triunfos de Petrarca está dedicado al Amor. En su inicio nos evoca, por un lado, el mencionado triunfo de Ovidio que dedica a Cupido; por otro lado, al comienzo de la Divina Comedia en que Dante se encuentra con Virgilio quien le acompaña en su viaje por el Infierno y el Purgatorio. Así, el comienzo del primero de los tres cantos que Petrarca dedica a Amor comienza con la singular aparición de Cupido, general, más que dios, del amor.
La versión que nos acompaña corresponde a la traducción que hiciera a nuestro idioma Antonio de Obregón y que fue publicada en Logroño en 1512, por lo que el lenguaje, la sintaxis y las expresiones contrastan con los que utilizamos en la actualidad. En el apartado bibliografía, webgrafía se puede acceder al texto completo.


Tras pasar su infancia en su Halle natal, donde aprendió a interpretar instrumentos como el órgano, clavecín, violín, oboe y recibir clase de contrapunto y composición de Friedrich Wilhelm Zachow, pasó a dirigir la orquesta de la Ópera de Hamburgo hasta que cumplió los veintidós años. Viajó entonces a Italia donde estuvo entre 1707 y 1710 estudiando y representando algunas de sus composiciones.
Regresó a su país de origen para ocupar el cargo de Kapelmeister del Príncipe elector de Hannover, quien lo instó a realizar una gira por Inglaterra, donde conocería el éxito con su ópera Rinaldo
Cuando el príncipe elector de Hannover fue coronado como George I de Inglaterra, Händel se estableció en el país donde llegó a triunfar con sus obras, adquiriendo la nacionalidad británica, fundando la Royal Academia of Music y siendo considerado el más grande compositor inglés de la época.

Triumphus Cupidinis (El Triunfo del Amor). Códice Vitr. 22-4, Biblioteca Nacional
Nos acompaña a continuación una de esas piezas que tanto abundan en la música del Barroco, el aria de Belleza Un pensiero nemico di pace, de nuevo un aria da capo, con sus tres partes y la repetición de la primera a modo conclusivo, un aria de bravura, con sus partes bien diferenciadas, la primera y tercera marcadas con la indicación de Allegro y la segunda con la de Moderato, y en la que podemos observar que el breve texto tiene un desarrollo más amplio y espectacular con la música de Händel.


La interpretación pertenece a la misma producción anterior y corre a cardo de la soprano Sabine Devieilhe acompañada de Le Condert D'Aatrée y la dirección de Emmanuelle Halm.


También se muestra la influencia de Dante en Los Triunfos de Petrarca en la métrica, formada a base de tercetos endecasílabos encadenados al estilo del autor de la Divina Comedia, en que riman los versos 1 y 3 de cada terceto, mientras el 2 para a rimar con el 1 y 3 del terceto siguiente y así hasta completar cada uno de los cantos.
El éxito de la obra en nuestro país se  debe a traducciones de Alvar Gómez (alrededor de 1510, casi siglo y medio después de ser escritos) y Antonio de Obregón, cuya traducción estamos siguiendo en esta publicación, de 1512. En esta última con versos que alternan las quintillas dobles con los octosílabos en lugar de los endecasílabos originales, en una traducción que se haya a camino entre las formulas medievales y las renacentistas. Además esta y otras versiones de su época seguían la traducción textual, casi palabra por palabra, aunque intentando respetar el contexto original con la inclusión de expresiones italianizantes en nuestro idioma.
En Los Triunfos de Petrarca predomina la idea de que Amor triunfa sobre todos los hombres acercándonos a un elenco de amantes famosos en los tres cantos dedicados a él. Mas también triunfa la Castidad sobre el Amor, quien es a su vez vencido por la Muerte. Sobre esta última triunfa la Fama, con sus tres cantos también con célebres personajes, quien es vencida a su vez por el Tiempo, que se erige como una segunda muerte por el olvido. Finalmente, el último canto está dedicado a la Eternidad, que vence y domina a todos. 
Esta suerte de poema alegórico entre lo profano y lo religioso se ve influenciado por dos presencias, la del propio Petrarca que se muestra como protagonista en ellos y la de quien es su musa omnipresente en toda su producción literaria, su amada Laura, el eje de toda su obra, quien al acercarse a la muerte se transforma en una visión de la belleza pura.

El Triunfo del Amor. Copia francesa de Los Triunfos de Petrarca (siglo XVI).
Los Triunfos alcanzaron una gran difusión y popularidad, especialmente el Triunfo del Amor gracias a su gusto medieval, la erudición con que está escrito y la carga alegórica que posee, alcanzan su fama hasta el periodo renacentista, donde influyó en un gran número de poetas.
El siguiente texto pertenece al tercero de los cantos de El Triunfo de Muerte, en el que el propio Petrarca recibe la presencia de tan señalado personaje -«quien nunca yerra» la llega a denominar- y la conversación que entabla con ella.


Para acercarse a la historia de cómo llegó a componer Händel Il Trionfo del Tempo e del Disinganno hay que remitirse a  uno meses antes, cuando el joven compositor arribó en su viaje por Italia a Roma, donde llamó la atención de los aficionados a la música, pertenecientes en su mayor parte, a los altos estamentos sociales. Allí fue protegido por algunos mecenas como los cardenales Pamphili y Ottoboni y el marqués Ruspoli, además de crear amistad con Arcangelo Corelli y Doménico y Alessandro Scarlatti, quienes influyeron en su formación.
El hecho de recibir el libreto y el encargo de Pamphili para componer un oratorio y no una ópera tiene su explicación, ya que estas están prohibidas en Roma por  el papa Clemente XI, Así, la obra compuesta por Händel es una sucesión de recitativos, arias da capo, dúos y cuartetos que se han llegado a llevar a los escenarios en bastantes ocasiones como si se tratara de una obra escénica.

El aspecto alegórico, inspirado en la obra de Petrarca se mantiene con una serie de imágenes y reflexiones sobre temas que nos afectan en todo momento. A continuación nos acompañan dos arias seguidas. Por un lado, el aria Nasce l'uomo ma nasce banbino cantada por el Tiempo, a la que sigue, dentro de la misma reflexión el aria del Desengaño L'uomo sempre se stesso distrugge. ¿Pueden tener cabida en nuestro pensamiento actual?

La interpretación de estas arias corresponde al tenor John Elwes como el Tiempo y la mezzosoprano Nathalie Stutzmann como el Desengaño en una grabación para el disco Hándel Edition. Volume 2 - Il Trionfo del Tempo, Teseo, Amadigi, publicado por Erato Classics S.N.C. en 1988 con Les Musiciens du Louvre con la dirección de Mark Minkowsky.


Igual que Dante en su Divina Comedia, Petrarca se erige en protagonista de su obra, siendo el eje sobre el que gira la misma en una suerte autobiografía idealizada en la que bosqueja su personalidad y la imagen que  desea legar de poeta innovador, humanista e intelectual. También refleja su gusto por la antigüedad clásica a la que eleva por encima de otras consideraciones. 
Sus Triunfos, aunque nos hayan llegado incompletos, poseen un resorte narrativo en el que unas fuerzas se imponen cada vez sobre la anterior, hasta llegar a la eliminación de todas con el único triunfo que cuenta realmente para el autor: el de la Eternidad, en una lucha entre fuerzas naturales y trascendentes que finaliza con la destrucción de cuanto es terrenal a favor de la visión celestial.

Carátula de Il Trionfo del Tempo e del Disinganno
El cuarto de los Triunfos de Petrarca está destinado a la Fama que se haya dividido en tres cantos. El texto que nos acompaña pertenece al tercero de estos cantos y en él, el admirado Petrarca se encuentra con aquellos héroes de la literatura y del pensamiento que transitaron por a antigüedad clásica y gozan de eterna fama. 


Es sorprendente que un compositor como Händel con poco más de veinte años haya sido capaz de realizar una obra de arte con un dominio tan grande de las técnicas musicales imperantes en su época. 
El texto de Pamphili es una alegoría moral sobre la brevedad de la belleza y de los placeres y esta Belleza se erige en el personaje central, situándose al inicio de la obra al lado del Placer, aunque la constante influencia del Tiempo y el Desengaño la irán dirigiendo hacia la verdad, a la presencia de Dios, según el esquema de la época.

Ilustración Triumphus Fame. Bibliothèque Nationale de France, París.(ca.1503)
Nos quedamos a continuación con otra de las intervenciones de la Belleza, Venga il Tempo, un aria más reflexiva y menos agitada que las anteriores que se inscribe dentro del estilo barroco que Händel llegó a sublimar.


La interpretación corresponde a la soprano francesa Natalie Dessay acompañada de nuevo por Le Condert D'Aatrée y la dirección de Emmanuelle Halm.


Pese a que su obra más popular y conocida de Petrarca sea el Cancionero, una obra lírica formada por más de trescientos poemas, la mayoría de ellos sonetos, Los Triunfos comparte con ella el haber sido escrita en el dialecto italiano toscano, frente al resto de obras escritas en latín.
La influencia de Petrarca y su amor por Laura trascendió las fronteras italianas para llegar a lugares como nuestro país donde alcanzó un gran predicamento y popularidad. El uso de sonetos y el recurso del amor platónico hacia un personaje idealizado, en este caso Laura, influyó sobre  los escritores hispanos.
Pero esta influencia creció con la publicación, siglo y medio más tarde de los Triunfos, especialmente en escritores como Jorge Manrique, el Marqués de Santillana o el Canciller López de Ayala.
Nos despedimos de la obra de Petrarca con un extracto de los poemas dedicados al triunfo del Tiempo, del que conocemos un solo canto. Ya inmersos en pleno desarrollo argumental, Petrarca comienza este extracto mencionando una frase que oyó, según la cual, la fama es como un poco de sereno en el invierno que se deshace con un poco de niebla, según lo cual el tiempo excesivo es un gran enemigo de la fama. 
Con estos versos finalizamos la mirada a la influencia que la obra de Petrarca tuvo en el oratorio de Händel.


Tras seguir en esta entrada del blog la relación entre esta obra de Händel y los Triunfos de Petrarca, inspirados a su vez en los del periodo clásico, tendrá una continuación en una nueva publicación, En esta ocasión, estará relacionada con algunas piezas de la obra de Händel que pertenecen, en su gran mayoría a la segunda parte de la obra, y entre las cuales se encuentra una de las piezas más conocidas del compositor. También habrá una referencia a las versiones que el propio Händel realizó y una mirada a nuestro tiempo, en la que recogeremos textos recientes que enlacen esta obra con nuestra actualidad para comprobar que algunas obras tienen vigencia más allá del tiempo en que fueron creadas.

La primera de las dos partes en que se divide El triunfo del Tiempo y del Desengaño finaliza con un cuarteto entre los protagonistas de la obra.
Tras un breve recitativo entre el Desengaño y el Tiempo, comienza el cuarteto Se non sei più ministro di pene en el que los cuatro personajes desarrollan sus argumentos, bien al unísono, bien en dúos.
El breve recitativo en que se dirigen a la Belleza y que da pie al cuarteto se desarrolla de la siguiente forma:

Desengaño: El reino del Placer has visto, ahora ven.
Tiempo: Busca un placer auténtico / Ve al reino donde reside la verdad.
 

El enlace que nos acompaña pertenece a una representación con la Gabrielli Consort & Players dirigidos por Paul McCreesh en el Festival de Beaune de 2010. Realizada en el formato original como oratorio en que Händel la estrenó, han tenido el detalle de distribuir a los cantantes a ambos lados del director, con el Tiempo y el Desengaño con ropajes negros, mientras la Belleza y el Placer lucen atuendos coloridos, más acordes con su condición.
La interpretación corre a cargo de las sopranos Rebecca Bottone y Renata Pokupic, como Belleza y Placer, la mezzosoprano Romina Basso como Desengaño y el tenor Roman Colett en el rol de Tiempo.

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Bibliografía y webgrafía consultadas: