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#ViajedeOtoño: Un paseo por Egipto

Hay veces que parece que el tiempo juega a adelantarse o a retroceder. En algunos momentos nos da la impresión de que lo anterior es más nuevo o, por decirlo de alguna manera, más civilizado que lo que es reciente o actual y, al contrario, lo que ahora ocurre se nos antoja atrasado, bárbaro o caduco y, en ocasiones, incluso se nos antoja atemporal.
En esa entrada del #ViajedeOtoño te propongo un paseo por las tierras que recorren el Nilo, un viaje hacia atrás y hacia adelante en Egipto, desde el antiguo al actual. Nos acompañan en el mismo dos autores tan distintos y distantes como lo puedan ser un finlandés y un egipcio, Mika Waltari y Naguib Mahfuz. La música correrá a cargo de uno de los grandes de la historia operística mundial, Verdi y su faraónica obra Aída.
Después del descubrimiento de la cultura egipcia por parte de Napoleón y sus tropas e historiadores, a quién no nos ha llegado a seducir en algún momento el conocimiento de la cultura, la vida y las costumbres de los habitantes del antiguo Egipto, sus templos, pirámides, rituales, la escritura jeroglífica o el uso de papiros, todo ello pasado al imaginario popular a través de libros y películas donde se desarrollaban los conocimientos que se tenían sobre el tema.


Mika Waltari es, posiblemente, el escritor finlandés de más reconocido prestigio, un autor que se movió en distintos géneros literarios, pero reconocido mundialmente por su novela Sinuhé, el egipcio, un relato histórico ambientado en el impero del Akenatón en el que retrata al faraón como el profeta de un dios único y justo, ante la oposición de un grupo sacerdotal corrompido en su poder. Para esta su primera novela histórica estuvo documentándose durante una década, logrando un relato fiel y riguroso al contexto de la narración. Posiblemente no fue su novela más lograda, acaso lo sea El ángel oscuro, otra novela histórica ambientada en el Imperio Bizantino, pero Sinuhé sin duda fue la obra que más popularidad y reconocimiento le ha dado a su autor.

Sinuhé existió en realidad. La historia de este médico se encuentra recogida en varios de los documentos más antiguos que existen de la época de los primeros faraones. Pero no es este el protagonista de la novela, sino que, basándose en el relato conocido, Waltari dibuja un cuadro completo y complejo en el que el protagonista, apartado del mundo en su ancianidad, rememora la historia de su vida como él mismo dice, no para los dioses ni para los hombres, sino para sí mismo.
El texto que nos acompaña nos puede hacer dudar del tiempo en que ocurre. Podríamos presumir de que es actual y sucede en nuestros días, o acaso hace unos pocos decenios. También podríamos pensar que aún no ha llegado el momento en que pueda contarse, pues en muchos lugares de nuestro planeta es impensable un viaje como el que se relata, pese al determinismo de las últimas frases, que muestran el concepto de la época en la rigidez de los estratos sociales. ¿Viajó Sinuhé por unos territorios más seguros que en la actualidad?











Tras este relato que, en alguno aspectos puede ser intemporal, nos movemos entre las intrincadas calles que configuran la cosmopolita ciudad de El Cairo de la mano de un escritor local. Naguib Mahfuz ha sido el primer escritor en lengua árabe ganador del premio Nobel de literatura. Desde que a finales de la década de los años 40 publicara su novela El callejón de los milagros y su Trilogía (formada por Entre dos palacios, El palacio del deseo y La azucarera), que apareció una década después, Mahfuz dedicó su obra a la defensa de los valores universales, la libertad de expresión y la convivencia entre las culturas cristiana y musulmana. El hecho de apoyar el tratado de paz entre Egipto e Israel de 1979 y sus ideas de tipo laico hizo que fuera repudiado por algunos países árabes y llegó a sufrir varios ataques de los cuales perdió movilidad en un brazo, en la vista y el oído.



El callejón de los milagros es una novela por la que transitan personajes como el barbero Abbas, enamorado de la joven Hamida, quien desea casarse con un comerciante rico y otros que pasean sus desdichas y marcan el pulso de las calles, aunque la gran protagonista es la ciudad de El Cairo. De esta novela se hizo la película del mismo nombre, ambientada en México y dirigida en 1995 por Jorge Fons.  


Giuseppe Verdi recibió en 1869 una oferta para estrenar una ópera de ambiente egipcio en el Teatro Italiano de El Cairo. Ismail Pachá, riquísimo soberano de Egipto, esta dispuesto a pagar lo que fuera para que el más grande de los compositores de la época compusiera una ópera para poder competir con el Canal de Suez, un proyecto que Francia le había arrebatado a su antecesor. No fue el dinero, sino un argumento de apenas cuatro hojas, lo que convenció a Verdi de embarcarse en la composición de Aída. En él vio la fascinación por el antiguo Egipto recién descubierto por los europeos, una dramática rivalidad entre Aída y Amneris por Radamés y, posiblemente, una forma de reflejar sus ideas anticolonialistas. Se dedicó a estudiar en profundidad el tema egipcio, asesorándose por grandes expertos. Llegó incluso a emplear, junto a los clásicos instrumentos de metal, algunos nuevos, como las llamadas "trompetas de Aída" que tenían metro y medio de largo, con forma recta y sin pistones, utilizando en el estreno tres afinadas en La y otras tres en Si. Las primeras entonan la marcha al unísono y son contestadas por las otras.


Relieve de Akenatón y Nefertiti, Museo Arqueológico de Berlín


Esta ópera solemne, pero a la vez épica e intimista y apropiada para festivales fue estrenada en 1871 en El Cairo sin la presencia del compositor. Para el estreno en el Teatro Alla Scala de Milán, Verdi se ocupó de todos los detalles, incluidas las joyas de las protagonistas, aumentó el número de músicos para ganar en sonoridad, rebajó el nivel del foso para hundir a la orquesta (hasta entonces, los músicos estaban a la altura del público) y no permitió que entrara nadie al ensayo general. El estreno fue una de las noches de triunfo de Verdi que tuvo que salir a saludar en treinta y dos ocasiones.
Una de las piezas más conocidas y épicas de toda la ópera es la segunda escena del segundo acto en el que se entona el Gloria all'Egipto, una marcha seguida de una poco usual escena de baile. 






El enlace pertenece a una producción del Teatro alla Scala de Milán con la orquesta y coro titulares dirigidos por Lorin Maazel en la que se busca recrear el ambiente y colorido de las ilustraciones que se tenían de Egipto. Sin interpretar en esta escena, podemos reconocer a un joven Pavarotti.


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#ViajedeOtoño: Una góndola en Venecia

Hay ciudades únicas, irrepetibles en su situación, su espacio, su concepto tanto arquitectónico como vital. Son ciudades a las que deseamos visitar, conocer y, a nuestra propia manera, poseer, cuando menos una vez en la vida.
De estas ciudades, Venecia emerge, como ella misma en su laguna, entre las primeras que nos vienen a la mente. Una ciudad de la que todos hemos oído hablar, con sus canales, su Plaza y Basílica de San Marcos, el Palacio Ducal o el Teatro La Fenice. 



En este #ViajedeOtoño te propongo seguir nuestro recorrido por ciudades y lugares adentrándonos en Venecia. Un viaje que nos acerca a la antigua Serenísima República desde distintas vistas, como si se tratara de postales encadenadas a nuestros sentimientos, nuestra razón y nuestros conocimientos de la mano de dos escritores Thomas Mann y Alejo Carpentier y los compositores Vivaldi y Offenbach.



Nos acercamos a Venecia con un libro, una pequeña novela de poco más de un cien páginas del autor alemán Thomas Mann. El escritor, que llenó la vida literaria alemana de la primera mitad del siglo XX con la influencia capital de obras como Los Buddenbrook, una narración que publicó a los 25 años sobre varias generaciones de una familia de comerciantes burgueses del norte del país, La montaña mágica o Doctor Faustus.





Con La muerte en Venecia, que se publicó en 1912, Mann se adentra en la vida del escritor Gustav Von Aschenbach quien, en busca de la inspiración perdida, viaja a Venecia. La peste que invade la ciudad sirve como un símbolo de la decadencia y el ocaso del escritor e, incluso, del desvanecimiento de todo un mundo y un orden internacional a pocos años del comienzo de la Gran Guerra.
En el primero de los textos de La muerte en Venecia Mann nos dibuja la llegada de Aschenbach a la ciudad.



Unas líneas más adelante, una vez desembarcado, nuestro protagonista se traslada al hotel en una góndola, pasaje en que el escritor alemán nos hace sentir por momentos que viajamos en la misma embarcación.


 La novela vivió un nuevo reconocimiento cuando Luchino Visconti la llevó al cine en 1971 en una película en la que modificó algunos datos. El protagonista de Muerte en Venecia, Aschenbach pasa de ser escritor a compositor, buscando el parecido físico entre el actor que lo encarnó, Dick Bogarde, y el compositor Gustav Mahler. También se hicieron coincidir datos biográficos como la muerte de una hija del protagonista y del músico. Una de las señas inconfundibles de esta película es la banda sonora, entre la que destaca el adagietto de la 5ª sinfonía de Mahler. En el siguiente enlace, una versión del movimiento con la dirección de Herbert von Karajan acompaña, no las imágenes del film, sino una visita por la ciudad de Venecia. Si lo deseas, puedes seguir esta pieza en la música de Muerte en Venecia en este enlace: Escena final.
Como anécdota sobre la película se cuenta que cuando oyeron la banda sonora de Muerte en Venecia, un productor de Hollywood propuso que buscaran al músico que la había compuesto y le hicieran un contrato para trabajar con ellos, sin saber que Mahler había fallecido bastantes años antes y no se había dedicado a componer música para el cine.



Otro texto nos acompaña en nuestro viaje por Venecia extraído de una obra del escritor Alejo Carpentier, cubano de adopción y filiación. Entre obras grandes y ambiciosas como El siglo de las luces o El recurso del método, Carpentier alterna con obras como Concierto Barroco, una novela exuberante, una especie de divertimento del autor en la que mezcla algunas de sus pasiones como el conocimiento de la historia y su afición por la música y su indudable gusto por el mestizaje. Narrada como signo de lo real-maravilloso, paralelo al realismo mágico latinoamericano, Concierto Barroco es una obrita que no llega al centenar de páginas con una estructura musical en la que, con la excusa del viaje para asistir en Venecia al estreno de la ópera Moctezuma de Vivaldi, aparecen por la novela el propio compositor y otros coetáneos como Haëndel o Scarlatti. En el texto siguiente, los protagonistas asisten al concierto que tan singulares músicos improvisan en el Ospedale della Pietá del que era compositor de cámara Antonio Vivaldi. El texto está escrito en forma de un tiempo de allegro que, por momentos, llega a ser delirante.



A pesar de ser universalmente conocido como autor de Las cuatro estaciones, una de las obras más representativas de la música barroca, Antonio Vivaldi (el "cura pelirrojo" con que nos amenizaba e introducía en el mundo de la música clásica el carismático Fernando Argenta), llegó a componer varias decenas de óperas de las que actualmente se tienen registradas más de cincuenta de ellas. Son obras que impulsaron el desarrollo de este género musical y al que le dieron un impulso para pasar de los escenarios dominados por la burguesía y los focos del poder económico al gusto popular y a todas las clases sociales, aumentando así el grupo de aficionados a tan completo espectáculo.
Aunque estrenada en Roma, Il Giustino es una ópera de argumento pretendidamente histórico que comienza con la coronación de Anastasio como emperador de Bizancio y su matrimonio con la emperatriz Arianna. Si te interesa, puedes seguir su argumento en el siguiente enlace: Il Giustino.
Bajo el argumento histórico palpitan las pasiones humanas como el amor, la lucha por el poder, el campesino que acaba ascendiendo gracias a su valor y llega a terminar poseyendo la mitad del reino.





De esta ópera que, aunque se estrenó en Roma, posee el más puro estilo veneciano de Vivaldi te enlazo con el aria Vedró con mio diletto interpretada por Philippe Jaroussky, un contratenor que triunfa en el mundo vocal y que se está convirtiendo en embajador de la música del barroco, por ser esta la época en que más obras se compusieron pensando en la voz de castrati. Su interpretación sorprende por su vocalización, su técnica y el gusto con que canta, lo que hace que en la actualidad, Jaroussky sea uno de los cantantes con mayor proyección y prestigio del panorama mundial.


Para terminar nuestro recorrido veneciano, te invito a oír una pieza que ya es un clásico en este blog. En Los cuentos de Hoffmann de Offenbach, el tercer acto (o segundo en algunas versiones), transcurre en un palacio de Venecia con la siguiente indicación del compositor: "En Venecia. Galería de fiestas en un palacio junto al gran Canal. Agua practicable al fondo para las góndolas. Balaustrada, escaleras, columnas lampadarios, arañas, cojines, flores. Puertas laterales en primer término; má lejos, puertas amplias o arcadas en chaflán, que conducen a otras galerías. Los invitados de Giulietta están agrupados de pie o tendidos sobre cojines. Cuadro brillante y animado".




Puedes seguir unas deliciosas versiones en el enlace de este blog en Perspectivas y sensaciones con Offenbach y Savattini.
La versión con la que finalizamos nuestro #ViajedeOtoño a Venecia pertenece a una puesta en escena llevada a cabo en el Royal Opera House del Covent Garden en 1980 en la que Agnes Baltsa interpretaba el papel de Giulietta y Claire Powell el de Niklausse.


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#ViajedeOtoño: La Sevilla de Don Juan

No sólo el viaje nos lleva al corazón del lugar visitado. Queramos o no, los clichés de la memoria, de los recuerdos, de lo visto y oído, de la imagen que tenemos prefijada de un lugar determinado ayudan a la simplificación y al conocimiento y la búsqueda del acercamiento a lugares que deseamos visitar.
Continuamos después de varias entradas este #ViajedeOtoño en las que estamos haciendo un recorrido literario, emocional y musical por algunas ciudades y países.
Cuántas ciudades y países hay que nos traen a la imagen un acontecimiento, un personaje o un edificio que nos los muestran desde un punto de vista simplificado. Pero esta imagen es la que nos atrae y nos lleva a desear visitarla y después de conocerla, en muchas ocasiones, a hacerla parte de nuestras vidas.

En esta entrada, en nuestro #ViajedeOtoño iremos a Sevilla de la mano de esos tópicos que la hacen reconocible en todo el mundo a través de los libros y la música, con las figuras de un seductor, uno de los personajes más universales de la literatura universal, y que ha tenido multitud de personificaciones tanto en el mundo del teatro como en la escena musical, Don Juan Tenorio, de la mano de José Zorrilla y su homónimo operístico Don Giovanni, de Mozart.


Una de las piezas teatrales más representadas en nuestro país es la obra que José Zorrilla situó en Sevilla, Don Juan Tenorio. Con esta obra, el personaje que había tenido una trayectoria anterior con diversos autores, especialmente con El burlador de Sevilla de Tirso de Molina toma su forma definitiva. Tras varios años de representación, una década después de su estreno, tan arrollador fue el éxito del Don Juan que se instauró la costumbre de representarlo el primero de noviembre, coincidiendo con las festividades de Todos los Santos y de los Difuntos.

Zorrilla, que malvendió los derechos y no pudo sacar beneficio de las representaciones, llegó a repudiar su Tenorio en su escrito Cuatro palabras sobre mi Don Juan Tenorio: "Yo no digo todas estas cosas porque deteste ni desprecie mi Don Juan. No, yo lo amo: es mi hijo, o mejor dicho, es mi aborto, puesto que yo mismo reconozco en él tantos y tan grandes defectos (...) que ha sostenido treinta años de pelea por la reputación de su padre ausente y procaz, insolente, temerario y provocador, se ha paseado por todos los teatros sin encontrar un rival que le haya hecho sombra". 
En las vísperas de Todos los Santos, comparto una de las partes más conocidas de Don Juan Tenorio, la llamada Escena del sofá.






















Con un libreto de uno de sus colaboradores más habituales, Lorenzo Da Ponte (un personaje inimitable a quien este blog le dedicará una entrada), Wolfgang Amadeus Mozart estrenó en 1787 su ópera Don Giovanni (Don Juan) en la que tomaba el personaje y el tema de una ópera de Bertati, Il convitato di pietra (El convidado de Piedra). Como otras obras suyas se estrenó en Praga, ciudad de un refinado gusto, que siempre acogía con entusiasmo las obras del autor salzburgués. 
En la misma línea de otras obras sobre el personaje, Don Giovanni se centra en la descripción del personaje, su falta de escrúpulos que lo llevan a asesinar a quien se interpone en su camino, la trama de engaños, su falta de moralidad, su erotismo frente al amor que es lo que suele aparecer en estas obras y, finalmente, su osada invitación al "convidado de piedra", la estatua del Comendador que asesinó, a quien reta a que se presente en su mesa. Sin temor ni arrepentimiento llega a decir hasta nueve veces un no a la propuesta de enmienda y cambio de vida. Finalmente, la tierra se abre ante sus pies y lo engulle. 


Posiblemente el mejor retrato que hay sobre Don Giovanni lo realiza su criado Leporello. En su aria Madamina il catalogo e questo, el criado cuenta a Doña Elvira con descaro, envidia, orgullo y crueldad la disposición a la conquista de su señor. Éste es un ser inconstante, camaleónico que sabe adaptarse a todas las situaciones, a todos los gustos y a la diferentes mujeres, aunque sin ningún atisbo de moralidad. Leporello narra también a Doña Ana la esfera social en que se mueven sus conquistas, indicando lo democrático que se su señor, ya que en asuntos amorosos sus intereses se mueven desde las campesinas a las duquesas, de las jóvenes a las maduras. No sabemos su edad, pero a juzgar por las conquistas no debe ser joven, aunque aún es seductor.


Te enlazo dos grabaciones, una en concierto, la otra en escena. La primera está interpretada por el barítono Erwin Schott en 2011 en la gala de celebración del septuagésimo cumpleaños de Plácido Domingo.


La segunda interpretación, con subtítulos en castellano, corresponde al húngaro László Polgár, un barítono al que le tengo un especial afecto, ya que en la primera ópera que conocí, una Flauta Mágica, daba vida al papel de Sarastro. Fallecido hace unos años, interpreta al fiel Leporello junto a una joven Cecilia Bartoli en una puesta en escena de la Opernhaus de Zurich del año 2000 dirigida por el recientemente fallecido Nikolaus Harnoncourt. 


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#ViajedeOtoño: Babilonia, un recorrido de cuatro milenios

El otoño es una época que nos lleva desde el intenso y deseado verano al recogimiento interior del invierno. Nos transporta desde nuestra vida disfrutada en el exterior, las calles, plazas y playas, las noches al fresco, hasta el interior de nuestras viviendas con el muro del frío y el mal tiempo.
En muchas ocasiones es un momento en que el ritmo y la rutina de nuestros trabajos y quehaceres diarios junto con la menor duración de las horas del día nos ayudan a disfrutar más de actividades como la lectura, la audición de música, nuestras relaciones personales, incluso en ocasiones, a recordar los lugares y experiencias que hemos podido disfrutar en otros momentos.

Te propongo un recorrido a lo largo de varias semanas en un Viaje de Otoño por distintas ciudades, países, civilizaciones acompañados, como siempre, por textos de distintos libros y músicas que evoquen esos lugares. Desde tu sofá, tu casa o tu habitación te propongo un viaje literario musical. ¿Partimos? 



El primero de nuestro Viaje de Otoño es un recorrido que va a cubrir nada menos que cuatro milenios, desde Babilonia, en la lejana Mesopotamia, hasta nuestros días.
Tras varios siglos de tradición oral, el Poema de Gilgamesh comenzó a escribirse en tablillas de arcilla por distintos escribas, llegando a contarse hasta cinco versiones que, con el tiempo, quedaron fijadas en una sola de la que nos han llegado restos en doce tablillas de arcilla incompletas, cada una de las cuales tiene varias columnas de escritura. Se trata de la primera de las grandes epopeyas de la literatura universal y en ella el personaje protagonista, Gilgamesh, se siente poseído por un ansia de inmortalidad. 



En el relato, el mítico rey de la ciudad de Uruk es en sus dos terceras partes un ser divino y el tercio restante es humano. El relato pertenece a las columnas III y V de la X tablilla en la que el protagonista, en un lugar indeterminado, posiblemente ante un mar que antecede a la muerte, es aconsejado para que se aferre a los dones que la vida aún puede ofrecerle. En la V columna, Gilgamesh responde relatando alguno de sus viajes y acciones.




 
Un segundo texto nos evoca a Babilonia desde Milán en la segunda mitad del siglo XIX, cuando Giuseppe Verdi, viudo reciente, con sus dos hijos fallecidos también, desanimado por el fracaso de sus primeras obras, recibió sin ningún interés, el encargo de Merelli, el empresario de La Scala de Milán. 



En sus esbozos biográficos narra cómo recibió el libreto y el encargo de escribir una ópera sobre el rey de Babilonia Nabucodonosor, basado en el libro bíblico de Daniel, cómo el texto de Temistocle Solera se le convertía en música. El texto está extraído del libro Giuseppe Verdi. La intensa vida de un genio, de la periodista y escritora Ángeles Caso, una interesante biografía bien documentada y rigurosa, imprescindible para los amantes de este género literario y de la música.


Un coro de esclavos hebreos en Babilonia, a orillas del Eúfrates llora su perdida libertad y su añorada patria. Se trata de uno de los coros más conocidos de la historia de la ópera, todo majestuoso, del que la Italia del Risorgimiento hizo su himno de libertad y que llevó el nombre de Verdi a la inmortalidad.




 En 2002 se interpretó en el Metropolitan Opera House de New York, en una versión memorable, protagonizada por María Guleghina y el español Joan Pons en el papel protagonista y al que pertenecen estas imágenes, con una enorme y admirable concentración por parte de los cantantes. Viéndolos, es difícil pensar que estos componentes del coro son coetáneos nuestros que salen a la calle, montan en coche o visten como nosotros. El perfecto trabajo de vestuario está magníficamente realzado por una escenografía que nos recuerda los grabados decorativos de la época mesopotámica en su estilo, su forma y el colorido con que se han realizado. La interpretación culminó con un bis, algo infrecuente en el Met de New York.


El recorrido por Babilonia termina en Berlín en el Pergamonmuseum. Situado en la Isla de los museos, el Museo de Pérgamo fue construido a comienzos del siglo XX con un procedimiento inusual: En lugar de construirse y albergar obras de arte, primero se decidió la colocación de estas obras y sobre esa visión se diseñó y edificó el museo. Se encentra dividido en tres alas cada una de las cuales representa un museo individual: la Colección de antigüedades clásicas, el Museo del Antiguo Oriente Próximo y el Museo del Arte Islámico.
La razón de la forma de su construcción es que alberga edificios rescatados de la antigüedad como el Altar de Zeus de la ciudad griega de Pérgamo, que da nombre al museo, un impresionante edificio restaurado casi en su totalidad, la Puerta del Mercado de Mileto y la obra que nos ocupa, la Puerta de Babilonia.
Se trata de una de las dieciocho que había y que permitían la entrada y salida de la ciudad mesopotámica, la Puerta de Ishtar, una descomunal construcción de 14 metros de altura y 10 metros de ancho recubierta con ladrillos de lapislázuli y figuras de animales con que se buscaba impresionar a los visitantes y que fueron descubiertos en las campañas arqueológicas entre 1902 y 1914 y trasladados y reconstruidos en Berlín.






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¿Cómo ha podido suceder?

Una reflexión sobre el paso del tiempo

Hay momentos determinantes en la vida en los que suceden acontecimientos o experiencias que marcan nuestra existencia. En algunos de ellos ni siquiera somos conscientes de la importancia que tienen en nuestro desarrollo vital, de manera especial en los que nos ocurren en periodos más juveniles. Con la experiencia que vamos adquiriendo cada vez tenemos más capacidad para reconocer los momentos que marcan nuestra vida, la clarividencia para determinar la importancia fundamental de lo que nos ocurre. De todas maneras, no siempre sucede así y hay determinados momentos en los que nos damos cuenta de nuestra situación o de los cambios de nuestra vida una vez que estamos inmersos en ellos y entonces, sólo entonces, podemos reconocer cuándo, cómo y por qué estamos en esa situación. 



Uno de esos momentos es aquel en que se toma conciencia de que el paso del tiempo marca una nueva etapa en la vida, pasando de la madurez a una nueva situación que, en cada caso es distinta, y que cada uno acepta a su manera, toma decisiones o se rebela ante ella, según las circunstancias. 
Dos referencias, cada una en un sentido distinto, acompañan a esta entrada. Un texto de Elías Canetti y un monólogo de El caballero de la rosa de Richard Strauss. Tomarte la vida, según las circunstancias, como una oportunidad para dar paso hacia adelante o como un momento en que sientes que se marca una nueva etapa que se dirige hacia el comienzo del fin.



Nacido en Bulgaria, judío de origen sefardí, Elías Canetti pasó su vida entre Inglaterra, Suiza o Alemania desde comienzos del siglo XX hasta su última década. Como muchos de los intelectuales de su época, fue una persona cuya vida y obra transcurren entre la multiculturalidad, el plurilingüísmo, la crueldad de las guerras que marcaron la primera mitad del siglo y el desarraigo que le llevó, como a tantos, a la búsqueda de su lugar en el mundo. Hizo del español, por su origen sefardí su primera lengua (el apellido original de su familia era Cañete, residentes hasta su salida de España en Cuenca); del inglés la lengua que le dio la nacionalidad, que recibió como ciudadano británico en la década de 1950; y del alemán su lengua literaria, aquella en la que escribió toda su producción. Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1981 por "su profundo sentido artístico, su pacifismo y la descripción del nazismo y el exilio", siendo un autor poco conocido entonces por el gran público. Dedicó años de su vida al estudio sobre las masas y la relación con el poder bajo el título Masa y poder con el que pretendía "coger por el cuello al siglo XX", mientras dejó escritos por cuadernos anotaciones y apuntes que recogían miles de aforismos, fragmentos de escritos y sentencias.
En el siguiente enlace puedes seguir parte de su biografía en un interesante estudio de Tomás Albadalejo: Elías Canetti: vivir en la lengua. 
De su inclasificable obra La provincia del hombre que recoge las anotaciones que realizó en sus cuadernos a lo largo de los años que van de 1942 a 1972 está extraído el texto que acompaña e este post. En él Canetti plantea, con determinación, el camino a seguir en un nuevo inicio vital.




































 En 1911 se estrenó en la Ópera de la Corte de Dresde Der Rosenkavalier (El Caballero de la Rosa) una obra en la que Richard Strauss da un giro a su producción dramática anterior que venía precedida por obras tan distintas y distantes en lo argumental y en lo formal como Salomé o Electra. Con El caballero de la rosa, Strauss quiso hacer una ópera al estilo de las de Mozart en la que fue fundamental el libreto de Hugo von Hofmannsthal. La colaboración entre ambos produjo una obra de una gran elegancia, en la línea de la comedia vienesa, con personajes que dejan huella, como el zafio barón Ochs de Lerchenau, La Mariscala y unos jóvenes Octavian (interpretado por una mezzosoprano, como el Cherubino de Las bodas de Fígaro) y Sophie.
De todos ellos, en esta entrada vamos a dedicar nuestra atención a La Mariscala, uno de los personajes más maravillosos y conmovedores del universo operístico. La princesa Werdenberg, más conocida como Die Feldmarschallin (La Mariscala) por haberse casado con un mariscal imperial, es una bella aristócrata más próxima a los treinta que a los cuarenta años, cuyo actual amante es el joven Octavian. Al final del primer acto se va haciendo consciente de la experiencia del tiempo, la conciencia de envejecer, que desde ese momento va impregnando la obra de una agridulce nostalgia. En un monólogo al final del primer acto se acaba preguntando sobre el paso del tiempo Wie kann denn das geshehen? (¿Cómo ha podido suceder?) Wie macht denn das der liebe Gott? (¿Cómo lo consiente Dios?). Y si no puede hacer nada por evitarlo, se sigue preguntando, ¿por qué consiente Dios que me dé cuenta de ello con tanta claridad? Si ella no puede detener el paso del tiempo, La Mariscala decide adelantarse al tiempo y renunciar de forma voluntaria a su joven Octavian antes de que sea la vida quien se lo arrebate. 




 No se trata, como en La Traviata de un Adiós a la vida, sino más bien, es una decisión tomada con la ligereza y la gracia de una aristócrata vienesa, "un ojo triste y el otro alegre".
No es una pieza que tomada fuera de la acción dramática sea brillante y efectista como otras, pero tiene la fuerza de la reflexión, de caer en la cuenta del momento en que se encuentra y ella, que en su vida no conoció el verdadero amor, guía a su joven amante con una sensibilidad y delicadeza incluso hasta llegar a amar el amor de Octavian por Sophie.

El enlace es una versión histórica de 1960 con la dirección de Herbert von Karajan y la interpretación de Elisabeth Schwarkopf, la soprano alemana que con más elegancia ha sabido llevar a la escena, e incluso hacer suyo, el papel de La Mariscala.




 



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Instrucciones para tener miedo con Cortázar, Goethe y Schubert

El miedo es la angustia que se siente ante un riesgo o un daño real o imaginario.
Con esta acepción, el diccionario nos presenta una de las sensaciones que tenemos los seres humanos y que está enraizada con el pensamiento. No se puede tener miedo si no pensamos que nos puede ocurrir algo que nos haga daño a nosotros mismos o a nuestros seres queridos, o que nos haga perder algo preciado que tengamos. 
El miedo es consustancial al ser humano y a algunos animales. Es un sentimiento que, en algunos casos, tiene un valor de supervivencia, ya que ayuda al ser humano a superarse y desarrollarse, pues le hace valorar lo que posee, tanto material como inmaterial, aunque también pude producir el efecto contrario, paralizando sus reacciones.
Hay miedos comunes a todos, como el miedo a la muerte, a la pérdida, tanto de personas queridas como de autonomía personal, a la soledad o al fracaso, y otros adquiridos, que vienen de nuestro mundo exterior como consecuencia de una mala experiencia o los que son más irracionales y que originan ciertas fobias: miedo a volar, a determinados animales o a hablar en público, entre otros.
Hay hasta géneros que funcionan con nuestras sensaciones de miedo, como en el cine o la literatura donde ciertas dosis de miedo hacen más apetecible ver ciertas películas o leer determinados libros, desde los clásicos como Drácula de Bram Stoker hasta algunos filmes, donde directores como Hitchcock jugaban con mantener en suspenso a los espectadores con determinados trucos basados en dar al espectador pequeñas dosis de miedo, tal como se definen en el diccionario, la angustia que se siente por un peligro o daño real o imaginario.
En esta entrada del blog te traigo un texto de Julio Cortázar con instrucciones y ejemplos para tener miedo de su libro Historias de Cronopios y Famas y la canción que dio a conocer el nombre de Schubert fuera del círculo de sus conocidos: Erlkönig.



Pocos autores como Julio Cortázar poseen una fantasía tan desbordante, en la que la ficción deambula por sus líneas con la capacidad de imaginar nuevos mundos en los que crear, recrear, cuestionar y retorcer la realidad, en continua lucha a favor de las cuestiones sociales y contra las dictaduras sudamericanas. Su novela Rayuela fue el pistoletazo de salida del conocido Boom de la literatura latinoamericana por delante de obras como Cien años de soledad de García Márquez. Su inabarcable conocimiento literario, sus profundas pasiones, su vanguardismo militante hacen de Cortázar uno de los más grandes escritores del siglo XX.
En otras ocasiones hemos traído al blog textos suyos y, como en aquellas, el siguiente texto pertenece a su particular libro Historias de Cronopios y Famas.




Acompaña este texto una de las más conocidas canciones del repertorio romántico en alemán. En 1815, Franz Peter Schubert compuso su lied Erlkönig, a partir de un poema de Goethe. Lo publicó en 1821 tras revisarlo en varias ocasiones, registrándolo como su Opus 1. Tras su muerte se catalogó como D328, lo que nos da idea de la abundante y desordenada producción del compositor austriaco.


Portada de la 2ª edición de Erlkönig
 Su primera interpretación tuvo lugar a finales de 1820 en una de las habituales sesiones privadas que organizaban los amigos del compositor y se presentó al público en marzo del año siguiente.
Erlkönig, que se suele traducir como El rey de los Elfos, aunque su traducción más exacta es El rey de los Alisos, es un lied para voz y piano complicado de cantar, debido a que cada uno de los personajes que aparecen pide un registro distinto al intérprete:
El narrador comienza y termina en un todo dramático.
El padre se interpreta con voz grave y tono tranquilizador.
El hijo va aumentando su voz conforme crece su miedo al avanzar el lied.
El Rey de los Alisos, con tonos pianísimos y voz susurrante, se muestra sugerente para convencer al niño de que se vaya con él.
El caballo aparece en el piano con una rápida sucesíón de notas que simula las pisadas del animal.
La lluvia y el viento se describen en las notas ascendentes y descendentes ayudando a dar la sensación de continuo movimiento.
El lied comienza rápido para situarnos en el tema: un padre y su hijo enfermo cabalgan entre la lluvia, el hijo delirando mientras oye al Rey de los Alisos que lo llama a su mundo. El padre acelera la marcha apurando el paso, se vuelve lenta la música mientras llega y se detiene para la última frase "In seinen Armen das King wart tot" (En sus brazos el niño estaba muerto).

Enlazo varias grabaciones de este lied. La primera, aunque antigua está interpetada por el que posiblemente es el mas importante cantante de lider de todo el siglo XX, el barítono alemán Dietrich Fisher-Dieskau, todo un especialista entre otros, en el repertorio de Schubert. Su interpretación, impecable, abarca los registros de todos los personajes. Lástima que la antigüedad del registro no nos deja apreciar en todos sus matices la interpretación, ya que es casi imposible encontrar otra interpretación como ésta.


La segunda es una emocionada interpretación de la soprano norteamericana Jessye Norman, con una realización sin cortes en las que las cámaras van sugiriendo los distintos personajes.


La última, es una adaptación realizada en forma de animación con la particularidad de estar traducido a nuestro idioma.


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