4 nov. 2016

#ViajedeOtoño Una góndola en Venecia

Hay ciudades únicas, irrepetibles en su situación, su espacio, su concepto tanto arquitectónico como vital. Son ciudades a las que deseamos visitar, conocer y, a nuestra propia manera, poseer, cuando menos una vez en la vida.
De estas ciudades, Venecia emerge, como ella misma en su laguna, entre las primeras que nos vienen a la mente. Una ciudad de la que todos hemos oído hablar, con sus canales, su Plaza y Basílica de San Marcos, el Palacio Ducal o el Teatro La Fenice



En este #ViajedeOtoño te propongo seguir nuestro recorrido por ciudades y lugares adentrándonos en Venecia. Un viaje que nos acerca a la antigua Serenísima República desde distintas vistas, como si se tratara de postales encadenadas a nuestros sentimientos, nuestra razón y nuestros conocimientos de la mano de dos escritores Thomas Mann y Alejo Carpentier y los compositores Vivaldi y Offenbach.



Nos acercamos a Venecia con un libro, una pequeña novela de poco más de un cien páginas del autor alemán Thomas Mann. El escritor, que llenó la vida literaria alemana de la primera mitad del siglo XX con la influencia capital de obras como Los Buddenbrook, una narración que publicó a los 25 años sobre varias generaciones de una familia de comerciantes burgueses del norte del país, La montaña mágica o Doctor Faustus.




Con La muerte en Venecia, que se publicó en 1912, Mann se adentra en la vida del escritor Gustav Von Aschenbach quien, en busca de la inspiración perdida, viaja a Venecia. La peste que invade la ciudad sirve como un símbolo de la decadencia y el ocaso del escritor e, incluso, del desvanecimiento de todo un mundo y un orden internacional a pocos años del comienzo de la Gran Guerra.
En el primero de los textos de La muerte en Venecia Mann nos dibuja la llegada de Aschenbach a la ciudad.



Unas líneas más adelante, una vez desembarcado, nuestro protagonista se traslada al hotel en una góndola, pasaje en que el escritor alemán nos hace sentir por momentos que viajamos en la misma embarcación.


 La novela vivió un nuevo reconocimiento cuando Luchino Visconti la llevó al cine en 1971 en una película en la que modificó algunos datos. El protagonista de Muerte en Venecia, Aschenbach pasa de ser escritor a compositor, buscando el parecido físico entre el actor que lo encarnó, Dick Bogarde, y el compositor Gustav Mahler. También se hicieron coincidir datos biográficos como la muerte de una hija del protagonista y del músico. Una de las señas inconfundibles de esta película es la banda sonora, entre la que destaca el adagietto de la 5ª sinfonía de Mahler. En el siguiente enlace, una versión del movimiento con la dirección de Herbert von Karajan acompaña, no las imágenes del film, sino una visita por la ciudad de Venecia. Si lo deseas, puedes seguir esta pieza en la música de Muerte en Venecia en este enlace: Escena final.
Como anécdota sobre la película se cuenta que cuando oyeron la banda sonora de Muerte en Venecia, un productor de Hollywood propuso que buscaran al músico que la había compuesto y le hicieran un contrato para trabajar con ellos, sin saber que Mahler había fallecido bastantes años antes y no se había dedicado a componer música para el cine.



Otro texto nos acompaña en nuestro viaje por Venecia extraído de una obra del escritor Alejo Carpentier, cubano de adopción y filiación. Entre obras grandes y ambiciosas como El siglo de las luces o El recurso del método, Carpentier alterna con obras como Concierto Barroco, una novela exuberante, una especie de divertimento del autor en la que mezcla algunas de sus pasiones como el conocimiento de la historia y su afición por la música y su indudable gusto por el mestizaje. Narrada como signo de lo real-maravilloso, paralelo al realismo mágico latinoamericano, Concierto Barroco es una obrita que no llega al centenar de páginas con una estructura musical en la que, con la excusa del viaje para asistir en Venecia al estreno de la ópera Moctezuma de Vivaldi, aparecen por la novela el propio compositor y otros coetáneos como Haëndel o Scarlatti. En el texto siguiente, los protagonistas asisten al concierto que tan singulares músicos improvisan en el Ospedale della Pietá del que era compositor de cámara Antonio Vivaldi. El texto está escrito en forma de un tiempo de allegro que, por momentos, llega a ser delirante.



A pesar de ser universalmente conocido como autor de Las cuatro estaciones, una de las obras más representativas de la música barroca, Antonio Vivaldi (el "cura pelirrojo" con que nos amenizaba e introducía en el mundo de la música clásica el carismático Fernando Argenta), llegó a componer varias decenas de óperas de las que actualmente se tienen registradas más de cincuenta de ellas. Son obras que impulsaron el desarrollo de este género musical y al que le dieron un impulso para pasar de los escenarios dominados por la burguesía y los focos del poder económico al gusto popular y a todas las clases sociales, aumentando así el grupo de aficionados a tan completo espectáculo.
Aunque estrenada en Roma, Il Giustino es una ópera de argumento pretendidamente histórico que comienza con la coronación de Anastasio como emperador de Bizancio y su matrimonio con la emperatriz Arianna. Si te interesa, puedes seguir su argumento en el siguiente enlace: Il Giustino.
Bajo el argumento histórico palpitan las pasiones humanas como el amor, la lucha por el poder, el campesino que acaba ascendiendo gracias a su valor y llega a terminar poseyendo la mitad del reino.





De esta ópera que, aunque se estrenó en Roma, posee el más puro estilo veneciano de Vivaldi te enlazo con el aria Vedró con mio diletto interpretada por Philippe Jaroussky, un contratenor que triunfa en el mundo vocal y que se está convirtiendo en embajador de la música del barroco, por ser esta la época en que más obras se compusieron pensando en la voz de castrati. Su interpretación sorprende por su vocalización, su técnica y el gusto con que canta, lo que hace que en la actualidad, Jaroussky sea uno de los cantantes con mayor proyección y prestigio del panorama mundial.


Para terminar nuestro recorrido veneciano, te invito a oír una pieza que ya es un clásico en este blog. En Los cuentos de Hoffmann de Offenbach, el tercer acto (o segundo en algunas versiones), transcurre en un palacio de Venecia con la siguiente indicación del compositor: "En Venecia. Galería de fiestas en un palacio junto al gran Canal. Agua practicable al fondo para las góndolas. Balaustrada, escaleras, columnas lampadarios, arañas, cojines, flores. Puertas laterales en primer término; má lejos, puertas amplias o arcadas en chaflán, que conducen a otras galerías. Los invitados de Giulietta están agrupados de pie o tendidos sobre cojines. Cuadro brillante y animado".




Puedes seguir unas deliciosas versiones en el enlace de este blog en Perspectivas y sensaciones con Offenbach y Savattini.
La versión con la que finalizamos nuestro #ViajedeOtoño a Venecia pertenece a una puesta en escena llevada a cabo en el Royal Opera House del Covent Garden en 1980 en la que Agnes Baltsa interpretaba el papel de Giulietta y Claire Powell el de Niklausse.


Si te gusta... ¡Comparte!

No hay comentarios:

Publicar un comentario