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100 años de Italo Calvino

Hay autores cuyos trabajos surcan un nuevo camino, indagan en la realidad que atraviesan y marcan el tiempo en que viven, creando obras que les dan un sentido y significado. Son creadores que no transitan por los caminos fáciles, abiertos y trillados por otros, sino que se sumergen en senderos inexplorados, no por esnobismo o el mero hecho de hacerlo, sino por compromiso con la realidad.
Es el caso de Italo Calvino, un escritor del que se cumplen en fechas cercanas su fallecimiento, ocurrido el 19 de septiembre de 1985, y su nacimiento, el 15 de octubre de 1923, cumpliéndose el centenario de su llegada al mundo en el año en que se publica esta entrada.
Uno de los estudiosos de su obra, el filólogo Carlo Ossola muestra su importancia: «Calvino es nuestro clásico del siglo XX por su capacidad de eliminar lo no esencial, todo lo pasajero, para obtener el don supremo del arte, la transparencia. Su obra es una interpretación total del mundo, de lo visible y de lo invisible, de lo posible y de lo probable.»
Aprovechando que se cumplen años de su fallecimiento y el centenario de su nacimiento, te invito a acercarte a algunos textos de Italo Calvino y algunas músicas inspiradas en su obra. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Italo Giovanni Calvino Mameli nació el 15 de octubre de 1923 en Santiago de las Vegas, una localidad cercana a La Habana en Cuba, debido al trabajo de su padre como agrónomo, regresando la familia a Italia dos años más tarde.
En la II Guerra Mundial luchó contra los alemanes en las Brigadas Partisanas Garibaldi. Durante aquellos años se licenció en Literatura en la Universidad de Turín en 1941 con una tesis sobre Joseph Conrad, un escritor por el que sentía una profunda admiración.
Finalizada la guerra comenzó a trabajar en tareas editoriales, publicando su primera novela El sendero de los nidos de la araña en 1947, una obra que fue catalogada como neorrealista. En este sentido el propio Calvino llegó a afirmar.  «No creo que haya habido una poética consciente y teórica del neorrealismo. Existió una atmósfera de redescubrimiento de la realidad italiana. Hoy creo que lo que cuenta es la literatura de la verdad, decir cosas auténticas, tratar de entrar en la experiencia de cada uno, tratar de inventar, no de hacer novelas con tesis.»


En la década de los 50 del pasado siglo publicó la trilogía Nuestros antepasados formada por El vizconde demediado (1952), El barón rampante (1957) y El caballero inexistente (1959).
De estas tres fábulas noveladas, El barón rampante es la más lograda tanto por su mayor extensión como por su complejidad y significado. Cósimo, el protagonista deja de ser un esquema y un símbolo para convertirse en un personaje complejo y con entidad a cuyo alrededor va creciendo un universo fascinante y congruente.
El propio Calvino surgió como concreción de su tema narrativo: «Una persona se fija voluntariamente una regla difícil y la sigue hasta sus últimas consecuencias, ya que sin ella no sería el mismo, ni para los otros ni para sí mismo.»
A los 12 años, Cósimo Piovasco, barón de Rondò se subió a una encina del jardín de su casa como forma de rebelarse contra la tiranía familiar. Ese mismo día, 15 de junio de 1767, encontró a la hija de los marqueses de Ondariva a quien anunció su resolución de no bajar nunca de los árboles.
Este empeño no es sólo testarudez ni terquedad, puesto que no se desentiende del mundo que se haya bajo sus pies, ni supone una huida de las relaciones humanas. Aunque se niegue a caminar por tierra, no es un misántropo, sino que busca el bienestar de los demás, insiste en participar en aspectos como el progreso de los métodos de administración, la política e incluso la vida gentil y galante. Así, hasta sus últimos días, Cósimo permanece fiel a su resolución, participando en la Revolución francesa y las invasiones napoleónicas sin abandonar nunca esa condición que le permite estar al mismo tiempo fuera y dentro de las situaciones.
Es posible que esta parábola del personaje encaramado sea la respuesta que Calvino mostró a su salida del Partido Comunista Italiano tras la invasión de Hungría y la acusación que vertieron sobre él de abandonar sus obligaciones de intelectual.
El texto que nos acompaña nos muestra de qué forma se gestó la idea de Cósimo de encaramarse a los árboles, una idea irracional que fue tomando forma al verbalizarla a su vecina.



Nos acompaña un enlace basado en una de las obras de Italo Calvino de las que trataremos a continuación: Las ciudades invisibles. Basado en una de las series Las ciudades y el deseo, se trata de una realización audiovisual de Ayelén Rodríguez con la música The Decount session de Yann Tiersen en el que desarrolla la idea y la génesis de la ciudad de Zobeida.


En su constante evolución Calvino transitó del realismo y el género fantástico hasta la descripción de la realidad, se interesó por los escritores clásicos sobre los que escribió y valoró sus obras, recopiló y reinventó cuentos, narraciones y fábulas enraizadas con la cultura tanto italiana como de otras culturas, y reflexionó y aconsejó -como en sus últimos escritos- sobre el futuro.
Para él, y en el fondo también para nosotros, los clásicos son esos libros que nunca terminan de decir lo que tienen que decir, que, según sus palabras «cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad (...) Es clásico aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.»

Tras la trilogía Nuestros antepasados, el escritor italiano publicó Las cosmicómicas (1965), Tiempo cero (1967), Las ciudades invisibles (1972) y Si una noche de invierno un viajero (1979) en los que muestra su mezcla de fantasía, curiosidad y especulación filosófica de una forma original.
En Las ciudades invisibles, a la que dedicamos en este blog la publicación Las ciudades errantes, Italo Calvino muestra cómo Marco Polo le cuenta al emperador de los mongoles y chinos Kublai Khan, la existencia de ciudades imaginarias, como si de una suerte de nuevo Scheherezade se tratara. 
No trata de ciudades reales ni reconocibles, sino inventadas, cada una de ellas con un nombre de mujer que conforman unos razonamientos sobre la ciudad moderna y los motivos que llevaron a los hombre a vivir en ellas. Según confiesa el autor, este libro nació lentamente, a intervalos irregulares, como poemas según diversas inspiraciones que fue guardando en diversas carpetas. En algunos momentos escribía sobre ciudades tristes, en otros, alegres, en épocas comparaba la ciudad con el cielo estrellado, en otras, por las basuras de sus alrededores, hasta el punto de convertirse en imágenes continuas que surgían de sus estados de ánimo, sus reflexiones, de sus lecturas, las exposiciones que visitaba o las charlas con sus amigos.


Así, acabó de conformar un libro en que las ciudades se dividen en once categorías: Las ciudades continuas, escondidas, sutiles, las ciudades y el cielo, y el deseo, y el nombre, y la memoria, y los intercambios, y los muertos, y los ojos y los signos. Estas categorías se hayan divididas en capítulos breves que sirven de punto de partida para reflexionar sobre cualquier ciudad o sobre la ciudad en general. Así, Calvino crea un espacio donde el lector ha de entrar, deambular, perderse y buscar una salida que le proporcione una utilidad.
En el Capítulo V nos acercamos a la tercera de las que pertenecen al apartado Las ciudades y los ojos, Baucis, una ciudad a la que el viajero no consigue ver cuando llega.
Presento una versión bilingüe en el original italiano y español con una doble finalidad: La primera, poder apreciar el rico lenguaje poético y sonoro que Italo Calvino despliega en su corto capítulo. Disfrutar de la sonoridad de su idioma y encontrar hallazgos como, por ejemplo, el nombre como se denominan los flamencos en su idioma es enriquecedor.


El segundo motivo de la versión bilingüe es por la música y las imágenes que acompañan a este texto y que puedes leer mientras las ves y escuchas.
Se trata de la pieza Baucci e La città invisivil compuesta por el argentino Walter Frandjie para la película The fall de Tarsen Singh e interpretada por Claudia Llovel. La interpretación recoge palabra por palabra el texto casi íntegro del capitulo -faltan algunas frases o palabras de ellas- en el que se puede apreciar la riqueza expresiva, la prosa poética de Calvino y la exquisita interpretación de la cantante.


Además de estas vertientes, Italo Calvino fue también un recopilador de cuentos y fábulas, además de un exquisito escritor de relatos breves. Quizás lo más fácil en esta publicación hubiera sido aprovechar uno de sus libros como Si una noche de invierno, un viajero, un libro en el que escribe sobre libros ficticios. Un lector y una lectora, los protagonistas, intentan leer un libro que, por diversas causas, nunca terminarán de leer, adentrándose en otros libros. Una obra sobre el placer de leer y que comienza de una forma singular que nos atrae y conforta a los lectores empedernidos:

Así, nos centramos por último en esa faceta suya de recopilador de relatos populares y cuentista, un verdadero experto en los relatos breves en los que deja relucir su inteligencia, sentido de la observación y del humor para crear verdaderas obras maestras. 
Publicado originalmente en italiano con el título Prima che tu dica «Pronto» (Antes de que respondas, 1991), a propuesta de su hija Esther y de Aurora Bernárdez, en nuestro idioma y en las siguientes ediciones se llamó La gran bonanza de las Antillas, tomando el título de uno de los relatos que lo componen. Se trata de una recopilación póstuma de esos relatos inéditos que se quedaron en cajones y nunca vieron la luz.


Esta colección muestra la enorme ironía con que Calvino refleja hechos cotidianos, el sentido del humos con el que representa lo absurdo del poder o la ingente fantasía que surge al observar un lugar, una situación, o un objeto. 
El relato que nos acompaña, La oveja negra fue sacado de un manuscrito fechado por el escritor el 30 de julio de 1944. Se trata de una fábula en una sociedad en la que absolutamente todos sus habitantes eran ladrones, eran conscientes de que lo eran y sabían que no podían esperar otra cosa de los demás y de sí mismos. Todos se sentían bien y felices en aquella situación. En un momento, aparece un hombre honrado que decide no robar, rompiendo ese equilibrio en la sociedad con consecuencias incalculables.


La música con la que nos despedimos también está basada en Las ciudades invisibles. Se trata de un homenaje al escritor italiano en formato de video clip de Hugo Burel editado con la pieza musical Wandring e imágenes a partir de diversos textos de estas ciudades inexistentes que, si buscamos, podemos encontrar en todas.

Como veíamos al inicio, la obra de Italo Calvino conforma una interpretación total del mundo, de todo lo visible y lo invisible, de todo lo posible y también de todo lo probable.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

Quevedo en nuestro tiempo

El mes de septiembre viene marcado por dos fechas que nos recuerdan a uno de los escritores más grandes, creativos, ingeniosos e irreverentes de la mejor época de nuestra literatura: El Siglo de Oro
Francisco de Quevedo y Villegas nació en Madrid el 14 de septiembre de 1580 y falleció en Villanueva de los Infantes el 8 del mismo mes de 1645.
Contemporáneo de otros grandes de nuestro idioma como Lope de Vega, Luis de Góngora, el propio Cervantes o Calderón de la Barca, su vida y obra habrían sido distintas sin ellos y la rivalidad que los acompañó, en mayor medida con los dos citados en primer lugar.
Pese a la distancia en el tiempo entre la época en que vivió Quevedo y la nuestra, su forma de escribir, la acidez de sus letras, su inconformismo, la heterodoxia de sus publicaciones y la agresividad con que trató a muchos de sus colegas, nos muestran un panorama literario y social con similitudes al momento que vivimos con las redes sociales y la forma en que se establecen las relaciones y las reacciones, la banalidad y la agresividad o la acusación y la imposición. 
De esta forma, muchas de sus obras, que rondan alrededor de quinientos años desde que fueron publicadas, bien podrían pasar por haberse escrito en nuestra época.
Aprovechando que en septiembre se cumplen años del nacimiento y muerte de Francisco de Quevedo te propongo un recorrido por algunas de sus obras para recordar la modernidad y actualidad de su legado y su pensamiento. Nos acompañan músicas basadas en sus obras de Paco Ibáñez y Raquel Andueza y La Galanía. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Un escritor como Francisco de Quevedo no podía quedar fuera de este blog, en el que hemos incluido algunas publicaciones suyas en diversas ocasiones. 
Así, en Rivalidades artísticas: El siglo de Oro nos acercamos a algunos de los poemas que autores tan sobresalientes como los mencionados Cervantes, Lope de Vega, Góngora y el propio Quevedo escribieron, con mayor o menor dosis de humor y mala idea, contra los que consideraban sus rivales literarios. Nada que envidiar a las relaciones que observamos en algunos casos en las redes sociales hoy en día.
En Pájaros barrocos confluían poemas de Quevedo y Lope de Vega con una anécdota ornitológica y musical y músicas de Händel y Vivaldi de una exquisita musicalidad.
Por último, en Amores barrocos pudimos apreciar el sentido poético más lírico de Quevedo con uno de sus sonetos dedicado al amor (Es hielo abrasador, es fuego helado) junto con otro de Lope de Vega (Desmayarse, atreverse, estar furioso) y música, de nuevo, de Händel y Vivaldi.

Monumento a Quevedo de Agustín Querol en la Glorieta del mismo nombre (Madrid)
Sin entrar en más detalles sobre su vida y obra, comenzamos con un texto que nos muestra la vertiente más ácida e inteligente de su carácter literario. Se trata de la introducción a Discurso de todos los diablos o infierno emendado, una obra publicada en 1627 y que fue retirada poco después, quizás porque el censor divisó a algún conocido o a sí mismo en alguna de las imágenes de la obra.
En este opúsculo, Quevedo muestra a una serie de personajes históricos a los que muestra en presencia del diablo quien tiene que actuar como mediador en sus disputas y diatribas. Este libro, conocido también con el título de El entretenido, la dueña y el soplón muestra las dotes de Quevedo para la narración, el ensayo y la narración, para crear una suerte de tratado de ética y filosofía muy en su particular estilo. En el fondo, Quevedo muestra un cuadro de lo que pensaba de la sociedad de su época, con sus pasiones y sus vicios, y que también nos refleja a nuestro tiempo. Este Chiste a los bellacos y pícaros con quien hablo con que se inicia la obra bien puede estar dirigido a ti o a mí, ¿o quizás a quienes nos rodean? Tú verás.

Hijo de nobles y cortesanos -su padre era secretario de la princesa María y su madre su dama de honor-, quedó huérfano del primero con pocos años. Estudió en el Colegio Imperial, donde los jesuitas educaban a los hijos de la nobleza hasta que ingresó en la Universidad de Alcalá de Henares donde compartió estudios con al futuro Duque de Osuna que tanto lo ayudó y protegió más adelante. Allí, con una deformidad en los pies que le hacía cojear y una vista corta continuó configurando su carácter y comenzó a escribir sus primeros poemas.
El traslado de la corte de Felipe III a Valladolid y la muerte de su madre hizo que marchara a estudiar a su universidad, poniéndose al servicio del Duque de Lerma, valido del rey.

Grabado de Quevedo incluido en laedición de M. Quiñones (Madrid, 1635) de Epicteto y Phocilides en español con consonantes.
En Valladolid comenzó a crecer su fama como poeta, que continuó como traductor y literato mientras compaginaba su trabajo como secretario del Duque de Osuna, primero en las posesiones españolas de Italia, pocos años después en Madrid.
Su novela más conocida, El buscón (titulada originalmente Historia de la vida del buscón llamado don Pablos, exemplo de Vagamundos y espejo de Tacaños) es una obra que culmina el estilo picaresco evitando reflexiones morales en la que crea un relato satírico escueto y fluido en el que consigue una creación por el mero gusto literario.
Publicada en 1626, posiblemente fue escrita muchos años antes, quizás en los primeros años del siglo, bajo la influencia de El lazarillo de Tormes y El pícaro Guzmán de Alfarache. Frente a estos, Quevedo muestra en su obra el entramado entre el protagonista y el mundo en que se desenvuelve, degradando al personaje frente a la sociedad en que se mueve y evolucionando y enriqueciéndose la narración conforme se van sucediendo los capítulos.
Dividida en tres libros, nos quedamos en la compañía del relato en que el protagonista se pone al servicio de don Diego Coronel, el Dómine Cabra y lo que pasaron con él quienes le acompañaban. El lenguaje de Quevedo se muestra cargado de una cantidad de imágenes, dobles sentidos, sarcasmos y juegos de palabras que acercan al lector a la sonrisa, mientras se desarrolla el perfil psicológico de los personajes.


Portada de la edición original de El buscón (1626)


Si una obra como esta ha quedado como símbolo y reflejo de un estilo y un tiempo, los poemas de Quevedo se mueven entre muchos ámbitos y formas, de lo amoroso a lo crítico, pasando por la sátira y multitud de poemas jocosos, alcanzando algunos de ellos el derecho a la actualidad.
Casi con toda seguridad, uno de los primeros en poner música a su obra en el siglo XX fue el cantautor Paco Ibáñez. Activo en la actualidad -en este otoño sigue realizando conciertos- su primer disco, Paco Ibáñez, editado en 1964 donde puso música a poemas de Federico García Lorca y Luis de Góngora supuso su primera incursión en el poemario español. Fue en su segundo disco, Paco Ibáñez 2, publicado en 1967 donde incluyó canciones sobre poemas de autores contemporáneos como Rafael Alberti, Gabriel Celaya, Blas de Otero y Miguel Hernández, a los que acompañan obras de Góngora y Quevedo. Es en este disco donde encontramos uno de los poemas más conocidos de Quevedo, la que el escritor del Siglo de Oro denominó Letrilla satírica y que, muestra toda su vigencia.


La interpretación corresponde a un programa de La 2 de Televisión Española emitido en julio de 1991 donde Paco Ibáñez está acompañado por un casi nonagenario Rafael Alberti, quien, consciente de su error, recita a continuación su poema A don Luis de Góngora y Lagartijo, una obra muy en el estilo de los que se lanzaban unos poetas a otros otrora.


Además de El buscón, obra cumbre de la picaresca, y de los poemas que Quevedo compuso con diversa intención y finalidad, también fue prolífico en textos en prosa en los que destacan su agudeza, sarcasmo, crítica y la originalidad de sus planteamientos y forma de escribirlos, así como una gran dosis de intención de atacar a sus enemigos, fueran estos literarios o no.
Entre estos escritos destaca el libro Obras jocosas que aunque fue publicado por primera vez en 1631, cuando Quevedo pasaba de los cincuenta años, recoge textos cortos, punzantes y atrevidos que circularon durante años entre sus conocidos. Publicado como Obras jocosas o bien Obras festivas, el escritor las título en su primera edición Juguetes de la niñez y travesuras del ingenio.
Este grupo de pequeñas obras muestra el sentido del humor, la desfachatez y la desbordante y fecunda imaginación de Quevedo, ofreciendo una sensación similar al que tenemos al leer a algunos columnistas de prensa. Escritos probablemente durante su época universitaria para leer en voz alta en las tertulias con los amigos, casi podemos percibir hoy en día el hecho de estar escritos para ser enfatizados y gesticulados frente a un público ansioso de sentir por momentos el lado cómico de la cotidianidad. 
Así, desfilan por ellos una variopinta cantidad de personajes que reflejan el espectro social de su tiempo: rameras y escritores de tres al cuarto, adúlteros y engañados, monjas y alguaciles, inocentes y pícaros. 
En el fondo estos escritos son parodias, burlescas copias de documentos oficiales, epístolas aduladoras o imitaciones sarcásticas y demoledoras de sesudos informes. 
Nos acompaña el comienzo de su Libro de todas las cosas y otras muchas más, un texto que se inicia con una fastuosa tabla de proposiciones que nos ofrecen consejos infalibles para solucionar diversos problemas de índole. En el escrito original, se encuentran en primer lugar las proposiciones, para luego mostrar las formas de lograr alcanzarlas. Me he permitido el cambio de ofrecer el consejo junto a cada propuesta.
¿Y si, siguiendo el sentido original de la obra, pruebas a leerlo en voz alta ante quienes de acompañan?





El valor literario de las obras del Siglo de Oro en general, y las de Quevedo, de forma particular, se refleja en muchas composiciones que han llegado hasta nuestros días.
La música que nos acompaña está basada en un poema titulado Carta de Escarramán a la Méndez. Se trata de una obra inscrita en el más amplio estilo picaresco. La jácara es un tipo de poema en forma de romance escrito en germanía, la jerga propia del hampa. En las jácaras se trata de rufianes y busconas, maleantes y hampones con un lenguaje que remite a esos términos propios de las germanías.
Alrededor de dieciséis jácaras se conocen de Quevedo, siendo esta Carta de Escarramán a la Méndez la más conocida de ellas y parece que fue escrita alrededor de 1611-12, alcanzando un gran éxito entre el público.
La música que nos acompaña cambia el título a Jácara de la trena en la versión que interpreta el grupo La Galanía con la voz cantante de Raquel Andueza, quienes nos han deleitado con sus músicas en este blog en algunas ocasiones.
El enlace, con una evidente intención pedagógica está sacado del canal de Youtube de Jaime CL (Música, Texto e Imagen) y nos ayuda a desvelar los dobles sentidos, los significados ocultos y la situación que el chulo Escarramán le escribe a su protegida a la Méndez.


En este recuerdo y homenaje a la figura de un escritor como Quevedo, del que no nos hemos entretenido en detallar sus peripecias vitales y su obra, nos quedamos con unas palabras en el mismo tono de las proposiciones y soluciones anteriores. El texto que nos acompaña a continuación se inscribe en ese tipo de obras que el autor escribía para ser leído entre amigos, en tertulias y francachelas, en el más puro estilo de Groucho Marx: «Nunca sería socio de un club que admitiera a socios como yo.»  Los caminos, estilos e ideas se cruzan e influyen.
Perteneciente también a ese grupo de opúsculos y textos variados que forman las diversas ediciones de sus Obras jocosas, en esta memoria habla de sí mismo con todo el humor, la ironía y la acidez propios de su estilo. Cuando Quevedo se critica, arremete y se mete con otros autores, ya lo ha hecho también consigo mismo, algo que dice mucho a su favor y que lo diferencia de este nuestro tiempo de críticas virulentas. 


Nos despedimos de Francisco de Quevedo y Villegas, un personaje que podría haber encajado en nuestro días desenvolviéndose con toda naturalidad y soltura con otro de sus poemas musicados por el cantautor valenciano.
Romance satírico es un irónico y despiadado poema con que Quevedo aconseja a una joven que va a casarse con un médico, arremetiendo con sus métodos, su eficacia, sus artes y su buen nombre. Demoledor.

Retrato de Quevedo atribuido a Juan van der Hamen. En el pasado siglo se atribuyó a Diego Velázquez
Perteneciente también a su disco Paco Ibáñez 2, escuchamos el audio de este Romance satírico quevedesco del que puedes seguir la letra para poder seguir mejor los argumentos del escritor, con esos juegos de la ironía, los dobles sentidos y la intención que caracteriza a una gran parte de su obra.

 

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Quevedo y Villegas, Francisco de. El buscón, Penguin Clásicos, 2015.
  • Quevedo y Villegas, Francisco de. Obras jocosas, versión Kindle.
  • Ibáñez, Paco. Paco Ibáñez 2, Sello A flor de tiempo, 2002.

Cada comienzo es un reto

Todos los comienzos suponen un reto. 
Ponernos en marcha, pasar del reposo a la acción, afrontar el esfuerzo de comenzar un trabajo, un proyecto o una nueva actividad -llamémosle curso, temporada o, simplemente, un nuevo camino-, forman parte de nuestras rutinas y vidas.
Es un esfuerzo que se repite cada día, cada comienzo de semana laboral, cada año, o cada vez que iniciamos una nueva actividad en nuestra peripecia vital: un cambio de estudios, un nuevo trabajo, una nueva relación o un cambio de residencia.
Cada una de estas circunstancias nos aboca cuando llegan a nuestras vidas, sean en el tiempo que sean. Pero hay momentos puntuales en las que suelen suceder. El comienzo del año, el curso o la temporada en nuestra cultura suele ocurrir tras el verano, más que al comienzo del año natural.
Así, regresar del tiempo de estío con vacaciones -quienes las hayan podido disfrutar- o un tiempo más relajado o aletargado por el calor veraniego, suponen un enorme esfuerzo para la mayoría.
Afrontar ese regreso a las rutinas o a nuevos proyectos supone un esfuerzo que podemos comparar con la aventura de iniciar un libro o una obra que conocemos por referencias y en los que queremos adentrarnos.
Te propongo iniciar la temporada que comienza tras el verano con algunos principios de libros y óperas como forma de afrontar la aventura de un nuevo comienzo. Nos acompañan obras de Jostein Gaarder, J. D. Salinger, Ray Bradbury, Mozart, Verdi y Puccini. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


En algún momento de nuestra vida nos hemos planteado una de las cuestiones fundamentales de nuestra existencia: ¿Quién eres?
No tiene por qué ser de una forma tan trascendente, pero con algunas variaciones podemos planteárnosla ante cada nuevo comienzo. Esa misma emoción nos la planteó hace unos años Jostein Gaarder en su obra más conocida, Sofies verden (El mundo de Sofía, 1991), una novela que une varios aspectos como son el de ser una obra juvenil, de iniciación, sobre la historia de la filosofía y también de carácter pedagógico. El subtítulo de esta obra de la que se llegaron a vender alrededor de treinta millones de ejemplares, lo deja claro: Novela sobre la historia de la filosofía


Con ella, Gaarder consiguió que muchos jóvenes y adultos nos adentráramos en este mundo filosófico con la intención de formar el pensamiento reflexivo a través del proceso de hacer y hacerse preguntas como forma de tener conciencia no sólo de aquello que perciben nuestros sentidos, sino también de relacionar estos estímulos externos con nuevas sugerencias y expectativas.
Así, el comienzo de El mundo de Sofía puede servirnos como marco de referencia para un inicio de temporada o curso como en el que nos encontramos. 


En la emoción que experimentamos al acudir a un espectáculo en directo como una representación teatral o una ópera encontramos una relación con este inicio al que estamos dedicando esta publicación. Esa emoción que sentimos mientras esperamos que se abra el telón y comience la obra a la que hemos tenido la voluntad de asistir la relacionamos con la expectativa y la incertidumbre de cómo será la obra que vamos a presenciar. Si la desconocemos, nuestra atención estará puesta en la sorpresa con la que nos vamos a encontrar; si la conocemos, nuestro interés se dividirá en lo que sabemos y la propuesta que esperamos presenciar, sabiendo en ambos casos que el momento que vamos a vivir supone una actuación única e irrepetible.
Las músicas que nos acompañan en este inicio de temporada tienen varias características comunes. Por una parte son también inicios de obras, en esta ocasión, oberturas de óperas, además de tratarse de las más representadas a lo largo de la temporada 2022/2023 según los datos recogidos en la página web de Operabase.

La más representada a lo largo de la citada temporada ha sido La flauta mágica de Wolfgang Amadeus Mozart, una ópera que ha sido representada en este año en, nada menos que 992 ocasiones en las 172 producciones que se han realizado a lo largo de los meses que van de septiembre a agosto en los teatros de ópera de todo nuestro planeta.
Estrenada en Viena el último día de 1791 -poco más de dos meses antes del fallecimiento del compositor-, la partitura fue terminada en julio, salvo los comienzos de los dos actos: la obertura que da inicio a la ópera y la marcha de los sacerdotes que abre la segunda parte de la obra.
En su estreno, la orquesta estaba formada por 35 miembros: la sección de cuerda con 9 violines entre primeros y segundos, 4 violas, 3 violonchelos y 3 contrabajos; percusión con dos timbales, y la sección de viento que estaba formada por parejas de instrumentos (flautas, oboes, clarinetes, fagotes, trompas y trompetas), además de 3 trombones que sólo aparecen en la obertura y las piezas instrumentales relacionadas con Sarastro. Precisamente es este tipo de agrupamiento por el viento el que da nombre a esta configuración orquestal típica del clasicismo: la Orquesta a dos.
Esta obertura está configurada por las tres secciones típicas de la forma sonata: Exposición, desarrollo y reexposición, en la que se mezclan temas solemnes relacionados con la masonería y el número 3, a los que se unen otros de tipo popular.
La versión que nos acompaña pertenece a una representación llevada a cabo en el Royal Opera House en 2003 con la orquesta titular del recinto londinense dirigido por Sir Colin Davis, en la que se van mostrando algunos detalles de la obra antes de abrirse el telón.


Hay ocasiones en las que comenzar nos cuesta un tiempo de adaptación. Cada inicio de temporada es frecuente encontrar reportajes, entrevistas o artículos que nos acercan consejos sobre cómo afrontar ese regreso a las rutinas. Casi, como si fuésemos incapaces de adaptarnos a nuestra realidad habitual.
En este sentido, hay libros que nos muestran una adaptación o inadaptación a ese entorno en el que nos desenvolvemos. Publicada en 1951 por Jerome David Salinger, un autor que buscó durante toda su vida el más estricto anonimato, The catcher in the rye, traducida en sus primeras versiones como El cazador oculto es su única novela.


Publicada en nuestro idioma años más adelante con su título traducido literalmente, El guardián entre el centeno, narra las peripecias con que el protagonista Holden Caulfield se resiste a entrar en el mundo de los adultos, intentando desesperadamente conservar su mundo de la infancia. Su irracional repulsa por las conductas y comportamientos que observa en los adultos y que ve imitados en los adolescentes que le rodean los narra J. D. Salinger desde sus últimas horas en la escuela de la que ha vuelto a ser expulsado hasta su resolución de marcharse a Nueva York
Nos adentramos en la piel del inadaptado Holden Caulfield para acercarnos a esa resistencia que supone el comenzar de nuevo y adaptarnos a los cambios.


Siguiendo las óperas más representadas durante la temporada, el segundo lugar es La traviata de Giuseppe Verdi, una obra que alcanzó las 796 representaciones en 183 producciones, una obra que ha sido la más representada cada año desde hace más de una década y que en esta ocasión cede ese primer lugar.
Basada en La dama de las camelias de Alejandro Dumas hijo, Verdi utilizó el mismo recurso que el escritor francés para componer su obertura: comenzar musicalmente la historia de Violeta comenzando por el final. De esta forma, la obertura comienza con el tema de la agonía de la protagonista y su débil latido, melancólico y triste y que, poco a poco va dando paso al tema festivo y jovial que muestra la fiesta que se celebra con todos los invitados y que sirve de inicio a la acción. Verdi nos muestra desde el comienzo el triste e irremediable final de Violeta mezclado con la triste alegría de la fiesta vacía, en la que ni la alegría suena alegre y desenfadada.


El enlace pertenece a la inolvidable producción de La traviata estrenada en el Festival de Salzburgo de 2005 con un montaje impactante y celebrado de Willy Decker y la dirección musical de Carlo Rizzi. El escenario, una media luna con tonos azulado sin telón que permanece durante toda la obra aparece con un anciano que representa el paso del tiempo junto a un reloj que marca el límite de ese tiempo y la protagonista, la soprano Anna Netrebko entrando en escena en plena obertura.


Si las primeras obras literarias nos hacían movernos entre la iniciación, con ciertas dosis pedagógicas, y el rechazo al cambio irremediable, con una intención diametralmente opuesta, la siguiente obra nos lleva por otros derroteros.
Desde que a comienzos del siglo XIX comenzaron a escribirse obras que veían un peligro en los avances de una ciencia a la que no se le adivinaban los límites y en el poder sin límites, con obras y personajes como la criatura de Frankenstein y algunos relatos de E. T. A. Hoffmann, comenzó a crecer un nuevo estilo literario que derivó en distintas ramas como las de ciencia ficción -con futuros felices o apocalípticos- o las distopías que ahondan en el peligro de los totalitarismos que coartan las libertades.
En un tiempo en que nos movemos entre la Modernidad líquida que describía y analizaba Zygmunt Bauman y los extremismos populistas que dominan la situación política en muchos países, nuestra siguiente obra es una distopía que podemos calificar como clásica.
Conocemos a Ray Bradbury por sus relatos de misterio dentro de la ciencia ficción como Crónicas marcianas, además de colaborar como guionista en algunas películas como Moby Dick de John Huston
Su obra Fahrenheit 451 obtuvo mayor popularidad gracias a la versión cinematográfica que François Truffaut estrenó en 1966.


Publicada en 153, Fahrenheit 451 lleva en el título la temperatura a la que arde el papel de los libros, mostrando un futuro distópico y asfixiante en el que el bombero Guy Montag, un estricto, disciplinado y aplicado encargado de quemar los libros prohibidos comienza a dudar sobre su libertad de pensamiento y el precio que ha de pagar con ella.
Sin alarmismos, el tiempo que vivimos está plagado de incertidumbres y amenazas, extremismos, dudas sobre temas que no deberían tenerlas (democracia, lucha por la paz, derechos básicos...), por lo que el inicio de esta novela, con su aparente tranquilidad, puede servirnos para este nuevo comienzo de temporada.


La tercera de las ópera más representadas durante la temporada 22/23 fue La Bohème de Giacomo Puccini. que alcanzó las719 representaciones en sus 146 producciones.
En esta ocasión, la obertura prácticamente no existe, al considerar Puccini que esta obra no necesita ornamentos, yendo directamente a la acción nada más iniciarse la obra. 
Es Nochebuena en una buhardilla parisina, en la que el escritor Rodolfo y el pintor Marcello se hallan hambrientos y gélidos frente a una estufa, por lo que el escritor llega a quemar uno de sus escritos para entrar en calor. La obra comienza, no con una obertura, sino con el motivo musical que representará a estos bohemios y que surgirá a lo largo de la ópera una y otra vez entretejido a lo largo de la acción dramática.


Con la pintura fresca, goteando de rocío




Finalizamos esta publicación dedicada a los comienzos de temporada, novelas y óperas con el inicio de La Bohème en una producción dirigida por Gustavo Dudamel y con el tenor Franklin de Lima como Marcelo.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Gaarder, Jostein. El mundo de Sofía, Traducción de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo. Editorial Siruela, 2023.
  • Salinger, J. D.. El guardián entre el centeno, traducción de Carmen Criado Fernández. Alianza Editorial, 2010.
  • Bradbury, Ray. Fahrenheit 451, traducción de Marcial Souto Tizón, Editorial DeBolsillo, 2021.
  • Operabase. Página web con estadísticas de ópera.