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Tiempos de falacias

Existe una relación íntima entre lenguaje y pensamiento. El primero nos ayuda a modelar y definir nuestro pensamiento, a la vez que el segundo colabora en la complejidad, riqueza y profundidad que posee nuestro lenguaje.
Estas dos funciones mentales resultan fundamentales en el desarrollo de nuestra actividad vital, la comprensión y configuración de nuestro mundo, la actitud con la que afrontamos nuestra existencia y las decisiones que tomamos en ella.
Configurar nuestro pensamiento y nuestro lenguaje para aprehender el universo cognitivo que nos rodea nos lleva a una vida más consciente y plena.
Pero esta relación entre lenguaje y pensamiento no deja de sufrir ciertas dificultades y alteraciones para llevarse a cabo. En unas ocasiones provienen de dentro de nosotros mismos, llevándonos a conclusiones incorrectas por diversas causas, mientras que en otros casos, los errores provienen del mundo externo a nosotros, en ocasiones de forma inconsciente, en otras a través de algún tipo de manipulación.
Recurriendo al Diccionario de la Real Academia de la Lengua nos encontramos con:

Falacia: Del lat. fallacia.
1. f. Engaño, fraude o mentira. No lo creas, es una falacia.
Sin.: Engaño, fraude, falsedad, mentira, calumnia, embuste, dolo, abulencia.
Ant.: Verdad, autenticidad.

Términos como fake news o bulos están presentes en nuestras vidas y abocan a conceptos más delicados referidos a la manipulación de la opinión pública y a la imposición de un cierto tipo de pensamiento.
En esta entrada nos centraremos en el concepto de falacia y algunas de sus variantes, teniendo en consideración que no son propias y exclusivas de nuestro tiempo, sino que forman parte de nuestra condición y fueron estudiadas y definidas desde la antigüedad. Reconocer esas falacias y saber encontrar dónde está el error nos ayuda a tener más claro nuestro pensamiento y a poder salir vencedores en nuestros debates y argumentaciones.
Te propongo un recorrido por las falacias desde su definición por Aristóteles hasta las más habituales en la actualidad. Nos acompaña música de Rossini, Satie y Les Luthiers. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Platón fue el primero que señaló las argumentaciones erróneas, centrándose en los discursos de los sofistas, maestros de la retórica, quienes, según el filósofo, se preocupaban más por la persuasión de quienes les oían que por la búsqueda de la verdad. 
Fue Aristóteles quien escribió el primer libro sobre las falacias en su tratado Refutaciones sofísticas. Más adelante, en un nuevo tratado, Retórica, el filósofo vuelve a escribir sobre el tema de las falacias, un asunto que ha llegado a tratarse en ámbitos filosóficos, psicológicos y lingüísticos hasta nuestros días, alcanzando, en temas políticos y gracias a la fuerza de las redes sociales una vigencia absoluta.
Tras la acepción que el Diccionario de la R.A.E., es conveniente matizar algo más sobre el término falacia.
Derivada etimológicamente de la palabra latina fallacia, esta procede de fallax (engaño). Se trata de una argumentación aparentemente válida, pero que no lo es, pues incluye errores, voluntarios o no, o argumentos que tergiversan la realidad. Se puede afirmar que las falacias son razonamientos que aparentan ser verdaderos, pero son engañosos y no válidos, surgen del error o buscan persuadir o convencer a otra(s) persona(s) vulnerando los principios de la lógica.
Clasificadas y divididas según diversos criterios, se agrupan de forma general en Falacias formales o lógicas, que incluyen defectos en la argumentación y Falacias informales, que recurren a las emociones de los destinatarios. Nos centramos en algunas de ambos tipos.

1.- Generalización apresurada: Se trata de un razonamiento que parte de datos particulares insuficientes para realizar una norma general. Se utiliza cuando se expresan razonamientos del tipo: «Todos los hombres -o mujeres- son iguales», o cuando se generaliza a los habitantes de un país o territorio: «Todos los españoles duermen la siesta».

Estatua de Aristóteles en Estagira, su ciudad natal.
Dividido a su vez en tres libros, en τέχνης ῥητορικής (Retórica), Aristóteles dedica algunos capítulos del segundo de ellos a tratar sobre las falacias sobre los que debemos tener en consideración los siguientes términos para seguir sus razonamientos:

Silogismo: Del Lat. Syllogismus, y este del gr. syllogismós.
1. M. Fil. Argumento que consta de tres proposiciones, la última de las cuales se deduce necesariamente de las otras dos.
Sin.: Argumento, razonamiento, razón, deducción.

Paralogismo: Del lat. tardío paralogismus, y este del gr. paralogismós, derivado de paralogízesthai (paralogizar).
1. M. Razonamiento falso.

Entimema: Del lat. enthymēma, y este del gr. enthymēma.
1. M. Fil. Silogismo abreviado que, por sobreentenderse una de las premisas, solo consta de dos proposiciones, que se llaman antecedente y consiguiente; p. ej., el sol alumbra, luego es de día.

Aristóteles denominaba indistintamente a las falacias paralogismos (al margen de la razón) y sofismas.
En el Segundo libro de Retórica, Aristóteles dedica varios capítulos a tratar este tema con más profundidad: El 23 lo titula Los lugares comunes en general de los entimemas y el 24 Lugares de los entimemas aparentes.
Nos acercamos al comienzo del segundo de estos capítulos, en el que Aristóteles trata de la primera de las falacias. Para facilitar la comprensión del texto, se ha traducido incorporando entre paréntesis algunas palabras que se daban por sobreentendidas.



2.- Argumentos ad verecundiam (Falacias de autoridad): Relacionan la veracidad del razonamiento a la autoridad que se cita como si ese argumento sirviese como garantía absoluta. Es el caso en que se apela a que tal frase o razonamiento la dijo un científico o pensador para darlo por hecho. En nuestro tiempo, es el caso en que se utiliza lo dicho por alguna celebridad o influencer.


Nos acompaña música de Rossini, de una de sus obras más conocidas: El barbero de Sevilla. Se trata de un aria de Don Basilio que puede relacionarse, aunque de forma indirecta, con esta falacia: La calunnia è un venticello (La calumnia es un vientecillo), en la que el maestro de música quiere poner en entredicho el nombre del Conde de Almaviva, pretendiente de Rossina, divulgando una calumnia.
Se trata de un aria para bajo profundo, la más grave de las voces, interpretada por Robert Lloyd como Basilio frente a Don Bartolo (Carlos Feller), en una grabación correspondiente a una representación realizada en el Festival de Ópera de Schwetzingen (Alemania) en 2003 con la dirección musical de Claus Viller.


3.- Falacia ad hominen: Es una de las que utiliza información no relevante o pertinente para llegar a la conclusión recurriendo al ataque personal, renunciando al razonamiento en sí. Es una de las que se utilizan con mayor frecuencia en las redes sociales y en nuestros días, en general. 

Retomamos de nuevo el capítulo 24 del tratado Retórica de Aristóteles con dos nuevos razonamientos sobre las falacias: En el segundo de ellos, entre los ejemplos del paralogismo nos llama la atención el de la doble dosis, mientras explica que el tercero de ellos se basa en la exageración.


4.- La falacia anecdótica parte de observaciones de ese tipo para llegar a conclusiones, siendo el problema más la mala calidad de la información que la falta de la misma. Es el caso en que partiendo de experiencias personales se generaliza sobre la bondad o eficacia de algún producto, servicio o cualquier otra cosa.
5.- Negación del antecedente: Es una falacia con un condicional en que al negarse un primer elemento se induce de forma errónea el segundo, como el siguiente razonamiento: «Si le doy un regalo será mi amigo. Si no le doy un regalo no será mi amigo.»


Continuamos con el texto aristotélico y sus paralogismos aparentes, en esta ocasión con el que procede del signo, con dos ejemplos relacionados con la conveniencia de los enamorados para las ciudades y sobre los ladrones. En el siguiente, nos muestra el entimema relacionado con los accidentes ilustrado con el ejemplo de los ratones.


6.- Falacia ad ignorantiam: Se pretende dar por hecha la veracidad de un argumento por el hecho de no poder demostrar que es falsa. Sería el caso de noticias que surgen periódicamente desde hace varias décadas sobre los OVNIs. Al no poder demostrar que son noticias falsas, continúan surgiendo y teniendo sus seguidores.

Estrenado un tiempo convulso, en mayo de 1917 semanas antes del inicio de la I guerra mundial, el ballet Parade reunió a un grupo de artistas que no podían dejar indiferentes a los asistentes al estreno. La música corrió a cargo de Erik Satie, el decorado y el diseño de vestuario lo realizó Pablo Picasso, el responsable de la dirección fue Jean Cocteau, el empresario Serguei Diaghilev y sus Ballets rusos lo pusieron en escena con la coreografía de Lèonide Massine y de la dirección musical se encargó Ernest Ansermet. Todos los ingredientes para que se produjera un nuevo escándalo.
Tanto fue así que Satie, ante la reseña negativa del crítico Jean Poueigh sobre el ballet le escribió en los siguientes términos: «Señor y querido amigo, no es usted solo un idiota, sino un idiota sin sentido de la música.» 
El crítico demandó al compositor, se celebró un juicio y Satie fue condenado a ocho días de arresto en prisión.
El ballet Parade no podía menos que ser revolucionario, una mezcla de provocación, Art Nouveau y Cubismo que incluyó en su partitura instrumentos tan inusuales como claxon, máquina de escribir,  seis disparos de pistola o la sirena de un barco.
El argumento muestra a tres directores que luchan por atraer al público a sus barracones: un prestidigitador chino, una pequeña norteamericana y dos acróbatas.
El enlace nos muestra un extracto de este ballet que merecerá una publicación más adelante. Desfilan figuras cubistas, caballos y los personajes protagonistas haciendo nombre al título del ballet, Parade, desfile.


7.- Falacia de la falsa causa (o falacia post hoc, ergo propter hoc): Se da por hecho que si un acontecimiento o fenómeno sucede después de otro está causado por este sin más pruebas que lo indiquen. Muy usual en nuestra vida, es el falso argumento de los remedios caseros, las terapias alternativas o los curanderos.

8- Falacia del falso dilema: Se nos fuerza a elegir en un dilema una opción u otra mutuamente excluyentes sin opciones de soluciones intermedias. La falacia consiste en negar esas opciones que en realidad son posibles. Es muy habitual en los argumentarios políticos.


Siguiendo los entimemas de Aristóteles nos acercamos a tres nuevos de ellos con similitudes en los indicados arriba: En el primero, la procedencia de la consecuencia viene marcada por varios ejemplos significativos como los de Alejandro, los adúlteros y los exiliados. El segundo trata sobre la falsa causa con el modelo del gobierno de Demóstenes, mientras el tercero de ellos nos acerca a la omisión del cuándo y el cómo con dos ejemplos, entre ellos el del conocido rapto de Alejandro (Paris) a Helena de troya.


9.- Falacia tu quoque (Tú también): Se refuta un argumento indicando que la persona que lo emite no actúa o actuará consecuentemente al mismo. 
10.- Argumento ad consequentiam: En esta falacia el error se haya en que la validez o no de la idea se vincula a si su consecuencia resulta deseable o indeseable.

Relacionadas con estas dos falacias, nos acercamos a una pieza musical que es una pequeña obra maestra del humor, la ironía y los razonamientos de la mano de los geniales Les Luthiers.
Se trata de Perdónala, una obra catalogada por los autores como bolérolo extraído de su espectáculo Unen Canto con Humor. Las situaciones y los razonamientos que las siguen son continuamente rechazados por el protagonista. ¿Cuántos tipos de falacias encuentras en esta pieza?


11.- Reductio ad hitlerum: Evidentemente no aparece y no está relacionada con los paralogismos aristotélicos. Se trata de una variante de la falacia ad hominem consistente en vincular al contrincante con Hitler, buscando descalificarlo sin ningún tipo de posibilidad de réplica. El ejemplo con el que se inició este argumento es: «Si a Hitler le gustaban los animales, la causa de los animalistas es tan aberrante como él mismo.» Un auténtico disparate.
El abogado Mike Godwin observó que si un debate en Internet se alargaba, antes o después aparecía alguna comparación con Hitler. Desde entonces se utiliza la Ley de Godwin, según la cual se impide el uso de la Reductio ad Hitlerum y en algunos lugares, utilizarla sirve de motivo de retirada de la palabra e incluso expulsión del foro.

Busto de Aristóteles. Mármol, copia romana del original griego en bronce de Lisippos de 330 A.C. La toga de alabastro es adicción moderna. Museo Nazionale Romano di Palazzo Altemps.
El capítulo 24 de la Retórica finaliza con el más extenso de los entimemas aparentes de Aristóteles, dedicado al hecho de tomar una cosa de modo absoluto o relativo como forma de triunfar en la erística, la disciplina que recoge los principios del debate y la argumentación. El capítulo finaliza con un alegato contra Protágoras, uno de los filósofos sofistas frente a quienes escribe estos argumentos.

Con este texto finaliza esta publicación que nos acerca a la apreciación de las falacias con un doble sentido: Descubrir cuándo nos encontramos frente a algún tipo de falacias y poder refutarlas en nuestras argumentaciones. 

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Aristóteles. Retórica, editorial Gredos, Biblioteca Clásica, traducción de Quintín Racionero. ISBN: 9788424999674.

Sinfonía de flores

Cada año, la primavera muestra el renacer de la naturaleza con todas sus características, intensidad y manifestaciones. El periodo anual, con algunas variantes según las condiciones meteorológicas o ambientales, se repite en un constante y continuo ciclo de vida y renovación en los seres vivos.
El despertar a la actividad vital de los animales, el nacimiento y el crecimiento de las crías, unido a la renovación de las hojas y flores en la primavera, marcan el surgimiento de un nuevo periodo anual que acabará cerrando el ciclo cuando llegue el invierno con sus rigores.
Una de las manifestaciones que más nos llaman la atención por su belleza, su utilidad para las plantas e incluso su utilización es el florecimiento de las plantas. La naturaleza silvestre, los parques y jardines de los pueblos y ciudades, incluso los modestos parterres y macetas caseros se llenan de flores que alegran y cautivan con sus vistosos colores y aromas.
Con la función inicial de atraer a los insectos para su polinización, los seres humanos hemos sabido aprovechar sus características para generar un arte como la floricultura con el fin de sacar el máximo provecho a las características de cada una de las variedades de plantas y flores.
Aprovechando que estamos en plena primavera, te propongo acercarte a las flores que nos acompañan en esta estación, tanto las silvestres como las cultivadas, para sentir cómo la sinfonía de las flores está junto a nosotros. Nos acompañan obras de Luis Palés Matos, Tagore, Calderón de la Barca, Tchaikovsky, Delibes y Schubert. Si te gusta… ¡Comparte, comenta, sugiere!

Fotografía de Tere Guerra.
Si la primavera es la época donde se manifiesta el resurgir de las plantas, es en mayo donde con mayor esplendor se desarrollan las flores, hasta el punto de que muchas localidades centran en ellas sus fiestas.

Luis Palés Matos (1898-1959) fue un escritor, poeta, periodista y actor portorriqueño que publicó con dieciséis años su primer libro de poemas, Azaleas con clara influencia de escritores como Rubén Darío e inscrito dentro del Modernismo Latinoamericano. Tras trabajar como oficinista, cartero, editor o maestro, llegó a ser secretario del presidente del Senado de Puerto Rico.
Su vida en Guayana, un pueblo tranquilo y solitario influyó en su obra al mezclar una vida totalmente tediosa y aburrida con la entrada en el mundo intenso y extraordinario que le proporcionaba la lectura de los grandes autores de su época y los clásicos.

Pierre-Auguste Renoir, Mujer con sombrilla en un jardín (1875) Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid
Fundador del Diepalismo, movimiento de vanguardia basado en la sonoridad y musicalidad de los versos, Luis Palés es uno de los grandes representantes de la poesía afroantillana. Entre sus obras destacan Versos para Natividad y Cuadernos del BebéTuntún de pasa y grifería, la novela Litoral y diversas antologías con los poemas publicados en periódicos y revistas.
Nos acompaña El lenguaje de las flores, un soneto inscrito dentro del estilo del modernismo con inspiración del Parnasianismo francés en el que la rima clásica se ha sustituido por la atípica ABAB, CDCD, EEF y GGF.


La sinfonía que crean las flores se puede experimentar de distintas formas: con la mezcla de sus diversos coloridos y tonalidades, con el aroma que desprenden y que embriaga nuestro olfato, con el ornamento que crean en los lugares en que las colocamos o con el movimiento que la brisa o el aire coordina de forma acompasada.
Esta mezcla de sensaciones las transmiten algunas obras musicales. En el ballet El Cascanueces, el tercero de los que compuso tras El lago de los cisnes y La bella durmiente, Peter Illich Tchaikovsky nos muestra su habilidad para transmitir la emoción con una gran maestría. 
Basada en una adaptación que Alejandro Dumas realizó sobre el cuento El cascanueces y el príncipe de los ratones de E. T. A. Hoffmann, este cuento infantil que transcurre el día de Navidad es el ballet más popular y representado en esas fechas y ha aparecido en diversas ocasiones en este blog. En el Acto II, se representa una de las piezas más conocidas de este ballet, el Vals de las flores, una pieza que representa a las flores que se aproximan a rendir homenaje a los protagonistas Clara y el Cascanueces, ya convertido en príncipe.
Introducido por los vientos -que menos para las flores- y las brillantes florituras -nunca mejor dichas- del arpa, Tchaikovsky transmite el acompasado movimiento de las flores, el colorido de su vestuario y la gracia y brillantez de las bailarinas en este vals tan famoso. 
La versión que nos acompaña pertenece a una versión de George Balanchine del Vals de las Flores con una gama de tonos sonrosados de interpretada por el New York City Ballet.


Miembro de una familia de clase alta hindú dedicada a la renovación espiritual de Bengalea, Rabindranath Tagore (1861-1941) se educó junto a su padre en Santiniketan hasta que fue enviado a Gran Bretaña donde estudió música y literatura.
Autor de obras como Cantos de la aurora, colecciones poéticas como Citra y El libro de cumpleaños, La luna nueva o El jardinero, obras de teatro como Kacha y Devayani, El cartero del rey o La máquina o novelas como Gora o La casa y el mundo, Tagore recibió el Premio Nobel de Literatura en 1913. 

Claude Monet, Camino del jardín de Giberny
Compaginó su labor literaria con su trabajo en la escuela Hogar de la Paz que fundó en Santiniketan en la que puso en marcha una metodología pedagógica que buscaba la libertad intelectual, además de posicionarse a favor de la independencia de su país, hasta que durante la I Guerra Mundial se inclinó por tomar una postura pacifista, dejando de lado el nacionalismo.
Nos acompaña un relato perteneciente a su libro La luna nueva (Poemas de niños), un poemario que dedicó a I. Sturge Moore, y que muestra la inocencia y el lirismo que Tagore imprime a su obra.


La ópera también muestra en diversos momentos esta relación con las flores que estamos tratando en esta publicación.
Obra de las denominadas de ambiente exótico, Lakmé es una ópera en tres actos con música de Léo Delibes con libreto de Edmond Gondinet y Philippe Gille basado en la novela Rarahu ou Le mariage de Loti de Pierre Loti, estrenada en la Opéra-Comique de París en 1883.
Enlazando con el país de Tagore, Lakmé se desarrolla en la India durante la conquista colonial inglesa a finales del XIX y, aunque con un argumento con ciertos tópicos, posee unos momentos musicales de gran intensidad y belleza.
El Acto I se desarrolla en un jardín de exuberante vegetación con un río al fondo. Después de una ceremonia, Nilakantha, sacerdote de Brahma, deja a su hija Lakmé al cuidado de sus sirvientes Hadji y Mallika. La joven se quita sus joyas y las deja sobre un banco, mientras se prepara con Mallika para el baño, interpretando el dúo más famoso de la ópera y uno de esos que en muchas ocasiones conocemos sin reconocer de dónde proceden. El dúo comienza con Viens, Mallika (Vienes, Mallika) y continua con Dôme épais (Espesa cúpula), mientras se disponen a recoger flores de loto azul como ofrendas, finalizando mientras cogen una barca y desaparecen por las aguas del río. Es el famoso Dúo de las flores de Lakmé.

Vicent van Gogh, Amandelbloesem (Almendro en flor), 1890, Museo Van Gogh, Amsterdam
Aunque las traducciones no llegan a reflejar en su totalidad el sentido original de la obra, los subtítulos que acompañan la interpretación nos sitúan en el argumento con cierta fidelidad. La versión que nos acompaña es una grabación de la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden con la soprano Anna Netrebko como Lakmé y la mezzo Elina Garança como Mallika.


Procedente de una familia hidalga de clase media, Pedro Calderón de la Barca es uno de los grandes escritores del Siglo de Oro, llevando a sus obras de teatro la vida tanto del pueblo como de la nobleza, a las que retrató y de las que se mostró como conciencia crítica. Calderón se muestra en estas obras un humanista del siglo XVII y un precursor de la ilustración que llegará el siglo siguiente.
Basta recordar obras como La dama duende, Casa con dos puertas mala es de guardar, El médico de su honra, El príncipe constante, El alcalde de Zalamea o La vida es sueño para comprobar la excelencia y fecundidad de su obra.

Juan de Arellano, Canastilla de flores (1671), Museo de Bellas Artes de Bilbao
Nos acompaña un texto que nos recuerda que las flores tienen su belleza y hermosura de forma efímera puesto que esta desaparece pronto. 
Estrenada en 1629, El príncipe constante es una comedia en la que Calderón sitúa la historia en el Portugal del siglo XV con los príncipes Enrique y Fernando como protagonistas.
En la escena XIV de la Jornada II, Fernando con una flores, habla con Fénix, Zara y Rosa diciendo estas palabras a los presentes:

No lo jures, bien lo creo.
Yo pues Fénix, que deseo
servirte humilde, traía
flores, de la suerte mía
jeroglíficos, señora,
pues nacieron con la aurora
y murieron con el día.

Poco más adelante, y siguiendo con la idea de la fugacidad de las flores, recita este soneto que nos acompaña, comparando las flores con la vida de los hombres.


Aprovechemos mientras podamos el placer de disfrutar de las flores, de sus colores, aromas e incluso movimientos acompasados, sabiendo que, como la vida, tienen un tiempo y que, aunque acaban por marchitarse, volverán a florecer con la nueva primavera. Es el caso de las palabras de Violeta Valèry y Alfredo en La traviata, cuando reflexionando sobre la enfermedad cantan a dúo La mia/tua salute rifiorirá (Mi/tu salud florecerá).

Jan Brueghel el Viejo (círculo de), Florero (entre 1600-1625), Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid
En este tono de melancólica reflexión finaliza esta publicación sobre las flores con uno de los poemas que Franz Peter Schubert incluyó en el ciclo Die schöne Müllerin (La bella molinera) a partir de los poemas de Wilhelm Müller.
Los versos finales nos llenan de esperanza al recordar que, muerto el invierno, surgirán de nuevo las flores de mayo. Compuesta por veinte poemas, Trockne Blumen (Flores secas) es el antepenúltimo de ellos y mantiene el mismo aire melancólico de toda la obra.


La interpretación de estas Flores secas corre a cargo de uno de los tenores más importantes de este momento, el alemán Jonas Kaufmann, acompañado al piano por Helmut Deutsch dentro de la grabación de La bella molinera realizada en 2009 para Decca Music Group Limited.

Dejémonos seducir por las flores.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Palés Mato, Luis. Poemas. ISBN: 9788499538327
  • Tagore, Rabindranath. La luna nueva, Editorial AMA, ISBN: 97838988659583.
  • Calderón de la Barca, Pedro. El príncipe constante, Editorial Good Press, ebook, ISBN: 8596547820598.
  • Kaufmann, Jonas. Die scönen Müllerin (La bella molinera), Decca Mussic Group Limited, 2009

Cien años de los Veinte poemas de amor de Neruda

Hay obras que marcan a sus autores y los hacen alcanzar el lugar que les corresponde dentro de su especialidad. Libros relacionados con la literatura o el pensamiento, piezas musicales, cuadros, tratados o descubrimientos científicos, obras arquitectónicas o cualquier tipo de expresión artística son muestras de este tipo de obras que encumbran a sus autores al idear estas obras maestras.
Aunque las referencias que tengamos de Pablo Neruda lo sitúen más cercano en el tiempo, una de sus primeras obras cumple los cien años de su publicación en 2024. Se trata de su segunda obra editada, Veinte poemas de amor y una canción desesperada, una poemario que salió a la luz cuando el poeta contaba con apenas diecinueve años de edad.
Su publicación hizo que su obra comenzara a ser conocida, que le abriera las puertas a nuevas publicaciones y que el nombre de Neruda entrara a formar parte de los grandes escritores iberoamericanos del siglo XX.
Te propongo acercarte a una obra que cumple cien años desde su publicación en 1924, los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda. Nos acompañan algunos de sus poemas y músicas inspiradas en ellos con Paco Ibáñez, Dimas y Ramón Ayala. Si te gusta… ¡Comparte, comenta, sugiere! 


Nacido en julio de 1904 en Parral (Chile) como Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, publicó sus primeros poemas sueltos como Ricardo Reyes, hasta que adoptó el pseudónimo de Pablo Neruda, que convirtió finalmente en su nombre legal.
Hijo de una humilde familia, su madre, maestra, murió de tuberculosis a los pocos meses de su nacimiento y su padre, ferroviario, volvió a casarse más adelante.
Neruda está considerado uno de los más grandes escritores del pasado siglo, con una vida en la que alternó su obra como poeta y escritor con su trabajo diplomático como embajador en distintos lugares, como Singapur, Java, México, Buenos Aires, Madrid o París, además de mostrar su activismo político en favor de las políticas de izquierda, llegando a ser precandidato a la presidencia de Chile antes de la elección de Salvador Allende.
Personaje con luces y sombras, recibió el Premio Nobel de Literatura «por una poesía que con la acción de una fuerza elemental da vida al destino y los sueños de un continente», según el comité organizador del galardón.

Nos acompaña una pieza musical relacionada con Neruda en su inspiración, aunque no en ninguna obra suya concreta.
Blas Galindo Dimas fue un profesor de música, compositor y director de orquesta mexicano que compuso en 1948 su obra para orquesta de cuerdas Poema de Neruda, una pieza que se mueve entre la sensibilidad y las emociones que despiertan los poemas del escritor chileno.
La grabación con la que se inicia esta publicación, que puede servir como música de fondo para leerla pertenece al disco México sinfónico y está interpretada por la Orquesta de las Américas bajo la dirección de Benjamín Juárez Echenique y fue editado por la discográfica Urtext en 1998, apenas cinco años después del fallecimiento del compositor.


Tras de participar en diversos concursos florales de poesía y de sacar algunos poemas en diversos periódicos y revistas, publicó su primer libro, Crepusculario en 1923 ya con el nombre con el que lo conocemos.
En esa suerte de memoria que es Para nacer he nacido, el propio escritor explica cómo logró que estos poemas se publicaran:

«En cuanto a mis Veinte poemas de amor, contaré una vez más que fue Eduardo Barros quien lo entregó y recomendó con tal ardor a don Carlos George Nascimiento que éste me llamó para proclamarme poeta publicable con estas sobrias palabras: "Muy bien, publicaremos su obrita".»

Con la distancia que da el paso del tiempo, este libro fue para el escritor «un libro doloroso y pastoril que contiene sus más atormentadas pasiones adolescentes, mezcladas con la naturaleza arrolladora del sur.»
Estos Veinte poemas de amor y una canción desesperada están cargados de un fuerte erotismo, lo que provocó el rechazo de una parte de la sociedad y de la crítica, a la vez que logró la adhesión de los más jóvenes.
Esta vertiente de descarnado erotismo se advierte sin ninguna duda desde el primero de los poemas que conforman la obra.


Pese a ser el segundo libro que publicó, Veinte poemas de amor... es posiblemente el libro más popular de Neruda y el que lo consolidó como poeta, dándole un prestigio que le acompañó desde entonces. 
Heredero de la línea modernista, este poemario muestra la expresividad de la vanguardia literaria con una intensidad lírica, una vitalidad desbordante y un erotismo patente que se va trocando en un tono de melancolía que entronca con el romanticismo conforme avanzan en los poemas las ausencias y separaciones.

El joven poeta antes de 1920 cuando aún firmaba con su nombre Ricardo Reyes
Si leer los poemas es un acto de latente sensibilidad, escucharlo leer por alguien que lo recite de forma sentida y con conocimiento de causa lo es más. En el siguiente enlace es el propio Neruda quien recita uno de los más conocidos, su Poema 15, el conocido Me gusta cuando callas porque estás como ausente. Su voz se torna larga y nostálgica para expresar esos sentimientos que, como autor, conoce mejor que nadie, para compartirlo como con una lenta, dramática y sentida letanía. Su voz y su estilo, con una cadencia que tiene cierta semejanza con la forma de recitar de Rafael Alberti, nos acompañan en esta grabación histórica.


Neruda narra en estos veinte poemas la pasión y el amor hacia una mujer idealizada, que no se basa en una sola persona, sino que toma características de varias mujeres reales a las que conoció. Así crea una amante que representa la idea poética del objeto de su amor, un arquetipo, en unos poemas que van cambiando a un tono cada vez más oscuro y sombrío conforme avanzan los poemas, para mostrar el temor de la ausencia y la pérdida tanto de la pasión como de la amada y, en resumen, del propio amor.
El propio poeta trata de su libro en un artículo publicado en el diario La Nación de Santiago de Chile en 1924, el mismo año en que salió a la luz y que transcribe de nuevo en Para nacer he nacido.

EXÉGESIS Y SOLEDAD
Emprendí la más grande salida de mí mismo: la creación, queriendo iluminar las palabras. Diez años de tarea solitaria, que hacen con exactitud la mitad de mi vida, han hecho sucederse en mi expresión ritmos diversos, corrientes contrarias. Amarrándolos, trenzándolos sin hallar lo perdurable, porque no existe, ahí están Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Dispersos como el pensamiento en su inasible variación, alegres y amargos, yo los he hecho y algo he sufrido haciéndolos. Sólo he cantado mi vida y el amor de algunas mujeres queridas, como quien comienza por saludar a gritos grandes la parte más cercana del mundo. Traté de agregar cada vez más la expresión a mi pensamiento y alguna victoria logré: me puse en cada cosa que salió de mí, con sinceridad y voluntad. Sin vacilar, gente honrada y desconocida -no empleados y pedagogos que me detestan personalmente- me han mostrado sus gestos cordiales, desde lejos. Sin darles importancia, concentrando mi fuerza para atajar la marea, no hice otra cosa que dar intensidad a mi trabajo. No me cansé de ninguna disciplina porque nunca la tuve: la ropa usada se conforma a los demás, me quedó chica o grande, y la reconocí sin mirarla. Buen meditador, mientras he vivido he dado alojamiento a demasiadas inquietudes para que éstas pasaran de golpe por lo que escribo. Sin mirar hacia ninguna dirección, libremente, inconteniblemente, se me soltaron mis poemas.

Pablo Neruda, diario La Nación, Santiago de Chile.

El joven Neruda en una fotografía de estudio
Esa nostalgia que precede a la ausencia se deja ver con nitidez en el Poema 6 en el que poeta comienza a evocar el recuerdo de la amada.


Neruda busca dar mayor unidad al libro prescindiendo de los títulos de los poemas a los que simplemente enumera, lo que supone también buscar la complicidad del lector para que realice un esfuerzo en la interpretación de cada uno de ellos. Así, dos características se unen a los temas mencionados del amor, la ausencia y la pérdida.
Por una parte, el erotismo latente, la necesidad del cuerpo que provoca el deseo se va trocando poco a poco en la necesidad de la palabra, la búsqueda de la atención de la amada, desde su oído hasta su mente, configurando estas palabras como una promesa de amor. 
De otro lado, ese arquetipo de la mujer amada le remite al principio vital, a los sonidos y cantos de la naturaleza, a los movimientos telúricos y celestes, al universo y el anhelo de plenitud completa. El amante y el poeta se entregan en todo su ser, sabiendo que es un ideal inasible, inalcanzable, pero deseable.

Portada de la edición original de la Editorial Nascimento de 1924.

Nos acompaña otro de los versos que han trascendido al libro y se han popularizado fuera de él, el Poema 20 que cierra el ciclo.
Escuchamos este conocido Puedo escribir los  versos más tristes esta noche con la música e interpretación del argentino Ramón Ayala perteneciente a su disco La selva y el río editado en 2008 por Epsa Music.


Estos veinte poemas de amor supusieron la consolidación del poeta como una de las figuras del panorama literario hispanoamericano y mundial.
Tras su paso por España durante la guerra civil, en su destino en México como diplomático, Neruda continuó su obra poética con sus Cantos Generales, obra que muestra su inspiración en la poesía de Walt Whitman, recibiendo en 1945 el Premio de Literatura de Chile. Por su pertenencia al Partido Comunista que fue prohibido tres años después hubo de exiliarse, recalando en Capri desde donde realizó una serie de conferencias por Europa. Tras su regreso a Chile publicó obras como Los versos del capitán, sus Odas elementales o Estravagario.


De nuevo encontramos en Para nacer he nacido otra referencia a su libro del que celebramos el centenario en esta publicación. Se trata del prólogo que escribió para una edición de su Veinte poemas en francés en 1960.

Fueron escritos estos poemas con aire, mar, espigas, estrellas y amor, amor... Desde entonces andan rondando y cantando... El tiempo les despojó su primera vestidura, el cataclismo de Chile, suspendido siempre como una espada de fuego, cayó sobre Puerto Saavedra y aniquiló mis recuerdos. Entró el mar que resuena en este libro y la marejada arrolló las casas y los pinos. Los muelles quedaron retorcidos y rotos. Una ola gigante azotó las amapolas. Todo fue destruido en este año de 1960.

Todo... Que mi poesía guarde en su copa la antigua primavera asesinada.

París, noviembre de 1960.

En el Poema 12, el poeta insiste en el abandono y el dolor en una relación a la que se entrega por completo y cuyo corazón sólo necesita el pecho de la amada a quien se ofrece para enseñarle a ser libre. La imagen de las aves que emigran cierran el poema.


Tras una vida con luces y sombras en lo humano y con brillantez en lo poético, en 1970 Allende lo nombra embajador en Francia, al año siguiente recibe el Premio Nobel de Literatura y regresó a su país. Un Neruda enfermo murió el 23 de septiembre de 1973 días después del golpe de Pinochet. Su casa fuer incendiada y su biblioteca personal destruida.

Veinte poemas de amor y una canción desesperada sigue sorprendiendo cien años después por la facilidad para transmitir emociones primarias y universales, y por la capacidad de conmover y evocar esas imágenes que envuelven a los lectores en una vorágine de emociones. Nos invita a reflexionar sobre la belleza y el dolor del amor, de su ausencia y su pérdida, explorando nuestras propias emociones y experiencias desde la poesía de un escritor como Pablo Neruda.


No podía finalizar esta publicación sin acercarnos a La canción desesperada, un alegato en el que se unen los elementos de los poemas anteriores alrededor del alejamiento y la angustia por la pérdida. Todo está condicionado por el dolor del olvido: la amada, el recuerdo en la noche, el abandono, el naufragio de la relación. Ante esa nostalgia sólo queda escapar de los recuerdos, para huir de sí mismo, para tener un consuelo cuando todo está perdido.
Esta canción es una suerte de epitafio, una despedida cincelada en el mármol del dolor. 
Para un clásico como Neruda, es otro clásico como Paco Ibáñez nos acerca a esta última canción desesperada. El intérprete recrea esta última pieza en una canción en la que acorta los versos del escritor para crear una canción con la misma desolación y dolor que el poema original.

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Bibliografía y webgrafía consultadas: