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Sinfonía de flores

Cada año, la primavera muestra el renacer de la naturaleza con todas sus características, intensidad y manifestaciones. El periodo anual, con algunas variantes según las condiciones meteorológicas o ambientales, se repite en un constante y continuo ciclo de vida y renovación en los seres vivos.
El despertar a la actividad vital de los animales, el nacimiento y el crecimiento de las crías, unido a la renovación de las hojas y flores en la primavera, marcan el surgimiento de un nuevo periodo anual que acabará cerrando el ciclo cuando llegue el invierno con sus rigores.
Una de las manifestaciones que más nos llaman la atención por su belleza, su utilidad para las plantas e incluso su utilización es el florecimiento de las plantas. La naturaleza silvestre, los parques y jardines de los pueblos y ciudades, incluso los modestos parterres y macetas caseros se llenan de flores que alegran y cautivan con sus vistosos colores y aromas.
Con la función inicial de atraer a los insectos para su polinización, los seres humanos hemos sabido aprovechar sus características para generar un arte como la floricultura con el fin de sacar el máximo provecho a las características de cada una de las variedades de plantas y flores.
Aprovechando que estamos en plena primavera, te propongo acercarte a las flores que nos acompañan en esta estación, tanto las silvestres como las cultivadas, para sentir cómo la sinfonía de las flores está junto a nosotros. Nos acompañan obras de Luis Palés Matos, Tagore, Calderón de la Barca, Tchaikovsky, Delibes y Schubert. Si te gusta… ¡Comparte, comenta, sugiere!

Fotografía de Tere Guerra.
Si la primavera es la época donde se manifiesta el resurgir de las plantas, es en mayo donde con mayor esplendor se desarrollan las flores, hasta el punto de que muchas localidades centran en ellas sus fiestas.

Luis Palés Matos (1898-1959) fue un escritor, poeta, periodista y actor portorriqueño que publicó con dieciséis años su primer libro de poemas, Azaleas con clara influencia de escritores como Rubén Darío e inscrito dentro del Modernismo Latinoamericano. Tras trabajar como oficinista, cartero, editor o maestro, llegó a ser secretario del presidente del Senado de Puerto Rico.
Su vida en Guayana, un pueblo tranquilo y solitario influyó en su obra al mezclar una vida totalmente tediosa y aburrida con la entrada en el mundo intenso y extraordinario que le proporcionaba la lectura de los grandes autores de su época y los clásicos.

Pierre-Auguste Renoir, Mujer con sombrilla en un jardín (1875) Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid
Fundador del Diepalismo, movimiento de vanguardia basado en la sonoridad y musicalidad de los versos, Luis Palés es uno de los grandes representantes de la poesía afroantillana. Entre sus obras destacan Versos para Natividad y Cuadernos del Bebé,  Tuntún de pasa y grifería, la novela Litoral y diversas antologías con los poemas publicados en periódicos y revistas.
Nos acompaña El lenguaje de las flores, un soneto inscrito dentro del estilo del modernismo con inspiración del Parnasianismo francés en el que la rima clásica se ha sustituido por la atípica ABAB, CDCD, EEF y GGF.


La sinfonía que crean las flores se puede experimentar de distintas formas: con la mezcla de sus diversos coloridos y tonalidades, con el aroma que desprenden y que embriaga nuestro olfato, con el ornamento que crean en los lugares en que las colocamos o con el movimiento que la brisa o el aire coordina de forma acompasada.
Esta mezcla de sensaciones las transmiten algunas obras musicales. En el ballet El Cascanueces, el tercero de los que compuso tras El lago de los cisnes y La bella durmiente, Peter Illich Tchaikovsky nos muestra su habilidad para transmitir la emoción con una gran maestría. 
Basada en una adaptación que Alejandro Dumas realizó sobre el cuento El cascanueces y el príncipe de los ratones de E. T. A. Hoffmann, este cuento infantil que transcurre el día de Navidad es el ballet más popular y representado en esas fechas y ha aparecido en diversas ocasiones en este blog. En el Acto II, se representa una de las piezas más conocidas de este ballet, el Vals de las flores, una pieza que representa a las flores que se aproximan a rendir homenaje a los protagonistas Clara y el Cascanueces, ya convertido en príncipe.
Introducido por los vientos -que menos para las flores- y las brillantes florituras -nunca mejor dichas- del arpa, Tchaikovsky transmite el acompasado movimiento de las flores, el colorido de su vestuario y la gracia y brillantez de las bailarinas en este vals tan famoso. 
La versión que nos acompaña pertenece a una versión de George Balanchine del Vals de las Flores con una gama de tonos sonrosados de interpretada por el New York City Ballet.


Miembro de una familia de clase alta hindú dedicada a la renovación espiritual de Bengalea, Rabindranath Tagore (1861-1941) se educó junto a su padre en Santiniketan hasta que fue enviado a Gran Bretaña donde estudió música y literatura.
Autor de obras como Cantos de la aurora, colecciones poéticas como Citra y El libro de cumpleaños, La luna nueva o El jardinero, obras de teatro como Kacha y Devayani, El cartero del rey o La máquina o novelas como Gora o La casa y el mundo, Tagore recibió el Premio Nobel de Literatura en 1913. 

Claude Monet, Camino del jardín de Giberny
Compaginó su labor literaria con su trabajo en la escuela Hogar de la Paz que fundó en Santiniketan en la que puso en marcha una metodología pedagógica que buscaba la libertad intelectual, además de posicionarse a favor de la independencia de su país, hasta que durante la I Guerra Mundial se inclinó por tomar una postura pacifista, dejando de lado el nacionalismo.
Nos acompaña un relato perteneciente a su libro La luna nueva (Poemas de niños), un poemario que dedicó a I. Sturge Moore, y que muestra la inocencia y el lirismo que Tagore imprime a su obra.


La ópera también muestra en diversos momentos esta relación con las flores que estamos tratando en esta publicación.
Obra de las denominadas de ambiente exótico, Lakmé es una ópera en tres actos con música de Léo Delibes con libreto de Edmond Gondinet y Philippe Gille basado en la novela Rarahu ou Le mariage de Loti de Pierre Loti, estrenada en la Opéra-Comique de París en 1883.
Enlazando con el país de Tagore, Lakmé se desarrolla en la India durante la conquista colonial inglesa a finales del XIX y, aunque con un argumento con ciertos tópicos, posee unos momentos musicales de gran intensidad y belleza.
El Acto I se desarrolla en un jardín de exuberante vegetación con un río al fondo. Después de una ceremonia, Nilakantha, sacerdote de Brahma, deja a su hija Lakmé al cuidado de sus sirvientes Hadji y Mallika. La joven se quita sus joyas y las deja sobre un banco, mientras se prepara con Mallika para el baño, interpretando el dúo más famoso de la ópera y uno de esos que en muchas ocasiones conocemos sin reconocer de dónde proceden. El dúo comienza con Viens, Mallika (Vienes, Mallika) y continua con Dôme épais (Espesa cúpula), mientras se disponen a recoger flores de loto azul como ofrendas, finalizando mientras cogen una barca y desaparecen por las aguas del río. Es el famoso Dúo de las flores de Lakmé.

Vicent van Gogh, Amandelbloesem (Almendro en flor), 1890, Museo Van Gogh, Amsterdam
Aunque las traducciones no llegan a reflejar en su totalidad el sentido original de la obra, los subtítulos que acompañan la interpretación nos sitúan en el argumento con cierta fidelidad. La versión que nos acompaña es una grabación de la SWR Sinfonieorchester Baden-Baden con la soprano Anna Netrebko como Lakmé y la mezzo Elina Garança como Mallika.


Procedente de una familia hidalga de clase media, Pedro Calderón de la Barca es uno de los grandes escritores del Siglo de Oro, llevando a sus obras de teatro la vida tanto del pueblo como de la nobleza, a las que retrató y de las que se mostró como conciencia crítica. Calderón se muestra en estas obras un humanista del siglo XVII y un precursor de la ilustración que llegará el siglo siguiente.
Basta recordar obras como La dama duende, Casa con dos puertas mala es de guardar, El médico de su honra, El príncipe constante, El alcalde de Zalamea o La vida es sueño para comprobar la excelencia y fecundidad de su obra.

Juan de Arellano, Canastilla de flores (1671), Museo de Bellas Artes de Bilbao
Nos acompaña un texto que nos recuerda que las flores tienen su belleza y hermosura de forma efímera puesto que esta desaparece pronto. 
Estrenada en 1629, El príncipe constante es una comedia en la que Calderón sitúa la historia en el Portugal del siglo XV con los príncipes Enrique y Fernando como protagonistas.
En la escena XIV de la Jornada II, Fernando con una flores, habla con Fénix, Zara y Rosa diciendo estas palabras a los presentes:

No lo jures, bien lo creo.
Yo pues Fénix, que deseo
servirte humilde, traía
flores, de la suerte mía
jeroglíficos, señora,
pues nacieron con la aurora
y murieron con el día.

Poco más adelante, y siguiendo con la idea de la fugacidad de las flores, recita este soneto que nos acompaña, comparando las flores con la vida de los hombres.


Aprovechemos mientras podamos el placer de disfrutar de las flores, de sus colores, aromas e incluso movimientos acompasados, sabiendo que, como la vida, tienen un tiempo y que, aunque acaban por marchitarse, volverán a florecer con la nueva primavera. Es el caso de las palabras de Violeta Valèry y Alfredo en La traviata, cuando reflexionando sobre la enfermedad cantan a dúo La mia/tua salute rifiorirá (Mi/tu salud florecerá).

Jan Brueghel el Viejo (círculo de), Florero (entre 1600-1625), Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, Madrid
En este tono de melancólica reflexión finaliza esta publicación sobre las flores con uno de los poemas que Franz Peter Schubert incluyó en el ciclo Die schöne Müllerin (La bella molinera) a partir de los poemas de Wilhelm Müller.
Los versos finales nos llenan de esperanza al recordar que, muerto el invierno, surgirán de nuevo las flores de mayo. Compuesta por veinte poemas, Trockne Blumen (Flores secas) es el antepenúltimo de ellos y mantiene el mismo aire melancólico de toda la obra.


La interpretación de estas Flores secas corre a cargo de uno de los tenores más importantes de este momento, el alemán Jonas Kaufmann, acompañado al piano por Helmut Deutsch dentro de la grabación de La bella molinera realizada en 2009 para Decca Music Group Limited.

Dejémonos seducir por las flores.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Palés Mato, Luis. Poemas. ISBN: 9788499538327
  • Tagore, Rabindranath. La luna nueva, Editorial AMA, ISBN: 97838988659583.
  • Calderón de la Barca, Pedro. El príncipe constante, Editorial Good Press, ebook, ISBN: 8596547820598.
  • Kaufmann, Jonas. Die scönen Müllerin (La bella molinera), Decca Mussic Group Limited, 2009

E.T.A. Hoffmann y la muñeca de Coppelius

Hubo un tiempo en que la investigación, los descubrimientos y los inventos prometían avances, pero a la vez se veían con miedo a sus desconocidas consecuencias. Quizás se parezcan a otros muchos.
A partir del siglo XIX algunos relatos e historias estaban poblados por el miedo y el terror hacia lo desconocido. La ciencia y los inventos que traían consigo, además de avances en la psicología, la medicina o en otros campos, abrieron una caja de pandora en la imaginación de la población que los autores encauzaron a nuevos géneros literarios como las novelas de ciencia ficción o de terror. 
Algunos autores fueron abriendo caminos desconocidos hasta entonces y llevaron su influencia a sus contemporáneos y a nuevas generaciones como el caso que nos acompaña en esta publicación.
Te propongo un paseo sobre uno de los relatos de E.T.A. Hoffmann que sirvió como fuente de inspiración a distintas obras musicales. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


A Ernst Theodor Wilhelm Hoffmann le apasionaba tanto la música que decidió cambiar el tercero de sus nombres por Wolfgang en homenaje a su idolatrado Mozart. Así que fue conocido artísticamente como Ernst Theodor Amadeus Hoffmann y, más brevemente, E.T.A. Hoffmann.
Nacido en 1776 en Königsberg, capital de la Prusia Oriental alemana hasta que pasó a formar parte de Rusia con el nombre de Kaliningrado desde 1945, Hoffmann sufrió las consecuencias de la separación de sus padres, siendo educado de forma estricta por su tío materno.
Aunque por tradición familiar su principal profesión fue la de jurista, su verdadera pasión lo llevó por todas las artes desde la música a la pintura, pasando por la literatura, la decoración o el diseño, siendo en su tiempo uno de estos creadores que en la cultura alemana se conoce como Totalkünstler (artista completo). E.T.A. Hoffmann vivió en varias ciudades donde alternó sus trabajos jurídicos -fue consejero de justicia del tribunal de Berlín- con otros como la dirección de algún teatro, la dirección de orquesta o el trabajo de arquitecto.
Pero lo que nos ha llegado con más fuerza hasta nuestros días es su obra literaria. Autor de varios libros -algunos como Las opiniones del gato Murr han pasado por este blog-, sus colecciones de relatos son las que han alcanzado más éxito y reconocimiento. Integrado en el segundo impulso del romanticismo alemán, la obra de E.T.A. Hoffmann se desarrolló en un corto periodo de tiempo, desde su primera publicación en 1814 hasta su fallecimiento en 1822 antes de cumplir los cincuenta años, desarrollando una visión innovadora que se adelanta a los movimientos artísticos, siendo una influencia notable para muchos autores posteriores. 
En 1818 publicó Nachtstücke (Cuentos nocturnos), una colección de relatos en la que se incluye un cuento escrito el año anterior, Der Sandmann (El hombre de arena), un relato que podríamos clasificar como un precedente de los relatos de terror gótico en que lo psicológico tiene una presencia fundamental en el interior del protagonista. 
El protagonista Nataniel perdió a su padre cuando era joven, un recuerdo que asocia a la historia del hombre de arena con que su progenitor hacía que él y sus hermanos se fueran a la cama antes de que llegara amenazador.
El profesor Copellius -o quizás el vendedor Coppola, quién sabe-, el profesor universitario Spalanzani y su peculiar y adorable hija Olimpia forman parte fundamental en el desarrollo del relato.
Así relata Nataniel en una carta a su amigo Lotario la primera visión que tuvo de Olimpia. 


Este cuento ha sido fuente de inspiración para algunas obras musicales. Con seguridad, la primera de las ocasiones en que se utilizó el argumento de El hombre de arena fue para un conocido ballet del francés Léo Delibes. Con un libreto de Arthur Sain-Léon y Charles Nuitter y coreografía del primero. En mayo de 1870 se estrenó el ballet con el nombre de Coppélia en la Ópera de París con una prometedora protagonista, Giuseppina Bozzachi que solo contaba con 16 años de edad.
Coppélia es el nombre que dan en el ballet a la muñeca creada, en esta ocasión no por Spalanzani, sino por el misterioso Doctor Coppelius. La historia se desarrolla en un pueblo en el que el joven Franz -ya no es Nataniel- queda prendado de la autómata bailarina, olvidándose de su amada Swanhilda. Aquí, el color oscuro, casi tenebroso del cuento da paso a un color alegre, desenfadado, de comedia. 
Con una música que casi con seguridad es conocida, aunque puede que no reconocida, por todos, este primer enlace nos muestra el vals lento conocido como Swanhilda's Waltz del Acto I con la gran bailarina Natalia Osipova en la llamada Variación Osipova, creada por ella misma. El baile de la muchacha se desarrolla ante la mirada de la estática joven en la ventana del doctor Coppelius a la que quiere llamar la atención con sus movimientos sin conseguirlo. La interpretación está acompañada por la Orquesta del Royal Opera House de Londres con la dirección de Mark Ermler.


Los relatos cortos se prestan a entrar en el terreno que más atrae a E.T.A. Hoffmann, el relato fantástico en el que entran aspectos tan diferentes e innovadores como la magia, la cábala, el magnetismo animal, la psicología o la psicopatía, además de la medicina, que indagan en los avances y descubrimientos o el miedo que algunos de ellos producían en los lectores por las desconocidas consecuencias que pudieran acarrear en un futuro. La desbordante imaginación, el domino del idioma y de los resortes que subyacen en el lenguaje literario hace que su obra haya trascendido a su época y haya tenido tantos seguidores.
Un año antes de escribir El hombre de arena, Hoffmann comienza a celebrar reuniones con amigos y compañeros sobre la literatura, las Serephinen-Abenden (Veladas seráficas) que en unos años se convierten en Die Serapions-Büder (La Confraternidad de Serapión).
En El hombre de arena, Hoffmann mezcla el recurso de las cartas que se cruzan los protagonistas con el relato de un narrador en tercera persona. Así, va presentando la historia de Nataniel desde la visión subjetiva de quienes escriben la correspondencia a sus amigos. No es hasta que conocemos algo sobre ellos cuando el omnisciente narrador se decide a plantear a los lectores el comienzo de su relato a media res -a la mitad de las cosas- como él mismo dirá, de una forma tan particular como esta.


Coppélia se desarrolla desde el lado amable de la historia: la muñeca del Doctor Coppelius que interrumpe la apacible vida del pueblo. Mientras Franz deja de fijar su atención en Swanhilda y centra su curiosidad en el extraño doctor y su corazón comienza a palpitar por la estática muchacha, la joven desdeñada toma la iniciativa y, con sus compañeras, irrumpe en el piso de Coppelius. Allí descubre que la muchacha es en realidad una muñeca y ante un Franz que ha sido dormido por el inventor, ella misma se hace pasar por la muñeca, haciendo creer a Coppelius que su creación es capaz de tomar vida propia. 
Todo se presenta desde una óptica desenfadada, feliz y alegre, con un desenlace en consonancia con el desarrollo. Si obras como Frankenstein de Mary Shelley muestran el lado oscuro y sórdido del científico inventor que es capaz de crear vida, Coppelia presenta el lado liviano y ligero, como la otra cara de la moneda.
Quizás el lado más triste de esta historia venga con su primera protagonista. Cuando a sus dieciséis años Giuseppina Bozzacchi debutó con gran éxito en este papel se le auguraba una prometedora carrera. Una epidemia de cólera durante el asedio de París en el transcurso de la guerra Franco Prusiana truncó su carrera al acabar con su vida al cumplir los diecisiete años.
El enlace nos muestra el momento en que Swanhilda se hace pasar por la muñeca de Coppelius. La joven está interpretada por Marianela Núñez y el doctor por Gary Avis en una producción del Royal Opera House de Londres.


En un periodo de unos quince años se publicó toda la obra literaria de E.T.A. Hoffmann, desde su primer volumen de relatos Fantasiestücke in Callots Manier (Piezas fantásticas a la moda de Callots) aparecido entre 1814 y 1815, su primera novela Die Elixiere des Teufels: Nachgelassene Papieers der Bruders Medardus, einer Kapuziners (Los elixires del diablo. Papeles póstumos del hermano capucnino Medardus) cuyo título inspiraría a Dickens para Los papeles póstumos del Club Pickwick. A estas obras le siguió la citada Nachtstücke que incluye El hombre de arena en el bienio siguiente, hasta completar una veintena de obras entre colecciones de relatos cortos y novelas. No olvidemos que el ballet El cascanueces de Tchaikowsky parte de su relato Nussknacker und Mausekönig (El cascanueces y el príncipe de los ratones) y hay casi una decena de óperas y ballets que se basan en relatos suyos.

Una vez Nataniel ha conocido a través de su ventana a Olimpia, cuando el relato parece centrarse en lo idílico y tranquilo, la imprecisa figura de Coppola/Coppelius vuelve a entrar en escena de un modo inquietante.


La obra de E.T.A. Hoffmann ha servido como fuente de inspiración para muchos compositores. Además de la Coppélia de Delibes o El Cascanueces, podemos encontrar ideas suyas en Don Pasquale de Donizetti o en obras de Bellini e incluso algunas ideas en Wagner.
Pero la ópera más conocida basada en textos suyos es Les contes d'Hoffman (Los cuentos de Hoffmann) de Jacques Offenbach, en la que el propio creador es el protagonista sobre el que gira la obra.
Dividida en cuatro actos, la obra se basa en varios cuentos de E.T.A. Hoffmann: El hombre de arena, El consejero Krespel y El reflejo perdido. La ópera se desarrolla en una taberna de Luther en Nurenberg en un intermedio de Don Giovanni de Mozart a la espera de la gran cantante Stella. Qué menos que un homenaje a Mozart, ya que, si Hoffmann cambió su nombre por él, Offenbach era conocido como El Mozart de los Campos Eliseos). Instigado por Nicklause y los parroquianos, Hoffmann relata en cada uno de los actos restantes tres de sus fracasos amorosos con Olympia, Antonia y Giulietta, para terminar reconociendo ante su musa que su fracaso en el amor le lleva a su completa dedicación a la literatura. 


El segundo acto se basa en la historia de Nataniel y su relación con la muñeca Olympia de El hombre de arena. Aunque no sigue el argumento del escritor alemán, el libreto de Jules Barbier recoge algunas ideas y escenas con una sugerente y sorprendente fidelidad al original.
No hay diferencia entre Coppelius y Copelio en la ópera y el personaje protagonista es el propio Hoffmann, apareciendo marginalmente Nataniel como un estudiante, mientras Spalanzani y su hija Olympia -aquí con y- desarrollan el mismo rol que en la novela. 
C'est moi, Coppelius (Soy yo, Coppelius) muestra cómo Offenbach adapta el encuentro anterior entre Nataniel y el doctor al escenario con la intervención de Nicklause, un personaje que interactúa durante toda la obra sobre la conciencia del protagonista. El desarrollo de la escena, como comentaba anteriormente, es similar al del relato.
El enlace que nos acompaña pertenece a una representación celebrada en el Teatro Nacional de Ópera de Praga en 2010 con el terceto C'est moi, Coppelius interpretado por el barítono Tomasz Konieczny como Coppelius, el tenor Marc Laho como Hoffmann y la contralto Atala Schöck como Nicklause.


E.T.A. Hoffmann es uno de esos autores que han tenido una gran influencia tanto entre sus contemporáneos como en autores posteriores, tanto del mundo literario como de otras disciplinas artísticas.
Ese lado oscuro al que se dirigen sus obras, el punto en que ciencia y futuro, psicología y mente buscan lo que pueden ser avances que mejoren el mundo en que vivimos, aunque con el peligro de encontrar la destrucción, aparece en obras de escritores como Edgar Allan Poe, Theophile Gautier o Kafka. Su obra es la otra cara de la moneda de lo que serán los escritos de Julio Verne.


Siguiendo la historia de El hombre de arena, asistimos a un momento cumbre en el relato, el momento en que Spalanzani presenta a Olimpia -así con i latina- en sociedad y la fascinación con que Nataniel la observa, en primer lugar tal como la percibe, más adelante con los objetos de Coppelius.


Una personalidad tan polifacética como la de E.T.A. Hoffmann no dejó de moverse hacia donde le llevaban todas sus pasiones. Como músico compuso una treintena de obras que van desde la sinfonía hasta la misa o el miserere, pasando por canciones, oberturas o músicas incidentales para obras teatrales, además de algún singspiel -esa ópera en idioma alemán en que se combina lo cantado con el recitativo- y colaboraciones en libretos.
Además, esa pasión y el conocimiento que tenía sobre la música los puso al servicio de su actividad como crítico musical, especialmente en la revista Allgemeine Musikalische Zeitung, uno de los semanarios más veteranos de su especialidad y que aún continúa editándose.
Sus críticas sobre las obras de Beethoven, por ejemplo, demuestran el profundo conocimiento que Hoffmann tenía de la música, la estructura de las obras y los cambios y avances que el músico iba introduciendo en sus composiciones, hasta tal punto que, tras un tiempo sin conocer estos artículos, el propio Beethoven llegó a admirar la importancia e influencia de la crítica e incluso algunas obras de Hoffmann.


La escena en que el escritor muestra la presentación de la autómata fue recreada con el mismo espíritu e intención en Los cuentos de Hoffmann por Offenbach en la que, casi con seguridad, es el aria más conocida de esta parte de la obra, el aria de Olympia -aquí con y-.
Ante los invitados, Spalanzani muestra a Olympia a quien todos ven y reconocen como una autómata, salvo Hoffmann que la ve como el ideal de mujer que le corresponde en su amor. Olympia canta para todos el aria Les oiseaux dans la charmille, una canción que tiene la doble dificultad de tener una tesitura compleja y con algunos agudos complicados y el hecho de que debe ser interpretada como si de una autómata se tratara.
El enlace nos muestra una interpretación de la soprano Katheleen Kim grabada en el Metropolitan Opera House de New York en 2009 y dirigida por James Levine.


Todo el esfuerzo y el trabajo desarrollado por E.T.A. Hoffmann comienza a dar sus resultados a partir de sus primera publicaciones de 1814. A partir de entonces, su éxito y su reconocimiento crecen de forma progresiva. Su sensibilidad para todos los temas artísticos, la necesidad de seguir indagando en el lado más oscuro de la personalidad y una vida poco ordenada hacen que su salud se vea afectada por el alcoholismo y algunas enfermedades, una situación de la que no pueden sacarlo ni sus amigos ni su familia. Con cuarenta y seis años se encuentra paralítico, es incapaz de escribir por sí mismo y necesita quien le escriba al dictado. En marzo de 1822 dicta su testamento y muere tres días más tarde en Berlín sin ver terminados algunos de sus escritos.


El hombre de arena continúa más allá de la relación entre Nataniel y Olimpia para terminar centrándose en los desvaríos producidos en la mente del primero por la presencia del profesor Coppelius desde el fallecimiento de su padre cuando era un niño hasta las apariciones que va teniendo a lo largo de su vida.
Centrándonos en el paralelismo entre relato y ópera, después de la presentación, Nataniel y Olimpia bailan juntos, mientras el enamoradizo muchacho va apreciando las cualidades de la joven... a su manera.


Cuando Offenbach se propuso componer Los cuentos de Hoffmann era consciente de que sería su obra maestra, la gran obra seria que culminaría una serie de operetas que bebían y vivían de la actualidad de la sociedad francesa, unas obras que indagaban en los resortes sociales para indagarlos, reírse de ellos y criticarlos. Se le consideraba solo un fecundo creador, autor de un alto número de obras menores aunque muy populares como Orfeo en los infiernos o La bella Helena.
Los cuentos de Hoffmann era su oportunidad de entrar a formar parte del olimpo de los grandes compositores y lo consiguió, aunque el tiempo luchaba en su contra. Entrando en los sesenta años de edad, Offenbach notaba que el tiempo se le escapaba y no terminaría su obra. Como Hoffmann, la obra de Offenbach quedó incompleta. Falleció en octubre de 1880, quedando la obra inacabada y Ernest Giraud terminó de orquestarla y le añadió algunos recitativos, estrenándose en L'Opéra Comique de Paris en enero de 1881 sin el acto correspondiente a Giulietta. Tras un incendio en que se perdieron las partituras, se encontraron las originales en pleno siglo XX, montándose la obra tal como se representa en la actualidad. 
Pero eso es otra historia.



El acto de Olympia, el primero de los que forman Los cuentos de Hoffmann, finaliza con el desengaño del protagonista. Será el primero de los fracasos amorosos de Hoffmann al que seguirán los de Antonia y Giulietta.
El desenlace de este acto comienza con Voici les valseurs... (Aquí están los bailarines...) en el punto en que dejamos el relato de El hombre de arena y que continúa hasta el final de la historia.
El enlace nos muestra una representación del Teatro Alla Scala de Milán de 1995 con Natalie Dessay como Olympia y Neil Shicoff como Hoffmann, acompañados por Samuel Ramey, Cristina Gallardo-Domas con la dirección de Ricardo Chailly.


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Bibliografía y webgrafía consultadas: