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El arte del Lamento

Una situación de pena, dolor o un sentimiento similar produce en nosotros un lamento. En ocasiones es un simple quejido asociado a un dolor momentáneo (un golpe, un susto); en otras, se trata de una queja que, al expresarla, cubre su función terapéutica y nos ayuda al enunciarla a comenzar a plantear nuestra disposición. Mas en otras ocasiones, el lamento expresa un fuerte dolor, una situación que nos supera.
En el título de este publicación no se hace referencia a la inclinación y facilidad que algunas personas tienen para hacer del relato de sus vivencias y problemas una forma de vida.   
Si buscamos la definición en el diccionario, la RAE la define como «queja con llanto y muestras de aflicción», procedente del término latino Lamentum. Y en ese sentido nos acercamos al lamento, basándonos en su aparición en la música como una composición con una temática y estilo propios. Basado en esas características de la lírica, nos acercaremos también a algunos poemas.
Te propongo un paseo por algunos lamentos en la ópera acompañados de poemas con esa temática. Nos dejamos llevar por obras de Monteverdi, Gluck, Purcell, Charlotte Brontë y Lord Byron. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!  

Edvard Munch. El Grito (1893), detalle

El Lamento o Lementazione es un tema recurrente en la ópera desde sus inicios. Asociado a la temática doliente y triste, suele expresar el dolor que se siente ante una pérdida, generalmente amorosa y es habitualmente cantado por personajes femeninos. 
Por su índole, el Lamento tiene forma de aria, en ocasiones acompañada de un recitativo, en otras con estrofas de métrica libre que deja liberar las emociones que transmite el personaje. Es frecuente que estos lamentos se acompañen únicamente con la sección de cuerda de la orquesta, en un tiempo lento como el Adagio, utilizando el denominado «tetracordio descendente», una serie de cuatro notas que van descendiendo en la escala mostrando musicalmente la aflicción.


Herederos de la Camerata Fiorentina, el grupo del que acabó surgiendo la ópera, las primeras obras de Monteverdi ya muestran esta temática y sus características. En su ópera Il ritorno di Ulise in patria (El retorno de Ulises a su patria), Monteverdi muestra alguno de ellos como los de Penélope o Iro. Tanto Monteverdi como la Camerata Fiorentina seguían la idea de Platón de la simbiosis entre lo real y lo bello, buscando una dimensión musical que articulara la expresión verbal, el sonido y el movimiento escénico para crear la verdad poética de la obra.
Pero es en otro lamento donde Monteverdi lleva en grado sumo este tipo de situaciones a la escena. Lasciatemi morire, el conocido Lamento de Arianna, es la única pieza cuya música se conoce de la ópera Arianna, pese a que el libreto de Ottavio Rinuccini se conserva completo.
En Lasciatemi morire, Monteverdi funde la palabra y su expresión en un monólogo que desvela sus sentimientos, abre las contradicciones del corazón herido y transforma lo representado en la escena -la ficción- en esa realidad poética que conmueve al espectador. 


Angelica Kauffmann. Arianna abandonada por Teseo (1771)


La interpretación corre a cargo de la soprano Marie Théoleyre acompañada por el Ensemble La Palatine formada por Noémie Lenhof en la viola de gamba, Nicolas Wattinne en la tiorba y Guillaume Haldenwang al clavecín.


Las hermanas Brontë forman parte de la primera generación de escritoras inglesas del XIX, después de Jane Austen y Mary Shelley.
Hijas del vicario de la aldea de Haworth, los seis hermanos tuvieron un vida corta. Huérfanos de madre desde pequeños, Emily, Elizabeth y Maria fallecieron mientras estaban con Charlotte en una escuela para hijas de clérigos. Su único hermano, Patrick Brandwell se dedicó a la pintura y la literatura, hasta su prematura y precipitada muerte. Las tres hermanas dedicaron su vida a la literatura. Junto a Emily (autora, entre otras, de Cumbres borrascosas) y Anne ( de Agnes Grey o La inquilina de Widfel Hall), iniciaron su camino en las letras en 1846 con un libro conjunto de poesía: Poemas de Currer, Elly y Acton Bell, en el cada una de ellas publicaba con un pseudónimo y el mismo apellido. 
Esta primera pasión de Charlotte la llevó al desánimo un poeta conocido que la convenció de la conveniencia de que las mujeres no escribieran poesía, aún reconociendo su facilidad para la misma. Así, continuó escribiendo, publicando novelas como Jane Eyre, Shirley o Villette. 


Pero el texto que nos acerca a esta publicación sobre los lamentos es uno de esos poemas publicados como Currer Bell. Editado en ocasiones simplemente como Lamento y en otras como Regret (Arrepentimiento), es un regreso a su pasado, a lo desgraciada y solitaria que ha sido su vida, buscando un presente más feliz en la búsqueda del amor y su reciente matrimonio. La escritora asimila su vida a un viaje, navegando en busca de un lugar al que llamar hogar, debatiéndose entre el regreso al antiguo hogar triste y solitario y lo que denomina el reino glorioso de la felicidad.

Charlotte Brontë fue la más longeva de los seis hermanos, falleciendo en 1855, antes de llegar a los cuarenta años, meses después de casarse y mientras estaba embarazada. 

Aunque el reconocimiento y la fama no le llegó por esta obra, Dido and Eneas (Dido y Eneas) es no sólo la ópera más conocida más conocida de Henry Purcell, sino la primera ópera inglesa, frente a algunas de sus semióperas más exitosas como King Arthur o La reina de las hadas.
Con libreto del dramaturgo Nahum Tate, la primera representación se llevó a cabo en la escuela femenina de Josias Priest en verano de 1688, mientras su estreno comercial se produjo en Londres a comienzos de 1700, casi cinco años después del fallecimiento de Purcell.
Como la mayoría de las óperas del barroco, el argumento trata de dioses o seres mitológicos, un elemento fundamental para el público aristócrata. El libreto de Dido y Eneas refleja la historia del héroe que recala en el reino de Dido en Cartago huyendo de Troya, hasta recalar finalmente en la península itálica donde acabará, según las fuentes mitológicas, fundando Roma. El argumento se centra en la historia de amor de ambos personajes y la desesperación de la reina norteafricana cuando Eneas parte en el mar abandonándola.

Joshua Reinolds. Muerte de Dido (1871)
Este Lamento de Dido, The hand, Belinda (Tu mano, Belinda) es, posiblemente, uno de los más bellos y conocidos lamentos de la ópera, reflejando la muerte de la protagonista femenina tras la partida de su gran amor.
Purcell crea la melodía de este lamento a partir de un ostinato en el citado tetracordio descendente en tonalidad de sol menor, la más apropiada para expresar la pena y la muerte. Esta melodía principal se acompaña por un bajo descendente a cargo de los violoncellos que se mantiene durante todo el aria y el coro siguiente, presentando una progresión lenta, como una marcha fúnebre, sin prisas, pero constante.
Una vez finalizada el aria de Dido, el bajo continuo pasa a ser protagonista hasta dar paso a la melodía del coro, basada también en notas descendentes que refuerzan el avance imparable de la muerte.


La interpretación de este impresionante Lamento de Dido pertenece a una producción de la Ópera de Amsterdam con la mezzosoprano neerlandesa Xenia Meijer en el rol de Dido y la dirección musical de Jan Willem de Vriend grabado en la capital de los Países Bajos en 1996. 


Cambiamos de nuevo del lamento musical al poético literario, en esta ocasión de uno de los más grandes escritores ingleses del romanticismo, el inquieto, inconformista y aventurero Lord Byron.
El poema que nos acompaña pertenece a Occasional pieces (Piezas ocasionales), un conjunto de poco más de medio centenar de poesías escritas entre 1809 y 1924, algunas de los cuales fueron publicadas en periódicos o revistas, especialmente el Morning Chronicle, aunque otros solo vieron la luz tras la muerte del escritor. Recogidos en su antología poética Poemas escogidos, en el que se incluyen estas Occasional pieces junto a los poemarios de Horas de inactividad, The childe Harold's pligrimage o sus Melodías hebreas, forman parte de la ingente obra poética del apasionado romántico inglés.


Uno de los primeros poemas de Occasional pieces, escrito en 1808, nos acerca de nuevo al lamento, en esta ocasión no debido a causas o consecuencias tan trágicas como los anteriores, sino como fruto de la distancia que aplaca, aunque no olvida, que deja un dolor que acompaña.
Byron, y con él gran parte del romanticismo, no necesitan ya recurrir a dioses o mitos, a seres idealizados para crear obras y acercarnos a los sentimientos más profundos, sino que ahondan en los propios sentimientos y cuanto de universales tienen.


La última de las piezas que conforman este paseo por los lamentos en la música y la literatura es otra de esas arias que forman parte del acervo cultural. Basada en el mismo mito que Monteverdi llevaba a la primera ópera que nos ha llegado completa, aunque no la primera compuesta, Christoph Willibald Gluck estrenó su Orfeo y Eurídice en 1762.
Narrado por Virgilio en el Libro IV de la Geórgicas y por Ovidio en el Libro X de sus Metamorfosis, tanto Monteverdi como Gluck, entre otros compositores, llevaron la historia a sus óperas. Orfeo, el más afamado de los músicos es capaz de calmar a las fieras e incluso las tempestades con el poder de su lira y su voz. Al morir su esposa Eurídice por la mordedura de una serpiente, Orfeo baja al inframundo a convencer a Caronte para que le deje llegar la mundo de los muertos a por su amada. Tras acallar al can Cerbero llega a convencer al mismísimo Plutón de que libere a Euridíce, aunque con la condición de que no vuelva la vista para mirarla hasta que no llegue al mundo de los vivos.

Alexandre Séon. Lamento de Orfeo (1896)
El aria que nos acompaña, Che farò senza Euridice (¿Qué haré sin Eurídice?) muestra la desesperación inicial del mítico músico ante la noticia de la muerte de su amada esposa. Está escrita para contratenor siguiendo la costumbre de la época según la cual algunos papeles masculinos estaban pensados para esta tesitura, siendo cantada actualmente por este tipo de voz o por la de soprano.




En esta ocasión es el contratenor francés Philippe Jaroussky, quizás el más completo de nuestros días, quien interpreta este aria Que farò senza Euridice de la ópera de Gluck, en una grabación de estudio dirigida en 2018 por Diego Fasolis

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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Brontë, Charlotte. Poemas de Currer Bell, ebook, Alba Editorial, 2019.
  • Byron, George Gordon, Lord. Poemas escogidos, traducción de José María Martín Triana, Visor Libros, 2007.
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania).

Dantesco, maquiavélico, kafkiano y otros más

Las artes no sólo nos proporcionan obras que nos acercan a la reflexión, a la belleza y a la creación de cánones o a conocer un tiempo, una cultura, una sociedad o una época. También los autores pasan a formar parte, según su importancia e influencia, en la historia de esa cultura.
Así, muchos artistas y creadores han transcendido y dejado no sólo su obra, sino también su propio nombre en el habla popular y en el vocabulario del idioma.
De esta forma, si consultamos el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española podemos hallar un ingente número de autores, obras o personajes que aparecen como términos utilizados en el lenguaje común.
Con un punto de curiosidad podemos encontrar en el diccionario entradas que nos remiten al mundo de las artes, relacionadas con creadores en términos parecidos a estos:

Shakespeariano, na:

1. adj. Perteneciente o relativo a William Shakespeare, poeta y dramaturgo inglés. La obra shakespeariana.

2. adj. Propio de William Shakespeare.

Beethoveniano, na:

1. adj. Perteneciente o relativo a Ludwig van Beethoven, músico alemán, o a su obra. Una sonata beethoveniana.

2. adj. Que tiene rasgos característicos de la obra de Beethoven. Un acorde muy beethoveniano.

Pero queremos abarcar más allá de estos términos que suelen presentar dos acepciones similares y llegar, dentro de lo posible, a escritores o músicos que tienen un significado más allá de los señalados hasta ahora en el diccionario de la R.A.E. 
Te propongo acercarte a algunos términos del diccionario relacionados con los nombres de escritores o músicos que han pasado a formar parte de nuestro vocabulario habitual, traspasando los límites y fronteras de sus obras. Si te gusta… ¡Comparte, comenta, sugiere!


Comenzamos con el primero de los términos que el Diccionario de la R.A.E. registra con un significado que muestra su uso generalizado.

Maquiavélico, ca:

1. adj. Perteneciente o relativo a Maquiavelo o al maquiavelismo.

2. adj. Partidario del maquiavelismo. Aplícase a personas. u. t. c. s. (utilícese también como sustantivo).

Es en la tercera acepción donde encontramos el término como parte del vocabulario activo con el que nos desenvolvemos:

3. adj. Astuto y engañoso

El término maquiavelismo de la segunda acepción nos lleva a otra entrada:

Maquiavelismo:

1. m. Doctrina política de Maquiavelo, escritor italiano del siglo XVI, fundada en la preeminencia de la razón de Estado sobre cualquier otra de carácter moral.

2. m. Modo de proceder con astucia, doblez y perfidia.

De esta forma, en la primera de las palabras incorporadas por un escritor a nuestro idioma nos acercamos al que posiblemente es el más desconocido de los autores.
Nicolò di Bernardo dei Machiavelli (Nicolás Maquiavelo), nació en Florencia en 1469, hijo de Bernardo y Bartolomea dei Nelli, casada en segundas nupcias. Poco se sabe de sus primeros años, salvo que la madre le acercó a la poesía, y su padre obtuvo el título de doctor en jurisprudencia, aunque no llegó a ejercer la profesión y vivió de aconsejar a amigos y parientes, llegando a poseer un modesto patrimonio, hasta el punto de que padre e hijo fueron excluidos del derecho a la ciudadanía florentina durante los primeros años de gobierno de los Médicis.
En febrero de 1498 aparece su nombre al ser candidato por los Ochenta al cargo de secretario de la Señoría, puesto que consiguió el candidato propuesto por el dominico Girolamo Savonarola. Con la caída y ejecución de este, volvió a presentarse y consiguió en junio de ese mismo año el cargo de Secretarius o Cancellarius de la Segunda Cancillería florentina.  

Con la llegada de los Médicis en 1512 volvió a perder su puesto y es en este momento de gobierno de la familia florentina hasta 1527 cuando las obras de Maquiavelo comenzaron a alcanzar más influencia, falleciendo en junio de ese año en que fueron expulsados de nuevo estos influyentes gobernantes, después de años de exilio y sin haber recuperado su cargo. Contaba cincuenta y ocho años.
Entre sus obras destacan Retrato de la corte de Francia (1510), Discursos sobre la primera década de Tito Livio, El Príncipe (1513), La mandrágora, una comedia en prosa, Del arte de la guerra, o los ocho volúmenes que ocupan La historia de Florencia.

Santi di Tito (1536-1603), retrato de Maquiavelo, Palazzo Vecchio, Florencia
En una carta de 1513, Maquiavelo cita la creación de una obra que denominó De Principatibus, una obra que no se publicó durante su vida y que el primer editor, Blado, decidió titular El príncipe en 1532. Maquiavelo reflejaba en su carta que no estaba terminada, pero trataba de unas reflexiones sobre los tipos de principados que hay, cómo se llega a ellos, como se mantienen o por qué se pierden. La obra, finalizada, al parecer, entre 1514 y 1518 estaba dedicada en principio a Giuliano de Médicis, hermano del papa León X, aunque por su prematuro fallecimiento no debió de llegar a sus manos. De esta forma, Maquiavelo cambió la dedicatoria a otro Médicis, Lorenzo el Magnífico.
Esta obra, un opúsculo en realidad, la más conocida del autor ha sido la que con más fuerza ha generado el término maquiavélico por ofrecer un tratado de filosofía política en que se da la primacía a la verdad práctica que a cualquier pensamiento ideal, además de entrar en contradicción con la doctrina de la iglesia católica sobre la ética y los principios morales. 
Pese a que el tratado no se publicó hasta cinco años después de la muerte de Maquiavelo, algunas copias manuscritas circularon por entre conocidos y asesores de gobernantes, y la influencia del pensador le llegó por obras como La mandrágora o Del arte de la guerra.
Nos acercamos al inicio del Capítulo XIX donde Maquiavelo aconseja al gobernante cómo actuar para evitar tanto el odio como el desprecio hacia ellos, mostrándose no tan maquiavélico como podríamos pensar. 


En la música es más difícil encontrar estos términos de forma generalizada, recogiendo nuestro vocabulario acepciones que hacen referencia directa a determinados músicos y/o sus obras.
Así, al buscar el término bachiano, nos encontramos con sólo dos acepciones:

Bachiano, na:

1. adj. Perteneciente o relativo a Juan Sebastián Bach, músico alemán, o a su obra. Crónica bachiana.

2. adj. Que tiene rasgos característicos de la obra de Bach. Una instrumentación muy bachiana.

Entre los aficionados a la música, especialmente a los aficionados a la música del compositor alemán, el término bachiano ha alcanzado una mayor difusión y notoriedad para referirse, tanto a su obra como a algunas piezas inspiradas en el estilo y la obra del propio compositor.

Estatua de Maquiavelo, Florencia
Posiblemente las obras más conocidas son las Bachianas brasileiras de Heitor Villa-Lobos, una serie de varias composiciones que enlazan los géneros propios de la música brasileña con las características de la música de Bach.
Conocedor gracias a su padre de la música del compositor de Eisenach, se inspiró en él como poseedor de un enorme recurso musical, un valor que sirve de intermediario entre todas las culturas, para componer sus Cinco Bachianas Brasileiras en la década de 1940.
Experto intérprete de violonchelo, Villa-Lobos compuso el Aria-Cantinela de su Bachiana Brasileira número 5 para ocho cellos y voz de soprano. Nos acompañan los cellistas de la Orquesta Sinfónica de Gothemburgo acompañados por nuestra admirada soprano Barbara Hannigan en una grabación que se realizó en el Gothenburg Concert Hall en 2016.



Continuando con nuestra mirada al Diccionario de la RAE, nos acercamos al término dantesco.  Igual que en el caso anterior, son tres las acepciones que nos presenta sobre el término, las dos primeras son habituales y comunes en otros autores.

Dantesco, ca.
1. adj. Perteneciente o relativo a Dante, poeta toscano, o a su obra. La poesía dantesca.

2. adj. Que tiene rasgos característicos de la obra de Dante. Un estilo muy dantesco.

Y es en el tercer caso en el que la acepción presenta su característica que la hace participar de esta publicación.

3. adj. Dicho especialmente de una escena, una imagen o una situación: Que causa espanto.

Imagen dantesca de un incendio en Australia
Dante fue un hombre de acción, una persona que dedicó su vida a luchar por sus creencias y principios. Tras la muerte de su musa Beatriz, con la que no llegó a cruzar palabras, contrajo matrimonio y tuvo cuatro hijos. Cinco años después de su boda, en 1295, se inscribió en el gremio de médicos y boticarios, entrando a formar parte poco después de la política municipal de su Florencia natal al convertirse en miembro del Consejo de los Ciento, para ocupar más adelante el cargo de prior, la máxima magistratura florentina. Recaló más tarde como embajador en Roma para ayudar al papa Bonifacio VIII, a quien ofreció un tratado de paz, siendo retenido por el pontífice que ayudaba a los güelfos, enemigos de los gibelinos entre los que militaba Dante. Al tomar los güelfos el poder, fue acusado de malversación de fondos y condenado a una multa económica, la expropiación de sus bienes y el exilio por diversas ciudades, falleciendo en Rávena en 1321 sin poder regresar a su tierra. Además, escribía dentro del denominado Il dolce stil nuovo (El dulce estilo nuevo) y, sobre todo, ese gran monumento que es simultáneamente la consolidación del idioma italiano, la creación de un universo literario -por el que deambulan, juzgados por el propio autor, personajes mitológicos, históricos y paisanos suyos vivos o recién fallecidos-, y sobre todo, una de las grandes obras de la literatura universal, su Divina comedia.
De Dante hemos tratado en este blog en distintas publicaciones que se pueden encontrar en el buscador de la parte superior derecha.
Nos acompaña el inicio de La Divina comedia con el Canto II del Infierno de esta Divina comedia, un lugar donde el sentido más amplio y conocido del término dantesco tiene pleno significado. Aquí, el escritor reflexiona sobre cómo escribir los que está viendo en su visita guiado por el poeta Virgilio, en una traducción de Ángel Crespo que respeta escrupulosamente los tercetos encadenados que dio notoriedad al poeta florentino.


Después de términos como mozartiano, beethoveniano, verdiano o wagneriano para referirnos a las obras o el estilo de estos compositores, el que ha tenido más difusión en el mundo de la música hace referencia a Franz Peter Schubert, no como schubertiano, sino con el término con que sus amigos denominaban a las reuniones que se realizaban alrededor de su música: Schubertiadas.
Pese a que muchos compositores han realizado veladas para presentar e interpretar sus músicas en palacios o domicilios particulares de aristócratas, nobles o artistas, pocos han tenido la relevancia e importancia que tuvieron en una vida con pocos estrenos públicos estas schubertiadas, verdaderos momentos en los que las obras del compositor vivieron su primera vida antes de ser interpretadas públicamente.


Aún hoy en día es costumbre en algunos espacios públicos celebrar schubertiadas de forma tanto periódica como esporádica.
Nos acompaña uno de los lieder más conocidos de Schubert, una sencilla canción que sirvió de inspiración a su Quinteto en Do Mayor, D. 667, Die Forelle (La trucha), por el tema de este lied del que se hacen variaciones en su cuarto movimiento.
Nos acompaña el lied Die Forelle, a partir del poema homónimo de Christian Friedrich Schubart, compuesto cuando contaba veinte años. 


La interpretación corre a cargo del más grande de los intérpretes de lieder, el barítono Dietrich Fischer-Dieskau y al piano con su habitual acompañante Gerald More.


En último lugar, en el Diccionario de la RAE encontramos también tres acepciones para el término kafkiano. Las dos primeras, en la línea habitual:

1. adj. Perteneciente o relativo a Franz Kafka, escritor checo, o a su obra. Las novelas kafkianas.

2. adj. Que tienes rasgos característicos de la obra de Kafka. Una visión del mundo muy kafkiana.

Es la tercera acepción la que nos acerca a la dimensión universal que ha alcanzado la obra del escritor checo, agregada al vocabulario habitual incluso para quienes no han leído y sólo conocen de oídas y por referencias las creaciones kafkianas.

3. adj. Dicho de una situación: Absurda, angustiosa.

Maurits Conelis Escher. Relatividad, grabado
Así, nos encontramos esta acepción basada en el autor de La metamorfosis, El proceso o El castillo, para referirnos a situaciones absurdas, complejas y laberínticas de las que los personajes intentan salir con todas sus fuerzas. Estas situaciones se dan con frecuencia en situaciones burocráticas con personajes relacionados con oficinas y gestiones administrativas o judiciales ligados a reglas intrincadas, herméticas e inaccesibles a su comprensión que finalizan en una frustración extrema.

Figura sentada, dibujo de Franz Kafka
Nos acompaña Ante la ley, un texto corto del escritor checo que fue publicado en vida del autor en el otoño de 1909 en su libro de relatos Un médico rural en la Kurt Wolff Verlag en Múnich y Leipzig con la dedicatoria «A mi padre». Más adelante este mismo relato apareció incluido en el libro que en que aparecía la novela El proceso
Un texto totalmente kafkiano en las tres acepciones del término.


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Bibliografía y webgrafía consultadas:

La música de El Jardín de las Delicias de El Bosco

Hay obras de arte que marcan una época, reflejando su concepción de la vida y del mundo, la visión que el autor o la sociedad tenían de ese tiempo y el pensamiento filosófico de ese periodo. 
Es el caso de obras como La divina comedia que, entre innovaciones formales y estructurales por parte de Dante, refleja la concepción religiosa del medievo, la Novena sinfonía de Beethoven, que apunta a la unidad de los seres humanos, que se abrazan y agrupan en una música revolucionaria en su época.
Todas esas obras que marcan un tiempo se han convertido en clásicas y siempre tienen qué decirnos, qué aportarnos. Podemos verlas con nuevos ojos, reconocer un nuevo pensamiento cuando la abordamos en un momentos vital diferente. Son muchas las obras de cualquier especialidad del arte que cumplen estas condiciones y que nos ayudan a enriquecer nuestro pensamiento, sensaciones y formas de abordar nuestra existencia.
Entre estas obras, nos acercamos en esta publicación a uno de los cuadros más enigmáticos de todos los tiempos, llamando la atención una partitura escrita en el una parte del cuerpo más que singular de uno de los personajes que aparecen en ella.
Te propongo un paseo por el cuadro El jardín de las delicias de El Bosco, con música relacionada con una partitura escrita en el trasero de unos de los personajes. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


Aunque el lema de este blog sea Una excusa para unir la literatura y la música, en múltiples ocasiones hemos tratado otras artes como la pintura, el cine, el cómic o la escultura. En esta ocasión el protagonista es uno de los cuadros más enigmáticos, fascinantes y complejos de la historia de la pintura.
Poco se sabe de su autor, Jheronimus van Aken (1450-1516), conocido como Jheronimus Bosch o Hjeronymus Bosch o, entre nosotros, simplemente como El Bosco
Nació y vivió en Hertogenbosch, una ciudad holandesa del ducado de Brabante, una de las más importantes de su época junto a Bruselas, Lovaina y Amberes y a la que le debe su apelativo. En su época, final del XV y comienzos del XVI se cruza el final del medievo con el incipiente Renacimiento, un tiempo en que Hertogenbosch era una activa ciudad comercial con una buena actividad agrícola y conexiones mercantiles tanto con el norte de Europa como con la península italiana. Además contaba con una interesante industria del vestido, aunque era más conocida por la construcción de órganos y la fundición de campanas.
Esta actividad económica de la ciudad estaba acompañada por una vida religiosa intensa, con un gran número de conventos y monasterios en los alrededores, un hecho que tiene su importancia en el artista y su conocimiento.
Al parecer, el apellido indica que la familia provenía de la ciudad de Aquisgrán (Aix-la-Chapelle), apareciendo la primera referencia en la ciudad de Jan van Aken, su abuelo en los libros eclesiásticos. Se conoce que tenía cinco hijos, de los cuales al menos cuatro fueron pintores, incluido Antonius van Aken, padre de nuestro protagonista.


El cuadro que nos ocupa se encuentra en el Museo del Prado de Madrid, que en su página web trata del tríptico El jardín de las delicias con gran detalle.
Se trata de un cuadro de carácter moralizante, pleno del pesimismo de la Edad Media, en el que El Bosco muestra lo efímero de los placeres que conducen al pecado. Así, el pecado es el motivo de unión de un abigarrado conjunto de imágenes de personas, personajes, animales, plantas y objetos que pueblan las distintas estancias o escenas en que se divide El jardín de las delicias.
El cuadro posee unos batientes en los que se representa la creación del mundo y que, al abrirse, nos muestra el tríptico en el que la parte central es más amplia que las laterales. 
Publicado en 1973 por Walter Bosing, Hieronymus Bosch es un libro en el que el crítico de arte profundiza en las principales obras del autor brabantino. En su estudio sobre El jardín de las delicias nos habla sobre el panel central del tríptico. Citando los estudios de Dirk Bax, experto en literatura holandesa, Bosing detalla la cantidad de imágenes que aparecen en el centro del cuadro, cargadas todas de alusiones y símbolos eróticos para los contemporáneos que utilizaban dichos, canciones o expresiones para referirse a esta temática. Tres argumentos utiliza el autor del libro para desarrollar el tema principal de esta parte del cuadro.


Aunque nos centraremos en su momento en la zona del cuadro en la que se encuentra, la música que nos acompaña aparece en esta pintura, concretamente en uno de los personajes que pueblan el infierno que se representa en la tabla derecha del tríptico. Allí, en sus nalgas, tiene escrita una partitura que durante un tiempo ha intrigado a los curiosos y aficionados a la música.
Editada con uno de los programas que se utilizan para leer partituras, nos acercamos a su lectura con esta grabación denominada Hieronymus Bosch's Butt Song (Canción en el culo de El Bosco).


Poco se sabe de la vida de El Bosco puesto que no hay documentos suyos como cartas o diarios. Tan sólo se cuenta con las escasas y escuetas referencias que aparecen en los archivos municipales de su ciudad y, sobre todo, en los libros de cuentas de la Hermandad de Nuestra Señora. Ninguna información personal aparece, ni siquiera su fecha de nacimiento, hasta 1474 donde se le nombra junto a sus dos hermanos, uno de ellos, Goosen pintor, y una hermana. Unos años después -entre 147 y 1481- se casó con Aleyt Goyaerts van den Meervenne, perteneciente a una familia con una considerable fortuna.
Tiempo después aparece citado en las listas de miembros de la Hermandad de Nuestra Señora a la que estará ligado hasta su muerte. Su familia pertenecía a esta hermandad y se sabe que hacían trabajos para ella, como policromar y dorar las efigies de madera que se llevaban en andas en las procesiones y que su padre llegó a ser consejero artístico, aconsejando junto a su hijo a la sociedad cuando encargaron un retablo para la capilla.
Poco a poco van apareciendo más referencias de las relaciones que Hieronynus tuvo con la hermandad: En 1493 se le encargó una vidriera para la nueva capilla, en 1511 un crucifijo y al año siguiente un candelabro, aunque consta que por este la paga acordada fue simbólica.


La relación más evidente entre las tres partes del cuadro es el pecado, siempre desde un punto de vista medieval, pese a encontrarnos en un momento en el que se implanta el pensamiento renacentista. Desde que aparece en el Génesis con la expulsión del paraíso por culpa de la serpiente y la mujer -propio de la misoginia medieval que aún perdura en algunos ámbitos-, el pecado transita por la historia de la humanidad hasta desembocar en el castigo infernal.
No siempre ha sido bien entendida la intención de El Bosco con sus cuadros, pese a la fascinación que creó desde el primer momento en los espectadores. Durante mucho tiempo creció la idea de que sus escenas tenían la intención de divertir, en el estilo de los «grotteschi» renacentistas, un mero «inventor de monstruos y quimeras», como se escribió en 1560, medio siglo después de su muerte; o un pintor de «fantasías sorprendentes y extrañas… con frecuencia no tan placenteras, sino más bien horripilantes a la vista», según escribía el historiador de arte Carel van Mander a comienzos del XVII.
El paso del tiempo ha mostrado un sentido más profundo. Hay estudiosos que evidencian las artes medievales relacionadas con la astrología, la brujería o la alquimia. Otros, con menos seguidores, lo relacionan con algunas herejías de la época como la Hermandad del Espíritu Libre, como una forma de entender sus intrincados símbolos. Otros, en fin, lo presentan como una suerte de surrealista medieval que utilizaba el subconsciente para crear sus inquietantes imágenes.
Siguiendo a Walter Bosing en su libro sobre la obra de El Bosco nos acercamos a la descripción y análisis sobre el panel izquierdo del tríptico que representa el Paraíso.

La siguiente música presenta una nueva interpretación de la partitura del trasero, interpretada por Rubén Paniagua en su canal de YouTube Panimetal7, a partir de la transcripción que Amelia Hamrick realizó de esta partitura. Arreglado por el propio músico está tocado en un laúd de 7 órdenes. No olvidemos que esta melodía fue pintada hace algo más de cinco siglos.


Pese a la escasa información sobre El Bosco, se puede intuir que prácticamente no salió de Hertogenbosch, aunque se cree que estuvo en Utrecht en su juventud por algunos detalles de sus primeras obras y por la influencia del estilo de Flandes en su madurez.
Aparte de sus obras más conocidas como El carro de heno, la Mesa de los pecados capitales, Las tentaciones de San Antonio o La adoración de los magos, apenas hay referencias a otras obras. Fuentes del siglo XVII indican que había pinturas suyas en la Iglesia de San Juan de su localidad, que desaparecieron probablemente cuando la ciudad fue tomada en 1629 por el príncipe Federico Enrique y los holandeses tornaron el esplendor católico por la austeridad de los calvinistas 
La referencia más explícita data de 1504 cuando Felipe el Hermoso, entonces Duque de Borgoña, hizo un encargo a «Jeronimus van Aken, llamado El Bosco». El encargo era un retablo sobre el Juicio Final con el cielo y el infierno en sus laterales de nueve pies de alto por once de ancho, una obra perdida del que se cree que existe un fragmento en Múnich o en otro de Viena, teorías que tienen poco fundamento.
En nuestros días hay museos y colecciones con obras que llevan el nombre de El Bosco, aunque la mayoría son copias o imitaciones de sus obras originales, aunque se le pueden atribuir una treintena de obras entre cuadros y dibujos.


La tercera parte de El jardín de las delicias situada en el panel derecho representa el Infierno. Mide 220 cm de alto por 97,5 de ancho y ahonda en el misterio de su concepción y representación. Se desconoce qué relación extraña establece El Bosco entre la música y el infierno, pero está cargado de numerosas referencias musicales, creando, en su conjunto, un universo onírico, asfixiante y cargado de numerosos tormentos demoníacos. 
De nuevo nos acercamos a la obra de Walter Bosing para adentrarnos en el misterioso arcano del Infierno de El Bosco.


La última anotación relacionada con Hieronymus van Aaken aparece en el libro de cuentas de la Hermandad de Nuestra Señora que recoge que el 9 de agosto de 1516 sus amigos de la asociación asistieron a una misa de difuntos en su memoria en la iglesia de San Juan. 


Finalizamos con una nueva versión de la partitura pintada en el trasero, en esta ocasión a partir de una composición de Keith Roddey quien escribe en su página de YouTube

«Hace un par de días escuché una historia fascinante que me intrigó tanto que me sentí obligado a componer una pieza musical, música basada en una melodía medieval que fue transcrita por Amelia Hamrick, una estudiante universitaria en ese momento, de una cuadro, El jardín de las delicias, pintado hace 500 años por Hieronymus Bosch, que incluía notas musicales en las nalgas de un alma torturada en el panel del Infierno de este increíble tríptico. Algunos piensan que estas notas fueron arbitrarias, pero yo no lo creo, ya que lo que escucho es una melodía inquietantemente hermosa que evoca el tema mismo de este panel, el infierno y el sufrimiento, y encaja con las extrañas imágenes y simbolismo de este panel. El vídeo que he incluido comienza solo con la melodía que Amelia transcribió y se repite tres veces, cada vez incluyendo música que compuse y superponiendo la melodía original. El único cambio que he hecho es anotarlo en un compás 3/4 en lugar de 4/4, ya que lo que escucho es un vals macabro, un baile oscuro, triste y espeluznante.»

Autorretrato de El Bosco


El vídeo de Keith Roddey presenta la melodía original transcrita por Amelia Hamrick y una serie de detalles del panel del Infierno, algunos de los cuales posiblemente hayan pasado desapercibidos a nuestra mirada. 

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Bibliografía y webgrafía consultadas: