28 mar. 2015

La Pasión según Bach, Jornada I

La Pasión según San Mateo (Matthäuspassion) de Johann Sebastian Bach es una de las obras maestras de la música de todos los tiempos. Aunque la fecha de su estreno se duda entre 1727 y los dos años siguientes, parece que se oyó por primera vez en la Thomaskirche de Leipzig el Viernes Santo de este primer año, el 11 de abril. La duda en la fecha proviene de la posibilidad de que el compositor alemán modificara en alguna ocasión la partitura para nuevas celebraciones. Su título original en latín es Passio Domini Nostri J.C. Secundum Evangelistam Matthaeum.



Bach desarrolla el texto evangélico de los capítulos 26 y 27 de San Mateo mediante recitativos. Éstos corren a cargo de distintos personajes: el Evangelista (tenor), Jesús (bajo), Pedro o Pilato (barítonos).

Estos recitativos vienen acompañados por arias, corales y otras piezas que parten del libreto elaborado por uno de sus más habituales colaboradores, Christian Friedrich Henrici, conocido como Picander, destinados a ofrecer comentarios y reflexiones a los distintos episodios evocados.

Te invito a escuchar algunas de las piezas que componen esta obra en siete jornadas, que irán apareciendo diariamente en este blog a partir de hoy para terminar en la jornada del Viernes Santo.

Tanto el texto como la música que nos acompañan en esta Jornada primera corresponden al coro inicial de la obra.  



La Pasión según San Mateo se abre con una lenta introducción de toda la orquesta que antecede a la entrada de un doble coro. Bach pone su técnica al servicio de la expresión. "Venid, hijas, auxiliadme en el llanto", en su traducción al español, comienza el coro con un contrapunto que sólo se unirá en las exclamaciones "¡Mirad! ¿Dónde?, ¡Miradle! ¿Cómo?". Simultáneamente incorpora un coral "Cordero del Señor sin mancha" interpretado por un coro de niños. El efecto de meditación de la Humanidad como colectivo que impregna a la que Bach llamó "mi gran Pasión" queda reflejado desde este principio. De esta forma aparecen representados todos los cristianos en esta obra de proporciones monumentales.

Los presentes aquel Viernes Santo apenas podían creer lo que sus ojos y oídos les mostraban. Algunos de ellos incluso llegaron a manifestar su más firme oposición, pues para una sociedad tan conservadora, musical y moralmente hablando, como la de Leipzig, la obra presentaba aspectos que la aproximaban a las óperas, entonces consideradas frívolas y superficiales, e impropio de un marco y, sobre todo, de una fecha tan sagrada como la de la muerte de Cristo.
La impresión, la belleza y la emoción que desprenden estas arias "operísticas", sus coros y corales, acabaron teniendo más fuerza que los prejuicios.

La siguiente versión viene con la emoción de ser interpretada en la Thomaskirche de Leipzig, en los mismos muros que acogieron la primera audición de esta obra.


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