10 abr. 2015

¡Un libro! ¿Se lo contamos a los mayores?

Qué sería de nosotros sin los libros. Uno de los elementos más significativos y decisivos en el progreso de la humanidad y las distintas civilizaciones se nos muestra como imprescindible, incluso en estos tiempos que marcan el fin de una forma de relacionarnos, conocer y vivir y otra distinta marcada por la interacción, la personalización y la inmediatez.
Los libros, tanto en su formato tradicional en papel, como en los que están tomando una nueva iniciativa, el formato digital, siguen ofreciéndonos reflexiones, información, saber, sentimientos y nos presentan el mapa de la vida y las vidas, la nuestra y la de los arquetipos que han dibujado y dibujarán lo que somos como civilización y humanidad. Siempre reconocemos entre nosotros a los quijotes, algún personaje de Shakespearequien presume de ser un Sherlock Holmes, la atormentada Ana Karenina, un Robinson Crusoe, unos enfermos imaginarios o a la mismísima Sherezade.
Abril se nos presenta como el mes de los libros de la misma manera que otros meses se encargan de hacernos otras referencias. Aunque este blog no está limitado ni marcado por el tiempo, vamos a dedicar varias entradas, aprovechando el mes de abril, a la emoción que nos producen los libros.
En esta primera entrada te presento un texto de Alison Lurie. Nacida en Chicago, imparte clases en la Universidad de Cornell. Sus primeras obras se ambientaban en el mundo universitario y suele presentar una crónica en clave humorística del creciente descontento que se produce entre la gente culta y educada en un entorno marcado por estrictas reglas de conducta. Su novela Asuntos exteriores fue galardonada con el premio Pulitzer.
El texto, sacado de su obra No se lo cuentes a los mayores, nos abre el camino para dedicar esta entrada a esa tribu especial de la que Lurie nos habla.















































Continuando con el mundo infantil, el grupo Sete lágrimas nos ofrece la limpia, desnuda, íntima y emocionada Mai faili é, una canción tradicional de Timor. Se trata de una canción que mezcla el portugués con la lengua local y que viene a reflejar la importancia que la cultura lusa tuvo en los intercambios culturales que se desarrollaron entre Europa y Asia.


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