9 ago. 2016

Una tarde dramática en el circo

Con una tradición más que milenaria, el circo se remonta al menos 3.000 años con la participación de contorsionistas, malabaristas o equilibristas en las primeras civilizaciones asiáticas. 
Todos conocemos las referencias que tuvo en el Imperio Romano que fue quien le dio el nombre con el que lo conocemos actualmente, añadiendo cruentos espectáculos en los que también intervenía animales de países exóticos junto con guerreros gladiadores.
Tras la caída del Imperio Romano desaparecieron como tales para retomar una nueva vida al final de la edad media y el renacimiento. En estas épocas inician su carácter itinerante mientras añadían danza, teatro con gestos o mímica y saltimbanquis.
El primer circo moderno del que se tiene constancia surgió en 1768 en Londres fundado por Philip Astley. Con él se inauguró una tradición que ha llevado el espectáculo por muchos lugares de todo el mundo hasta mediados del siglo XX en que, con la generalización de los medios de comunicación -especialmente la televisión-, el creciente respeto hacia los derechos de los animales y la renovación, que ha llevado al nacimiento de entidades como el Circo del Soleil donde se priman las habilidades y un nuevo concepto de espectáculo, ha comenzado a mostrar su decadencia tal como lo conocíamos hasta ahora.



En esta entrada te traigo dos muestras del lado humano del circo, los sentimientos que surgen en el ánimo de sus protagonistas, el drama que puede llegar a encerrar su existencia, como la de cualquiera de nosotros, de la mano de texto extraído una novela de John Irving y una de las arias más conocidas del repertorio italiano de una obra Leoncavallo.


Desde su primera novela, Libertad para los ososJohn Irving ha creado una obra sólida entre las que podemos destacar El mundo según Garp, El hotel New Hampshire, Oración por Owen Meany o Principes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, algunas de ellas llevadas al cine.
En Un hijo del circo, Irving se introduce en el mundo del doctor Durawalla y su interés por conocer las causas de las malformaciones que afectan a los enanos hindúes dedicados, en gran número, al trabajo circense.




Ambientada también el este mundo del circo, Pagliacci (Payasos) es la obra más conocida de Ruggero Leoncavallo. Basada en hechos reales que el padre del autor tuvo conocimiento como juez, narra la trágica historia de celos de Canio, un payaso casado con Nedda y Tonio, su amante. Se trata de una obra dentro de otra obra, en la que éste último anuncia en el prólogo que la obra que se va a representar dentro de la función es verdadera y con personajes reales. Si quieres puedes seguir una sinopsis del argumento.
Ópera en dos actos por un error de Leoncavallo que entendió que el concurso al que presentaba la obra así lo exigía, cuando en realidad se buscaba una obra de un solo acto, tuvo un triunfal estreno en 1892 en Milán bajo la dirección de uno de los grandes, Arturo Toscanini. Inscrita dentro del movimiento del Verismo de finales del XIX y debido a su corta duración suele representarse junto con otra obra fundamental de este movimiento operístico, Cavallería Rusticana de Mascagni


Su aria más conocida es Vesti la giubba. Final del primer acto, Canio ha descubierto que Nedda y Tonio son amantes. Escrita en tempo de adagio con una tonalidad triste y oscura que reflejan el dolor y la angustia del protagonista, refleja la ironía que supone tener que hacer reír al público cuando tiene el corazón totalmente roto.

De las muchas versiones que hay en la red te presento, en primer lugar, una versión de Roberto Alagna con una buena calidad de imagen y sonido perteneciente a una representación de 2006.



El siguiente enlace pertenece a la película de animación L'Opéra Imaginaire y pone imágenes a una antigua grabación de Franco Corelli en la que viene a representar el espíritu de la obra.


Termino con una sentida, impecable e inolvidable interpretación de Luciano Pavarotti que, aunque con una toma de imagen con una calidad a la que ya no estamos acostumbrados, canta con una naturalidad que no muestra las dificultades que tiene la pieza.


Si te gusta... ¡Comparte!

2 comentarios:

  1. Un excelente post, Miguel Angel!! Te felicito por cómo abordas el tema que trata la entrada, con una delicadeza artística y unos sentimientos humanistas que hacen que veamos la parte más subjetiva y personalista. Irving es un autor que si no recuerdo mal no he tenido la oportunidad de leer, pero que con la lectura aquí del artículo me ha despertado el interés literario.
    Me ha chocado y emocionado cuando planteas un detalle significativo del libro Un hijo del circo y la tarea solidaria de un médico a la hora de ayudar a unos personajes típicos circenses poco favorecidos por la cultura popular más que para ser mostrados, como lo son los enanos (hablo de otra época, por supuesto, donde la tolerancia por las minorías no tenía por qué mostrarse con carácter general). Por ejemplo, esto resulta muy emotivo. Y también la música. Bueno, que me ha encantado. Y encantada igualmente de comentarte directamente en el blog, creo que es la primera vez.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  2. Gracias, Marisa.
    En relación con tu último comentario, el propio John Irving comenta algo parecido a que un escritor debe escribir novelas que incomoden a los lectores con aspectos que nuestra sociedad da por hechos.
    Saludos :-)

    ResponderEliminar