16 sept. 2017

Compartir la vida

A Pili, por supuesto

La vida no es fácil. O mejor, la vida no siempre es fácil.
Avanzar con determinación cada día, sortear los obstáculos que se nos presentan, tener claros unos objetivos vitales o, simplemente, saber qué es lo que queremos complican nuestro camino por la vida.
Cada cual según su deseo, muchos nos hemos decidido por la relación de pareja. Crear un vínculo con otra persona, tener un proyecto de vida común, formar en su caso una familia determinan la vida que deseamos llevar. Supone la aceptación implícita de cambios en la vida, renuncias diversas y responsabilidades asumidas. Aún así, no siempre se desarrollan las expectativas que creamos y hay muchas situaciones en que estos proyectos se han truncado por diversos motivos y para algunas personas ha llegado a ser una verdadera fuente de callado sufrimiento.
El amor, la relación a lo largo del tiempo no es modelo que se adecua a los gustos artísticos. No hay apenas literatura, película o cualquier obra de arte que dedique su atención a la construcción de la relación a lo largo del tiempo. Al contrario, la mayoría de obras finaliza con el momento en que se inicia esta relación. Ha sido habitual el final de cuento de "Fueron felices y comieron perdices" o la cantidad de novelas o películas en que la historia finaliza con la boda de los protagonistas. ¿Cuántas historias comienzan con el inicio de la relación de pareja y sigue el desarrollo que la vida en común? La mayoría lo hacen cuando esta relación no funciona, se padecen distintas situaciones que desembocan bien en ruptura o bien en encarrilar la situación a los sentimientos de inicio.
Recientemente Estrella Pisa en su blog de psicología Sinaptando reflexionaba sobre el amor, cómo ha sido tratado en las distintas obras y cómo se puede trabajar en nuestras relaciones en su recomendable artículo Amando y siendo amados
Esta es una entrada muy especial, ya que en estos días Pili y yo cumplimos 25 años de matrimonio, unos años que podemos calificar como felices, de unión y en los que nuestra relación ha ido creciendo y mejorando con el paso del tiempo. A estos momentos está dedicada este post del blog.

En esta entrada te propongo una reflexión sobre el hecho de compartir nuestra vida, tener un proyecto de vida en común con nuestra pareja, sea cual sea el tipo de relación que hayamos establecido. Tener la suerte de que ese planteamiento vital cubra las expectativas de ambos y que el día a día de la relación acreciente los vínculos creados son motivos para estar agradecidos a la vida. Nos acompañan tres textos muy diversos de León Tolstoi y Gabriel García Márquez y una deliciosa pieza de Bellini.

Escultura de Martín Lagares
"Los invitados se reunieron en la casa de campo". A Lev Tolstoi le gustó la forma de entrar en materia de esta frase de Pushkin, sin explicaciones previas, y decidió seguir este modelo. Pensó en una idea que le rondaba la cabeza sobre la institución familiar, planificó y detalló su idea mentalmente y comunicó a uno de sus amigos que en dos semanas tendría escrita su novela Dos familias.
En realidad fueron cinco años lo que tardó en escribir "esa fábula sobre la búsqueda de la felicidad" que finalmente se llamó Anna Karenina. Una larga disquisición sobre la idea de que la felicidad no consiste en la satisfacción de los deseos y que muestra una larga galería de personajes que se mueven entre la duda, la incertidumbre y la decepción, los placeres y las miserias, el aburrimiento y el vértigo. Para Dostoievski fue una "obra de arte perfecta" y Thomas Mann no dudó en calificar Anna Karenina como "la mayor novela social de todos los tiempos".
Pero no traigo Anna Karenina como modelo, sino como antítesis de la idea que presento en esta entrada. No es la búsqueda y el camino recorrido juntos en la vida, sino el caso en que ésta se trunca y se rompe el proyecto común por cualquiera de las causas que puedan ocurrir. La vida es un camino que no siempre se recorre como queremos o deseamos, ni con quienes lo proyectamos.




Frente a la inmensidad y la importancia de Anna Karenina hay una novela de León Tolstoi, pequeña en su concepción y tamaño, de su primera época, de una delicadeza a la altura del escritor. La felicidad conyugal (Semiéinoie schastie) es la historia del amor entre la joven María Alexándrovna (Masha) y Serguéi Mijáilich en la que aparecen complicaciones y retos, en la que entregarse al amor de otra persona es una enorme duda en lugar de ser una seguridad o una certeza. Y aquí plantea Tolstoi la importancia de la situación, en decir sí o no a esa inseguridad que produce el amor. Amar es cambiar la perspectiva, mirar hacia adelante encontrándose con la vida, abrir los ojos a los detalles de cada día, aceptándolos como un regalo y presentarse a sí mismo como un regalo para la otra persona. Y esto implica que no hay una fórmula para amar y ser feliz. A amar se aprende amando y no sirven las recetas de otros. Si quieres hacerlo, abre los ojos y hazlo tú.



Tolstoi plantea la novela desde el punto de vista de Masha, la protagonista femenina, que narra la historia en primera persona presentando sus sentimientos y emociones como la joven que es, doce años menor que su esposo Serguéi. No es una novela de las más logradas de su autor; no trata de forma subversiva el matrimonio; no esconde la pobreza de los campesinos, pero aún no se plantea su liberación; no refleja aún las grandes inquietudes que el gran Tolstoi se planteará años más tarde.
Pero sí plantea una mirada indulgente a la institución del matrimonio, los personajes están presentados con una humanidad y complejidad certeras y el autor logra captar de un modo especialmente profundo la personalidad femenina de Masha










En El amor en los tiempos del cólera el colombiano Gabriel García Márquez se adentra en la naturaleza del amor y sus matices, además de tratar temas universales como la muerte, la vejez e incluso la fidelidad. Pero quizás la idea en la que más profundiza García Márquez es en la relación que se crea entre el amor y el tiempo: cómo el primero puede trascender al segundo, que el tiempo puede igual acercar el amor que alejarlo; que el amor sólo puede darse si el tiempo lo permite, o que el exceso de tiempo puede romper el amor e incluso el miedo a que llegue, y que la falta de tiempo puede precipitarlo.



En este relato abundante, detallado, exuberante, con el barroquismo literario que imprime a sus obras, repleto de sabiduría tanto literaria como vital, García Márquez traza un retrato del amor otoñal de Florentino Ariza y Fermina Daza que abarca un periodo de más de cincuenta años en el que la persistencia del primero le hace conseguir su objetivo.
En la parte final del libro, realizan un viaje en barco por el río cuando se declara una epidemia de cólera. En esta última escena el capitán del navío, desesperado ante el aislamiento provocado por la cuarentena, plantea la situación a los protagonistas.




De todas las óperas de Vicenzo Bellini hay tres que destacan sobre las demás: La sonámbula, Norma e I Puritani. De las dos últimas hemos tratado en este blog en diversas ocasiones trayendo algunos de los momentos más destacados del periodo belcantista dentro de la ópera italiana del XIX.
Vincenzo Bellini nació en Catania en 1801 y falleció en los alrededores de París en 1835, dejando truncada una brillante carrera. Educado en el Conservatorio de Nápoles, vino a ocupar el lugar que Rossini dejó en Italia al instalarse en París. Su primer gran éxito, Blanca y Fernando, se estrenó en el Teatro San Carlo de Nápoles en unos momentos en que el público comenzaba a cansarse de las reposiciones de las obras de Rossini y deseaba obras nuevas.
Bellini poseía una buena cultura musical mezcla de la cultura operística de Nápoles y su formación en la música sinfónica de Haydn y Mozart. Sin embargo, no tenía facilidad para la composición: escribía sin prisas, rehacía y modificaba lo compuesto, se tomaba tiempos de descanso, lo que marcaba una diferencia entre otros compositores como Rossini, Donizetti o Verdi, quienes producían obras con gran celeridad. En sus diez óperas reutilizó con frecuencia temas de las menos exitosas.
La colaboración con Felice Romani, su libretista habitual, les acercó a temas menos grandiosos que los de Rossini, centrándose más en el aspecto romántico de las obras: Heroínas apasionadas con un amor desdichado, odios y rivalidades familiares, el momento histórico en que se desarrolla. Todo confluye a llevar a los protagonistas a situaciones que hacen que su amor y su pasión sean infortunados.
Pero la música de Bellini, con su dominio de la melodía, su desbordada pasión romántica, la exquisita sensibilidad a la hora de componer, hace que estas óperas sean memorables. Los protagonistas, los grandes tenores y sopranos de la época, eran los auténticos dueños del escenario con algunas licencias para adornar el canto con sus voces extraordinarias y el poder de exigir la creación a los compositores de escenas de virtuosismos inalcanzables que enardecían al público.
Dentro de este momento álgido del belcantismo, La Sonnambula (La Sonámbula) es una adorable ópera semiseria ambientada en una aldea suiza de cuento, entre fiestas de campesinos, las murmuraciones de sus habitantes y que a punto está de rozar la tragedia antes del final feliz.
Aquí Bellini y Romani invierten los términos: No es una obra en la que al final hay boda y el consabido "fueron felices y comieron perdices". En La Sonnambula el inicio es la ceremonia matrimonial entre Amina y Elvino. Luego la situación se complica con la aparición de Rodolfo, señor del pueblo e hijo del fallecido Conde que regresa de incógnito a sus posesiones y corteja a Amina. La situación dramática se resuelve en la gran escena de lucimiento de la soprano, ya que la supuesta infidelidad de esta se debe a su sonambulismo, que la hace aparecer en los aposentos de Rodolfo. En lugar de las escenas de locura, tan del gusto de la época, como en Lucia di Lammermoor o I Puritani es una escena con una sonámbula la que marca el clímax de esta ópera.
Pero no es esta escena la que te traigo a esta entrada, sino la segunda parte de la escena primera, el aria para tenor Prendi, l'anel ti dono (Toma, te doy mi anillo). Es una aria para un tenor ligero, en origen para cantarla en falsete, cargada de adornos y notas agudas. Pero la dificultad no se encuentra en la parte técnica, sino en el gusto y la sensibilidad que hay que poner en juego para cantarla y en este sentido no hay en este momento ningún cantante que se acerque al tenor peruano Juan Diego Flórez, un cantante que se mueve con una tremenda facilidad en el registro agudo, con una sensibilidad y una elegancia exquisitas. Se trata de una pieza que comienza en forma de aria y termina en un dúo de una belleza serena y elegante. 
Es la música que sirve de carátula de inicio al programa de Radio Clásica de Radio Nacional Ars Canendi (El arte de cantar) que presenta y dirige de forma singular Arturo Reverter, un maestro en el análisis de la interpretación musical.



El vídeo está interpretado por Juan Diego Flórez con el acompañamiento de Patrizia Cioffi en una producción de la Wiener Staatsoper de la capital austriaca y la Royal Opera House del Covent Garden de Londres con la Orquesta Sinfónica y el Coro del Gran Teatre del Liceu de Barcelona dirigidos por Daniel Oren.


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4 comentarios:

  1. Estos posts son felizmente anómalos en comparación a los que abundan en tantos blogs. Lo son por la riqueza de su contenido, que sustenta ampliamente las tesis que se van destilando.
    El tema del amor en su relación con el tiempo es apasionante. Salvando alguna excepción como se indica, lo que fascina en general es el amor idealizado, romántico, platónico, pero no el que es mantenido por una conviencia de muchos años. Se suele decir eso de que el matrimonio es la tumba del amor, lo que supone un concepto de amor peculiar. No se trata de recuperar la expresión "felizmente casados" porque hay pocos que así están y porque lo de "felizmente" tiene que ver más con instantes que con estados.
    Hay una obra hermosa que me permito sugerir (no sé si ha sido citada ya en otro lugar de este blog). Se trata de "Carta a D."
    Con mis mejores ánimos para seguir enriqueciéndonos con este blog,
    Un abrazo,
    Javier

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    1. Hola Javier
      Estos tipos de amor que comentas son los que prevalecen en nuestra cultura. Se prestan más a las historias que desarrollamos como hilo conductor y relatos colectivos de nuestras vidas. Y son los que transmitimos a quienes van creciendo.
      No conocía "Carta a D.", pero la pongo en la lista de lecturas pendientes.
      Gracias por tu comentario.
      Un abrazo :-)

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  2. Hola Miguel:

    Ante todo felicidades por esos veinticinco años de convivencia con tu esposa.

    Me ha gustado la selección de obras que has realizado para presentarnos las distintas caras del amor y los avatares a que le somete el viaje por la vida, no es habitual que se hable del amor como lo haces tú en este post. ¡Te felicito!

    Un abrazo :-)

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    1. Hola Javier.
      Gracias por la felicitación.
      Tanto Tolstoi como García Márquez han dedicado parte de su obra a desarrollar el tema del amor, cada uno desde su perspectiva.
      En cuanto al aria de La Sonámbula, aunque la escenografía es, quizás, demasiado convencional, la voz y la interpretacón de Flórez son excelentes.
      Un abrazo :-)

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