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26 oct. 2018

Cuando las estatuas hablan

Las vemos en nuestras ciudades y en museos. La presencia de estatuas se hace habitual cuando convivimos a diario con ellas. En otras ocasiones las deseamos ver de cerca en las ciudades y lugares donde fueron erigidas o se encuentran. ¿Quién no ha visto o deseado ver el David de Michelanchelo Buonarroti, El pensador de Rodin o cualesquiera de las que hemos conocido en los estudios o por otros medios?
En esta entrada te propongo un paseo alrededor de las estatuas con la idea de conocer qué nos han dicho o nos dirían si pudieran hablar. Nos acompañan obras de Ibsen, Grieg,  Schubert, Oscar Wilde y Mozart. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere! 



Las estatuas surgieron en primer lugar como demostración de poder. El poderoso monarca erigía para mostrar a todos su fuerza y dominio. El antiguo Egipto está poblado de faraónicas estatuas con ese fin. La llegada de la civilización griega hizo avanzar el fundamento hasta personajes que iban desde los dioses que poblaban el Olimpo hasta semidioses e incluso personajes reales que iban desde el gigantesco Coloso de Rodas, erigido en la entrada al puerto, hasta los atalantes y cariátides que servían de columnas en los templos, pasando por efigies de políticos o vencedores en gestas olímpicas o guerreras.
Más adelante, el motivo de la erección se diversificó, aún sin descartar la demostración de poder en la Europa medieval y posterior, abarcando la figura de poetas, artistas, personajes emblemáticos e incluso conceptos que se consideraron motivos dignos.
El mensaje que aportan las estatuas es la evocación o el recuerdo, dar a conocer qué quiere transmitir o qué no se quiere que olvidemos con la efigie.
Una historia legendaria aportó otra nueva dimensión al concepto  y significado de la estatua. El faraón Amenhotep III erigió un templo, el mayor de su época junto a la ciudad de Luxor, cuya entrada estaba flanqueada por dos estatuas suyas de 18 metros de alto, sentado con las manos sobre las rodillas. Tras un terremoto en el siglo I a.C. el templo se desmoronó y la estatua situada más al norte quedó destruida hasta la cintura con importantes grietas en la zona inferior.
Estas grietas hicieron que las corrientes de aire circulasen por su interior, especialmente con el cambio de temperatura y la evaporación del rocío que tenían lugar al amanecer produciendo unos sonidos que algunos consideraron musicales. Los primeros viajeros griegos y romanos asociaron este sonido con la historia de Memnón, un mítico rey de Etiopía, participante en la guerra de Troya, hijo de la diosa de la aurora Eos, quien al morir a manos de Aquiles tuvo a su madre llorando durante demasiados amaneceres, provocando con sus lágrimas el rocío. A esta estatua se llamó por ese motivo estatua de Memnón. Viajeros como Herodoto escribieron sobre su experiencia de haber oído el sonido de la estatua.
De aquí surgió la idea de que una estatua, gracias a espacios huecos en su interior y orificios pudiera emitir sonidos e incluso cantar, una idea que pudo dar mucho juego e ideas a distintos autores.



En una colaboración sin precedentes, el dramaturgo Henrik Ibsen y el compositor Edvard Grieg prepararon en una obra dramática con música incidental, Peer Gynt, una obra a la que en algún momento recurriremos en este blog por el arquetipo que crearon, cada vez más actual.
Peer Gynt tiene como las grandes obras maestras, entre otras muchas connotaciones, la del viajero empedernido como un quijotesco Ulises se tratara. Un viajero que transita por espacios geográficos de su Noruega natal, el desierto africano, la geografía de Egipto o las costas griegas, mezclando saltos y momentos históricos diferentes, además de adentrarse en las regiones de la fantasía popular con la visita a reinos de duendes y troles.
La música incidental que Edvard Grieg compuso para la puesta en escena se adapta de manera especial a este texto. La versión musical pertenece a un disco de la Orquesta de la Suisse Romande dirigida por Guillaume Tourmiaire y te propongo oírla mientras lo lees y apreciar el cresccendo que realiza el sonido con el amanecer, en el que Peer Gynt reconoce o cree reconocer el mensaje que le transmite la estatua de Memnón.


En su transitar por el norte africano, Peer Gynt se encuentra frente a la estatua de Memnón. Cuando se interpreta la versión completa de Grieg suele ser esta versión la que se representa. Hace años pude ver una interpretación en concierto en Tve2 de Peer Gynt con un director nórdico que presentaba una versión con alguna piezas poco habituales entre las que se encontraba una pieza que Grieg no se resistió a componer. En ella, la estatua de Memnón cantaba. No he vuelto a encontrar esta interpretación desde entonces. Una lástima.



A partir de un texto de su amigo Johann Baptist Mayhofer, Franz Schubert compone un lied sobre la figura de la estatua de Memnón
La interpretación, también de audio pertenece a dos figuras del panorama de la música clásica actual, el barítono Matthias Göerne y la pianista Elisabeth Leonskaja en un disco grabado en 2008.


En este caso, la propia efigie es la que se lamenta, en un tono muy del estilo de Schubert, con ese pesimismo y el hálito de sombría tristeza que acompaña al compositor vienés hasta en las más alegres de sus obras. El fondo del período romántico también se deja traslucir a lo largo de toda la canción, marcando las pautas de lo que dice la leyenda sobre la estatua canora.



Posiblemente lo primero que se nos viene a la memoria si nombramos a Oscar Wilde es su inconformismo en la sociedad victoriana en la que se desarrolló su vida. Hombre de lengua mordaz, frívolo, irónico, de ingenio agudo e incisivo y, sobre todo brillante e inteligente, cuya figura, el personaje que creó de sí mismo, su obra y su vida chocaron de modo frontal con la conservadora sociedad de la Inglaterra del cambio de los siglos XIX a XX.
Frente a su obra en la que critica el excesivo conservadurismo y la hipocresía de la sociedad que lo albergó, una serie de cuentos muestran la cara más tradicional y moralista de un escritor que destacó justo por los principios contrarios en su vida y su obra. Cuentos como El príncipe feliz, El ruiseñor y la rosa o El gigante egoísta son historias que surgen de su refinada erudición y sus enormes conocimientos culturales.



Si tratamos de estatuas que hablan, en un giro completamente distinto al que veníamos desarrollando, El príncipe feliz nos muestra la historia de una estatua, la más espléndida de todas, "toda revestida de madreselva de oro fino. Tenía, a guisa de ojos, dos centelleantes zafiros y un gran rubí rojo ardía en el puño de su espada". Esta estatua, que divisaba desde su altura las grandezas y, sobre todo, las miserias de su pueblo, se va acercando a estas últimas para socorrer con ayuda de una voluntariosa golondrina las necesidades de los habitantes de la gran ciudad. Una estatua que se erige en personaje y habla no puede menos que recordarnos y acordarse de Memnón. Una delicia de cuento con moraleja para los más pequeños.



Quizás la estatua más conocida de cuantas hablan es la que aparece en la historia de uno de los arquetipos más reconocidos de los siglos XVIII y XIX: Don Juan. En Don Giovanni de Mozart, en el II acto, la escena decimonovena está dedicada al encuentro entre la estatua de El Comendador y el protagonista en una obra que en España se representó durante muchos años, en la versión del Tenorio de Zorrilla, en el inicio del mes de noviembre.
La entrada de El Comendador comienza con A cenar teco (A cenar contigo) en una escena en que intervienen éste, Don Giovanni y Leporello, su criado. La estatua de El Comendador le pide que se arrepienta de su vida de libertino, a lo que se niega con prepotencia. Siente un frío glacial en su cuerpo y entre grandes estertores, la estatua lo lleva al infierno. 
La interpretación corre a cargo de Franz-Josef Selig como La estatua de El Comendador, el barítono malagueño Carlos Álvarez como Don Giovanni e Hildebrando d'Arcangelo como Leporello en una sesión que se celebró en el Theater an der Wien de la capital austriaca en 1999 bajo la dirección de Riccardo Mutti.


Cómo sería nuestro mundo si las estatuas nos hablaran, despojadas de la pompa y las condiciones con que fueron erigidas y con el único fin de servirnos como imagen y ejemplo para nuestras decisiones vitales.
¿Las miraremos y las sentiremos de forma diferente?

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Páginas web visitadas:

  • https://destinoinfinito.com/los-colosos-de-memnon-y-un-peculiar-sonido/
  • https://www.cjpb.org.uy/wp-content/uploads/repositorio/serviciosAlAfiliado/librosDigitales/Ibsen-Peer-Gynt.pdf
  • https://carlosvaldesmartin.blogspot.com/2015/11/resumen-de-peer-gynt-de-henrik-ibsen.html

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