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10 feb. 2019

Veneno, enfermedad, locura y muerte en el romanticismo

La ópera a través del canto debe arrancar las lágrimas de la gente, aterrorizarles y hacerles morir. 
Vincenzo Bellini

La música del barroco rococó se caracterizaba por tener un canto muy adornado abusando hasta el extremo de la coloratura, los agudos y una serie de ornamentos que se utilizaban como una forma de virtuosismo, viniera a cuento o no dentro de la historia que se contaba, donde lo que predominaba era el lucimiento del intérprete.
Con la aparición de la música romántica comienzan a proliferar los teatros de ópera, se necesita una gran cantidad de historias para ofrecer a esos teatros y un gran número de escritores de libretos y compositores que las imaginen. 

El romanticismo comienza a representar historias que se acerquen a la realidad, aunque sin olvidar esos momentos que sacien los deseos de un público ávido de oír los virtuosismos de los intérpretes. La solución que concilia ambos extremos consiste en crear un estado emocional que justifique que el personaje cante de forma alejada de lo habitual, de la misma forma que su estado anímico está ajeno a la realidad. Surgen así los grandes momentos de virtuosismo, especialmente para las protagonistas femeninas, que afrontan las llamadas arias de locura, aparecen venenos que transmutan la personalidad de los afectados, se padecen enfermedades que hacen girar las historias -así es el romanticismo- hacia muertes épicas, sublimes y dolorosas, como demandaba el expectante público.
La ópera del siglo XIX está repleta de historias intensas, cada vez con libretos más sólidos y coherentes y con momentos que brillan con toda la fuerza de los mejores momentos del período del Belcanto. Con esta entrada comenzamos una serie dedicada a los momentos más brillantes de la ópera romántica belcantista.
Te propongo adentrarte en algunos de los momentos más brillantes de la ópera con reflexiones sobre los venenos y la locura y obras procedentes de la tradición medieval, de Saramago, Bellini y Donizetti. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!



Dos grandes leyendas medievales se propagan por toda Europa desde Inglaterra: La del rey Arturo y sus caballeros de la tabla redonda y la leyenda de Tristán e Iseo (o Isolda). 
La historia de Tristán e Iseo es una leyenda que inauguró una nueva mirada a la literatura amorosa. Se trata de un amor trágico, nacido del azar, de un error y que, por tanto, no proviene de una decisión libre ni de un compromiso de índole personal o social. Es en el siglo XII cuando, en su segunda mitad, comienzan a propagarse por tierras francesas distintos poemas, primero de forma oral y más adelante recogidos en versos escritos por diversos autores y con distintas miradas sobre el mito del filtro de amor.
Con los poemas escritos comienzan también a aparecer bellas miniaturas con las escenas más sugerentes de la obra que se traspasan a objetos cotidianos como copas, cofres, tapices o cerámicas con imágenes del ciclo tristaniano.
Diversos son los textos que nos han llegado, muchos de ellos fragmentarios, con la historia desde los de Béroul (o Berol), Eulhart, Gottfried, María de Francia, Gerbet de Montreuil o Thomas de Inglaterra, algunos con títulos que denotan la variedad de aspectos que tratan sobre la historia: Tristán loco, Lai de la Madreselva, Tristán Ruiseñor o Tristán ministril.
En Tristán e Iseo. Versión de Alicia Yllera, la catedrática de la UNED, traductora de francés y una de las referentes de nuestro país en filología románica e hispánica, recopila y funde las distintas versiones existentes para ofrecernos una versión unificada sobre el mito del amor trágico.



Narra la historia del fracaso del individuo cuando entra en lucha con la sociedad, más también del triunfo de la pasión sobre las convenciones y la muerte, narrando los sufrimientos de los personajes al hallarse en conflicto entre sus obligaciones y su amor y teniendo que recurrir a engaños y ardides para salir adelante.
La pasión entre Tristán e Iseo surge de forma accidental al ingerir un filtro de amor. La reina, madre de Iseo prepara un filtro de amor para que Brangel, que acompañará a su hija en barco para desposarse con el rey Marcos. La noche de bodas debe servirlo a ambos para que haga su efecto: Se amarán sin que nadie pueda sembrar la discordia entre ellos, durante tres años no podrán separarse sin enfermar y, pasado ese tiempo, su amor perdurará durante toda su vida. 
En el barco, el caballero Tristán advierte la añoranza de su tierra e intenta consolarla con su canto sin éxito. Hasta que surge el malentendido que trastoca los planes y determina el amor trágico más popular de la literatura. 


El recorrido de este mito se populariza durante siglos, llegando en varias ocasiones y de muy diversa forma al mundo de la ópera. Si Richard Wagner compuso la más y fiel versión en su ópera homónima, Gaetano Donizetti la utiliza tres décadas antes para utilizarla como excusa para desarrollar una de las más deliciosas óperas, L'elisir d'amore (El elixir de amor). Basada en un libreto de Eugène Scribe para la ópera Le Philtre (El filtro) de Auber, Donizetti la compuso por encargo en sólo catorce días.
Adina, la protagonista narra "la historia de Tristán, una crónica de amor", a partir de la cual, la llegada del embaucador "doctor" Dulcamara, un pobre, simpático e infeliz charlatán de pueblo que aprovecha la circunstancia de que el protagonista, Nemorino, piensa que sus elixires son genuinos filtros de amor.

El barítono Simone Alberghini interpreta el papel del "doctor" Dulcamara, un personaje simpático y reconocible de antiguos mercados y plazas en una producción original del Gran Teatre del Liceu que se llevó por distintos escenarios.

Reflexionar sobre los límites entre la realidad y la locura se ha realizado desde que el ser humano tiene uso de razón. En la literatura hay personajes que nos muestran ese límite desde las novelas donde destaca, sobre todos ellos, nuestro universal Don Quijote, prototipo de personaje que ha perdido la razón. Tartarín de Tarascón, el entrañable personaje de DaudetPeer Gynt creado al alimón para las tablas con el texto teatral de Ibsen y la música incidental de Grieg; el mismo Mr. Pickwick de Dickens, tan entrañable para el autor de este blog (que se siente un pickwickiano más), son personajes que se mueven en la línea sutil que separa lo convencional de lo que no lo es.
En esta ocasión es un texto del premio Nobel portugués José Saramago, que reflexiona sobre la (falsa) locura de Alonso Quijano, el que nos acompaña. Extraído de un artículo publicado en El País en mayo de 2005 con motivo del 400 aniversario de la publicación de El QuijoteLa falsa locura de Alonso Quijano es un texto que indaga y se da vueltas al razonamiento sobre la supuesta locura del universal personaje. De este artículo han extraído el texto siguiente a modo de microrrelato completo. El texto original puedes leerlo en el siguiente enlace: La falsa locura de Alonso Quijano.


Las arias de locura suponen un virtuosismo extremo, una efusión de coloraturas y de exhibiciones por parte de los cantantes que enardecen al público. La ópera belcantista está repleta de estos momentos. Bellini escribe arias de locura para sus óperas Il Pirata, I Puritani o La sonnambula. Donizetti lo hace para Ana Bolena o Lucia di Lammermoor. También Verdi la piensa y compone para su Macbeth.


La última ópera de Vincenzo Bellini, I Puritani (Los Puritanos) se desarrolla en la Inglaterra de mediados del XVII en una fortaleza gobernada por Lord Walter Valton partidario de los puritanos de Cromwell frente a los Estuardo. Elvira va a casarse con su amado Arturo gracias a la intercesión de su tío Giorgio en lugar de con Ricardo, quien está enamorado de ella. Tras cierta confusión en que Arturo intenta salvar la vida de la Reina de Inglaterra. Elvira piensa que su prometido ha huido con una desconocida amante y, aún con el velo nupcial puesto, pierde la razón mientras los puritanos maldicen al fugitivo y se conjuran para vengar a la joven.
La escena está interpretada por la soprano Anna Netrebko interpretando a Elvira con John Relyea como Giorgio y Franco Vasallo como Riccardo en una celebrada producción del Metropolitan Opera House de New York de 2008.



Continuará.

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Bibliografía consultada:
  • www.kareol.es: Letras y traducciones de óperas y música vocal.
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)
Páginas web:
  • https://elpais.com/diario/2005/05/22/opinion/1116712806_850215.html

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