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Vuelta a un nuevo comienzo

Decíamos ayer... (Dicebamus hesterna die) 

Es la famosa frase que se atribuye a Fray Luis de León al regresar a su cátedra tras varios años encarcelado por la inquisición. El pasado siglo también la pronunció Miguel de Unamuno tras volver a su cargo como rector de la misma Universidad de Salamanca después del exilio en Canarias durante la dictadura de Primo de Rivera
Esta frase brillante y evocadora bien la pudieron pensar y llevar a cabo los autores que nos acompañan, además de cada uno de nosotros cuando nos incorporamos a nuestros quehaceres diarios tras esos periodos en que dejamos la rutina y cambiamos la intensidad del ritmo de trabajo. Para todos, para ellos y para nosotros supone la vuelta a un nuevo comienzo.
En la anterior publicación de este blog finalizaba la temporada del mismo con unas obras que sus autores decidieron que tuvieran continuación por diversos motivos. En algunos casos, porque la obra tenía desde el comienzo una idea más extensa y estaba prevista la continuación; en otros casos, por razones de lógico espacio por dividir la obra en diversos volúmenes, y por la duración temporal, pensando en la lógica resistencia de los lectores y espectadores. En otras ocasiones, por crear un sesgo o cambio drástico en las continuaciones de las obras originales, creando diversas miradas que acabaran conformando un mosaico más amplio. También nos encontramos con obras que tienen continuación por el interés que despertaron las obras originales, propiciando que sus autores continuaran trabajando sobre los mismos personajes, argumentos o universo literario o musical. 
Si no la has visitado, te sugiero hacerlo, ya que esta publicación es la lógica continuación de la anterior del blog, Punto y seguido. Finales que continúan donde aparecen los finales de las mismas obras que aquí continúan. 
Como norma general, en los textos aparece el nombre genérico de la obra completa, en lugar del libro al concreto al que pertenecen que está indicado en el texto que sirve de presentación e introducción.
De la misma manera que en nuestra propia vida a cada final de una situación, relación o circunstancia reaccionamos de una u otra forma para continuar adelante, en estas obras podemos observar las distintas formas que sus autores emplearon para seguir adelante y cómo enlazaron una obra con otra.
Cada comienzo surge de un final, por ese motivo, cuando lo abordamos siempre lo encontramos lleno de incertidumbres, diversas posibilidades de llevarlos a cabo, aunque lo que no debe faltarnos nunca es la voluntad y fuerza para afrontar las nuevas situaciones. 
Te propongo comenzar la nueva temporada tras el tiempo de verano con algunas continuaciones de obras que sus autores llevaron a cabo. Nos acompañan de nuevo Tolkien, Wagner, Proust, Puccini, Verdi y Ruiz Zafón. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Amanece un nuevo día en el pantano del Corumbel
Tras Das Rheingold (El oro del Rin), el prólogo de su Tetralogía Der Ring des Nibelungen (El anillo de los Nibelungos), Wagner acometió la primera jornada del drama musical que tenía en mente. Estrenada nueve meses después, en junio de 1870 en el Teatro de la Corte de Múnich, Die Walküre (La Valquiria) desarrolla la idea del dios Wotan de que sólo un héroe libre conseguiría el anillo robado a las hijas del Rin para salvar a los dioses de la destrucción. 
Tras engendrar con aspecto de hombre lobo a dos gemelos Siegmund y Siglinde con una mortal, un día encuentra al regresar de una cacería con su hijo que la casa del bosque ha sido destruida y ella raptada para obligarla a casarse con Hunding, un enemigo del clan familiar. Durante la boda forzada, Wotan disfrazado como forastero entró en la cabaña y clavó su espada Nothung en un fresno del que nadie ha logrado arrancarla.

La valquiria, ilustración de la producción de Bayreuth de 1876
¿Cómo pasa Wagner de una obra a otra? 
La obertura de La Valquiria nos introduce en la acción con una música vertiginosa. Mientras las cuerdas describen la huida de Siegmund, la orquesta rescata temas del prólogo El oro del Rin con los metales interpretando la entrada de los dioses en el Walhalla con que finalizaba la ópera precedente. Así, Wagner enlaza una obra con otra de una manera magistral en un lapso de tiempo que abarca algo más de la vida de los protagonistas. La obertura finaliza mostrándonos la casa donde viven Hunding y su esposa Siglinde con el enorme fresno que se pierde en una abertura del techo en la zona central y la espada Nothung clavada en el tronco. Allí llegará Siegmund.
La interpretación de este preludio al Acto I corresponde a una representación que se llevó a cabo en el Teatro Alla Scala de Milán dirigida por Daniel Barenboim en 2010. 


Pensada, planeada y publicada por J. R. R. Tolkien como una sola obra, aunque dividida en tres tomos para facilitar la lectura, El señor de los anillos se ha convertido en una obra de gran éxito desde el momento de su publicación. El universo creado por el escritor inglés a partir de leyendas de la mitología nórdica ha servido de fuente fuente de inspiración a multitud de obras fundando un género de obras de fantasía épica en el que crean tanto un universo como una civilización.
Tolkien crea un mundo que muestra la condición humana: la fuerza como forma de alcanzar el poder y la dominación del mundo, el miedo como recurso para mantenerlo en el tiempo, pero al que opone la unión y la alianza de distintos grupos y culturas para derribarlos y construir un mundo más justo, algo que estamos olvidando en los últimos años. En el fondo, el escritor inglés nos está mostrando un camino imaginario que bien podría haber culminado en la humanidad que habita nuestro planeta.

Morannon, la puerta negra de Mordor. Ilustración de Neral (2006)
Tras el final de La comunidad del anillo que aparecía en la publicación anterior, ¿cómo pasa Tolkien de una obra a la siguiente? ¿Cómo ensambla la última página del primer libro con la primera del segundo?
Tras un final con varias escenas en que Frodo y Sam se adentran camino de Mordor y el narrador indica el final del tomo, el segundo, Las dos torres comienza con el mismo poema/canción que inicia cada una de las tres partes. Inmediatamente después, la acción sigue con algunos personajes de La comunidad del anillo, centrando en su primer capítulo, La partida de Boromir, la acción en Aragorn. Aunque los amantes de la obra sepamos el devenir de la acción, no está de más que de dejes llevar por el texto de Tolkien.


Siguiendo el itinerario de la publicación precedente, toca seguir con El tríptico de Giacomo Puccini, un título que el propio autor asociaba en su título con los retablos góticos. Libremente inspirados en la obra más conocida de Dante, a Il tabarro (El tabardo) y Suor Angelica le sigue la obra que te acompaña a continuación, quizás la más conocida de las tres.
Gianni Schicchi fue un personaje histórico y conocido de Dante. Pertenecía a los contadini, campesinos que se instalaron en Florencia y se integraron entre los nuevos ricos. Dante, de origen noble, no los soportaba en general y menos a este en particular, por lo que le adjudicó un papel en su Divina Comedia. Aparece en el capítulo trigésimo del infierno, dentro del octavo círculo en el que se encuentran los falsificadores. Allí lo encuentra el autor cuando se hubo disfrazado de Buoso Donati el Viejo para dictar testamento falso.
En cambio, Puccini y su libretista Forzano cambian el sentido que le da Dante al personaje y lo hacen entrar en la ópera bufa y los personajes de la Commedia dell'Arte. En estos escenarios, los cazadores de herencia y los pícaros tenían una gran tradición, ya que en los ambientes populares eran apreciados estos personajes que utilizaban el ingenio a costa de los ingenuos engañados. En el fondo, Schicchi es un Arlequín, mientras el personaje de Simone sería Pantalone, con la típica pareja de enamorados en los que triunfa el amor, junto a las figuras habtuales del notario o el doctor.
El argumento es típico de estas obras: Buoso Donati ha muerto en su cama y su familia lo llora desconsolada y melodramáticamente pensando en la herencia, hasta que surge el rumor de que ha dejado todo su dinero al monasterio local. El sobrino Rinuccio encuentra el testamento, pero no quiere dárselo a su tía hasta que ella no acepte que si el testamente es a favor de la familia le permitan casarse con Lauretta, la hija de Schicchi. Acepta y envían a buscar a ambos, pero al abrir el testamento se confirma el rumor, todos se enfurecen y se niegan a permitir el matrimonio.
Al llegar padre e hija son recibidos con desdén, pero Rinuccio propone que Schicchi resuelva el problema y todos dejan que lo intente. Una vez que se han asegurado que nadie sabe más de la muerte de Donati, llaman a un notario, Schicchi se hace pasar por el fallecido y dicta un nuevo testamento en el que los parientes se reparten los bienes, salvo los mejores. la casa, los molinos y la mula, dejando que Schicchi decida quien se los queda, acercándose a él cada uno por su cuenta para pedirle que sean para ellos. Cuando llega el notario, el farsante dicta testamento, quedándose él con esos bienes ante la indignación de los parientes que nada pueden hacer por temor a ser descubiertos. Se va a su nueva casa y a Lauretta, que ahora tiene una dote no le ponen obstáculo para su boca con Rinuccio. La obra finaliza con el falsificador dirigiéndose al público para pedir su indulgencia con un aplauso.
Puccini muestra a los familiares de Donati con las debilidades humanas ya que aparecen en ellos las ansias de poder, la hipocresía, el afán de riqueza e incluso la xenofobia, pero no busca un discurso duro, sino que muestra un retrato delicioso de cada uno de ellos, creando un ambiente burlesco, pícaro lleno de una gran ternura.

Producción de Woody Allen para Los Angeles Opera con Plácido Domingo y Adriana Chuchman (2015)
¿Cómo trata Puccini el cambio de la obra anterior a esta? 
Es fundamental el cambio del drama interior de Suor Angelica a la comedia en el más puro estilo de la comedia del arte, lo que configura una sesión de ópera con tres obras distintas que finalizan con este sabor agradable e ingenioso que deja Gianni Schicchi en los espectadores.
La pieza que te acompaña es la más conocida de esta ópera en miniatura, un aria que hemos escuchado en multitud de ocasiones, aunque a veces con cierta confusión. Cuando Rinuccio propone su matrimonio con Lauretta, ni siquiera su padre está de acuerdo con el enlace, así que esta debe convencerlo para que acepte. 
Ante el griterío de los familiares, Rinuccio pide la mano de Lauretta, mientras que Schicchi grita Niente! (¡Nunca!) con notas descendentes. Su hija se acerca y canta O, mio babbino caro (Oh, mi querido papaíto), un aria que algunos confunden como O, mio bambino (niño) caro. Comienza con una introducción agitada y disonante, con los metales haciéndose eco del maremágnum que hay en escena. Al momento se convierte en un aria dulce y embaucadora en el que la hija amenaza con una suerte de falso chantaje con arrojarse al Arno desde el Ponte Vecchio si no se atienden sus deseos. Los Niente! descendentes del padre se convierten en delicados saltos ascendentes de Lauretta en una de las arias más deliciosas de la ópera.


El enlace muestra el comienzo de la escena que es fácil seguir de forma intuitiva hasta que finaliza el aria. 
La interpretación corresponde a una producción de la Ópera de Los Ángeles con dirección escénica y producción de Woody Allen, Plácido Domingo como Gianni Schicchi y Andriana Chuchman como Lauretta, la verdadera protagonista de este aria, en un representación que se realizó en septiembre de 2015 con la dirección musical de Grant Gershon.


El punto y seguido, que no punto y final, con que Marcel Proust finalizaba el primero de los libros que conforman  la recherche du temps perdu (A la busca del tiempo perdido) tiene continuación en unos volúmenes que estaban en la mente del escritor cuando comenzó a escribir.
En el primer libro, Por la parte de Swann, el autor francés comienza a narrar su camino sobre el amor, los celos, la ruindad, la enfermedad y la marginación a través de sus recuerdos y vivencias, hilados con un lenguaje muy similar al que hablaba el asmático escritor.
La continuación de este primer volumen es À l'ombre des jeunes filles (A la sombra de las muchachas en flor). ¿De qué forma continúa y enlaza Proust estos dos libros? 
En primer lugar, continúa el mismo tipo de narración interior, fragmentaria y detallista que en la primera entrega. Por otro lado, lo divide a su vez en dos partes. La primera, En torno a Madame Swann vuelve a mostrar personajes de la primera parte donde había dejado entrever la historia poco convencional del matrimonio de Charles Swann y Odette. En esta ocasión muestra el enamoramiento del narrador de Gilberte, la hija del matrimonio y cómo las reacciones, a veces absurdas, acaban con esta relación.
Tras ese nexo de unión nos acerca a la segunda parte de esta segunda entrega: Nombres de países: El país, en el que narra sus vivencias durante el verano en el balneario de Balbec, las relaciones que establece y en la parte final, donde conocerá a las jóvenes muchachas que dan título al libro de las que se irá enamorando y desenamorando de forma simultánea y sucesiva.

Acuarela de Bernard Soupre
¿Cómo continúa Proust a partir del final de la primera parte?
En esta ocasión no te ofrezco las primeras líneas de este segundo libro, sino que, dando un salto, te acerco a una de las reflexiones que transitan por esta obra descomunal. Proust logra mostrarnos muchos puntos de vista, generando un retrato crítico de la sociedad de su tiempo, con una narración que es a la vez iniciática, simbólica, un análisis de la naturaleza humana y una reflexión sobre la literatura en particular y sobre el arte en general.
En la segunda parte de este libro, Nombres de países: El país, el narrador conoce a un pintor, Elstir que le servirá de puente para conocer a las muchachas que transitan por Balbec. Este pintor, al que visita en su taller y con quien charla en algunas ocasiones le sirve al narrador para reflexionar sobre la mirada con que los artistas muestran aspectos de los paisajes, edificios e imágenes que ofrecen el tono poético que lo diferencia de las imágenes que miramos con ojos prosaicos.


Existen diversos modos de pasar de una obra a otra según las ideas e intereses del autor como has podido observar hasta ahora.
En la publicación precedente hablaba de la Trilogía de Verdi, esas óperas que compuso seguidas: RigolettoIl trovatore y La traviata. Ponía de esta última obra el final del segundo acto, por lo que la única continuación posible según el esquema de esta entrada del blog no es volver hacia alguna de las óperas precedentes, sino centrarnos en la continuación.

¿Cómo sigue Verdi esta ópera tras el intermedio entre el segundo y el tercer acto? Como verás, aquí aparece una nueva forma de continuación.
Tras el agitado final del Acto II, Verdi nos transporta a la habitación de una Violeta enferma, agonizante y solitaria que sólo está acompañada por su fiel Anina y las ocasionales visitas del doctor que le anuncia que sanará, aunque ambos saben que es un piadoso consuelo. Son los días de carnaval en el que contrasta este ambiente con la ruidosa fiesta en la calle.
Cuando se estrenó la ópera los aforos solían estar llenos, con una burguesía que tenía sus palcos y acudía frecuentemente a las funciones. Entre acto y acto eran frecuentes las visitas y saludos, tomar una copa e incluso cerrar algún negocio. Tampoco era costumbre como ahora llegar puntuales, por lo que a veces entraba público con la obra comenzada. ¿Cómo conseguir que esa burguesía a la que criticaba con esta ópera entrara a escuchar el tercer acto y se dejara llevar por el autor en el final de la obra?
Lo que hizo Verdi fue intercalar un interludio al comienzo del acto, una nueva obertura que llevara a los espectadores a donde él quería: la habitación silenciosa de una enferma.
El Interludio del Acto III copia la música de la obertura principal transportando la melodía a do menor, como si la tonalidad de la primera fuera un recuerdo frente a la dura realidad. Comenzando con un planísimo, Verdi sigue mostrándonos los frágiles latidos del corazón con los pizzicatos de las cuerdas y la agitada respiración de la enferma. La primera parte del preludio muestra la soledad de una Violeta derrotada por la enfermedad, abandonada por sus amigos, triste y sin recursos para vivir. Tras ese inicio, la música muestra un resquicio de esperanza, ese momento de Verdi reflejará más adelante antes de la muerte de la protagonista.

La traviata, producción de Willy Decker para Salzburgo, 2005.

El enlace nos muestra este Interludio del Acto III en una de las puestas en escena más exitosas de las últimas décadas, la realizada por Willy Decker para el Festival de Salzburgo de 2005 con dirección musical de Carlo Rizzi y que ha recorrido los mayores teatros de ópera del mundo, llegando de nuevo en este verano al Teatro Real de Madrid
En esta producción, el interludio nos muestra al personaje que representa a la muerte y al tiempo que le queda a Violeta alejando a los personajes del mundo a la que esta ha pertenecido para indicar su alejamiento y abandono, no sólo de ese ambiente, sino de la propia vida, quedando al finalizar la música la puerta irremisiblemente cerrada.
El éxito de este interludio hizo que se popularizara este tipo de introducción en cada acto en muchas óperas del verismo y de finales del XIX en general.


El punto y final a esta publicación sobre los puntos y seguido (o aparte) viene, como puedes imaginar si has leído la publicación anterior, con la tetralogía de Carlos Ruiz Zafón El cementerio de los libros olvidados. Los lectores de Zafón siempre echaremos de menos las obras que podría habernos dejado si hubiera vivido más tiempo.
Después de acercarnos al final de La sombra del viento (2002) en este último caso vuelvo a las primeras líneas del segundo libro, El juego del Ángel (2008).


¿Cómo sigue el escritor la continuación de su obra?
En este caso la tetralogía está formada por obras relativamente independientes unas de otras aunque transcurren en el entorno urbano de Barcelona, en el mismo universo literario y hay diversos nexos de unión entre unos y otros libros.
Aquí puedes encontrar una forma de iniciar enérgica, potente, que no se anda con subterfugios ni circunloquios. Ruiz Zafón va directamente a la emoción del lector desde la propia emoción del narrador y de su vanidad, con una frase con una potencia que absorbe la atención del lector desde la primera línea y que genera todo un capítulo que impide que el lector levante la vista del texto.


Esta publicación es una forma de acercarnos al comienzo de un nuevo ciclo después del descanso con el que todos, cada uno a nuestra manera, nos relajamos del ritmo acelerado durante el tiempo de verano. Y tú, ¿cómo te planteas este reto de volver a comenzar? ¿Qué proyectos tienes y cómo te los planteas? ¿Utilizarás algunos de los métodos de estos autores o alguno diferente?
 
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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Tolkien, J. R. R. El señor de los anillos, Editorial Minotauro, Colección: Biblioteca J. R. R. Tolkien (2025). ISBN. 9788445019580.
  • Proust, Marcel. A la busca del tiempo perdido, traducción de Mauro Armiño, Editorial Valdemar, Colección Clásicos (2008), ISBN: 9788477023203
  • Ruiz Zafón, Carlos. El cementerio de los libros olvidados, Editorial Booket, Colección: Biblioteca Carlos Ruiz Zafón (2024) ISBN: 9788408235309.
  • Batta, András. Ópera. Compositores, obras, intérpretes. Könemann Verlagsgesellschaft mbHl, 1999, Colonia (Alemania)