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Bedřich Smetana y la música checa

De pocos compositores se puede decir que coincidieron con dos genios como Mozart en la precocidad y con Beethoven en la sordera. Bedřich Smetana, el compositor checo del siglo XIX es uno de esos personajes que comenzaron mostrando un genio absoluto y finalizaron su vida en el más absoluto y oscuro de los silencios.
Inscrito dentro de la música nacional checa, a quien se considera como su iniciador, en el año 2024 se cumple el bicentenario de su nacimiento. Pese a ese calificativo como padre de la música de su país, algunas de sus obras han trascendido los límites nacionales para formar parte del repertorio de los grandes escenarios.
Te invito a pasear por algunas obras de Bedřich Smetana al cumplirse los doscientos años de su nacimientos. Nos acompañan textos de Orlando Figes y Alberto Zurrón sobre él y músicas como El Moldava. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Museo Smetana en las orillas del Moldava en Praga
Bedřich Smetana (su nombre equivale al de Federico) nació el 2 de marzo de 1824 en la ciudad de Litomysl, cerca de la frontera entre Bohemia y Moravia, regiones que pertenecían al Imperio Habsburgo. Su padre, el cervecero Frantisek y su tercera esposa Barbora Lynková lo tuvieron como tercero de los diez hijos, aunque con los de los matrimonios anteriores llegaron a ser dieciocho vástagos. 
En aquella época el alemán era el idioma del imperio y, aunque se utilizaba el checo, para los eventos sociales, los negocios y las actuaciones oficiales, era el idioma germano el que se utilizaba en todos los ámbitos de la sociedad.
La vida se desarrollaba con normalidad y los domingos se reunían en la casa a interpretar música, como hacían otras familias. Fue en este entorno cuando, con cinco años lo sentaron entre bromas ante un atril y el pequeño Bedřich interpretó, ante el asombro y sorpresa de todos, la partitura del primer violín de un concierto de Haydn.
Este fue el detonante para que el pequeño comenzara a improvisar al piano y debutara en un concierto público con tan solo seis años. Pero, si como músico fue un niño prodigio, en el colegio y el liceo fue un estudiante distraído que no avanzaba en los estudios, condición que el padre le ponía para llegar a ser abogado o administrar los negocios familiares.


En su libro Historia insólita de la música clásica II, Alberto Zurrón traza un paralelismo entre tres compositores prodigios, un tanto a la sombra de Mozart, como lo fueron Maurice Ravel, Giuseppe Verdi y el propio Smetana.


Enamoradizo, Smetana estaba más centrado en ese aspecto que en su responsabilidades académicas. Tras estudiar música con varios maestros, pelea con su padre y se marcha a Praga para continuar sus estudios musicales. Mientras, compone algunas obras, entre ellas Seis piezas características que envía en 1848 a su admirado Franz Liszt a quien le pide un préstamo de 400 florines. El pianista húngaro le responde que no puede prestarle la cantidad exigida, pero que le gustan las piezas y el potencial de Smetana.
Con la ayuda de algunos amigos abre una escuela de música en Praga, alcanzando un éxito considerable. Durante las revueltas de ese año, compuso algunas obras de apoyo a la revolución frente al imperialismo austriaco. El año siguiente, 1849, se casó con Katerina Kolárová con quien tuvo tres hijas de las que dos murieron con pocos meses.
En 1856, tras una visita de Liszt a Praga, con quien entabla amistad, recibe una invitación para viajar a Suecia donde dará unos conciertos en Gotemburgo. Después de regresar a la capital checa, al año siguiente vuelve a la ciudad sueca donde se instalará con su esposa, su hija Zofia y su cuñada. Allí estará unos años, hasta que su esposa enferma gravemente y deciden regresar, falleciendo antes de llegar a su Dresde natal.
Tras varias estancias en Gotemburgo donde dirige coros, orquestas e imparte clases, Smetana se casa con Barbora (Bettina) Fernandiová, hasta que en 1861, conocedor del despertar cultural de su país, decide regresar a Praga.


Nos acompaña la obertura de una de sus obras escénicas, quizás la más conocida y popular, Prodaná nevěsta (La novia vendida), una ópera bufa en tres actos.
La obertura toma su música del final del Acto II, en una escena en que el protagonista firma un contrato renunciando a su reclamación sobre su prometida ante los habitantes del pueblo.
Comienza con un toda la orquesta con fuerza a la que sigue una suerte de scherzo por parte de las cuerdas y una danza rápida y alegre que se suceden y desarrollan con brillantez y muestran el espíritu folclórico checo y la capacidad compositiva de Smetana.
La interpretación está a cargo de la Berliner Philharmoniker con la dirección del desaparecido maestro de maestros Mariss Jansons celebrado en 1994 en Waldbühne bajo el título de A night of dances and rhapsodies.


Tras el regreso a Praga, Smetana organiza algunos conciertos con sus obras que comienzan con deudas debido a la baja asistencia de público, lo que le obliga a viajar de nuevo a Gotemburgo en varias ocasiones para dirigir nuevos conciertos con los que saldar las deudas.
En 1862 comienza a trabajar en un libreto de Karel Sabina para la que sería su primera ópera Branivoři v Čechách (Los brandenburgueses de Bohemia), una obra que narra la historia de la liberación de la ocupación alemana en el siglo XIII y que estrenará en enero de 1866 en el Teatro Provisional a la espera de la construcción del Teatro Nacional.
Desde sus primeros años de formación y durante toda su vida, Bedřich Smetana, admiraba la música de Liszt, Hector BerliozWeber o Chopin, buscando crear en Bohemia un lenguaje sonoro que se basara en la prosodia del idioma checo y se separara con personalidad propia del clasicismo vienés y del romanticismo alemán. Su obra es equiparable a la de Edvard Grieg en Noruega o la que posteriormente fuera de la Jan Sibelius en Finlandia.

Fotografía de Bedřich Smetana, alrededor de 1880
En Los europeos, un estudio subtitulado Tres vidas y el nacimiento de la cultura cosmopolita, el historiador Orlando Figes traza un recorrido histórico por la Europa de la segunda mitad del XIX centrado en tres figuras que contribuyeron a consolidar una cultura europea que trascendía de las nacionalidades: Louis Viardot, su esposa Pauline García Viardot (hija del afamado cantante sevillano Manuel García) e Iván Turguenev.
En el texto que nos acompaña, Figes se centra en el nacionalismo musical checo y la importancia y características de un compositor como Smetana.


En marzo terminó la partitura de su siguiente ópera, Prodaná nevěsta (La novia vendida), cuyo libreto, también de Sabina, lo fue recibiendo por entregas. Mientras recibe el primer premio que el Conde Harrach convocó para composiciones de carácter checo con la obra recién estrenada.
Así, a finales de mayo se estrenó La novia vendida en este Teatro Provisional, que en ese momento tenía dos actos y recordaba una opereta en que se alternaban números musicales y diálogos hablado. Tres años más tarde, agregó un aria para soprano y dos danzas que se hicieron muy populares. En 1870 los diálogos fueron cambiados por recitativos cantados y los actos pasaron a ser tres con motivo de una representación para San Petersburgo, siendo esta la versión que se representa en la actualidad.
La novia vendida es el típico relato operístico de ambiente campesino con argumento simple y sencillo, en la línea de El elixir de amor de Donizetti o La sonámbula de Bellini, y, aunque no alcanzó el éxito en sus primeras representaciones, tras el montaje definitivo fue representada 128 veces en vida del autor, de las cuales casi medio centenar fueron dirigidas por él mismo. Su primera representación en Estados Unidos fue en 1909 en la Ópera Metropolitana bajo la dirección de Gustav Mahler.

 

En la versión definitiva de La novia vendida, Smetana incluyó dos danzas que alcanzaron una gran popularidad. La danza de los comediantes es una de las piezas que ha pasado del repertorio operístico a las salas de concierto. Te presento dos versiones para que elijas cuál quieres escuchar.
La primera es una versión instrumental con un sonido magnífico corre a cargo de The Young Cracow Philharmonic dirigida por Tomasz Chmiel y se grabó dentro de La Folle Journee de Varsovia en la Polish National Opera de la capital polaca en octubre de 2017. 


En la segunda versión se ha primado más el espectáculo escénico con su algarabía que la toma sonido estrictamente musical.
Se trata de una producción de la Ópera de Garsington con un montaje circense a cargo de Jeffrey Lloyd y la interpretación musical a cargo de la Philharmonia Orchestra de la Garsington Opera, en una representación de 2019.


Poseedor de lo que se denomina un oído absoluto para la música, Bedřich Smetana tuvo unos últimos años muy complicados. Con cincuenta años, en agosto de 1874 comenzaron los primeros síntomas con una pérdida de audición, posiblemente a causa de la sífilis, que se fue deteriorando de forma tan súbita que el médico le indicó que dejara sus responsabilidades en el teatro, por lo que le concedieron una pensión de 1200 florines anuales.
En septiembre comenzó la composición de su poema sinfónico Vyšehrad, el primero de lo que sería su obra más conocida, el ciclo de poemas Má Vlast (Mi patria).
En octubre ya había perdido por completo la audición de ambos oídos, lo que no le impidió terminar la partitura en noviembre y comenzar el segundo de los poemas, el más conocido, Vltava (El Moldava).
En estos diez últimos años de su vida, con un sordera absoluta y una salud cada vez más desmejorada, Smetana compuso obras que consolidaron la música checa, como las óperas El beso, El secreto o El muro del diablo, el mencionado ciclo Mi patria o el cuarteto De mi vida

Frantisek Dvorak. Smetana entre sus amigos en 1865 (1923). Publicado por la Editorial Estatal de Praga
El último texto que nos acompaña está extraído de la página web dedicada al compositor, http://www.bedrich-smetana.wz.cz de la que nos quedamos con la siguiente información sobre la faceta compositiva del músico checo.


Tras el éxito de La novia vendida, Smetana compuso otras que tuvieron éxito entre el público y consolidaron el estilo de la música checa a partir de melodías extraídas del folclore -con las característica de que estaban arraigadas en el acerbo popular y en ocasiones no eran propiamente checas- y adaptando la sonoridad de la música a la prosodia del idioma. Entre estas óperas destacan DaliborLibuše (Libusa, sobre la mítica fundadora de la ciudad) o Čertova stěna (El muro del diablo).
En 1883, con cincuenta y nueve años, sordo y en un grave estado de salud compone algunas piezas más, el Cuarteto de cuerda en re menor, la pieza para coro Nuestra canción y la partitura de El Carnaval de Praga, su última pieza orquestal. 
Ya padecía depresión, insomnio, calambres, alucinaciones y pérdida temporal del habla. En octubre su actitud y comportamiento en público sobresaltó a sus amigos. En febrero de 1884 comenzó a volverse violento a la vez que perdía coherencia y la noción de la realidad. 
En abril, su familia lo internó en un manicomio donde falleció el 12 de mayo. Sus restos fueron enterrados en el cementerio nacional de Vyšehrad.

Fotografía de Smetana en sus últimos años de vida
El ciclo de poemas sinfónicos Má vlast (Mi patria) fue compuesto a lo largo de cinco años durante el periodo en que había perdido completamente la audición. Tras Vyšehrad y Vltava (El Moldava), escribió Sarka, De los bosques y campos de Bohemia, ambas en 1875, y Tábor y Blanik en el invierno de 1878-79.
En principio, Smetana no había considerado crear un conjunto de poemas sinfónicos, sino una obra que mostrara el curso del río Moldava desde su nacimiento en los bosques de Bohemia hasta su recorrido grandioso por Praga, una idea que acabó generando un ciclo que creaba el paisaje musical de su nación junto a algunos episodios de su historia.
De los seis poemas Vltava (El Moldava) ha alcanzado vida propia sobre los demás poemas. Se trata de un recorrido geográfico, folclórico, emocional e histórico sobre el curso del río de carácter programático. 
Václav Zeleny, el poeta que colaboró con Smetana ideando las líneas de sigue la música escribió:

«Esta composición representa el curso del Moldava. Canta sus dos primeras fuentes, una cálida, otra fría, que nacen en el bosque de Bohemia, sigue a los arroyos cuando se unen y muestra el recorrido del río a través de los campos y bosques hasta un prado donde los campesinos celebran una boda. A la luz de la luna, las ninfas del río juegan, mientras los castillos y palacios quedan atrás en las orillas y las ruinas languidecen en los acantilados. El río hace espuma y surge en los rápidos de San Juan, fluyendo majestuoso en una amplia corriente hacia Praga. 
La histórica fortaleza de Vyšehrad aparece en sus orillas con el mismo tema de cuatro notas del primero de los poemas. El río se esfuerza majestuosamente, perdiéndose en la lejanía, llegando hasta el Elba».

La versión que nos acompaña en esta publicación sobre Smetana nos presenta una versión de Vltava, el segundo poema de Má vlast con la Wiener Philharmoniker dirigida por Daniel Barenboim.

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Bibliografía y webgrafía consultadas:

La muerte de Tchaikovsky

Pocos compositores hay cuyas obras han pasado a formar parte de la cultura colectiva y sean conocidas por una inmensa mayoría de personas. Es el caso de autores como Bach, Beethoven, Mozart, Verdi, Wagner, Händel y un puñado de escogidos cuyas obras traspasaron las salas de concierto o los escenarios de ópera y llegaron a un público más amplio. 
Uno de estos compositores es Tchaikovsky, un autor cuyas obras trascendieron de su Rusia natal para convertirse en el más internacional de los compositores eslavos. Muchas de sus obras continúan interpretándose y representándose después de más de un siglo de su creación. Adaptado incluso para películas infantiles, quién no ha oído algunos compases de su ballet El Cascanueces o de El lago de los Cisnes. Seguro que muchos hemos disfrutado de las románticas melodías de su primer concierto para piano o el de violín de forma consciente o a través de su inserción en algunas películas u otras obras.
Aprovechando que en estos días se cumplen años del extraño e inesperado fallecimiento de Tchaikovsky el 25 de octubre (6 de noviembre según el calendario juliano) de 1893 te invito a pasear por algunas de sus obras y cómo fue su muerte. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!

Nikolai Kuznetsoy, Retrato de Tchaikovsky. Óleo sobre lienzo, 1893
Piotr Ilich Tchaikovsky (su nombre lo podemos encontrar con distintas grafías, respetando en los textos de esta publicación las originales), nació en la zona de los Urales, en Votkinsk el 7 de mayo de 1840, procedente de una familia de hidalgos sin tierra, aunque su padre llegó a ocupar el cargo de director de una fábrica en su localidad natal, lo que sacó a la familia de la pobreza. Al enviudar, se casó con Aleksandra Andreyevna Assiyer que sería la madre del compositor con la que tuvo seis hijos, entre ellos el Piotr, que la adoraba.
El joven mostró desde pequeño grandes dotes para la música, comenzando a estudiar piano a los cinco años. Entre los 10 y los 19 años estudió en el internado de la Escuela de Jurisprudencia, realizando algunos intentos de composición. En 1854 falleció su madre por cólera, una situación que afectó intensamente a una persona tan sensible como Piotr.
Tras graduarse en mayo de 1859 comenzó a trabajar en el Ministerio de Justicia donde estuvo cuatro años hasta que decidió que no era su vocación. Mientras dedicó su tiempo e interés en la búsqueda del placer, especialmente en aventuras amorosas con miembros de su grupo, comenzando sus relaciones homosexuales. Fue la intervención de su hermano Modest quien le hizo volver a la sobriedad y a que recapacitara sobre su futuro.
En 1861 comenzó a dar clases de armonía y dos años después pidió la excedencia en el ministerio para dedicarse a la música.
En 1865 se graduó en el Conservatorio de Moscú con una cantata que ponía música a la Oda a la alegría de Schiller, la misma que utilizó Beethoven en su 9ª Sinfonía, una obra aconsejada por su profesor y mentor, Anton Rubinstein
A partir de ese momento, Tchaikovsky comenzó a dar clases en el conservatorio mientras componía sus primeras obras. En aquella época conoció a la Kuchka, el Grupo de los Cinco, formado por Balákirev, Cesar Cui, Musorgski, Borodin y Rimsky-Korsakov, con quienes creó ciertos lazos de amistad, aunque sus postulados eran más amplios y cosmopolitas que los del grupo que buscaba crear la música rusa.

Fotografía de Tchaikovsky,1874. Library of Congress, Washington, D.C. (archivo nº LC-USZ62-128254)
Británico nacionalizado alemán, Orlando Figes se graduó en Historia en la Universidad de Canbridge, impartiendo clases en el Trinity College entre 1984 y finales del pasado siglo. Actualmente es profesor de Historia en el Birkbeck College londinense.
Apasionado investigador, muchos de sus libros muestran su interés por la historia de Rusia desde el siglo XVIII y la Unión Soviética, como A people tragedy: the Russian Revolucion, 1891-16624 (La tragedia de un pueblo: La revolución rusa, 1996), Natasha's dance: A cultural history of Russia (La danza de Natasha: Una historia cultural de Rusia, 2002), The whisperers: Private life in Stalin's Russia (Los susurradores: La vida privada en la Rusia de Stalin, 2007) o The europeans (2022).
En este último, publicado en nuestro país como Los europeos. Tres vidas y el nacimiento de la cultura cosmopolita, Figes traza un mosaico deslumbrante que refleja el origen de la cultura europea a partir de la investigación de documentos, cartas y materiales de archivo que muestran cómo se produjo la unificación de la cultura del continente a partir del desarrollo del ferrocarril y los intercambios culturales que este propició.
Centrado en tres figuras singulares que contribuyeron a esta reunificación de la amalgama cultural, el director de teatro, experto en arte y activista político Louis Viardot, su esposa, Pauline Viardot, cantante, compositora y profesora de canto, una de las hijas del famoso cantante sevillano Manuel García y el escritor ruso Ivan Turgenev, están en el centro del relato histórico creado por Figes.
En sus páginas encontramos al joven Tchaikovsky en varias ocasiones, la primera de las cuales nos acerca al momento en que Turgenev busca compositores rusos para darlos a conocer en el centro cultural europeo: el París de la segunda mitad del XIX.
El escritor ruso promocionó a Tchaikovsky, hizo circular sus primeras partituras y propició que Pauline Viardot, ya retirada de los escenarios operísticos, interpretara algunas de las obras del compositor ruso, dándolo a conocer entre sus amistades.


Continuamos con esta canción a la que se refiere el texto, la sexta canción de su Opus 6, Net, tol’ko tot, kto basada en el poema Nur wer die Sehnsucht de Goethe. De esta obra temprana de Tchaikovsky se han hecho adaptaciones orquestales y para instrumentos solistas y traducciones a idiomas como el inglés con el título de None But the lonely heart, siendo interpretadas por cantantes como Frank Sinatra.


La interpretación que nos acompaña, en la que podemos intuir e imaginar la que la propia Pauline Viardot realizó en la velada recogida en el texto anterior corresponde a la soprano Olga Borodina acompañada al piano por Larissa Gergieva en una grabación de Universal International Music B. V. de 1994.


La carrera compositiva de Tchaikovsky adquirió una nueva dimensión con la aparición de Nadezhda von Meck, viuda de un próspero empresario de ferrocarril que se convirtió en su mecenas después de oír algunas obras de la joven promesa de la música. Así, Tchaikovsky pudo dejar su puesto en el Conservatorio de Moscú y dedicarse por completo a la composición al recibir un subsidio anual de 6000 rublos desde 1878. Como condición, Nadezhda impuso que la relación entre ambos sería meramente epistolar, por lo que llegaron a intercambiar alrededor de un millar de cartas en las que Piotr fue más comunicativo sobre su vida y su proceso compositivo que con cualquier otra persona.
Esta situación propicio que música de Tchaikovsky se encuentre entre la más interpretada, grabada y oída del repertorio. Así surgieron obras como su Concierto nº 1 para piano y orquesta, dedicado a Nikolai Rubinstein, hermano pequeño de Anton quien iba a estrenarlo y renunció a ello por considerarlo "intocable", algo de lo que luego se arrepentiría y lo llevó a las salas de concierto en multitud de ocasiones. 
También están entre sus grandes obras su Concierto para violín, la impresionante Obertura 1812, el poema sinfónico Francesca da Rimini, las Variaciones sobre un tema rococó, su evocador Capricho italiano o sus ballets El lago de los cisnes, La bella durmiente o El cascanueces, que muestran la fuerza y la vigencia que tienen hoy en día sus composiciones.


Catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Sevilla, donde desempeñó diversos cargos académicos, astrónomo aficionado y escritor, José Luis Comellas (Ferrol, 1932 - Sevilla, 2021) publicó diversos libros de investigación y divulgativos sobre diversos temas. 
En Historia sencilla de la música (2010) Comellas realiza un recorrido desde lo que titula como Los tiempos antiguos hasta la compuesta en los últimos años del siglo pasado. Nos acompaña la reseña que muestra la importancia de la figura y obra de Tchaikovsky, un compositor en el que destaca el sentido de lo trágico a la vez de la consideración de ser el más europeo de los compositores rusos y el último de los románticos. Un creador cargado de una enorme sensibilidad que la transmitía a quienes escuchaban sus obras o presenciaban las interpretaciones de las mismas, tanto en sus destacados ballets como en sus óperas inigualables.


Fotografía de Tchaikovsky por Alfred Fedecki, realizada en Jarkov el 14 de marzo de 1893 mientras componía su Sinfonía Patética


Tchaikovsky llevó al escenarios una serie de óperas que trataban, como las del Grupo de los Cinco de temas relacionados con la literatura y la cultura rusas, aunque sin despreciar tratar historias y personajes ajenos a su país. Además, su tratamiento musical se acerca a los planteamientos que se desarrollaban en el continente, por lo que se le ha considerado siempre el más europeo de los compositores rusos.
Compuso una docena de óperas, aunque las primeras de ellas fueron destruidas por el propio autor, pudiéndose reconstruir algunos pasajes incompletos. La primera que estrenó fue El oprichnik (1874) a la que siguieron Vakula el herrero del mismo año y su primer gran éxito, Eugene Onegin (1878), a la que siguieron entre otras La doncella de Orleans (1879) en la que abandona la temática rusa, Mazzepa (1883), La dama de picas (1890) y la última, Iolanta (1891) en la que depositó grandes esperanzas y que se estrenó en la misma velada que su ballet El cascanueces. Algunas de ellas todavía se representan con frecuencia en el repertorio de los grandes escenarios operísticos.
Tras la frustrada relación con la cantante belga Désírée Artôt a la que se hacía referencia en el primero de los textos, Tchaikovsky contrajo matrimonio en unas circunstancias singulares relacionadas, por una parte con la necesidad que el compositor veía en no mostrar su sexualidad; por otro lado, con su capacidad de empatía que establecía entre él y los personajes de sus obras. 
Mientras trabajaba en la composición de Eugene Onegin, recibió una carta de amor de una antigua alumna, Antonina Miljukova. La escena de la carta de Tatiana se muestra similar a esta situación en la que el compositor estaba enamorado del personaje. Al recibir una segunda carta, Tchaikovsky, que detestaba la negativa de Onegin ante la proposición de Tatiana, no quería actuar como él, por lo que escribió a Antonina pidiéndole que se casara con él. Se casaron en julio de 1877 y fue un matrimonio infeliz y breve, en el que el compositor intentó dar normalidad a la situación reprimiendo sus impulsos sexuales y que finalizó con un intento de suicidio tras la luna de miel, antes de dar por finalizado el vínculo. 

Fotografía de boda, 18 de julio de 1893
Пиковая Дама (Píkovaya dama, La dama de picas, Op. 68), ópera en tres actos con libreto de Modest Tchaikovsky basado en el cuento homónimo de Pushkin se estrenó en diciembre de 1890 en el Teatro Mariinski de San Petersburgo.
Tchaikovsky lleva la acción a esta ciudad en tiempos de Catalina la Grande, cuando era una ciudad plenamente europea, llenando la ópera de elementos barrocos con los que evocaba un mundo de ensueño ya desaparecido.
En sus cartas y diarios se aprecia que se inmiscuyó en este mundo mientras compuso La dama de picas. Así, al componer el aria de Lisa en el Acto III que él mismo había escrito, el compositor afirmó que él mismo lloró. «No sé si es porque estoy muy cansado, o porque es una pieza realmente brillante», dejó escrito en su diario.
La misma noche del estreno salió del teatro caminando solo por las calles de San Petersburgo convencido de que la obra había fracasado. A lo lejos escuchó a un grupo de personas que se acercaban a él cantando uno de los dúos de la ópera. Les preguntó de qué conocían la música a los tres jóvenes que se acercaron y desde aquel momento se unieron en su adoración a la música de Tchaikovsky. Eran el futuro director de teatro Benois, el crítico literario Filosófov y el creador de los Ballets Rusos, Diaghilev, los fundadores de la corriente El Mundo del Arte. Benois escribió muchos años después: «La música de Tchaikovsky era lo que yo creía estar esperando desde mi niñez».


Nos quedamos con este aria de Lisa del Acto III que tanto impresionó a Tchaikovsky mientras la componía en la interpretación de Galina Gorchakova en una interpretación que se realizó en el Metropolitan Opera House de Nueva York bajo la dirección de Valery Gergiev en 1999.


A comienzos de la década de 1890 Tchaikovsky triunfó arrolladoramente como una figura mundial de la música. En Estados Unidos realizó una gira triunfal en la que se le proclamó uno de los grandes músicos vivos, mientras era admirado como un señor de la música contemporánea. 
Además, en su país llegó a ser considerado como un tesoro nacional, cuya música era admirada y querida por toda la sociedad, llegando a contar también con el favor de la corte imperial.
En 1893, su último año de vida, cuando contaba cincuenta y tres años, fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cambridge en mayo, dirigió un concierto con sus obras, entre ellas la Cuarta Sinfonía, unos días más tarde en la Sociedad Filarmónica de Londres donde obtuvo un gran éxito.
En octubre, con un calendario repleto de compromisos para los próximos meses, Tchaikovsky llega a San Petersburgo donde el día 16 (o 28 según el calendario juliano o gregoriano) estrena su Sexta Sinfonía, la Patética, de la que trataremos más adelante.  
Algo más de una semana después fallecerá. 

Tchaikovsky investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cambridge, mayo de 1893.

Poco más tarde del juicio que llevó a prisión a Oscar Wilde en 1895 que creó tendencias negativas hacia la homosexualidad, algunos medios de habla inglesa comenzaron a crear una imagen de los artistas homosexuales a los que se valoraba no por sus actos, sino por su carácter que consideraban en aquella época como de enfermos y, en consecuencia, ajenos a las personas que consideraban normales, lo que hacía que sus obras tuvieran un valor asociado a esta condición. De esta forma, la consideración de su obra pasó a ser tratada durante décadas bajo el prisma de su condición sexual, no por su valor intrínseco.
Además, a partir de 1979, al huir desde la Unión Soviética a occidente, a musicóloga Aleksandra Orlova enunció una teoría de un posible suicidio del compositor que ha tenido cierta relevancia desde entonces, aunque no se hayan encontrado más pruebas que algunas referencias a comentarios oídos y de los que se puede encontrar información en Internet. 
De todas formas, nos acercamos a la narración de los hechos objetivos sobre el fallecimiento del compositor a partir del estudio publicado por Alexander Poznansky para la página web Tchaikovsky Research.


Tchaikovsky en su lecho de muerte

Nos retrotraemos a unos meses antes para centrarnos en su última obra.
En marzo de 1893, Tchaikovsky había llegado a Jarkov donde continuó el trabajo con su nueva sinfonía, la sexta, que había comenzado el 16 de febrero. Primero terminó el final y después volvió al segundo movimiento. En solo cinco días completó el boceto de toda la obra.
A finales de agosto 1893 terminó la partitura completa y escribió a su editor Pyotr Jurgenson«Le doy mi palabra de honor. ¡Nunca me he sentido tan satisfecho conmigo, tan orgulloso y feliz al saber que he hecho algo tan bueno!». En esa misma carta le informaba que había decidido llamar, posiblemente aconsejado por su hermano Modest, a su sinfonía Патетическая симфония (Pateticheskaya simfoniya), un título que se acerca más al de la Sonata op. 57 de Beethoven, Apassionata que a la traducción del francés con la que la conocemos, Symphonie pathétique, que pierde matices al traducir del ruso al francés, ya que hace referencia en su idioma original a sentimientos apasionados y emotivos, más que a las connotaciones de sufrimiento y pesadumbre que indica el Pathos del francés. Aún así, es más acertado el título en francés que en español, donde patético alude en uno de sus significados a algo penoso, lamentoso o ridículo, algo totalmente alejado del contenido de la obra. 


Pese a que Tchaikovsky daba con frecuencia indicaciones sobre sus obras, apenas conocemos algunas sobre esta obra, quizás por lo precipitado de su muerte. Llamó la atención el subtítulo con que se estrenó: Sinfonía de Programa y el hecho de que estuviera dedicada a su anteriormente citado sobrino Bob Davydov, del que al parecer estaba enamorado.
En esta sinfonía, la más conocida del compositor ruso, invierte el orden habitual de los dos últimos movimientos. Después del Adagio y Allegro de los dos primeros movimientos, Tchaikovsky escribe el tercer movimiento como un Allegro molto vivace y un cuatro movimiento con la indicación de Finale. Adagio lamentoso. Si hubiera seguido el orden lógico, habría seguido el modelo optimista y heroico de Beethoven en el que la luz triunfa sobre la oscuridad.
Al trastocar el orden, la sinfonía concluye con una caída mortecina y nihilista que finaliza con un acorde se Si menor que abre un enfoque nuevo que servirá de patrón para obras posteriores. 
El hecho de que a los pocos días del estreno de esta obra falleciera el compositor aportó unas connotaciones que acentúan su carácter trágico y un aspecto premonitorio que no estaba en la mente del compositor.  

Finaliza esta publicación sobre la muerte de Beethoven con el último movimiento de la Sexta Sinfonía, Patética de Tchaikovsky, el Finale. Adagio lamentoso en la interpretación de la Orchestre Philharmonique de Radio France dirigida por Myung-Whun Chung en la Salle Pleyes de París, en un concierto grabado el 18 de julio de 2010.

Cualquier momento es bueno para escuchar obras de un compositor tan variado e interesante como Tchaikovsky.

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Mirando a Europa


Europa, el Viejo Continente, ha pasado a través de los siglos una larga serie de cambios y vicisitudes que han acabado transformándola en lo que es en la actualidad.
Pensar en la historia de Europa supone recordar un continente que fue, casi con toda certeza, habitado por los primeros seres humanos provenientes de otros continentes -África y Asia- conformado por culturas que fueron circulando por el Mediterráneo, hasta conquistarlo junto a las tierras que lo rodean. Que tras una pretendida unidad se fue disgregando en multitud de costumbres, lenguas, etnias y poderes que fueron consolidando y conformando unas culturas que, en determinados momentos desearon imponerse sobre las otras buscando su espacio vital, su crecimiento o, simplemente, su supervivencia.
Europa es un continente que se ha movido durante siglos -milenios incluso- por la lucha entre las diferencias y las similitudes, entre aquello que les es común, incluido el propio espacio, y lo que es particular de cada cultura. Se trata de una riqueza que, como la propia biodiversidad, tiene la obligación de seguir manteniendo mientras los lazos comunes permanecen como nexos de unión.
Toda la historia de Europa fue confluyendo hasta la formación de la Unión Europea que une a la práctica totalidad de los países europeos y que tiene su día de celebración anual. De esta forma, cada 9 de mayo se celebra el Día de Europa, una jornada que recuerda la Declaración Schuman, el discurso con el que el político francés, en aquel momento ministro francés de Asuntos ExterioresRobert Schuman propuso el 9 de mayo de 1950 la creación de una Europa unida que participara en la creación de la paz mundial, así como un espacio único entre sus países.
Este sueño, que comenzó a tomar forma tras la II Guerra Mundial apenas supone hasta nuestros días menos de un siglo de camino, una insignificancia comparada con todo el tiempo del que tenemos conocimiento de la historia del continente.
Te propongo unas miradas sobre Europa, aprovechando que el 9 de mayo se celebra el Día de Europa. Nos acompañan textos mitológicos, literarios y músicas relacionadas con el continente y su nombre. Si te gusta... ¡Comparte, comenta, sugiere!


La primera mirada nos lleva al propio origen de Europa, a la etimología del corónimo, un origen que procede de la mitología. 
En El mito de Europa en los textos literarios clásicos (The myth of Europe in Greek and Roman classical literature), Alejandro Bancalari Molina, profesor de la Universidad de Concepción en Chile, nos acerca al mitológico origen del nombre del continente.
De las múltiples leyendas que narran la historia de la joven Europa, hija de Argénor rey de Tiro según unos, o de Fénix hijo de éste, según otros, Bancalari se basa en los relatos de Moscos y Ovidio. Con ellas recrea la historia de su rapto por parte del rijoso Zeus trasformado en un cariñoso y dócil toro blanco para seducir primero y raptar después llevándola a través del mar a la joven doncella. Así se construye la historia de esta Europa que, proveniente de las costas del Líbano y, como todos sus habitantes durante milenios, llegaron de oriente a occidente. Todo un símbolo.  


La segunda mirada a Europa la realizamos de la mano de uno de los compositores que más éxito e importancia tuvo en su época y del que apenas queda un recuerdo por su rivalidad con Mozart: Salieri.
Séptimo hijo de un comerciante de Legnano en Vernona (Italia), Antonio Salieri tomó sus primeras lecciones de música de uno de sus hermanos, del violinista Tartini y del organista de su localidad. Al fallecer su padre y, dado el talento mostrado por el joven Antonio, su madre le sufragó el traslado a Venecia donde el noble Giovanni Mocenigo le costeó clases con los prestigiosos Pesceti y Pacini, quien le presentó a Leopold Gassmann que lo llevó con dieciséis años a Viena para continuar su formación. 
Ese mismo año le presentó al emperador José II y al compositor Christoph Willibald Gluck. El monarca le concedería meses más tarde 50 ducados con los que se centraría en preparar su primera obra musical. Con veinte años comenzaría a componer sus primeras operetas y óperas.


Dos años más tarde fue invitado a componer una ópera para la inauguración del que sería y es uno de los más importantes escenarios de ópera tanto del continente como del mundo, lo que nos muestra el alcance que ya tenía su obra.
Para esta ocasión, Salieri compuso L'Europa Riconosciuta, una ópera en tres actos con libreto de Mattia Verazzi al estilo de los Dramma per musica, las óperas serias que tanto éxito tuvieron entre finales del XVII y comienzos del XIX.
Así, basándose en el mito de la princesa de Tiro, el 3 de agosto de 1778 se inauguró el Teatro Alla Scala de Milán con la primera representación de L'Europa riconosciuta de Antonio Salieri. 
Nos acompaña su obertura, una pieza en la que es reconocible el estilo de pleno clasicismo que la impregna.
La Moldavian National Symphony Orchestra dirigida por Silvano Frontalini interpreta la Obertura de Europa Riconosciuta en una grabación para el disco Antonio Salieri Ouvertures para Classic Art de 1997.


La tercera mirada a Europa nos muestra cómo un continente dividido en estados que luchaban entre sí por el dominio sobre sus vecinos a los que consideraban rivales, poco a poco va conformando lo que podríamos denominar una primera globalización de tipo cultural gracias al desarrollo de los transportes y las comunicaciones.
El historiador Orlando Figes (Londres, 1959) se graduó en la Universidad de Cambridge donde impartió más adelante clases de Historia. Especialista en historia de la Unión Soviética y el Este Europeo, Figes imparte clases en el Birkbeck College de la Universidad de Londres, colabora en The New York Review of Books y otras revistas y periódicos como articulista, además de formar parte de la Royal Society of Literature. Desde 2017 posee la nacionalidad alemana.
Su faceta de escritor comenzó con Interpretar la revolución rusa: el lenguaje y los símbolos y La revolución rusa: la tragedia de un pueblo, ambos de 2001, a los que siguieron Los que susurran, El baile de Natacha, Crimea: La primera gran guerra, Una palabra tuya... Amor y muerte en el gulag, Los europeos y la reciente La historia de Rusia de 2022.
En The Europeans (Los Europeos), publicado en 2020 con el subtítulo de Tres vidas y el nacimiento de la cultura cosmopolita, Figes muestra el siglo XIX como un tiempo en que los medios de transporte comenzaron a unir a Europa, centrándose más en las semejanzas que en las diferencias, superando las barreras que imponían las naciones y, sobre todo, creando un canon europeo de obras artísticas que se movían entre las literarias y las musicales, las pictóricas y las arquitectónicas o las de cualesquiera otras disciplinas.


Para este estudio de la primera unión europea por el arte, Figes busca y analiza multitud de cartas y todo tipo de documentos de archivo, además de centrar su interés en un trío de personajes que se desenvolvieron en el mundo artístico de la época: Pauline Viardot, una de las grandes cantantes de su tiempo, además de compositora y profesora de canto, hija del sevillano Manuel García, el primer intérprete de El barbero de Sevilla de Rossini y uno de los cantantes con más personalidad de todos los tiempos. Además de Pauline, Figes se centra en su esposo Louis Viardot, director y gestor de teatro, experto en arte y pionero en la creación de las primeras guías de los grandes museos del mundo. La última pieza de este triángulo es el escritor ruso Iván Turgeniev, el primero de su país que llegó a convertirse en una verdadera celebridad en Europa.
Los tres conocieron y trataron a autores como Liszt, Schumann, Victor Hugo, Flaubert, Dostoyevski, Dickens, Berlioz, Delacroix o Brahms y lograron entre todos que al comenzar el siglo XX, en Europa se representaban las mismas óperas, se leían los mismos libros, se reproducían las mismas obras o se interpretaban las mismas obras musicales tanto en las salas de conciertos como en los grandes salones o los hogares.


El éxito de L'Europa Riconosciuta en la inauguración del Teatro Alla Scala hizo que otras grandes ciudades italianas pidieran obras suyas para inaugurar sus nuevos teatros o presentar en ellos sus óperas. Así, ese mismo año en Venecia inauguró el Teatro San Moisés con La Scuola de gelos que también llevó al Teatro San Carlo de Nápoles, o La Fiera de Venezia que llevó a El Cannobbiana de Milán, entre otros. Por aquel tiempo nació su tercera hija.
Además, Salieri fue tutor y mecenas de los grandes músicos de su época como el propio Mozart, Beethoven, Schubert, Czerny, Liszt o Meyerbeer. Su influencia era cada vez mayor al ejercer el cargo de director de la ópera italiana en la corte de los Habsburgo entre 1774 y 1792, cargo que compaginó con la composición de obras para ciudades como París, Venecia o Roma. También ejerció un cargo más importante aún, el de Maestro de Capilla del Imperio Austríaco desde 1788 a 1824, lo que le ocasionó envidias y rivalidades por parte de algunos autores.
Al regresar de la citada gira por Italia y tras el fallecimiento de la emperatriz María Teresa, le surgió un rival con el que hubo de competir durante unos meses. Mozart se instaló en Viena y fue el único que compitió por estrenar sus óperas con el maestro Salieri, incluso hubo una rivalidad por quedarse con el libretista Lorenzo da Ponte.

Louis y Pauline Viardot con Iván Turgueniev.

El punto álgido por el que conocemos a Salieri única y exclusivamente como rival de Mozart proviene de una carta de Mozart tras el fracaso en Viena de su Don Giovanni en que éste comenta: «Salieri y sus acólitos moverían cielo y tierra con tal de impedir que triunfara». Siguiendo el hilo a la inversa, de esta relación tenemos noticias por la película Amadeus de Milos Forman, que a su vez se basa en la obra teatral homónima de Peter Shaffer. Este, a su vez se había basado en la ópera Motsart i Salyeri de Rimsky-Korsakof que se inspiraba en una de Las pequeñas tragedias de Alexandr Pushkin quien fue el primero en aprovechar la conocida rivalidad entre ambos para tratar el tema de la envidia. De estas obras se trató en este blog en Rivalidades artísticas: Mozart y Salieri.


Continuamos con L'Europa Riconosciuta de Salieri que no sólo sirvió para inaugurar en 1778 el Teatro Alla Scala, sino que también fue la obra que lo reinauguró tras la gran reforma que se realizó en el escenario milanés en 2004. 
Nos acompaña el Aria de bravura de Europa Ah lo sento (¡Ah, lo siento!) precedida del recitativo Numi, respiro! (¡Dioses, respiro!) que la soprano Diana Damrau interpretó bajo las órdenes de Riccardo Muti el 7 de diciembre de 2004 en la reinauguración del teatro milanés.


La última mirada hacia Europa nos acerca al periodo más nefasto de la historia europea. Tras ese periodo de enriquecimiento cultural del que nos hablaba Orlando Figes, dos grandes guerras hicieron descarrilar de forma tremenda lo que las comunicaciones y las artes habían comenzado a crear con todo aquello que enriquecía la vida del continente.
Stefan Zweig, un escritor al que siempre hay que recurrir y recuperar, uno de los grandes autores que creyeron con más fuerza y convicción en la cultura y riqueza del continente se lamenta de forma trágica de cuanto afectó a su persona y a millones de habitantes la sangría de los conflictos que asolaron Europa.
Escritor fundamental en el primer tercio del siglo XX, Zweig tuvo una enorme popularidad tanto como ensayista, como biógrafo y narrador. Su capacidad para la descripción de los sentimientos que se desarrollan en el ser humano le hizo crear algunos de los relatos más conmovedores tanto de personajes femeninos como masculinos. 


Autor de obras como Momentos estelares de la humanidad, El mundo del ayer, Mendel el de los libros, Novela de Ajedrez, Fouqué, Carta de una desconocida o La confusión de los sentimientos, es, sin duda, uno de los autores que merecen un lugar más destacado en nuestras bibliotecas.
En El mundo del ayer, Zweig no sólo reivindica un mundo que había desaparecido, y que quizás estaba destinado a desaparecer, sino que desglosa lo que para él significó en su vida personal, un reflejo de lo que también supuso para quienes vivieron esos trágicos momentos.


Hay movimientos y situaciones que van creciendo cuando surgen de los mejores sentimientos de las personas, acercan a todo aquello que las unen, las enriquecen con la diversidad y la singularidad, con nuevas creaciones que abundan en cuando las hacen crecer. No hay conflicto ni guerra que pueda detenerlos.
El retroceso que supuso para Europa las dos guerras mundiales acabó generando un movimiento no sólo cultural como el que se fue creando desde mediados del XIX, sino que, tras la Declaración Schuman ha ido evolucionando hacia un movimiento político y social que define lo que ahora significa y es Europa y lo que será, y en el que prima más la unión y cohesión, junto con el enriquecimiento que cada una de las regiones proporciona al conjunto.
Lo que Europa sea en el futuro dependerá de los europeos.
  
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Bibliografía y webgrafía consultadas:
  • Bancalari Molina, Alejandro. El mito de Europa en los textos literarios clásicos (The myth of Europe in Greek and Roman classical literature). Acta literaria, 2010.
  • Figes, Orlando. Los Europeos, traducción de María Serrrano Giménez, Editorial Taurus, 2020.
  • Zweig, Stepan. El mundo del ayer. Traducción de Eduardo Gil Bera, Alianza Editorial, 2023 
  • Alier, Roger. Guía universal de la Ópera. Ediciones Robinbook, S. L. 2007, Barcelona. Ma non troppo