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9 jun. 2018

Un final feliz

¿Cuántas vidas caben en nuestra vida? Hay personas que viven varias vidas en un año y quienes viven una sola vida a lo largo de su existencia. 
En nuestro mundo todos los objetos tienen fecha de caducidad y están preparados para que consumamos de forma constante. Pero nuestras relaciones personales no deberían seguir estas pautas, aunque con cierta frecuencia transitan, con mayor o menor cercanía a nosotros, algunas que concluyen sin llegar al destino anhelado.
Tener unas relaciones, del tipo que sean, que se prolonguen en el tiempo con la ilusión, la fuerza y las ganas con que comenzaron acercan nuestras vidas a lo que denominamos un final feliz.




En esta entrada te propongo una mirada, si quieres un poco romántica, a la pervivencia y la consolidación de nuestras más íntimas relaciones con un texto de la poetisa Amalia Bautista y una de las canciones más conocidas de Edvard Grieg.
La página literaria de esta semana pertenece a la poetisa Amalia Bautista, a quien ya tuvimos presente en este blog con Entre mis mejores deseos y Va pensiero




Una de las más curiosas e interesantes colaboraciones entre escena y música, sin contar el universo de la ópera, es la que ocurrió entre dos noruegos, cada uno de ellos considerado el máximo representante de su especialidad en su país: el dramaturgo Henrik Ibsen y el compositor Edvard Grieg.



Ambos se propusieron la colaboración en la creación de un drama con música incidental y así fue como surgió Peer Gynt. En el escritor es una obra atípica: está escrita en verso y no se trata de una comedia realista, sino de una obra de carácter fantástico. También es una obra complicada de representar por su larga duración y los continuos cambios de escenario que han hecho que sea poco llevada a escena.
Más éxito tuvo la música de Grieg, no siempre interpretada en su totalidad, pero que sí ha tenido un gran éxito dentro de la música llamada clásica a través de las dos Suites de Peer Gynt. Algunas de sus piezas, como La mañanaEn la gruta del rey de la montaña o La danza de Anitra están dentro de ese tipo de música que todos hemos oído alguna vez y conocemos sin saber muy bien de qué o dónde las hemos oído. 

Sin entrar en detalles de su argumento, la pieza que te traigo en esta entrada es la canción, muy del gusto romántico, con que Solveig recibe y a la vez redime a un Peer Gynt purificado por la música que ella le canta.



Como en otras ocasiones, te presento varias versiones. Podrás comprobar que las diferencias de interpretación entre ellas son sustanciales. ¿Cuál te gusta más? Te invito a que compartas con nosotros tu opinión.

La primera versión está interpretada en concierto por la soprano
Sarah Brightman.


La segunda versión la canta Marita Solberg, también en concierto y al aire libre.


 
La última interpretación, perteneciente a su disco Souvenirs es un audio de una de las más grandes cantantes de nuestros días, habitual en este blog, la soprano Anna Netrebko.


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